Empecé el año explicando a mis alumnos del IEB que el ciclo de política monetaria entraba en su fase más aburrida: bancos centrales recortando con parsimonia hacia el tipo neutral y mercados anticipando plácidamente el destino. Seis meses después, esa previsión ha saltado por los aires. La guerra en Oriente Próximo y el consiguiente shock energético han obligado a los dos grandes bancos centrales a hacer algo que parecía impensable a comienzos de 2026: dejar de recortar y, en el caso europeo, volver a subir.
El Banco Central Europeo elevó en junio su tipo de depósito hasta el 2,25%, su primera subida en casi tres años, con una inflación que en mayo repuntó al 3,2% y unas proyecciones que ya sitúan el IPC medio de 2026 en el 3%. La Reserva Federal, ahora presidida por Kevin Warsh, ha mantenido los tipos en el 3,5%-3,75%, pero su cuadro de previsiones, el célebre dot plot, ha borrado el recorte que anticipaba y apunta a una posible subida antes de fin de año. Dos instituciones, dos niveles de tipos muy distintos y, sin embargo, el mismo giro: del sesgo acomodaticio al restrictivo.
El dilema de siempre, con un disfraz nuevo
Lo que estamos viendo es la manifestación clásica del peor escenario para un banco central: un shock de oferta que empuja al mismo tiempo la inflación al alza y el crecimiento a la baja. El BCE ha recortado su previsión de crecimiento de la eurozona para 2026 hasta un raquítico 0,8%, mientras revisaba al alza la inflación. Subir tipos para anclar los precios agrava la desaceleración; no subirlos arriesga a que el repunte energético contamine salarios y expectativas (los temidos efectos de segunda ronda). No hay respuesta cómoda: solo la elección del error que uno prefiere cometer.
La gran incógnita del segundo semestre es precisamente esa: si la subida de precios es un fenómeno puntual, ligado al petróleo, o si ha empezado a incrustarse en la economía. Y aquí la película ha vuelto a girar en las últimas semanas. El principio de acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz han hecho caer el crudo y aliviado, de golpe, buena parte de la presión inflacionista. Voces del propio BCE llegaron a advertir de una inflación camino del 4%; hoy ese escenario parece menos probable. Pero la experiencia enseña que los bancos centrales, escarmentados por 2021-2022, tardarán en fiarse. Warsh ha hecho de la ambigüedad su estrategia: no ofrece orientación futura y deja que sean los datos, y el mercado, quienes marquen el camino.
Por qué esto importa para valorar una empresa
Aquí es donde, como profesor de valoración, pido a mis alumnos que dejen de mirar el titular y miren la tasa de descuento. Porque la política monetaria no es un debate abstracto sobre reuniones y comunicados: es el precio del dinero, y el precio del dinero es el corazón de cualquier valoración.
Cada vez que el tipo libre de riesgo sube, o que la prima de riesgo se ensancha por la incertidumbre, el coste de capital aumenta, y con él se comprime el valor presente de los flujos futuros. El efecto es especialmente violento en las compañías de crecimiento, cuyo valor descansa en beneficios lejanos: son las de mayor duración y, por tanto, las más sensibles a un punto más de tipos. Un WACC que pasa del 8% al 9% no parece gran cosa en una hoja de cálculo; en el valor terminal de un descuento de flujos, puede llevarse por delante un 15% o un 20% de la valoración.
El corolario para el segundo semestre es claro. Mientras los bancos centrales mantengan el sesgo restrictivo, conviene valorar con tasas de descuento normalizadas y resistirse a la tentación de extrapolar el dinero barato de la última década. La disciplina consiste en estresar el coste de capital, no en dar por hecho que volverá pronto a mínimos.
La ventana del mercado
Hay una segunda derivada que toca de lleno a otro terreno que conozco bien, el de los mercados de capitales. Los tipos altos y la volatilidad cierran las ventanas de emisión: cuando el coste de oportunidad del inversor sube y la aversión al riesgo domina, las salidas a bolsa y las ampliaciones de capital se posponen o se ejecutan a valoraciones más modestas. El primer semestre ha sido, en ese sentido, exigente para el mercado primario europeo.
Paradójicamente, ahí puede esconderse la mejor noticia del segundo semestre. Si la desescalada geopolítica se consolida, el crudo se estabiliza y los bancos centrales confirman que no habrá más subidas, la combinación de unos tipos que dejan de tensarse y de una prima de riesgo que se relaja podría reabrir esa ventana antes de que acabe el año. No sería la vuelta del dinero gratis, pero sí un entorno más navegable para quien busca financiarse.
La incertidumbre como impuesto
Si tuviera que resumir la política monetaria del segundo semestre en una sola idea, sería esta: la incertidumbre se ha convertido en el verdadero impuesto sobre las valoraciones. No sabemos si habrá una subida más, si el petróleo seguirá cediendo o si la paz será duradera. Y esa indefinición, más que el nivel exacto de los tipos, es lo que mantiene elevado el coste de capital.
Para el inversor y para la empresa, la lección es la de siempre, solo que más urgente: no confundir un rally de alivio con un cambio estructural, valorar con prudencia y recordar que, cuando el coste del dinero vuelve a mandar, no hay narrativa que sustituya a una buena tasa de descuento.
Tribuna firmada por Javier Hombría, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB
Las cartas más recientes de Larry Fink, presidente y CEO de BlackRock, y Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase a sus respectivos consejos de administración, tienen una particularidad que no se observaba en otros años; ambas revelan dos estrategias diferentes, pero una coincidencia de fondo: el viejo mapa de la inversión ya no alcanza para explicar dónde estará el crecimiento durante los próximos años. Se trata de una gran transformación del ecosistema de las inversiones hacia las siguientes décadas.
Fink escribe desde la mayor gestora de activos del mundo y plantea que el futuro de la inversión pasa por conectar mercados públicos y privados, tecnología, infraestructura, inteligencia artificial y una participación mucho más amplia de los ahorradores. Dimon, por su parte, lo hace desde el mayor banco estadounidense, pero con una visión que también apunta a integrar banca, gestión patrimonial, mercados privados, ETFs, activos digitales e inteligencia artificial.
No están proponiendo exactamente lo mismo. Pero ambos están llegando a una conclusión parecida: la inversión del futuro no estará organizada alrededor de un solo activo, sino alrededor de un ecosistema.
Y las cifras muestran que no se trata solamente de discursos. BlackRock terminó junio con un récord de 15,3 billones de dólares en activos bajo gestión, después de captar 321.000 millones en entradas netas durante el primer semestre de 2026, de los cuales 192.000 millones llegaron en el segundo trimestre. Los flujos fueron amplios y procedieron de ETFs, mercados privados, renta fija activa y estrategias sistemáticas de renta variable. En paralelo, los ingresos por servicios tecnológicos y suscripciones crecieron 13% interanual, impulsados por Aladdin y soluciones multiproducto.
JPMorgan Asset & Wealth Management, no se queda atrás. Cerró 2025 con 7,1 billones de dólares en activos de clientes, frente a los 5,9 billones reportados un año antes. Sus activos alternativos alcanzaron 560.000 millones, desde 504.000 millones en 2024 y apenas 221.000 millones en 2015. La división registró además 553.000 millones de flujos de activos de clientes en 2025, un récord que además se corona con el vigésimo segundo año consecutivo con entradas netas positivas.
El tamaño de ambos negocios ayuda a entender la magnitud de lo que está cambiando.
Fink: invertir ya no significa solamente comprar acciones y bonos
La carta de Larry Fink de 2026, titulada Growing with your country: Thoughts from a long-term optimist (Creciendo con tu país: Reflexiones de un optimista a largo plazo), parte de una preocupación que podría parecer alejada de la gestión de carteras: el mundo está dejando atrás el modelo de globalización que dominó las últimas décadas.
Europa está aumentando su gasto en defensa, Estados Unidos busca reconstruir capacidad industrial y los mercados emergentes desarrollan fuentes domésticas de energía. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está obligando a construir centros de datos, redes eléctricas, semiconductores y nuevas capacidades de cómputo.
El punto central de Fink es que esa transformación requiere enormes cantidades de capital. Y, en su opinión, los bancos y los gobiernos ya no pueden financiar por sí solos las inversiones que necesita la nueva economía. Los mercados de capitales tendrán que asumir una parte cada vez mayor de esa tarea.
Aquí aparece un cambio fundamental en la visión de BlackRock. Durante décadas, el crecimiento de la firma estuvo asociado principalmente con la renta fija institucional, los fondos indexados y, posteriormente, los ETFs de iShares. Ahora, Fink está describiendo una empresa considerablemente más amplia: una plataforma que quiere participar en renta variable, renta fija, ETFs, mercados privados, infraestructura, crédito privado, activos digitales, tecnología y datos.
La evolución se refleja incluso en la estructura de sus adquisiciones. BlackRock cerró en 2025 las operaciones de HPS Investment Partners, Preqin y ElmTree, después de haber adquirido Global Infrastructure Partners (GIP) en 2024. El resultado es una plataforma que combina mercados públicos, privados y tecnología.
Y el objetivo está cuantificado: BlackRock quiere conseguir 400.000 millones de dólares de captación bruta acumulada en mercados privados hacia 2030. Su plataforma de infraestructura ya cuenta con el fondo insignia de GIP, que levantó 25.200 millones, mientras que en crédito privado registró casi 20.000 millones de entradas netas en 2025.
No es casualidad que Fink coloque a los mercados privados en el centro de la transformación. BlackRock ya administra 3 billones de dólares para clientes de seguros, wealth management y outsourcing, tiene unos 700.000 millones en activos de cuentas generales de aseguradoras y más de 30.000 millones en activos minoristas de mercados privados. La estrategia consiste en llevar esas inversiones a segmentos de clientes que durante mucho tiempo estuvieron concentrados casi exclusivamente en acciones, bonos y fondos tradicionales.
El movimiento es particularmente significativo porque implica que la frontera entre los mercados públicos y privados empieza a perder relevancia dentro de la construcción de carteras. BlackRock lo reconoce de manera explícita en sus perspectivas de mercados privados para 2026: los inversores están combinando cada vez más activos públicos y privados para buscar exposición a inteligencia artificial, infraestructura y otros grandes temas estructurales, mientras los mercados privados evolucionan hacia un ecosistema más integrado con los mercados públicos.
Pero la transformación que plantea Fink no termina en los activos privados ya que su carta introduce una segunda revolución: la digitalización de la propiedad financiera.
El CEO de BlackRock plantea que, con la tokenización, un mismo monedero digital podría llegar a contener ETFs, bonos tokenizados, monedas digitales y participaciones fraccionadas en activos que históricamente estaban fuera del alcance de los pequeños inversores, incluidos proyectos de infraestructura y fondos de crédito privado. En otras palabras, no solamente está cambiando aquello en lo que se invierte. También puede cambiar la infraestructura mediante la cual se compra, se mantiene y se negocia una inversión.
Es una diferencia importante. El ETF democratizó el acceso a una cartera diversificada; en este sentido la siguiente etapa que imagina BlackRock podría democratizar el acceso a activos que hasta ahora exigían grandes tickets, estructuras sofisticadas y relaciones institucionales.
Y ahí aparece Aladdin. La plataforma tecnológica de BlackRock ya no es solamente una herramienta interna de gestión de riesgos. Los ingresos de tecnología y suscripciones crecieron 13% en el segundo trimestre de 2026, mientras la compañía continúa posicionando a Aladdin como una pieza central de su oferta multiproducto.
BlackRock está, por tanto, intentando convertirse simultáneamente en gestor de activos, originador de inversiones privadas, distribuidor, proveedor de tecnología y operador de infraestructura financiera.
Dimon: el banco también quiere convertirse en una plataforma de inversión
Jamie Dimon llega a una conclusión parecida desde una posición distinta. En su carta a los accionistas, publicada el 6 de abril de 2026, el CEO de JPMorgan Chase reconoce que la competencia ya no procede solamente de otros bancos. También llega de gestores de activos, fintechs, plataformas digitales, blockchain, stablecoins y otras formas de tokenización.
La respuesta de JPMorgan, dice Dimon, es invertir y moverse con rapidez, incorporando inteligencia artificial a prácticamente todo lo que hace. Su descripción de JPMorgan resulta reveladora: una institución que debe seguir permitiendo a sus clientes guardar dinero, mover dinero, invertirlo, levantar capital y administrar inversiones, pero mediante tecnologías y productos que están modificando la forma en que se realizan esas actividades.
En 2025 JPMorgan obtuvo ingresos récord de 185.600 millones, beneficio neto de 57.000 millones y un retorno sobre capital tangible de 20%. Pero quizá resulte más importante para entender su estrategia que durante ese año el banco extendió crédito y levantó capital por 3,3 billones de dólares para sus clientes, movió diariamente casi 12 billones en más de 120 monedas y más de 160 países, y custodiaba más de 41 billones en activos.
Es decir, JPMorgan no está intentando adaptarse a la nueva economía solamente como administrador de carteras. Está tratando de controlar buena parte de los distintos canales por los que circula el capital.
Y en el tema de la IA Fink y Dimon vuelven a encontrarse. Para ambos, la inteligencia artificial es mucho más que una oportunidad para comprar acciones de empresas tecnológicas.
Fink sostiene que la IA está transformando la propia forma de invertir. La combinación de grandes bases de datos, modelos sistemáticos, aprendizaje automático y supervisión humana está llevando a un modelo de gestión capaz de analizar miles de valores de manera simultánea y disciplinada. BlackRock lleva cuatro décadas desarrollando capacidades de datos y tecnología para ese propósito.
Dimon es todavía más directo. En su carta afirma que la IA afectará prácticamente todas las funciones, aplicaciones y procesos de JPMorgan y que su adopción puede avanzar mucho más rápido que las transformaciones tecnológicas anteriores.
Pero el banco también está gastando para construir esa infraestructura. JPMorgan tiene previsto un presupuesto tecnológico de aproximadamente 19.800 millones de dólares para 2026. Su división de Asset & Wealth Management utiliza, entre otras herramientas, SpectrumIQ para integrar investigación, datos y riesgo sobre unas 90.000 securities y 22 millones de documentos, reduciendo 80% el tiempo entre investigación manual y generación de información útil.
La transformación alcanza también al asesoramiento. Connect Coach utiliza 25 agentes especializados de IA para proporcionar ideas personalizadas a los asesores de JPMorgan y generó un millón de insights personalizados para unos 5.000 usuarios de Global Private Bank.
La inteligencia artificial, entonces, comienza a cumplir una doble función: ayuda a encontrar inversiones y, al mismo tiempo, cambia la forma de distribuirlas y asesorarlas.
La estrategia de JPMorgan en mercados privados es especialmente significativa porque muestra que el cambio no se limita a BlackRock. Dimon señala en su carta que JPMorgan está expandiendo sus capacidades en private markets, mientras Asset & Wealth Management incrementa su exposición a alternativas y ETFs.
La cifra de 560.000 millones en activos alternativos de JPMorgan AWM al cierre de 2025 representa un aumento de aproximadamente 339.000 millones respecto de 2015, es decir, más de tres veces el nivel de hace una década.
Pero JPMorgan no está abandonando la gestión activa tradicional, simplemente la está modernizando. La firma reportó que 83% de los activos de sus fondos activos de largo plazo tuvo un desempeño superior a la mediana de sus pares durante el periodo de diez años terminado en 2025. Al mismo tiempo, convirtió a los ETFs activos en uno de sus principales motores de crecimiento: terminó 2025 con 250.000 millones de dolares en recursos de ETFs activos y 65.000 millones de flujos, ocupando el primer lugar de la industria en ambos rubros, según la propia compañía.
La firma espera además que el mercado de ETFs activos crezca de aproximadamente 2 billones de dólares en 2025 a más de 6 billones en 2030. Esto produce una paradoja interesante: la nueva arquitectura no elimina los instrumentos tradicionales; los integra. Dec esta manera, el ETF no desaparece ante el mercado privado; el fondo activo no desaparece ante la inteligencia artificial y el asesor financiero no desaparece ante la automatización. Todos se vuelven piezas de una cartera más compleja.
El cambio consiste en dejar de pensar en activos, BlackRock México
La perspectiva de Sergio Méndez, director general de BlackRock México, resulta especialmente útil para entender la transformación desde América Latina.
En la presentación de su reporte «Panorama de inversión para el segundo semestre de 2026», Méndez señaló que “lo más importante es el cambio tecnológico” y que la inteligencia artificial está dando forma a los mercados. Pero su planteamiento va más allá de apostar por empresas tecnológicas.
En charla con Funds Society, Méndez explica que la IA exige construir todo un andamiaje de infraestructura, energía, capital y talento para que su crecimiento sea sostenible; ahí aparece una de las ideas más relevantes para entender hacia dónde se está moviendo la gestión de activos.
Méndez sostuvo que ya no resulta suficiente hablar de activos o empresas específicas, sino de “un portafolio completo”, donde además de renta fija y renta variable tengan espacio activos como commodities y metales.
La frase es particularmente significativa porque coincide con el cambio de paradigma que aparece, aunque desde perspectivas distintas, tanto en Fink como en Dimon: primero identificar los grandes temas y riesgos del nuevo régimen económico; después construir la cartera; finalmente decidir qué vehículo financiero utilizar.
En México, esa visión adquiere una dimensión adicional. Méndez ha señalado que BlackRock observa oportunidades en tecnología, energía y logística, incluidos trenes y puertos, y que la expansión de la inteligencia artificial incrementará la necesidad de infraestructura capaz de sostener el crecimiento tecnológico.
No es una coincidencia menor. La tesis de inversión deja de ser simplemente “comprar tecnología” y pasa a ser mucho más amplia: invertir en todo aquello que permite que la tecnología exista y escale. Eso incluye centros de datos, electricidad, redes, infraestructura digital, minerales, logística, semiconductores, crédito y capital privado.
En ese sentido, México aparece dentro de una tendencia mayor: la relocalización de cadenas productivas y la necesidad de invertir en infraestructura para sostener una economía cada vez más digitalizada.
La otra gran transformación: del 60/40 a la cartera total
La consecuencia más importante de estos movimientos podría observarse en la construcción de portafolios. El modelo tradicional basado en acciones y bonos no está desapareciendo, pero está dejando de ser suficiente como representación de todo el universo de oportunidades.
BlackRock ya plantea un esquema entre mercados públicos y privados. JPMorgan por su parte está combinando ETFs activos, gestión fundamental, alternativas, private banking y soluciones personalizadas. Y el mercado comienza a incorporar estructuras capaces de llevar esas inversiones a clientes que antes no podían acceder a ellas.
En BlackRock, por ejemplo, la firma lanzó junto con Partners Group una solución de cartera que integra private equity, private credit y activos reales dentro de un mismo vehículo para clientes de wealth management.
JPMorgan está haciendo algo parecido desde otro frente. Su infraestructura de cuentas administradas separadamente, combinada con herramientas como 55ip y OpenInvest, permite realizar transiciones fiscales, cosecha sistemática de pérdidas y construcción de carteras alineadas con preferencias individuales. Al cierre de 2025 administraba 434.000 millones de dólares para inversores de SMA, aproximadamente el doble de cuentas que en 2021; la personalización se convierte así en otro componente de la nueva arquitectura. No se trata solamente de ofrecer más activos. Se trata de ensamblarlos de manera diferente para cada cliente.
El riesgo: la democratización también puede ampliar las pérdidas
La transformación, sin embargo, no es solamente una historia de oportunidades. El propio Dimon introduce una advertencia especialmente relevante sobre el crecimiento del crédito privado. En su carta estima el mercado de private credit apalancado en aproximadamente 1,8 billones de dólares frente a 1,5 billones del mercado high yield estadounidense y 1,7 billones del mercado de préstamos apalancados sindicados.
Su advertencia es clara: cuando llegue el próximo ciclo de crédito, las pérdidas podrían ser superiores a las esperadas y no todos los participantes tienen la misma capacidad para originar y administrar crédito. También advierte que los productos vendidos a inversores minoristas necesitan mayor transparencia, estándares más altos y menos conflictos de interés.
Esta es probablemente la principal tensión del nuevo modelo. Los grandes gestores quieren ampliar el acceso a mercados privados, pero cuanto más se acerquen esos activos al pequeño inversor y al ahorro para el retiro, mayor será la exigencia de liquidez, transparencia, valuación, gobierno y protección al inversionista.
Fink lo reconoce desde otro ángulo cuando habla de tokenización: la modernización financiera necesita reglas claras, protección al comprador, estándares de riesgo de contraparte e identidad digital.
La democratización financiera, por tanto, no significa simplemente permitir que más personas compren más activos. Significa crear una infraestructura capaz de hacerlo sin trasladar al inversor minorista riesgos que antes estaban confinados a instituciones sofisticadas.
Dos gigantes, un mismo cambio estructural
La comparación entre Fink y Dimon deja finalmente una conclusión interesante. BlackRock está tratando de convertirse en una plataforma que conecte mercados públicos, mercados privados, tecnología, datos y distribución. JPMorgan está tratando de convertirse en una plataforma financiera integral en la que banca, inversión, pagos, mercados privados, ETFs, wealth management e inteligencia artificial funcionen como partes de un mismo sistema.
Uno parte de la gestión de activos; el otro, de la banca, pero ambos están avanzando hacia el mismo lugar. La próxima década de inversión podría estar menos definida por la pregunta de “¿acciones o bonos?” y mucho más por otras preguntas: ¿qué infraestructura necesita la inteligencia artificial?, ¿quién financiará la transición energética?, ¿dónde estará el capital privado?, ¿qué economías tendrán los recursos críticos?, ¿qué mercados se beneficiarán de la fragmentación geopolítica?, ¿cómo se combinarán activos públicos y privados?, ¿qué parte de una cartera puede ser automatizada?, ¿cómo se personalizará el riesgo?, ¿y cómo podrá un ahorrador común acceder a oportunidades que históricamente estuvieron reservadas a instituciones?
La respuesta que están construyendo Fink y Dimon parece ser que el activo individual dejará de ser el centro de la conversación y será sustituido por la cartera completa, apoyada por tecnología y diseñada alrededor de grandes fuerzas estructurales. No significa que los ETFs, las acciones o los bonos hayan perdido relevancia. De hecho, los flujos de ambas instituciones en estos activos muestran lo contrario.
Significa que ahora tendrán que convivir con crédito privado, infraestructura, activos reales, alternativas, activos digitales, estrategias sistemáticas y nuevas formas de asesoramiento; en otras palabras: «cartera completa», como la define Srgio Méndez, el líder de BlackRock en México.
El cambio más profundo, entonces, no está en un producto concreto sino en la arquitectura y las dos instituciones están apostando a que el gestor del futuro no será simplemente quien sepa elegir un activo, sino quien pueda integrar el mayor número posible de fuentes de retorno, riesgo, liquidez, información y tecnología dentro de una sola experiencia de inversión.
La IA es una cadena de valor, no una única forma de inversión. La exposición puede estar en el núcleo, donde modelos y plataformas convierten la inteligencia en productos, o más lejos, en semiconductores, centros de datos,equipamiento de red y energía. Cada capa se beneficia de la IA de forma distinta: algunas mediante una monetización previsiblemente duradera; otras a través del ciclo de inversión o de escaseces temporales.
Las valoraciones combinan cada vez más flujos de caja con una prima de opcionalidad. Los casos más sólidos suelen ser negocios donde el potencial de la IA se apoya sobre flujos de caja existentes y resilientes. Los más arriesgados son aquellos en los que la mayor parte de la valoración depende de que esa opción se materialice rápido: demanda sostenida, poder de fijación de precios o escasez que puede no durar.
Los principales riesgos son la concentración, la circularidad y la posibilidad de que los modelos se encuentren con el «muro». Gran parte del ecosistema depende de pocos compradores y de bucles de inversión que se refuerzan mutuamente. La cuestión de fondo es si los modelos de frontera siguen avanzando hacia la inteligencia artificial general (AGI), o acaban mostrando rendimientos decrecientes al agotarse el stock disponible de conocimiento humano.
Dónde se encuentra la exposición a la IA
Ganar exposición a la IA exige mirar más allá de los modelos y plataformas que convierten la inteligencia en productos. Alrededor de ese núcleo están los sistemas que hacen posible la escala: semiconductores, nube, redes, centros de datos, refrigeración, equipamiento eléctrico y generación de energía.
Algunas empresas tienen flujos de caja resilientes y, además, una opción de IA; otras, más ligadas al ciclo de inversión, capturan valor mediante cómputo, infraestructura o electricidad más que mediante software y distribución.
La pregunta no es solo cómo posicionarse en la IA. Es qué exposición ofrece cada capa y qué está pagando el mercado: flujos de caja, escasez o la opción de que la IA llegue a ser mucho mayor de lo que justifican los beneficios actuales.
La opcionalidad entra en las valoraciones
Una acción expuesta a la IA puede verse como la suma de dos elementos: flujos de caja más una opción sobre beneficios futuros ligados a la IA. El componente de flujos de caja es lo que el negocio puede generar sin hipótesis heroicas. La opción es lo que los inversores pagan por si la IA amplía el mercado potencial, eleva márgenes o cambia el perfil de crecimiento.
Esto se parece más a una opción real que a una opción bursátil tradicional. Una call cotizada tiene un vencimiento; la opcionalidad de una acción normalmente no. Muchos valores de IA se comportan como una especie de bonos convertibles sobre beneficios futuros de IA: parte flujo de caja, parte participación en un escenario de mayor potencial. La mejor versión es un negocio sólido con potencial de IA añadido. La más frágil es una valoración que solo funciona si la opción se materializa rápido.
Las distintas capas de la IA
La IA se entiende mejor como un stack tecnológico que como un sector. En el centro está la inferencia: modelos utilizados en flujos de trabajo y aprendizaje. En el siguiente nivel están las plataformas y la infraestructura en la nube, que distribuyen la IA y financian gran parte de la inversión. Después vienen semiconductores y redes, la capa de cómputo. Más lejos están los habilitadores físicos: centros de datos, refrigeración, equipamiento eléctrico y generación.
El mapa de la cadena de valor debe leerse de dentro hacia fuera. Las capas interiores están más cerca de la monetización y de la relación con el cliente. Las exteriores pueden beneficiarse de cuellos de botella, pero su perfil económico puede ser más cíclico.
Riesgo financiero: concentración y circularidad
El primer riesgo financiero es la concentración. El gasto en IA depende de un número reducido de grandes compradores. Su escala es una fortaleza: pueden financiar programas de infraestructura que pocos podrían intentar. Pero también crea dependencia. Si cambian sus presupuestos, arquitecturas o prioridades, toda la cadena de valor lo nota.
El segundo es la circularidad. Partes del ecosistema se venden entre sí, se financian entre sí o validan sus propias hipótesis de crecimiento. Algo de circularidad es normal al inicio de un ciclo tecnológico, cuando hay que construir infraestructura antes de que la demanda final sea visible. La cadena se vuelve frágil cuando el bucle depende más de la confianza que de los retornos para el usuario final.
Por eso importa menos cuánto se gasta en IA que cuánto valor se crea: quién paga, qué retorno obtiene y cómo se captura ese valor a lo largo de la cadena.
Riesgo tecnológico: los modelos chocan con el muro
El mayor riesgo no es el precio, la regulación o las restricciones energéticas. Esos factores importan, pero son de segundo orden. La pregunta central es si los modelos de frontera siguen mejorando a un ritmo que justifique la escala de inversión.
El «muro» es la posibilidad de que los modelos empiecen a agotar la parte más accesible del conocimiento generado por humanos, mientras el aprendizaje por refuerzo y los datos sintéticos no aportan suficiente impulso adicional. En ese escenario, la inteligencia artificial general (AGI) queda fuera de alcance. Los modelos mejoran, pero cada generación requiere más cómputo, energía y capital para ganancias menores. La IA sigue siendo útil, pero la curva se aplana, y los mercados prestan más atención a precios, utilización y márgenes.
En el escenario alternativo, se alcanza algo parecido a la AGI. Si los modelos pueden generar nuevo conocimiento, acelerar la ciencia y mejorar la infraestructura que los rodea, el sistema deja de depender solo de escalar conocimiento humano existente. Puede empezar a ayudar a resolver sus propias restricciones: energía, chips, software, automatización e investigación.
Esa es la pregunta binaria detrás del muro: rendimientos decrecientes sobre el conocimiento existente o rendimientos exponenciales derivados de la creación de nuevo conocimiento.
Lecciones de la era puntocom
La lección de la era puntocom no es que haya que evitar las tecnologías revolucionarias. El potencial de Internet era real. El error fue asumir que el éxito de la tecnología garantizaba su monetización.
Pero la analogía es imperfecta. Internet se construyó sobre protocolos abiertos que se convirtieron en una plataforma relativamente estable para aplicaciones: pública, interoperable y accesible. La IA es distinta. Los modelos de frontera son en su mayoría privados, intensivos en capital y evolucionan continuamente. La capa base no es solo infraestructura; es parte del producto y de la frontera competitiva.
Con Internet, la pregunta era sobre todo qué se construiría encima de la red. Con la IA, la pregunta es además en qué se convertirá la propia capa fundacional.
Posicionamiento por capas
Los distintos niveles cumplen funciones distintas. Los estratos centrales pueden ofrecer mejor protección a la baja cuando la opcionalidad de IA se apoya en negocios diversificados y flujos de caja saludables. Las capas intermedias ofrecen más apalancamiento directo al ciclo de inversión, pero con mayor ciclicidad. Las partes periféricas pueden beneficiarse de cuellos de botella, pero no deben confundirse con captura de valor permanente.
La pregunta adecuada no es «¿es esta una acción de IA?». Es: ¿Cuánto de su valoración se explica por sus flujos de caja, cuánto por su valor como opción y qué tiene que salir bien para que ambos elementos sean ciertos?
Tribuna elaborada por Fernando de Frutos, CIO de Mora Capital Group
CaixaBank ha ampliado su oferta de inversión alternativa para clientes de Wealth Management con el lanzamiento de una gama de fondos multiestrategia de activos alternativos compuesta de tres fondos de inversión libre: CaixaBank Multistrategy FIL, CaixaBank Growth FIL y CaixaBank Income FIL-. Según destacan desde la compañía, se trata de fondos que invierten a través de fondos subyacentes en los mercados de activos reales, private equity y private debt y, además, son los primeros fondos de inversión libre de mercados privados que lanza la entidad.
«Con estos nuevos fondos, CaixaBank acelera el desarrollo de su estrategia en activos alternativos, ampliando el acceso de sus clientes de alto patrimonio a mercados privados, tradicionalmente reservados a inversores institucionales. Los nuevos fondos están destinados a los clientes de CaixaBank Wealth Management con contrato de asesoramiento, y la inversión mínima en cada uno se sitúa en 50.000 euros, siendo este también el importe mínimo a mantener», han explicado desde CaixaBank.
Estos lanzamientos representan un nuevo hito en la hoja de ruta de activos alternativos del Grupo CaixaBank, según han confirmado desde la entidad y, además, añaden que en los últimos meses, CaixaBank Asset Management ha impulsado capacidades específicas para esta clase de activos mediante la creación de una dirección especializada -la Dirección de Desarrollo y Gestión de Activos Alternativos-, la incorporación de un equipo especializado, y el desarrollo de nuevas soluciones de inversión adaptadas a las necesidades de los clientes de alto patrimonio, como el CaixaBank Multimanager Alternative IICIICIL, un fondo de fondos de inversión libre único de una gestora española, y que invierte en hedge funds de mercados alternativos líquidos.
La apuesta por los activos alternativos forma parte de la estrategia del Grupo para anticiparse a las tendencias del mercado, ampliar las capacidades de asesoramiento y ofrecer nuevas fuentes de rentabilidad y diversificación en un entorno de inversión cada vez más complejo. De esta manera, CaixaBank da respuesta a las nuevas necesidades de sus clientes de Wealth Management que demandan una mayor diversificación de sus carteras, una mayor sofisticación en sus estrategias, y nuevas fuentes de diversificación y generación de valor a largo plazo dentro de sus carteras globales.
Tres estrategias alineadas para diferentes objetivos de inversión
La nueva oferta se construye con tres fondos que invierten entre un 80% y un 95% del patrimonio en instituciones de inversión colectiva de inversión libre o vehículos similares, nacionales o extranjeros. Cada FIL prevé invertir, como mínimo, en cinco fondos subyacentes evergreen, con un límite general del 30% por vehículo, lo que garantiza un nivel elevado de diversificación, tanto por tipo de activo como por gestor. La estructura de los vehículos se asemeja a la de los fondos de asset allocation, ya que cada FIL combina las mismas clases de activos -activos reales (mayoritariamente infraestructuras), private equity (renta variable no cotizada) y private debt (renta fija privada)-, pero con pesos distintos.
El CaixaBank Income FIL se orienta a un perfil más conservador dentro de los activos alternativos, con énfasis en generación de ingresos recurrentes y protección de la inflación a medio y largo plazo. El fondo puede invertir entre un 15% y un 95% en renta fija privada no cotizada; entre un 15% y un 95% en activos reales principalmente ligados a infraestructuras. La exposición a private equity se limita a un máximo del 10% del patrimonio.
El CaixaBank Multistrategy FIL se configura como la opción de perfil equilibrado. El fondo puede invertir entre un 35% y un 65% en private equity, a través de estrategias de venture capital, capital de expansión, adquisiciones de empresas maduras y situaciones especiales; entre un 5% y un 30% en renta fija privada no cotizada; y entre un 5% y un 30% en activos reales, mayoritariamente ligados a infraestructuras.
El CaixaBank Growth FIL representa el perfil con un mayor potencial de rentabilidad de capital. Este vehículo concentra entre un 65% y un 95% de su patrimonio en private equity; entre el 0% y el 25% en renta fija privada no cotizada; y entre un 0%-25% en renta fija y/o renta variable no cotizadas cuyo objeto social sea la adquisición o tenencia de activos reales, principalmente infraestructuras.
Para gestionar el riesgo de liquidez propio de los mercados privados, CaixaBank Asset Management selecciona los fondos subyacentes, todos con estructura de evergreen, a través de un proceso de análisis exhaustivo, que estudia estrategia, procesos de inversión y construcción de carteras, estructura del vehículo y de la gestora, controles de riesgo, liquidez, capacidad del equipo y documentación legal.
«Con estos fondos, CaixaBank mantiene un firme compromiso con la innovación y el desarrollo de nuevas propuestas de valor y un modelo más especializado, con especial atención a las necesidades de los inversores de alto patrimonio que buscan soluciones avanzadas personalizadas, y carteras más sólidas y diversificadas en todas las clases de activo relevantes; y consolida su posición como entidad de referencia en el sistema financiero europeo», concluyen desde la compañía.
La CNMV ha revisado la publicidad que realizan las gestoras en sus páginas web y en medios comunicación con el objetivo de verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos en la normativa. Para esta revisión se ha utilizado una herramienta de Inteligencia Artificial a modo de prueba, tanto para la identificación de gestoras con actividad publicitaria como para la revisión de la información. La automatización del control, si bien aún en una fase incipiente, ha supuesto mejoras en la eficiencia de las labores de la CNMV en este ámbito, por lo que se continuará potenciando su uso, según explican desde la CNMV.
La revisión se ha dirigido a comprobar que la información sea clara, equilibrada, imparcial y que no se trasladen a los inversores mensajes o expresiones que pudieran resultar engañosos o confusos, destacando beneficios/rentabilidades potenciales sin incluir información o advertencias sobre los riesgos. Asimismo, se ha comprobado que el uso publicitario de rentabilidades históricas o estimadas se ajusta a los requisitos exigidos.
El análisis se ha centrado en una muestra de 40 Sociedades Gestoras de Instituciones de Inversión Colectiva, SGIIC, y Sociedades Gestoras de Entidades de Inversión de tipo Cerrado, SGEIC, que realizan directamente la comercialización de sus productos a inversores minoristas. Se han detectado incidencias en 10 de las entidades y vehículos revisados. La CNMV ha requerido a las entidades la rectificación de las debilidades detectadas y que refuercen sus controles sobre la información que difundan en lo sucesivo. Se realizará un seguimiento para comprobar la eficacia de las medidas adoptadas por las entidades afectadas.
La utilización de IA en esta actuación es consecuencia del desarrollo de la transformación digital de la CNMV a través del Plan Helix, un objetivo estratégico de la institución.
Banco Sabadell ha anunciado una nueva estructura organizativa que tiene como objetivo acelerar la transformación de la entidad, simplificar su organización y reforzar su modelo de banca de relación, eje estratégico sobre el que se sustenta el crecimiento futuro del banco.
La composición del Comité de Dirección se mantiene sin cambios, preservando la estabilidad de la gobernanza mientras se impulsa esta nueva fase de transformación. La nueva estructura entrará en vigor el próximo 1 de septiembre.
“Esta nueva estructura nos permitirá concentrar más recursos y capacidades en aquellas áreas que son clave para nuestra estrategia, acelerar la transformación del banco y aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial para mejorar nuestros procesos. Queremos una organización más simple, más ágil y más colaborativa, preparada para ofrecer el mejor servicio a nuestros clientes y afrontar con éxito los retos de los próximos años”, ha añadido Marc Armengol, CEO de la compañía.
La nueva organización responde a varios principios fundamentales, entre ellos ordenar los negocios de acuerdo con las prioridades estratégicas, aumentar el foco y la velocidad de transformación, simplificar la estructura, reforzar la accountability, evolucionar las formas de trabajo para fomentar una mayor colaboración entre equipos, así como garantizar la continuidad operativa durante el proceso de transición.
La IA como eje transformador
Entre las principales novedades destaca la creación del área de Transformación Corporativa e Inteligencia Artificial, integrada en la Dirección de Estrategia que lidera Marc Prat. Esta área, que tendrá al frente a Robert Duran, nace con el objetivo de dar un impulso adicional al despliegue de la inteligencia artificial en toda la organización. Asimismo, se refuerza en capacidades IA la Dirección de Operaciones y Tecnología, que dirige Elena Carrera.
Además, dentro del área de Negocio España, que dirige Carlos Ventura, se crea una nueva área de Transformación de Negocio orientada a acelerar la innovación en producto para clientes de valor, la digitalización y los proyectos con impacto directo en clientes. Al frente de esta nueva división estará Jorge Rodríguez Maroto, el responsable de banca de Particulares, que también incorpora Negocios y Autónomos a su ámbito de responsabilidad, del que ya formaban parte la financiación, los medios de pago, el crédito al consumo, los seguros, la gestión de activos y Sabadell Consumer Finance.
Dentro del área de actuación de Ventura se crea también la unidad de Banca Comercial, dirigida por Albert Figueras, quien suma a la coordinación de las direcciones territoriales las responsabilidades de ventas remotas y servicing remoto a clientes.
La tokenización de activos financieros comienza a dejar atrás su fase experimental para avanzar hacia una implementación operativa a gran escala dentro del sistema financiero global. Así lo concluye un nuevo informe elaborado por Citi a través de su área de análisis Citi Institute, que estima que este mercado podría alcanzar un volumen de 5,5 billones de dólares en 2030 en su escenario central.
Actualmente, el mercado global de activos financieros tokenizados, es decir, valores financieros representados como tokens digitales sobre infraestructura blockchain, mueve alrededor de 17.000 millones de dólares. Sin embargo, Citi proyecta un fuerte crecimiento durante los próximos años, con un escenario conservador de 2,7 billones de dólares y un escenario optimista que eleva la cifra hasta 8,2 billones.
A diferencia de lo que inicialmente se esperaba, el informe apunta a que la expansión estará liderada principalmente por activos cotizados en mercados públicos, especialmente acciones estadounidenses y bonos del Tesoro de Estados Unidos, mientras que los mercados privados continúan presentando mayores limitaciones estructurales y una adopción todavía incipiente.
Según Citi Institute, tres factores están acelerando este cambio estructural en los mercados financieros. El primero es la incorporación progresiva de la tokenización dentro de las grandes infraestructuras financieras tradicionales. Instituciones como Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC), New York Stock Exchange y Nasdaq ya están integrando esta tecnología en procesos clave como emisión, negociación y liquidación de activos, superando la etapa puramente experimental.
El segundo gran catalizador es el crecimiento del denominado dinero digital regulado. Citi prevé que el mercado de stablecoins alcance los 1,9 billones de dólares en 2030, junto con un crecimiento paralelo de depósitos tokenizados, lo que permitiría construir una infraestructura de liquidación mucho más eficiente que en intentos previos de tokenización.
A ello se suma un tercer factor clave: el avance regulatorio. El informe destaca especialmente el progreso legislativo en Estados Unidos con el desarrollo de la Clarity Act, normativa que podría aportar mayor seguridad jurídica a la industria y acelerar la adopción institucional a partir de 2026.
Pese al potencial de crecimiento, Citi advierte de que la transición no será inmediata. Durante los próximos años dominarán modelos híbridos en los que convivirán infraestructuras blockchain junto a sistemas financieros tradicionales, lo que previsiblemente generará cierta complejidad operativa antes de que puedan materializarse plenamente las ganancias de eficiencia.
El estudio también anticipa una transformación profunda en la estructura del mercado financiero. Según la entidad, comenzarán a emerger nuevos actores capaces de controlar simultáneamente la emisión de activos y la infraestructura de liquidación, un modelo que Citi denomina “Structural Orchestrators”.
En este nuevo ecosistema podrían ganar protagonismo bancos, gestoras de activos y emisores de stablecoins capaces de integrar verticalmente procesos de emisión, distribución y liquidación, mientras que muchos intermediarios tradicionales vinculados al post-trade podrían enfrentarse a crecientes presiones estructurales a medida que los procesos se automatizan.
Entre las previsiones más relevantes, Citi estima que si solo un 10% de los inversores minoristas estadounidenses adoptan soluciones financieras on-chain antes de 2030, esto podría generar una demanda cercana a 2,6 billones de dólares únicamente en acciones públicas tokenizadas.
Para la entidad, la evolución de este mercado dependerá menos del desarrollo tecnológico, ya suficientemente avanzado, y mucho más de factores como la coordinación regulatoria internacional, la interoperabilidad entre plataformas, la liquidez disponible y la capacidad de gestionar eficazmente la convivencia entre sistemas tradicionales y digitales.
En opinión de Citi Institute, la tokenización no supone una revolución inmediata, sino una evolución gradual que podría reconfigurar profundamente la arquitectura de los mercados de capitales durante la próxima década.
Después de un período de intercambio de ideas, en el llamado proceso de Diálogo Social, el gobierno de Uruguay anunció una batería de medidas en el marco de la reforma a su sistema de pensiones. Entre el abanico de iniciativas –incluyendo materias de comisiones, nuevos afiliados y seguros colectivos, entre otros–, hay una que parece especialmente relevante para las casas de inversión internacionales: el aumento del límite de inversiones internacionales.
“Se considera oportuno implementar medidas que permitan alcanzar una mayor rentabilidad esperada de los ahorros de los trabajadores, mediante una mayor diversificación y diferenciación de las inversiones, con una ampliación gradual de los activos elegibles en el exterior, manteniendo la estricta regulación y supervisión profesional, sujeta a los más altos estándares que caracterizan el esquema actual de inversiones, protegiendo el financiamiento de las inversiones productivas domésticas”, indicó el Ministerio de Economía y Finanzas en la declaración con la que anunciaron los cambios.
La normativa vigente establece que sólo el 15% de los fondos de pensiones pueden estar invertidos en el extranjero, y sólo en deuda soberana de alta calidad crediticia e instrumentos emitidos por organismos multilaterales. Todo el resto está dedicado a activos radicados en el país austral, con un fuerte sesgo por la deuda estatal local.
Según cifras del Banco Central del Uruguay, los fondos de pensiones cerraron marzo de 2026 (último dato disponible) con activos por 1.085.066 millones de pesos uruguayos (cerca de 27.030 millones de dólares). De ese total, el posicionamiento en notas multilaterales del Banco Mundial y los bonos soberanos extranjeros alcanzaba: 13,8% del Subfondo Crecimiento, 15,7% del Subfondo de Acumulación y 11,7% del Subfondo de Retiro.
Hacia delante, falta que el gobierno decante las medidas anunciadas en un proyecto de ley, que será votado en el Congreso. De momento, no han entregado cifras de cuál sería el nuevo límite de inversiones en el extranjero, ni los plazos con los que se implementarán gradualmente.
Impulsando la cartera internacional
El régimen actual ha generado carteras previsionales que “presentan una elevada concentración geográfica y, al mismo tiempo, una importante concentración por tipo de activo y por emisor, siendo que más de la mitad de los fondos se encuentra invertida en deuda soberana uruguaya”, según explica a Funds Society el gerente de Inversiones de República AFAP, Agustín Giannini.
Por lo mismo, y considerando que la dinámica de renta fija local se enmarca en la prima de riesgo país de América Latina, acotando la rentabilidad, la diversificación se vuelve especialmente relevante. “Un acceso gradual a vehículos de inversión globales ampliamente diversificados permitiría incorporar activos con mayor potencial de crecimiento de largo plazo”, indica el profesional, encargado de las inversiones de la AFAP más importante del país.
En ese sentido, el CIO califica la medida como “totalmente alineada con la premisa del grupo de trabajo: lograr cambios que impacten positivamente en las prestaciones”.
Desde AFAP Itaú también valoran la decisión del gobierno. “Su implementación sería una excelente noticia para los afiliados”, indica Mateo Fernández, gerente de Inversiones de la firma, agregando que “una mayor amplitud de activos permitiría más diversificación y, en consecuencia, portafolios más resilientes y con mayor potencial de retorno”.
El ejecutivo también hace hincapié de la gradualidad, asegurando que la implementación de los nuevos límites de inversión en el extranjero “debería ser progresiva y acompañada por reglamentación prudencial sobre qué activos serían elegibles”.
En su presentación en el Congreso FIAP 2026, realizado recientemente en Costa Rica, el director ejecutivo de la AFAP de Itaú, Ignacio Azpiroz, también destacó la modernización del esquema de inversiones. La idea, dijo el ejecutivo en la instancia, es llevar los límites de activos extranjeros más cerca de 40% o 50%.
El valor del diálogo y el acuerdo
Otro aspecto que los profesionales de la industria de AFAP valoran es que las medidas anunciadas recientemente provienen del proceso de Diálogo Social impulsado por el gobierno, donde distintos actores políticos, sociales e institucionales intercambiaron ideas.
Ciertos cambios anunciados en abril generaron resistencia entre las cuatro gestoras previsionales que operan en el país austral, como acotar el rol de las AFAP a la gestión de inversiones. Por lo mismo, las últimas modificaciones que el gobierno puso sobre la mesa fueron bien recibidas por el sector.
“Esta y otras líneas de cambio normativo son conclusiones de una mesa de diálogo, que tenía como objetivo mejorar las prestaciones para los trabajadores de nuestro país, donde autoridades y fondos de pensiones concluyeron en distintos aspectos que, en su mayoría (y como es el tema específico consultado), deben ratificarse vía ley”, comenta Giannini.
En ese sentido, el ejecutivo enfatiza en que “es un proceso que no termina aquí”, por lo que seguirán aportando su opinión profesional durante la discusión parlamentaria de la reforma.
La visión del CIO de República AFAP se alinea con las declaraciones que ha hecho el gremio, ante los anuncios. “Tras el trabajo técnico junto al Ministerio de Economía y Finanzas y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, las administradoras de fondos previsionales valoramos las instancias de diálogo y los avances alcanzados a lo largo del proceso”, señalaron desde la Asociación Nacional de AFAP (ANAFAP) en una misiva pública la semana pasada.
“Destacamos especialmente que la administración de las cuentas individuales y la responsabilidad fiduciaria de las AFAP en su administración, se mantengan como principio del sistema”, agregaron.
En la industria también valoran que el tema se esté tratando como una política de Estado, más allá de los cambios de signo político. “Nosotros partimos de la reforma del 2023, que la hizo el gobierno de otro color político”, explicó Azpiroz, de AFAP Itaú, destacando la continuidad del proceso, pese al cambio de gobierno.
Los inversores institucionales ya no son meros observadores ante el auge de la inteligencia artificial, sino que están contribuyendo activamente a su impulso. Sus amplios volúmenes de capital los convierten en financiadores naturales de los activos más costosos de la IA, desde centros de datos a hiperescala hasta sistemas de entrenamiento, según muestra el informe «Exuberancia y exposición: los inversores institucionales y el auge de la IA», elaborado por Economist Impact con el patrocinio de DWS.
Sin embargo, estas inversiones conllevan riesgos específicos: elevados costes iniciales, rápida obsolescencia y crecientes tensiones geopolíticas en las cadenas de suministro. Estos riesgos plantean una cuestión más amplia: ¿hasta qué punto es sostenible el actual ciclo de inversión en IA? El auge de la IA guarda similitudes con anteriores olas de inversión industrial: transformadoras, pero con riesgo de exceso.
El informe analiza cómo los inversores institucionales están gestionando esta tensión. Basado en una encuesta global a 300 inversores, examina qué está impulsando las asignaciones, cómo reaccionarían ante una corrección brusca del mercado y cómo están posicionando sus carteras para capturar el potencial a largo plazo de la IA.
Conclusiones
El auge de la inversión en inteligencia artificial es frágil y está impulsado, en parte, por la inercia del mercado más que por fundamentos económicos. Más del 70% de los encuestados identifica al menos un factor vinculado al momentum como un motor clave de la inversión. En otras palabras, la subida de precios está contribuyendo a justificar nuevas inversiones.
Sin embargo, el argumento a largo plazo es más sólido: alrededor de la mitad señala las mejoras de productividad como principal motivación, mientras que solo un 14% espera ahorros de costes en el corto o medio plazo. El auge se sustenta en una combinación de convicción y momentum, una mezcla potencialmente inestable.
Los inversores institucionales anticipan una corrección significativa en las acciones vinculadas a la IA, pero podrían no estar preparados para absorber pérdidas de esa magnitud. Cerca del 80% espera caídas de al menos un 20% en los próximos 12 a 18 meses, mientras que menos del 1% afirma que podría soportar un descenso de ese nivel. A pesar de ello, más del 80% expresa confianza en sus carteras, aunque muchos matizan que se trata de una confianza “moderada”. Esta divergencia sugiere que la resiliencia podría estar sobreestimada.
Las carteras ya presentan una elevada exposición a la IA —principalmente a través de renta variable—, lo que genera un riesgo significativo de concentración. Aproximadamente dos tercios de los encuestados señalan que entre el 25% y el 50% de sus carteras de renta variable incluyen compañías relacionadas con la IA. La exposición se distribuye a lo largo de todo el ecosistema, desde proveedores de infraestructuras hasta desarrolladores y usuarios finales. Las posiciones están especialmente concentradas en infraestructuras y fondos pasivos, lo que sugiere una preferencia por apuestas indirectas. Aun así, cerca de un tercio de los inversores reconoce tener sobreponderadas las acciones vinculadas a la IA respecto a sus asignaciones estratégicas, lo que deja a las carteras expuestas a cambios en las valoraciones. Esta elevada exposición a la renta variable incrementa el riesgo de una falsa diversificación: si las valoraciones caen de forma simultánea, la diversificación podría ofrecer menos protección de la esperada.
Los inversores institucionales se están preparando para un entorno de volatilidad, pero muchos planean comprar en lugar de retirarse si las valoraciones caen. Las medidas de gobernanza —como un mayor control por parte de los comités de inversión y la definición de umbrales de rebalanceo— son las estrategias más extendidas. Pocos contemplan reducir su exposición. Por el contrario, la mayoría prevé incrementarla si las valoraciones bajan. Los inversores se posicionan así como compradores oportunistas en un contexto de corrección, más que como vendedores defensivos.
Los inversores esperan que la IA genere rentabilidades en múltiples sectores, aunque tecnología y finanzas siguen siendo los principales beneficiarios. El sector tecnológico se percibe ampliamente como el que ofrecerá mayores ganancias vinculadas a la IA. El sector financiero también ocupa un lugar destacado, impulsado por expectativas de mejoras en eficiencia y el desarrollo de nuevos productos financieros basados en IA. Algunos inversores regionales, especialmente en Asia-Pacífico, prevén mayores oportunidades en sectores como medios de comunicación o logística. Aun así, las expectativas siguen concentradas en sectores ya estrechamente ligados a la tecnología.
Los inversores están apostando claramente por Estados Unidos como líder en la carrera por la supremacía en IA. Más del 40% de los encuestados espera que las mayores rentabilidades provengan de este mercado en los próximos cinco años, muy por delante de cualquier otro. China queda rezagada con un 13%, lo que sugiere que su papel podría estar infravalorado. En conjunto, las expectativas se inclinan hacia los mercados desarrollados: un 27% prevé mayores retornos en ellos, frente a solo un 13% en mercados emergentes.
Los inversores institucionales se están convirtiendo en actores centrales del ecosistema de la IA, tanto como financiadores como usuarios de la tecnología. Su exposición ha crecido rápidamente, especialmente a través de la renta variable, incluso cuando reconocen que las valoraciones pueden ser frágiles. En lugar de replegarse, se están preparando para la volatilidad: refuerzan la gobernanza, mantienen la diversificación y se posicionan para aprovechar oportunidades en un entorno de corrección. Sin embargo, esta confianza se basa en la premisa de que cualquier ajuste será limitado. En la práctica, la elevada concentración en renta variable y la creciente interconexión de los mercados dejan a las carteras expuestas a una posible repricing más amplia. Como gestores de capital a largo plazo, los inversores institucionales no solo condicionarán sus propios resultados, sino también la estabilidad del mercado y el ritmo futuro de la inversión en inteligencia artificial.
Los ETFs activos globales registraron entradas netas récord de 500.880 millones de dólares en lo que va de 2026, mientras que los activos bajo gestión ascendieron a 2,56 billones de dólares al cierre de junio, según destacan desde ETFGI. En concreto, durante junio, la industria mundial de los ETFs gestionados activamente registró entradas netas de 89.130 millones de dólares, lo que elevó las entradas netas acumuladas en el año hasta los 500.880 millones de dólares.
Desde ETFGI, los ETF gestionados activamente continuaron batiendo récords durante junio. Algunos de los puntos más destacados que señalan desde la compañía es que el cierre del mes, los activos bajo gestión alcanzaron los 2,56 billones de dólares, un nuevo máximo histórico que supera los 2,49 billones registrados a finales de mayo. En lo que va de 2026, el patrimonio del sector ha crecido un 34,2 %, al pasar de 1,93 billones al cierre de 2025 a los actuales 2,56 billones de dólares.
Solo en junio, estos vehículos captaron 89.130 millones de dólares en entradas netas, lo que eleva el total acumulado en el año hasta un récord de 500.880 millones de dólares, más del doble del máximo anterior, de 266.480 millones, alcanzado en 2025, y muy por encima de los 152.870 millones registrados en el mismo periodo de 2024. Además, en los seis primeros meses del año se han lanzado 1.019 nuevos ETF de gestión activa por parte de 253 proveedores, mientras que junio marcó el 75.º mes consecutivo de entradas netas para esta categoría de fondos a nivel mundial.
Al cierre de junio existían 5.524 ETF gestionados activamente en todo el mundo, con 7.582 cotizaciones, activos por valor de 2,56 billones de dólares, gestionados por 724 proveedores y negociados en 49 bolsas de 39 países.
Emisores y flujos
Dimensional es el mayor proveedor de ETF por volumen de activos, con 302.980 millones de dólares, lo que representa una cuota de mercado del 11,8 %. Le sigue J.P. Morgan Asset Management, con 299.870 millones de dólares y una cuota del 11,7 %, e iShares, con 174.880 millones de dólares y una cuota del 6,8 %. «Los tres mayores proveedores de ETF gestionados activamente, de un total de 724, concentran el 30,3 % de los activos bajo gestión (AUM) de los ETF activos globales, mientras que los 721 proveedores restantes cuentan individualmente con una cuota de mercado inferior al 6%«, indican desde ETFGI.
Los ETFs gestionados activamente centrados en renta variable cotizados a nivel mundial registraron entradas netas de 56.700 millones de dólares durante junio, elevando el total acumulado en el año a 298.880 millones de dólares, más del doble de los 148.610 millones de dólares captados en el mismo periodo de 2025.
Los ETFs gestionados activamente especializados en renta fija registraron entradas netas de 16.640 millones de dólares en junio, situando las entradas acumuladas en el año en 153.440 millones de dólares, una cifra significativamente superior a los 102.810 millones de dólares registrados hasta junio de 2025.
Una parte importante de estas entradas correspondió a los 20 ETF/ETP con mayor captación de nuevos activos, que en conjunto sumaron 33.080 millones de dólares durante junio. En particular, el Roundhill Memory ETF (DRAM US) captó por sí solo 9.350 millones de dólares. Durante junio, los inversores mostraron una clara preferencia por invertir en ETF gestionados activamente de renta variable.