Insigneo renueva su marca para reflejar su acelerado crecimiento en América

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Insigneo
Foto cedidaDe izquierda a derecha: Francisco Nuñez, director ejecutivo de la Oficina del CEO; George “Tres” Arnett, director ejecutivo y director jurídico; Michael Averett, director ejecutivo y director de Crecimiento; Javier Rivero, director ejecutivo y responsable de Experiencia del Asesor; Giovanna Souza, directora de Marketing; y Raul Henriquez, consejero delegado y presidente del consejo de administración.

Insigneo ha presentado su nueva identidad de marca y propuesta de valor estratégico. Esta evolución, respaldada por el lema “Your Passport to Possibilities” (Tu pasaporte a posibilidades), marca un punto de inflexión estratégico en la trayectoria de la firma y refuerza su posición de liderazgo en el sector del wealth management internacional.

La nueva identidad de Insigneo se lanzó oficialmente durante un evento privado en la sede central de la firma en Miami, retransmitido en directo para su red de más de 12 oficinas regionales en todo el continente americano. Este cambio representa un hito en los 40 años de historia de la compañía y responde a su acelerado ritmo de crecimiento. En los últimos años, Insigneo ha ampliado su presencia y reforzado su infraestructura, hasta llegar a gestionar actualmente más de 33.000 millones de dólares en activos a través de una red de más de 500 profesionales de la inversión —que incluye a 68 firmas institucionales— y que da servicio a cerca de 32.000 clientes.

“La nueva marca encarna tanto los logros alcanzados hasta la fecha por la firma como nuestras aspiraciones de cara al futuro. Sin embargo, nuestra esencia sigue siendo la misma: el compromiso de capacitar y respaldar a los profesionales de la inversión para atender mejor a los clientes internacionales, ahora bajo una marca que representa de forma más fiel nuestra misión, visión y el posicionamiento único que ocupamos en el sector”, ha destacado Raúl Henríquez, presidente y consejero delegado de Insigneo. 

El nuevo lema define con claridad el papel que juega Insigneo para sus diferentes públicos. Para los clientes internacionales de alto patrimonio (high-net-worth), especialmente en América Latina, la firma actúa como un “pasaporte” que les abre las puertas a opciones de inversión globales y soluciones offshore más allá de sus mercados locales. Para los profesionales de la inversión, Insigneo ofrece un ecosistema que combina soporte operativo y regulatorio avanzado, un equipo con experiencia internacional y profundo conocimiento local, capacidades tecnológicas de vanguardia y una comunidad sectorial que les permite centrarse en potenciar el legado de sus clientes y hacer crecer su negocio.

“La nueva marca busca alineación y claridad. Nuestro objetivo era expresar nuestra propuesta de valor de manera que resuene en cada una de nuestras audiencias principales, además de construir un sistema visual que refleje mejor nuestra posición en el mercado. Cada elección ha sido intencionada: desde la introducción de la palabra wealth (patrimonio) como descriptor en el logotipo, hasta el cambio al azul marino como color principal para transmitir estabilidad y confianza, manteniendo nuestro azul brillante original para preservar el valor de marca. No se trata de un giro de timón, sino de una clarificación de nuestro rumbo”, explica Giovanna Souza, directora de Marketing de Insigneo.

Coincidiendo con el lanzamiento, Insigneo ha estrenado su nueva página web (insigneo.com). Esta identidad se implantará de forma gradual a lo largo de los próximos meses en todos los puntos de contacto con clientes y profesionales —incluidas plataformas digitales, materiales de marketing y comunicaciones corporativas—, asegurando una transición homogénea a medida que la firma consolida su red en las Américas. Todo el proceso de transformación de marca se ha desarrollado en colaboración con la consultora global de comunicación LLYC. Con este paso, Insigneo reafirma su compromiso con el sector de la gestión internacional de patrimonios, continuando con su labor de simplificar la complejidad de los mercados globales para sus clientes internacionales a través de fronteras y generaciones.

Los grandes patrimonios reorientan su estrategia internacional ante el auge de la inestabilidad geopolítica

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fondos de Luxemburgo
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Según Marc Acheson, especialista en patrimonio global de Utmost, proveedor de soluciones patrimoniales basadas en seguros, la inestabilidad global y la convulsión geopolítica han provocado una rápida revisión de los planes internacionales entre los grandes patrimonios. La fiscalidad ha pasado a un segundo plano frente a la estabilidad y la seguridad. Italia y Suiza han reforzado su atractivo, mientras que ha aumentado la conciencia sobre el riesgo geopolítico asociado a los Emiratos Árabes Unidos, que hasta hace poco eran el hub emergente y un gran polo de atracción, especialmente para las generaciones más jóvenes y los emprendedores. En consecuencia, quienes abandonen el Reino Unido tenderán a priorizar destinos dentro de Europa.

Otra consecuencia clave de esta volatilidad es que la diversificación geográfica y estructural se está convirtiendo en un rasgo definitorio del panorama patrimonial, a medida que las familias buscan proteger su riqueza y gestionar con fluidez la planificación sucesoria. Los miembros más jóvenes de las familias son ya más internacionalmente móviles que nunca, con familias cada vez más dispersas entre fronteras, por lo que esta tendencia se acelerará conforme busquen mayor opcionalidad y diversifiquen el riesgo jurisdiccional. Ello generará una mayor demanda de estructuras portátiles capaces de gestionar el patrimonio de forma eficiente a través de las fronteras.

La necesidad de asesoramiento también se intensificará, dado que gestionar un patrimonio en múltiples jurisdicciones es complejo, con regímenes fiscales, marcos regulatorios y requisitos de reporte diferentes entre sí. Para afrontar esta complejidad, las familias ya están ampliando la presencia internacional de sus family offices. Los bancos privados y otros gestores de activos también tendrán que adaptarse y adoptar una visión verdaderamente global y holística de los asuntos familiares, considerando dónde esperan encontrarse los miembros de la familia a corto y medio plazo, y garantizando que la infraestructura adecuada esté en su lugar.

«La elevada volatilidad geopolítica ha cambiado las reglas del juego y ha trastocado las suposiciones previas sobre determinadas jurisdicciones. Las familias adineradas buscan seguridad, estabilidad y certeza y, como grupo altamente móvil a nivel internacional, cabe esperar que continúen diversificando su huella geográfica y utilizando distintas estructuras para cubrirse frente a riesgos emergentes, proteger su patrimonio y garantizar una planificación sucesoria fluida. «Esta mayor dimensión internacional también incrementará la complejidad para los bancos privados y los asesores que sirven a estas familias, quienes deberán adaptarse a esta nueva realidad», apunta Marc Acheson, especialista en patrimonio global de Utmost.

Bancos centrales: en búsqueda del equilibrio entre las prioridades monetarias y fiscales

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bancos centrales
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La última ronda de reuniones celebradas en abril de los principales bancos centrales -la Reserva Federal, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón- tuvo el mismo resultado: mantuvieron los tipos oficiales sin cambios. Sin embargo, los expertos destacan que esta misma decisión distó mucho de ser unánime y, sobre todo, refleja la búsqueda de equilibrio entre las prioridades monetarias y fiscales en que todos ellos se encuentran.

“El desacuerdo va en aumento y el centro de gravedad se está desplazando hacia una postura más agresiva (hawkish)”, advierte Benoit Anne, Senior Managing Director y responsable del Grupo de Análisis de Mercados de MFS Investment Management. Si hacemos un rápido repaso, observamos que en la Fed, hubo cuatro votos en contra, una cifra inusualmente alta que no se registraba desde 1992. Un miembro abogó por un recorte, mientras que tres se opusieron a un lenguaje que dejaba la puerta abierta a la relajación, una señal que los mercados interpretaron como menos moderada (dovish) de lo esperado. 

Por su parte, en el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón también hubo miembros que defendieron una subida, alegando riesgos de inflación relacionados con la energía. Y,  el BCE se mantuvo unido en la votación, pero la presidenta Lagarde señaló un “debate saludable” sobre la subida de tipos, manteniendo junio firmemente sobre la mesa, en función de la geopolítica y los datos que vayan llegando.

“El mensaje es claro: las divisiones internas se están ampliando en los principales bancos centrales, y la tendencia se inclina hacia una política más restrictiva. En nuestra opinión, esa combinación es un terreno fértil para una mayor volatilidad macroeconómica. En la Fed, en particular, el próximo presidente podría enfrentarse a la difícil tarea de reconstruir el consenso”, añade Anne.

Equilibrando las prioridades

En opinión de Daniel Karnaus, gestor de carteras, Fixed Income Boutique (Vontobel), tanto en Estados Unidos como en Japón, se espera que la política monetaria respalde a la política fiscal, incluso cuando los bancos centrales tengan otros planes en mente. “Kevin Warsh, la visión del nuevo presidente designado de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), es la de crear una Fed ideal. Sin embargo, sus planes de reestructuración se oponen directamente al deseo del presidente de EE.UU., Donald Trump, de mantener los tipos de interés bajos. Del mismo modo, el Banco de Japón (BoJ) pretende normalizar los tipos de interés y reducir su balance. Sin embargo, esto choca con las prioridades de la primera ministra Sanae Takaichi, ya que busca el apoyo del banco central para sus políticas económicas”, explica Karnaus. 

Según prevé el experto, la Fed recortará los tipos de interés en 2026: “En un contexto de debilitamiento del mercado laboral, nuestra opinión coincidía con el consenso del mercado de que en 2026 se producirían al menos dos recortes de tipos (de 25 puntos básicos cada uno). Sin embargo, el mercado da ahora por hecho que este año no habrá recortes de tipos. A pesar de este cambio en las expectativas del mercado, seguimos creyendo que se producirán al menos dos recortes de tipos en 2026”. 

Respecto a Japón, señala que, al igual que el Gobierno de EE.UU., la primera ministra Sanae Takaichi aboga por una política fiscal más acomodaticia y ha pedido al banco central, bajo el liderazgo de Kazuo Ueda, que mantenga los tipos de interés bajos para fomentar la inversión y respaldar ambiciosos planes de gasto. “Prevemos un aumento gradual de los tipos de interés oficiales como parte de la normalización en curso de la política monetaria. En este contexto, se espera que los rendimientos a 10 años se acerquen al 2,5%, especialmente si las prioridades políticas siguen sin definirse hasta 2027 y persisten las incertidumbres fiscales”, asegura Karnaus. 

Por último, el experto añade: “Sin embargo, el historial del BCE refleja una serie de los denominados ‘errores de política’, y el mercado prevé ahora que la institución no tendrá más remedio que subir los tipos de interés en respuesta al aumento de la inflación. Si la duración del conflicto se prolonga más allá de las 4 a 6 semanas desde el momento de redactar este informe, es muy probable que el BCE aplique dos subidas de tipos este año”.

La situación del Reino Unido es considerablemente diferente. Los gilts cotizan cerca de máximos históricos (casi un 5% en el bono a 10 años), reflejo de la dificultad de los equilibrios políticos necesarios y de la probabilidad de que el Banco de Inglaterra vuelva a subir los tipos de interés más adelante este año, mientras la inflación siga por encima de su objetivo del 2% a medio plazo. 

“A corto plazo, la refinanciación de la deuda pública sigue respaldada por el estatus de la libra esterlina como moneda de reserva, la larga vida media de la cartera de gilts (más de 13 años), las importantes tenencias del Banco de Inglaterra (casi el 20%) y una base inversora bien diversificada”, concluye Thomas Gillet, analista de ratings soberanos y del sector público de Scope Ratings.

Argumentos a favor de la deuda de mercados emergentes en 7 preguntas

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argumentos a favor de la DME
Foto cedidaCharles De Quinsonas y Carlos Carranza, del Equipo de renta fija de mercados emergentes en M&G Investments

2025 ha sido un buen año para los inversores en los mercados emergentes (ME). En un entorno de malestar geopolítico y macroeconómico, la deuda de este universo (DME) ha mostrado resiliencia: los bonos soberanos denominados tanto en moneda local como en divisa fuerte han registrado subidas de doble dígito en lo que va de año, y la deuda corporativa ha registrado una evolución igualmente positiva.

Charles De Quinsonas y Carlos Carranza, del Equipo de renta fija de mercados emergentes en M&G Investments, comparten sus perspectivas sobre los motores de rentabilidad de la región, la mejora de sus fundamentales y cómo M&G puede capturar oportunidades en esta clase de activos en plena evolución

 ¿Qué convierte a la DME en una clase de activo atractiva actualmente?

La DME es verdaderamente interesante ahora mismo. Este segmento ya solía ofrecer rentabilidades al vencimiento (TIR) atractivas, pero en los últimos años, su volatilidad ha disminuido hasta niveles mucho más cercanos a los que vemos en los mercados desarrollados. Además de este cambio significativo, también vemos mejoras estructurales como menores ratios de deuda/PIB, políticas monetarias creíbles y perspectivas de fuerte crecimiento. De esta manera, la DME ha dejado de ser una apuesta meramente táctica y se está convirtiendo en una asignación estratégica para muchos inversores.

En nuestra opinión, la medida más destacada ahora mismo es la ventaja de TIR real. Muchos países de ME ofrecen TIR reales positivas, algo poco habitual en el universo desarrollado. En Brasil, por ejemplo, el banco central optó por subir el tipo de interés pronto y de manera agresiva (muy por delante de la Reserva Federal estadounidense), con lo que los inversores obtienen tipos de interés reales atractivos con una inflación bajo control.

¿Cómo se posiciona M&G para aprovechar estas oportunidades?

Nuestro equipo de DME aplica un enfoque claramente bottom-up: dedicamos mucho tiempo al análisis fundamental de países y emisores, combinando modelos cuantitativos con perspectivas cualitativas con la intención de detectar puntos de inflexión y evitar riesgos idiosincráticos. Analizamos la deuda soberana y corporativa de manera conjunta, no como segmentos separados, y empleamos herramientas propias para determinar su sostenibilidad y asignar calificaciones internas. Por último, tenemos uno de los mayores equipos de análisis de crédito de toda Europa, con más de 50 analistas con una experiencia media de 14 años. 

¿Veis algún país o sector individual más prometedor que los demás?

En general nos gustan los bonos denominados en moneda local de Latinoamérica, donde destacan países con tipos de interés reales elevados y una fuerte disciplina presupuestaria, como Brasil y México. También vemos muchas oportunidades en Asia central, en países como Uzbekistán, Kirguistán y Kazajistán. Por lo que respecta a la deuda corporativa, las compañías de ME con bajos niveles de apalancamiento y cobertura de intereses elevada nos parecen atractivas, especialmente teniendo en cuenta que sus diferenciales son más anchos de lo que justifican sus fundamentales.

 ¿Cómo se diferencia M&G de otras gestoras en esta clase de activos?

Creemos que lo hacemos en tres aspectos: flexibilidad, profundidad de análisis y experiencia. La ausencia de restricciones de nuestra estrategia nos permite capturar las mejores ideas del equipo en deuda soberana, corporativa y denominada en moneda local, y hacerlo de manera muy holística. Nuestro análisis es verdaderamente bottom-up, centrado en anticipar cambios de dirección y en gestionar el riesgo; este es uno de los pilares de nuestra actividad, ya que consideramos la diversificación y la no concentración como elementos clave de nuestra filosofía de inversión.

¿Qué desarrollo creéis que afectará más a los ME en los próximos años?

Existen varios temas de gran calado. El primero es el reforzamiento continuado de los marcos monetarios y fiscales en estas regiones, que podría representar un giro decisivo hacia una mayor estabilidad. El segundo son las tendencias demográficas: un 85% de la población mundial vive en ME, y muchos de estos países tienen poblaciones en edad de trabajar crecientes, lo cual puede respaldar el crecimiento a largo plazo. Por último, podría producirse una rotación sostenida fuera de carteras centradas en los Estados Unidos, a medida que los inversores ponen en duda el excepcionalismo americano y buscan crecimiento en otros mercados.

 ¿Cuál es vuestra previsión para los mercados de renta fija de ME?

La deuda de ME nos inspira optimismo. El «carry» es atractivo, sus fundamentales están mejorando, y las políticas gubernamentales nunca habían sido tan creíbles como ahora. Los diferenciales de los bonos en divisa fuerte son interesantes, aunque el segmento con grado de inversión comienza a parecer caro. En nuestra opinión, la DME ofrece renta, crecimiento y diversificación en un momento en que los mercados desarrollados se enfrentan a retos crecientes. Para los inversores que desean construir carteras resilientes, estos bonos podrían ser una asignación interesante.

Los inversores se vuelcan con la IA: su uso aumenta un 46% en un año

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renta fija institucional
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Los inversores minoristas adoptan cada vez más herramientas de IA para construir sus carteras. El porcentaje de quienes las utilizan ha aumentado un 46% en tan solo un año, según el informe del Pulso al Inversor Minorista de la plataforma de trading e inversión eToro, correspondiente al tercer trimestre de 2025

El estudio, que encuestó a 11.000 inversores minoristas en 13 países reveló que el 19% utiliza ahora herramientas de IA para seleccionar o modificar inversiones en sus carteras, frente al 13% del año anterior. La proporción de inversores en todo el mundo abiertos a adoptar estas tecnologías se mantiene estable en el 39%, en comparación con el 38% del año pasado. La encuesta española registra un porcentaje similar entre quienes usan la IA (19%), aunque las respuestas de los que dicen estar dispuestos a emplear esta tecnología se elevan hasta el 45%.

Esta tendencia abarca generaciones, niveles de experiencia, tamaño de cartera, países y géneros: cada vez más inversores de todos los grupos ya utilizan o están abiertos a utilizar herramientas de IA. A nivel global, entre generaciones, los millennials son ahora los más propensos a utilizar estas herramientas, con un 72%, en comparación con el 61% del año anterior, superando a la generación Z (69 % frente al 68 %). Los baby boomers, aunque todavía están por detrás con un 35%, han visto un aumento del 30% en el tercer trimestre de 2024.

Al comentar los datos, Lale Akoner, estratega de mercado global de eToro, afirmó:“Dos años y medio después de la aparición de ChatGPT, la IA ha cobrado protagonismo en muchos ámbitos de la vida, incluida la inversión. Para los inversores minoristas, esta tecnología está derribando barreras al proporcionar análisis avanzados o detectar tendencias, lo que les permite tomar decisiones más informadas y crear igualdad de condiciones. Si bien la adopción comenzó entre los inversores más jóvenes, ahora estamos observando una rápida aceptación en todos los grupos demográficos. Este cambio pone de relieve la agilidad de los inversores minoristas a la hora de adoptar nuevas herramientas que les permitan alcanzar sus objetivos a largo plazo”.

“Estamos en un punto donde la IA ya no es un accesorio curioso, sino una herramienta que democratiza el acceso al análisis avanzado. Y esto no quiere decir que sustituya al inversor. Lo relevante aquí es cómo se combina la capacidad de procesar datos de la IA con el criterio humano para dar contexto. Los que aprendan a usar la IA como apoyo real, podrán adaptarse mejor a un mercado que exige velocidad, pero también criterio”, comentó Javier Molina, analista senior de mercados para eToro.

Los inversores minoristas buscan información sobre IA

El estudio revela que la IA es el tema principal sobre el que los inversores minoristas a nivel global planean aprender más durante el próximo año (23%), seguida de los criptoactivos y la tecnología blockchain (22%), las normas fiscales (18%) y los ETF (17%). En las diferentes generaciones, aprender sobre estrategias de inversión basadas en IA fue la opción preferida entre los millennials (27%, equivalente a criptoactivos y blockchain), la generación X (24%) y los baby boomers (17%). Sin embargo, la generación Z mostró una mayor preferencia por las criptoactivos y blockchain, con un 25% que mencionó estos temas.

En este punto, la encuesta española difiere sustancialmente. El asunto que más interés de aprendizaje suscita a los minoristas españoles son los criptoactivos y tecnología blockchain (23%), y los ETF (18%). Ambos superan a la IA (16%) que rebasa en un punto porcentual a la planificación formativa sobre el mercado inmobiliario y los bonos y la renta fija, con un 15%. Justo por debajo (14%) aparece la opción académica de las normas fiscales.

Al analizar los resultados por generaciones, los cambios también son significativos. La gen-Z elige los criptoactivos y tecnología blockchain en primer lugar (con un 33%), seguido de los ETF (31%), mientras los millennials dan prioridad al tándem criptoblockchain, pero tan solo en un 23%, a escasa distancia de la IA (19%). La gen-X también se decanta por los criptoactivos y la tecnología blockchain (22%), por delante de los ETF (15%), y los boomers muestran una mayor variedad de temas para mejorar su aprendizaje: a un 16% le gustaría profundizar en el conocimiento de bonos y productos de renta fija, un 15% a la IA y las normas fiscales y un 12% a los criptoactivos y tecnología blockchain y para los ETF.

 “Los inversores minoristas saben que la IA no es solo una palabra de moda. Muchos ya han experimentado con herramientas de IA y han visto de primera mano su potencial para mejorar las estrategias de inversión. Sin embargo, la tecnología de IA aún es incipiente y presenta varios desafíos, como comprender los algoritmos, garantizar la precisión de los datos e integrar estas herramientas en sus estrategias. Estos puntos débiles son precisamente la razón por la que tantos inversores minoristas están ansiosos por profundizar sus conocimientos sobre la IA. Reconocen su potencial transformador, pero también comprenden que dominar la IA requiere aprendizaje y adaptación continuos”, subrayó Lale Akoner.

Por su parte, Javier Molina añadió: “El interés por formarse en IA es una señal de madurez. Los inversores no quieren una máquina que decida por ellos, quieren entender los algoritmos, sus sesgos y limitaciones, para decidir con más criterio. La IA democratiza las herramientas, pero obliga a elevar el nivel de educación financiera para usarlas de forma responsable”.

Inversores minoristas optimistas sobre las acciones de IA

La encuesta RIB, según sus siglas en inglés destacó que los inversores minoristas no solo están listos para adoptar herramientas de IA, sino que también mantienen un optimismo sobre el sector de la IA como inversión. La mayoría (55%) espera que el precio de las acciones relacionadas con la IA aumente en 2025, mientras que el 23% cree que se estabilizará y solo el 11% anticipa una caída. En el sondeo demoscópico español, también son mayoritarios quienes piensan que el precio de los valores relacionados con la IA se incrementará este año (59%), frente al 7% que cree que caerán y el 24% piensa que se mantendrán en niveles similares.

La IA, y la transformación digital en general, encabezan la lista de temas a largo plazo que los inversores minoristas consideran al tomar decisiones de inversión, citados por el 31%, seguidos de los criptoactivos y los pagos digitales (27%), las tecnologías limpias (26%), la robótica y la automatización (25%), el envejecimiento de la población (24%) y el crecimiento de la clase media global (22%).

En este apartado, existe bastante simetría con la encuesta española. Un 33% considera la IA y la transformación digital como tema de inversión a largo plazo; un 28% a los criptoactivos; un 24% a la robótica y la automatización; otro 22% se inclina por inversiones vinculadas a combatir el envejecimiento de la población y, en un porcentaje idéntico, a medidas dirigidas a impulsar el crecimiento de la clase media global. Finalmente, las energías limpias representan el 21%.

Lale Akoner explicó: “Los inversores minoristas ven la IA no solo como una herramienta, sino como uno de los factores de crecimiento más importantes del mercado. Con más de la mitad de las expectativas de que los precios de las acciones relacionadas con la IA suban en 2025, la confianza en que el sector seguirá ofreciendo un sólido rendimiento sigue siendo alta, ya que las empresas aprovechan la IA para impulsar la eficiencia, la innovación y la rentabilidad sigue siendo alta. Si bien la volatilidad a corto plazo siempre es posible, la trayectoria a largo plazo de la IA sigue siendo una convicción fundamental entre los inversores de todo el mundo”.

La industria mira con interés el boom de inversión en infraestructura en el horizonte

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FOTO (Wikipedia) Data center
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Dentro del mundo de los activos reales, la infraestructura ha estado presentando prospectos cada vez más atractivos para los inversionistas. Y la industria de activos alternativos está tomando nota, aprovechando el viento a favor del ciclo de inversión para categorías como infraestructura digital y energía, entre otros.

De la mano de una variedad de tendencias globales en curso –incluyendo la digitalización y la electrificación–, se espera que los próximos años traigan consigo un auge en la inversión en infraestructura. La consultora PwC augura que el gasto en este tipo de proyectos se elevaría a 6,9 billones (millones de millones) de dólares en 2050, desde los 4,4 billones de dólares registrados en 2024.

“A lo largo de ese período, se proyecta que la inversión global acumulada llegue a 151 billones de dólares, a medida que los países modernizan sistemas de transporte, energía e industriales para cumplir las demandas de la IA, la electrificación y la urbanización”, indicó la firma en un reporte reciente.

Y son precisamente estas tendencias las que están dictando el ritmo del mercado, según destacan desde Macquarie, una de las principales gestoras en la clase de activos. “Las oportunidades de infraestructura están cada vez más definidas por cambios estructurales de largo plazo que por ciclos económicos de corto plazo”, indicaron.

En línea con estas expectativas, el año pasado trajo un rebote en el fundraising en la clase de activos, alcanzando los 250.000 millones de dólares y más que duplicando los 99.000 millones de dólares levantados por la industria en 2024 –la cifra más baja en seis años–, según datos de With Intelligence, una unidad de S&P Global Ratings.

Para la firma, estos datos sugieren que la confianza de los inversionistas sigue fuerte. “Los gestores de fondos han visto una demanda particularmente alta por estrategias como la transición energética y los data centers”, acotaron en su reporte.

Además, acotan que esta clase de activos está siguiendo los pasos de otros segmentos de alternativos al ampliar su base de inversionistas. Los gestores de infraestructura, indican, están buscando capital de bancas privadas “con la misma urgencia que sus pares de private equity y crédito privado”. Esta carrera por desarrollar productos que calcen con los variopintos perfiles.

La promesa dorada de la IA

Más allá del competitivo mundo del capital privado, la fiebre de la inteligencia artificial ha tenido su propio efecto en el mundo de los activos de infraestructura: el boom de los data centers.

La efervescencia que ha generado esta tecnología –descrita por muchos como una verdadera revolución industrial que afectaría a todos los aspectos de la economía moderna– ha generado una alta demanda por parte de los inversionistas por infraestructura digital, en busca de captar este auge.

“La revolución de la IA, un nivel extraordinario  de inversión en data centers, equipos, chips, infraestructura energética y otras áreas relacionadas sigue impulsando el crecimiento económico, y no vemos señales de que el motor se esté frenando”, dijo Stephen Schwarzman, CEO de Blackstone, en la llamada con inversionistas sobre los resultados del primer trimestre.

En la firma –la mayor gestora de alternativos del mundo– está apostando con fuerza por esta tendencia, realizando inversiones estratégicas en inteligencia artificial. “Creemos que Blackstone se ha convertido en el inversionista más grande del mundo en infraestructura relacionada con la IA”, indicó el ejecutivo, acotando que esto les da “un asiento de primera fila” para los avances del futuro.

Desde Macquarie acotan que, además de data centers, la digitalización está empujando la demanda por redes de fibra óptica e infraestructura de comunicaciones. Y que el desarrollo se está expandiendo por distintos mercados: “Las limitaciones de oferta en mercados establecidos están apoyando el poder de fijación de precios y promoviendo el desarrollo en nuevas regiones”.

Con todo, el camino está trazado. Las estimaciones de PwC apuntan a que la inversión anual en edificios de data centers aumentó de 113.800 millones de dólares en 2024 a 251.800 millones para 2027. Esto es un aumento de 2,2 veces en unos cuantos años. Hacia delante, en la consultora esperan que este monto alcance los 1,5 billones (millones de millones) de dólares a 2032, con una “notable escalada de corto plazo” seguida de un período de mejora de stock.

Una economía más eléctrica

De la mano de la demanda de IA y sus data centers, la energía también es un espacio que está sobre la mesa, apoyada también por la gran tendencia global de la transición energética.

“La demanda de electricidad está subiendo a un paso que no habíamos visto en décadas, impulsada por la electrificación, la reindustrialización y la infraestructura digital”, indicó Bruce Flatt, CEO de Brookfield Corporation –otro de los grande fondos de infraestructura–, en su propio call con inversionistas. Y cumplir esta demanda va a requerir “enormes cantidades de nueva capacidad de generación”, agregó, lo que crea un espacio para energía solar, eólica, nuclear y baterías.

“Si bien la digitalización, la descarbonización y la desglobalización van a seguir evolucionando, cada una está empujando una demanda de nueva infraestructura de largo plazo significativa”, acotó el ejecutivo.

En Macquarie concuerdan con el diagnóstico, asegurando que se espera que la demanda energética siga subiendo, subrayando la necesidades de soluciones energéticas confiables y de bajo costo. Para la firma, los activos de energía solar, eólica y las baterías de almacenamiento siguen tomando tracción –y ganando participación de mercado– a raíz de una caída en los costos y la demanda.

En el caso de este segmento, PwC augura que el auge de la inversión en infraestructura energética la llevará a 1,1 billones (millones de millones) de dólares en 2050. Esta es una marcada subida respecto a los 631.000 millones de dólares que la industria anotó en 2024, totalizando 25 billones de dólares en el intertanto.

“Reflejando el paso de la electrificación, para 2025, la inversión anual en almacenamiento de energía rondarán los 91.000 millones de dólares”, indicó la consultora en su informe, lo que equivale a 3,7 veces los niveles de 2024. El capital destinado a transmisión y distribución, por su parte, crecería en 2,6 veces hasta los 472.000 millones de dólares.

De lo artesanal a lo industrial: cómo la tecnología está transformando el modelo operativo de los gestores en mercados privados

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Durante décadas, los mercados privados han operado bajo un modelo casi artesanal.

Las gestoras construían sus procesos sobre hojas de cálculo, gestionaban capital calls por correo electrónico y dependían de equipos reducidos para manejar la relación con inversionistas. Este enfoque, altamente personalizado, funcionaba en un entorno de menor escala y con bases de inversores más concentradas.

Pero ese modelo ya no es sostenible.

El crecimiento de los activos bajo gestión, la diversificación de estrategias y la expansión hacia nuevos segmentos de inversores están obligando a replantear cómo operan las gestoras.

El paso de lo artesanal a lo industrial no es opcional. Es estructural.

Los motores de la industrialización

Varios factores están acelerando esta transformación.

Crecimiento y complejidad del mercado

Los mercados privados han evolucionado más allá del private equity tradicional. Hoy incluyen estrategias como:

  • Infraestructura 
  • Private credit 
  • Secundarios 
  • Continuation vehicles 

Cada una presenta perfiles de flujos de caja, requerimientos de reporting y expectativas de inversor distintos. Gestionar esta complejidad mediante procesos manuales no solo es ineficiente, sino también riesgoso.

Nuevas exigencias de los inversores

Los limited partners (LPs) demandan cada vez mayor transparencia, frecuencia de reporting y visibilidad sobre las compañías participadas.

Además, la apertura del mercado a segmentos como el mass affluent introduce nuevas expectativas en términos de experiencia de usuario, acceso a información y tiempos de respuesta.

Vehículos como los interval funds—que combinan suscripciones frecuentes con ventanas de liquidez—exigen capacidades operativas más avanzadas, incluyendo procesos de valoración más recurrentes y comunicación continua con el inversor.

Mayor presión regulatoria

Los reguladores están poniendo un foco creciente en:

  • Prácticas de valoración 
  • Divulgación de información (incluyendo ESG) 
  • Protección del inversor 

Esto implica la necesidad de contar con:

  • Trazabilidad completa de los datos 
  • Registros auditables 
  • Procesos consistentes y documentados 

Los modelos manuales dificultan cumplir con estos estándares a escala.

Presión sobre márgenes

El crecimiento del sector también trae consigo mayor competencia.

A medida que aumentan los activos, las comisiones tienden a comprimirse, lo que obliga a las gestoras a mejorar su eficiencia operativa para proteger la rentabilidad. La industrialización no solo permite escalar; también es una herramienta clave para optimizar costes.

Los pilares de un modelo operativo moderno

La transición hacia un modelo industrializado no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en rediseñar la arquitectura operativa.

1. Plataforma central de datos

El punto de partida es una infraestructura que consolide información a lo largo de todo el ciclo de vida de la inversión:

  • Contabilidad de fondos 
  • Registro de inversores 
  • Métricas de compañías participadas 
  • Información de cumplimiento 

Sin una fuente única de datos, la fragmentación limita cualquier intento de escalabilidad.

2. Arquitectura modular

Los procesos clave—desde onboarding hasta distribución de rendimientos—pueden estructurarse como componentes independientes, orquestados mediante APIs y microservicios.

Esto permite:

  • Actualizar funciones específicas sin rediseñar todo el sistema 
  • Integrarse con plataformas de distribución y custodios 
  • Adaptarse con mayor rapidez a nuevos requerimientos regulatorios o de mercado 

3. Automatización y analítica avanzada

El uso de tecnologías como procesamiento de lenguaje natural permite capturar información desde fuentes no estructuradas e integrarla en sistemas centralizados.

Sobre esta base, las herramientas analíticas permiten:

  • Monitorizar el desempeño del portafolio en tiempo real 
  • Comparar inversiones entre estrategias 
  • Evaluar riesgos con mayor precisión 

Combinadas con capacidades de AI, estas herramientas permiten modelar escenarios de liquidez, flujos de caja y asignación de capital.

4. Gobernanza integrada

La industrialización requiere que la gobernanza deje de ser un proceso externo y pase a estar integrada en los flujos operativos. Por ejemplo:

  • Un capital call puede activar automáticamente validaciones de cumplimiento 
  • Los sistemas registran cada modificación de datos, generando trazabilidad completa 
  • Las herramientas de RegTech permiten supervisión continua 

Esto reduce riesgos operativos y facilita el cumplimiento regulatorio.

5. El rol del factor humano

La automatización no elimina la necesidad de experiencia. Al contrario, permite que los equipos se enfoquen en actividades de mayor valor:

  • Originación de inversiones 
  • Estructuración de operaciones 
  • Gestión activa de portafolios 

Las gestoras más competitivas serán aquellas que logren combinar tecnología con criterio experto.

Beneficios y retos de la transformación

La industrialización aporta beneficios claros:

  • Mayor velocidad en procesos como capital calls y distribuciones 
  • Reporting más frecuente y consistente 
  • Mejor visibilidad para el inversor 
  • Reducción de errores operativos 

Además, permite atender a una base de inversores más amplia sin incrementar proporcionalmente la estructura de costes. Sin embargo, la transición no está exenta de desafíos.

  • Sistemas legacy profundamente arraigados 
  • Complejidad en la migración de datos 
  • Resistencia cultural dentro de las organizaciones 
  • Dependencia de múltiples proveedores tecnológicos 

La clave no está solo en adoptar tecnología, sino en implementarla de forma coherente con el modelo operativo.

Conclusión: la escala exige industrialización

A medida que los mercados privados se integran en el mainstream financiero, los modelos operativos deben evolucionar en consecuencia.

El enfoque artesanal—basado en procesos manuales y relaciones—ha sido clave en el desarrollo del sector. Pero no es compatible con el nivel de escala, complejidad y exigencia actual.

La ventaja competitiva ya no reside únicamente en la capacidad de generar retornos, sino en la capacidad de operar de forma eficiente, consistente y escalable.

En este nuevo entorno, la industrialización no es una opción. Es la condición necesaria para competir.

 

Tribuna de opinión firmada por Juan Agualimpia, Chief Marketing Officer en LYNK Markets.

Convertir ahorradores en inversionistas: el próximo gran reto de la industria latinoamericana de fondos

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Latinoamérica vive una gran paradoja financiera. Nunca antes había existido un ecosistema digital tan amplio para democratizar el acceso a productos financieros, y sin embargo, la penetración de fondos de inversión entre la población sigue siendo baja en comparación con economías desarrolladas e incluso frente a algunos mercados emergentes.

La región avanzó aceleradamente en inclusión financiera durante los últimos años gracias a la digitalización bancaria, el crecimiento fintech y la expansión de plataformas móviles. Entre 2017 y 2021, el porcentaje de latinoamericanos con acceso a una cuenta financiera pasó de 55% a 74%, aunque todavía cerca de 122 millones de personas permanecían fuera del sistema financiero formal, según datos del Banco Mundial citados por BBVA.

Paralelamente, el ecosistema fintech latinoamericano se duplicó entre 2018 y 2021 y superó las 3.000 empresas en 2024, impulsado principalmente por pagos digitales, banca móvil y crédito alternativo. Pero el acceso financiero no necesariamente se ha traducido en cultura de inversión.

El verdadero desafío para la industria regional de fondos no es únicamente atraer nuevos clientes, sino transformar estructuralmente a millones de ahorradores conservadores en inversionistas de largo plazo.

En América Latina, gran parte del ahorro continúa estacionado en instrumentos líquidos, cuentas bancarias tradicionales o activos considerados “refugio cultural”, particularmente bienes raíces y dólares. A diferencia de Estados Unidos, donde existe una profunda cultura de inversión ligada a fondos mutuos, cuentas de retiro y mercados bursátiles, en gran parte de la región el concepto de invertir sigue asociado a altos patrimonios o perfiles sofisticados.

La desconfianza histórica hacia los sistemas financieros explica parte del fenómeno. Décadas de inflación, devaluaciones y crisis bancarias dejaron una memoria colectiva orientada a privilegiar liquidez y protección patrimonial sobre construcción de portafolios diversificados.

En países como Argentina, la dolarización informal del ahorro sigue siendo una práctica extendida. En otros mercados, como México o Colombia, la inversión inmobiliaria continúa siendo vista como uno de los principales mecanismos de preservación de valor patrimonial, incluso entre segmentos medios.

El resultado es que la industria latinoamericana de fondos mantiene niveles de penetración relativamente reducidos frente al tamaño de sus economías y poblaciones. La OCDE ha señalado que, salvo excepciones como Brasil, la industria regional de fondos mutuos continúa subdesarrollada en relación con el PIB y el ingreso per cápita.

Brasil representa precisamente una excepción relevante. Su mercado de fondos logró desarrollar mayor profundidad financiera gracias a décadas de sofisticación bancaria, altas tasas de interés históricas y una amplia base de inversionistas locales. Sin embargo, incluso allí el reto de migrar ahorro de corto plazo hacia inversión patrimonial de largo plazo continúa siendo relevante.

El problema también tiene un componente previsional. Latinoamérica exhibe bajos niveles de ahorro voluntario para retiro. En buena parte de la región, los sistemas pensionarios obligatorios son insuficientes o enfrentan presión demográfica creciente, mientras que el ahorro complementario privado todavía tiene baja penetración entre la población.

Eso limita uno de los motores más importantes para el desarrollo de industrias robustas de gestión de activos: el ahorro sistemático de largo plazo.

Paradójicamente, la revolución fintech sí está creando las condiciones para modificar lentamente este patrón. La expansión de billeteras digitales, neobancos y plataformas de inversión ha reducido barreras de entrada históricas. Hoy, millones de usuarios pueden abrir cuentas, invertir montos pequeños o acceder a instrumentos financieros desde un teléfono móvil.

La transformación digital es evidente. En 2023, América Latina registró más de 262 millones de usuarios de pagos digitales y cerca de 59 millones de usuarios de banca digital, con Brasil y México liderando gran parte de esa expansión, de acuerdo con perspectivas económicas regionales de la OCDE. Además, el número de fintechs latinoamericanas pasó de 703 en 2017 a más de 3,000 en 2024.

Sin embargo, la digitalización financiera aún se encuentra en una etapa relativamente temprana respecto a productos de inversión sofisticados. Muchas plataformas digitales siguen concentradas en pagos, transferencias, consumo o crédito, más que en construcción patrimonial.

Incluso entre usuarios bancarizados digitalmente, persiste una limitada educación financiera sobre conceptos como diversificación, riesgo ajustado, interés compuesto o inversión de largo plazo.

Ahí emerge uno de los principales retos estratégicos para la industria regional de asset management: simplificar radicalmente la experiencia de inversión.

La siguiente etapa del crecimiento probablemente dependerá menos de crear productos complejos y más de diseñar soluciones intuitivas, automatizadas y accesibles para inversionistas primerizos.

Modelos como inversión fraccionada, portafolios automatizados, fondos temáticos accesibles desde aplicaciones móviles y productos híbridos entre ahorro e inversión podrían acelerar esa transición.

La oportunidad potencial es enorme. América Latina cuenta con una población relativamente joven, creciente digitalización y una expansión sostenida de clases medias urbanas en varios mercados. Además, el avance regulatorio fintech en países como Brasil, México, Chile y Colombia está comenzando a generar ecosistemas más propicios para la innovación financiera.

No obstante, la transición de ahorrador a inversionista difícilmente ocurrirá de manera automática. Requiere estabilidad macroeconómica, mayor confianza institucional, incentivos fiscales adecuados y, sobre todo, educación financiera masiva.

Porque el problema de América Latina ya no es únicamente de acceso al sistema financiero. El siguiente gran desafío es lograr que millones de personas no solo guarden dinero, sino que aprendan a invertirlo productivamente.

De los estadios a los portafolios: el Mundial 2026 moverá miles de millones en activos

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La Copa del Mundo de 2026 no sólo será el mayor evento futbolístico de la historia por número de selecciones y partidos; también se perfila como una de las plataformas de movilización de capital más grandes de la década en América del Norte.

 

Latinoamérica: de la fuga de capitales a la fuga de portafolios

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Latinoamérica registró en el último cuarto del siglo XX una marcada fuga de capitales. En contraste, en el primer cuarto de este siglo, la región enfrenta una limitada capacidad de «absorción» de capitales que han llevado a un fenómeno inverso: hoy se genera liquidez y patrimonio, pero se fugan los portafolios de inversión. Mientras la economía de la zona crece a tasas promedio reales de entre 2% y 2,3% anual, las inversiones de latinoamericanos en el mercado offshore de Estados Unidos muestran una expansión mucho más acelerada, con tasas compuestas estimadas de entre 8% y 12% anual.

El problema estructural cíclico

Durante las décadas de los años setenta, ochenta y parte de los noventa, Latinoamérica convivió con un fenómeno estructural que marcó el comportamiento de inversionistas y grandes patrimonios: la fuga de capitales.

Las recurrentes crisis cambiarias, la inflación descontrolada, las devaluaciones abruptas, los episodios de inestabilidad política y los ciclos de endeudamiento llevaron a familias adineradas y empresas a trasladar su dinero fuera de la región como mecanismo de protección.

Hoy, el fenómeno ha cambiado de rostro. Aunque persisten retos políticos y fiscales en varios países, la región es significativamente más estable que hace cuatro décadas.

La inflación, salvo episodios específicos, dejó de ser un problema crónico; existen bancos centrales más autónomos, mercados financieros más sofisticados y una creciente generación de riqueza privada. Sin embargo, Latinoamérica enfrenta ahora una nueva dinámica: ya no se trata únicamente de una fuga de capitales motivada por el miedo, sino de una “fuga de portafolios” impulsada por la búsqueda de mejores oportunidades de inversión.

El problema de fondo es menos financiero y más estructural. La región enfrenta una limitada capacidad de “absorción” de capitales. Es decir, genera liquidez y patrimonio, pero no produce suficientes proyectos atractivos, escalables y rentables capaces de retener una mayor proporción de ese capital dentro de sus propias economías.

La evidencia es clara, en la brecha entre el crecimiento de la región y las carteras offshore. Ese diferencial refleja un cambio profundo en la mentalidad de los inversionistas regionales. Ya no se trata solamente de proteger patrimonio ante el riesgo local, sino de optimizar retornos en mercados que ofrecen mayor profundidad, liquidez, innovación y acceso a sectores de alto crecimiento.

El imán del mercado y las necesidades de inversión en la región

El mercado estadounidense concentra precisamente esos atributos. La profundidad de sus mercados de capitales, la sofisticación de sus vehículos de inversión y el dinamismo de sectores como tecnología, inteligencia artificial, infraestructura digital, salud o energía han convertido al ecosistema financiero de Estados Unidos en un imán para los grandes patrimonios latinoamericanos.

Además, la industria offshore dirigida a inversionistas latinoamericanos se ha profesionalizado de manera acelerada. Bancos internacionales, gestores globales de activos y plataformas de inversión han fortalecido sus equipos especializados en la región, particularmente desde centros financieros como Miami, que se ha consolidado como uno de los principales hubs patrimoniales para América Latina.

En paralelo, muchos mercados locales enfrentan limitaciones importantes. La escasez de proyectos de infraestructura financiables, mercados bursátiles con poca profundidad, menor número de emisoras relevantes y marcos regulatorios que en ocasiones dificultan la innovación financiera reducen el atractivo relativo de invertir localmente.

La infraestructura es quizá el ejemplo más evidente. Latinoamérica enfrenta enormes necesidades de inversión en transporte, energía, agua, logística y digitalización. Diversos organismos multilaterales han estimado durante años que la región requiere invertir entre 3% y 5% de su PIB anual en infraestructura para cerrar brechas de competitividad. Sin embargo, la ejecución de proyectos continúa siendo limitada por problemas regulatorios, incertidumbre política, dificultades de financiamiento y falta de continuidad institucional.

Paradójicamente, mientras existe abundante liquidez privada latinoamericana buscando rendimientos, muchos de esos recursos terminan financiando proyectos, empresas y fondos fuera de la región.

La consecuencia es relevante no solo para la industria financiera, sino para el crecimiento económico regional. Cuando los grandes patrimonios invierten crecientemente en el exterior, las economías locales pierden una parte importante de su capacidad de financiar innovación, infraestructura, expansión empresarial y desarrollo tecnológico.

Esto no significa que el capital esté abandonando completamente a Latinoamérica. De hecho, existen nichos con alto potencial de crecimiento, especialmente en sectores vinculados a digitalización financiera, energía renovable, nearshoring, centros de datos, logística y consumo. Países como México y Brasil han mostrado capacidad para atraer inversión asociada a cadenas globales de suministro y relocalización industrial.

No obstante, la competencia global por capital se ha intensificado. Los inversionistas ya no comparan únicamente oportunidades entre países vecinos, sino entre mercados globales capaces de ofrecer distintas combinaciones de crecimiento, estabilidad, liquidez y sofisticación financiera.

En ese contexto, el gran desafío para Latinoamérica no es solamente evitar la salida de capitales, sino convertirse en una región capaz de generar suficientes oportunidades de inversión competitivas para retener una mayor parte de su propia riqueza.

El reto ya no es exclusivamente macroeconómico. Es, sobre todo, un desafío de productividad, innovación, infraestructura y capacidad institucional. Porque en el nuevo ciclo financiero global, el capital no necesariamente huye del riesgo; simplemente sigue las mejores oportunidades.