Cuando Moderna y MSD anunciaron que su vacuna personalizada de ARNm contra el melanoma había cumplido sus objetivos en fase 3, el mercado no esperó la letra chica. En cuestión de horas, ambas compañías sumaron decenas de miles de millones de dólares en valor bursátil, sin que existiera todavía una publicación científica revisada por pares ni un desglose completo de eficacia y seguridad. Funds Society consultó a tres gestoras de fondos con exposición al sector salud –Candriam, BNP Paribas AM y Groupama AM– para entender qué está descontando exactamente ese precio, y qué tendría que pasar para que la apuesta se sostenga.
«Los inversores están asignando valor a la posibilidad de que este enfoque pueda funcionar en varios tipos de tumor y contextos de tratamiento», resume Sara Torrecilla, analista sénior de Biotecnología en Candriam, sobre una suba que en su pico sumó unos 90.000 millones de dólares en valor combinado y se estabilizó en torno a 60.000 millones netos. Es, en sus palabras, una señal de alerta tanto como de entusiasmo: las estimaciones de ventas máximas que ya circulan en el mercado, por decenas de miles de millones de dólares, «deben verse como supuestos de mercado, no como evidencia clínica».
Groupama AM, gestora del fondo Global Disruption, llega a un diagnóstico parecido desde otro ángulo. «La subida del precio de las acciones de Moderna y Merck refleja una revalorización de ambas empresas gracias a una reducción histórica del riesgo de la plataforma de ARNm, considerada ‘first-in-class‘», explica Julia Kung, portfolio manager y analista de bonos convertibles y acciones internacionales de la gestora. El mercado, agrega, «también apuesta por que esto podría ampliarse más allá del melanoma a otros tumores, como el cáncer de pulmón no microcítico, el de vejiga, el de riñón y otros tipos de cáncer», aunque lo único publicado hasta ahora es «un resumen provisional de los resultados sobre dos criterios de valoración» sin el conjunto completo de datos de riesgo, confianza estadística y seguridad. Las cotizaciones bursátiles, recuerda, «siempre miran ‘hacia el futuro'», y reaccionaron así por tratarse del primer éxito en fase III de una terapia individualizada con neoantígenos y de cualquier tratamiento oncológico basado en ARNm.
Desde BNP Paribas AM, el gestor sénior Christian Fay coincide en que la reacción está justificada, aunque pone el acento en la necesidad médica de fondo: los datos provisionales mostraron mejoras «estadísticamente significativas y clínicamente relevantes» frente al tratamiento solo con Keytruda, en un tipo de melanoma —el cutáneo resecado de alto riesgo— donde la necesidad médica no cubierta sigue siendo alta. «Estos resultados refuerzan nuestra convicción de que la medicina personalizada y dirigida puede ser una estrategia especialmente eficaz para tratar determinados tipos de cáncer, como el melanoma», señala Fay.
Merck, Keytruda y la lectura defensiva
Hay una segunda capa en la historia que tiene que ver puntualmente con Merck. Kung, de Groupama, observa que, al combinarse la vacuna con Keytruda, «esta colaboración genera una narrativa de posible dominio del mercado no solo en el ámbito del melanoma, sino también en otros tipos de cáncer en los que se utiliza Keytruda». Y va más allá: «el repunte del precio de las acciones de Merck puede interpretarse como una narrativa defensiva exitosa: que Merck puede proteger y ampliar la franquicia de Keytruda mediante combinaciones, y también transmite confianza en la capacidad de Merck para crecer más allá de Keytruda». En otras palabras, parte de lo que festeja el mercado no es solo la vacuna en sí, sino la posibilidad de que Merck haya encontrado una forma de extender la vida útil comercial de su producto estrella.
¿Revolución o escalón intermedio?
Es en la magnitud de la promesa donde las miradas empiezan a distanciarse. Kung admite que, a largo plazo, esto «podría resultar ‘revolucionario’ y, por así decirlo, marcar el inicio real del mercado de las ‘vacunas contra el cáncer'». Pero matiza: «en la actualidad, se caracteriza mejor como un punto de inflexión a nivel de plataforma, análogo al primer inhibidor de cinasas que validó la terapia dirigida, más que como una reestructuración inmediata del liderazgo farmacéutico». La razón es doble: el melanoma adyuvante es «una indicación relativamente restringida», y la fabricación personalizada a gran escala —producir un tratamiento distinto para cada paciente— «sigue siendo compleja desde el punto de vista operativo y costosa».
Candriam encuadra la misma cautela desde su mandato específico de oncología: las vacunas personalizadas de ARNm deben «evaluarse con la misma disciplina que otras modalidades de tratamiento», en un panorama terapéutico cada vez más multimodal donde otras innovaciones —los conjugados anticuerpo-fármaco, las terapias dirigidas— ya encontraron su lugar según el tipo de tumor. Torrecilla amplía el radar más allá de las farmacéuticas: la cadena de suministro de ciencias de la vida —secuenciación tumoral, fabricación de ARNm, nanopartículas lipídicas— sumó unos 50.000 millones de dólares en valor de mercado el día del anuncio, según estimaciones de Jefferies. Pero aclara el límite de esa tesis: «ningún proveedor externo ha sido confirmado públicamente como socio directo de fabricación o secuenciación», así que conviene no adelantarse a asignarle ese valor a compañías concretas todavía.
BNP Paribas, sin un fondo temático de salud dedicado, resuelve el dilema de otra manera: capturando la tesis desde carteras diversificadas que en conjunto superan los 5.000 millones de dólares, con exposición a compañías de salud y biotecnología que, según Fay, funcionan como «motores de innovación» para las grandes farmacéuticas. El telón de fondo, explica, es estructural: cerca de 200.000 millones de dólares en ventas de las grandes farmacéuticas quedarán expuestos a la pérdida de exclusividad de patentes en los próximos años, lo que mantendrá elevada tanto la innovación como la actividad de fusiones y adquisiciones, porque la I+D interna de las grandes compañías no alcanza para reponer ese hueco.
El próximo examen real de todo esto llega en octubre, con el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO, por su sigla en inglés), que se realizará del 23 al 27 en Madrid. Se trata de uno de los encuentros más influyentes del calendario oncológico mundial. y allí se compartirán los datos completos del ensayo.
Según Kung, «la discrepancia entre los datos generales y los detallados es donde se concentra el riesgo de valoración a corto plazo». Torrecilla lo dice en términos parecidos: «El mercado se centrará en la magnitud del beneficio», tanto para confirmar la oportunidad comercial en melanoma como para ganar confianza en que el enfoque se extienda a otros tumores.
En tanto, cada gestora sigue su propia lista de catalizadores. Groupama monitorea la presentación y revisión por parte de la FDA de la solicitud de licencia biológica para melanoma adyuvante, los resultados en cáncer de pulmón no microcítico, que consideran «la oportunidad de expansión más seguida, dado su mercado potencial, considerablemente mayor», las señales sobre precios y reembolsos —porque «la producción a medida para cada paciente supone una limitación comercial importante» y las entidades pagadoras «establecerán el límite máximo de ingresos»— y el ensayo de BioNTech en cáncer de páncreas con cevumerán autógeno, que «indicará hasta qué punto el concepto se puede generalizar a distintos tipos de tumores». Candriam suma a esa lista los datos de fase 1 en cáncer de páncreas y el resultado en carcinoma de células renales esperado hacia fin de año. BNP Paribas, por su parte, sigue de cerca también otros eventos como -entre otros- la JP Morgan Healthcare Conference, ampliando la mirada a otras áreas de innovación en salud donde detecta oportunidades similares.


Por Alicia Miguel Serrano
