El Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, desveló en una comparecencia el lunes que el organismo podría aumentar su capacidad de compra de bonos realizando adquisiciones e mercado que podrían superar los 4 billones de dólares (billions en términos estadounidenses). Esta medida llega después de que el aumento de los yields reales impulsara las rentabilidades de los plazos largos de la deuda americana, un movimiento que sugiere que los mercados se muestran preocupados por la coyuntura fiscal e inflacionista.
La deuda federal total de Estados Unidos superó recientemente los 40 billones de dólares. Los expertos explican que es probable que el elevado déficit fiscal americano requiera un incremento de las emisiones de bonos del Tesoro, justo en un momento de gran competencia con las emisiones de largo plazo planeadas por parte de las grandes empresas tecnológicas.
Libby Cantrill, responsable de políticas públicas de PIMCO, recuerda que el Tesoro lleva ya un tiempo realizando esta operativa, ya que desde mayo de 2024, ha llevado a cabo recompras periódicas de bonos del Tesoro por diversas razones, principalmente “garantizar el buen funcionamiento del mercado del Tesoro comprando bonos más antiguos y menos líquidos (bonos «off-the-run») y, por lo general, re emitiendo nuevos más líquidos («on-the-run»)”. Este programa contaba con un calendario en la web del organismo. “Es evidente que el anuncio de Bessent supuso una desviación de ese enfoque regular y predecible”, señala.
Pero, teniendo en cuenta, a juicio del experto, que este programa es “relativamente pequeño” y que “no se trata de un quantitative easing (QE)”, las recompras no alteran de forma sustancial los fundamentales. Cantill explica que los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo han aumentado por diversas razones, entre ellas un mayor crecimiento en Estados Unidos; la elevada «carga de deuda» americana; un repunte en la emisión de bonos corporativos relacionados con la inteligencia artificial y la persistente preocupación por la inflación vinculada a los costes energéticos. También señala que los rendimientos solo son elevados “si se comparan con la historia reciente y no necesariamente si se comparan con las medias a muy largo plazo”.
En resumen, Cantill concluye que si bien las recompras en el extremo largo de la curva de rendimientos puede, técnicamente, reducir los rendimientos -una mayor demanda conlleva precios más altos y rentabilidades más bajas-, la razón fundamental por la que los rendimientos de los bonos del Tesoro son más altos «no va a cambiar a corto plazo».
Foco en la reducción de los costes de financiación
Desde UBS comentan que esta medida “pone de manifiesto la importancia que el Gobierno de Estados Unidos concede a la reducción de los costes de financiación a largo plazo”. Para los inversores, según la firma, la cuestión fundamental ahora es “cómo responder, si es que hay que hacerlo, al aumento de las rentabilidades”. Su hipótesis de base sigue siendo que los rendimientos deberían descender a medida que se modere la inflación. “A más largo plazo, las iniciativas que den lugar a una represión financiera y a una reducción artificial de los rendimientos deberían ser favorables para la renta variable, mientras que el oro sería otro beneficiario de este escenario”, apunta.
Joseph Purtell, gestor de Neuberger, también pone el foco en la reducción de la inflación -y la consiguiente revisión de las expectativas sobre la política monetaria- como el factor que más contribuirá a reducir los rendimientos a largo plazo. Aunque también menciona la relevancia de una consolidación fiscal significativa, considera que esta medida “resulta más difícil a corto plazo”. Por lo tanto, sigue viendo valor en el extremo corto de la curva de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, por ejemplo, en los vencimientos de entre 2 y 5 años, que ofrecen “tanto un carry positivo como una posible revalorización del precio en caso de que la Fed mantenga los tipos estables durante el resto del año”.
Eso sí, por ahora, Purtell no cree que el nivel actual de los rendimientos sea problemático para la actividad real o las condiciones crediticias en sí misma, ya que los beneficios de este año han sido sólidos y los diferenciales se mantienen bien bajo control, aunque no estén en sus mínimos históricos. Pero matiza que una subida constante de los rendimientos, especialmente si el ajuste se produce a un ritmo rápido, aumenta el riesgo de un endurecimiento rápido de las condiciones financieras, lo que lastraría la actividad real. Con todo, no considera que esa sea la situación en este momento.
Por su parte, David A. Meier, Economist en Julius Baer, apunta que esta medida concuerda con una tendencia política general a favor de unos costes de financiación más bajos y “suscita inquietudes sobre iniciativas con motivaciones políticas destinadas a contener los tipos de interés de cara a las elecciones de mitad de legislatura”. Asimismo, admite que en otros tiempos “se habría esperado que fuera la Reserva Federal, y no el Tesoro, quien intentara “manipular” los tipos a la baja. Con todo, y de cara a las estrategias de inversión, “este acontecimiento encaja con nuestra perspectiva bajista a largo plazo respecto al dólar estadounidense”.



Por Beatriz Zúñiga