¿Qué mensaje lanzan los inversores a los emisores y proveedores de ETFs?

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Los argumentos de venta más importantes para los inversores al considerar un ETF siguen siendo el enfoque de la estrategia o del sector, la liquidez y los costes de negociación, y la eficiencia fiscal, según Brown Brothers Harriman (BBH). En menor medida, reconocen que la reputación de la marca y el ratio de gastos netos también son importantes, mientras que el tamaño del fondo y el rendimiento histórico fueron los criterios menos importantes al considerar un ETFs. 

“A primera vista, este fue un hallazgo sorprendente, ya que ambos factores se incorporan habitualmente en los criterios de due diligence para obtener acceso y aprobación en las plataformas intermediarias. Sin embargo, esto puede ser una consideración menor para los inversores, dado que, como resultado de ello, los productos no están accesibles hasta que se concede la aprobación mediante un proceso centralizado de aprobación de productos o selección. En otras palabras, los productos ya han cumplido con estos requisitos una vez que están disponibles para su compra por parte de los encuestados en los segmentos de asesores, gestión de patrimonios o banca privada. Por su parte, los inversores institucionales de ETFs consideraron mayoritariamente que la reputación de la marca era el criterio más importante al evaluar un ETF”, apunta en sus conclusiones el informe “2026 Global ETF Investor Survey” de BBH.

Propuesta de valor

Para la firma de servicios financieros es importante señalar que las expectativas respecto a los gestores de ETFs van más allá de ofrecer un producto de calidad, ya que los servicios adicionales brindan una oportunidad de diferenciación. “Los inversores creen que los emisores de ETFs pueden aportar el mayor valor para destacar en el mercado a través del servicio al cliente y los servicios de soporte de ETFs, tales como la ejecución y la consultoría de carteras (65%), la aportación de análisis e investigaciones de mercado exhaustivos (61%), y el ofrecimiento de estrategias de inversión innovadoras o de nicho (61%)”, afirman. 

En este sentido, consideran que la paridad entre las respuestas muestra que los inversores valoran estos factores casi por igual, lo que refuerza la importancia de una propuesta de valor integral

Otra de las conclusiones que aporta el informe es que los inversores buscan ampliar las marcas de ETFs con las que trabajan, lo que representa una ventana de oportunidad para los emisores. En concreto, durante los próximos 12 meses, el 63% espera que aumente el número de emisores de ETFs en los que invierten. “Este es especialmente el caso de los EE.UU. (69%) y menos en Asia (56%). Sin embargo, esta cifra es inferior a la de años anteriores, lo que indica selectividad en un entorno de proliferación de productos”, apunta el informe. 

El informe identifica una clara barrera en la mayor adopción de ETFs: la comprensión y conocimiento de los fondos. El 26% declaró que el mayor desafío al que se enfrentan para comprar más ETFs es la falta de herramientas de análisis y de formación sobre estos productos. Aun así, otros factores pueden impedir que algunos compren más ETFs: el 24% señaló que ciertos ETFs no cumplen con su umbral mínimo de activos bajo gestión, mientras que el 22% apuntó a la disponibilidad limitada de ETF en su plataforma de inversión.

La clave está en la delta: por qué la composición de los índices es importante para los inversores en bonos convertibles

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La evolución de los mercados en 2025 puso de relieve una característica clave del universo de los bonos convertibles que a menudo se malinterpreta: los índices.

Debido a su naturaleza híbrida, los bonos convertibles pueden presentar distintos comportamientos —más cercanos a la renta fija, equilibrados o más vinculados a la renta variable—, por lo que los índices generales pueden ocultar dinámicas subyacentes muy diferentes. Cuando las acciones de grandes emisores registran subidas significativas, sus bonos convertibles tienden a adquirir un perfil cada vez más ligado a la renta variable, impulsando así la rentabilidad agregada de los índices. Sin embargo, estos convertibles con características más similares a las de la renta variable no suelen representar el segmento del mercado en el que los gestores de estrategias “long-only” son más activos, ya que habitualmente centran sus inversiones en la parte más convexa del universo de los convertibles.

Esta es precisamente la razón por la que existen dos grandes familias de índices. Por un lado, los índices denominados “broad” reflejan la evolución del conjunto del universo de bonos convertibles (por ejemplo, los índices FTSE Russell Global Convertible, Global Vanilla y Global Qualified). Por otro, los índices “focus” (como el Global Focus o el Global All-Cap Focus) siguen el comportamiento del segmento de convertibles considerados “equilibrados” (balanced).

A largo plazo, especialmente en el contexto de un mercado alcista estructural caracterizado por un fuerte impulso de la renta variable, la diferencia de rentabilidad entre ambos tipos de índices resulta evidente. El índice FTSE Russell Global Convertible Index, perteneciente a la categoría “broad” y que incluye todos los convertibles con un nivel razonable de liquidez, tanto aquellos claramente con valor intrínseco positivo como sin valor intrínseco, acumula una revalorización del 139 % en los últimos diez años.  En contraste, dentro de la categoría “focus”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index, que sigue el universo de convertibles equilibrados, registra una revalorización del 66 % (1). La tendencia en lo que va de 2026 no difiere de la de años anteriores, con una rentabilidad superior a 360 puntos básicos por parte del índice “broad”, impulsada exclusivamente por convertibles profundamente con valor intrínseco positivo, incluyendo valores como Lumentum, Western Digital y SK Hynix.

Profundizando un poco más, pueden destacarse varias observaciones: la familia de índices “broad” presenta habitualmente una volatilidad aproximadamente un 30 % superior a la de los índices “focus”, mientras que sus deltas muestran una mayor dispersión. A diferencia de los índices “broad”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index se reequilibra mensualmente para garantizar una exposición convexa, excluyendo aquellos convertibles que han adquirido características similares a bond-like  o a renta variable, e incorporando tanto nuevas emisiones equilibradas como bonos que han alcanzado recientemente ese perfil equilibrado.

Como resultado, tras una caída pronunciada del mercado —cuando la sensibilidad global del universo a la renta variable se sitúa en niveles bajos, como ocurrió en 2022— la delta del índice “focus” se mantiene en territorio equilibrado, a diferencia del índice “broad”. Por el contrario, en fases de mercado alcista, como en 2025–2026, los índices “focus” son los únicos que continúan manteniendo una composición de perfil equilibrado.

Por tanto, a la hora de evaluar la convexidad de un índice determinado, es necesario analizar su composición en términos de perfiles de bonos convertibles. Aunque ambas carteras hipotéticas detalladas en la Tabla 1 presentan una delta del 50%, su comportamiento no será el mismo ante shocks de subida o caída, ya que una posición con delta del 100% se sitúa potencialmente muy alejada de la protección a la baja que ofrece el suelo del bono.

Trasladando esta visión al actual panorama de índices, las principales conclusiones son claras. Más de un tercio del índice global “broad” presenta una delta superior al 80 %, frente al 9 % en el índice global “focus”. En el extremo superior, casi una cuarta parte del índice “broad” muestra una delta superior al 90 %, frente a tan solo un 3 % en el índice “focus”.


En pocas palabras, los convertibles con este tipo de perfiles están tan alejados de sus suelos de bono que prácticamente no ofrecen protección frente a caídas durante la mayoría de las caídas del mercado. 

Por tanto, aunque la delta de los índices globales “broad” y “focus” pueda ser similar, sus resultados esperados en caso de corrección de mercado probablemente no lo sean. Y este es, en realidad, uno de los aspectos más relevantes en el entorno actual. La parte del índice global “broad” invertida en convertibles con una delta superior al 80% se encuentra en niveles en los que la delta difícilmente se reduce de forma significativa cuando caen los precios de las acciones. 

En concreto, si analizamos las 10 mayores ponderaciones del índice global “broad”, la mayoría de ellas no se encuentran en posición de ofrecer protección en un mercado bajista, tal y como se ilustra en la Tabla 2.

Ya sea por sus perfiles (por ejemplo, todos los bonos de Lumentum cotizan por encima de 500, mientras que los de Hynix y Western Digital lo hacen por encima de 800) o por sus características (NextEra y Boeing cuentan con múltiples emisiones obligatorias, que por definición no ofrecen suelo de bono), la mayoría de estos bonos necesitaría una corrección extremadamente severa de la renta variable para mostrar un comportamiento convexo y amortiguar las caídas —probablemente del orden de al menos un 60–70 %. Al mismo tiempo, los bonos con una delta inferior al 20 % tampoco son especialmente atractivos, probablemente tampoco proporcionarían suficiente rendimiento o protección se ampliarían en escenarios de tensión.

Dicho de otro modo, la naturaleza híbrida del producto convertible es la razón por la que creemos que un enfoque activo tiene más sentido que una estrategia de “Comprar y Mantener” como se refleja en la diferencia de rotación entre ambos índices (rotación del índice global “focus” del 150% en 2025 frente al 63% del índice global “broad”). Como siempre, los detalles marcan la diferencia.



 

Tribuna de opinión de Elena Villalba, Directora general de Mirabaud Asset Management para Iberia y Latam.



Japón vuelve al radar: tres motores para una nueva etapa bursátil

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Foto cedidaJeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International.

Hay un mercado que, discretamente, ha sido capaz de batir en rentabilidad a EE.UU. el año pasado y a tres años vista, con retornos de más del 20 %, una relativa mayor diversificación por sectores y valoraciones claramente más ajustadas: Japón. “La renta variable japonesa sigue siendo una clase de activo relativamente poco apreciada e ignorada, cuando ha sido uno de los mejores mercados a nivel global en los últimos 10 a 15 años”, corrobora Jeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International. 

El experto destaca particularmente que ha sido la fortaleza creciente de los beneficios la que ha sostenido estas alzas, frente a la expansión de múltiplos vista en otros mercados, y que aún así el potencial alcista sigue siendo elevado, de modo que la gestora cree que, del PER de 15 veces actual podríamos ver una ligera subida a un PER de 16 o 17 veces en los próximos años. Son los frutos de las Abenomics, particularmente de las reformas sobre gobierno corporativo impulsadas en la última década, que hoy están viviendo una segunda vida gracias al compromiso de la actual primera ministra, Sanae Takaichi, de más reformas y políticas pro crecimiento para seguir sosteniendo el retorno de la inflación al país tras décadas de ausencia. En consecuencia, desde Fidelity anticipan que los retornos sobre las acciones podrían pasar del 6 % actual a un 12 % en el futuro, lo que también explicaría el ajuste de la previsión del PER.  

En una visita reciente a la oficina madrileña de la firma, Osborne ofreció detallada actualización del posicionamiento actual del fondo Fidelity Funds- Japan Value Fund, la propuesta de la gestora para invertir en acciones niponas. El potente equipo de analistas de la casa vuelca su análisis fundamental bottom up para crear una cartera con un sesgo value: “Nos centramos en los flujos de caja, en el ROIC, en el crecimiento sostenible de los beneficios y, particularmente en la estrategia value, nos fijamos en que los múltiplos de PER y valor en libros se mantengan por debajo de la media del índice, pero sin ser deep value”, aclaró el experto. 

ADN anglosajón, raíces niponas

Fidelity abrió su oficina de Tokio en 1969. Era una de las primeras oficinas que abría la compañía fuera de EE.UU., y en la actualidad se enorgullece de las relaciones de largo plazo que ha forjado en el país nipón: “Tenemos la cuota de mercado más grande entre las gestoras internacionales en el mercado de fondos, cerca de 19.000 millones de dólares (cifra que incluye varios mandatos con el GPIF, el fondo de pensiones público nipón)”, detalla Osborne. 

La compañía cuenta con diez analistas sobre el terreno que están constantemente visitando a compañías – solo el año pasado cerraron cerca de 400 contactos con empresas-, y en un mercado como el japonés esto es especialmente relevante, particularmente para encontrar ideas de inversión entre compañías de pequeña y mediana capitalización, que tienen un seguimiento todavía relativamente bajo por parte de las casas de análisis. “Tenemos acceso a muchas ideas que no encajarían en la noción value tradicional. Por ejemplo, según el momento del ciclo, los semiconductores o el hardware pueden pasar de ser considerados growth a ser value, y esa es una oportunidad para nosotros”, indica el experto. 

En complementariedad, la compañía cuenta con un equipo de 120 analistas de renta variable a nivel global en los que también puede apalancarse el equipo para Japón: “En un mercado como el nipón, que genera cerca del 70 % de sus ingresos vía exportaciones, este enfoque es realmente clave. Nos ayuda a analizar compañías japonesas desde una perspectiva de cadena de valor global y puede ser una fuente adicional de generación de ideas”, corrobora Osborne. 

En resumen, el Fidelity Funds–Japan Value Fund es una estrategia de renta variable japonesa con un enfoque value-aware que combina disciplina de valoración con flexibilidad para invertir en ideas de crecimiento cuando la relación entre precio y fundamentales resulta atractiva. La cartera suele mantener unas 60 posiciones, presenta un sesgo absoluto hacia grandes compañías, aunque está claramente sobreponderada en medianas capitalizaciones (entre 2.000 y 10.000 millones de dólares de valor de mercado).

El proceso de inversión se basa en un análisis fundamental exhaustivo que evalúa cada compañía en función de su crecimiento esperado de beneficios, generación de caja y solidez del balance. Para cada posición, el equipo descompone las fuentes potenciales de rentabilidad a dos años —crecimiento del BPA, dividendos, recompras de acciones y cambios en valoración—, lo que permite monitorizar y revisar la tesis de inversión de forma continua. El horizonte de inversión habitual es de uno a dos años, aunque algunas posiciones pueden mantenerse entre tres y cinco años. La estrategia presenta un active share del 70%-80%, mientras que la selección de valores constituye el principal motor del riesgo activo.

Actualmente, la cartera mantiene una sobreponderación en construcción, bancos regionales e inmobiliario, como vía para capturar la temática de la reflación en Japón. También favorece compañías tecnológicas vinculadas al hardware, semiconductores, memoria y automatización. Tras el aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el fondo ha incorporado exposición a materias primas, principalmente GNL y fertilizantes, reduciendo posiciones en empresas de consumo con menor capacidad para trasladar el aumento de costes. Como resultado, la cartera presenta hoy un perfil más doméstico, con aproximadamente el 58% de los ingresos generados en Japón, una característica que, según los gestores, ha contribuido a la sólida evolución del fondo en un entorno marcado por la incertidumbre externa.

Abenomics 2.0: nuevos motores para el crecimiento nipón

Japón atraviesa una nueva fase de reflación y crecimiento estructural que está reconfigurando su mercado bursátil y devolviendo protagonismo a sectores históricamente rezagados. Según explica Jeremy Osborne, “la historia de crecimiento estructural doméstico” está impulsando áreas como construcción, banca y real estate, favorecidas por el regreso de la inflación moderada y el crecimiento nominal.

El primer eje es la reflación doméstica. Tras décadas de deflación, las empresas japonesas vuelven a recuperar poder de fijación de precios y capacidad para trasladar costes al consumidor, generando un crecimiento de beneficios más sostenible. El Banco de Japón mantiene todavía una política monetaria acomodaticia, pese a las subidas graduales de tipos, mientras que el crecimiento salarial ronda el 3,5 %, el mayor en tres décadas. Este avance salarial resulta clave para consolidar el objetivo de inflación del 2 % del BoJ. Paralelamente, las reformas de gobernanza impulsadas por la Bolsa de Tokio están acelerando el saneamiento de balances, mejorando la eficiencia del capital y elevando la rentabilidad sobre recursos propios. Además, aumenta la presión regulatoria y de los fondos activistas para movilizar el exceso de caja acumulado por las compañías.

El segundo eje es el renovado impulso político heredero de las Abenomics. El Gobierno de Sanae Takaichi, reforzado tras las elecciones de febrero, está promoviendo inversiones estratégicas en defensa, infraestructuras, inteligencia artificial y semiconductores, con el objetivo de elevar el crecimiento potencial del país hasta el 1,1 % en 2030. También se están reforzando las alianzas público-privadas, los incentivos fiscales al capex y las medidas de protección al consumidor frente al encarecimiento energético y alimentario. El gasto en defensa se elevará del 1 % al 2 % del PIB, creando nuevas oportunidades industriales y tecnológicas. Además, el país fue de los primeros en firmar un nuevo tratado comercial con EE.UU. en 2025, y como parte del nuevo acuerdo arancelario Japón se ha comprometido a realizar inversiones estratégicas en sectores clave de EE.UU. como infraestructuras de red eléctrica, reindustrialización o fabricación de diamantes sintéticos (empleados en la producción de semiconductores), lo que está beneficiando a grandes compañías niponas industriales pero con una orientación tecnológica, incluyendo fabricantes de robótica

El tercer eje es el inicio de “un nuevo ciclo manufacturero”, que está favoreciendo especialmente a compañías de robótica, automatización, fibra óptica y semiconductores. Empresas como Fanuc o Yaskawa Electric empiezan a registrar recuperación de pedidos tras varios años difíciles, mientras que el real estate y la construcción emergen como nuevos motores estructurales del mercado japonés. Al mismo tiempo, están empezando a llegar compañías de otros mercados dispuestas a construir fábricas e instalaciones en territorio nipón, como la coreana Samsung o la taiwanesa TSMC.

Harvey Schwartz, de Carlyle: «La demanda de capital privado será extraordinaria»

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Harvey Schwartz, de Carlyle
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Harvey Schwartz, CEO de The Carlyle Group, fue contundente durante el evento Insite 2026, organizado por BNY: el mundo atraviesa una reconfiguración estructural de la economía global que generará oportunidades de inversión únicas, y el segmento wealth será uno de sus principales protagonistas.

Para Schwartz, el momento actual no admite medias tintas. «Creo que este es el punto de inflexión más importante en la formación de capital que he visto en mi vida», afirmó. El argumento es claro: las grandes tendencias que moldearon las finanzas durante décadas —desinflación, tasas declinantes, déficits manejables, integración económica global— o se han revertido o están en pausa. La única fuerza que no frena es la tecnología.

El trasfondo geopolítico es central en su análisis. La invasión rusa a Ucrania, sostuvo, fue «uno de los eventos más significativos de este siglo, quizás de los últimos 50 años», y junto con el conflicto en Medio Oriente reorientó por completo las prioridades de los gobiernos. «Dondequiera que voy en el mundo —Japón, Corea del Sur, Beijing, Europa Central— la narrativa es siempre la misma: seguridad nacional, crecimiento económico y estabilidad política», señaló.

Pero hay una redefinición clave en ese concepto. «La seguridad nacional históricamente era sinónimo de defensa. Ahora es un concepto mucho más amplio: abarca seguridad energética y seguridad de datos». Y esa ampliación, para Schwartz, es exactamente donde se concentrarán los flujos de capital privado durante los próximos años.

Defensa, energía y otros sectores donde Carlyle ve oportunidades

El CEO de Carlyle fue preciso sobre los sectores que concentrarán inversión. Aeroespacial y defensa, industriales y salud encabezan la lista, todos ellos convergiendo además con el avance tecnológico. «Miren todos los anuncios de inversión en defensa alrededor del mundo: Canadá, Europa, Japón. La demanda es enorme», apuntó.

Pero fue en energía donde Schwartz hizo uno de sus argumentos más fuertes, y donde Carlyle tiene una posición diferencial. «Fuimos la única gran firma de capital privado que mantuvo un negocio energético completo cuando la energía era impopular». Esa decisión, que en su momento pudo verse como contraria al consenso, hoy luce estratégica: «La conversación en todo el mundo pasó de ‘transición energética‘ a ‘diversificación energética‘, que en realidad es código para: necesito seguridad energética». El negocio de Carlyle en este sector va desde energía tradicional hasta renovables, cubriendo todo el espectro.

La tesis de fondo es que los gobiernos no pueden financiar solos esta transformación. «Los déficits son demasiado grandes. Entonces, ¿de dónde vendrá el capital? De los bancos, de los mercados públicos y del capital privado». Y en ese trío, los mercados privados —y los asesores financieros que los canalizan— tienen un rol protagónico.

La gestión patrimonial como motor del capital privado

Schwartz fue directo sobre el peso que el segmento wealth tendrá en este nuevo ciclo. «Hay 43 millones de hogares en Estados Unidos que gastan 15 billones de dólares al año. Eso es el tamaño de China. Toda esa riqueza necesita ser gestionada por esta audiencia», dijo ante los asesores presentes.

El ejecutivo describió cómo, al llegar a Carlyle, salió personalmente a escuchar a los asesores financieros antes de tomar decisiones. «Fui a hablar con ellos directamente. Les pregunté qué era importante para ellos, sobre construcción de portafolios, qué necesitaban sus clientes. Y me sorprendió lo sofisticados que son. Me molesta cuando leo artículos que dicen que los asesores están confundidos. No están confundidos. Gestionan enormes patrimonios, tan sofisticados como mi clase institucional».

En cuanto a la estrategia de producto para este segmento, Schwartz apostó por la diversificación como principio rector. «No tendrán el activo ganador que suba un 130% o un 40%, pero mitigarán gran parte del riesgo a la baja. Y a medida que la industria evoluciona, hay que construir los vehículos adecuados para esta audiencia». La advertencia implícita fue clara: el mundo cambia demasiado rápido para apostar todo a un solo sector. «Cuando llegué a Carlyle, todos me decían que el gran hueco era software. Tres años después, a nadie le gusta el software».

Pese a la complejidad del escenario, Schwartz cerró con optimismo. «Creo que todo esto puede ser muy, muy positivo para los mercados. Los retornos marginales sobre ese capital serán bastante atractivos durante la próxima década». El riesgo geopolítico es difícil de cuantificar, admitió, pero también genera ineficiencias que crean oportunidades para quienes cuentan con la escala y el conocimiento sectorial necesarios para navegar este entorno.

La inversión de impacto gana terreno en España en un contexto de incertidumbre e inflación

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La incertidumbre económica global está acelerando un cambio de fondo en las decisiones de inversión. La intensificación del conflicto en torno a Irán, junto a otros focos de tensión, ha elevado la presión sobre los mercados energéticos y ha introducido nuevos niveles de volatilidad en la economía internacional. En este escenario, el capital está reorientando sus prioridades hacia proyectos capaces de ofrecer estabilidad operativa y resultados medibles, un terreno en el que la inversión de impacto está ganando protagonismo en España.

Las previsiones más recientes apuntan en esa dirección. El Fondo Monetario Internacional ha revisado a la baja el crecimiento global para 2026 y advierte de un repunte de la inflación asociado al encarecimiento energético. Al mismo tiempo, BBVA Research señala que la combinación de costes más elevados e incertidumbre geopolítica puede afectar tanto a la inversión empresarial como al consumo en Europa durante los próximos meses.

Ante este panorama, los inversores están prestando más atención a modelos capaces de sostener su rendimiento en condiciones exigentes. Las tensiones en Oriente Medio, unidas al aumento de los precios de la energía, están impulsando el interés por proyectos que aportan eficiencia, optimización de recursos y mayor control operativo, con menor exposición a factores externos. En paralelo, esta misma presión está acelerando el desarrollo de soluciones vinculadas al almacenamiento, la electrificación y la gestión inteligente de la energía, así como de propuestas con aplicación directa en ámbitos como la biotecnología, la inteligencia artificial o la alimentación.

España reúne condiciones favorables para este tipo de iniciativas. El desarrollo de energías renovables, el avance en capacidades tecnológicas y la evolución del tejido empresarial están facilitando la llegada de inversión hacia sectores con impacto directo en la economía real. Desde BeHappy Investments, vehículo español especializado en inversión de impacto, esta evolución se interpreta como una consecuencia directa del contexto actual. «En momentos de incertidumbre, el capital se dirige hacia proyectos que resuelven necesidades concretas y que pueden demostrar su utilidad desde fases tempranas, con métricas claras y capacidad de ejecución», explica Miguel Ángel Rodríguez Caveda, CEO de BeHappy Investments. 

La inversión de impacto gana peso precisamente porque responde a una exigencia creciente del mercado: combinar innovación con capacidad real de ejecución. Los proyectos que despiertan mayor interés son aquellos que pueden demostrar su valor en condiciones de mercado complejas y crecer con una base sólida, sin depender de escenarios especialmente favorables.

En línea con esta tendencia, BeHappy Investments mantiene su foco en la identificación de compañías con impacto social y potencial de crecimiento en sectores estratégicos. El objetivo es respaldar iniciativas que aporten soluciones tangibles en un entorno donde la eficiencia, la transparencia y la capacidad de adaptación pesan cada vez más en la toma de decisiones.

Política monetaria: ¿subida testimonial o el inicio de una fase de endurecimiento agresivo?

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Foto cedidaChristine Lagarde, presidenta del BCE, en la reunión de junio. Lorena Deidda/ECB.

El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido subir los tipos de interés 25 puntos básicos en su reunión de junio. Si hacemos un pequeño repaso, nos tenemos que ir hasta junio de 2025, para situar cuándo la institución monetaria modificó los tipos por última vez -registrando su octavo recorte en apenas doce meses- para luego entrar en un periodo de calma monetaria.

La subida anunciada en junio -un movimiento que no veíamos desde hace tres años- responde a su interpretación de un aumento del riesgo alcista de la inflación. De hecho, la inflación de la eurozona alcanzó en mayo el 3,2%, claramente por encima del objetivo del 2%, mientras que la inflación subyacente se situó en el 2,5%, su nivel más alto desde abril de 2025. 

“Como resultado, cada vez parece más evidente que el optimista escenario base publicado por el BCE en sus proyecciones de marzo difícilmente llegará a materializarse. En aquel escenario, los banqueros centrales preveían una tasa media anual de inflación del 2,6% para 2026. Sin embargo, debido al conflicto persistente en el golfo Pérsico, el panorama inflacionario se está desplazando hacia los escenarios adversos contemplados en marzo. Así lo reflejan también las últimas estimaciones de junio, en las que los expertos del BCE asumen que la inflación de la eurozona podría alcanzar el 3% este año incluso en el mejor de los casos y mantenerse ligeramente por encima del objetivo, en el 2,3%, también el próximo año. Al mismo tiempo, las perspectivas de crecimiento para la eurozona continúan siendo débiles. Para este año, el BCE prevé un exiguo crecimiento real del 0,8% en su escenario base”, explica Julian Marx, analista de Research en Flossbach von Storch.

Horizonte de subidas

Estas previsiones dejan, para los expertos, la puerta abierta a nuevas subidas de tipos. “Los futuros del Euribor están descontando actualmente al menos dos subidas de tipos del BCE y se espera que la primera tenga lugar hoy. Desde hace meses, el Euribor a 12 meses está siendo el primero en anticipar las subidas pues, pro memoria, abría el presente año a 2,26% y se encuentra ahora a aproximadamente 2,8%, incrementando así el coste de la financiación a tipo variable”, apunta Guillermo Santos Aramburo, socio de iCapital.

En este sentido, Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, destaca que las previsiones del BCE sitúan la inflación en el 3% este año para después volver progresivamente a la senda del 2% y considera que «es posible que haya una nueva subida de tipos de interés este mismo año dependiendo de cómo evolucionen los precios en relación con el conflicto en Irán», aunque también apunta que, una vez alcanzado el pico de tipos, podrían producirse reducciones en los próximos años si las condiciones macroeconómicas lo permiten.

Para Santos, esta primera subida es algo “más testimonial que problemático” y argumenta que el BCE busca mantener su credibilidad en la lucha contra la inflación. “No debería ser relevante para los mercados salvo que estos la interpretaran como la primera de otras muchas y más elevadas, lo que no va a ser el caso”, apunta Santos.

En opinión de Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, el BCE ha preferido adoptar una postura prudente ante el shock energético en curso. “De cara al futuro, esperamos que el BCE vuelva a subir tipos en un contexto probable de precios de la energía más altos durante más tiempo, ya que no vemos una salida clara a la guerra entre EE.UU. e Irán”, afirma.

Sin embargo, también hay voces que descartan el inicio de una fase de endurecimiento agresivo. “El contexto económico sigue siendo demasiado frágil para ello. El shock energético ya está lastrando la actividad en toda Europa, con una desaceleración del crecimiento en el primer trimestre en la mayoría de los países. El crecimiento salarial se está moderando y las condiciones del mercado laboral se relajan de forma gradual. En este entorno, es probable que los efectos de segunda ronda sobre la inflación sigan siendo limitados, lo que reduce la necesidad de un ciclo de subidas prolongado. Nuestro escenario base contempla una única subida adicional de tipos este año”, defienden desde Candriam

¿Qué moverá el mercado?

Sin duda, los expertos coinciden en que la preocupación por el alza de la inflación y las políticas monetarias pesarán en el mercado, pero el factor geopolítico será el que más volatilidad aporte. Según Del Pozo, «los mercados siguen moviéndose fundamentalmente por las noticias que llegan del frente» y que la evolución del conflicto en Oriente Próximo será determinante porque «tendrá mayor repercusión sobre los precios, sobre la formación de la inflación y, por lo tanto, sobre las futuras decisiones que puedan tomar los bancos centrales en términos de tipos de interés». 

Asimismo, advierte de que “uno de los principales riesgos para la economía es que la inflación termine trasladándose a efectos de segunda ronda, dando lugar a subidas de salarios, mayores costes para las empresas, etcétera». Un riesgo que considera especialmente relevante en Estados Unidos, donde, según señala «vemos una mayor resiliencia de la economía estadounidense, como pudimos comprobar a través del último dato de empleo”. En este contexto, destaca también “la existencia de una cierta dicotomía entre Europa y Estados Unidos en términos de crecimiento económico”.

Por último, Del Pozo advierte de que sigue abierta la posibilidad de «un mundo cercano a la estanflación», con «mayores subidas de precios que conlleven mayores subidas de tipos de interés y que ello termine provocando una severa contracción económica que habrá que contemplar durante las próximas semanas y meses”.

El inversionista global ya no compra países, ahora compra narrativas

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Durante décadas, los inversionistas internacionales construyeron sus portafolios con base en criterios geográficos. La pregunta central era cuánto peso asignar a Estados Unidos, Europa, Japón o los mercados emergentes. Sin embargo, esa lógica comienza a perder relevancia. En los mercados globales, el capital se mueve cada vez menos por países y cada vez más por historias de crecimiento estructural.

La inteligencia artificial, la ciberseguridad, la economía digital, la transición energética, la infraestructura, los centros de datos o incluso la geopolítica se han convertido en las nuevas categorías que explican hacia dónde se dirigen los flujos de inversión. En otras palabras, los grandes fondos dejaron de comprar países y ahora compran narrativas.

La transformación no es menor. De acuerdo con Morningstar, los activos administrados por fondos temáticos a nivel mundial alcanzaron 779.000 millones de dólares durante el tercer trimestre de 2025, su nivel más alto en tres años, tras una recuperación significativa después de la fuerte corrección registrada entre 2022 y 2023. El estudio señala que las temáticas relacionadas con seguridad, inteligencia artificial, big data y economía digital se encuentran entre las de mayor crecimiento.

La misma fuente, el Global Thematic Fund Landscape Report 2025 de Morningstar, señala que Europa concentra el 44% de los activos mundiales en estos fondos temáticos, aunque la participación europea cayó por debajo del 50% por primera vez en una década; mientras que Estados Unidos y China son los mercados que más han impulsado el crecimiento reciente.

Los temas con mayor expansión son: Seguridad y defensa, Inteligencia artificial y big data, así como Economía digital. Los fondos temáticos son administrados por 286 proveedores en el mundo y cotizan en 54 bolsas de valores de 42 países.

La tendencia también es visible en la industria de los ETF. Datos de ETFGI reportan que los activos invertidos en ETF temáticos a nivel global crecieron 49,6% durante los primeros once meses de 2025, hasta ubicarse en 467.930 millones de dólares. Asimismo, las entradas netas ascendieron a 69.630 millones de dólares, el segundo mayor volumen registrado en la historia para esta categoría.

La expansión refleja un cambio profundo en la forma en que los inversionistas interpretan el entorno económico. En lugar de apostar exclusivamente por el desempeño de una economía nacional, los administradores de activos buscan beneficiarse de tendencias de largo plazo capaces de trascender fronteras y ciclos económicos.

La mayor gestora de activos del mundo, BlackRock, sostiene que las temáticas de inversión son una herramienta cada vez más relevante para entender los movimientos del mercado. La firma identifica a la inteligencia artificial y a la fragmentación geopolítica como dos de las principales fuerzas que están reconfigurando la economía mundial y generando oportunidades de inversión más allá de las clasificaciones tradicionales por sectores o regiones.

La propia firma señala que los activos administrados por fondos temáticos en Estados Unidos se han multiplicado por once en la última década, un crecimiento que refleja la creciente importancia de las llamadas «megafuerzas» estructurales.

Este fenómeno ayuda a explicar por qué determinados sectores siguen captando enormes volúmenes de recursos incluso en un contexto caracterizado por desaceleración económica, tensiones comerciales y elevada incertidumbre. Los inversionistas continúan canalizando capital hacia empresas vinculadas con la inteligencia artificial, la infraestructura digital o la seguridad informática, independientemente de que se encuentren en Estados Unidos, Europa o Asia.

La consecuencia es que las fronteras económicas tradicionales pierden protagonismo frente a cadenas de valor cada vez más globalizadas. Un fondo de inteligencia artificial, por ejemplo, puede tener exposición simultánea a fabricantes de semiconductores estadounidenses, empresas de software europeas y proveedores asiáticos, todos unidos por una misma tesis de inversión.

No obstante, los especialistas advierten que las narrativas también implican riesgos. Morningstar señala que, pese a su recuperación reciente, muchos fondos temáticos han mostrado históricamente un desempeño inferior al de los mercados accionarios globales, particularmente cuando las expectativas iniciales terminan por adelantarse a la realidad económica.

La experiencia de los últimos años ha demostrado que el entusiasmo puede derivar en sobrevaluaciones y episodios de volatilidad. El auge de la inteligencia artificial, por ejemplo, ha provocado una concentración significativa de recursos en un reducido grupo de compañías tecnológicas, lo que incrementa la sensibilidad del mercado ante cualquier cambio en las expectativas de crecimiento.

Aun así, el cambio de paradigma parece consolidarse. La discusión en los comités de inversión internacionales ya no gira únicamente en torno a si conviene aumentar exposición a Estados Unidos o reducir posiciones en mercados emergentes. La pregunta cada vez más frecuente es qué narrativa dominará la siguiente década.

Porque en los mercados financieros del siglo XXI, la geografía importa menos que la capacidad de una historia para convencer al capital.

IPC de mayo y perspectivas de la Fed

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La publicación del IPC de EE.UU., con el índice subyacente sorprendiendo positivamente (+0,2% frente al +0,4% de abril, situándose en el +2,9% en tasa anual), es una noticia positiva para los inversores, aunque no modifica las perspectivas sobre los próximos movimientos de la Fed bajo la presidencia de Kevin Warsh.

La inflación del mes de mayo no muestra aún indicios claros que apunten a efectos de segunda ronda derivados de los cuellos de botella en energía y derivados básicos.

El dato es, en todo caso, positivo para los accionistas: los planes del banco central estadounidense han cambiado desde principios de año, pero dado que las expectativas de inflación se mantienen aún bien ancladas, es el crecimiento el principal precursor de dicho cambio. Para los inversores en renta variable, se trata de un escenario diferente del que se encontrarían si el ajuste viniera motivado por un aumento desmedido de la inflación.

La geopolítica como variable determinante

Mientras tanto, las noticias procedentes de Oriente Medio en los últimos días no han sido las que los inversores habrían deseado escuchar; y, sin embargo, el precio del barril de crudo se ha mantenido estable en el entorno de los 90 $/bbl.

Este es un riesgo que merece seguimiento, dada la aparente indiferencia del mercado. La balanza de influencia en las negociaciones entre Irán y EE.UU. parece haberse inclinado del lado de los primeros. El índice de aprobación de Trump (40,2%) está en mínimos, y la carrera hacia las elecciones legislativas de noviembre ya ha comenzado. El tiempo corre en contra del presidente, que buscará vender a su base de votantes un acuerdo antes del 4 de julio con el fin de extraer el mayor rédito político posible.

Tanto Bush como Obama agotaron sus mandatos. Lo relevante es, sin embargo, la evolución de Trump durante su primer mandato, período en el que recuperó con fuerza en anticipación de las legislativas de 2018.

El problema estriba en que los negociadores iraníes ya han identificado esta debilidad y la están explotando. Hezbolá está asumiendo un papel cada vez más proactivo que obliga a Netanyahu a responder; Irán utiliza las intervenciones militares israelíes como pretexto para lanzar ataques que, sin afectar por el momento a infraestructuras energéticas, ejercen presión sobre Trump y, al mismo tiempo, dilatan las negociaciones.

Trump necesita una gasolina más barata para tener opciones de retener el control del Senado, y los iraníes intentarán acercar el precio del barril a los 100 $/bbl para forzarle a aceptar términos más beneficiosos en un acuerdo que ambas partes necesitan sellar cuanto antes. Recordemos que la caída en importaciones de crudo desde China (~5 millones de barriles al día), el incremento del tráfico en el oleoducto saudita este-oeste (~3,5 millones adicionales) y la disminución de inventarios (~2 millones) han compensado la práctica totalidad del déficit de oferta generado por el bloqueo de Hormuz.

El giro de Trump y la reacción de los mercados

No obstante, el carácter errático e impredecible de Trump provocó un fuerte repunte el jueves, alimentado por un giro brusco e inesperado en las expectativas de acuerdo entre EE.UU. e Irán. La consiguiente caída del brent, que lo empujó hacia mínimos de tres meses, actuó como catalizador de una fuerte compresión en los rendimientos de los bonos que animó a los inversores en los mercados de renta variable.

Después de un segundo día de ataques estadounidenses y amenazas explícitas de intensificar la ofensiva el jueves por la noche —incluyendo el control de infraestructuras clave como la isla de Kharg—, Trump volvió a cambiar de forma radical su discurso. Con los mercados europeos ya cerrados, Washington señalaba avances sustanciales en las negociaciones, hasta el punto de cancelar los ataques previstos y afirmar que la posible firma de un acuerdo podría hacerse efectiva el fin de semana.

No obstante, la situación no está resuelta. No sabemos aún si esta vez es definitiva y, aunque lo fuera, es probable que el acuerdo —que contará con concesiones estadounidenses relevantes— no tenga mucho recorrido más allá de las elecciones legislativas.

A corto plazo, el resultado de este cuadro geopolítico debería traducirse en lecturas de volatilidad al alza y en mercados más inquietos, con tendencia alcista si se confirma el fin temporal del conflicto. Es asimismo posible que la presión sobre el IPC subyacente se incremente —compensada parcialmente por una evolución favorable en el componente de vivienda— y que la actividad industrial se vea afectada de manera más notoria.

Incluso en el caso de recibir noticias positivas este mismo fin de semana, como apuntan fuentes republicanas, el crudo continuará cotizando durante varios meses por encima de los niveles previos al inicio de las hostilidades. Con un precio del petróleo más elevado durante más tiempo, las condiciones financieras se tensionarán, afectando al sector manufacturero.

Política monetaria: Fed y BCE ante el dilema

Todo ello complica la llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal. La persistencia de la inflación por encima del 2%, un mercado laboral que da síntomas de reactivarse, el riesgo sobre la actividad industrial y la falta de consenso respecto a la capacidad de la IA de generar aumentos de productividad dificultan los pronósticos sobre el nivel de tipos al que podría estar operando la economía estadounidense a finales de 2026. Como ya explicamos, la regla de Taylor justificaría el aumento de 0,25 puntos porcentuales al que la curva, tras el movimiento alcista en bonos registrado ayer, sigue asignando una probabilidad del 80%.

La subida de un cuarto de punto en política monetaria se daba por descontada ayer en Europa. El BCE elevó su tipo de referencia al 2,25%, coincidiendo con una revisión de las expectativas macroeconómicas hacia un escenario más estanflacionista.

Un ajuste de 0,25 puntos no debería, por sí solo, tensionar de forma significativa las condiciones financieras de la zona euro, y lo interpretamos como una medida de precaución. Aunque, al igual que en EE.UU., la presión sobre los precios se ha intensificado, las expectativas de inflación se mantienen ancladas y no se aprecian indicios de presión salarial. Por todo ello, consideramos que una actitud más agresiva en materia de tensionamiento monetario constituiría un error estratégico.

En EE.UU., incluso si se produce la subida de tipos en diciembre, las causas del ajuste serán favorables a los intereses de los accionistas. Como en la eurozona, las expectativas de inflación se mantienen en niveles poco preocupantes, y es la inercia económica —el último pronóstico de la Fed de Atlanta apunta a un crecimiento nominal superior al 6% en el trimestre en curso— la que sustenta ese escenario.

Amundi presenta los primeros ETFs UCITS ponderados por el PIB

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En un entorno de mercado caracterizado por una mayor incertidumbre, riesgos de concentración y valoraciones elevadas en Estados Unidos, la diversificación y la construcción equilibrada de carteras cobran cada vez más relevancia para los inversores.

En este contexto, la gestora de activos, Amundi, sigue ofreciendo innovación en productos centrados en el cliente y anuncia el lanzamiento de los primeros ETFs UCITS ponderados por el producto interior bruto (PIB): un ETF de renta variable, el Amundi FTSE All World GDP-Weighted UCITS ETF, y un ETF de renta fija, el Amundi Global Government Bond GDP Weighted UCITS ETF.

Estos ETFs están diseñados para inversores que buscan alternativas a la diversificación basada en la exposición ponderada por capitalización de mercado y desean que su exposición refleje la huella de la economía global, ponderando los países según su participación en el PIB global.

A raíz de este anuncio, Benoit Sorel, director de la línea de negocio de ETF e Indexación de Amundi, ha destacado: “El entorno de mercado actual exige a los inversores que refuercen la resiliencia de su cartera y se adapten a un panorama de inversión en el que la diversificación es una de las respuestas más eficaces. Respaldados por nuestro ADN de innovación en productos, nos complace presentar estas nuevas herramientas, que permiten a los clientes capturar el crecimiento global a largo plazo reflejando el peso económico de cada región, y ampliar la diversificación mediante una asignación equilibrada entre las distintas zonas geográficas”.

Un enfoque ponderado por el PIB refleja con mayor precisión la huella económica de cada región, aumentando la exposición a las economías emergentes y a Europa, áreas que siguen estando infrarrepresentadas en los índices tradicionales ponderados por capitalización de mercado a pesar de su contribución al crecimiento global. China y los países emergentes representan más del 40 % del PIB mundial y continúan ofreciendo las perspectivas de crecimiento más sólidas. Este enfoque puede ayudar a los inversores a aprovechar el potencial de crecimiento a largo plazo de estas economías, al tiempo que reduce la dependencia de un pequeño número de grandes empresas o de mercados dominantes dentro de una asignación global.

Creand AM apuesta por la prudencia ante el riesgo geopolítico y el repunte del petróleo

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Creand Asset Management, gestora del grupo Creand en España, considera que los mercados financieros afrontan la segunda mitad del año en un entorno de mayor complejidad marcado por la evolución del conflicto en Oriente Medio, el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el comportamiento del precio del petróleo. En este escenario, mantiene una visión prudente, basada en la gestión activa, la diversificación y la selección de activos de calidad, pese a que los activos de riesgo hayan mostrado una notable resistencia y que las bolsas se hayan recuperado con fuerza desde los mínimos recientes. La entidad mantiene como escenario central una normalización gradual de la situación geopolítica, aunque considera prematuro descartar los riesgos.

En EE. UU., las previsiones de crecimiento del PIB para 2026 se sitúan en el 2,2%, impulsadas por el consumo y por la inversión en automatización, digitalización e infraestructuras energéticas, con especial énfasis en inversiones relacionadas con la inteligencia artificial. La entidad explica que el impacto de la guerra en Irán ha sido modesto hasta ahora y el mercado laboral norteamericano se mantiene estable, pero avisa de que la principal fuente de preocupación sigue siendo el encarecimiento de la energía. No obstante, la inflación subyacente —que excluye alimentos y combustibles— se sitúa en el 2,8% y mantiene una tendencia al alza.

En el caso del continente europeo, se mantiene una previsión de desaceleración, con un consenso entre los economistas sobre una reducción del crecimiento del 1,2% en enero al 0,9%. En este escenario, la inflación se aceleró al 3,0% interanual en abril de 2026, un aumento desde el 2,6% del mes anterior, reforzando una perspectiva de política monetaria restrictiva. 

Luis Buceta, director general de negocio e inversiones de Creand Asset Management, señala que “el mercado está actuando como si el conflicto en Oriente Medio fuera a resolverse pronto, pero la clave no es solo si el petróleo repunta, sino cuánto tiempo se mantiene en niveles elevados. Un shock de oferta prolongado puede tener más impacto sobre el crecimiento que sobre la inflación a medio plazo, pero limita claramente el margen de actuación de los bancos centrales”. 

Petróleo, inflación y bancos centrales: el tiempo es la variable clave

Creand Asset Management destaca que, pese al bloqueo del Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo no ha alcanzado los niveles más extremos que inicialmente podía descontar el mercado. La entidad apunta a varios factores que explican esta contención, entre ellos, la posibilidad de una desescalada, el papel de Estados Unidos como exportador de gas natural licuado y el uso de reservas por parte de China. No obstante, considera que el riesgo sigue abierto si la interrupción se prolonga durante más tiempo. En materia de inflación, la entidad observa repuntes en los últimos datos, aunque por ahora no los considera comparables al episodio vivido en 2022. El punto de partida de los bancos centrales es más cómodo que entonces, pero la persistencia de los precios energéticos puede obligarles a mantener una postura más restrictiva durante más tiempo.

En este contexto, desde la gestora creen que la Reserva Federal mantendrá los tipos sin cambios durante los próximos meses, apoyada en la solidez de la economía estadounidense y del mercado laboral. En el caso del Banco Central Europeo, la entidad no descarta que pueda verse forzado a actuar por una cuestión de credibilidad si la inflación vuelve a repuntar, aunque considera que, si se producen subidas, serían más limitadas de lo que descuenta actualmente el mercado.

Luis Buceta explica que “ni la Fed ni el BCE quieren endurecer su política monetaria, pero la primera se puede ver obligada a mantenerlos (una bajada aún con la presión de Trump no se puede argumentar con unos fundamentos de la economía estadounidense sólidos, pero una inflación alta) y el segundo a subirlos, si los precios del petróleo que están subiendo empiezan a impulsar gradualmente la inflación”. 



Renta variable: neutralidad, selectividad y oportunidades fuera de los índices

Creand Asset Management mantiene una posición neutral en renta variable, tras el fuerte rebote de las últimas semanas. La entidad reconoce que los resultados empresariales, especialmente en Estados Unidos, han sido muy sólidos y que las revisiones de beneficios continúan al alza, apoyadas en parte por el impacto de la inteligencia artificial. No obstante, advierte de que las valoraciones son más exigentes y de que el riesgo geopolítico y energético sigue estando mal remunerado en los índices.

Miguel Ángel Rico, director de inversiones de Creand Asset Management, apunta que “las bolsas han vuelto muy rápido a máximos y las revisiones de beneficios siguen siendo muy positivas, pero creemos que el mercado está descontando un escenario bastante benigno. Por eso mantenemos una posición neutral en renta variable. No se trata de estar fuera del mercado, sino de estar invertidos de forma más selectiva. La inteligencia artificial invita a seguir invertidos en renta variable evitando comprar índices sin discriminar y aprovechando la dispersión por sectores, regiones y compañías” 

La entidad considera que, si la situación en Oriente Medio se normaliza, Europa podría recuperar parte del terreno perdido frente a Estados Unidos, especialmente en aquellos sectores más penalizados por el conflicto y por la subida del precio de la energía. En este sentido, sigue viendo atractivo en el sector financiero europeo, que mantiene valoraciones razonables y una buena capacidad de generación de beneficios, así como en utilities, que pueden funcionar tanto en un escenario defensivo como en uno de caída de yields si se reduce la tensión geopolítica.