“Para un buen asset allocation, el inversor tiene que empezar a pensar algo menos en el destino y algo más en el viaje”
| Por Elsa Martin | 0 Comentarios

BNY Investments celebra en 2026 los 25 años de la apertura de su oficina en España, donde actualmente cuenta con 4.000 millones de euros en activos bajo gestión. Ralph Elder ha estado desde el inicio en este proyecto, y desde 2021 ocupa el cargo de Managing Director para BNY en Iberia, Latinoamérica y US Offshore. Escocés de origen, comenzó su carrera en finanzas en 1995 y ha sido testigo de la gran transformación de la industria en España: “Recuerdo que en 2002 alquilaba un coche el lunes, lo devolvía el viernes y esa semana me dedicaba a visitar a las caixas catalanas, y en cada caixa visitaba a la gestora, al banco privado y al mercado de capitales. Ese sistema ya no existe; la consolidación del mercado en España ha sido enorme”, rememora.
¿Cómo ha sabido BNY adaptarse a estas dos décadas y media de cambios? La respuesta de Elder apunta al trasfondo histórico del banco, uno de los pocos que, con más de 240 años de historia, ha sido capaz de dar servicio a sus clientes durante cuatro siglos diferentes. “Seguimos aquí porque hemos adaptado nuestro negocio siempre, para seguir siendo relevantes para el cliente final”, resume.
Elder se ha sentado con Funds Society para repasar estos 25 años, pero, sobre todo, para invitar a la reflexión sobre cuál es el entorno actual del mercado, qué necesidades tienen los clientes y de qué manera instituciones financieras como BNY pueden dar apoyo.
¿Qué balance haces de cómo ha sido el último año para BNY Investments? ¿Qué objetivos os marcáis para 2026?
Para nosotros, el objetivo es siempre el mismo: poner al cliente en el centro de todo lo que hacemos. Es nuestro objetivo anual y para cada década. Dicho esto, el 2025 claramente ha sido para nosotros un año de transición de mercado, en el que hemos visto que los clientes están más dispuestos a añadir algo más de gestión activa. Para mí es muy interesante, porque el trasfondo económico y estructural, especialmente pensando en asuntos como el riesgo geopolítico, la transición energética o el debate sobre la productividad y los posibles beneficios de la IA son lo que está marcando las pautas de objetivos no de un año para otro, sino para la siguiente década.
En ese contexto, los clientes están empezando a mirar algo más diversificación. Se están dando cuenta de que tienen que tomar decisiones y de que ya no pueden seguir en liquidez por más tiempo. Además, creo que lo que vimos el año pasado, especialmente en la segunda mitad del año, ha sido el comienzo de más disposición a añadir más gestión activa, que es nuestro enfoque como gestora y la base sobre la que trabajamos.
¿Notas un cambio en el apetito de los inversores que pueda traducirse en un asset allocation para las carteras diferente al que hemos visto en los últimos años?
Lo que vi el año pasado es gente empezando a comprar el S&P 500 equiponderado. Ese fue el primer cambio. Y lo que estoy viendo este año es más petición para áreas más diversas de exposición a mercados. Por ejemplo, casi todo el mundo anticipa que la concentración ya no va a ser tan elevada en los mercados, que se ampliará el número de compañías que rindan beneficios más allá de las 7 Magníficas.
Entonces, curiosamente, estamos viendo mucho más interés en la parte tradicional del mercado: no necesariamente en las Mag7 o en el software, sino en empresas de toda la vida que están adaptando sus modelos de negocio. Esto se traduce en demanda de producto en áreas de income, de calidad, en empresas que ya tienen barreras de entradas muy fuertes y que están adaptando sus modelos de negocio para aprovechar la inteligencia artificial para fomentar más fuerza en su posición de mercado e incrementar sus beneficios.
Esta demanda de gestión activa es muy positiva, porque venimos de un entorno en los últimos 20 años en los que hemo tenido una crisis financiera y una pandemia que impulsaron a los bancos centrales a pagar los platos rotos. Entre 2008 y 2021 se inyectaron a nivel mundial alrededor de 30 billones de dólares de “droga”, de estímulos monetarios, de bancos centrales. Esto ha tenido un efecto muy negativo y coherente en ese entorno sobre la gestión activa, porque si tienes un comprador de último recurso que sabes que va a pagar siempre los platos rotos, entonces baja la dispersión y la volatilidad y que el apetito del cliente final es para buscar beta de forma más barata.
Otra cosa que ha pasado es que a menudo hablamos con clientes o analistas que en muchos casos no han vivido la volatilidad en su carrera profesional. No han vivido ciclos económicos clásicos. Yo empecé en 1995 y he vivido la crisis de las puntocom, la crisis asiática, la gran crisis financiera de 2008, la pandemia, así que tengo un contexto relativo: en 2021, los bancos centrales pasaron de hacer QE a reducir su balance (QT), y en ese entorno yo empecé a hablar otra vez de alternativos líquidos, aunque pensaba que la gestión activa volvería antes. Pero después de más de una década acostumbrado a baja volatilidad, baja dispersión e inversión barata en indexados, es difícil cambiar esa dinámica y volver a ver la necesidad de añadir gestión activa.
En tu opinión, ¿qué ofrece la gestión activa?
Realmente lo que ofrece es evitar los errores implícitos de estar en un indexado. Te ofrece flexibilidad: tú tienes un entorno geopolítico muy incierto, muy mercurial, por decirlo de otra forma, donde las señales de mercado van cambiando constantemente. Necesitas la gestión activa para adaptar la exposición a esas nuevas señales.
Y la otra cosa que ofrece la gestión activa es mucha más coherencia y claridad en la gestión de riesgos. En un entorno drogado por QE no hace falta, pero en un entorno como el que estamos viviendo ahora mismo, en el que la conversación de repente empieza a girar en torno a Groenlandia, luego de vuelta a los aranceles, a la política monetaria de la Fed con Powell bajo investigación… Es una cadena perpetua de ideas y riesgos. Y la gestión activa tiene que estar encima de todo eso pensando en diversificación de carteras para proteger capital y evitar problemas. El inversor tiene que empezar a pensar algo menos en el destino y algo más en el viaje.
Un buen ejemplo es el sector salud, que ha estado muy afectado los dos últimos años por la tensión geopolítica, y ahora estamos viendo valoraciones inéditas en 25 años. Sin embargo, es un sector que presenta unos vientos de cola que son estructurales y enormes. Si el inversor tiene un horizonte de inversión cortoplacista y el gestor tienen un horizonte de largo plazo, el gestor está viendo ese momento de ciclo como una oportunidad, mientras para el cliente final es un riesgo. Justo cuando el inversor profesional quiere invertir más le están quitando la oportunidad de hacerlo, porque están reembolsando el dinero del fondo. Da igual si es a un año, tres años o cinco años. Lo que hay que hacer es alinear el horizonte del cliente con el gestor.
¿Cómo conseguís alinear esos intereses?
Nuestra labor es educar al cliente profesional sobre las oportunidades de diversificar carteras y en la narrativa sobre cómo pueden ellos educar a sus clientes finales. Por eso dije al principio que el cliente tiene que estar al centro de todo lo que hacemos. Uno de los grandes cambios de los últimos años es la idea de que el producto es realmente un commodity, lo tomas o lo dejas. Y yo lo que digo al equipo es que nuestra tarea no es ser simplemente vendedores de fondos. Tenemos que ser capaces de añadir más valor. Yo creo que, para hablar de producto con un cliente, tienes que ganar el derecho a hablar de ese producto.
¿Y eso cómo lo enfocáis?
A través de la narrativa. Trabajamos en un sector donde la narrativa macroeconómica es extremadamente relevante para lo que hacemos, es lo que dirige el mundo. Necesitamos estar al lado de los clientes para ayudarles, a través de la información brillante que tenemos de nuestros distintos especialistas. Nuestra tarea no es de tener una opinión sobre las políticas de un político u otro. Nuestra tarea es interpretar cómo pueden esas políticas afectar a las carteras. La visión macroeconómica que doy es pura, no estoy intentando encajarla para un producto específico. Y eso es un valor añadido.
Nuestro nuevo presidente, Robin Vince, está cambiando con éxito nuestra filosofía interna bajo el lema One BNY. Es decir, en vez de pensar en partes del banco, pensar que somos todos uno. Cabe recordar que en gestión de patrimonios somos la décima gestora del mundo, con más de dos billones en activos bajo gestión. En bróker dealer y custodia somos número uno del mundo, son 60 billones de dólares. Eso es, más o menos, un 20% de los activos invertibles del mundo que pasan de una forma u otra por nuestras arcas. Eso significa que, cuando yo voy a reuniones, siempre debo tener dos, tres, cuatro sombreros. ¿Cómo podemos ayudar en asset servicing? ¿Y en broker-dealer? ¿Cómo podemos ayudar en securities? Muy pocas entidades pueden aceptar ese enfoque tan amplio y ese potencial de servicio tan completo con cliente final.
Además, el hecho de ser un banco sistémico en EE.UU. nos permite acceder y hablar con gente muy brillante. Yo paso mi vida leyendo, y luego lo digiero y creo una visión coherente que pueda dar a los clientes. Y, en general, encontramos que a los clientes les gusta. Y eso nos da el derecho de hablar sobre qué producto pensamos que podría ser de interés.
¿Qué productos vais a impulsar este año?
En la parte de renta fija en particular nos está gustando soluciones de flexibilidad de duración, pero también por sectores, con estrategias como nuestro BNY Multi- Sector Credit Income o el BNY Mellon Global Credit Fund, del que hemos lanzado una versión de corta duración. También estamos promocionando nuestro buque insignia en high yield, el BNY Mellon Global Short-Dated High Yield Bond Fund. Es un fondo creado para fondos de pensiones, que tiene como objetivos generar una rentabilidad constante, evitar los impagos y realizar una buena selección de activos. Para nosotros sigue siendo uno de los fondos de referencia en el mercado en ese contexto.
En renta variable seguimos impulsando productos ligados a la calidad. Tenemos un producto value que ofrece una parte defensiva de dividendo, el BNY Mellon Global Equity Income Fund. Es un fondo que te puedes salvar los platos rotos en un momento de alta volatilidad. Y es algo que nosotros vimos el año pasado. En el primer trimestre del 2025, superó el índice en más de 9%.
Después, en la parte temática, estamos empezando a empujar un fondo de Infraestructura que es muy diferencial, que te está ofreciendo un yield anual de 6%, el BNY Mellon Global Infrastructure Income. El año pasado subió más del 30%. Incluye exposición a centros de datos y otras estructuras de IA, pero también se beneficia de todo ese crecimiento en infraestructura, tanto por el Big Beautiful Bill como por la bazooka alemana. Lo vemos como una temática que tiene varios años de vida.
La última pieza de este puzzle es la parte de riesgos, con nuestro BNY Mellon Absolute Return Bond, que es un fondo que fue creado originalmente para reemplazar la parte más conservadora, de liquidez. Presenta unos niveles de volatilidad y estabilidad muy buenas, y capacidad para descorrelacionar: terminó 2022 en positivo. En 2023 y 2024 generó un rendimiento de más del 7% con un 2% de volatilidad.








