Después de un período de salidas, los flujos de carteras internacionales a mercados emergentes volvieron a terreno positivo durante julio. Eso muestran las cifras del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés) al séptimo mes del año, dando cuenta de robustos flujos a activos de renta fija y una desaceleración de las desinversiones en renta variable.
El reporte de la entidad mostró que los portafolios no residentes destinaron un total neto de 18.800 millones de dólares en julio. Esto contrasta con los 18.000 millones de dólares netos que salieron en junio y los 25.200 millones de dólares que se fugaron en mayo.
Eso, sí, destacan desde el IIF, esto sigue por debajo de los 46.500 millones de dólares netos que llegaron a los activos emergentes en julio del año pasado.
“El mes no trajo una normalización completa”, advirtió el economista senior de la entidad, Jonathan Fortun. “La composición siguió fuertemente inclinada a la deuda y la mejora en la cifra general se debió más a una menor liquidación de acciones que a un retorno en la demanda por renta variable”, agregó.
De todos modos, desde el IIF destacaron que julio trajo un quiebre en la secuencia de flujos de salida. Esto, señaló Fortun, sugiere que “el estrés concentrado en los mercados accionarios de Asia está perdiendo intensidad, en vez de que el fenómeno se esté extendiendo a la renta fija”.
En el desagregado por clase de activos, los flujos netos a los activos de deuda emegrente llegaron a 26.700 millones de dólares en julio, según las cifras del IIF. Con esto, perdieron algo del vigor del pasado reciente: con 28.100 millones de dólares en junio y 36.000 millones de dólares en julio del año pasado.
Dentro de esta porción, la distribución fue bastante variada. 14.100 millones de dólares netos fueron destinados a deuda de Asia emergente, mientras que América Latina atrajo 5.900 millones de dólares, Europa emergente unos 4.600 millones de dólares y 2.000 millones de dólares al Medio Oriente y Norte de África (MENA, por su sigla en inglés).
Por su parte, los flujos de portafolios internacionales a activos de renta variable emergente se mantuvieron en terreno negativo en julio, aunque moderándose respecto a meses pasados.
En el séptimo mes del año, esta desinversión neta alcanzó los 7.800 millones de dólares. Esto representa una baja respecto a los 46.100 millones de dólares netos que salieron en junio y respecto a los flujos positivos de 10.500 millones de dólares que se registraron en julio de 2025.
“Los flujos de salida de las bolsas de emergentes excluyendo a China bajaron a 4.100 millones de dólares, desde 32.200 millones de dólares, a medida que las liquidaciones lideradas por las tecnológicas en Corea del Sur y Taiwán perdieron momentum a lo largo del mes y los fondos de renta variable dedicados a la clase de activos volvieron a modestos flujos de compra”, detalló Fortun en su reporte.
En el acumulado de 2026, la renta variable y la renta fija muestran realidades bastante dispares. Las bolsas emergentes suman una desinversión neta de 86.000 millones de dólares en lo que va del año, mientras que la deuda emergente ha más que subsanado esa salida.
“Los datos de julio sugieren una estabilización, más que una recuperación. Los inversionistas globales dejaron de recortar riesgos de equity al mismo ritmo de los dos meses pasados, pero todavía no han empezado a tomar posiciones de nuevo”, indicó Fortun, del IIF.
Una misma transacción es una compra para una parte y una venta para la otra. Puede tener una fecha de orden, una fecha de negociación, una fecha de valorización, una fecha de visualización y una fecha de liquidación… y cada una puede ser correcta para un propósito distinto. Un modelo de datos simplista intentaría resolver esas aparentes contradicciones. En los mercados privados, así es simplemente como funciona el dominio.
Solemos llamar a esto casos límite: el producto que se valoriza semanalmente en lugar de diariamente, el broker que necesita ver una operación exhibida como del lunes mientras su fecha de precio sigue siendo el viernes, el cliente cuyo proceso de compliance exige confirmaciones adicionales dentro del flujo de la orden, los sistemas externos que nombran todo de manera distinta a la nuestra. Pero cuando se construye la infraestructura que sostiene a los mercados privados, se aprende rápido que estas no son excepciones alrededor del producto. Son el producto. La variación es el dominio.
La pregunta de ingeniería no es cómo eliminar esa complejidad. Es dónde y cómo dejarla vivir.
Donde la interpretación se convierte en ejecución
La parte más difícil de mi trabajo ocurre antes de que alguien escriba una sola línea de código.
Una misma transacción es vista de forma distinta por cada persona que interactúa con ella. El equipo de Integraciones ve campos, mensajes y restricciones de sistemas. Capital Markets ve un ciclo de vida financiero. Operations ve lo que tiene que conciliar al cierre del día. Sales ve el contexto comercial y lo que espera el cliente. El cliente describe todo en el lenguaje de sus propios sistemas. Ninguno está equivocado. Pero el software no puede ejecutar cinco interpretaciones a la vez.
Entonces, antes de que pueda existir una regla, esas cinco perspectivas tienen que convertirse en una sola. Ese trabajo no es escribir las reglas; es lograr que todos acuerden una definición compartida de lo que el negocio realmente significa. Los mercados privados hacen esto inusualmente difícil. La industria cuenta con estándares parciales (plantillas de reporting, documentos modelo, formatos de disclosure) pero no ofrecen un lenguaje operativo único y de punta a punta para describir una transacción desde la solicitud hasta la liquidación.¹ Las cosas se llaman de manera distinta en cada sistema. Buena parte del conocimiento todavía vive en documentos, cadenas de email y conversaciones. No hay un diccionario compartido para heredar; la mayoría de las veces, uno mismo lo está escribiendo.
Una regla de negocio es significado negociado, vuelto ejecutable. El trabajo de ingeniería comienza antes de la implementación: convertir terminología ambigua, perspectivas en conflicto y sistemas que nunca fueron diseñados para hablar entre sí en un solo modelo lo suficientemente preciso y rico como para funcionar.
Variedad necesaria, no configurabilidad ilimitada
Una vez que se asume que la variación es el dominio, aparece una conclusión tentadora: hacer que todo sea configurable. Convertir cada regla en un ajuste, cada diferencia en un toggle, y dejar que el mercado haga lo que quiera.
Esa es la lección equivocada, y vale la pena ser precisos sobre por qué.
El cibernético W. Ross Ashby nos dio la ley de la variedad requerida: solo la variedad puede destruir la variedad. Para regular un sistema, un controlador debe poseer suficiente variedad interna como para igualar la variedad que enfrenta.² Variedad requerida significa igualar las diferencias que importan: no fabricar opciones por sí mismas.
Con muy poca variedad, el sistema no puede representar las diferencias que son reales: obliga a un mercado desordenado a fingir que es uniforme, y se rompe la primera vez que no lo es. Por el contrario, una plataforma que hace todo configurable no ha absorbido la complejidad; se ha rendido ante ella y la ha redistribuido. Cada nuevo ajuste crea una forma más en que dos partes del sistema pueden discrepar sobre cuál es la verdad.
La configurabilidad suele presentarse como un fin en sí mismo. Ese es el objetivo equivocado. La meta no es la máxima flexibilidad. Es dar lugar a las diferencias que son reales sin permitir que las garantías centrales del sistema (identidad, estado, conciliación, auditabilidad) se fragmenten en una docena de versiones de la realidad. La pregunta real siempre es dónde trazar la línea entre lo que puede variar y lo que no debe hacerlo.
La cintura angosta de los mercados privados
El modelo más útil que conozco para trazar esa línea viene de la arquitectura de Internet.
Internet soporta una enorme variedad por encima (¡cada aplicación jamás escrita!) y por debajo (fibra, celular, satelital, wifi). Es ancho en ambos extremos y angosto en el medio, como un reloj de arena. En esa cintura angosta se ubica una única capa estable: el Protocolo de Internet. Esa cintura angosta permite que las capas de arriba y de abajo evolucionen de manera independiente.³ Si se vuelve el centro rico y configurable, cada participante hereda más requisitos, y el cambio coordinado se vuelve más difícil.
La infraestructura de los mercados privados necesita la misma forma. Por encima de la cintura: productos, experiencias de cliente, reporting, flujos de trabajo de cada cliente. Por debajo: los sistemas operados por brokers, custodios y administradores, conectados mediante archivos y APIs. En la cintura se ubica un único modelo canónico de transacción: identidad, un modelo de estados explícito, cálculos determinísticos y versionados, conciliación, y un registro de quién hizo qué y cuándo. El centro no elimina la flexibilidad. La vuelve segura.
Mecanismo y política
Aquí es donde un principio clásico de sistemas demuestra su valor: la separación entre mecanismo y política.⁴ El mecanismo es la maquinaria estable que preserva las garantías del sistema: identidad canónica, transiciones de ciclo de vida explícitas y auditables, evaluación consistente de políticas, conciliación. La política es lo que puede variar: ventanas de negociación, cutoffs, mínimos de producto, visibilidad broker-producto, convenciones de visualización de fechas. La separación nunca es perfectamente limpia; el juicio arquitectónico consiste en trazar ese límite y negarse a que se difumine. El matiz importa: una capacidad de override controlada y auditable pertenece al mecanismo; quién puede hacer ese override, y bajo qué condiciones, es política.
Esta separación importa porque las políticas cambian con más frecuencia que los mecanismos que las hacen cumplir, o que las garantías que esos mecanismos preservan. Un nuevo cliente, producto o jurisdicción puede introducir un cutoff, un modelo de permisos o una convención de visualización distintos. Eso no debería requerir reconstruir la maquinaria responsable de la identidad, la validación, la auditabilidad o la conciliación. Distintas políticas deberían poder atravesar los mismos mecanismos confiables.
Trazar el límite demasiado hacia un lado vuelve rígida a la plataforma. Trazarlo demasiado hacia el otro hace que la plataforma no garantice casi nada: cada cliente debe entender, configurar y compensar las garantías que el núcleo se negó a ofrecer. La misma complejidad, ahora pagada en cada punta.
La verdadera medida
Si se toma distancia, el patrón tiene un nombre. Traducir muchas perspectivas en un solo modelo, igualar la variedad sin multiplicarla, mantener angosta la cintura y separar el mecanismo de la política: en ingeniería de software, todos estos son actos de abstracción y encapsulamiento.
La abstracción define el significado compartido en el que la plataforma puede apoyarse: qué es fundamentalmente una transacción, a través de todas las formas distintas en que los participantes la describen. El encapsulamiento contiene detrás de ella las reglas que varían, de modo que un cálculo de fecha o una regla de un cliente puedan cambiar sin obligar al resto de la plataforma a cambiar con ellas. Esto resuena con el principio de ocultamiento de información de David Parnas: un cambio en una decisión no debería propagarse por todo el sistema.⁵
Juntos, responden la pregunta planteada al inicio: no cómo eliminar la variedad, sino dónde y cómo dejarla vivir.
Una buena abstracción se comporta como un contrato. Es lo suficientemente completa como para poder confiar en ella y lo suficientemente laxa como para poder reimplementarse; lo suficientemente precisa como para eliminar la ambigüedad, pero no tan detallada como para fijar decisiones que todavía nadie tuvo que tomar.
Cuando ese contrato está bien logrado, sucede algo silencioso y valioso. Cada nueva integración reutiliza más del modelo que ya existe. Una nueva contraparte se convierte en un mapeo sobre el modelo canónico de transacción, en lugar de requerir automáticamente un nuevo fork de la plataforma. El valor de esa arquitectura se acumula; la plataforma puede comprender más del mercado sin producir más versiones de la verdad.
Esa es la verdadera medida de la infraestructura en esta industria, y va a contramano de lo que el mercado suele celebrar. La plataforma más sólida no es la que tiene más ajustes. Es la que puede absorber más mercado (más productos, más participantes, más formas de nombrar y hacer las cosas) sin perder su control sobre una única verdad compartida.
Las excepciones no son ruido alrededor del producto. Son el producto. El trabajo consiste en construir un lenguaje lo bastante preciso como para contenerlas a todas.
Tribuna elaborada por Milena Brum — Engineering Manager, LYNK Markets
La competencia por el dinero latinoamericano está adquiriendo una nueva dimensión, se ha trasladado hacia un activo mucho más escaso: el talento capaz de entender al nuevo inversionista de la región y acompañarlo en un mercado que está cambiando a una velocidad inédita. Ya no se trata solamente de quién tiene los mejores fondos, quién cobra las comisiones más bajas o quién ofrece acceso a los mercados internacionales.
En los últimos meses, gestoras internacionales, bancos privados, plataformas independientes de wealth management y firmas especializadas en servicios para family offices han acelerado la contratación y movilidad de ejecutivos con experiencia regional, conocimiento de mercados privados, distribución institucional, inversiones globales y gestión de grandes patrimonios.
El fenómeno no es casual. El inversionista latinoamericano está cambiando al mismo tiempo que cambia la arquitectura de la industria.
Las grandes fortunas tienen cada vez mayor exposición internacional. Los fondos de pensiones buscan ampliar su universo de inversión hacia activos privados y mercados globales; los gestores tradicionales compiten con plataformas independientes; los ETFs modifican la distribución de productos; la inteligencia artificial comienza a transformar el análisis y la relación con los clientes, y las fronteras entre asset management, wealth management, banca privada y family offices son cada vez menos claras.
El resultado será, probablemente, un nuevo ecosistema de inversiones en América Latina. Y las instituciones que están intentando construirlo ya están peleando por las personas que tendrán que dirigirlo. El talento se mueve hacia donde está el crecimiento
Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en enero, cuando Capital Group nombró a Patricia Hidalgo como Managing Director y Head of Latin America. Hidalgo llegó procedente de J.P. Morgan Asset Management, donde pasó más de una década y ocupó, entre otros cargos, la posición de Head of Alternatives for Latin America. Antes había trabajado en CitiBanamex en México.
Su nueva responsabilidad tiene especial relevancia porque Capital Group no solamente busca ampliar su distribución entre inversionistas institucionales y distribuidores. La firma señaló expresamente que su estrategia incluye profundizar las relaciones con administradoras de fondos de pensiones en México, Chile y Colombia, además de bancos centrales y fondos soberanos.
El movimiento muestra hacia dónde está mirando la industria: alternativas, institucionales, distribución y conocimiento regional están convergiendo en una misma posición ejecutiva. Y también muestra otro elemento de la nueva competencia: los grandes gestores no necesariamente están buscando talento exclusivamente dentro de sus propias organizaciones. Están pescando en el mercado.
Hidalgo es precisamente un ejemplo de esa movilidad, una ejecutiva que pasa de una de las mayores plataformas globales de gestión de activos a otra con una misión explícita de acelerar su presencia latinoamericana.
De los bancos globales a las plataformas independientes
Otro movimiento ocurrido este verano resulta todavía más revelador para el segmento de wealth management. En julio, Insigneo incorporó a Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents. Ambos llegaron procedentes de Merrill Lynch, donde construyeron durante más de 15 años una carrera conjunta asesorando a familias empresarias e inversionistas de Colombia, México, Centroamérica y Estados Unidos. La operación tiene un significado que trasciende los dos nombramientos.
La propia firma destacó que los ejecutivos aportan experiencia en estrategia global de inversión, banca privada y wealth management global. En otras palabras, no solamente llevan conocimiento técnico sino que llevan relaciones, conocimiento de las familias y experiencia acumulada en distintas jurisdicciones. Ese activo es cada vez más valioso.
Durante décadas, una parte importante de los grandes patrimonios latinoamericanos estuvo atendida por las principales instituciones bancarias internacionales. Ahora, las plataformas independientes están intentando disputar ese negocio ofreciendo arquitectura abierta, acceso a múltiples gestores y una mayor flexibilidad para construir portafolios.
Eso explica por qué la contratación de equipos completos se ha convertido en una herramienta estratégica; no se trata simplemente de contratar a un buen banquero privado. Se trata de adquirir conocimiento de mercado, relaciones y capacidad de distribución.
Miami se consolida como uno de los grandes campos de la batalla
La transformación también está reforzando el papel de Miami como plataforma financiera para el patrimonio latinoamericano. En julio, M&G Investments incorporó a Vince León como Senior Sales Manager para su negocio US Offshore y Latinoamérica. León, con más de 20 años de experiencia en distribución de inversiones en América, llegó procedente de Voya Investment Management, donde era Senior Vice President y Senior Regional Director para US Offshore. Reporta a Ander López, Sales Director para LatAm.
Su trabajo consiste en relacionarse con asesores financieros, bancos privados, grandes plataformas de asesoramiento y firmas independientes que atienden al mercado US Offshore. La lectura estratégica es clara: la distribución se está convirtiendo en una competencia especializada.
La gestora ya no necesita únicamente un buen administrador de portafolios. Ahora necesita personas capaces de traducir una oferta global de activos públicos y privados a las necesidades específicas de asesores, family offices, bancos privados y fondos institucionales latinoamericanos, y esa capacidad no se improvisa.
El fenómeno es todavía más importante cuando se observa desde la perspectiva de los family offices. Las grandes familias latinoamericanas están dejando de pensar en términos exclusivamente nacionales. Sus portafolios incorporan cada vez más activos denominados en distintas monedas y jurisdicciones, desde Estados Unidos y Europa hasta Asia, además de estrategias de private equity, private credit, infraestructura y otros activos alternativos.
Los análisis especializados señalan que los family offices están reaccionando ante un entorno de mayor incertidumbre geopolítica y económica mediante una mayor diversificación geográfica y cambiaria, al tiempo que aumentan su interés por temas como inteligencia artificial, infraestructura y energía. Daniel Bassan, entonces responsable de UBS en Brasil y Latinoamérica, destacó precisamente la importancia de estos cambios en la asignación estratégica.
Lo anterior modifica las habilidades que necesita un asesor; el nuevo profesional de wealth management tendrá que comprender inversiones tradicionales, pero también estructuras internacionales, fiscalidad, mercados privados, planificación patrimonial, sucesión, gobierno familiar y, cada vez más, tecnología.
La frontera entre banquero privado, asesor de inversiones y especialista en family office comienza a desaparecer; también se están moviendo los grandes ejecutivos porque la movilidad del talento no se limita a posiciones comerciales.
En agosto, Daniel Bassan, quien hasta entonces era CEO de UBS para Brasil y responsable regional para Latinoamérica, fue anunciado como nuevo vicepresidente de Santander Corporate & Investment Banking en Brasil, cargo que asumirá a comienzos de 2027. En UBS, su lugar como country chief de Brasil será ocupado por Daniel Barros, quien mantendrá además su posición como CEO de UBS BB.
El movimiento es significativo porque muestra cómo las grandes instituciones están compitiendo por ejecutivos capaces de moverse entre diferentes segmentos del mercado: banca de inversión, clientes institucionales, corporativos y grandes patrimonios.
En otras palabras, el talento financiero latinoamericano también se está volviendo transversal.; el ejecutivo más valioso ya no necesariamente es el especialista que conoce perfectamente una sola clase de activo. Es aquel que entiende cómo interactúan los diferentes negocios financieros y puede conectar capital institucional, mercados privados, banca de inversión y patrimonio.
Los fondos de pensiones también entran de lleno en la transformación
La transformación alcanza también a los fondos de pensiones. En México, por ejemplo, las Afores se encuentran ante un escenario en el que la mayor capacidad para invertir en activos alternativos exige profesionales capaces de analizar private equity, infraestructura, deuda privada y otros instrumentos que tradicionalmente tuvieron una participación mucho menor dentro de los portafolios.
El mapa del talento ya muestra esa especialización. Aurora Fadile Herrera, por ejemplo, se desempeña como PM Director de Inversiones Alternativas en Principal Afore México, donde participa en la estrategia de activos privados, incluyendo private equity, infraestructura y deuda privada.
La relevancia de este tipo de perfiles irá en aumento conforme los fondos de pensiones latinoamericanos busquen sofisticar sus carteras porque el reto no consiste únicamente en disponer de más recursos para invertir, en realidad consiste en tener la capacidad interna para seleccionar gestores, negociar estructuras, evaluar riesgos, administrar liquidez y monitorear inversiones que pueden permanecer en cartera durante muchos años.
Por eso la competencia por especialistas en mercados privados no se limitará a las gestoras internacionales. También alcanzará a las propias instituciones previsionales.
El nuevo profesional financiero
Todos estos movimientos apuntan hacia una conclusión: el perfil del profesional que necesita la industria está cambiando. Hace una década, un buen especialista podía construir su carrera alrededor de una clase de activo, una región o una función específica. El nuevo ecosistema demanda una combinación mucho más amplia.
Las instituciones necesitarán personas que entiendan de una diversidad de temas especializados como: mercados privados y activos alternativos; ETFs, indexación y gestión pasiva; inversión internacional y portafolios multimoneda; inteligencia artificial y análisis de datos; activos digitales y tokenización; planificación patrimonial y sucesión; fiscalidad y estructuras transfronterizas; family offices y gobierno familiar; distribución institucional y US Offshore; gestión de relaciones con clientes de alto y ultra alto patrimonio.
Pero hay algo más importante: necesitarán profesionales capaces de conectar todas esas disciplinas. La revolución tecnológica tampoco significa que el talento humano pierda valor. En wealth management puede ocurrir exactamente lo contrario.
La tecnología puede automatizar buena parte del análisis, generar información y mejorar la construcción de portafolios. Pero cuando se trata de administrar una fortuna familiar, estructurar una sucesión o decidir cómo distribuir un patrimonio entre varias jurisdicciones, la confianza sigue siendo un activo difícil de sustituir.
Latinoamérica, imán para el talento
El movimiento de ejecutivos también refleja una realidad más amplia: las instituciones internacionales están viendo oportunidades en América Latina. Raimundo Diaz, Executive Vice President, Americas de Vistra, explicó recientemente que la firma creó Vistra Latam para atender la región, integrando su plataforma global con la experiencia local de Biz Latin Hub, adquirida a finales de 2025. La organización cuenta con alrededor de 550 personas trabajando en la región.
La firma identifica oportunidades relacionadas con empresas latinoamericanas que establecen operaciones en Estados Unidos, compañías internacionales que llegan a la región y familias que requieren estructuras para administrar patrimonios y operaciones globales.
El mensaje es importante porque demuestra que el crecimiento no está ocurriendo únicamente en la gestión de activos. Está apareciendo un ecosistema alrededor del patrimonio: gestores, bancos privados, family offices, administradores fiduciarios, asesores fiscales, abogados, plataformas tecnológicas y especialistas en inversiones alternativas.
Todos compiten por el mismo recurso: profesionales capaces de conectar esas piezas, el talento será una ventaja competitiva
La industria financiera latinoamericana está entrando así en una etapa en la que el capital seguirá siendo indispensable, pero no suficiente. Una gestora puede tener una estrategia de private credit competitiva; un banco privado puede ofrecer acceso a prácticamente cualquier mercado del mundo; un family office puede contar con una plataforma sofisticada y un fondo de pensiones puede disponer de recursos crecientes para invertir.
Pero todos necesitan personas que sepan utilizar esas herramientas; la contratación de Patricia Hidalgo por Capital Group, la llegada de Londoño y Quintero a Insigneo, el movimiento de Vince León hacia M&G y el cambio de liderazgo protagonizado por Daniel Bassan y Daniel Barros en UBS y Santander son piezas de una misma historia.
En este sentido, la batalla por el talento financiero latinoamericano apenas comienza, los próximos años, probablemente veremos más movimientos entre gestoras, bancos privados, fondos de pensiones, family offices y plataformas independientes. También aumentará la contratación de especialistas procedentes de tecnología, consultoría, banca de inversión y mercados privados.
La razón es sencilla: el negocio ya no consiste solamente en administrar dinero, sino en entender dónde estará el dinero, cómo se moverá, qué productos necesitará, en qué jurisdicciones estará y, sobre todo, quién tendrá la confianza de sus propietarios. Ese será uno de los principales factores que definan a los ganadores del nuevo ecosistema financiero latinoamericano.
La gestora Franklin Templeton ha anunciado el cierre con éxito de Franklin Templeton Structured Solutions 2026, L.P., su primera Collateralized Fund Obligation (CFO), con la captación de 1.500 millones de dólares de inversores de todo el mundo.
Los CFO son una forma estructurada de financiación para carteras diversificadas de capital riesgo, en la que se establecen varios tramos de deuda con prioridad sobre los accionistas. Según destacan desde la gestora, su producto está diseñado para proporcionar a los inversores una exposición diversificada y eficiente a las principales estrategias de mercados privados que oferta Franklin Templeton. Esto incluyendo secundarios de private equity y vehículos de continuación gestionados por Lexington Partners, así como préstamos directos al mercado medio estadounidense gestionados por Benefit Street Partners (BSP), especialista en crédito alternativo de Franklin Templeton, a través de múltiples «vintages» y una amplia variedad de compañías subyacentes en cartera.
Mayor demanda de diversificación en mercados privados
«Estamos observando una creciente demanda por parte de los clientes de acceso a estrategias diferenciadas de mercados privados a través de estructuras eficientes y escalables», afirmó George Stephan, Global Chief Operating Officer, Wealth Management Private Markets de Franklin Templeton. «Esta primera CFO responde directamente a esa demanda, al combinar la experiencia especializada de nuestros gestores de mercados privados en una oferta que refleja todo el alcance de las capacidades que Franklin Templeton puede ofrecer».
«Esta operación demuestra cómo las soluciones estructuradas pueden reunir distintas capacidades de los mercados privados para responder a las necesidades cambiantes de las carteras institucionales», señaló Jake Williams, Co-Head, Private Markets Product de Franklin Templeton. «La operación se apoya en la amplitud de la plataforma de mercados privados de Franklin Templeton y en nuestro compromiso continuo con el desarrollo de soluciones innovadoras que ayuden a los clientes a alcanzar sus objetivos».
El cierre con éxito de la operación supone un hito importante para Franklin Templeton, ya que establece un nuevo canal de captación de capital para su plataforma de mercados privados y posiciona a la firma para aprovechar la creciente demanda de soluciones estructuradas de mercados privados a medida que su adopción se extiende entre un abanico más amplio de inversores, incluidos asesores de inversión registrados (RIA), family offices, compañías de seguros y distribuidores de patrimonio.
En la actualidad, Franklin Templeton cuenta con 295.000 millones de dólares en activos alternativos bajo gestión (datos a 31 de julio de 2026) y ofrece una plataforma diversificada de mercados privados que incluye a Lexington Partners (secundarios y coinversiones); Clarion Partners (inmobiliario privado), Benefit Street Partners (crédito privado) y Franklin Ventures, (hedge y capacidades en activos digitales).
A medida que los marcos regulatorios en Estados Unidos, Europa, Asia y el Golfo se desarrollan y comienzan a converger en su tratamiento de los activos digitales, los inversores están replanteando no solo la asignación de activos, sino también su domicilio legal. La cuestión ya no es únicamente qué activos mantener, sino en qué jurisdicción puede basarse, bancarizarse y reportarse la actividad cripto bajo estándares de supervisión cada vez más exigentes. Es un hallazgo del informe global «Crypto Secure Jurisdictions: Where Crypto Actually Works», elaborado por Global Citizen Solutions (“GCS”), firma internacional especializada en planificación de ciudadanía y residencia.
El informe analiza cómo 22 jurisdicciones están integrando los activos digitales en sistemas fiscales, regímenes de licencia y marcos bancarios a medida que las criptomonedas evolucionan hacia una infraestructura financiera regulada.
“La residencia o la ciudadanía determinan cómo se gravan, se reportan y se sostienen los activos digitales dentro del sistema bancario”, afirmó Artur Saraiva, COO de GCS. “A medida que se amplía la supervisión de las criptomonedas, la movilidad se convierte en una cobertura estructural.”
Mercados con diferentes características
El informe identifica tres características compartidas por las jurisdicciones cripto resilientes: claridad regulatoria, entendida como un tratamiento jurídico definido y supervisión formal; infraestructura institucional, que incluye exchanges regulados, custodios y acceso bancario; y un tratamiento fiscal y de cumplimiento predecible.
En lugar de identificar una única “mejor” jurisdicción, el estudio agrupa los países según su función. Jurisdicciones institucionales de referencia como Suiza, Singapur, Alemania, el Reino Unido y Canadá priorizan la certeza jurídica y la integración en los mercados de capitales. Centros de estructuración y movilidad como Portugal, Malta, Estonia y los Emiratos Árabes Unidos combinan alineación regulatoria con marcos de residencia y planificación fiscal. Estados Unidos sigue siendo el mercado de capitales cripto más profundo del mundo, aunque bajo un perímetro regulatorio definido por múltiples agencias.
El informe sostiene que la migración por inversión actúa hoy como una forma de opcionalidad jurisdiccional, permitiendo diversificar exposición regulatoria y estructurar operaciones bajo marcos jurídicos más previsibles, especialmente para inversores con operaciones transfronterizas.
En América Latina, Brasil se mantiene como uno de los mercados de mayor adopción cripto en la región y a nivel global, y atraviesa un proceso de formalización regulatoria. Bajo la coordinación del Banco Central de Brasil —con participación de otras autoridades cuando corresponde— el país ha avanzado en la definición de requisitos aplicables a los proveedores de servicios de activos virtuales, reforzando los estándares de supervisión y cumplimiento.
El Salvador mantiene un modelo estatal singular respaldado por su Ley de Activos Digitales y un regulador específico. Su enfoque integra cripto en la estrategia económica nacional, aunque con un perfil institucional diferente al de centros financieros tradicionales y más consolidados.
Más allá de la región, “las naciones caribeñas con programas de ciudadanía por inversión están adoptando un enfoque deliberado, integrando los activos digitales dentro de los marcos existentes de AML/CFT, preservando la credibilidad institucional mientras se adaptan a la innovación financiera”, explicó Saraiva. “A diferencia de los centros de negociación institucional, la propuesta de valor de Portugal radica en la combinación de residencia, movilidad y un entorno fiscal que respalda la gestión del patrimonio digital”, añadió.
A medida que la tokenización se acelera y las stablecoins se integran en los sistemas de pago y liquidación, los activos digitales convergen con las finanzas tradicionales. En este entorno, las jurisdicciones capaces de ofrecer auditabilidad, exigibilidad jurídica y conectividad institucional estarán mejor posicionadas para atraer flujos de capital más duraderos que aquellas que dependen de regímenes permisivos o fragmentados.
Wikimedia CommonsCuadro “The South Sea Bubble”, de Edward Matthew Ward
La fiebre por la inteligencia artificial y los rallys que ha generado en los mercados accionarios –especialmente el de Estados Unidos– han vuelto a poner el debate sobre las valorizaciones sobre la mesa. Mientras algunos postulan que se trata de una tecnología tan revolucionaria que da el ancho para aguantar todos los sueños de los inversionistas, otros ven una promesa demasiado abultada para poder cumplir con las onerosas expectativas del mercado. Si bien la pregunta de si hay una burbuja en las acciones asociadas a la IA sigue sin respuesta, de momento, la historia de los mercados financieros contiene algunos ejemplos relevantes.
Uno de estos es la llamada burbuja del Mar del Sur, que tuvo como protagonista a una compañía británica que encontró sucesivas nuevas alturas en base al entusiasmo que generaba su respaldo real y el negocio de esclavos. En cosa de meses, la acción se infló a niveles insostenibles y cuando la burbuja reventó, el escándalo llegó hasta las puertas del Parlamento inglés.
Fundada en 1711 como una alianza público-privada, orientada a consolidar, controlar y reducir la deuda nacional y a ayudar al Reino Unido a participar en el lucrativo negocio de los esclavos, The South Sea Company despertó el interés de los inversionistas de la época.
En 1713 consiguieron el monopolio para el comercio de africanos esclavizados en el mar del Sur del Pacífico, entre las colonias españolas en las Américas. El documento conocido como el “asiento de negros”, un contrato de monopolio firmado entre la Corona española y comerciantes de otros países, funcionó como marco para el negocio. Esto porque la monarquía española prefería no participar directamente en la práctica, sino que subcontrataba servicios de otras potencias europeas.
Empieza la fiebre
Considerando lo rentable que había sido el comercio de esclavos en los dos siglos pasados, la expectativa era que la operación fuera altamente lucrativa. El entusiasmo se vio impulsado por la idea de que el comercio exterior se iba a normalizar tras el fin de la Guerra de Sucesión Española, en 1713.
Este prospecto, junto con la confianza que generaba el respaldo real a la compañía, atrajo a una variedad de inversionistas ingleses. Incluso hay reportes de que el físico y matemático Sir Isaac Newton participó en esta moda financiera, invirtiendo el equivalente actual a millones de libras esterlinas.
Inicialmente, la firma ofrecía un interés del 6 % a quienes compraban la acción, pero la efervescencia de la acción las llevó a un peak en 1720. Y la acción mantenía la fuerza, a pesar de que no se materializó ningún boom de comercio de esclavos después de la firma delTratado de Utrecht, que puso fin a la guerra.
Los españoles le dieron una porción limitada del negocio a los británicos e incluso se quedaron con parte de las ganancias, pusieron impuestos a la importación de esclavos y pusieron estrictas restricciones en las flotas de barcos que podían mandar. Esto le restó prospectos de rentabilidad al negocio.
Sin embargo, el precio de la acción siguió escalando, apoyado por un espaldarazo real. En 1718, el Rey Jorge I de Gran Bretaña asumió la gobernación de The South Sea Company, lo que generó más confianza en el público inversionista, levantando más los precios y llegando a generar un interés del 100 % en las acciones.
El principio del fin
Como sucede con muchas burbujas, los precios se separaron de los fundamentos del negocio. Considerando que el comercio de africanos esclavizados no estaba generando los ingresos necesarios para justificar el auge bursátil, el rally empezó a tambalear.
Es más, la compañía estaba transando cada vez más de sus propias acciones y estaba empezando a participar en prácticas poco recomendables. Hay registros de que personas de la compañía presionaban –o sobornaban– a sus amigos y conocidos a comprar acciones, manteniendo las valorizaciones altas, e incluso hubo sobornos y otros actos de corrupción con ministros y oficiales británicos.
En 1720, el año en que cayó el castillo de cartas, el Parlamento británico le permitió a The South Sea Company comprar la deuda nacional. La compañía desembolsó 7,5 millones de libras en adquirir una deuda de 32 millones de libras. El plan era usar las ganancias de la venta de acciones para pagar los intereses de la deuda.
Fue en este momento cuando el precio de la acción llegó hasta su punto máximo. El título de la compañía pasó de unas 100 libras esterlinas en 1719 a 128,5 libras en enero de 1720. Desde ese punto, el entusiasmo generalizado del mercado lo llevó sobre las 1.000 libras en agosto de ese año.
Poco después, el precio se desplomó a poco más de su precio de IPO.
El dilema del modelo que creó The South Sea Company es que era una especie de carrusel financiero, donde el valor agregado esperado por el comercio de esclavos no se concretó. En cambio, la compañía estaba inflando el precio de su acción con operaciones bursátiles propias contra la deuda pública que adquirió.
El pinchazo
El punto de quiebre fue en septiembre de 1720, cuando las acciones empezaron a caer. Una vez que se instaló la duda, los inversionistas empezaron a perder la fe y vender la acción, desplomando los precios. El papel de la compañía británica terminó retrocediendo a 124 libras en cuestión de días, acumulando una baja de más 80% desde su punto más alto.
El fin de la burbuja trajo fuertes pérdidas con él y, a la par, indignación en el público inversionista. Como el desplome sucedió en los albores del mercado accionario inglés –la creación de The Royal Exchange data de 1571, impulsada por la reina Isabel I–, no había explicaciones disponibles para el nivel de especulación que generó la burbuja en primer lugar.
Un número relevante de personas perdieron mucho dinero, al punto que la tasa de suicidios aumentó, según reportes de la época, y los afectados llegaron a la esfera política demandando explicaciones. Así, el Parlamento lanzó una investigación que destapó las malas prácticas de la compañía, convirtiéndose en un escándalo financiero y político.
En respuesta, los legisladores pasaron la Bubble Act de 1720, prohibiendo la creación de sociedades anónimas como The South Sea Company, sin un permiso especial por carta real.
Eso sí, si bien el efecto fue altamente publicitado, no tuvo un impacto mayor en la economía general y no generó una recesión, como otras burbujas famosas de la historia.
La compañía, por su parte, siguió transando hasta 1853, pasando entremedio por una restructuración.
La internacionalización de las carteras de los inversionistas brasileños gana un nuevo aliado. Itaú Asset Management y Vanguard anunciaron una alianza estratégica que busca ampliar la oferta de productos vinculados con mercados internacionales y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo del mercado brasileño de ETFs.
El primer resultado concreto del acuerdo será la modificación del SPXI11, ETF de Itaú Asset que sigue al S&P 500 y que fue lanzado en 2015. El fondo pasará a utilizar como activo subyacente el Vanguard S&P 500 UCITS ETF, vehículo domiciliado bajo el régimen UCITS y diseñado para replicar el comportamiento del principal índice accionario estadounidense.
El cambio tiene una lectura que va más allá de la sustitución de un activo por otro: coloca a dos grandes plataformas de gestión de activos —una con fuerte presencia en Brasil y otra con alcance global— dentro de una misma estructura de inversión dirigida al mercado brasileño.
La nueva estructura también permitirá la reinversión automática de los dividendos, una característica que puede favorecer la capitalización de los rendimientos a largo plazo al evitar que los dividendos recibidos queden fuera de la inversión.
Un mercado que busca salir de las fronteras brasileñas
La alianza llega en un momento en el que la diversificación internacional adquiere mayor relevancia para los inversionistas locales. Itaú Asset ya cuenta con una plataforma de escala considerable: al cierre de mayo tenía más de 1,2 billones de reales bajo gestión (alrededor de 231.102 millones de dólares), 2.6 millones de clientes y más de 380 profesionales en sus filas.
El banco también reporta que sus clientes mantienen más de 250,000 millones de reales (48.142 millones de dólares), invertidos en el exterior, una cifra que muestra la dimensión que ha adquirido la demanda por activos internacionales entre los inversionistas vinculados con la institución.
En ese contexto, los ETFs ofrecen una vía relativamente sencilla para acceder a mercados extranjeros. El SPXI11, por ejemplo, proporciona exposición al S&P 500 desde la infraestructura del mercado brasileño. Al 18 de agosto, el ETF registraba activos netos de aproximadamente 67,8 millones de dólares, según datos de CFRA Research.
La asociación con Vanguard puede permitir a Itaú profundizar esa oferta utilizando uno de los vehículos indexados más reconocidos de la industria global.
La escala de Vanguard
La contraparte de Itaú aporta una dimensión internacional muy distinta. Vanguard administra aproximadamente 12 billones de dólares en activos y atiende a decenas de millones de inversionistas a escala global.
La firma, fundada en 1975, es particularmente reconocida por su especialización en estrategias indexadas y por su modelo de inversión de bajo costo. Su participación en Brasil supone, por tanto, algo más que una operación puntual alrededor de un ETF: representa una mayor presencia de la firma en uno de los mercados de inversión más grandes de América Latina.
Para Vanguard, Brasil ofrece además un mercado en el que los productos cotizados han ganado terreno como instrumentos para acceder a acciones, renta fija y activos internacionales.
Tanto Itaú Asset como Vanguard señalaron que el acuerdo contempla otros ámbitos de colaboración, entre ellos la educación financiera, el intercambio de mejores prácticas y el desarrollo de nuevos productos.
Ese último punto podría ser particularmente relevante. Itaú Asset cuenta con una plataforma que combina fondos tradicionales, ETFs, renta fija, crédito privado y estrategias administradas por distintos equipos de inversión. Su modelo Multi-desk, por ejemplo, ya concentra 165,000 millones de reales (31.767 millones de dolares), distribuidos entre 23 mesas de inversión, con más de 130 profesionales.
La colaboración con Vanguard abre la posibilidad de que esa infraestructura local se combine con estrategias internacionales de una gestora que administra alrededor de 12 billones de dólares, como mencionamos previamente.
Por ahora, el primer paso está concentrado en el S&P 500, uno de los índices más utilizados por los inversionistas para obtener exposición a las grandes empresas estadounidenses. Pero el alcance anunciado por ambas instituciones apunta a una colaboración de mayor duración.
Para Itaú Asset, el acuerdo encaja con una estrategia de internacionalización que busca ofrecer a los inversionistas brasileños más herramientas para construir portafolios diversificados. Para Vanguard, supone profundizar su relación con un mercado en el que la demanda por inversiones internacionales continúa creciendo.
La alianza, en última instancia, refleja una tendencia más amplia de la industria latinoamericana: los grandes gestores locales están buscando asociarse con plataformas globales para ampliar la oferta internacional sin que los inversionistas tengan necesariamente que abandonar la infraestructura de sus mercados domésticos.
La agenda climática del sector financiero está entrando en una nueva etapa. Luego de varios años centrados en desarrollar metodologías para medir las emisiones financiadas, bancos, aseguradoras y gestores de activos comienzan a utilizar esa información como herramienta estratégica para gestionar riesgos, orientar la asignación de capital y fortalecer la toma de decisiones.
Así lo refleja el PwC Financed Emissions Benchmark Report 2026, que analiza las divulgaciones realizadas durante 2025 por 57 instituciones financieras líderes de distintos mercados y muestra un avance significativo en la madurez de la información climática dentro del sistema financiero.
Uno de los principales hallazgos del estudio es la consolidación de estándares comunes para la medición de emisiones financiadas. El 96% de las instituciones analizadas utiliza la metodología PCAF (Partnership for Carbon Accounting Financials), posicionándola como el marco de referencia predominante para cuantificar el impacto climático de las carteras de financiamiento e inversión.
El informe también muestra que la gestión de esta información comienza a integrarse cada vez más en la estrategia de las organizaciones. En ese sentido, el estudio muestra que los bancos avanzan en la divulgación de objetivos y progreso vinculado a emisiones financiadas, aunque todavía existen diferencias relevantes en el alcance, nivel de detalle y comparabilidad de esas metas.
En este sentido, también el estudio detalla que la medición de emisiones financiadas dentro del sector se encuentra en un proceso de consolidación, ya que el 82 % de las instituciones financieras relevadas cuantifica el impacto climático de sus carteras y, entre quienes realizan estas mediciones, el 91 % utiliza emisiones financiadas como indicador de referencia. Esto evidencia que la discusión ya no se concentra únicamente en la relevancia de medir, sino en cómo mejorar la calidad, consistencia y utilidad de la información generada para la gestión del negocio.
Por otra parte, el informe señala que existe una creciente convergencia entre las agendas de emisiones financiadas y finanzas sostenibles, ya que mientras las primeras permiten comprender dónde se concentran los riesgos y las exposiciones vinculadas a la transición climática dentro de las carteras, las estrategias de finanzas sostenibles muestran cómo las instituciones responden a esos desafíos mediante la asignación de capital, el desarrollo de productos, el apoyo a los clientes y el financiamiento de iniciativas de transición. Es así como esta integración comienza a consolidarse como un factor clave de las decisiones estratégicas del sector.
«Durante los últimos años, gran parte del esfuerzo estuvo puesto en responder cómo medir las emisiones financiadas. Hoy la conversación está cambiando: el desafío es cómo utilizar esa información para gestionar riesgos, orientar la asignación de capital y respaldar una mejor toma de decisiones», señaló Diego López, socio de PwC Argentina a cargo de la práctica de Sostenibilidad y Cambio Climático.
El estudio muestra además que las revisiones de la información climática comienzan a ser parte del proceso de maduración del reporting. Es así como, según el informe, el 47 % de los bancos y 32 % de las aseguradoras de vida y gestores de activos reformularon sus emisiones financiadas, lo que refuerza la importancia de contar con metodologías, controles y procesos de gobernanza sólidos
Al mismo tiempo, la presión regulatoria y las expectativas del mercado continúan elevando los estándares de divulgación. Las organizaciones ya no deben limitarse únicamente a reportar información climática, sino que también deben demostrar que esos datos son comparables, trazables y suficientemente robustos para respaldar decisiones estratégicas.
El informe identifica además desafíos destacados para el sector, como la evolución de las políticas de finanzas sostenibles, la necesidad de fortalecer la credibilidad de los objetivos climáticos y la mejora continua de las metodologías y de la calidad de los datos utilizados para medir las emisiones financiadas.
En este contexto, la transparencia comienza a convertirse en un factor diferencial para el acceso al financiamiento. A medida que bancos, inversores y aseguradoras incorporan variables climáticas en sus procesos de evaluación, la calidad de la información, la claridad metodológica y la credibilidad de los planes de transición de las compañías adquieren un rol cada vez más determinante para la generación de valor de largo plazo.
«La información climática ya no es solamente un requisito de divulgación. La transparencia metodológica, la robustez de los datos y la credibilidad de los planes de transición se están convirtiendo en elementos clave para fortalecer la confianza de los mercados y facilitar el acceso al capital», agregó Belén Zermatten, directora de Sostenibilidad y Cambio Climático de PwC Argentina.
Según el análisis de PwC, esta evolución refleja una transformación más amplia de la agenda de sostenibilidad en el sector financiero. Las emisiones financiadas comienzan a consolidarse como una herramienta de gestión que permite integrar consideraciones climáticas en el negocio, fortalecer la evaluación de riesgos y respaldar decisiones de inversión y financiamiento en un contexto de crecientes exigencias regulatorias y de mercado.
Foto cedidaDe izquierda a derecha: Gabriel Langenheim, Mario Caramutti, Alberto Lagos Mármol, Patricio Román y Fernando Badessich, F&G
En el marco de su plan de desarrollo estratégico, Finanzas & Gestión, firma especializada en asesoramiento financiero y banca de inversión, ha anunciado oficialmente el lanzamiento de su nueva identidad corporativa: F&G Advisors. Este cambio responde a la necesidad de alinear su imagen con su posicionamiento en el mercado local y regional, tras más de dos décadas ejecutando algunas de las transacciones más complejas y relevantes que se cerraron en Argentina y en otros países de la región, según explican desde la firma.
Entre sus transacciones concretadas este año se destacan el asesoramiento financiero a Danone en el Joint Venture de negocios lácteos con Arcor, que incluyó la compra de La Serenísima, la reestructuración financiera de Grupo Albanesi por más de 1.500 millones de dólares, diversas operaciones de M&A y financiamiento para San Miguel, y el asesoramiento a BYMA en la compra de Quantex.
“Durante más de dos décadas acompañamos en América Latina a empresas locales y multinacionales en decisiones estratégicas que definen su futuro. Hoy evolucionamos hacia F&G Advisors, consolidando nuestra identidad actual: una firma de asesoramiento financiero, donde el criterio, la integridad y la ejecución profesional marcan la diferencia”, comentan Patricio Rotman y Fernando Badessich, socios de la firma.
A pesar de la renovación de su imagen, F&G Advisors confirma que no existen cambios en su estructura societaria ni en el equipo de profesionales que conforman su plataforma de ejecución de transacciones de banca de inversión. El management de la firma continúa siendo liderado por sus actuales socios, garantizando la continuidad en la calidad del asesoramiento financiero, el buen criterio y el foco en el cumplimiento de los objetivos de cada uno de sus clientes.
“Esta evolución hacia F&G Advisors es un paso natural para nosotros. Es una marca que refleja nuestra capacidad de ejecución, buen criterio y visión internacional de los negocios, bajo los mismosfundamentos basados en la confianza y en el rigor analítico que hemos tenido siempre. F&G Advisors es compromiso, integridad y expertise técnico”, destaca Mario Caramutti, socio de la firma.
Con esta nueva identidad, F&G Advisors se proyecta como un actor clave para capitalizar el próximo ciclo de inversiones y adquisiciones en Argentina y continuar su expansión en la región. Frente al crecimiento de sectores estratégicos y los desafíos del escenario político y económico hacia 2027, la firma apuntará a continuar liderando el segmento de asesoramiento financiero en Argentina, y acompañando a las empresas medianas y grandes en sus desafíos de búsqueda de capital, adquisiciones e inversiones.
Durante la última década, Europa parecía condenada a un menor crecimiento, menos innovaciones y ofrecer rentabilidades más modestas. Sin embargo, este consenso comienza a revertirse. La mejora del ciclo económico, el aumento del gasto en infraestructuras y defensa, el impulso a la reindustrialización y el desarrollo de nuevas tecnologías están devolviendo a Europa al radar de los inversores. Lazard, Edmond de Rothschild, MFS, Aberdeen y Neuberger coinciden en que el continente atraviesa un punto de inflexión en el que se abren oportunidades de inversión tanto en bolsa como en renta fija, aunque advierten de que el potencial no reside tanto en los índices como en los sectores y compañías capaces de beneficiarse de este nuevo ciclo.
El cambio de percepción no responde únicamente a un mejor comportamiento económico. Detrás hay una mejora de los fundamentales económicos que empieza a respaldar la tesis de inversión. Benoit Anne, estratega de MFS Investment Management, destaca que el crecimiento de la eurozona ha sorprendido positivamente durante las últimas semanas y que los indicadores adelantados apuntan a una recuperación más sólida de lo previsto. En concreto, subraya que el Citi Economic Surprise Index de la eurozona se encuentra en su nivel más alto desde principios de 2023, una señal de que la resiliencia de la economía europea está siendo mayor de la anticipada por el mercado. En su opinión, este contexto refuerza el atractivo tanto de la renta variable como del crédito europeo.
Esa mejora macroeconómica coincide con un cambio estructural que varias gestoras consideran uno de los principales motores de inversión para los próximos años. Desde Edmond de Rothschild Asset Management sostienen que Europa atraviesa una «revolución silenciosa» impulsada por el aumento de la inversión en infraestructuras, defensa, electrificación e inteligencia artificial. A diferencia de otros ciclos, explican, el potencial no se limita a un puñado de grandes compañías, sino que alcanza a toda la cadena de valor industrial, con especial protagonismo para las empresas de pequeña y mediana capitalización.
La reindustrialización deja de ser un discurso para convertirse en una oportunidad
En este sentido, Craig Wright, Head of European and Asia-Pacific Real Estate Investment Research en Aberdeen, habla de la nueva política global europea «Made in Europe». Esta iniciativa, cuyo objetivo es elevar la industria manufacturera hasta el 20% del PIB para 2035, está impulsando un cambio estructural que exigirá enormes inversiones en fábricas, logística, farmacéuticas, energía o semiconductores, en opinión de Wright.
Según el gestor de Aberdeen, algunas cifras son muy llamativas, como que, por ejemplo, para alcanzar el objetivo de que la industria represente el 20% del PIB europeo en 2035 será necesario construir unos 20 millones de metros cuadrados de espacio industrial y logístico cada año durante una década. Además, solo el gasto en defensa podría generar demanda para 37 millones de metros cuadrados adicionales y a ello habría que sumar el crecimiento del comercio electrónico.
El dinero también mira a la renta fija europea
Bennoit Anne, de MFS, considera que en concreto, el segmento high yield en euros es actualmente la clase de activo más atractiva de la renta fija global desde la perspectiva del carry ajustado al riesgo. Paul Grainger, Managing Director and Senior Portfolio Manager, Fixed Income en Neuberger por su parte, introduce el contrapunto: Europa sigue siendo más sensible a los tipos y el crecimiento aún presenta debilidades, pero precisamente por ello considera que la renta fija europea vuelve a ofrecer oportunidades interesantes.
«Los rendimientos reales europeos también han subido a medida que el BCE ha subido los tipos y ha seguido orientando o permitiendo que el mercado descontara nuevas subidas de tipos; actualmente, el mercado descuenta dos subidas más durante el próximo año, lo que situaría los tipos oficiales en el 2,75 %. El impacto en el gasto en IA parece ser menor en Europa, pero aun así debemos tener en cuenta la correlación positiva y los vínculos entre los principales mercados de bonos de los países desarrollados», ha explicado Grainger.
El gran catalizador: más gasto público
El aumento del gasto en infraestructuras y defensa puede convertirse en uno de los principales motores del crecimiento europeo durante los próximos años, siempre que el contexto geopolítico no deteriore de forma significativa la economía. A raíz de esto, Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, ha explicado que la guerra con Irán ha penalizado las previsiones de crecimiento de la zona euro más que las de cualquier otra gran economía desarrollada este año.
«Aun así, mantengo una visión optimista y creo que el PIB de la región se acelerará de cara a 2027, impulsado por el mayor gasto en infraestructuras y defensa. Mientras la guerra continúe, la inflación de la zona euro seguirá expuesta a la volatilidad de los precios energéticos. Sin embargo, hay pocos indicios de contagio de la energía al resto de la economía, lo que me da confianza en que la inflación remitirá en 2027″, subraya Ronald.
Sin duda que, en palabras de los expertos, Europa se presenta como una gran oportunidad de inversión de cara al próximo ciclo económico. En un contexto tan ambiguo en cuanto a la geopolítica internacional, es cierto que esto puede cambiar en cualquier momento, no obstante, los expertos se muestran muy optimistas.