UBS Asset Management ha anunciado el lanzamiento de dos ETFUCITS diseñados para ofrecer un acceso sencillo al mercado de renta variable de la India. Según destacan, esta doble oferta pasiva permite a los inversores ajustar su asignación de acuerdo con sus objetivos de inversión y sus preferencias ESG.
Por un lado, el UBS MSCI India SF UCITS ETF ofrece una amplia exposición a compañías indias de gran y mediana capitalización mediante la réplica del índice MSCI India. Con 160 componentes, el índice representa aproximadamente el 85% del universo de renta variable del país. Aunque su valor puede fluctuar en función del índice subyacente, el fondo está basado en swaps, lo que puede resultar beneficioso, ya que los ETFs sintéticos no están actualmente sujetos al impuesto sobre plusvalías en India.
En segundo lugar, el UBS MSCI India Universal UCITS ETF replica el MSCI India Universal Low Carbon Select 5% Issuer Capped Index, que incrementa la exposición a empresas con perfiles ESG sólidos y en mejora, a la vez que excluye de forma sistemática aquellas que no cumplen los criterios establecidos en materia ESG y relacionados con el clima. Emplea réplica física, manteniendo directamente acciones indias, para garantizar transparencia y coherencia entre el perfil ESG del fondo y su índice de referencia. Según indican, este fondo, alineado con el Artículo 8 del SFDR, es la incorporación más reciente a su gama existente de ETF ESG Universal, que incluye ACWI, Australia, Canadá, China, EMU, Japón y Estados Unidos.
¿Por qué India ahora?
La gestora considera que India se ha consolidado como «uno de los mercados más dinámicos del mundo», con previsiones que la sitúan como la tercera mayor economía global en 2027, tras haber alcanzado ya el cuarto puesto con un PIB que supera los 4 billones de dólares. Además destaca que el país cuenta con una población en edad laboral proporcionalmente mayor y mantiene un ritmo de crecimiento anual del 6% al 8%, lo que refuerza su atractivo para los inversores internacionales. Como dato, su mercado bursátil, el quinto más grande del planeta y con una capitalización que también rebasa los 4 billones de dólares, destaca además por su elevada liquidez, con más de 170 compañías cuyo valor de mercado supera los 5.000 millones de dólares.
“Ha habido un aumento notable del interés por la renta variable india últimamente: los activos UCITS en este mercado se han más que duplicado en los últimos dos años y superan actualmente el umbral de los 10.000 millones de USD. Por ello, estamos encantados de poder ofrecer a nuestros clientes una elección entre dos ETF en este segmento: el UBS MSCI India SF sintético, con sus ventajas fiscales; y el UBS MSCI India Universal con enfoque ESG”, afirma Nina Petrini, responsable de Client Coverage Iberia en UBS Asset Management.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha publicado junto al ICAC el “Segundo Comunicado conjunto a la espera de la transposición de la directiva CSRD y modificaciones sucesivas al ordenamiento jurídico español”. Desde el ejercicio 2024, la información de sostenibilidad en la Unión Europea debe ser elaborada de conformidad con la Directiva 2022/2464, de 14 de diciembre, sobre reporte corporativo de sostenibilidad (CSRD), los estándares europeos del EFRAG (ESRS) y las respectivas legislaciones nacionales de implementación.
La CSRD establece un calendario de aplicación que varía según el tipo de empresa, aplicada ya en el ejercicio 2024 a las grandes empresas de interés público con más de 500 empleados, Fase 1.
El 27 de noviembre de 2024, ante la posibilidad de que la transposición al derecho español de la Directiva no estuviera finalizada a 31 de diciembre de 2024, la CNMV y el ICAC emitieron un comunicado conjunto. A fecha de hoy, la CSRD sigue pendiente de transposición en España y se ha publicado por la Comisión Europea: un paquete de propuestas de simplificación “omnibus”, adoptado por la Comisión Europea y aún pendiente de aprobación por el Consejo y Parlamento Europeo y de publicación en el DOUE; y la Directiva “stop the clock”, o de suspensión temporal, que retrasa la aplicación de la CSRD para empresas de las Fases 2 y 3, y el Reglamento delegado “quick fix”, que introduce determinadas simplificaciones en el régimen de desgloses para empresas de la Fase 1.
En la medida en que es posible que la legislación española no se haya equiparado aún a la europea a 31 de diciembre de 2025, la CNMV recomienda, para las entidades españolas de la Fase 1, que publiquen el informe de sostenibilidad del ejercicio 2025 conforme a lasESRS, con el objetivo de que la información sea homologable con la que suministrarán la mayoría del resto de emisores de la Unión Europea. También recomienda tener en consideración el Reglamento delegado “quick fix”, que congela determinados requisitos de desglose durante dos años.
Y respecto de las entidades de la Fase 2, recomienda que valoren si sería conveniente que apliquen las ESRS o el estándar voluntario de reporte de sostenibilidad para pequeñas y medianas empresas (VSME), teniendo en cuenta la Directiva de suspensión temporal y resto de normativa europea en curso.
En relación con la verificación de esta información por un experto independiente, el comunicado conjunto recomienda que los verificadores valoren y tengan en consideración los últimos desarrollos nacionales e internacionales, concretamente el texto de la norma técnica de verificación (no aprobada) del ICAC, las directrices publicadas por COESA y la ISSA 5000.
ING impulsa la diversificación de su propuesta de inversión con la incorporación de dos ETNs vinculados a las principales criptomonedas: bitcoin y ethereum. A partir de hoy, estos productos están disponibles a través del Bróker NARANJA, ofreciendo a los clientes una forma sencilla y regulada de acceder al mercado cripto.
Con la incorporación de ambos ETNs, ING mantiene su compromiso para responder a las necesidades de sus clientes incorporando el acceso a las dos divisas digitales principales, bitcoin y etherum, que actualmente representan el 58,7% y el 12,4% del mercado de cripto respectivamente. La entidad pone a disposición de sus clientes un vehículo de inversión que ha cobrado mucha relevancia y continuará ampliando su oferta en productos cotizados a lo largo de 2026.
El Bróker NARANJA de ING ha registrado resultados históricos en el último año. La plataforma ha incrementado su actividad en un 37%, ha sumado un 40% más de nuevos clientes y ha logrado un aumento del 22% en activos bajo gestión, consolidándose como una opción competitiva para los inversores particulares que buscan una experiencia sencilla y completa.
Este crecimiento refleja la apuesta de ING por productos cotizados y la evolución del comportamiento inversor en España, donde la demanda de soluciones diversificadas sigue en aumento.
Los ETFs se han consolidado como el vehículo de inversión que ha impulsado el bróker de ING. En los últimos doce meses, la actividad en ETFs ha crecido un 134% respecto al año anterior, y las activaciones de cuentas cuya primera operación es un ETF se han disparado un 216%. Este fenómeno se extiende especialmente entre los jóvenes, con un incremento del 84% en menores de 25 años.
Ya hace muchos años, décadas, que la “cartera diversificada” como concepto se atribuye a lo mismo: una combinación de renta fija, renta variable, inmobiliario y liquidez. Más que diversificada, yo la veo una cartera clásica. Y, como todo lo clásico, esa estructura parecía inamovible. Parecía, pero ahora vemos que no lo era.
Porque todo cambia, e incluso aquello que se ha mantenido tanto tiempo erguido puede tambalearse en cualquier momento.
Lo importante aquí, sin embargo, es por qué lo hace. No es algo pasajero como un terremoto que viene, agita y desaparece. Ni es una moda que llega, conquista y se va por donde ha venido. Para mí, el modelo clásico de cartera diversificada está amenazado por algo mucho más tangible y definitivo: el cambio de orden de la energía, que ha pasado de ser un bien esencial a convertirse en un activo estratégico de primera categoría.
En 2023, más de 25% del capital nuevo en activos alternativos se destinó a infraestructuras energéticas. Ejemplos son BlackRock, Brookfield, KKR, Goldman Sachs, Ardian… Porque son los mayores gestores del mundo quienes están redirigiendo miles de millones hacia energía renovable, almacenamiento e infraestructura verde. Y, muy probablemente, no lo están haciendo por imagen. Creo que el motivo está más relacionado con la rentabilidad, la estabilidad y la estrategia.
La energía se ha posicionado, merecidamente, como el nuevo eje central de las carteras no solo diversificadas, también inteligentes.
Pero ello no impide que siga habiendo inversores atrapados en el túnel del tiempo, donde este tipo de activos son solo cosa de fondos soberanos o institucionales. No, la realidad de hoy está tras la luz al final del túnel. Gracias a la tecnología, cualquier inversor con un mínimo de visión es capaz de participar de este cambio de paradigma.
La decisión es más sencilla de lo que parece: ir hacia ella o quedarse en la oscuridad.
Una necesidad básica que ha ascendido a activo financiero estructural
Históricamente, la energía ha sido vista como un insumo, no como una clase de activo. Las inversiones se hacían en compañías del sector —acciones de utilities o petroleras—, pero no directamente en infraestructuras.
Pero eso es cosa del pasado. Hoy es diferente desde que la transición energética ha convertido las plantas solares, los sistemas de baterías, las redes inteligentes y la eficiencia industrial en infraestructurasfinancieras con flujos de caja estables, garantías blindadas con contratos a largo plazo y cada vez un menor riesgo operativo.
Y es que una planta solar bien estructurada genera ingresos recurrentes durante 20 años. Un sistema BESS (Battery Energy Storage System) bien operado participa en mercados diarios y servicios de red con retornos fácilmente superiores al 10 % anual. Ambos son ejemplos de activos con TIR comparables a la renta variable, pero con la volatilidad que se espera de la renta fija.
¿Qué están haciendo los grandes fondos?
Cuando se anda en busca de algo, no está de más fijarse en el rastro del suelo. Y la huella de los grandes fondos es tan profunda como fiable para encontrar el camino.
Lejos de intuiciones, hay pruebas de la existencia del nuevo paradigma y están respaldadas por capital institucional:
BlackRock ha lanzado su tercer fondo de infraestructuras sostenibles con más de 7.000M$, KKR ha ampliado su participación en proyectos solares y eólicos a través de alianzas con promotores europeos, y Goldman Sachs está tokenizando parte de su cartera de infraestructuras para abrirla a nuevos perfiles de inversores.
Eso es lo que está ocurriendo en la última planta de las finanzas globales. Mientras tanto, más abajo, el inversor medio sigue sin asomarse a la ventana, pensando que la diversificación se limita a comprar un ETF global, una plaza de garaje o acciones de tecnológicas. Asociando el éxito financiero a tener una cartera en renta variable global, cuando en realidad radica en el acceso a activos reales que produzcan a diario.
La infraestructura energética frente a otros activos populares
¿Contra inmobiliario? La realidad es que la vivienda depende de factores inestables como el ciclo económico, la demanda local o la ocupación. La energía, en cambio, no. Porque se consume cada día irremediablemente, en cada industria, en cada ciudad. Las plantas energéticas no se devalúan si suben los tipos, pueden seguir vendiendo kilovatios a granel.
¿Contra private equity? Todos conocemos los riesgos inherentes a las startups. Pueden quebrar, pivotar o desaparecer. Los riesgos asociados a una instalación fotovoltaica están mitigados, entre muchas otras cosas, con contratos PPA (Power Purchase Agreement) de compraventa de energía. Lo que proporciona un horizonte claro, garantiza demanda y reduce el riesgo operativo a mínimos.
¿Contra cripto? Solo hay que tener en cuenta que la infraestructura energética también se puede tokenizar. De hecho, se tokeniza. Lo que la aleja de la criptomoneda es que no está sujeta a especulación irracional, porque representa una fracción de un activo que existe físicamente, produce energía y genera ingresos. El futuro estaba en tokenizar activos, ahora está en tokenizar activos reales.
De la alternativa al estándar
¿Y por qué este cambio es irreversible? Porque la transición energética es una transformación estructural independiente de los ciclos.
Y porque los activos energéticos, además de ser rentables, algo que puede decirse de muchos otros activos, ofrecen algo que pocas inversiones dan hoy: la revolucionaria combinación de estabilidad, impacto real y control.
El nuevo sistema eléctrico global se está repartiendo entre los inversores que han decidido poner su dinero para financiar una instalación solar o un sistema de baterías. Un sistema compartido que necesita seguir nutriéndose de capital para cumplir los objetivos climáticos de 2030. De hecho, según BloombergNEF, hacen falta más de 5 billones de dólares anuales hasta dicho año para lograrlo.
Esto pide más inversión, pero no supone limosna ni altruismo. Invirtiendo en infraestructura energética todos ganan, porque esta se traducirá en más oportunidades, mejores condiciones y nuevos modelos de acceso.
La energía ha salido del banquillo de suplentes y ahora está revolucionando la partida. El mapa financiero mundial se está reordenando, y quien no se ubique dentro de él deberá conformarse con carteras estériles, flujos inciertos y oportunidades que otros aprovecharán en su lugar.
Artículo escrito por Fernando Dávila, CEO y cofundador de Crowmie.
Foto cedidaHervé Boiral, director de inversiones de Crédito Euro de Amundi
El BCE ha recortado a lo largo de 2025 los tipos de interés hasta el 2%, provocando una rotación de dinero desde el cash hacia otras partes del mercado financiero… ¿o no exactamente? “Esperábamos que los inversores salieran de los fondos monetarios para entrar en fondos de crédito. Pero, del lado institucional, no hemos visto muchos flujos de entrada, estos han venido principalmente del lado minorista”, detalla Hervé Boiral, director de inversiones de Crédito Euro de Amundi, y gestor del fondo de crédito a corto plazo Amundi S. F. Diversified Short Term.
¿Qué explica este movimiento? “Muchos clientes ha comprado muchos fondos a vencimiento, generalmente con duraciones de 4 a 5 años. Hemos visto este movimiento particularmente en el sur de Europa”, sigue explicando Boiral, que atribuye este éxito entre los inversores minoristas a que, “eran estrategias muy sencillas, fáciles de vender y de comprender”.
Para el experto, la clave es que este movimiento ha provocado un gran cambio en el mercado europeo de crédito: “Previamente, los inversores profesionales, como nosotros, estábamos más enfocados en el spread respecto a la deuda soberana. Pero ahora estamos viendo cada vez más gente comprando crédito interesada por el nivel de retorno. No están enfocados en los diferenciales, solo quieren comprar un instrumento de renta fija que les dé un 4%”. Boiral habla concretamente de que estamos ante “la llegada de participantes externos al mercado de renta fija”. Un nuevo tipo de inversor “probablemente más orientado hacia los multi activos o que da más prioridad al asset allocation”. Por tanto, concluye Boiral, hoy lo que está impulsando a esta clase de activo – ya sea en Europa o en EE.UU., aclara- es el rendimiento en sí, “sin que les importe cuál va a ser la prima respecto a la TIR de los bonos de gobierno”, y más en abierta competición con la renta variable.
Al mismo tiempo, desde Amundi han constatado que el apetito por bonos corporativos ha sido notorio a lo largo de 2025, particularmente en el mercado primario: “Hemos visto que la demanda por estos bonos es enorme. Con frecuencia, hemos visto sobre suscripciones a bonos de cinco y a veces de hasta diez veces. Por tanto, parece que todavía hay mucho dinero que quiere ser invertido en crédito”, concluye Boiral.
El experto ha viajado recientemente a España para explicar los detalles de la gama de fondos de crédito a corto plazo de Amundi, particularmente el Amundi S. F. Diversified Short Term, que describe como “una manera intermedia de salir del mercado monetario”, dado que los inversores obtienen exposición a deuda IG con vencimientos a cinco años.
Hemos visto que los factores técnicos son muy fuertes para el crédito. ¿Qué hay del lado de los fundamentales?
En la parte fundamental, diría que el entorno es bastante fácil porque tenemos crecimiento, pero este no es ni demasiado alto, ni demasiado bajo, ni apunta a una recesión. Es el tipo de situación que me gusta para invertir en crédito. Si tienes tasas muy elevadas de crecimiento, las compañías tendrán más disposición a endeudarse mucho. Como gestor de crédito, no me gusta el apalancamiento, pues implica que las compañías adquieren demasiados compromisos. Por otra parte, si nos dirigimos hacia una recesión, las ventas caerían, y eso tampoco sería bueno para las compañías. Por tanto, estar en una situación intermedia, de crecimiento ni muy alto ni muy bajo, es el entorno perfecto para el crédito: las compañías siguen siendo cautas, no van a apalancarse ni a meterse en operaciones de M&A, y siguen ganando dinero.
¿Qué previsiones maneja para el lado de la política monetaria? ¿Ha terminado el BCE con su ciclo de bajada de tipos?
Según las previsiones del Instituto Amundi, podríamos ver la tasa terminal del BCE en el 1,5%, sabiendo que el ritmo de los próximos recortes podría ser un poco más complicado. Esta tasa final podría darse por dos cosas. La primera, que el crecimiento no es muy alto en Europa, por lo que podría ser bueno para tratar de impulsar el crecimiento. Y el segundo aspecto tendría que ver con que, si la Fed también baja tipos, pondrá algo de presión sobre el BCE, porque si el diferencial entre la Fed y el BCE es demasiado estrecho, esto debería debilitar al dólar e importar inflación. Por tanto, al final, también podría empujar al BCE a rebajar los tipos. Mientras el BCE no está hablando todavía de recortar más, nuestra visión es que habrá dos bajadas de tipos más, lo que difiere del consenso actual.
¿Cómo podría afectar esto al crédito europeo?
Si la Fed baja más los tipos, que es lo que espera el mercado, y si, como pensamos, el BCE puede verse tentado a recortar, estas tasas más baja sería bastante beneficiosa para el crédito. Si eres un inversor en dólares, puede que obtengas un 4%. Si piensas que a un año tendrías el 3%, podrías verte tentado a asumir más riesgo a través del crédito. Es por eso que debería ser positivo para el crédito, tanto en EE.UU. como obviamente en Europa, y por eso estamos bastante positivos en crédito por el momento.
¿Cómo está posicionada ahora su estrategia?
Nuestro proceso de inversión combina análisis top down y bottom up. Tenemos especial predilección por el sector financiero y estamos muy optimistas con el sector bancario. Los bancos lo han hecho muy bien hasta ahora, con sólidos beneficios, y hemos visto muchas mejoras de rating en Italia y España. Además, si tienes temores en torno al crecimiento o a los aranceles, el primero en sufrir sería el sector industrial, los bancos irían en la segunda ronda, si es que sucede.
Dentro del universo clásico de crédito, creo que el 40% de los bonos son del sector financiero. Los bancos europeos tienen muy buenos ingresos y todavía ofrecen diferenciales un poco amplios, especialmente en deuda subordinada, y pensamos que la mejor manera de obtener exposición a la banca es invirtiendo en la estructura de capital más baja. Nos gusta la deuda Tier 2 y los AT1s, aunque en los últimos tiempos hemos visto algunos AT1s, especialmente en el sur de Europa, un poco caros. Así que hemos incrementado posiciones en RT1s, que son el equivalente a los AT1s en aseguradoras. Tenemos un gran equipo de análisis de crédito, y nos beneficiamos de contar con analistas especializados en seguros, que nos permite ser más perspicaces.
Otro sector con sobreponderación es el real estate. Está muy correlacionado con el nivel de las tires, por lo que se podría beneficiar de más bajadas del BCE. Por otra parte, este sector todavía ofrece diferenciales muy grandes, por lo que estamos realmente compensados por el riesgo que estamos tomando. Además, el plan de infraestructuras de Alemania podría ser positivo para el real estate, lo que explica nuestra posición positiva en compañías alemanas del sector.
Por otra parte, como esperamos algunos recortes más del BCE, estamos sobreponderados en la duración en el segmento de dos años, que está rindiendo actualmente al 2%. Si el BCE no hace nada, debería mantenerse al 2%, y si recorta, deberíamos beneficiarnos del recorte, pues parece una opción gratuita (si bien sabemos que no hay ninguna opción gratuita).
¿En qué sectores son más cautos?
Si vemos más aranceles, podría ser un poco complicado para el sector industrial, como las químicas o los consumidores. Afectaría a estos sectores cíclicos.
Por otro lado, el sector de automoción es muy particular: está experimentando una intensa competencia con China, alta presión de los aranceles, mientras invierten masivamente en vehículos eléctricos … Los fabricantes de automóviles se están enfrentando a dificultades, y esperamos que algunos emisores sean degradados a high yield. Es un sector complejo, donde tendemos a ser cautos. Y, si invirtiéramos en el sector, elegiríamos bonos a corto plazo”.
Nadia Grant, directora de renta variable global de BNP Paribas Asset Management
Tras un período marcado por la incertidumbre y la volatilidad, la renta variable ha sorprendido al mercado con una recuperación más sólida de lo que muchos anticipaban. La caída registrada tras el llamado “Día de la Liberación” llevó a prever un escenario complejo, pero la realidad ha sido distinta: las bolsas han repuntado con fuerza, impulsadas por la resiliencia empresarial y el dinamismo del consumo, considera en un pódcast de BNP Paribas Asset Management su directora de renta variable global, Nadia Grant.
Un entorno macroeconómico favorable
Las previsiones para 2026 se presentan, en su opinión, positivas. Tanto empresas como consumidores muestran una posición financiera saludable: las primeras exhiben balances robustos y los segundos mantienen un elevado nivel de empleo. A pesar de ciertos riesgos a la baja en el mercado laboral, la reducción estructural de la oferta de trabajadores —por el avance de la jubilación de los “boomers” y el endurecimiento de las políticas migratorias— podría sostener la fortaleza del empleo durante más tiempo.
Además del consumo, otros componentes del PIB también apuntan al alza. La inversión está recibiendo un impulso extraordinario gracias al desarrollo de la inteligencia artificial (IA), cuyo impacto se extiende ya a toda la economía, subraya Grant.
A diferencia de ciclos anteriores, esta ola inversora es más intensiva y se centra en infraestructura tecnológica esencial. En Estados Unidos se observa, además, un repunte notable de la actividad constructora, un motor adicional para el crecimiento. En paralelo, las políticas fiscales siguen siendo expansivas, aunque los aranceles podrían restar parte del efecto positivo.
Beneficios empresariales en ascenso
Este entorno de mayor crecimiento se refleja, según Grant, en las expectativas de beneficios. El consenso prevé que las empresas estadounidenses aumenten sus ganancias más de un 10% en 2026, apoyadas también por la debilidad del dólar, que favorece a los exportadores. El sector tecnológico ha sido el principal beneficiado de las revisiones al alza en las estimaciones de beneficios por acción.
Sin embargo, se espera un cambio importante: una mayor diversificación en la contribución por sectores. En 2025, el conjunto de tecnología, medios y telecomunicaciones representó el 65% de los beneficios del S&P 500. Para 2026, se prevé un descenso hasta el 44%, dejando espacio para que otros sectores ganen protagonismo. Grant señala que “esta ampliación de la base de crecimiento se interpreta como una señal de mayor salud y equilibrio en el mercado”.
Convicciones de inversión: defensa, relocalización y energía
Grant cree que entre las grandes temáticas que concentran mayor convicción destacan varias: “Seguimos pensando que nos encontramos en un superciclo del sector de defensa, lo que nos lleva a invertir en compañías del sector en todo el mundo, especialmente en Europa. La relocalización es otra de las temáticas que nos sigue resultando interesante. He mencionado antes el repunte de la actividad de construcción en Estados Unidos, pero dicho repunte no se limita al mercado estadounidense; también está el plan alemán de infraestructuras. Nos gustan las empresas europeas que podrían verse favorecidas por dicho plan, como las expuestas al sector de la construcción, entre las que se incluyen las cementeras de la región”.
Asimismo, el sector financiero europeo continúa siendo atractivo, igual que determinadas áreas tecnológicas en China, especialmente las relacionadas con IA. También se mantiene un fuerte interés por la electrificación y la creciente demanda energética, que obliga a modernizar redes de transmisión e integrar una mayor capacidad renovable.
“Una de nuestras convicciones que quizás es más contraria a la opinión de consenso es el sector salud, al que pensamos que merece la pena prestar mayor atención. El sector cotiza a unas valoraciones muy bajas, a niveles que no veíamos desde la crisis financiera mundial, lo que se debe principalmente al contexto de incertidumbre política”, indica la experta.
Muchas compañías exhiben fundamentales sólidos y un perfil de crecimiento atractivo, especialmente las vinculadas al envejecimiento de la población y áreas terapéuticas como la oncología.
¿Riesgo de burbuja? Una comparación con el 2000
Aunque el temor a una recesión ha disminuido, crece la inquietud frente a una posible burbuja, especialmente en torno a la inteligencia artificial. Sin embargo, las comparaciones con el año 2000 parecen prematuras, opina Grant. A diferencia de las empresas de la burbuja puntocom, los grandes actores actuales —las llamadas “Siete Magníficas”— presentan márgenes de flujo de caja muy superiores a la media del S&P 500 (16% frente a 11%). Además, gran parte de sus gigantescos gastos de capital se financian con recursos propios, no con deuda. La nueva política fiscal estadounidense podría incluso reforzar esos flujos de caja.
“Aunque es posible que exista un cierto exceso de optimismo que conviene vigilar, no creo que estemos todavía en los niveles propios de una burbuja”, explica.
Valoraciones: más calidad estructural que exceso
Por otra parte, el análisis de las valoraciones exige distinguir entre distintos enfoques. La prima de riesgo de la renta variable se sitúa en niveles reducidos frente a los años recientes. Grant indica que “si analizamos las medias a largo plazo, y nos fijamos en los niveles que se registraban en las décadas de 1960 o 1970, vemos que seguimos muy por debajo de los niveles históricos. Seguimos estando por debajo del nivel de la década de 1980. Ello refleja una mayor visibilidad de los beneficios y una composición del índice dominada por empresas de mayor calidad. Las compañías son mucho menos cíclicas, y cuentan con factores impulsores de crecimiento estructurales”.
La rentabilidad sobre el patrimonio también muestra que el mercado no se encuentra excesivamente sobrevalorado respecto a su media histórica. En Asia, pese a las fuertes subidas del último año, las valoraciones siguen muy por debajo de los máximos de años anteriores, lo que indica un amplio margen de revalorización a medio plazo.
De este modo, a nivel global en 2026 la inteligencia artificial continuará siendo un motor clave, acompañada de tendencias como defensa, relocalización industrial, electrificación y salud. Aunque existen riesgos —especialmente relacionados con valoraciones y expectativas—, desde la gestora destacan que la clave, como siempre, será mantener una visión selectiva y centrada en sectores con fundamentos sólidos y capacidad real de generar beneficios en un entorno global cambiante.
Los riesgos crediticios han aumentado, pero se mantienen contenidos, a pesar de la aparición de «cucarachas». Comprender los fundamentales del crédito reviste cada vez más importancia, ya que la compensación por el riesgo crediticio se encuentra en mínimos históricos y observamos crecientes fracturas en segmentos como los préstamos apalancados, el crédito privado, los inmuebles comerciales de oficinas y determinados ámbitos de crédito al consumo. Este deterioro se ve acentuado por los recientes impagos y quiebras surgidos en estos sectores. La refinanciación corporativa a un coste de la deuda mayor pondrá el foco en aquellas empresas con balances débiles y puede provocar un aumento de los impagos, lo que reforzará la naturaleza cíclica de las tensiones crediticias. Los ámbitos con un apalancamiento excesivo suelen ser el origen de todos los problemas y una contracción del crédito suele llevar a una recesión; permanecemos atentos a cualquier indicio de aumento de la presión, tanto desde una perspectiva descendente como ascendente.
La interconexión y la falta de transparencia suponen un desafío para el crédito privado. En nuestra opinión, las características que definen a los mercados privados son su falta de transparencia y la ausencia de precios ajustados al valor de mercado. Estas características dejan a los inversores sin suficientes datos para determinar con certeza dónde residen los riesgos, especialmente, porque el rápido crecimiento de los préstamos crediticios puede dar lugar a condiciones de suscripción laxas. La clase de activos de crédito privado aún no ha experimentado un ciclo crediticio completo, por lo que la evolución de estos balances en un entorno de tipos normalizados sigue siendo incierto. Al analizar el mecanismo de transmisión hacia la economía real, también nos inquieta la interconexión entre los fondos de inversión, el sistema bancario y las empresas de IA, ya que incrementa la posibilidad de que los eventos crediticios individuales se conviertan en un problema sistémico.
Los consumidores siguen gastando, respaldados por el gasto público y la relajación monetaria. La economía estadounidense, impulsada sobre todo por el consumo, ha demostrado su resiliencia a pesar de las fluctuaciones. Este consumo depende en gran medida del decil de ingresos más alto, que a su vez depende de que la evolución del mercado de renta variable siga impulsando el efecto riqueza. Al mismo tiempo, el dominio fiscal se está convirtiendo en un motivo de preocupación central, no solo en Estados Unidos, sino también a escala mundial, ya que la envergadura de los balances de muchos países y un enfoque autocomplaciente con respecto a la disciplina fiscal plantean interrogantes sobre las expectativas de inflación y la estabilidad financiera. Además, China sigue lastrada por el colapso de su mercado inmobiliario, lo que plantea mayores riesgos geopolíticos, en lo que cabe incluir guerras comerciales, que se suman a la incertidumbre.
Las valoraciones suponen un desafío, pero aún existen oportunidades atractivas e idiosincrásicas. Dadas las exigentes valoraciones de todas las clases de activos de renta fija, estamos aprovechando nuestra sólida plataforma de análisis para encontrar ideas atractivas y ascendentes en todos los sectores, las regiones, el espectro de calidades crediticias y las estructuras de capital. En este entorno de diferenciales, es menos probable que las rentabilidades provengan de una mayor compresión descendente de los diferenciales, por lo que nos centramos en construir carteras que combinen el carry y el potencial de revalorización. En estos momentos, estamos encontrando valor en nichos del crédito estructurado, exposiciones corporativas defensivas, alto rendimiento idiosincrásico y deuda soberana de mercados emergentes.
Posicionamiento en renta fija mundial
Nuestro escenario base sigue siendo compatible con un entorno macroeconómico de bajo crecimiento e inflación contenida que debería favorecer unas rentabilidades relativamente atractivas en la renta fija mundial. Dada la reducida volatilidad y la escasa dispersión en la mayoría de los mercados de diferenciales, creemos que es importante mantener la flexibilidad en nuestro enfoque de inversión activa. Cabe destacar que seguimos centrados en la liquidez de la cartera, con el fin de aprovechar los futuros desajustes en el mercado.
Deuda corporativa
El entorno de diferenciales ajustados en el crédito investment-grade refleja tanto la solidez de los fundamentales como la fortaleza de los indicadorestécnicos, a medida que seguimos presenciando entradas de capital en esta clase de activos. Prevemos que esta tendencia persista, algo que coincidiría con nuestro escenario macroeconómico base, por lo que mantenemos una ligera sobreponderación, aunque con un sesgo defensivo, y hemos añadido coberturas para compensar el riesgo de una ampliación repentina en los diferenciales. En el crédito de alto rendimiento, redujimos tácticamente la exposición a los valores con mayor beta, en previsión de cierta volatilidad en los créditos con menor calificación a medida que se acerca el final del año. El panorama general del mercado público de alto rendimiento sigue siendo favorable, dada la mejora en la calidad del índice, y podría generar rentabilidades en los próximos 12 meses si continúa la relajación monetaria y fiscal. En general, dadas las exigentes valoraciones crediticias en el segmento de alto rendimiento, prevemos que la generación de rendimientos llegue por medio del carry en lugar del estrechamiento de los diferenciales.
Tipos
Aunque parece poco probable que se produzca una recesiónmundial a corto plazo, dada la relajación de las políticas, la duración podría evolucionar favorablemente si el crecimiento económico se ralentiza aún más. Como consecuencia, estamos ligeramente sobreponderados en duración, pero con menos convicción en las posiciones de pronunciación de la pendiente de la curva que antes. Parece que las expectativas de tipos de interés para los bonos soberanos de los mercados desarrollados se han descontado razonablemente.
Creemos que hay más margen para que algunos bonos soberanos de mercados emergentes se relajen en materia de tipos, siempre y cuando el dólar estadounidense no experimente una apreciación notable. Existen oportunidades idiosincrásicas interesantes en materia de tipos en algunos mercados, como Islandia, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia.
Estados Unidos representa uno de nuestros mercados con mayor convicción para sobreponderar la duración, dada nuestra expectativa de que los tipos neutrales reales se acerquen al 1%, aunque preferimos exposiciones a vencimientos de bonos de 10 años e inferiores. Por otro lado, no pensamos que los mercados hayan descontado suficientemente la política de endurecimiento del Banco de Japón, lo que nos lleva a mantener una duración infraponderada en ese país (expresada en los tramos cortos de la curva).
Hemos reducido la exposición en Europa, especialmente en los países periféricos, dado que los diferenciales con Alemania han llegado a niveles históricamente reducidos, aunque Italia sigue siendo unos de los mercados preferidos. Nuestra exposición a Francia ha pasado de ser una ingente posición infraponderada a una posición neutral en cuanto a duración, dada la ampliación de los diferenciales, que refleja en gran medida los retos políticos y fiscales que se avecinan. Mantenemos la sobreponderación en duración al ReinoUnido, ya que consideramos que el Banco de Inglaterra va rezagado en la implementación de la política de relajación monetaria.
En lo que respecta a los mercados emergentes de tipos de interés locales, en Latinoamérica nos decantamos por países como Uruguay, Perú y Brasil, que ofrecen rendimientos reales elevados y disfrutan de ciclos electorales favorables. También preferimos otras exposiciones, como Sudáfrica, dadas nuestras expectativas de mejora de la credibilidad del banco central y reducción del riesgo fiscal. Esperamos que el Banco de China mantenga su laxa política monetaria, pero con una curva plana y bajos rendimientos, por lo que mantenemos la posición de infraponderación en duración en el gigante asiático.
Conclusión
Para afrontar el dilema de la valoración en la renta fija se precisa seguir de cerca los riesgos crediticios, aprovechar las sólidas capacidades de análisis y estar preparados para sacar partido de los desajustes del mercado. Las exigentes valoraciones actuales y las inciertas perspectivas a escala mundial exigen un enfoque estratégico y selectivo en la construcción de carteras, utilizando la experiencia de analistas de crédito y estrategas de deuda soberana para identificar oportunidades ascendentes. Incluso en este entorno, consideramos que una cartera bien construida presenta el potencial de seguir generando rentabilidades atractivas en el universo de renta fija mundial.
Tribuna de opinión firmada por Pilar Gómez – Bravo. Co-CIO Fixed Income, Fixed Income Portfolio Manager en MFS Investment Management
La inteligencia artificial se ha convertido en la fuerza dominante en los mercados bursátiles. Aunque todavía es pronto para medir el alcance real de sus aplicaciones —y mucho más para anticipar la trayectoria futura de la tecnología— los mercados son máquinas anticipatorias, y ya han votado a favor de su capacidad para impulsar los beneficios. Pero más allá de esta lectura inmediata surge una cuestión más profunda: cómo la IA transformará las grandes variables macroeconómicas, en particular los tipos de interés, el ancla que fija la valoración de todos los activos.
Al cambiar la forma en que las economías invierten, producen y ahorran, la IA puede redefinir el tipo de interés natural, el tipo real R*compatible con pleno empleo e inflación estable. Durante más de una década, este tipo natural ha permanecido deprimido por factores estructurales: envejecimiento demográfico, exceso de ahorro, eficiencia tecnológica y un fuerte apetito global por activos seguros. La IA amenaza con alterar ese equilibrio.
El primer impacto surge del mundo físico. Desplegar IA requiere chips avanzados, centros de datos, refrigeración intensiva y, sobre todo, electricidad. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo energético de los centros de datos podría casi duplicarse para 2030. La inversión vinculada a la IA podría superar el 2% del PIB mundial. Este “superciclo” de infraestructuras incrementa la demanda de inversión y, con ella, el tipo natural de equilibrio. Es una reedición digital de los grandes procesos de industrialización del pasado, aunque esta vez las materias primas son energía y capacidad de cómputo en lugar de acero y mano de obra.
El segundo canal es la productividad. La IA promete automatizar tareas cognitivas, reducir costes y multiplicar la producción humana. Si esa promesa se materializa, un mayor crecimiento tendencial sostendría un R* más alto. Pero la adopción no es inmediata. Como en todas las tecnologías de propósito general, los primeros años suelen combinar inversión galopante y ganancias de eficiencia modestas. Además, su impacto sobre el empleo es ambiguo: cuando complementa a los trabajadores cualificados, impulsa la renta y el ahorro; cuando sustituye tareas rutinarias, presiona salarios y aumenta la desigualdad. El efecto neto sobre el tipo natural dependerá de cuál de estas fuerzas domine.
La inflación probablemente evolucionará en dos fases. En la fase inicial, el despliegue de infraestructuras choca con cuellos de botella en energía, equipamiento y mano de obra especializada, generando inflación de costes. Más adelante, a medida que la automatización se generalice, prevalecerá la desinflación. Podríamos entrar así en un mundo de tipos reales más altos y precios más estables, similar al equilibrio de los “Goldilocks” de finales de los noventa. Los tipos nominales serían más altos que en la última década, pero seguirían bien anclados por expectativas de inflación contenida.
Más allá de este horizonte aparece una cuestión mayor: ¿qué ocurre si la IA evoluciona hacia una Inteligencia Artificial General (AGI), capaz de aprender y mejorarse a sí misma? En ese escenario, el comportamiento del R* podría fracturarse. Si la AGI provoca hipercrecimiento, mayor demanda energética y profunda acumulación de capital, los tipos reales podrían dispararse. Pero si, por el contrario, convierte el trabajo y el capital digital en bienes infinitamente replicables, los costes marginales caerían y la necesidad de inversión tradicional se reduciría. En ese mundo, los tipos reales seguros podrían hundirse aún más, pese al avance tecnológico.
Esto nos llevaría a un equilibrio dual: un RS* “seguro” bajo, alimentado por el exceso de ahorro, y un RP* “productivo” alto, ligado a activos físicos escasos —suelo, capacidad de cómputo, materiales críticos— que seguirán siendo limitados incluso en un contexto de inteligencia abundante. El arbitraje que normalmente unifica los retornos dejaría de funcionar: los bancos centrales operarían sobre un tipo mientras los mercados responderían a otro.
Esta divergencia ya empieza a percibirse: rentabilidades extraordinarias de las acciones líderes en tecnología frente al resto, y a unos tipos de interés aún moderados. La AGI convertiría esta brecha en algo estructural. Los bancos centrales, que manejan la política monetaria por medio del tipo nominal seguro, verían cómo sus herramientas dejan de influir en los sectores que impulsan el crecimiento real. La política fiscal, por su parte, podría verse obligada a emitir más deuda y a gestionar las consecuencias sociales de la automatización. Incluso la Renta Básica Universal podría dejar de ser un experimento teórico.
Para los inversores, las implicaciones son asimétricas. Un mundo de R* más alto y precios estables favorece a las acciones de las compañías que se beneficien de la transformación y a ciertos activos reales vinculados a cuellos de botella físicos. Los bonos recuperarían su papel defensivo. Pero si la AGI genera abundancia digital y desinflación, los retornos podrían concentrarse exclusivamente en los activos ligados a escaseces materiales. La construcción de carteras tendrá que navegar ambas realidades: la liquidez fijada por un R* seguro bajo y el crecimiento fijado por un R* productivo alto.
Todo esto puede parecer especulativo —y, de hecho, aún no está en el radar de la mayoría de los inversores ni de las discusiones de política monetaria—. Hasta ahora, surfear la ola de la IA ha sido sencillo. Pero conforme la tecnología madure y su adopción se generalice, el panorama será mucho más complejo. La historia puede orientarnos, pero solo hasta cierto punto. Hemos vivido grandes booms de inversión, pero nunca uno con un potencial transformador tan profundo.
Tribuna de opinión firmada por Fernando de Frutos, director de inversiones en Boreal Capital Management.
El Índice Global de Inclusión Financiera 2025 revela que el progreso hacia una mayor inclusión financiera se ha estabilizado tras dos años consecutivos de mejoras. El puntaje mundial se sitúa en 49,4 sobre 100, una leve caída de 0,2 puntos respecto a 2024, aunque muy por encima del 41,7 registrado en 2022, cuando se lanzó el índice elaborado por Principal Financial Group y el Centre for Economics and Business Research.
El estudio, que analiza la evolución de la inclusión financiera en 42 mercados, mide cómo los gobiernos, los sistemas financieros y los empleadores contribuyen al acceso a productos y servicios financieros. En su cuarta edición, el informe muestra una tendencia de “meseta” en los avances globales, influida por un contexto de tensiones geopolíticas, incertidumbre comercial y presiones económicas.
Los gobiernos toman el relevo ante la retirada de los empleadores
El informe advierte de una caída global en el apoyo de los empleadores, cuyo puntaje descendió 0,6 puntos. En total, 35 de los 42 mercados (83%) registraron retrocesos en este indicador, reflejando cómo la inestabilidad económica y los riesgos comerciales han llevado a las empresas a adoptar posturas más conservadoras en beneficios y flexibilidad laboral.
Sin embargo, a medida que los empleadores se retraen, los gobiernos y los sistemas financieros han intensificado su papel. El puntaje de apoyo gubernamental aumentó 0,6 puntos a nivel mundial, con mejoras en todas las principales regiones. En paralelo, los sistemas financieros también mostraron avances, especialmente en América del Norte, Europa y Medio Oriente, donde la digitalización y el desarrollo de las fintech han impulsado la inclusión.
Tecnología y educación, claves para el progreso
La tecnología sigue siendo un motor esencial. Los países que han invertido en pagos instantáneos y marcos de banca abierta lideran los avances. Singapur encabeza por cuarto año consecutivo el ranking global, seguida de Hong Kong, Suiza, Corea del Sur, Suecia, Dinamarca, Estados Unidos, Tailandia, Australia y Reino Unido.
El estudio también subraya el papel de la educación financiera como factor determinante del bienestar económico. Según los modelos del índice, un aumento del 1% en alfabetización financiera se asocia con una reducción del 2,8% en los impagos de préstamos y con una disminución del 6,7% en la ratio deuda/ingresos de los hogares, con efectos positivos en el crecimiento del PIB a largo plazo.
Estabilidad, pero sin complacencia
Aunque el informe concluye que la inclusión financiera global se ha estabilizado y no ha revertido los avances previos, advierte que el progreso futuro “no está garantizado”. Las condiciones de crédito más estrictas, la volatilidad de los mercados y las tensiones políticas podrían seguir limitando la capacidad de los actores privados para apoyar la inclusión.
El reto, según el Cebr, pasa por reforzar la cooperación entre gobiernos, instituciones financieras y empresas, profundizar las reformas estructurales y consolidar la educación financiera como política de Estado para mantener el impulso hacia una economía más equitativa y resiliente.
Suplantación de clientes, empleados o ejecutivos, manipulación de procesos de autorización de transferencias o de acceso a sistemas internos… La proliferación de tecnologías de generación de contenido artificial, como los deepfakes de voz, vídeo o imagen, ha provocado un fuerte aumento de los fraudes, que se han multiplicado casi por cincuenta en tan solo dos años.
El informe del Citi Institute,«Deepfakes con IA: Cuando la vista y el oído no son fiables», analiza cómo los deepfakes (voz y vídeo sintéticos) se están extendiendo en los ámbitos de la selección de personal, las operaciones financieras y la suplantación de identidad de ejecutivos. Las conclusiones exigen un cambio hacia la verificación continua y la comunicación de confianza cero.
Los criminales aprovechan herramientas cada vez más accesibles —con menores barreras técnicas y costes más bajos— para clonar voces de clientes en centros de contacto, falsificar vídeos de ejecutivos autorizando operaciones o incluso configurar identidades sintéticas en bancos u otras instituciones financieras.
La firma revela que se han producido varios fraudes financieros puntuales de gran impacto en los que se utilizaron deepfakes para suplantar la identidad de ejecutivos de confianza para autorizar o redirigir pagos. A diferencia de los casos de infiltración sistémica, el objetivo aquí es obtener un beneficio económico inmediato en lugar de un acceso a largo plazo.
Representaciones sintéticas de directivos
En un caso ampliamente difundido en 2024, una multinacional británica fue víctima de un fraude sorprendentemente sofisticado: un empleado de su oficina en Hong Kong recibió lo que parecía ser una videollamada del director financiero y otros altos directivos, quienes le instaban a realizar transferencias de dinero urgentes para una transacción confidencial.
En realidad, las voces e imágenes de los ejecutivos habían sido manipuladas mediante deepfakes y todos los participantes en la llamada, excepto el empleado, eran representaciones sintéticas. El empleado realizó 15 transferencias separadas por un total aproximado de 200 millones de dólares de Hong Kong (unos 25 millones de dólares de EE.UU.) a una cuenta en el extranjero antes de que se descubriera el engaño.
Según los analistas de Citi, estos ataques están provocando contrataciones de personal bajo presión. Así, la empresa tecnológica Money20/20 USA, informó que hasta el 50% de las solicitudes de empleo que recibe son falsas, ya que los ciberdelincuentes intentan infiltrarse en entidades estratégicas. Otras estimaciones proyectan que uno de cada cuatro perfiles de candidatos podría ser fraudulento para 2028.
Los ataques también están patrocinados por estados, por ejemplo, se cree que agentes informáticos norcoreanos se infiltraron en aproximadamente 320 empresas el año pasado mediante identidades sintéticas.