En opinión de Marco Giordano, Investment Director de Wellington Management, mucho se ha hablado de política monetaria y poco de política fiscal. Según su visión, el cambio de foco es clave: “Estamos en un momento en que, a menos que suframos un crack de petróleo, los principales bancos centrales están más centrados en la narrativa que en la acción. En cambio, la política fiscal va a ser mucho más activa. Entraremos en una fase en la que debemos entender las políticas fiscales de los diferentes países para comprender el mercado de renta fija y la política monetaria”.
En el contexto actual marcado por la geopolítica y la guerra entre EE.UU. e Irán -con el aumento del precio del petróleo y el gas como principal consecuencia en los mercados- para Giordano, el riesgo real de la inflación está en la potencial reacción de los gobiernos de cara a un shock inflacionista. “Ahora mismo es el precio del petróleo lo que podría llevarnos a un shock inflacionista, pero para mí lo relevante es el impacto que tienen las medidas que tomen los países ante un shock de este tipo. Es decir, que se repita lo que vimos en 2022, gobiernos aprobando con grandes medidas sin targets específicos y mayor emisión de deuda pública, ante un nivel de inflación por encima del 2%”, aclara. En este sentido, el director de inversiones de Wellington Management considera que los inversores no están teniendo en cuenta esta lectura sobre la inflación y no están preparando sus carteras.
Deuda pública: en qué parte de la curva emitir
Según su análisis, este aumento del déficit público ha coincidido con un importante desapalancamiento de las familias y de las empresas, lo cual ha cambiado en gran medida las oportunidades del mercado de renta fija. “En términos de deuda pública, es cierto que hay una potencial diferenciación entre los distintos países. Y esto ocurre en un momento en el que, mientras la inflación se mantenga en torno al 2%, va a ser difícil que los bancos centrales intervengan y absorban esa deuda. Sin embargo, lo más interesante es el siguiente paso: ¿en qué momento los mercados van a exigir un ajuste del gasto público y cómo lo van a hacer? Para mí, este es el elefante en la habitación para el mercado de renta fija”, afirma Giordano.
En este sentido, el Investment Director de Wellington apunta directamente a EE.UU. En su opinión, el país tiene un déficit estructuralmente muy alto -acorde a un periodo de crecimiento negativo-, en la parte final del actual ciclo económico, que está siendo muy largo. “Diría que esto es posible por varios motivos, pero los principales son que Estados Unidos siempre juega con las reglas del juego diferentes a todos los demás porque su divisa es reserva global, por lo que siempre hay una demanda persistente de activos en dólares. Muestra de ello es que, de momento, los mercados siguen asumiendo estas emisiones del tesoro americano”, comenta.
Una tendencia que ha observado Giordano es que los gobiernos están tomando conciencia de la demanda que existe de emisiones en distintos puntos de la curva por parte de inversores y están ajustando su emisión a ello. “Aunque estamos viendo emisiones estructuralmente más altas por parte de los gobiernos, lo cierto es que están adaptando sus emisiones para que su impacto sea menor y además están buscando otros pools de capital para asumir esas emisiones. Esta tendencia supone una oportunidad para los inversores porque supone un importante potencial de diferenciación entre unos y otros países. Hasta hace poco, no había tanta polaridad ni tanta diferenciación entre emisores, ya sea de deuda pública o de deuda de crédito; pero ahora que vemos tipos de interés más elevados, hay cada vez más diferenciación entre emisiones”, explica.
Crédito: demanda sostenida de yield
Según su visión, como consecuencia de la subida de las tires de la deuda soberana, los spreads del mercado de crédito se han ajustado; sin embargo, la demanda de crédito, tanto de high yield como de investment grade, ha sido considerable. En su opinión, no se trata de complacencia, sino de una demanda persistente de yield. “Muchas carteras a nivel global han estado infraponderadas en renta fija, por lo han visto en el crédito un buen punto de entrada dadas sus atractivas valoraciones, para todo tipo de inversión, ya sea institucional, retail, doméstico o internacional”, explica.
Aunque reconoce que en el contexto actual hay cierta “vulnerabilidad a potenciales shocks exógenos”, considera que las posibles correcciones en el mercado de crédito tienen más que ver con un proceso de “ajuste” hacia niveles más normalizados. En cambio, defiende que estamos empezando a ver una mayor dispersión entre los diferentes sectores: “Si nos fijamos en el índice MOVE (Merrill Lynch Option Volatility Estimate) en 2025, vemos que ha habido cada vez menos volatilidad en los mercados de renta fija, lo cual es un poco contraintuitivo. A mayor ruido y volatilidad geopolítica macro, debería haber más volatilidad en mercados, pues ha sido un poco al revés en 2025. Pero, a partir de enero, y con más fuerza en febrero, empezamos a ver mayor dispersión entre sectores y emisores, generando nuevas oportunidades para los inversores”.
En su repaso sobre la renta fija, Giordano lanza un último mensaje: “La renta fija ha vuelto a las carteras, pero en un entorno totalmente diferente, donde la cartera 60/40 ya no funciona y en donde nos encontramos con mayor presencia de otros activos, como, por ejemplo, los digitales o los de mercados privados”. Pese a este nuevo contexto, Giordano considera que la renta fija es un activo clave para navegar entre la incertidumbre. “A nadie se le escapa que las carteras deben estar diversificadas, pero lo relevante aquí es que la gran variedad de activos que nos ofrece la renta fija permite aportar income y a la vez proteger el capital”, concluye.



