Política fiscal, deuda pública y yield: los debates pendientes en el mercado de renta fija

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Foto cedidaMarco Giordano, Investment Director de Wellington Management.

En opinión de Marco Giordano, Investment Director de Wellington Management, mucho se ha hablado de política monetaria y poco de política fiscal. Según su visión, el cambio de foco es clave: “Estamos en un momento en que, a menos que suframos un crack de petróleo, los principales bancos centrales están más centrados en la narrativa que en la acción. En cambio, la política fiscal va a ser mucho más activa. Entraremos en una fase en la que debemos entender las políticas fiscales de los diferentes países para comprender el mercado de renta fija y la política monetaria”.

En el contexto actual marcado por la geopolítica y la guerra entre EE.UU. e Irán -con el aumento del precio del petróleo y el gas como principal consecuencia en los mercados- para Giordano, el riesgo real de la inflación está en la potencial reacción de los gobiernos de cara a un shock inflacionista. “Ahora mismo es el precio del petróleo lo que podría llevarnos a un shock inflacionista, pero para mí lo relevante es el impacto que tienen las medidas que tomen los países ante un shock de este tipo. Es decir, que se repita lo que vimos en 2022, gobiernos aprobando con grandes medidas sin targets específicos y mayor emisión de deuda pública, ante un nivel de inflación por encima del 2%”, aclara. En este sentido, el director de inversiones de Wellington Management considera que los inversores no están teniendo en cuenta esta lectura sobre la inflación y no están preparando sus carteras. 

Deuda pública: en qué parte de la curva emitir

Según su análisis, este aumento del déficit público ha coincidido con un importante desapalancamiento de las familias y de las empresas, lo cual ha cambiado en gran medida las oportunidades del mercado de renta fija. “En términos de deuda pública, es cierto que hay una potencial diferenciación entre los distintos países. Y esto ocurre en un momento en el que, mientras la inflación se mantenga en torno al 2%, va a ser difícil que los bancos centrales intervengan y absorban esa deuda. Sin embargo, lo más interesante es el siguiente paso: ¿en qué momento los mercados van a exigir un ajuste del gasto público y cómo lo van a hacer? Para mí, este es el elefante en la habitación para el mercado de renta fija”, afirma Giordano.

En este sentido, el Investment Director de Wellington apunta directamente a EE.UU. En su opinión, el país tiene un déficit estructuralmente muy alto -acorde a un periodo de crecimiento negativo-, en la parte final del actual ciclo económico, que está siendo muy largo. “Diría que esto es posible por varios motivos, pero los principales son que Estados Unidos siempre juega con las reglas del juego diferentes a todos los demás porque su divisa es reserva global, por lo que siempre hay una demanda persistente de activos en dólares. Muestra de ello es que, de momento, los mercados siguen asumiendo estas emisiones del tesoro americano”, comenta.

Una tendencia que ha observado Giordano es que los gobiernos están tomando conciencia de la demanda que existe de emisiones en distintos puntos de la curva por parte de inversores y están ajustando su emisión a ello. “Aunque estamos viendo emisiones estructuralmente más altas por parte de los gobiernos, lo cierto es que están adaptando sus emisiones para que su impacto sea menor y además están buscando otros pools de capital para asumir esas emisiones. Esta tendencia supone una oportunidad para los inversores porque supone un importante potencial de diferenciación entre unos y otros países. Hasta hace poco, no había tanta polaridad ni tanta diferenciación entre emisores, ya sea de deuda pública o de deuda de crédito; pero ahora que vemos tipos de interés más elevados, hay cada vez más diferenciación entre emisiones”, explica.

Crédito: demanda sostenida de yield

Según su visión, como consecuencia de la subida de las tires de la deuda soberana, los spreads del mercado de crédito se han ajustado; sin embargo, la demanda de crédito, tanto de high yield como de investment grade, ha sido considerable. En su opinión, no se trata de complacencia, sino de una demanda persistente de yield. “Muchas carteras a nivel global han estado infraponderadas en renta fija, por lo han visto en el crédito un buen punto de entrada dadas sus atractivas valoraciones, para todo tipo de inversión, ya sea institucional, retail, doméstico o internacional”, explica. 

Aunque reconoce que en el contexto actual hay cierta “vulnerabilidad a potenciales shocks exógenos”, considera que las posibles correcciones en el mercado de crédito tienen más que ver con un proceso de “ajuste” hacia niveles más normalizados. En cambio, defiende que estamos empezando a ver una mayor dispersión entre los diferentes sectores: “Si nos fijamos en el índice MOVE (Merrill Lynch Option Volatility Estimate) en 2025, vemos que ha habido cada vez menos volatilidad en los mercados de renta fija, lo cual es un poco contraintuitivo. A mayor ruido y volatilidad geopolítica macro, debería haber más volatilidad en mercados, pues ha sido un poco al revés en 2025. Pero, a partir de enero, y con más fuerza en febrero, empezamos a ver mayor dispersión entre sectores y emisores, generando nuevas oportunidades para los inversores”.

En su repaso sobre la renta fija, Giordano lanza un último mensaje: “La renta fija ha vuelto a las carteras, pero en un entorno totalmente diferente, donde la cartera 60/40 ya no funciona y en donde nos encontramos con mayor presencia de otros activos, como, por ejemplo, los digitales o los de mercados privados”. Pese a este nuevo contexto, Giordano considera que la renta fija es un activo clave para navegar entre la incertidumbre. “A nadie se le escapa que las carteras deben estar diversificadas, pero lo relevante aquí es que la gran variedad de activos que nos ofrece la renta fija permite aportar income y a la vez proteger el capital”, concluye.

Cómo lograr rentas mensuales con ETPs IncomeShares

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Foto cedidaIgnacio Vacchiano, Head of Distribution Iberia en LeverageShares.

Los ETPs IncomeShares de LeverageShares están diseñados para generar ingresos sistemáticos a partir de las primas de las opciones, al tiempo que mantienen la exposición al activo subyacente. La firma cuenta con este tipo de productos desde junio de 2024 y los lanzamientos se han ido sucediendo desde entonces: hoy, la gama de productos llega a 43 y a finales de abril sumarán otros 19 adicionales.

Este tipo de productos cotizados sacrifican parte del retorno en subidas pronunciadas del mercado, mientras que tienen caídas menores en mercados bajistas que el activo subyacente en la mayoría de los casos. En mercados laterales, van generando ingresos, una posibilidad que no ocurriría si tenemos ese activo subyacente.

En definitiva, el inversor puede elegir que activo le gusta para invertir (acciones, renta fija, temáticas o materias primas), tanto para su perfil de riesgo como por sus expectativas y con esta estrategia de opciones, puede obtener rendimientos mensuales. LeverageShares ha optado por subyacentes muy conocidos e institucionales, como el oro o bonos del tesoro americano de 20 años, por poner solo dos ejemplos.

Conocer el funcionamiento de sus estrategias es fundamental para poder entender cómo generan los ingresos y cómo tratan al mismo tiempo de replicar al activo subyacente. De los lanzamientos de IncomesShares entre 2024 y 2025 (19 ETPs), los productos IncomeShares de LeverageShares superaron a sus activos subyacentes en cuanto a rentabilidad total en siete casos. La rentabilidad total parte del supuesto de que todos los repartos de ingresos se reinvierten en el ETP y refleja cómo las estrategias income pueden generar una rentabilidad compuesta a lo largo del tiempo, en lugar de centrarse únicamente en el rendimiento nominal.

Un ejemplo fueron los ETPs sobre opciones de Tesla, que a cierre de 2025 registraron una rentabilidad total del 39,75% frente a la subida del 11,36% de la acción de Tesla en 2025.

Ratios Sharpe

Además, hasta 12 de los 19 ETPs de IncomeShares registraron ratios Sharpe anualizados más elevados que sus activos subyacentes. El ratio de Sharpe anualizado mide la rentabilidad por unidad de riesgo (desviación estándar), calculada a partir de las rentabilidades diarias y anualizadas. De tal manera que un ratio de Sharpe más alto indica una mayor eficiencia de la rentabilidad en relación con el riesgo asumido. En los cálculos, la firma indica que se utiliza el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a tres meses a finales de 2025 como benchmark libre de riesgo. En este apartado, destacaron los ETPs sobre opciones del S&P500 Options, con un ratio Shape de 0,87, superior al 0,73 del subyacente.

El estudio de IncomeShares revela que todos los ETPs de la firma registraron caídas máximas inferiores a las de sus activos subyacentes. La métrica de la caída máxima muestra la mayor pérdida entre el máximo y el mínimo durante un determinado periodo. En definitiva, refleja el riesgo a la baja en mayor medida que la volatilidad media de un ETP. Un ejemplo claro fueron los ETPs sobre opciones de Coinbase, con una caída máxima del 41,29%, más de ocho puntos porcentuales más baja que la de su subyacente.

“Estos resultados concuerdan con las estrategias de ingresos por opciones, que pueden sacrificar parte de las ganancias en las fases de subidas de un activo a cambio de generar ingresos y mejorar el rendimiento ajustado”, explican desde la firma.

Compensación de desventajas

Además, estos productos son capaces de compensar desventajas de otros en cartera. Por ejemplo, con ETPs de plata. En la firma explican que los inversores utilizan los ETCs de plata como protección contra la inflación, así como para diversificar sus carteras y para exponerse a la demanda industrial en los sectores de la energía solar, la electrónica y los componentes para vehículos eléctricos. Pero cuentan con dos inconvenientes que limitan su eficacia: la plata no genera ingresos, lo que puede lastrar las carteras orientadas a la renta o las basadas en el pasivo. Además, en entornos de tipos reales positivos, la plata puede ofrecer un rendimiento inferior al de los activos que generan rendimiento.

Por el contrario, el ETP IncomeShares Silver+ Yield combina una exposición al ETF más conocido replicando la plata física -el SLV- con una estrategia sistemática que vende opciones calls cubiertas, semanalmente. Este enfoque convierte la exposición estática a la plata en una asignación generadora de ingresos. Tiene como objetivo mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo sin añadir riesgo direccional y aprovecha la prima de volatilidad de forma sistemática. Además, conserva las características típicas de los ETCs, es decir, liquidez, transparencia y cotización diaria.

Reglas, no intuición: claves del enfoque del arbitraje de fusiones de AllianceBernstein

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Foto cedidaScott Schefrin, gestor de AllianceBernstein.

El entorno para las fusiones y adquisiciones es inmejorable, y Donald Trump ha tenido en parte que ver con ello. Este es uno de los mensajes que dejó Scott Schefrin, gestor de AllianceBernstein, durante una conferencia que impartió en el marco del Funds Society Alternative Summit, celebrado recientemente en Madrid.

En realidad, Schefrin explicó que el objetivo de la presentación era triple: asegurarse de que todos los asistentes comprendieran que el arbitraje de fusiones es una estrategia atractiva y fácil de entender y de explicar a la mayoría de las personas; convencer sobre su creencia de que la implementación basada en reglas de una cartera de arbitraje de fusiones puede ser más convincente que la de los gestores discrecionales a los que estamos más acostumbrados; y, finalmente, hacerles entender por qué el entorno actual es realmente favorable para una estrategia de arbitraje de fusiones.

Objetivo 1: una estrategia sencilla, predecible y con una fuente clara de rentabilidad

Schefrin subrayó que una de las principales virtudes del arbitraje de fusiones es su simplicidad operativa. “Lo primero que realmente me gusta de la estrategia es que no tengo que salir a buscar inversiones. Esas inversiones nos las proporcionan”. En su planteamiento, las oportunidades de inversión no requieren un proceso exhaustivo de búsqueda: surgen de forma natural cuando se anuncian nuevas operaciones corporativas. Cada mañana, explicó, el equipo se encuentra con nuevas fusiones sobre la mesa y decide en cuáles invertir, sin necesidad de analizar miles de compañías a nivel global.

Otra característica diferencial es la visibilidad sobre las variables clave de la inversión. Schefrin destacó que en cada operación se conoce de antemano el precio objetivo y existe una estimación razonable del plazo de cierre. A ello se suma el carácter “autoliquidable” de la estrategia: no es necesario tomar decisiones de venta, ya que, si la operación se completa, la rentabilidad se materializa automáticamente.

Desde el punto de vista económico, la fuente de retorno está claramente identificada. La rentabilidad procede de una prima de liquidez generada por el desequilibrio entre oferta y demanda que se produce cuando se anuncia una fusión. Hay muchos más inversores tradicionales —que tienden a vender— que especialistas en arbitraje —que actúan como compradores—, lo que genera un diferencial o spread. Ese diferencial, explicó, lo determinan los propios arbitradores en función del tiempo y del riesgo de cada operación.

En este sentido, defendió que la estrategia difícilmente puede “comoditizarse”, ya que ese desequilibrio estructural siempre está presente. “Estamos proporcionando una prima de seguro al vendedor. De ahí procede la fuente de la rentabilidad. Es una estrategia sencilla.”

Además, Schefrin puso en valor el historial de la estrategia, con décadas de trayectoria, explicando que el índice HFRI de arbitraje de fusiones solo ha registrado dos ejercicios negativos en 35 años de funcionamiento. A ello se suma su resiliencia en fases de mercado adversas: desde 2018, en cuatro de los cinco mayores episodios de caídas, la estrategia ha ofrecido rentabilidad positiva, y en el peor caso la pérdida fue limitada, en torno al 4%.

Objetivo 2: la superioridad de un enfoque sistemático basado en reglas

El segundo eje de su presentación se centró en la evolución del arbitraje de fusiones y en la conveniencia de adoptar un enfoque sistemático. Schefrin, con más de 30 años de experiencia en esta estrategia, recordó que en el pasado los gestores discrecionales podían generar ventaja accediendo a la información antes que otros participantes. Sin embargo, la digitalización, internet y la inteligencia artificial han igualado el acceso a la información, reduciendo ese diferencial competitivo.

En este contexto, defendió que la forma más eficiente de gestionar esta estrategia es mediante un enfoque basado en reglas. El modelo que utiliza su equipo establece un conjunto de criterios que, una vez cumplidos, permiten incorporar automáticamente una operación a la cartera. Este enfoque, además, resulta más eficiente en costes y más consistente en su ejecución.

El sistema desarrollado identifica los tipos de operaciones con mayor probabilidad de éxito. Así, se excluyen determinadas geografías donde históricamente el porcentaje de operaciones fallidas es más elevado, como China, Rusia, Malasia o algunos países de América Latina. En su lugar, la estrategia se concentra en Estados Unidos, Europa desarrollada y Canadá, mercados con marcos legales más sólidos que dificultan la ruptura de los contratos de fusión.

Gracias a esta metodología, el equipo ha conseguido estar aproximadamente en 95 de cada 100 operaciones que se cierran con éxito. “Aunque siempre habrá operaciones que fracasen por distintos motivos, limitar ese número a menos del 5% permite construir una estrategia rentable de forma sistemática”, indicó el gestor.

El proceso de inversión parte del análisis de todas las fusiones anunciadas a nivel global, que se someten a los criterios del modelo hasta obtener un subconjunto reducido apto para la cartera. Entre los requisitos, se incluyen la preferencia por operaciones amistosas, con acuerdos firmados entre las partes, y la exclusión de operaciones hostiles o no solicitadas.

En cuanto a los motores de rentabilidad, Schefrin identificó cuatro factores clave: la actividad de operaciones, los compradores, la duración —siendo preferibles plazos más cortos— y las rupturas de acuerdos, que constituyen el principal riesgo. Las reglas del sistema permiten minimizar este último factor; de hecho, el año pasado solo registraron una operación fallida en cartera.

Además, el modelo contempla el uso moderado de apalancamiento cuando la rentabilidad anualizada supera en más de un 3 % el nivel del efectivo. Este apalancamiento no se aplica a operaciones concretas, sino a la incorporación de nuevas transacciones que cumplen los criterios establecidos, contribuyendo así a mejorar la rentabilidad agregada de la cartera.

Objetivo 3: un entorno especialmente favorable para el arbitraje de fusiones

El tercer objetivo de Schefrin fue explicar por qué el contexto actual resulta especialmente atractivo para esta estrategia. En su opinión, el factor determinante es la mejora del entorno regulatorio, especialmente en Estados Unidos: «Es un momento fantástico para participar en fusiones, porque el entorno regulatorio ha mejorado mucho”.

Según explicó, este cambio comenzó con la administración de Donald Trump, que facilitó significativamente la aprobación de operaciones. Desde su perspectiva, el entorno actual en Estados Unidos puede calificarse incluso como un sistema en el que el éxito depende en gran medida de la capacidad de las empresas para gestionar el proceso regulatorio mediante los recursos adecuados.

Este contexto explica, en parte, la baja tasa de operaciones fallidas en su cartera durante el último año. Aunque a nivel global se produjeron más rupturas, su modelo evitó la mayoría de ellas. A ello se suma otro factor relevante: la elevada liquidez disponible en el capital riesgo, lo que incrementa la capacidad de financiación de nuevas operaciones.

Schefrin también destacó la importancia de la escasez de determinados activos y de la necesidad de ganar escala en un entorno global. La limitada disponibilidad de ciertas compañías estratégicas impulsa las operaciones corporativas, al igual que la presión por alcanzar mayor tamaño en mercados cada vez más competitivos.

A pesar del complejo entorno geopolítico, consideró que los equipos directivos y los consejos de administración están dispuestos a asumir esos riesgos, en la medida en que perciben un marco regulatorio más favorable tanto en Estados Unidos como en Europa y el Reino Unido. Esto ha permitido desbloquear operaciones que en el pasado habrían encontrado mayores obstáculos y explica, en su opinión, por qué el ritmo de actividad ha seguido siendo elevado también a lo largo del primer trimestre. “Este entorno seguirá siendo propicio para el arbitraje de fusiones al menos en los próximos años”, concluyó el gestor.

¿Es la inversión alternativa la respuesta al incremento de la volatilidad? Maneras de diversificar carteras, según Santander AM, BBVA y Caixabank AM

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Foto cedidaDe izquierda a derecha: Daniel Pingarrón (Natixis IM Iberia), Gisela Medina (BBVA), Fernando Sánchez (CaixaBank AM) y Cipriano Sancho (Santander AM).

El fuerte repunte de la volatilidad en los mercados en los últimos años ha revalorizado el papel de la diversificación y, en particular, de los activos alternativos como herramienta para mejorar la resiliencia de las carteras. Tanto las estrategias líquidas como las inversiones en mercados privados están ganando protagonismo en un entorno marcado por la incertidumbre macroeconómica, la dispersión de resultados y los cambios estructurales en la economía global.

Bajo este telón de fondo se celebró la conferencia “Más allá del 60/40: ¿es la inversión alternativa la respuesta al incremento de volatilidad?”, en el marco del Funds Society Alternative Summit, que contó con la moderación de Daniel Pingarrón (Natixis IM Iberia) y la participación de Gisela Medina (BBVA), Fernando Sánchez (CaixaBank AM) y Cipriano Sancho (Santander AM). El debate giró en torno al papel creciente de los alternativos en la construcción de carteras y a cómo estos activos están evolucionando para responder a las nuevas demandas de los inversores.

Uno de los mensajes clave fue el creciente apetito por los activos privados en España. Según un estudio de Natixis Investment Managers, la inversión en este segmento podría crecer a ritmos cercanos al 50% entre 2025 y 2027, impulsada en gran medida por la banca privada. En este contexto, Gisela Medina destacó un cambio relevante en las tendencias de flujos: si en 2023 el 98% se concentraba en fondos monetarios y renta fija, en 2025 esa cifra se ha reducido al 80%, con entradas hacia materias primas, criptoactivos y, especialmente, activos alternativos. Este giro responde, en su opinión, a la necesidad de diversificación y a la búsqueda de exposición directa a la economía real.

Estrategias en foco: hedge funds, mercados privados y retorno absoluto

Fernando Sánchez subrayó el renovado atractivo de los hedge funds, tras una década complicada para estas estrategias en mercados públicos. A su juicio, el cambio de régimen —con mayor volatilidad y tipos de interés más elevados— ha devuelto oportunidades a estos vehículos, que han registrado rentabilidades de doble dígito en 2025, con resultados especialmente positivos en episodios de estrés de mercado. Además, defendió su inclusión tanto en formatos UCITS como offshore, destacando su capacidad de descorrelación frente a la renta fija tradicional, que ha sufrido desde 2022.

Por su parte, Gisela Medina puso el foco en los mercados privados, subrayando la creciente relevancia de la economía no cotizada. En este sentido, lanzó una idea central: “El componente real de compañías no públicas ha crecido y tú también tienes que crecer ahí”, enfatizando que tanto la banca privada como los inversores institucionales buscan cada vez más exposición a este universo como vía de diversificación y generación de rentabilidad.

Desde la perspectiva del retorno absoluto, Cipriano Sancho incidió en la importancia de la educación financiera del inversor. Recordó que estas estrategias no deben evaluarse en términos absolutos en el corto plazo, sino en comparación con el comportamiento del mercado. En entornos de estrés, como episodios recientes de volatilidad, es razonable esperar caídas puntuales —por ejemplo, del 1%—, pero con un comportamiento relativo mejor que el de los activos tradicionales. En este sentido, advirtió contra los errores de timing y defendió la inversión estructural en bloques diversificados, en lugar de decisiones tácticas que pueden llevar a perder fases de recuperación.

Evergreens y mercados secundarios: maduración del ecosistema

El desarrollo de vehículos evergreen y el crecimiento del mercado secundario centraron otro de los bloques del debate. Sancho destacó el potencial de los fondos evergreen para atraer a la banca privada, al ofrecer acceso más flexible a activos privados. En relación con los episodios recientes de gating en algunos vehículos, llamó a la calma y a diferenciar entre regiones y estrategias: mientras que en Estados Unidos se han visto más tensiones por el rápido crecimiento y despliegue de capital en años anteriores, Europa presenta un perfil distinto, con menor apalancamiento y una base de inversiones más reciente.

En esta línea, insistió en la necesidad de comprender bien la función de los mecanismos de control de liquidez: “No hay que alarmarse”, señaló, subrayando la importancia de analizar los activos subyacentes y su rentabilidad esperada.

Gisela Medina coincidió en la necesidad de profundizar en el análisis y evitar generalizaciones, poniendo el acento en la due diligence: estructura de los vehículos, track record de los gestores, condiciones de liquidez o procesos de valoración. A su juicio, existe una responsabilidad compartida en la industria para comunicar con rigor y claridad las características de estos productos.

Fernando Sánchez, por su parte, defendió que la existencia de gatings cuando es necesario es positiva, al proteger a los inversores y a la integridad del vehículo. Asimismo, subrayó el papel de los fondos evergreen dentro del ecosistema de inversión en privados, señalando que “el evergreen es un producto complementario al fondo cerrado, permite hacer capital calls, gestionar la curva J y delegar la reinversión en el gestor especializado”, lo que facilita la operativa y mejora la experiencia del inversor. En su opinión, este tipo de vehículos ha llegado para quedarse, siempre que los inversores comprendan bien sus reglas de funcionamiento.

En cuanto a los mercados secundarios, Sancho apuntó a un fuerte crecimiento, con previsiones de alcanzar los 300.000 millones de dólares a finales de año. Este desarrollo responde tanto al aumento de la demanda de liquidez por parte de los inversores como a la presión sobre los gestores para generar salidas. Medina añadió que se trata de un proceso natural de maduración del activo, que, aunque todavía nicho, presenta un elevado potencial de crecimiento, si bien el debate sobre valoraciones sigue abierto.

La conclusión del panel se puede resumir en estas palabras de Gisela Medina, que, frente al contexto de actual de avances tecnológicos y ambición estratégica, junto con  riesgos geopolíticos y elevada incertidumbre, defendió la importancia de volver a los principios básicos de inversión. “Ante un escenario de mayor incertidumbre de todo tipo, tienes que volver a tus principios”, afirmó, destacando el papel de la diversificación y la resiliencia.

Asimismo, subrayó que “los alternativos han tenido pasado, tienen presente y por supuesto que tendrán futuro”, recordando que su valor reside precisamente en su capacidad de descorrelación y acceso a fuentes de rentabilidad diferenciadas. En este sentido, concluyó que, frente a la volatilidad y la dispersión, los activos alternativos —incluidos los líquidos— desempeñan un papel fundamental en la construcción de carteras robustas y preparadas para distintos escenarios de mercado.

Invertir en el boom de la IA: Lo que podemos aprender del pasado para tomar buenas decisiones

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invertir en el boom de la IA
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El impresionante crecimiento de la inteligencia artificial generativa ha despertado tanto entusiasmo como cautela entre los inversionistas. Empresas como Nvidia, Microsoft y Amazon han experimentado grandes subidas y bajadas en sus precios de acciones, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si estamos viendo una burbuja especulativa, como las que hemos visto antes. Para entender mejor los riesgos y oportunidades actuales, vale la pena comparar este frenesí con burbujas tecnológicas del pasado y considerar estrategias de inversión inteligentes para este momento.

Por ejemplo, el profesor Andrew Odlyzko, experto en burbujas especulativas, compara el boom de la IA con el auge del telégrafo y la iluminación eléctrica en el siglo XIX. Al principio, las empresas de telégrafo tuvieron problemas a pesar de las grandes inversiones, logrando beneficios solo después de que la industria se consolidó y terminó la Guerra Civil en Estados Unidos. De manera similar, la emoción inicial en torno a la iluminación con arco eléctrico desapareció cuando la bombilla de Thomas Edison lo superó, lo que llevó a la quiebra a muchas compañías que habían apostado por la tecnología equivocada.

Estos ejemplos históricos muestran que la incertidumbre es común con tecnologías disruptivas. La IA generativa, como el telégrafo y la iluminación eléctrica en su momento, está en una fase crítica. Aunque tiene un gran potencial, aún no está claro cuáles serán sus aplicaciones más rentables, lo que hace difícil saber si las empresas líderes de hoy mantendrán su dominio o serán superadas por nuevas innovaciones.

Otra comparativa interesante está en las diferencias entre el boom actual de la IA y burbujas anteriores, como la de las dot-com a principios de los 2000, cuando en ese entonces las valoraciones de las acciones subieron a niveles insostenibles, y las empresas tecnológicas, aunque costosas, no estaban tan sobrevaloradas.

En los últimos años, han habido menos fondos invertidos en acciones, lo que indica un enfoque más medido en comparación con el entusiasmo desenfrenado de los años 90. Por lo que se puede decir que los inversionistas parecen ser más cautelosos en la actualidad.

Cabe mencionar que muchas de las empresas que lideran la revolución de la IA son negocios bien establecidos y rentables, con ingresos sólidos. Esto es muy diferente de la era dot-com, donde muchas de las nuevas empresas no tenían modelos de negocio probados ni eran rentables.

Pero entonces, ¿cómo deberían los inversionistas enfrentar el mercado de la IA? Aquí podemos destacar 3 claves importantes que los inversionistas deben considerar para tomar buenas decisiones:

1. La diversificación es esencial: Aunque la inteligencia artificial tiene un gran potencial, también conlleva riesgos. Diversificar tus inversiones en diferentes sectores puede ayudar a mitigar estos riesgos y protegerte de posibles pérdidas si el mercado se vuelve volátil. De esta manera, tu portafolio no estará demasiado expuesto a la incertidumbre de un solo sector, como la IA.

2. Buscar asesoría profesional: Dada la complejidad del mercado de la IA y su potencial tanto para grandes ganancias como para caídas repentinas, es vital contar con un asesor financiero experimentado. Un buen asesor te
ayudará a tomar decisiones basadas en fundamentos sólidos en lugar de dejarte llevar por la emoción del momento.

3. Paciencia y perspectiva a largo plazo: El éxito final de la IA probablemente dependerá de la aparición de una aplicación que impulse su adopción masiva y rentabilidad. Así como el correo electrónico se convirtió en el gran éxito inesperado de los primeros días de internet, podría surgir una innovación basada en inteligencia artificial que aún no hemos previsto. Los inversionistas deben ser pacientes y centrarse en el crecimiento a largo plazo en lugar de buscar ganancias rápidas.

Aunque el mercado de la IA hoy en día podría parecer una burbuja especulativa, también está basado en el potencial real de una tecnología que podría transformar el mundo. La mejor estrategia para los inversionistas es diversificar sus portafolios, buscar asesoría financiera profesional y mantener una perspectiva a largo plazo. Aprender de las burbujas pasadas y confiar en expertos puede ayudarte a aprovechar las oportunidades tecnológicas sin caer en las trampas del mercado.

Este enfoque no solo te protege de posibles pérdidas, sino que también te posiciona para aprovechar las oportunidades que surgirán con la próxima ola de innovación tecnológica.

Fuentes: Visual Capitalist, Investing.com, y The Economist.

A 35 años de la “nueva banca” en México: de la reprivatización al reto digital

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A 35 años de que México iniciara la construcción de una “nueva banca”, estos intermediarios enfrentan una transformación tan profunda como la que detonó la reprivatización impulsada por el gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Aquella reforma no sólo cambió la propiedad de la banca, redefinió su papel en la economía mexicana. Hoy el reto también es mayúsculo y los vientos de cambio parecen incontenibles.

La reprivatización bancaria de hace tres décadas y media fue una respuesta directa a la nacionalización de 1982, considerado uno de los grandes errores históricos en la economía mexicana. Tan grave, que para muchos analistas fue una de las causas directas que hundió en esa década a México en la crisis más profunda que ha vivido este país en la era moderna. Entre 1991 y 1992 se vendieron instituciones clave que permitieron poco a poco restablecer la confianza, en dicho proceso de reprivatización se recaudó alrededor de 12.000 millones de dólares.

El modelo que emergió apostó por: capital privado nacional, modernización operativa y expansión del crédito. Sin embargo, la historia posterior demostraría que la transición no estuvo exenta de costos. La banca privatizada enfrentó rápidamente su primera gran prueba con la crisis financiera de 1994–1995, que derivó en rescates, reconfiguración del sistema y, eventualmente, en la entrada masiva de capital extranjero a finales de los noventa.

Desde entonces, el sistema bancario mexicano evolucionó hacia: mayor solidez regulatoria, concentración en grandes grupos financieros y estabilidad macrofinanciera. Hoy, la banca llega a 2026 en una posición estructuralmente más sólida, incluso con niveles de morosidad históricamente bajos y mejores estándares de capitalización, aunque con desafíos persistentes en profundidad financiera.

Radiografía actual: una banca sólida pero limitada

A 35 años de la reprivatización, el sistema bancario mexicano muestra claras señales de contraste; por ejemplo, cerca de 63% de los adultos tienen acceso a una cuenta, lo que refleja avances en bancarización, pero también rezagos importantes ya que persisten alrededor de 20 millones de personas fuera del sistema financiero formal y el uso de efectivo sigue siendo dominante, limitando el alcance del sistema. En otras palabras, la banca mexicana es estable, pero poco profunda para el tamaño de la economía del país.

El sector bancario mexicano enfrenta una serie de desafíos estructurales reconocidos incluso por los propios protagonistas del sistema:

1. Inclusión financiera: A pesar de avances, millones de mexicanos siguen excluidos, sobre todo en el interior del país. El reto consiste en integrar a población sin historial crediticio ni acceso formal.

2. Reducción del uso de efectivo: El efectivo sigue siendo dominante, lo que limita la trazabilidad, el crédito y la productividad.

3. Competencia fintech: Los nuevos jugadores digitales están captando segmentos desatendidos con modelos más ágiles, el sistema bancario tradicional es cada vez menos utilizado, los modelos bancarios con sucursales físicas enfrentan una crisis que amenaza con desaparecerlos.

4. Regulación vs innovación: La tecnología avanza más rápido que el marco regulatorio, generando tensiones en supervisión y desarrollo. La obsolescencia del marco regulatorio en México ha generado lagunas legales que de vez en cuando provocan riesgos adicionales moderados, pero riesgos al fin.

5. Profundización del crédito: México sigue teniendo niveles de crédito al sector privado relativamente bajos frente a otras economías; una economía sin crédito o con poco crédito, es una economía con bajo crecimiento presente y futuro.

Treinta y cinco años después, la “nueva banca” que surgió de la reprivatización vuelve a estar en un punto de inflexión. Si en los noventa el reto fue pasar del Estado al mercado, hoy el desafío es pasar del banco tradicional al ecosistema digital e inclusivo. El desenlace de esta nueva transición definirá no sólo el futuro del sistema financiero, sino también su capacidad para impulsar el crecimiento económico de México en las próximas décadas.

Hoy, después de aquel histórico proceso de reprivatización bancaria impulsado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el sistema financiero mexicano presenta una combinación poco común en economías emergentes: alta solidez macroprudencial con baja profundidad crediticia.

En 2026, la banca mexicana exhibe fundamentos robustos: Índices de capitalización (ICAP) consistentemente por encima de requerimientos regulatorios; Índice de morosidad (IMOR) en niveles históricamente bajos; Amplia liquidez estructural y Supervisión alineada con estándares de Basilea III.

Sin embargo, estos indicadores conviven con una baja intermediación financiera: crédito al sector privado como proporción del PIB significativamente inferior al de economías comparables; alta concentración de activos en pocos intermediarios y penetración limitada del crédito en segmentos PyME y población no bancarizada. Este desequilibrio refleja un sistema más orientado a estabilidad que a expansión crediticia.

Nuevo entorno competitivo: fintech y desintermediación

El sistema bancario mexicano enfrenta una presión creciente derivada de la digitalización, con la entrada de neobancos y fintech con modelos asset-light, expansión de pagos digitales (SPEI, CoDi) y el uso intensivo de analítica de datos y scoring alternativo. Estos actores están atacando segmentos históricamente desatendidos, reduciendo barreras de entrada y presionando spreads, costos operativos así como modelos tradicionales de captación y colocación. El fenómeno apunta hacia una desintermediación parcial del sistema bancario tradicional.

Los retos estratégicos son claros: Profundización financiera sin deterioro de cartera; expandir crédito manteniendo disciplina prudencial; inclusión con rentabilidad; incorporar segmentos de alto riesgo relativo sin comprometer ROE; transformación digital; migrar hacia modelos híbridos (banca + tecnología) con eficiencia operativa; competencia y regulación; equilibrar piso parejo entre banca tradicional y fintech; concentración de mercado y reducir barreras estructurales que limitan la competencia efectiva.

Perspectiva: ¿nuevo cambio de régimen?

A 35 años de la reprivatización, la banca mexicana enfrenta un posible segundo cambio estructural; la primera gran transformación moderna en la década de los noventa le otorgó solidez y marco institucional, mientras que la transformación actual enfrenta el reto de llevarla a un cambio de modelo operativo, tecnológico y competitivo.

No se trata de un reto menor, la banca de México debe transitar de un sistema sólido pero limitado, hacia uno más profundo, inclusivo y competitivo, pero sin comprometer la estabilidad que ha caracterizado al sector en las últimas tres décadas. En ese sentido, la banca mexicana se encuentra nuevamente en un punto de inflexión, donde la capacidad de adaptación definirá su relevancia en el ecosistema financiero del futuro.

Pero, los analistas coinciden en que el principal dilema estructural de la banca mexicana es cómo expandir el crédito sin comprometer la calidad de los activos, en un entorno donde el sistema ha privilegiado históricamente la estabilidad. Tras la crisis de 1994–1995, la banca (ahora mayoritariamente en manos de grupos globales) internalizó una cultura de riesgo conservadora con modelos de crédito basados en scoring tradicional, fuerte dependencia de historial formal y segmentación estricta de clientes.

El resultado: IMOR bajo (cartera sana), ROE relativamente alto, impulsado por spreads, pero crecimiento crediticio limitado. ¿Cómo romper este equilibrio sin generar un deterioro sistémico?.

La respuesta parcial parece estar en las fintech y neobancos, intermediarios que han demostrado que es posible servir a segmentos masivos con estructuras ligeras (asset-light), así como construir modelos rentables basados en volumen y datos. Sin embargo también es un hecho que no será una transición fácil ni exenta de riesgos. factores como la presión sobre los márgenes del negocio, la regulación asimétrica, el riesgo reputacional en segmentos vulnerables, así como la ciberseguridad, tendrán mucho que ver en el éxito-

El sistema financiero mexicano se enfrenta a una redefinición de su función: de intermediarios tradicionales a plataformas de servicios financieros digitales. La inclusión ya no es solo un objetivo social, sino un vector de crecimiento estructural.

Los retos están profundamente conectados: Más inclusión, más profundidad financiera, mejor medición de riesgo e inclusión rentable. A A 35 años de la reprivatización el sistema enfrenta un desafío más sofisticado: crecer sin perder estabilidad y expandirse sin perder rentabilidad.

La banca mexicana hoy

La banca en México ha sentado las bases en las últimas décadas para su crecimiento, pero sobre todo para su estabilidad, las cifras lo reflejan.

En 2025 el sistema bancario mexicano generó utilidades por 304.400 millones de pesos (16.911,11 millones de dólares), ligando cinco años de máximos históricos en este rubro, con un crecimiento real anual de 1,1%. En el país operan 51 bancos, pero existe una elevada concentración del sistema ya que solamente 7 instituciones están consideradas como sistémicas ya que concentran la mayor parte del mercado, mientras que apenas 9 bancos generan el 83% de las utilidades.

Para efectos prácticos, estamos frente a un sistema bancario oligopólico con alta concentración de ingresos y activos.

Si analizamos la profundidad financiera los contrastes en el sector son evidentes; el crédito al sector privado equivale al 37% del PIB, ha crecido pero todavía está muy por debajo de las principales economías de la OCDE.

Así, a 35 años de la reprivatización todos los análisis coinciden. La banca mexicana es un sistema altamente rentable y estable, pero estructuralmente poco profundo. El reto hacia adelante no es estabilidad (ya lograda), sino: escala de crédito, inclusión financiera y transformación digital competitiva.

Campaña Renta 2025: claves para transformar los cambios fiscales en decisiones financieras inteligentes

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La campaña de la declaración de la Renta 2026, correspondiente al ejercicio fiscal 2025, comienza el 8 de abril de 2026 con la presentación por internet y finalizará el 30 de junio de 2026. Se trata de un periodo que ha dejado de ser un mero trámite anual para convertirse en un momento clave para la planificación financiera. En un contexto de mayor automatización y con cambios fiscales que afectan a millones de contribuyentes, el verdadero valor ya no está solo en cumplir con Hacienda, sino en interpretar esos cambios y traducirlos en decisiones que optimicen la situación financiera de cada contribuyente.  

En este escenario, EFPA España ha elaborado un documento donde analiza algunos de esos cambios fiscales más relevantes y cómo se pueden traducir en decisiones financieras que permitan, con la ayuda de asesores financieros profesionales, optimizar la factura fiscal.  En definitiva, la campaña de la Renta ya no es un ejercicio de cumplimiento, sino un punto de control para la planificación financiera del cliente.

1. Nueva deducción por rendimientos del trabajo bajos

Una de las principales novedades del ejercicio 2025 es la introducción de una deducción específica para contribuyentes con rentas del trabajo reducidas. Esta deducción puede alcanzar hasta 340 euros y se aplica a contribuyentes con rendimientos del trabajo inferiores a aproximadamente 18.000 € – 18.276 €, así como a aquellos con rentas distintas del trabajo limitadas. El importe se reduce progresivamente a medida que aumentan los ingresos. El impacto es directo en cuota, por lo que, aunque la cuantía no es elevada, sí tiene un efecto inmediato en perfiles de renta baja o media-baja.

Desde el punto de vista de la planificación financiera, esta medida permite analizar si resulta conveniente ajustar retenciones, anticipar ingresos o diferirlos (cuando sea posible), evaluando su impacto en la liquidez disponible. No se trata de una gran ventaja fiscal, pero sí de una herramienta de micro-optimización relevante para este tipo de perfiles.

2. Obligación de declarar: cambios en el límite cuando hay varios pagadores

En el ejercicio 2025 se ajusta el límite de obligación de declarar en casos de múltiples pagadores, situándose en 22.000 € para contribuyentes con un solo pagador y en 15.876 € para aquellos con dos o más pagadores. Este cambio afecta especialmente a contribuyentes que han cambiado de empleo durante el ejercicio o que han percibido prestaciones por desempleo. En la práctica, implica que más contribuyentes estarán obligados a presentar la declaración, incluso con ingresos relativamente moderados.

En estos casos, el asesor financiero puede desempeñar un papel clave revisando las retenciones para evitar resultados a pagar y ayudando a planificar los pagos, con el objetivo de prevenir tensiones de liquidez durante la campaña. Aquí, el valor del asesoramiento no radica tanto en el ahorro fiscal, sino en la gestión de expectativas y en evitar desequilibrios financieros.

3. Prestaciones por desempleo: eliminación de la obligación específica

En esta campaña se elimina la obligación específica que existía en determinados supuestos para perceptores de prestaciones por desempleo. A partir del ejercicio 2025, estos contribuyentes pasan a regirse por los límites generales del IRPF, como cualquier otro. No obstante, en la práctica, la percepción de prestaciones suele implicar la existencia de dos pagadores, lo que mantiene la obligación de declarar en muchos casos. Por ello, es importante no asumir que “no hay que declarar” y analizar cada situación concreta.

El asesor financiero puede ayudar a evaluar el impacto de esta situación —especialmente en relación con los niveles de retención— y a anticipar posibles resultados a pagar, diseñando un plan que evite tensiones de liquidez. En este contexto, también cobra relevancia la gestión emocional del cliente, especialmente en casos de mayor vulnerabilidad.

4. Base del ahorro: estructura sin cambios, pero con impacto real

La tributación del ahorro no presenta cambios estructurales en este ejercicio, manteniendo la escala vigente. Sin embargo, el impacto real no reside en los tipos, sino en la correcta gestión de la base imponible. Las pérdidas patrimoniales pueden compensarse con ganancias del mismo ejercicio y de los cuatro años anteriores. En contribuyentes con inversiones o ventas puntuales, esta posibilidad puede reducir de forma significativa la carga fiscal.

Por ello, resulta clave contar con asesoramiento profesional para activar estrategias como la compensación de pérdidas y ganancias, la venta táctica de activos o la integración de la fiscalidad en las decisiones de rotación de carteras. En este ámbito, el asesor financiero aporta un valor diferencial al integrar la fiscalidad dentro de la gestión global de las inversiones.

5. Alquiler de vivienda: nueva estructura de reducciones

El tratamiento fiscal del alquiler de vivienda habitual se consolida con una nueva estructura de reducciones. La reducción general se sitúa en el 50%, con posibilidad de incrementarse hasta el 90% en determinados supuestos en zonas tensionadas con rebaja de precio; hasta el 70% en alquiler a jóvenes en estas zonas; y hasta el 60% en casos de rehabilitación reciente. Más allá del porcentaje aplicable, la clave está en el cumplimiento riguroso de los requisitos, ya que una aplicación incorrecta puede dar lugar a regularizaciones posteriores.

Estos cambios introducen nuevos elementos a considerar en la toma de decisiones sobre inversión en activos inmobiliarios, como el equilibrio entre beneficio fiscal, perfil del inquilino y rentabilidad neta esperada.

6. Deducciones autonómicas: principal fuente de ahorro no automatizado

Las deducciones autonómicas continúan siendo uno de los elementos más relevantes y, al mismo tiempo, menos aprovechados por los contribuyentes. Incluyen conceptos como alquiler de vivienda, gastos educativos, nacimiento o adopción y determinadas situaciones familiares. Sin embargo, no siempre aparecen correctamente reflejados en el borrador, por lo que requieren una revisión activa para que su correcta aplicación suponga un ahorro directo significativo. 

A la hora de analizar el ejercicio 2025, encontramos diversas novedades autonómicas que ilustran de forma clara cómo funcionan estas deducciones y por qué es tan importante revisarlas con detenimiento. Estas medidas, aunque sencillas en apariencia, muestran hasta qué punto los cambios normativos pueden traducirse en un ahorro directo para el contribuyente si se aplican correctamente:

  • En Andalucía, por ejemplo, la Junta incorpora una nueva deducción del 15% de las cuotas deportivas, con un límite de 100 € anuales, que además se aplica de forma retroactiva a los pagos efectuados durante 2025. 
  • En Canarias, Cantabria y Valencia, determinados tratamientos odontológicos pueden reducir la cuota del impuesto hasta en 840 €, dependiendo de la comunidad, siempre que el contribuyente introduzca manualmente estos gastos en su declaración. 
  • En Cataluña, los jóvenes menores de 35 años que viven de alquiler pueden beneficiarse de una deducción autonómica fija de 500 € (300€ en 2024), siempre que cumplan los requisitos relativos a edad, ingresos y acreditación del contrato de arrendamiento. 

En este contexto, el asesor financiero se convierte en una figura clave para integrar la fiscalidad en las decisiones financieras del cliente, facilitar una toma de decisiones informada y, en definitiva, transformar cambios fiscales en decisiones financieras, uno de los principales valores diferenciales del asesoramiento profesional.

Más FOMO, pero con precaución ante el riesgo de una corrección de gran magnitud

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FOMO y riesgo de corrección
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Las instituciones financieras globales (GFI) tenían muchas preguntas a comienzos de 2025: ¿se convertirían las promesas de campaña de Donald Trump en política de gobierno en Estados Unidos? ¿Veríamos divergencias regionales en la orientación de la política fiscal y monetaria? ¿Se cansarían por fin los inversionistas de unos niveles de deuda pública en constante aumento? Doce meses después, aunque algunas de esas preguntas se han respondido de forma contundente, las respuestas han generado nuevas dudas y aún más incertidumbre.

Para comprender mejor las preocupaciones de nuestros clientes y poder anticipar mejor sus necesidades, llevamos varios años agregando los informes públicos de perspectivas de muchas de las principales instituciones financieras globales (GFI). Esto ofrece información sobre cómo están pensando el año que comienza y, lo que es igual de importante, cómo va cambiando ese pensamiento con el tiempo. Y lo que resulta evidente es que las GFI han iniciado el año incluso más optimistas que en el anterior, aunque con sentimientos encontrados.

FOMO es real, incluso para las grandes instituciones:

Pese a la inquietud sobre la posibilidad de una burbuja impulsada por la inteligencia artificial, los altos precios de los activos de riesgo y las preocupaciones por la trayectoria de la deuda pública, especialmente en los mercados desarrollados, las GFI han comenzado el año con una posición de mayor riesgo. Pero se trata de un risk-on cauteloso. Esto se debe a que, si bien el aumento de los precios de los activos no puede continuar para siempre, nadie quiere aún correr el riesgo de abandonar la fiesta demasiado pronto.

Y, si se observan los datos, el motivo se vuelve evidente. Los puntos de partida importan en la inversión, porque son un factor significativo en la probabilidad de éxito a largo plazo. Intuitivamente esto tiene sentido: mientras más bajo sea el precio de entrada, mayor será el rango de resultados posibles en los que se den las condiciones para que el precio suba en el largo plazo y viceversa.

A corto plazo, sin embargo, siempre existe la posibilidad de que los mercados consigan una última subida. Esa es la mentalidad FOMO.


Las GFI consideran que la IA seguirá siendo una fuerza importante tanto para la rentabilidad de corto plazo como para la productividad de largo plazo, pero con mayor exigencia de resultados tangibles en 2026.


No obstante, desde una perspectiva de asignación de activos, hay motivos para mantener la estrategia.

Lo bueno y lo malo de 2025:

Muchas de las proyecciones de las GFI para 2025 fueron acertadas: esperaban que el rally de la renta variable estadounidense continuara y que el dólar alcanzara su máximo, abriendo oportunidades en los mercados emergentes. Al mismo tiempo, proyectaban oportunidades en los bonos globales y eran optimistas sobre el crédito con grado de inversión y los bonos de alto rendimiento, pese a que estos últimos ya se consideraban caros.

Por otro lado, la fuerte preferencia por la renta variable estadounidense frente a la europea resultó menos gratificante, al igual que la visión de que el mercado accionario de Estados Unidos se ampliaría.

Contexto macro: Nacionalismo económico, oportunidades de infraestructura y la promesa de productividad de la inteligencia artificial

Desde el principio de 2026, un nacionalismo económico agresivo se ha abierto paso hasta el primer plano, como lo demuestran los acontecimientos en Venezuela. El avance sostenido del nacionalismo económico es uno de los temas clave de largo plazo que las GFI esperan que moldee los mercados. Sin embargo, aunque los distintos bloques geopolíticos aspiran a alcanzar la autosuficiencia, cada uno parece adoptar su propio enfoque. Estados Unidos se centra en la relocalización y la seguridad de las cadenas de suministro. Asia se enfoca en la inteligencia artificial, con China concentrada en el producto final, mientras que países como Corea y Taiwán se orientan hacia la cadena de suministro de inteligencia artificial en su conjunto. Europa, por el contrario, sigue centrada en la política fiscal y la infraestructura. En este contexto, las GFI han destacado de forma reiterada las oportunidades de inversión vinculadas a la autonomía estratégica, como la infraestructura y la defensa, como áreas de oportunidad.

Por otro lado, la sostenibilidad de la deuda pública sigue siendo un área clave de preocupación, especialmente porque se espera que el repliegue de la globalización vaya acompañado de políticas proteccionistas, mayor fricción comercial y controles de inmigración más estrictos, todo lo cual podría reducir la eficiencia económica y limitar los programas de inversión pública.

El otro gran eje a nivel macroeconómico es el ascenso inexorable de la inteligencia artificial. La nueva realidad de la inteligencia artificial fue ineludible en 2025 y se espera que continúe dominando la dinámica económica y la inversión corporativa. Aunque persisten preocupaciones en todos los niveles, la mayoría de las GFI mantienen una visión positiva sobre la tecnología, esperando que sea un motor poderoso de rentabilidad a corto plazo y productividad a largo plazo. Una creencia compartida de manera generalizada es que esto debería ayudar a compensar algunas de las restricciones de oferta laboral esperadas como resultado del envejecimiento de la población en los mercados desarrollados y la desaceleración de la migración.

Sin embargo, existe acuerdo en que los inversionistas probablemente ya superaron la fase de “comprar el sueño” de la inteligencia artificial y que en 2026 esperarán ver resultados más tangibles.

Según Mabrouk Chetouane, estratega de mercados de Natixis IM: “Aunque es fundamental recordar que una burbuja financiera no puede observarse con certeza en tiempo real, no vemos ninguna indicación de que estemos actualmente en una burbuja tecnológica o de inteligencia artificial. De hecho, creemos que la corrección del mercado para el sector de software a principios de 2026 fue excesiva. El costo de oportunidad de una subexposición a la tecnología podría ser considerable, y ese es un riesgo que muchos inversionistas no están dispuestos a asumir”.

Si estos resultados se materializan y cumplen o superan las expectativas, las GFI esperan un nuevo auge tecnológico. Pero, si no, los pronósticos son más pesimistas. En ambos escenarios, sin embargo, quedó claro que la necesidad de gestión activa será crucial, ya que las GFI esperan que surjan ganadores y perdedores claros; es decir, la marea podría dejar de levantar todos los barcos.

Renta variable: Confianza renovada en Europa en medio de visiones neutrales para Estados Unidos y expectativas de alza en mercados emergentes

En cuanto a las perspectivas para la renta variable, el mayor cambio en las actitudes de las GFI a comienzos de 2026, en comparación con 2025, es la visión sobre Europa. En 2025, las GFI eran neutrales o negativas sobre las perspectivas de la renta variable europea. Este año, sin embargo, esa visión se ha invertido. La gran mayoría se muestra positiva con respecto a las acciones de la región, con un pequeño número aún neutral. Este optimismo se debe en gran medida a los efectos esperados de la flexibilización fiscal y al crecimiento en sectores como defensa y las empresas vinculadas a la transición verde.

En cuanto a la renta variable de Estados Unidos, el consenso sigue siendo que veremos un fuerte crecimiento de utilidades en el sector tecnológico, especialmente en las compañías involucradas en la infraestructura de inteligencia artificial. No obstante, mientras que todos los informes de GFI que revisamos en 2025 eran alcistas sobre las perspectivas de la renta variable estadounidense, algunas instituciones han moderado esa visión a neutral para 2026.

Otro de los consensos clave es una alta convicción en las oportunidades dentro de los mercados emergentes asiáticos, impulsada en gran medida por la debilidad del dólar estadounidense y por la expectativa de que estos mercados sean beneficiarios de la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.


En renta fija, la deuda de mercados emergentes y el crédito europeo siguen destacando por sus ventajas esperadas en rendimiento y volatilidad


Renta fija: Sesgo negativo en crédito de Estados Unidos, pero mercados emergentes y grado de inversión europeo ofrecen puntos brillantes

El crédito con grado de inversión en Estados Unidos fue la subclase de activos que presentó el mayor cambio en las opiniones de las GFI en los últimos doce meses. De las 18 perspectivas de GFI que revisamos en 2025 y que incluían una opinión sobre este segmento, 17 eran positivas y una neutral. En 2026, de las 17 que expresaron una visión, 5 fueron negativas, 6 neutrales y 6 positivas.

Aunque el crédito estadounidense concentró el giro negativo más marcado, las actitudes hacia la renta fija fueron menos positivas casi en todos los frentes. La única excepción fue la deuda de mercados emergentes, donde el consenso apunta a un rendimiento sólido gracias a la combinación de un dólar más débil, menor inflación y mayores rendimientos reales.

También hubo cierto entusiasmo por las oportunidades que ofrecían los bonos europeos con calificación de inversión, que se beneficiaron de la expectativa de que esos instrumentos seguirían mostrando una volatilidad menor que sus homólogos estadounidenses y ofrecerían un mejor rendimiento.

En general, las instituciones financieras globales esperan que las clases de activos sensibles a las tasas, como los bonos del Tesoro a corto plazo, el crédito con grado de inversión y los bienes raíces, se beneficien de la flexibilización monetaria y el aumento de la pendiente de la curva de rendimiento. «Y la flexibilización monetaria», según Julien Dauchez, Head del Grupo de Soluciones para Clientes de Natixis Investment Managers, «está claramente en la agenda de la mayoría de las instituciones financieras globales. Las asignaciones a efectivo por parte de sus propios inversores siguen siendo una preocupación en el entorno actual».

Alternativos: Metales preciosos siguen en foco en medio de mayores oportunidades en activos de transición energética

Dado lo sólido de su desempeño en 2025, no sorprende que el oro, y los metales preciosos en general, ocupen un lugar destacado en las perspectivas de GFI para 2026. Se mantiene la expectativa de que el oro continúe actuando como cobertura en un contexto de flexibilización monetaria y persistente incertidumbre geopolítica este año. De hecho, los metales preciosos encabezaron la lista como la sobreponderación más fuerte en las perspectivas de GFI que revisamos.

De forma similar, se espera que las materias primas, la infraestructura y los instrumentos inmobiliarios vinculados a la transición energética, como el cobre y el litio, se beneficien de las tendencias macroeconómicas en curso.

Dos temas recurrentes en las perspectivas de GFI que revisamos fueron la necesidad de diversificación y la importancia de ser selectivos. Dauchez concluye: “Una de las principales conclusiones del GFI Outlook 2026 es el llamado a la diversificación. El hecho de que las GFI se muestren igualmente alcistas y sobreponderadas en todos los segmentos de renta variable, en la mayoría de los segmentos de renta fija, en alternativos y en materias primas es una señal clara a favor de la diversificación”.

Aunque la visión general a través de las clases de activos es positiva para el riesgo, crece el recuerdo de que no todo puede ser ganador todo el tiempo, especialmente ante la gran cantidad de incógnitas conocidas que enfrentan los mercados. En consecuencia, los inversionistas están adoptando cada vez más un enfoque equilibrado, evitando concentraciones excesivas y diversificando sus portafolios.

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Posicionamiento, diversificación y paciencia

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posicionamiento diversificación y paciencia
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Llevamos semanas navegando lo que podría convertirse en el mayor shock económico desde el COVID. La tregua aporta algo de alivio, pero la falta de visibilidad continúa siendo el rasgo dominante del entorno. Y aquí, el punto crítico sigue siendo el Estrecho de Ormuz.

El estrecho continúa cerrado. Los mitigantes parciales —rutas alternativas desde Arabia Saudí y Emiratos, reservas estratégicas y almacenamiento flotante— son de naturaleza temporal y pueden sostener el suministro hasta finales de mes. A partir de ahí, el mercado enfrentaría un déficit de oferta de alrededor del 10%, el doble del actual.

En un mercado con una demanda tan inelástica, el ajuste en ausencia de resolución no sería gradual: el barril podría necesitar escalar hacia los 160 dólares para reequilibrar oferta y demanda.

El problema, además, no se limita al crudo. Los productos refinados —gasóleo, queroseno, gas natural— están sufriendo una escasez más severa y han registrado incrementos incluso superiores a los del propio barril.

Macro de fondo y señales de desescalada

Con todo, la macro de fondo no ha variado sustancialmente a pesar de los titulares. La economía global es hoy menos dependiente del petróleo que en episodios anteriores.

La intensidad de uso del crudo por unidad de PIB ha caído un 60% desde el embargo árabe de 1973, y cerca de un 20% solo en la última década. Eso no implica inmunidad frente a subidas adicionales, pero sí eleva el umbral a partir del cual un shock energético puede desencadenar una recesión.

Además, comienzan a emerger señales —todavía incipientes— de desescalada. El parlamento iraní ha aprobado un mecanismo de peaje en Ormuz, lo que sugiere una preferencia por monetizar el paso antes que mantenerlo indefinidamente cerrado.

En Estados Unidos, las probabilidades de un giro demócrata en las legislativas han aumentado de forma notable —se estima un 56% de posibilidades de recuperar el control del Senado, frente al 40% de finales de febrero—, y el índice de aprobación de Trump ha descendido al 41,5%, próximo a los mínimos de Biden. Este contexto refuerza los incentivos para contener una escalada prolongada, aunque no garantiza un acuerdo definitivo con Irán. Trump necesita, antes de noviembre, reorientar la narrativa hacia asuntos domésticos si quiere preservar el control del Senado. De perder ambas cámaras, el escenario podría cambiar de forma significativa.

Política monetaria: el “put” sigue vigente

En el plano monetario, las expectativas de mercado han virado hacia un perfil de tipos excesivamente restrictivo: de dos recortes a ninguno en Estados Unidos este año, y de cero a casi tres subidas en la zona euro.

La Fed ha sido explícita al respecto: no contempla subir tipos como reacción automática a un shock del petróleo. El sesgo de fondo es acomodaticio en los dos escenarios razonables: si el shock se modera, la inflación puede sorprender a la baja a corto plazo; si persiste, el daño al crecimiento terminará forzando una postura más laxa. En ambos casos, el “put” monetario no desaparece —cambia el motivo, pero sigue presente—.

Estrategia de inversión: convicción en la volatilidad

En cuanto a la estrategia de inversión, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable. Si la volatilidad se prolonga, la aprovecharíamos para incrementar posiciones. A corto plazo, sin embargo, los inversores pueden estar mostrando cierta complacencia respecto a la tregua: el tránsito por Ormuz sigue interrumpido y el S&P 500 ha corregido con rapidez la situación de sobreventa; el Nasdaq, tras la fuerte recuperación en software, ha entrado de hecho en sobre compra (RSI>70) y el % de acciones que cotizan por encima de su media móvil de 50 sesiones se ha situado en zonas que coinciden con consolidación en el precio del índice.

Las valoraciones del S&P 500 se han comprimido un 12% desde los niveles previos al ataque. Vigilamos dos elementos en particular. El primero de ellos es la experiencia histórica. En las últimas cuatro crisis energéticas —el embargo de 1974, la revolución iraní de 1978, la primera Guerra del Golfo y la invasión de Ucrania— se observó una caída mediana de la actividad industrial de alrededor de seis puntos de PMI en los dos trimestres siguientes. Sin embargo, la recuperación posterior a la Guerra del Golfo de 1990 fue rápida, y las encuestas manufactureras globales vienen repuntando desde enero. En Estados Unidos, el Empire de Nueva York —primera encuesta regional en publicarse, aunque volátil— ha subido con fuerza desde los niveles de marzo (de -0,2 a 11), y el informe de la Fed de Filadelfia también sorprende positivamente (de 18,1 a 26,7).

La actualización del Libro Beige publicada esta semana mantiene el tono de las entregas más recientes y no refleja un deterioro material atribuible a la guerra, en línea con los comentarios de varios CEOs de grandes bancos estadounidenses que, pese a reconocer la incertidumbre geopolítica, declaran que la actividad de negocio no ha sufrido un impacto significativo.

En la misma línea, el informe del FMI Global Economy in the shadow of war describe un escenario de recuperación frágil con elevada dispersión entre geografías, pero apenas revisa a la baja su proyección de crecimiento global para 2026 (del 3,4% al 3,1%), manteniendo sin cambios la estimación para 2027 (+3,2%). Como hemos señalado en semanas anteriores, el carácter exportador neto de energía de Estados Unidos lo sitúa en una posición más cómoda que la de economías más dependientes de las importaciones, como las europeas.

El segundo elemento son los resultados empresariales. Con la temporada de publicación del primer trimestre en marcha, es posible que algunos equipos gestores adopten un tono más conservador ante la falta de visibilidad. Por ahora, con unas cuarenta compañías habiendo presentado resultados, el 79% supera las estimaciones de consenso, lo cual es positivo. Las revisiones de BPA, sin embargo, continúan tendiendo a la baja, lo que ejercerá presión sobre unas expectativas que se han revisado al alza en torno al 4,5% desde el inicio del conflicto. Ya vivimos algo similar en abril del año pasado, cuando el Día de la Liberación desencadenó un episodio de revisiones a la baja por prudencia del que el mercado se recuperó con rapidez.

Sin realizar cambios drásticos, estamos reorientando la cartera para alinearla con un escenario en el que la resolución del conflicto podría estar más próxima de lo que el mercado descuenta.

A nivel sectorial, parece oportuno aprovechar la dispersión observada en este arranque de 2026. Un ejemplo especialmente ilustrativo es la dicotomía entre la evolución del BPA y los precios en el sector tecnológico, como muestra la gráfica adjunta.

La recomendación de March Asset Management

Estamos ante un shock de oferta real que aún no se ha resuelto, y la historia ofrece una hoja de ruta razonablemente clara. El repricing de estas semanas parece haber anticipado ya buena parte del deterioro, mientras el cuadro macro de fondo —ciclo manufacturero, política monetaria y expectativas de inflación a largo plazo— se mantiene más estable de lo que los titulares sugieren. No es el momento de rotar de forma excesiva hacia sectores defensivos. Es el momento de mantener convicción en el posicionamiento, buscar diversificación a través de instrumentos con comportamiento descorrelacionado —como el oro— y aprovechar la volatilidad como punto de entrada.

 

SpainCap refuerza su Junta Directiva con nuevos nombramientos y una nueva presidencia

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nueva presidencia de SpainCap
Foto cedidaEnrique Tombas, nuevo presidente de la asociación de capital privado español.

SpainCap ha anunciado la renovación de su Junta Directiva con el nombramiento de Enrique Tombas como nuevo presidente, acompañado por Alejandro Diazayas y Lourdes Álvarez de Toledo como vicepresidentes. Asimismo, la asociación ha incorporado cinco nuevos miembros, reforzando su representatividad dentro del sector del capital privado en España.

Enrique Tombas, socio fundador y presidente de Suma Capital, cuenta con una trayectoria de más de 30 años en capital privado y banca de inversión. Antes de fundar la firma en 2007, desarrolló su carrera en distintas entidades financieras como WindCorp, Banco Urquijo o Banco Intesa-Sanpaolo. Además, formó parte de la junta directiva del FC Barcelona, donde ejerció como vicepresidente económico y tesorero entre 2015 y abril de 2020.

Por su parte, Alejandro Diazayas, socio fundador de Nexxus Iberia, asume la vicepresidencia tras una sólida trayectoria en banca de inversión y capital privado. Ha participado en más de 16 operaciones, muchas de ellas completando todo su ciclo, desde la inversión hasta la desinversión, incluyendo ventas a empresas estratégicas y salidas a bolsa. Cuenta con experiencia en sectores como alimentación, retail, consumo y servicios, y ha formado parte de los comités de inversión tanto de Nexxus Capital como de Nexxus Iberia.

Lourdes Álvarez de Toledo, partner de JME Ventures, también ha sido nombrada vicepresidenta. Licenciada en Derecho y Economía por la Universidad Carlos III de Madrid, inició su carrera en Gómez-Acebo & Pombo y se incorporó en 2012 al ecosistema inversor a través de la Fundación José Manuel Entrecanales, hoy JME Ventures. Ha sido reconocida como Mujer del Ecosistema Emprendedor en el BIGBAN Investors Congress y, desde 2022, es miembro del CFA Institute.

Nuevos miembros

En paralelo, SpainCap ha anunciado la incorporación de nuevos miembros a su Junta Directiva, en representación de destacadas firmas del sector: Abe Capital (Manuel Blanco), Clave Capital (Santiago Lozano), JME Ventures (Lourdes Álvarez de Toledo), Portobello Capital (Íñigo Sánchez-Asiaín) y Proa Capital (Fernando Ortiz).

Con estos nombramientos, la asociación refuerza su estructura de gobierno y consolida su objetivo de impulsar el desarrollo del capital privado en España, en un contexto de creciente relevancia del sector en la financiación empresarial y el crecimiento económico.