Allfunds y HSBC colaboran para lanzar la liquidación en el mismo día en fondos monetarios de Hong Kong

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Allfunds, plataforma global líder en gestión de patrimonios, ha anunciado una colaboración estratégica con HSBC para ofrecer capacidades mejoradas de liquidación en el mismo día (T+0) en fondos del mercado monetario en Hong Kong. Según explican, de forma conjunta, han creado una experiencia de procesamiento directo de extremo a extremo (STP) que reduce las fricciones en la liquidación, acelera el procesamiento de pagos y mejora la disponibilidad de liquidez diaria tanto para gestores de patrimonios como para gestores de activos. Allfunds, que administra 1,9 billones de euros en activos para clientes de todo el mundo, traslada esa escala a Hong Kong, reflejando un compromiso compartido de impulsar la innovación y elevar los estándares operativos en el ecosistema de gestión patrimonial de la región.

Desde las compañías señalan que los tipos de interés más altos, la creciente demanda de una gestión eficiente del efectivo y el aumento de la participación de inversores de China continental a través de canales como Wealth Management Connect han impulsado entradas récord en los fondos domiciliados en Hong Kong. El patrimonio conjunto en fondos monetarios domiciliados en Hong Kong y autorizados por la SFC creció un 50% en 2025 hasta alcanzar los 76.000 millones de dólares. Esta iniciativa responde directamente a este mercado de gestión de liquidez en rápido crecimiento.

En este contexto, Allfunds ha reforzado su tecnología regional y su infraestructura de servicios en Hong Kong, automatizando los flujos de trabajo en la operativa de fondos y mejorando las tasas de STP para permitir la liquidación de suscripciones y reembolsos en el mismo día. El pilar central es la liquidación local en USD para fondos domiciliados en Hong Kong, desarrollada sobre la infraestructura de pagos locales y de Liquidación Bruta en Tiempo Real (RTGS) de HSBC. La solución se lanzó con éxito en agosto de 2026 y ya se encuentra totalmente operativa en la plataforma de Allfunds.

«En los fondos monetarios, la liquidez lo es todo. Mientras gran parte del mercado sigue trabajando hacia el esquema T+1, Allfunds ha colaborado con HSBC para reducir la liquidación en Hong Kong al mismo día, T+0, permitiendo que los clientes actúen en el preciso instante en que toman una decisión. Eso es lo que debe ofrecer una plataforma global en uno de los centros financieros más activos del mundo: la escala y la tecnología para operar a velocidad local, adaptada a la forma real en que trabajan los inversores de aquí», apunta David Pérez de Albéniz, responsable de Asia en Allfunds.

Por su parte, Yvonne Yiu, responsable de Global Payments Solutions para Gran China en HSBC, ha comentado: «El hecho de que Allfunds confíe en HSBC para ofrecer la liquidación en dólares en el mismo día en Hong Kong supone un gran respaldo a nuestra infraestructura local de pagos y liquidación. Esta solución STP de extremo a extremo apoya a Allfunds en su objetivo de seguir mejorando la eficiencia, reducir fricciones y optimizar la experiencia del cliente. Seguiremos invirtiendo en capacidades que definan el futuro de las finanzas y estamos deseando profundizar nuestra colaboración con Allfunds».

¿Buscas un gestor de bonos sistemático? Siete preguntas de AllianceBernstein para los candidatos

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Los inversores se están mostrando cada vez más receptivos a los procesos sistemáticos en los mercados de renta fija. En este nuevo enfoque, un proceso multifactorial dinámico guía las decisiones de inversión, utilizando factores predictivos con vínculos demostrables con la rentabilidad superior.

Un proceso de toma de decisiones cuantitativo y basado en la inteligencia artificial clasifica cada bono del mercado en función de su alineación con estos factores predictivos, con el objetivo de generar rentabilidad superior (alfa) mediante una selección de valores de abajo arriba. Esto contrasta con los enfoques tradicionales de renta fija activa, que en su mayoría dan prioridad a la duración y a la exposición al mercado crediticio (beta), así como a las inclinaciones sectoriales.

Los atractivos: la inversión sistemática en renta fija representa un enfoque diferente y complementario a la inversión activa tradicional en bonos. Ofrece la posibilidad de obtener rentabilidades activas atractivas y consistentes y, según nuestro análisis, ha demostrado tanto una baja correlación con los enfoques tradicionales de renta fija activa como una menor volatilidad.

Los posibles inconvenientes: la inversión sistemática en renta fija requiere competencias y recursos especializados que son difíciles de adquirir. En nuestra opinión, los factores clave para el éxito de la inversión sistemática en bonos son: datos abundantes y fiables; competencias en gestión de factores; y herramientas de análisis de liquidez y negociación de vanguardia. Su desarrollo puede llevar muchos años.

En un ámbito tan altamente especializado, la selección acertada del gestor es fundamental. Creemos que hay siete preguntas que los inversores deberían plantear a su posible gestor de inversiones.

¿Gestiona su proceso los factores de forma dinámica? ¿Y cuántos factores utiliza?

Dado que la elección de los factores predictivos determina el rendimiento de las inversiones sistemáticas y que la eficacia de los factores varía con el tiempo, los gestores de inversiones deben demostrar su capacidad para gestionar dichos factores.

Hemos constatado que las estrategias sistemáticas que utilizan una amplia gama de factores ponderados de forma dinámica están en condiciones de ofrecer mejores resultados que aquellas que se basan en un número menor de factores y que utilizan ponderaciones estáticas.

¿Ha incorporado el análisis de liquidez en su proceso de inversión?

Los gestores sistemáticos capaces de ejecutar operaciones con bonos con éxito y rapidez cuentan con una ventaja significativa.

En comparación con la negociación de acciones, el mercado de renta fija es mucho más problemático: requiere más intervención manual, es menos transparente y menos líquido. Esto supone un problema, especialmente para los gestores de renta variable que intentan dar el salto a la inversión en bonos.

Por consiguiente, es importante evaluar la liquidez desde el principio. Los enfoques sistemáticos avanzados incorporan una puntuación de viabilidad, que ayuda a localizar, con un alto grado de probabilidad, los bonos exactos que su modelo selecciona para comprar.

¿Qué alcance tienen sus datos?

Unos datos abundantes y limpios, recopilados rigurosamente y que abarquen muchos años de historial, son la base de una inversión sistemática sólida. Desconfía de los gestores que tengan historiales de datos cortos o que hayan adquirido conjuntos de datos de menor calidad.

¿Cómo se integra la IA en su proceso?

Los gestores pueden aportar valor añadido mediante técnicas de aprendizaje automático en muchos niveles de un proceso sistemático. Las mejoras que aporta la IA van desde el ahorro de tiempo y el aumento de la eficiencia (identificar patrones de precios para imputar datos faltantes de forma rápida y fiable) hasta avances cualitativos (mejorar el análisis de múltiples factores de valoración para ayudar a encontrar nuevas señales y hacer que las existentes sean más efectivas). Los gestores que no aprovechen el potencial de la IA se quedarán rápidamente rezagados.

¿Su enfoque de inversión es exclusivamente cuantitativo?

Creemos que integrar a expertos cuantitativos en un equipo de renta fija más amplio, que incluya a profesionales activos en el ámbito fundamental de los bonos —como gestores de cartera y operadores—, puede aportar grandes beneficios. Esta experiencia más amplia puede mejorar la ejecución, reduciendo así los costes de transacción, y proporcionar una perspectiva más amplia, conocimientos prácticos y comprobaciones de plausibilidad que ayuden a evaluar los factores y a ajustar los modelos. El equipo también puede poner de relieve riesgos y oportunidades que quizá no se hayan sometido a pruebas retrospectivas anteriormente, como las ventajas de incorporar el mercado de nuevas emisiones a un proceso sistemático.

¿Tu proceso crea una «caja negra»?

La inversión sistemática en renta fija es un enfoque activo que se basa en el descubrimiento, la selección y el seguimiento de factores predictivos, y que requiere la intervención humana. Si bien un modelo determina las ponderaciones de los factores y resulta fundamental para realizar pruebas retrospectivas de los datos, la participación humana es clave a la hora de poner a prueba los factores y decidir si se añaden otros nuevos o se eliminan algunos.

Su gestor debe demostrar no solo que comprende los factores, sino también la capacidad de identificar nuevos factores, evaluar el rendimiento de los mismos y modificar la combinación de factores de la cartera a medida que cambian las condiciones.

¿Cómo describiría sus resultados?

Los inversores deben esperar que los enfoques sistemáticos sólidos presenten un menor riesgo de crédito que los productos activos tradicionales, ya que se centran más en la selección de valores y controlan los riesgos sectoriales y de crédito de forma más rigurosa. Por las mismas razones, esperamos que los gestores sistemáticos sólidos también muestren una mejor captura de las subidas y una menor captura de las bajadas, con altos ratios de información.

Evaluar un proceso de inversión muy diferente requiere un enfoque de evaluación a medida. Pero, en nuestra opinión, dedicar tiempo y recursos a comprender un proceso sistemático de renta fija puede merecer mucho la pena. Creemos que este enfoque puede ofrecer una oportunidad atractiva para los inversores en bonos, por su potencial tanto para generar alfa de forma constante como para mejorar la diversificación al introducir diferentes fuentes de rentabilidad en las carteras activas tradicionales de renta fija.

 

Para obtener más información, lea nuestro informe técnico «La inversión sistemática en renta fija alcanza su madurez».

 

Tribuna de Bern Wuebben, director del grupo de Inversión Sistemática y Cuantitativa de AllianceBernstein; Scott DiMaggio, responsable de renta fija, y Timothy Kurpis, responsable de crédito con grado de inversión

 

La longevidad y la demografía: grandes disruptores de la economía

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Foto cedidaLuis Vadillo Roselló, director de Negocio BBVA AM Europa y del Instituto BBVA de Pensiones y Longevidad.

Cuando hablamos de los grandes cambios que están transformando la economía mundial pensamos inmediatamente en la inteligencia artificial, la transición energética o la nueva geopolítica. Hay, sin embargo, una cuarta transformación que tendrá un impacto igualmente profundo y que, paradójicamente, recibe mucha menos atención: la demografía y la longevidad.

No es una cuestión del futuro. Está sucediendo ya.

Vivimos más años, nacen menos niños y cambia rápidamente la estructura de nuestras sociedades. Y detrás de esos cambios hay algo mucho más importante que una simple modificación de la pirámide poblacional: cambia el tamaño de los mercados, el consumo, la disponibilidad de trabajadores, la productividad, el ahorro, las pensiones y, en definitiva, las perspectivas de crecimiento económico.

Por eso la longevidad debería ocupar un lugar central en cualquier conversación estratégica sobre el futuro de la economía y de los mercados financieros.

Vivir más: un éxito que exige cambiar las reglas

La longevidad suele abordarse desde una perspectiva defensiva: más pensionistas, mayor gasto sanitario, más presión sobre las cuentas públicas y una menor población activa.

Todo ello es cierto, pero es solo una parte de la historia.

El aumento de la esperanza de vida es uno de los mayores éxitos de nuestra sociedad. El verdadero reto no es que vivamos más, sino que todavía estamos organizando nuestra economía, nuestro mercado laboral y nuestros sistemas de ahorro como si fuéramos a vivir mucho menos.

Durante décadas, el modelo ha sido relativamente sencillo: estudiar, trabajar durante unas cuatro décadas y jubilarse. Pero una vida que puede alcanzar los 100 años hace que ese esquema resulte cada vez menos adecuado.

La longevidad exige pensar de otra manera sobre el trabajo, el ahorro y la inversión. Y, sobre todo, exige ampliar nuestro horizonte temporal.

Para quienes trabajamos en gestión de activos y ahorro a largo plazo, este cambio es especialmente relevante.

Tradicionalmente, la planificación financiera se ha construido alrededor de la edad de jubilación: acumulación hasta esa fecha y rentabilidad a conseguir.

Pero quizá deberíamos formular una pregunta diferente: ¿cómo financiar una vida que durará varias décadas después de la jubilación?

Una persona que puede vivir 25 o 30 años después de dejar de trabajar necesita una estrategia financiera diferente. El horizonte temporal importa. Una mayor longevidad significa también que podemos disponer de más tiempo para que actúe la capitalización compuesta, diversificar nuestras inversiones y gestionar determinados riesgos.

Esto no significa que haya que asumir más riesgo sin criterio. Significa que no deberíamos confundir edad con horizonte de inversión. Una persona de 70 años puede tener por delante 25 años de vida y, por tanto, un horizonte financiero mucho más largo de lo que tradicionalmente hemos supuesto.

El debate debería desplazarse progresivamente desde la obsesión por la edad de jubilación hacia algo más amplio: cómo diseñamos vidas y carteras para una sociedad longeva.

La longevidad tiene otra consecuencia fundamental: necesitamos que nuestro ahorro trabaje durante más tiempo. Y aquí es donde la industria de gestión puede aportar un valor especialmente relevante: ayudar a que ese ahorro siga creciendo y nos acompañe durante más tiempo.

Una sociedad que acumula ahorro durante décadas necesita instrumentos capaces de canalizarlo hacia inversiones productivas también a largo plazo. No se trata solamente de obtener una rentabilidad para el ahorrador. Se trata de financiar la economía que necesitaremos mañana.

Infraestructuras, innovación, digitalización, transición energética, vivienda, sanidad o nuevas tecnologías requieren grandes cantidades de capital y horizontes temporales largos.

Por ello, debemos seguir avanzando en la diversificación de las carteras y en el acceso, cuando las circunstancias del inversor lo permitan, a un universo más amplio de activos. La cuestión es cómo combinar ambos para construir carteras más eficientes y adecuadas a horizontes de inversión cada vez más largos.

Los mercados privados pueden desempeñar un papel relevante en este proceso. Su menor liquidez exige una gestión profesional y precisamente esa iliquidez, asociada a una mayor rentabilidad esperada, puede ser compatible con determinados objetivos de largo plazo y permitir participar en proyectos y empresas que necesitan más tiempo de maduración.

Esta reflexión es especialmente importante en Europa, de acuerdo a los informes Draghi, Letta y a la normativa SIU (Savings and Investment Europe), que abordan cómo movilizar el ahorro europeo para financiar las necesidades de inversión de sus economías.

Tenemos una enorme capacidad de ahorro, pero una parte muy relevante permanece en instrumentos de muy corto plazo. Al mismo tiempo, Europa necesita financiar grandes transformaciones: desde la transición energética hasta la digitalización, pasando por infraestructuras, defensa o innovación empresarial.

La longevidad conecta ambos problemas.

Necesitamos que una parte mayor del ahorro a largo plazo pueda convertirse en inversión a largo plazo. Y necesitamos que los sistemas de pensiones y los productos de ahorro evolucionen para facilitarlo.

Esto requiere también revisar cómo diseñamos las soluciones de inversión para nuestros clientes. El objetivo no debería ser únicamente acumular patrimonio hasta una determinada edad, sino acompañar al inversor durante todo su ciclo vital: acumulación, transición y desacumulación.

La industria tiene aquí una responsabilidad que va más allá de gestionar activos. Tenemos que ayudar a las personas a transformar patrimonio en seguridad y salud financiera durante una vida más larga.

Una población más longeva es también un enorme mercado de crecimiento estructural.

Salud, tecnología, vivienda, cuidados, seguros, ocio, turismo, formación, movilidad o servicios financieros tendrán que adaptarse a consumidores que vivirán más y, probablemente, trabajarán y consumirán de forma diferente. Todo ello puede convertirse en uno de los grandes motores empresariales de las próximas décadas.

De igual forma, también tendremos que repensar el mercado laboral. Una vida más larga puede significar carreras profesionales más largas, pero también más flexibles: etapas de formación, trabajo, cambios profesionales, emprendimiento o actividad a tiempo parcial. La frontera entre “vida laboral” y “jubilación” puede hacerse progresivamente menos nítida.

La demografía, además, tendrá una dimensión geopolítica. Los países no evolucionan al mismo ritmo: mientras algunas economías envejecen rápidamente, otras mantienen poblaciones jóvenes y en crecimiento. Esto condicionará los mercados de trabajo, los flujos migratorios, el crecimiento y el peso económico de las distintas regiones.La transición demográfica es inevitable y debería ser una parte crucial de nuestros modelos económicos ya que es el marco en el que se desarrollarán muchas de las demás transformaciones que definirán nuestro futuro.

La longevidad cambiará algo muy profundo: la duración de nuestras vidas y, con ella, el horizonte de nuestras decisiones. Y para quienes trabajamos en la gestión del ahorro y la inversión, la longevidad nos está dando algo que los mercados financieros valoran especialmente: el tiempo.

Tiempo para ahorrar, para invertir, para diversificar y para que la capitalización compuesta haga su trabajo. Tiempo también para financiar empresas, infraestructuras e innovación que necesitan esos horizontes de inversión más largos.

La gran oportunidad para nuestra industria será aprender a convertir esos años adicionales de vida en un horizonte adicional de inversión y ayudar a construir sistemas de ahorro capaces de financiar vidas más largas y, al mismo tiempo, canalizar ese ahorro hacia las inversiones que permitan sostener el crecimiento futuro.

Porque quizá el verdadero reto no sea vivir más, sino aprender a invertir, trabajar y construir una economía preparada para hacerlo.

Tribuna elaborada por Luis Vadillo Roselló, director de Negocio BBVA AM Europa y del Instituto BBVA de Pensiones y Longevidad.

LarrainVial y CIO Invest anuncian alianza estratégica para liderar el desarrollo de alternativos en América Latina

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LarrainVial y CIO Invest anunciaron una alianza estratégica que marca un hito en el desarrollo de la industria de gestión de activos alternativos en América Latina. En el marco del acuerdo, LarrainVial ingresará como socio minoritario en la propiedad de CIO Invest, aportando su extensa red de distribución regional y su infraestructura institucional para acelerar el crecimiento de la firma en el segmento de activos alternativos. 

“Esta alianza representa una convergencia natural entre dos firmas que comparten una visión  de largo plazo sobre el rol que los activos alternativos deben jugar en los portafolios  institucionales latinoamericanos”, señaló Rodrigo González, Founder & Managing Partner  de CIO Invest. “El alcance de LarrainVial nos permitirá llevar nuestra propuesta de valor a  inversionistas en toda la región de manera acelerada, consolidando una plataforma de gestión  de activos alternativos de estándar internacional”, concluye. 

CIO Invest se especializa en estrategias de inversión de largo plazo, en las que los activos  alternativos -private equity, deuda privada, infraestructura e inversiones inmobiliarias cumplen un rol central. La firma presta servicios de asesoría, administración de cartera y  tecnología a clientes institucionales y otros inversionistas calificados que buscan optimizar  sus portafolios con criterios de diversificación y retorno ajustado por riesgo. Su modelo  permite acceder a managers de clase mundial con la misma disciplina y rigor con que operan  los grandes endowments e inversionistas institucionales globales. 

“Llevamos más de nueve décadas construyendo relaciones de confianza con los  inversionistas más sofisticados de la región”, comentó Andrés Trivelli, CEO de LarrainVial. “Nuestra asociación con CIO Invest nos permite profundizar nuestra oferta de productos en  activos alternativos y seguir consolidándonos como líderes en la región”. 

La alianza responde a una tendencia estructural de la industria: los inversionistas  institucionales latinoamericanos aumentan de manera sostenida su exposición a activos  alternativos, en busca de mayor diversificación, retornos superiores y menor correlación con  los mercados públicos. La combinación de las capacidades de inversión de CIO Invest con  la plataforma de distribución de LarrainVial posiciona a ambas firmas para capturar esta  oportunidad a escala regional.

El «efecto Milei» de rebote, los argentinos ya son el segundo comprador extranjero en Miami

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¿Qué tienen en común el presidente de Argentina Javier Milei, el dólar estadounidense, y un destino inmobiliario tan lejano, para el país austral, como Miami? La respuesta es: la diversificación patrimonial. El llamado “efecto Milei” (consecuencia del «plan de dolarización endógena»), comienza a tener una dimensión que trasciende las fronteras argentinas y llega a 7.090 kilómetros en línea recta sobre el continente americano, a Miami.

La política económica del presidente argentino está modificando el régimen cambiario y ampliando el uso del dólar en la economía. Mientras en paralelo y para nada de forma casual, Argentina se consolidó como el segundo mayor origen de compradores extranjeros de propiedades en el sur de Florida, un fenómeno que coloca a Miami nuevamente como uno de los destinos naturales para la diversificación patrimonial argentina.

Los datos más recientes de MIAMI REALTORS, reportadas en agosto de este año, muestran que Argentina fue en 2025 el segundo principal país de origen de compradores extranjeros de propiedades en el sur de Florida, con 12% del total, sólo detrás de Colombia, que representó 15%. México y Brasil ocuparon conjuntamente el tercer lugar, con 7% cada uno. Los compradores argentinos y colombianos, en conjunto, representaron 27% de todas las operaciones internacionales cerradas en South Florida.

Así, mientras el gobierno de Javier Milei avanza hacia una economía en la que el peso y el dólar compiten con mayor libertad, los argentinos mantienen una presencia creciente en uno de los mercados inmobiliarios más internacionalizados del mundo: Miami.

El fenómeno adquiere una dimensión particular porque llega después de un cambio profundo en el régimen económico argentino. Milei llegó a la Presidencia con la promesa de dolarizar la economía y eliminar el Banco Central, pero el programa que se ha instrumentado ha evolucionado hacia algo distinto: una economía bimonetaria en la que el peso continúa existiendo, pero el dólar gana espacio en las operaciones financieras, comerciales y de ahorro.

Es justamente ahí donde aparece el vínculo de dicha política económica con Miami; la política oficial no está provocando una dolarización legal inmediata de Argentina, sino creando las condiciones para que los agentes económicos puedan elegir con mayor libertad la moneda en la que ahorran, invierten y realizan determinadas transacciones. El propio Banco Central argentino define su estrategia como un régimen de “competencia de monedas” y ha avanzado en instrumentos que permiten operar en dólares dentro del sistema financiero doméstico.

Para los argentinos con capacidad de ahorro e inversión internacional, el resultado es relevante: el dólar deja de ser solamente un refugio frente a la inflación o una moneda utilizada en determinados segmentos del mercado inmobiliario y comienza a integrarse más abiertamente al sistema financiero formal del país, y cuando el ahorro se dolariza, el siguiente paso natural para algunos patrimonios es preguntarse dónde colocar esos dólares, es entonces cuando aparece Miami en el radar.

La dolarización prometida quedó atrás, bienvenida la competencia entre monedas

La estrategia de Milei requiere una precisión conceptual; el presidente argentino hizo de la dolarización una de las principales banderas de su campaña electoral de 2023. La idea original implicaba sustituir al peso por el dólar y cerrar el Banco Central como emisor de moneda.

Sin embargo, la política implementada desde el inicio de su administración ha seguido otro camino, la mayoría de los análisis dentro y fuera de Argentina son coincidentes. El gobierno primero concentró sus esfuerzos en eliminar el déficit fiscal y cortar el financiamiento monetario del Tesoro, posteriormente avanzó en la liberalización cambiaria y en la reducción de los controles para acceder al mercado de divisas.

En abril de 2025, el Banco Central puso en marcha la tercera fase del programa económico, con un régimen de flotación cambiaria dentro de bandas y un proceso de flexibilización del mercado de cambios. La autoridad monetaria justificó el nuevo esquema por la naturaleza bimonetaria de la economía argentina y señaló expresamente que la transición hacia una mayor competencia entre monedas formaba parte del programa.

El Fondo Monetario Internacional describió posteriormente el nuevo marco como una transición hacia una mayor flexibilidad cambiaria y una reducción de las restricciones sobre las operaciones de divisas. El organismo señaló que, a mediano plazo, el objetivo era avanzar hacia un régimen en el que el peso y el dólar coexistieran dentro de una economía bimonetaria, esta diferencia no es menor.

En una dolarización tradicional, el dólar sustituye al peso como moneda, en el esquema argentino el objetivo es permitir que ambas monedas compitan, eso explica algunas de las medidas que el BCRA ha venido adoptando.

Durante 2025, por ejemplo, se habilitó nuevamente la apertura de cuentas corrientes en dólares y el uso de cheques electrónicos denominados en esa moneda, también se desarrollaron mecanismos para permitir pagos con tarjetas de débito en dólares, operaciones mediante QR y débitos programados en pesos o dólares.

El cambio también empieza a observarse en el comportamiento financiero de los hogares; el BCRA reportó que durante 2025 aumentó el número de personas con cuentas en moneda extranjera, en un contexto de competencia de monedas. A junio de ese año, además, los depósitos a plazo fijo en moneda extranjera habían aumentado 53,8% durante el primer semestre.

Es decir, el proceso no consiste solamente en que los argentinos puedan comprar dólares con mayor facilidad, el sistema financiero comienza a ofrecer más mecanismos para guardar, mover, invertir y utilizar esos dólares y eso cambia potencialmente la relación entre el ahorro doméstico y los activos internacionales.

El puente hacia Miami

Para un inversionista argentino, tener dólares en una cuenta bancaria local y tener un activo denominado en dólares en Estados Unidos son decisiones completamente diferentes. La primera mantiene el capital dentro del sistema financiero argentino. La segunda incorpora una dimensión de diversificación geográfica y jurisdiccional.

Miami es especialmente relevante porque durante décadas se ha convertido en uno de los principales destinos del patrimonio latinoamericano; el mercado no sólo ofrece propiedades residenciales, también concentra desarrolladores, abogados, administradores de patrimonio, asesores fiscales, gestores inmobiliarios y servicios financieros especializados en clientes internacionales.

Los números de MIAMI REALTORS muestran la magnitud de ese fenómeno. Durante 2025, los compradores extranjeros adquirieron 5.300 propiedades residenciales en South Florida, frente a 4.000 en 2024. El valor de esas operaciones aumentó de 3.100 millones a 4.400 millones de dólares. Por su parte, la participación de los compradores extranjeros en el mercado residencial del sur de Florida alcanzó 15%, siete veces el promedio nacional de Estados Unidos, de 2%.

En otras palabras, Miami no es simplemente otro mercado inmobiliario estadounidense, en los hechos es una plataforma internacional de inversión inmobiliaria y dentro de esa plataforma, Argentina ocupa una posición particularmente relevante.

La riqueza argentina vuelve a mirar hacia afuera

Si bien, los argentinos fueron el segundo mayor grupo de compradores extranjeros en South Florida, no estuvieron entre los que realizaron las adquisiciones de mayor valor; el precio mediano de compra de los argentinos fue de 458.100 dólares en 2025. La cifra quedó por debajo de Colombia, con 583.000 dólares; Brasil, con 777.400 dólares; y México, que encabezó el ranking con 934.000 dólares.

Esto sugiere que la importancia del mercado argentino no proviene necesariamente de una concentración exclusiva en el segmento ultra high net worth. Su relevancia también está en el volumen y en la amplitud de la demanda.

Además, el comportamiento cambia significativamente dependiendo de la zona. En Miami-Dade, que concentró 73% del volumen de compradores extranjeros de South Florida, Argentina representó 13% de las compras internacionales, sólo detrás de Colombia, con 18%; en Broward, los argentinos ocuparon también el segundo lugar, con 15%, mientras que en Palm Beach ocurrió algo diferente: Argentina fue el principal origen de compradores extranjeros, con 34%. La geografía ofrece así una fotografía más sofisticada que el simple ranking regional.

También destaca que el capital argentino no está llegando exclusivamente a Miami-Dade, está participando en mercados como Palm Beach, donde el perfil de patrimonio y el tipo de propiedad pueden ser considerablemente diferentes.

Pero, ¿cuánto del fenómeno puede atribuirse a Milei?; los datos de MIAMI REALTORS no identifican la política económica argentina como causa de las compras, por lo que este impulso comprador de los argentinos no es exclusivamente consecuencia de la dolarización de Milei. De hecho, los argentinos ya eran el principal grupo extranjero comprador de propiedades en South Florida en 2024, con 18% de participación, frente a 14% de Colombia, pero en 2025, Argentina descendió al segundo lugar, con 12%.

Lo cierto no es que Milei haya creado de cero una corriente de capital argentino hacia Miami, dicha corriente ya existía; lo que sí está cambiando es el entorno en el que ese capital se genera, se mantiene y puede salir del país.

La eliminación de buena parte de los controles cambiarios, la mayor disponibilidad de productos financieros en dólares y la estrategia de competencia de monedas reducen algunas de las barreras que durante años separaron al ahorro argentino de los mercados internacionales. El FMI ha señalado que la flexibilización cambiaria y el levantamiento de restricciones forman parte de la nueva fase del programa económico; la conexión, por tanto, es menos directa de lo que sugeriría una simple relación de causa y efecto.

La particularidad de Argentina es que su población tiene una larga tradición de ahorro en dólares; el problema histórico no ha sido necesariamente la ausencia de demanda por la moneda estadounidense, sino la forma en que ese ahorro se ha acumulado y administrado en un contexto de controles cambiarios, inflación elevada y episodios recurrentes de inestabilidad.

El programa de Milei intenta modificar precisamente ese esquema, el Banco Central ha señalado que la eliminación de restricciones y las medidas destinadas a fomentar la competencia entre monedas están impulsando la oferta de productos de ahorro e inversión en moneda extranjera, si el proceso se consolida, el cambio puede ser relevante para la industria de gestión patrimonial.

Durante años, una parte importante de la conversación financiera argentina estuvo concentrada en una pregunta defensiva: ¿cómo proteger el patrimonio de la inflación y de la depreciación del peso?; hoy, con una economía más abierta y un mercado cambiario menos restringido, la pregunta puede comenzar a cambiar a: ¿cómo asignar globalmente un patrimonio denominado en dólares?

La diferencia parece semántica, pero para la industria financiera es enorme; la primera pregunta genera demanda por refugios, mientras que la segunda genera demanda por asset allocation y allí aparecen fondos internacionales, bonos estadounidenses, acciones, ETFs, private markets, estructuras offshore y, por supuesto, bienes raíces. en donde Miami compite.

El efecto de rebote

La paradoja es que una política diseñada fundamentalmente para transformar la economía argentina puede terminar teniendo efectos sobre otros mercados; la apertura cambiaria no crea dólares y tampoco crea automáticamente nuevos patrimonios, lo que hace es modificar las restricciones y los incentivos bajo los cuales esos patrimonios se administran.

Si el proceso de estabilización consigue consolidarse, y si la competencia entre el peso y el dólar se profundiza, una parte de los ahorradores argentinos podría pasar de una lógica de acumulación defensiva de dólares a una lógica más sofisticada de inversión.

Ese tránsito puede beneficiar a diferentes plazas financieras internacionales; Miami tiene una ventaja particular: para América Latina funciona simultáneamente como destino inmobiliario, centro financiero, plataforma empresarial y jurisdicción de diversificación patrimonial; por eso, el segundo lugar de Argentina en el ranking de MIAMI REALTORS no debería leerse únicamente como una noticia del mercado inmobiliario.

También puede interpretarse como una pequeña ventana hacia un cambio mayor en la arquitectura del patrimonio argentino, el “efecto Milei”, en este sentido, no necesariamente consiste en que la dolarización haya enviado una avalancha de argentinos a comprar departamentos en Miami sino que el fenómeno más profundo es otro: permitir que el dólar circule con mayor libertad dentro de la economía argentina, con lo que el gobierno está reduciendo la distancia entre el ahorro argentino y los mercados internacionales.

Así, cuando esa distancia se reduce, Miami —con su histórico vínculo con el capital latinoamericano— aparece naturalmente en el recorrido; por ahora, los datos permiten hablar de una correlación y de un mecanismo económico plausible, no de una causalidad demostrada pero el movimiento merece seguimiento.

Si Argentina pasa de una economía en la que el dólar funciona principalmente como refugio a otra en la que compite formalmente con el peso argentino como moneda de ahorro, transacción e inversión, el impacto potencial no termina en Buenos Aires, también puede terminar, literalmente, en Brickell, Miami Beach o Palm Beach.

WisdomTree lanza ETCs de plata física con cobertura en euros y libras esterlinas

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WisdomTree ha ampliado su gama de metales preciosos con réplica física con el lanzamiento de ETCs de plata física con cobertura en euros y libras esterlinas en Börse Xetra, Borsa Italiana y la Bolsa de Londres

El WisdomTree Physical Silver – EUR Daily Hedged (PAGG/AGSE) y el WisdomTree Physical Silver – GBP Daily Hedged (PAGP) tienen una comisión de gestión del 0,25% y una comisión de cobertura de divisa del 0,10%. 

Los nuevos productos están diseñados para ofrecer a los inversores que operan en euros y libras esterlinas un acceso eficiente en costes al mercado de la plata, al tiempo que ayudan a mitigar el impacto de las fluctuaciones en los tipos de cambio EUR/USD y GBP/USD.

Los ETCs ofrecen a los inversores una forma sencilla y transparente de obtener exposición al precio al contado de la plata. Los productos están respaldados físicamente por plata ya asignada, que se encuentra en cámaras acorazadas seguras, lo que combina un acceso de bajo coste con una estructura de nivel institucional.

La plata presenta múltiples argumentos a favor de la inversión, ya que combina las características tanto de un metal precioso como de un metal industrial. Aunque mantiene una estrecha relación con el oro y puede beneficiarse de la incertidumbre macroeconómica, también desempeña un papel fundamental en aplicaciones industriales y en la transición energética, incluidos los paneles solares, los vehículos eléctricos y la electrónica avanzada.

A medida que la demanda de tecnologías de energía renovable sigue creciendo y se amplía su uso industrial, la plata se ve respaldada cada vez más por factores estructurales que impulsan la demanda, además de los factores macroeconómicos tradicionales, lo que ofrece a los inversores exposición tanto a temáticas cíclicas como de largo plazo.

Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research, Europe de WisdomTree, comentó: «La plata ofrece una combinación única de factores que impulsan la demanda tanto en el sector de los metales preciosos como en el industrial, lo que la convierte en un componente importante de muchas carteras. Añadiendo los nuevos ETCs con cobertura de divisa, permitimos a los inversores acceder a esta oportunidad al tiempo que gestionan el riesgo divisa, lo que puede resultar especialmente relevante en el contexto macroeconómico actual». 

El lanzamiento de los ETCs refleja la creciente demanda de los inversores de exposiciones más personalizadas, especialmente en un contexto en el que la volatilidad de las divisas puede afectar de manera significativa a la rentabilidad de los inversores que no operan en dólares estadounidenses.

Alexis Marinof, CEO, Europe, WisdomTree, añadió: «WisdomTree ha creado la gama de ETCs más completa de metales preciosos y materias primas de Europa. Los nuevos ETCs reflejan nuestro compromiso de ofrecer a los inversores formas flexibles y eficientes de acceder a clases de activos clave. Ampliar nuestra gama con estas nuevas soluciones proporciona a los inversores más opciones para acceder a los metales preciosos de la forma que mejor se adapte a los objetivos de sus carteras».

WisdomTree gestiona 43.200 millones de dólares en su gama de ETPs sobre materias primas.

 

El carry trade latinoamericano entra en zona de turbulencias

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El carry trade latinoamericano, una de las operaciones que durante buena parte de 2026 ha favorecido a monedas como el peso mexicano, el real brasileño y el peso colombiano, comienza a entrar en una zona de mayor turbulencia.

El problema no es que los rendimientos de Latinoamérica hayan dejado de ser atractivos. El problema es que Estados Unidos está volviendo a pagar más por el dinero, y cada incremento en el rendimiento de los bonos del Tesoro reduce la ventaja relativa de las posiciones que requieren asumir riesgo cambiario y de mercado emergente.

La señal llegó con fuerza el lunes 14 de septiembre, cuando el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años superó brevemente 5%, mientras el mercado elevaba la atención sobre la inflación, el petróleo y la próxima decisión de la Reserva Federal. El rendimiento alcanzó alrededor de 5,01%, su nivel más alto desde 2023.

El movimiento es todavía más relevante porque ocurre mientras el Treasury a 30 años permanece por encima de 5,3%. La combinación significa que los inversionistas globales vuelven a disponer de un activo considerado de referencia, denominado en dólares, con un rendimiento que empieza a competir seriamente con parte del atractivo que durante años ofrecieron los mercados emergentes.

Para Latinoamérica, la consecuencia no es necesariamente una salida masiva de capitales. Es algo más gradual pero igualmente importante: el rendimiento que deben ofrecer los activos de la región para convencer al inversionista de permanecer en ellos puede comenzar a aumentar.

La primera lectura ante un incremento de los Treasuries suele ser la política monetaria estadounidense, si la inflación obliga a la Fed a mantener una postura restrictiva durante más tiempo, o incluso a considerar nuevos incrementos de tasas, el diferencial frente a Latinoamérica se reduce, pero esta vez existe una diferencia.

El aumento de los rendimientos largos estadounidenses no depende exclusivamente de la tasa de fondos federales. El mercado también está incorporando mayores necesidades de financiamiento del gobierno, una deuda federal superior a 40 billones de dólares, inflación todavía elevada y una prima por plazo más alta.

El lunes, Reuters destacó precisamente que el rendimiento del Treasury a 10 años estaba siendo impulsado por una combinación de petróleo más caro, preocupaciones inflacionarias y volatilidad en los mercados globales, eso cambia la dimensión del problema para los mercados emergentes.

Si los rendimientos estadounidenses aumentaran únicamente porque la Fed estuviera subiendo la tasa de referencia, el fenómeno podría revertirse cuando el ciclo monetario cambiara. Pero si una parte importante del incremento proviene de factores estructurales que afectan al mercado de deuda estadounidense, las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso cuando la Fed deje de subir o eventualmente comience a recortar. Para los inversionistas latinoamericanos, esa distinción es fundamental.

El premio latinoamericano comienza a reducirse

El atractivo del carry trade puede explicarse de manera sencilla: el inversionista busca financiarse en una moneda con una tasa relativamente baja y colocar esos recursos en otra donde el rendimiento sea mayor. México, Brasil y Colombia se han convertido en destinos importantes de estas estrategias precisamente por sus elevados diferenciales de tasas.

Durante 2026, el carry trade ha encontrado apoyo en la baja volatilidad y en los altos rendimientos de monedas latinoamericanas. Distintos estrategas han señalado al peso mexicano, al real brasileño y al peso colombiano entre las monedas utilizadas en este tipo de operaciones; el problema aparece cuando la alternativa estadounidense comienza a ofrecer un rendimiento mayor.

La comparación que realiza un inversionista internacional no consiste simplemente en enfrentar la tasa mexicana contra la estadounidense. El cálculo real incorpora el rendimiento del Treasury, el diferencial de tasas, la expectativa de depreciación de la moneda, el costo de cobertura, la volatilidad y el riesgo específico del país.

Por eso, un Treasury a 5% no necesita pagar lo mismo que un bono mexicano a 9.5% para convertirse en un competidor relevante. Por ejemplo, el bono mexicano a 10 años cerró el 14 de septiembre alrededor de 9,52%, con un incremento de cinco puntos base en la sesión; sobre el papel, todavía existe una diferencia de casi 4,5 puntos porcentuales.

Pero ese diferencial puede cambiar rápidamente si el Treasury sigue subiendo mientras los bancos centrales latinoamericanos continúan reduciendo sus tasas. Y México representa precisamente uno de los casos más interesantes.

México: el doble movimiento que puede complicar al pesoLa economía mexicana enfrenta una situación particularmente delicada para el carry trade; por un lado, los rendimientos locales siguen siendo considerablemente superiores a los estadounidenses. Por otro, Banco de México se encuentra en un proceso de relajación monetaria, mientras el mercado observa con atención la trayectoria de las tasas estadounidenses, esto genera un posible efecto de pinza porque mientras Estados Unidos sube o mantiene elevadas sus tasas México baja las suyas, lo que significa que el diferencial se reduce desde ambos extremos.

El atractivo del peso no desaparece automáticamente, pero cada recorte de Banxico reduce una parte del premio que recibe el inversionista extranjero por mantener activos denominados en pesos, y si simultáneamente el Treasury ofrece más rendimiento, el capital tiene una alternativa cada vez más competitiva.

El mercado cambiario ya ha mostrado sensibilidad a esta dinámica. El fortalecimiento del dólar y el aumento de los rendimientos estadounidenses han reducido el atractivo relativo del carry en monedas latinoamericanas, mientras el peso ha figurado entre las divisas utilizadas en estas estrategias. Reuters señaló recientemente que el peso mexicano se encontraba entre las monedas afectadas por los movimientos que estaban alterando las operaciones de carry.

La verdadera amenaza está en el dólarExiste además un segundo mecanismo; el carry trade funciona mejor cuando las monedas receptoras de capital permanecen estables o se aprecian. Si el inversionista obtiene 8% o 10% de rendimiento en moneda local pero pierde 5% por una depreciación frente al dólar, buena parte de la ventaja desaparece.

Por eso, el rendimiento del bono estadounidense y el comportamiento del dólar forman parte de la misma ecuación. Una subida de los Treasuries puede atraer capital hacia Estados Unidos; si además fortalece al dólar, aumenta la presión sobre las monedas emergentes y hace más costoso mantener posiciones en ellas.

La experiencia reciente del yen ofrece una advertencia. Reuters señaló que el yen avanzó casi 5% durante septiembre frente a varias monedas utilizadas habitualmente en operaciones de carry, entre ellas el peso mexicano, y recordó que la volatilidad cambiaria puede superar rápidamente las ganancias derivadas de los diferenciales de tasas.

Pero no se trata de afirmar que el carry trade latinoamericano esté a punto de desmantelarse, sino de reconocer que la operación deja de ser tan cómoda cuando aumenta la volatilidad y disminuye el diferencial de rendimiento ajustado por riesgo.

Brasil tampoco está fuera del problemaBrasil presenta una situación distinta porque sus tasas continúan siendo extraordinariamente elevadas y el real ha sido uno de los principales beneficiarios de las estrategias de carry. El lunes 14 de septiembre, el dólar llegó a cotizar alrededor de 5,16 reales, en un mercado influido por las tensiones geopolíticas, el petróleo y las expectativas sobre las decisiones monetarias tanto de Brasil como de Estados Unidos.

Pero precisamente porque Brasil ofrece rendimientos elevados, también concentra una parte importante del interés de los inversionistas internacionales que buscan carry.

El dilema es que una operación de este tipo puede funcionar extraordinariamente bien mientras se mantienen tres condiciones: diferencial amplio de tasas, baja volatilidad y estabilidad cambiaria. Cuando una de ellas desaparece, el ajuste puede ser rápido y ahora las tres variables están comenzando a moverse.

El Treasury vuelve a competir por el ahorro mundialEl fenómeno puede tener consecuencias que van más allá del mercado cambiario; para los fondos de inversión, administradores de activos y family offices latinoamericanos, el aumento de los Treasuries vuelve a introducir una pregunta que durante varios años perdió importancia: ¿Cuánto riesgo adicional vale la pena asumir para obtener algunos puntos porcentuales más de rendimiento?

Un administrador que puede obtener alrededor de 5% en un Treasury estadounidense a 10 años debe comparar ese rendimiento con el que puede obtener en deuda mexicana, brasileña, colombiana o chilena, pero también con la volatilidad de cada moneda y con el riesgo de que los diferenciales de tasas continúen reduciéndose.

Eso puede modificar la asignación de activos; los fondos internacionales que durante meses privilegiaron deuda emergente pueden comenzar a exigir mayores rendimientos para conservar esas posiciones. Los fondos locales pueden enfrentar mayores costos de financiamiento. Y los gestores patrimoniales pueden volver a incrementar la exposición a activos denominados en dólares si consideran que la relación riesgo-rendimiento se ha vuelto más favorable, la competencia ya no es solamente entre México y Brasil, es Latinoamérica contra el Treasury por una parte del ahorro global.

La situación también coloca a los bancos centrales latinoamericanos ante una disyuntiva; si la inflación doméstica lo permite, necesitan reducir las tasas para estimular economías que muestran señales de desaceleración. Pero si reducen demasiado rápido mientras los rendimientos estadounidenses permanecen elevados, pueden reducir el atractivo de sus monedas y aumentar la presión cambiaria.

Una depreciación importante, a su vez, puede trasladarse a los precios de bienes importados y dificultar el proceso de desinflación, eso no significa que los bancos centrales de la región deban seguir automáticamente a la Fed, pero el mercado de bonos estadounidense vuelve a convertirse en una restricción externa más importante para la política monetaria latinoamericana, durante la era de tasas ultrabajas, esa restricción perdió buena parte de su fuerza y ahora está regresando.

Para los fondos, la oportunidad y el riesgo están en el mismo lugarEl escenario tampoco es exclusivamente negativo; las elevadas tasas latinoamericanas siguen ofreciendo una oportunidad considerable para los fondos de renta fija. Un bono mexicano a 10 años alrededor de 9,5% continúa ofreciendo un rendimiento nominal muy superior al Treasury a 10 años, el problema es determinar cuánto de ese rendimiento adicional compensa realmente los riesgos.

Para un fondo con horizonte largo y una visión favorable sobre el peso, el diferencial puede continuar siendo suficientemente atractivo, y para un inversionista que teme una depreciación cambiaria o una mayor subida de los Treasuries, la ecuación es distinta. Por ello, el debate para los gestores ya no consiste simplemente en “comprar rendimiento”.

Ahora consiste en determinar si el rendimiento adicional de Latinoamérica es suficiente para compensar el riesgo de que el dólar vuelva a fortalecerse, que los Treasuries sigan subiendo y que los bancos centrales de la región reduzcan sus tasas.

La turbulencia apenas comienzaEl carry trade latinoamericano todavía tiene argumentos a su favor; los diferenciales de tasas siguen siendo amplios, las monedas de la región conservan atractivo y, en algunos casos, las condiciones fiscales y externas son considerablemente mejores que en episodios anteriores de estrés.

Pero la ecuación global está cambiando, el Treasury a 10 años volvió a superar 5%, mientras el bono a 30 años permanece por encima de 5.3%. Al mismo tiempo, el dólar mantiene capacidad de fortalecerse cuando aumentan la aversión al riesgo y las expectativas de tasas estadounidenses más altas.

El resultado es un entorno mucho menos cómodo para las operaciones que dependen exclusivamente del diferencial de tasas, el riesgo para Latinoamérica, por tanto, no es que Estados Unidos vuelva a ofrecer los rendimientos más altos del mundo, consiste en que vuelva a ofrecer rendimientos suficientemente altos como para que los inversionistas ya no necesiten asumir tanto riesgo latinoamericano para obtenerlos.

Esa diferencia puede parecer pequeña, pero para los mercados de fondos, deuda y divisas puede marcar un cambio importante, durante meses, el dinero internacional encontró en Latinoamérica una combinación atractiva de tasas elevadas y monedas relativamente estables pero ahora el Treasury está reclamando nuevamente una parte de ese capital.

Y mientras el bono estadounidense siga subiendo, el carry trade latinoamericano tendrá que demostrar que su premio todavía vale el riesgo.

Escalar impacto: alianzas que transforman

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SpainNAB celebrará el próximo 6 de octubre, en Madrid, su evento anual del que Funds Society participará como media partner. La cita contará con varias mesas de debate donde se tratarán temas fundamentales para la inversión de impacto, en tres bloques diferentes: el capital que construye el mercado, la financiación de impacto para la economía social y las alianzas público-privadas y mecanismos de blended finance para impulsar la regeneración territorial desde una perspectiva sistémica. 

El evento tendrá lugar en Caixaforum, de 10:00h a 115:30h, y contará con la presencia de Ángela Pérez, Presidenta y consejera delegada de COFIDES, y Eugenio Solla, Presidente de SpainNAB y Director Sostenibilidad de Caixa, encargados de la apertura del evento. Por las diferentes mesas de debate pasarán profesionales del sector como, por ejemplo, Adrián Landa, responsable de Relación con inversores y desarrollo de negocio de Global Social Impact Investments (GSI); Pablo Alonso, presidente de Eurocapital Wealth Managment EAF SL; y Jaime Iglesias Sánchez-Cervera, Comisionado Especial para la Economía Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social (MITES), entre otros. 

Puede consultar la agenda completa del evento a través de este link.

40 billones de razones que presionarán el rendimiento del bono de EU en el largo plazo

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El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a 5,37%, mientras el bono a 10 años superó el 5%. El mercado comienza a exigir una prima mayor por financiar al gobierno estadounidense en un contexto marcado por déficits fiscales, una deuda superior a 40 billones de dólares, inflación persistente y una creciente demanda de capital para financiar la inversión en inteligencia artificial. Así, según analistas, operadores y expertos en mercados de dinero, el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos está enviando una señal que trasciende la próxima decisión de la Reserva Federal y que podría consistir en el hecho de que el costo de financiar al gobierno estadounidense podría haber entrado en una nueva etapa estructural.

El rendimiento del Treasury a 30 años alcanzó 5,37% el 10 de septiembre, su nivel más alto desde 2007, antes de moderarse ligeramente, mientras que apenas este lunes 14 de septiembre se ubicó en 5,34%, todavía en niveles que no se observaban desde antes de la crisis financiera global. El movimiento también alcanzó al tramo de referencia de la curva. El rendimiento del bono a 10 años superó brevemente 5% el 14 de septiembre y llegó a 5,01%, su nivel más alto desde octubre de 2023, de acuerdo con Reuters.

No se trata solamente de una reacción a las expectativas sobre la política monetaria. El mercado está incorporando una combinación más compleja de factores: inflación todavía por encima del objetivo de la Fed, petróleo y energía más caros, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, una oferta creciente de deuda corporativa vinculada con la inteligencia artificial y dudas sobre la capacidad de la demanda para absorber todo ese volumen de bonos sin exigir una compensación mayor. Para los inversionistas institucionales, la pregunta empieza a ser diferente: ¿estamos ante un episodio temporal de tasas elevadas o ante un nuevo régimen de rendimientos estructuralmente más altos?

Goldman Sachs Research se inclina por la segunda posibilidad. De acuerdo con el análisis de los expertos, el nivel de 5% no tiene la misma importancia técnica para todos los vencimientos, pero en el caso del Treasury a 30 años representa un cambio particularmente significativo. El Departamento del Tesoro muestra que el rendimiento del bono de referencia a 30 años pasó de 5,25% el 4 de septiembre a 5,39% el 10 de septiembre. Aunque posteriormente retrocedió, todavía permanecía en 5,34% al cierre del 14 de septiembre. La magnitud del movimiento importa porque los bonos de larga duración son particularmente sensibles a las expectativas sobre inflación, crecimiento, oferta de deuda y prima por plazo.

En otras palabras, el mercado no solamente está preguntando dónde estará la tasa de fondos federales en los próximos meses sino que está tratando de determinar cuánto rendimiento adicional necesita para mantener deuda estadounidense durante 10, 20 o 30 años, y esa prima parece haber aumentado. Goldman Sachs Research considera que algunas de las fuerzas que han impulsado el incremento en el mercado de bonos podrían desaparecer, pero que las preocupaciones fiscales probablemente persistirán. El dato resulta particularmente relevante porque la subida ha ocurrido de manera relativamente ordenada. George Cole, jefe de estrategia de tasas europeas de Goldman Sachs Research, destacó que la ausencia de un incremento significativo de la volatilidad dificulta argumentar que el mercado esté fundamentalmente mal valuado. La lectura es importante: si los rendimientos están subiendo porque los fundamentales cambiaron, no necesariamente bastará con una intervención puntual del Tesoro o con una modificación de las expectativas de la Fed para hacerlos regresar a los niveles anteriores.

El déficit empieza a competir con la Fed

Para los expertos, la principal diferencia entre el episodio actual y otros ciclos de tasas elevadas está en el peso de las necesidades fiscales. El déficit presupuestario estadounidense acumulado en el ejercicio fiscal 2026 alcanzó aproximadamente 1,97 billones de dólares hasta agosto, por encima de los 1,775 billones registrados durante todo el ejercicio fiscal 2025. Los pagos de intereses de la deuda también aumentaron: el gasto acumulado por este concepto era 13% superior al del mismo periodo del año anterior.

Al mismo tiempo, la deuda federal estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, un umbral que está adquiriendo relevancia creciente en el mercado. La combinación genera un problema conocido pero cada vez más visible: cuanto mayor es el déficit, mayor es la necesidad de emitir deuda; cuanto mayor es la cantidad de deuda que debe absorber el mercado, mayor puede ser el rendimiento que los inversionistas exigen para comprarla. Además, existe un segundo efecto. Los rendimientos elevados aumentan el costo de refinanciar la deuda existente, lo que incrementa el gasto por intereses y puede generar nuevas necesidades de financiamiento; se trata de una dinámica que no implica necesariamente una crisis, pero sí puede hacer que la política fiscal tenga una influencia cada vez mayor sobre la curva de rendimientos.

Reuters señala que el mercado sigue funcionando de manera ordenada pese a que la deuda estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, y destaca que el déficit ronda 6% del PIB, mientras que el crecimiento nominal se mantiene cerca de 6%. Esto es fundamental: los niveles actuales no significan que el mercado considere inminente un impago estadounidense, lo que están reflejando es que financiar al gobierno tiene un precio mayor y lo anterior se complica si además entran en juego factores geoeconómicos adicionales.

La IA también está compitiendo por el ahorro

Hay otro factor que Goldman Sachs coloca en el centro de la discusión: la inteligencia artificial. La inversión en infraestructura de IA está generando una enorme demanda de capital. Empresas tecnológicas y compañías vinculadas con centros de datos están recurriendo cada vez más al mercado de deuda para financiar proyectos de gran escala. Reuters estima que la emisión de deuda vinculada con proyectos de inteligencia artificial alcanzó casi 500.000 millones de dólares durante 2026 hasta principios de agosto, equivalente a alrededor de 20% de toda la deuda estadounidense con grado de inversión emitida en ese periodo, frente a apenas 1% en 2024.

Por su parte, Goldman Sachs plantea una dimensión todavía más amplia: el endeudamiento asociado con inversiones en inteligencia artificial podría llegar a representar alrededor de 1% del PIB mundial, incrementando la competencia por el ahorro disponible a escala global. La consecuencia para los bonos gubernamentales es directa; si los gobiernos y empresas demandan simultáneamente más capital, los inversionistas tienen mayor capacidad para exigir una rentabilidad superior. La cuestión deja de ser exclusivamente cuánto dinero necesita Washington y pasa a ser cuánto capital requiere el mundo para financiar la siguiente ola de inversión.

El petróleo complica el escenario

El mercado recibió además un nuevo shock inflacionario procedente de la energía; el petróleo Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en medio de las tensiones geopolíticas y las interrupciones de suministro en Medio Oriente. El encarecimiento de la energía volvió a alimentar las expectativas de inflación y redujo la confianza en una rápida relajación monetaria. Por su parte, el dato de inflación estadounidense de agosto tampoco permitió despejar completamente las dudas porque el índice de precios al consumidor aumentó 0,4% mensual y 3,4% anual, de acuerdo con datos citados por Reuters. Aunque la lectura estuvo en línea con las expectativas, el comportamiento de la energía y los alimentos mantiene presión sobre las perspectivas inflacionarias.

Para los bonos de largo plazo, el problema es particularmente sensible, una inflación elevada durante un periodo prolongado erosiona el valor real de los flujos futuros que recibirán los tenedores de bonos. Por ello, los inversionistas pueden exigir una mayor compensación en forma de rendimiento y eso ayuda a explicar por qué los vencimientos largos están sufriendo una presión mayor que los cortos. En este contexto, el movimiento reciente de la curva de Treasuries es revelador; el 14 de septiembre el rendimiento a dos años se encontraba alrededor de 4,18%, mientras que el de 10 años alcanzaba 4,97% y el de 30 años 5,34%.

La diferencia entre el corto y el largo plazo muestra que el mercado está incorporando una prima considerable por mantener deuda durante periodos extensos, esto puede interpretarse como una combinación de expectativas de tasas, inflación, oferta de deuda y prima por plazo. Es aquí donde aparece una de las ideas centrales de Goldman Sachs: las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso si algunos de los factores que impulsaron el repunte desaparecen; es decir, la energía podría abaratarse, la inflación podría moderarse y la inversión en IA podría demostrar que sus retornos son suficientemente elevados como para reducir la necesidad de endeudamiento. Pero, el déficit fiscal permanecería. “Las preocupaciones fiscales no desaparecerán”, es la conclusión de Goldman Sachs Research sobre uno de los factores estructurales detrás de los mayores rendimientos.

El Tesoro intenta intervenir, pero el mercado no se convence

El gobierno estadounidense tampoco está ignorando el comportamiento del mercado. El Tesoro anunció en septiembre que ampliaría sus operaciones de recompra de deuda de largo plazo hasta 6.000 millones de dólares, triplicando el tamaño de una operación anterior. El objetivo es mejorar la liquidez y retirar del mercado algunos bonos antiguos y menos líquidos. Sin embargo, el anuncio no consiguió revertir de manera duradera la presión sobre los rendimientos; el mercado recibió la operación con cautela porque las recompras pueden modificar la composición de la deuda, pero no reducen las necesidades generales de financiamiento del gobierno.

Goldman Sachs ha advertido precisamente sobre esta limitación: cambiar la composición de los vencimientos no resuelve por sí mismo el problema fiscal que está detrás de la presión sobre las tasas largas; el mensaje es relevante para los administradores de renta fija y consiste en el hecho de que si el problema es estructural las herramientas de gestión de liquidez pueden ayudar a estabilizar el mercado, pero difícilmente modificarán por sí solas el nivel de equilibrio de las tasas.

¿Una nueva oportunidad para los fondos de bonos?

El otro lado de la historia es menos negativo; un Treasury a 30 años con un rendimiento superior a 5% vuelve a ofrecer una fuente de ingreso que durante años fue prácticamente inexistente para los inversionistas de renta fija; para fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones y gestores patrimoniales, el nuevo escenario puede representar una oportunidad para reconstruir carteras de duración. La pregunta es el riesgo de entrar demasiado pronto. Comprar un bono a 30 años con un rendimiento de 5,3% puede parecer atractivo frente a los niveles de la última década, pero si el rendimiento sube a 5,7% o 6%, el precio del bono caerá y las pérdidas de valuación pueden ser significativas; la duración vuelve, por tanto, a ocupar un lugar central en la gestión.

Para un inversionista institucional con horizonte largo, un Treasury de 30 años puede representar una oportunidad para asegurar rendimientos nominales elevados durante décadas, mientras que para un fondo con restricciones de volatilidad o necesidades de liquidez de corto plazo, la misma posición puede representar un riesgo considerable. Quienes saben del mercado de dinero señalan que el atractivo no está solamente en el cupón, está en qué tan alto puede llegar el rendimiento antes de que la oportunidad se convierta en una trampa de duración. Existe además una consecuencia importante para los mercados accionarios.

El impacto sobre las acciones

Un Treasury a 30 años por encima de 5% aumenta el rendimiento disponible en activos considerados de muy bajo riesgo crediticio. Eso cambia el cálculo de los inversionistas frente a las acciones, particularmente cuando las valuaciones bursátiles son elevadas. Reuters señaló que el nivel de 5% en el Treasury a 10 años podría aumentar la competencia de los bonos frente a las acciones y presionar valuaciones que habían sido sostenidas por expectativas de crecimiento y beneficios corporativos, dicho efecto es especialmente relevante para las empresas tecnológicas.

La inversión en IA necesita cantidades enormes de capital y muchas de las compañías involucradas han recurrido al mercado de deuda. Si las tasas libres de riesgo permanecen elevadas, aumenta el costo de capital de toda la cadena y el mercado, por tanto, enfrenta una paradoja. La IA está impulsando inversión, productividad y expectativas de crecimiento, pero también está aumentando la demanda de financiamiento que contribuye a elevar el costo del capital.

El Treasury ya no puede darse por descontado

Durante décadas, los bonos del Tesoro estadounidense fueron considerados el activo de referencia para la gestión de liquidez global y la preservación de capital, pero el mercado está introduciendo una distinción importante: que un activo sea considerado libre de riesgo de crédito no significa que esté libre de riesgo de duración, inflación o valuación. El cambio en la composición de los compradores también importa. El Financial Times señala que la participación de tenedores tradicionalmente poco sensibles al precio, como algunos bancos centrales, ha disminuido, mientras que fondos y hogares —más sensibles al rendimiento— tienen un papel mayor en el mercado.

Esto puede aumentar la sensibilidad de los Treasuries a las condiciones del mercado; si los inversionistas privados tienen que absorber una proporción mayor de las nuevas emisiones, el Tesoro puede necesitar ofrecer rendimientos más atractivos para asegurar la demanda. No significa que el Treasury haya perdido su papel central. Significa que la seguridad crediticia estadounidense ya no garantiza por sí sola una demanda ilimitada a cualquier precio y es ahí donde hace su aparición la presgunta central para todo el mundo.

¿Hasta dónde pueden llegar las tasas?

Esta es la gran pregunta que dominará el mercado durante los próximos meses; algunos señalan que una parte del incremento puede revertirse si disminuyen los precios de la energía, se modera la inflación y se reduce la expectativa de nuevas alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Pero Goldman Sachs plantea una advertencia más profunda: aunque esos factores temporales desaparezcan, los problemas fiscales seguirán presentes. Eso explicaría por qué las tasas largas podrían mantenerse elevadas incluso cuando la Fed eventualmente comience a relajar su política monetaria.

La experiencia de los últimos años ya demostró que la tasa de fondos federales y el rendimiento del Treasury a 30 años no son la misma cosa; la Fed controla directamente el extremo corto de la curva pero el mercado determina en buena medida qué rendimiento exige por prestar dinero durante 10, 20 o 30 años, y en este momento está pidiendo más. El repunte de los Treasuries tiene una lectura doble para los mercados. Por un lado, representa un desafío para el gobierno estadounidense, para los emisores corporativos y para las valuaciones de activos de riesgo; por otro, puede marcar el regreso de la renta fija como una alternativa de inversión capaz de competir nuevamente con las acciones por el capital institucional.

El Treasury a 30 años por encima de 5% no es una señal automática de crisis. Tampoco implica que Estados Unidos esté perdiendo el control de su mercado de deuda. lo que sí revela es un cambio en la relación entre deuda, inflación, inversión y ahorro global. Estados Unidos necesita financiar déficits elevados, las empresas necesitan capital para construir la infraestructura de la inteligencia artificial y los gobiernos de otras economías desarrolladas también están emitiendo más deuda. Mientras, los inversionistas tienen un límite sobre cuánto capital pueden destinar a absorber esa oferta.

En ese escenario, el precio que equilibra oferta y demanda es el rendimiento y ese precio acaba de alcanzar niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. La cuestión para los mercados ya no es solamente si la Fed bajará o subirá las tasas, ahora consiste en saber si el mundo ha entrado en una era en la que financiar grandes déficits e inversiones de largo plazo requerirá permanentemente rendimientos más altos. Si la respuesta es afirmativa, el 5,37% alcanzado por el Treasury a 30 años podría terminar siendo más allá de un máximo histórico, el comienzo de una nueva referencia para el mercado global de renta fija.

Natixis IM refuerza su equipo de ventas con Javier de Moragas y Gabriela Pérez-Pla

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Foto cedidaJavier de Moragas, nuevo responsable del Canal Institucional de Ventas en Iberia, y Gabriela Pérez-Pla, parte del equipo de ventas del canal retail.

Natixis Investment Managers ha anunciado la incorporación a su oficina de Iberia de Javier de Moragas como nuevo responsable del Canal de Ventas Institucional y de Gabriela Pérez-Pla como refuerzo para el canal de retail. De Moragas reportará a Daniel Pingarrón, Head of Sales para Iberia, mientras que Pérez-Pla dependerá en primera instancia de Jaime Botella, responsable del canal.

Según explica la gestora, ambos nombramientos se enmarcan en el rediseño y fortalecimiento de la estructura comercial de la firma, tras el fuerte crecimiento experimentado por su negocio durante los últimos años, y con el objetivo de continuar impulsando su desarrollo.

Javier de Moragas llega procedente de Muzinich & Co., donde desempeñaba el cargo de Sales Director, mientras que Gabriela Pérez-Pla se incorpora procedente de Creand Wealth Management, donde trabajaba en asesoramiento y gestión de carteras. Javier de Moragas tendrá también un papel muy importante en la distribución de estrategias de mercados privados, cuestión estratégica para Natixis IM tras haber distribuido más de 600 M€ en este tipo de activos en Iberia en los últimos años. Por su parte, Gabriela Pérez-Pla contribuirá a la penetración de la entidad en redes de banca privada, donde también la firma ha experimentado un sólido crecimiento.

Por su parte, Gabriela Pérez-Pla cuenta con cinco años de experiencia profesional en el sector financiero. Durante su etapa en Creand Wealth Management, se dedicó al asesoramiento y gestión de carteras con arquitectura abierta y formó parte del equipo de carteras de fondos de inversión. Es graduada en Administración y Dirección de Empresas (Bachelor of Business Administration – BBA) por IE University.

Apuesta por el mercado ibérico

“Las incorporaciones de Javier y Gabriela reflejan nuestro compromiso con el mercado ibérico y nuestra voluntad de seguir creciendo y reforzando el servicio que ofrecemos a nuestros clientes. Llevamos ya 15 años en Iberia y estamos muy orgullosos de lo que hemos conseguido en este tiempo. Este desarrollo ha sido posible gracias a la confianza de nuestros clientes, a la calidad y diversidad de las capacidades de inversión que podemos ofrecerles a través de nuestro modelo multi-gestora y el compromiso de nuestro equipo”, ha señalado Sophie del Campo, Head of Southern Europe, LatAm & US Offshore de Natixis Investment Managers.

Con estas dos incorporaciones, Natixis IM fortalece su estructura comercial en Iberia, liderada por Sophie del Campo, Head of Southern Europe, LatAm & US Offshore, con Daniel Pingarrón como Head of Sales de Iberia.  En este sentido, el equipo de Pingarrón se estructurará por canales, con Javier de Moragas, al frente del Institucional; Marga Selga, al frente del canal Wholesale, y Jaime Botella, responsable de Retail, a quien se suma ahora también Gabriela Pérez-Pla. Desde la firma matizan que Beatriz Paunero seguirá desarrollando las labores de Sales Support para todo el equipo.

“La incorporación de Javier y Gabriela supone un nuevo paso en la configuración de nuestro equipo comercial. Una estructura especializada por canales nos permite estar muy cerca de nuestros clientes, conocer mejor sus necesidades y poner a su disposición las capacidades de las distintas gestoras afiliadas de Natixis IM. La experiencia de ambos nos permitirá seguir acompañando a nuestros clientes y contribuirá al crecimiento de Natixis IM en la región”, ha señalado Pingarrón.

Por su parte, Javier de Moragas, Senior Sales Manager de Natixis Investment Managers, ha añadido: “Afronto esta etapa con mucha ilusión. Es una gran oportunidad incorporarme a Natixis Investment Managers. La amplitud de estrategias de inversión y la capacidad de las gestoras afiliadas para crear alpha definen una propuesta especialmente interesante para responder a las necesidades de los inversores institucionales”.