Fidelidade adquiere el 70% de IM Gestão de Ativos, gestora independiente portuguesa en manos de CIMD Intermoney

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El Grupo CIMD Intermoney ha alcanzado un acuerdo con la aseguradora portuguesa Fidelidade para la incorporación de esta última como socio estratégico de IM Gestão de Ativos (IMGA), la mayor gestora independiente de Portugal, con más de 6.100 millones de euros en activos bajo gestión.

En virtud de este acuerdo, Fidelidade pasará a ostentar una participación mayoritaria del 70% en IMGA, mientras que el Grupo CIMD Intermoney mantiene su vinculación estratégica con la gestora, con el objetivo de impulsar una nueva fase de crecimiento, fortalecer su posicionamiento competitivo y ampliar su capacidad de desarrollo en Portugal y en otros mercados europeos.

La operación aumentará los activos bajo gestión de Fidelidade cerca de los 25.000 millones de euros y la posicionará como la mayor gestora privada independiente de fondos de inversión mobiliario en Portugal.

El Grupo CIMD Intermoney adquirió IMGA en 2015, cuando la gestora contaba con 1.600 millones de euros bajo gestión. Desde entonces, y bajo su liderazgo, el volumen gestionado se ha multiplicado por casi cuatro, hasta superar los 6.100 millones de euros, alcanzando una cuota de mercado del 23,5%, apoyado en una sólida gestión y en acuerdos de distribución con más de diez entidades financieras.

Para Iñigo Trincado, presidente del Grupo CIMD Intermoney, “esta operación supone un paso adicional en nuestra estrategia de crecimiento en el área de gestión de activos. La incorporación de un socio como Fidelidade nos permitirá incrementar nuestra oferta de servicios, así como diversificar nuestros objetivos tanto en Portugal como en el resto de Europa. Creemos que es una buena operación tanto para los partícipes, como para los empleados y los distribuidores de IMGA”.

Por su parte, Rogério Campos Henriques, CEO de Fidelidade, ha señalado: La longevidad es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo y exige respuestas concretas en la manera de protegernos y plantear el futuro. Esta operación, una vez concluida, reforzará nuestra capacidad de crear soluciones de ahorro e inversión a largo plazo, ayudando a los clientes a prepararse mejor y vivir más años con seguridad financiera”.

En las próximas semanas se iniciarán los correspondientes procesos de coordinación con los organismos supervisores para la obtención de las autorizaciones necesarias, conforme a la normativa vigente.                                                                                                    

El poder inflacionista o deflacionista del petróleo: la cuestión existencial para los mercados tras la intervención de Venezuela

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Los inversores parecen estar en modo espera, atentos a los últimos acontecimientos en Venezuela y a sus implicaciones en el escenario geopolítico internacional -y en los activos energéticos y financieros-, pues la imprevisibilidad y la sensación de que todo puede pasar son la nota dominante. El comportamiento de la bolsa española -que cerró con un 0,7% al alza es buena prueba de esa cautela y movimientos contenidos ante la incertidumbre sobre el escenario que se abre no solo para la región, sino para todo el planeta. Así, la captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU. ha sido leída por el inversor institucional y el analista macroeconómico no como un episodio político aislado sino como “un catalizador sistémico con implicaciones transversales”, en palabras de José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de la firma de asesoramiento Fortuna SFP.

Si bien parecen claras las implicaciones globales y estratégicas de la intervención en el país latinoamericano, más inciertos son los impactos venideros en los mercados financieros. Los expertos se muestran divididos sobre las consecuencias económicas, dependiendo de si el petróleo acaba siendo un factor deflacionista -con una potencial mayor producción venezolana en el nuevo escenario- o inflacionista -ante la inestabilidad actual y la fragilidad de las infraestructuras-, capaz en este último caso de poner en riesgo la recuperación global y de abrir incluso un potencial episodio de estanflación, con los activos reales como grandes refugios.

Marín Cebrián se sitúa en este extremo: “La secuencia de transmisión es bien conocida: la geopolítica altera el mercado energético; la energía presiona la inflación; la inflación condiciona a los bancos centrales; y, finalmente, todo ello obliga a recalibrar la valoración de los activos”. En su opinión, “en un sistema financiero ya tensionado en 2026, el episodio venezolano ha actuado como un espejo incómodo que refleja una vulnerabilidad más profunda”. Aunque de momento no ha desestabilizado al mercado, ha recordado una fragilidad latente: “Ha expuesto las costuras de un sistema global sobreapalancado y excesivamente confiado en la capacidad de las autoridades monetarias para contener cualquier disrupción. Cuando el capital percibe riesgo, deja de innovar y empieza a protegerse. En este contexto, el análisis riguroso, la selección disciplinada de activos y la exposición a valores tangibles dejan de ser estrategias defensivas para convertirse en imperativos de supervivencia financiera. Venezuela ha sido el detonante inmediato, la causa profunda es la complacencia», añade.

Al otro lado, Guillermo Santos, socio y fundador de iCapital, muestra una visión más optimista en la que la energía podría actuar como factor deflacionario e impulsor económico (si bien el precio del crudo tampoco se está moviendo demasiado, e incluso lo hace hoy al alza). En su opinión, esperar acontecimientos es lo más aconsejable en estos momentos. «Por el momento, los efectos de lo sucedido en Venezuela están siendo reducidos: no se ha incrementado la volatilidad ni en bonos ni en bolsas», destaca.

En una línea de neutralidad, David Mafoda, estratega y experto en geopolítica en la firma de asesoramiento DiverInvest, opta por la cautela y defiende que, «sin una intervención militar en toda regla, que implicaría un riesgo geopolítico mucho mayor, el impacto a nivel de mercados es absolutamente mínimo«, y, en su opinión, los hechos apoyan esta tesis: «La administración americana tiene la idea de provocar una «transición» desde las propias estructuras del chavismo. Es indudable que la operación del fin de semana tuvo apoyos logísticos desde dentro del propio régimen y hoy mismo la nueva cabeza, Delcy Rodríguez, ha expresado la idea de colaborar con Washington», recuerda.

En este escenario de división, todos miran al petróleo, la primera fuente de mayor visibilidad.

Petróleo: ¿contención de precios o inflación desestabilizadora?

El experto de DiverInvest recuerda que Venezuela es una economía muy pequeña tras décadas de chavismo, ocupando el puesto número 90 en el ranking mundial, y con una producción de crudo que se sitúa en menos de un millón de barriles por día, desde los 5 millones que producía a finales de los años 90, lo que representa menos del 1% de la producción mundial. Quizá por ello el precio del crudo apenas se ha movido tras los sucesos, a la espera de más claridad -hoy tanto el Brent como el West Texas se apuntaban subidas de en torno al 1%-.

«El precio del crudo experimenta poca variación debido a la calma que ha seguido la detención de Maduro y el menor peso de la producción de Venezuela entre los grandes productores de petróleo (lleva años sin renovar instalaciones debido a la inoperancia del régimen chavista)», destaca en esta misma línea Santos. El socio de iCapital va más allá y se muestra optimista, pues cree que, «de recuperarse algo de la producción de crudo venezolana, podríamos asistir a una reducción de los costes energéticos favorable a zonas no productoras como la Unión Europea y China, lo que supondría un impulso adicional a la economía global y un factor deflacionista que favorecería al mercado de bonos, sobre todo los soberanos europeos y americanos». Un argumento en línea con el optimismo de los primeros análisis, que apuntan a una transición política en Venezuela que podría aumentar la oferta a largo plazo, bajando los precios y apoyando el crecimiento económico global.

Pero otras voces hablan de precios al alza y riesgos para la economía global, con implicaciones en los activos financieros. Para Marín Cebrián, los plazos del sector energético penalizan el optimismo prematuro: “La reconstrucción de la capacidad productiva venezolana llevará años pero la tensión en precios es inmediata”, dice, apuntando la abundancia de las reservas pero la fragilidad de la logística. “Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero en el mercado energético contemporáneo el volumen de los recursos bajo tierra es secundario frente a la capacidad de extracción, transporte y comercialización. Tras años de sanciones, deterioro institucional e infraestructuras obsoletas, el riesgo inmediato no reside en una nueva caída de producción, ya estructuralmente deprimida, sino en el colapso logístico. El mercado no teme tanto la escasez física de petróleo como la imposibilidad de moverlo. Seguros marítimos, incertidumbre regulatoria, potenciales bloqueos en terminales y dudas sobre la vigencia contractual introducen una prima de riesgo geopolítico que se traslada de forma casi instantánea al precio del barril”, advierte.

Las implicaciones en la inflación global y en los movimientos de los bancos centrales podrían incluso apuntar a una estanflación: “Cada repunte en el precio del crudo asociado a la crisis venezolana opera como un impuesto regresivo e invisible que se filtra por toda la economía global. El verdadero riesgo en 2026 no es el dato puntual de inflación, sino la alteración de las expectativas. Con unos costes energéticos que impulsan una inflación persistente, el mercado comienza a descontar escenarios de estanflación. El petróleo se convierte así en el factor capaz de erosionar simultáneamente el poder adquisitivo del consumidor y los márgenes empresariales, amenazando la recuperación económica global”. Y ello desvanece la visibilidad con respecto a los movimientos de flexibilización monetaria: “Si el encarecimiento energético presiona al alza la inflación, la Reserva Federal ve restringido su margen de actuación. El problema para los mercados no es tanto la ausencia de recortes como la incertidumbre sobre su ritmo y alcance. Cuando se pierde visibilidad sobre el coste del dinero, la volatilidad deja de ser episódica y pasa a ser estructural”.

También José Luis Blázquez, CEO del software para family offices Alvus Weath Tech Wisdom, ve precios más altos en el petróleo: «Desde un punto de vista estrictamente económico, el impacto inmediato es doble. A corto plazo, sube la prima de riesgo: transición política, fricción geoestratégica y volatilidad en flujos; a medio plazo, si se normalizan licencias, inversión y tecnología, Venezuela podría reincorporar entre 700.000 y 1,2 millones de barriles diarios en 12–24 meses. El mercado lo sabe. Y, paradójicamente, esa mayor oferta no abarata estructuralmente el crudo, porque hoy el precio no lo fija el último barril, sino la seguridad del suministro«, defiende. En su opinión, el petróleo ha dejado de ser una commodity cíclica para convertirse en variable estratégica: «Con Ucrania desgastada en una guerra que Estados Unidos empieza a externalizar a Europa, con Oriente Medio permanentemente tensionado y con América Latina reordenándose, el precio de equilibrio del Brent se desplaza al alza. No por escasez física, sino por riesgo sistémico. En ese contexto, hablar de un rango 90–105 dólares como escenario base ya no es agresivo, es conservador. Los episodios de estrés —y vendrán— empujarán ese rango más arriba», indica.

Tecnología y growth, en el punto de mira

En este escenario más volátil, para Fortuna Servicios Financieros los mercados se verán afectados, con énfasis en algunos sectores como la tecnología y las compañías de crecimiento (growth). “Su valoración depende de beneficios futuros que deben descontarse al presente. La matemática financiera es inequívoca: un tipo de descuento más elevado reduce de forma automática el valor actual de esos flujos. En 2026, el mercado se ha vuelto selectivo. Ya no se premia la promesa de crecimiento sin respaldo, se penalizan las valoraciones excesivas y la dependencia de un entorno de tipos bajos. Venezuela no ha provocado una corrección tecnológica, pero sí ha eliminado la red de seguridad implícita que sostenía ciertos múltiplos”, indica.

Activos reales: un refugio palpable

Y al otro lado, los expertos tratan de analizar quiénes serán los beneficiados de esta situación. En primer lugar, algunas petroleras. Desde iCapital, Santos defiende que lo sucedido podría derivar en un menor riesgo político que acabaría beneficiando a firmas con intereses en la zona como Repsol y Mapfre mientras Mafoda, desde DiverInvest, cree que Chevron es la gran beneficiada, puesto que es la única petrolera americana que todavía opera en Venezuela con licencia especial; mientras otras como Conoco y Mobil seguramente exigirán el pago de sus activos expropiados al comienzo del Chavismo.

Pero más allá de las petroleras, los metales preciosos son los grandes beneficiados: Santos destaca cómo estos activos típicamente refugio están captando flujos de entrada y sus cotizaciones están subiendo con fuerza. Pero, matiza, «no debería mantenerse esta tendencia tan alcista salvo ulteriores tensiones políticas que no se esperan realmente». Y cree que el mercado de bonos, sobre todo los soberanos europeos y americanos, podrían verse beneficiados si el petróleo acaba actuando como impulsor económico.

Marín Cebrián, sin embargo, se muestra convencido del potencial a largo plazo de oro y plata: “El oro ha recuperado su papel histórico no como activo especulativo, sino como instrumento de preservación de valor, libre de riesgo de contrapartida. La plata, con un mayor componente industrial y una volatilidad superior, amplifica este movimiento. Si el oro funciona como seguro patrimonial, la plata actúa como indicador adelantado de tensión sistémica. En 2026, ambos metales no compiten por rentabilidad nominal, sino por ofrecer estabilidad en un entorno donde el dinero fiduciario vuelve a percibirse como frágil”, explica.

Para Blázquez, lo relevante es el efecto dominó del petróleo sobre el conjunto de materias primas: «Energía cara encarece metales industriales (cobre, níquel), acelera la competencia por materiales críticos (litio, tierras raras) y presiona agrocommodities en un entorno climático adverso. El mundo está sustituyendo eficiencia por redundancia, globalización por bloques, y eso tiene una traducción clara: inflación real de activos físicos. No es una tesis, es aritmética», indica. En un entorno de alta deuda, defiende, los actores racionales buscan cobertura: «No es casualidad que los bancos centrales estén acumulando oro como no lo hacían desde hace medio siglo. El oro no rinde, pero no quiebra». En conclusión, para el inversor, y el ahorrador, cree que esto se traduce en que «los activos reales recuperan centralidad: energía, materias primas, infraestructuras críticas y suelo productivo no son modas defensivas, son seguros frente a la reconfiguración del sistema. La renta fija larga sufre cuando el orden monetario se cuestiona. El crédito exige quirófano. Y la liquidez, sin ancla real, pierde poder adquisitivo en silencio», añade.

Venezuela, del país más rico de Latinoamérica al colapso económico

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Wikimedia CommonsNicolás Maduro, presidente de Venezuela

La bonanza petrolera ubicó a Venezuela como uno de los países más ricos del mundo entre la década de los años 50 y 80 del siglo pasado. Hoy es lo más parecido a una economía de postguerra. ¿Qué sucedió? Una combinación de factores puso de rodillas a la que fue una de la mayores potencias latinoamericanas, desencadenando en el hito más reciente: la captura del –cuestionado– presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de EE.UU. Ahora, los inversionistas globales y latinoamericanos miran con atención la evolución de esta historia, que tiene como protagonista a una economía que el mercado financiero ve como “en pausa” y que ha generado una diáspora de 7,9 millones de personas.

De acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial de Davos, Venezuela llegó a ser la cuarta nación con mayor PIB per cápita del mundo, junto a Francia. Al país se le puso el sobrenombre de «La Venezuela Saudita» y «La millonaria de América», y no era gratuito. Hasta la fecha, este país tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con alrededor de 303.000 millones de barriles del hidrocarburo, de acuerdo con cifras de la OPEC actualizadas a junio del año pasado.

La riqueza petrolera permitió, por ejemplo, que la gasolina en Venezuela sea considerada hasta la fecha como la más barata del mundo gracias a los enormes subsidios gubernamentales. Es prácticamente regalada, ya que un litro de gasolina en Venezuela cuenta 0,097 céntimos de bolívar a precios actuales, una cifra que los conversores de divisas ni siquiera toman en cuenta y reflejan un valor de cero absoluto en la paridad con el dólar estadounidense.

Sin embargo, esta riqueza petrolera generó una economía rentista, petrolizada prácticamente al 100%, que colapsó por dos factores que explican el panorama actual. Uno es la caída de los precios internacionales del petróleo en la década de los 80. El otro es la llegada al poder por la vía democrática de Hugo Chávez, quien posteriormente centralizó la economía y deshizo las estructuras de contrapeso que le permitieron acumular poder para imponer un modelo económico estatista.

En este artículo, nos ocuparemos solo del primer punto.

El colapso de Venezuela

De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB de Venezuela en 2024 se ubicó en 82.000 millones de dólares, con tres años de crecimiento constante (8% en 2022, 4,4% en 2023 y 5,3% en 2024). Parecieran datos muy positivos, pero esconden una realidad devastadora.

Las mismas cifras señalan que el PIB de Venezuela en el año 2012 llegó a su máximo histórico de 372.000 millones de dólares. Es decir, el PIB más reciente conocido está 78% por debajo del más alto de su historia. Solamente los países europeos y el Japón de la segunda guerra mundial han visto una caída tan abrupta de su PIB, pero Venezuela no registró en este periodo ni siquiera un conflicto armado interno, a pesar de la inestabilidad política.

Los economistas del FMI advirtieron que, medido el PIB de Venezuela entre los años 2013 a 2020, su caída es de 88% y supera por tres años la que registró Estados Unidos en la Gran Depresión. No hay otro precedente similar.

Y mientras el país «nadaba» en gasolina barata, la hiperinflación ha pasado un costo muy alto que colaboró en la devastación actual.

En 2018, la hiperinflación alcanzó una cifra histórica de 130.000%, que se moderó a «solo» 548% en 2024 y que podría haber caído a poco más de 300% el año pasado, gracias a políticas monetarias ortodoxas «neoliberales», como la reducción del gasto público y la eliminación de controles cambiarios, así como una dolarización de facto.

Sin embargo, el daño está hecho. La hiperinflación continua por una década (de 2014 a 2024) llevó a la erosión más dramática jamás vista en la era moderna del poder adquisitivo en un país. Las cifras del FMI señalan que entre 1998 y 2018, la moneda venezolana perdió el 99,999997% de su valor.

Pero quizás el colapso económico se pudo haber evitado o suavizado si este país, con su enorme riqueza petrolera, hubiera explotado adecuadamente dicha bonanza. El problema, acusan varias voces del frente económico, es que las políticas públicas estatistas convirtieron a la industria petrolera venezolana en una de las más ineficientes del mundo.

La erosión de la producción petrolera

Los datos de la OPEC señalan que, entre 2008 y 2013, la producción petrolera de Venezuela se ubicó en un promedio diario de 2,8 millones de barriles, para desplomarse a 337.000 millones de barriles en 2020 y recuperarse a 921.000 en 2024. Aun así, el dato anual más reciente conocido es inferior en 67% al periodo en el que el país estaba considerado como una de las naciones que más petróleo producía en el mundo.

La paradoja petrolera de Venezuela es dramática. A pesar de ser el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, se ubica entre los puestos 20 a 22 entre las naciones productoras de petróleo. Esto gracias a que la inversión en la industria se desplomó más de 80% a partir del año 2003, un año después del intento de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez, quien en respuesta purgó a los altos mandos de la petrolera estatal PDVSA y cerró prácticamente la industria en su totalidad a nuevas inversiones. El argumento era que la riqueza petrolera del país no requería nada más que la regulación del Estado.

En conclusión, el colapso económico de Venezuela es ya el más dramático para cualquier país en la era moderna sin una guerra de por medio.

Los análisis señalan que la caída máxima del PIB venezolano de 88% supera al desplome estadounidense de la Gran Depresión, el golpe de la Segunda Guerra Mundial e incluso rebasa al 70% del colapso económico registrado por Siria en su guerra civil del siglo pasado y al 62% del desplome sufrido en su PIB por el país del Medio Oriente también en un conflicto interno más reciente.

Para los economistas estudiosos de este fenómeno existen tres grandes causas que lo explican todo y que lamentablemente están asociadas a decisiones políticas: destrucción de derechos de propiedad, saqueo de recursos y políticas económicas destructivas incluso en los tiempos de bonanza económica.

Y lo peor es que la salida para este país, con todo y su riqueza petrolera, no está a la vuelta de la esquina. Se calcula que recuperarse, con las políticas económicas adecuadas, le llevaría alrededor de 20 o 30 años, considerando que en el último lustro se perdió la mayor riqueza de Venezuela y de cualquier país: el 25% de su población.

En su mundo propio, pero inserta en la región

Después de más de una década de crisis económica, Venezuela está relativamente aislada de los otros países de América Latina, viviendo su propia realidad con sus propias distorsiones de mercado. Pero la que fue antaño una de las principales potencias de la región no deja indiferente a los demás.

Mientras que hace unos meses, una ventaja que veían los actores del mercado para las inversiones latinoamericanas era una relativa calma geopolítica de la que otras regiones no podían presumir. Con la situación en evolución, es difícil saber qué dirección va a tomar el rumbo del país petrolero y qué implicaciones pueda tener en el tablero global –y el latinoamericano–, especialmente si las tensiones escalan con China y Rusia, dos grandes aliados del régimen chavista. De todos modos, los inversionistas estarán atentos a la evolución del panorama.

Las conexiones económicas de los otros países del vecindario con Venezuela se han ido atenuando con el pasar de los años y existe la percepción de que se trata de un mercado “en pausa”, tanto a nivel de inversión extranjera como de comercio internacional. Sin embargo, el país mantiene vínculos comerciales con varias de las principales economías de la región.

Cifras del Observatorio de Complejidad Económica (OEC, por su sigla en inglés) muestran que los principales socios del país en la región son Brasil y Colombia. En el pasado reciente –los últimos datos disponibles de la entidad datan de 2023–, los brasileños se ubicaron como el cuarto comprador de exportaciones venezolanas (después de EE.UU., China y España) y el tercer mayor vendedor a ese mercado. Colombia, otra nación vecina del país petrolero, se ubica como el segundo latinoamericano en ambos campos y Ecuador es el tercer mayor comprador de exportaciones venezolanas en la zona. Todos estos mercados eso sí, cuentan con participaciones de un dígito en el comercio exterior de Venezuela.

A diferencia de EE.UU. y España, que compran principalmente petróleo crudo, y China, que privilegia el coque de petróleo, según el OEC, los países latinoamericanos que más compran productos venezolanos van principalmente por fertilizantes nitrogenados y, en el caso de Ecuador, pescado congelado sin relleno.

Millones de expatriados mirando desde el extranjero

Otro lazo fuerte entre Venezuela y el resto de la región está relacionado con la masiva diáspora que se ha asentado en otros países latinoamericanos. Millones de personas han dejado el país en los últimos 15 años, dejando tras de sí una economía colapsada en busca de oportunidades en países más estables en la región, especialmente en naciones vecinas. Muchas veces estas personas abandonan el país en busca de trabajo y envían remesas de vuelta a Venezuela, inyectando algo de capital a los golpeados hogares locales.

La migración de venezolanos, que se aceleró después de 2014, se ha expandido a lo largo del continente. Según señala la Acnur, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a los refugiados, cerca de 7,9 millones de personas han salido del país en busca de oportunidades y 6,7 de ellas se han instalado en otros países latinoamericanos y caribeños.

Los destinos más populares para los emigrantes de Venezuela son Colombia y Perú, con 2,8 millones y 1,7 millones de ciudadanos del país, según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), una iniciativa liderada por la Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Les siguen Brasil, con unas 626.900 personas de origen venezolano; EE.UU., con 545.200; y Chile, con 532.700.

Detención de Maduro: el foco, por ahora, está en los fundamentales del mercado

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La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos añade un nuevo foco de atención a la geopolítica mundial. La detención “confirma la idea de que no existen acontecimientos de probabilidad nula: todos los escenarios se vuelven posibles puesto que las reglas ya no existen”, según explica Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum (affiliate de Natixis IM). Ahora, la cuestión que surge, según el experto, girará en torno a la respuesta de Rusia y de China, que apoyan a Maduro. El experto recuerda que Estados Unidos y Venezuela están en tensión desde la llegada de Hugo Chávez a la cabeza de Venezuela a finales de los años noventa. Anteriormente, el país era un «coto reservado» de los Estados Unidos con la explotación del petróleo y de la industria química. “Para marcar este aspecto, el béisbol es el deporte preferido del país, como en Estados Unidos”, recalca.

Ahora, Waechter enfatiza que los Estados Unidos del presidente Donald Trump “quieren poner la mano sobre el petróleo venezolano”. Se trata de un petróleo de mala calidad, pero representa el 17,5% de las reservas mundiales, “las más importantes del mundo”. Por ello, y teniendo en cuenta el marcado sesgo de la Casa Blanca a favor del crudo, unido a que la industria de exploración e investigación del petróleo de esquisto estadounidense se estanca, “Venezuela es una buena alternativa”, según el experto.

Como conclusión, Waechter apunta que si Estados Unidos toma el control de Venezuela, “las sanciones sobre las exportaciones de petróleo se levantarán y se reanudará la producción de crudo en el país, acentuando así la oferta de petróleo en el mercado mundial”. Sería, por lo tanto, un factor favorable para una bajada de la cotización el oro negro, pero “la cuestión final es saber si, una vez más, una intervención de este tipo será desestabilizadora para la región. Los ejemplos no faltan”, apunta el experto de Ostrum.

El petróleo, protagonista

Por lo tanto, este evento geopolítico devuelve al petróleo al foco de la actualidad. Los precios de la energía reaccionan a la baja en la primera sesión relevante desde la captura de Nicolás Maduro: el petróleo retrocede alrededor de 1% y el gas natural cae cerca de 4%, “en un movimiento que llama la atención considerando el contexto geopolítico, pero que el mercado está leyendo, por ahora, como un evento político sin impacto físico inmediato”, tal y como explica Diego Albuja, analista de mercados ATFX LATAM.

El experto añade que la clave del movimiento de las cotizaciones de las principales materias primas energéticas es que no se han reportado interrupciones en la producción ni daños en la infraestructura petrolera venezolana, por lo que “sin un shock real de oferta, la prima de riesgo geopolítico se diluye rápidamente y los precios vuelven a responder a los fundamentos del mercado global”. Asegura que el mercado está mirando más el medio plazo, posibles cambios políticos y escenarios de normalización, que un impacto inmediato en los flujos de crudo. La caída más fuerte del gas natural responde principalmente a factores propios del mercado estadounidense, como niveles elevados de almacenamiento, expectativas climáticas más benignas y ajustes técnicos en posiciones especulativas, más que a la situación venezolana, según el experto.

“El mercado está enviando un mensaje muy concreto: mientras no exista una interrupción real en la oferta, los fundamentos mandan. No obstante, este equilibrio es frágil y puede cambiar rápidamente si aparecen señales de daño operativo, bloqueos logísticos o cambios abruptos en el régimen de sanciones”, concluye Albuja.

Por su parte, Raphaël Thuin, director de Estrategias de Mercados de Capitales de Tikehau Capital, recuerda que en los últimos años, los inversores y los mercados han aprendido a mirar más allá de los riesgos geopolíticos recurrentes y a centrarse en los factores fundamentales que impulsan el rendimiento del mercado a largo plazo. Y los recientes acontecimientos en Venezuela “parecen encajar en este patrón”, puesto que el impacto económico global del país “sigue siendo limitado, con una exposición relativamente baja para la mayoría de las empresas internacionales”.

Por lo tanto, el experto ve probable que las perspectivas a largo plazo para los mercados en general “no se vean afectadas”. Incluso, no descarta la posibilidad de que se produzcan catalizadores positivos. Por ejemplo, cita que uno de los objetivos de la actual administración estadounidense es facilitar la salida de más petróleo venezolano a los mercados mundiales. Eso sí, Thuin es consciente de que los cambios geopolíticos y de régimen “introducen inevitablemente nuevas incertidumbres”, por lo que admite que 2026, al igual que 2025, “la geopolítica será un factor a tener en cuenta por los inversores y el rendimiento del mercado”.

Otros activos: oro y renta variable

Si bien el petróleo es ahora protagonista, puede haber otras derivadas. Por ejemplo, Ned Naylor-Leyland, gestor de inversiones, oro y plata de Jupiter AM, destaca que los metales preciosos, en este escenario de volatilidad de mercado, tensiones geopolíticas e incertidumbre macroeconómica, vuelven a poner en juego su histórico rol de depósito de valor, comportándose de manera distinta a las acciones y los bonos. El oro ya supera la cota de los 4.400 dólares por onza, con una subida de alrededor del 2% en medio de la detención de Nicolás Maduro.

Asimismo, Javier Molina, analista senior de mercados para eToro, asegura que la situación en Venezuela “añade ruido inmediato”. Si bien el experto hace énfasis en el mercado del petróleo, también añade que este tipo de episodios “suelen traducirse en movimientos tácticos y repuntes de volatilidad, pero rara vez alteran por sí solos la tendencia estructural de los activos de riesgo”. En definitiva, se trata de un recordatorio de que el corto plazo “puede ser incómodo, incluso dentro de un ciclo alcista”.

En este punto, Molina recalca que la tendencia de fondo sigue siendo alcista y estar invertido “continúa teniendo sentido, especialmente en compañías con beneficios visibles y momentum positivo”. Eso sí, es consciente de que “este ya no es un mercado para la complacencia”, ya que la geopolítica, la fragilidad del ciclo macroeconómico y la elevada concentración “obligan a extremar la gestión del riesgo, ajustar tamaños de posición y aceptar que la volatilidad forma parte del camino”. De momento, y antes de la apertura de los mercados de renta variable americanos, los índices bursátiles europeos evolucionaban a media sesión ligeramente al alza.

De los baby boomers a la generación Z: cómo cambian las reglas de la inversión

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El bróker Alpari ha analizado las principales diferencias entre el enfoque de inversión y comercio de las distintas generaciones en su nuevo informe. Los hallazgos detallan diferencias generacionales significativas, así como ciertas similitudes entre los grupos de edad en lo que respecta a los hábitos de inversión y comercio.

En primer lugar, el estudio analiza el enfoque de inversión y la tolerancia al riesgo de los baby boomers, nacidos entre 1946 y 1964. El bróker revela que el objetivo principal de esta generación es su ingreso de jubilación y la preservación de su capital. Los baby boomers invierten en activos como acciones, bonos, fondos de inversión e inmobiliario, y probablemente tengan un plan de retiro con retiros sistemáticos. Tienden a ser aversos al riesgo, ya que dependen de sus inversiones para los ingresos de su jubilación, por lo que son cautelosos ante posibles pérdidas. Esta generación suele obtener información de inversión a través de asesores financieros, medios de comunicación tradicionales e instituciones financieras consolidadas.

De 1965 a 1996

También se ha analizado el enfoque de inversión de la generación X, nacida entre 1965 y 1980. Según sus conclusiones, esta generación, actualmente de entre 45 y 60 años, se centra principalmente en la acumulación de riqueza, la gestión de herencias y el equilibrio entre las necesidades familiares y la seguridad financiera futura. Lo que diferencia a esta generación de los Baby Boomers es que, por lo general, tienen una mayor tolerancia al riesgo. La Generación X tiende a equilibrar crecimiento con seguridad e ingresos, manteniendo una tolerancia al riesgo moderada en general. Suelen obtener información de inversión a través de asesores tradicionales, medios financieros y análisis independientes. A diferencia de los Baby Boomers, la Generación X tiende a incluir sus propias investigaciones online en la toma de decisiones.

Respecto a los  hábitos de inversión de los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, el análisis muestra que esta generación se enfoca en establecer objetivos financieros, como la jubilación anticipada o la construcción de riqueza a largo plazo. «Las acciones tecnológicas y las criptomonedas son inversiones muy populares, al igual que las inversiones ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). Alpari indica que los Millennials están abiertos a asumir riesgos calculados y se sienten cómodos con la volatilidad. Esta generación utiliza aplicaciones financieras, redes sociales, educación online, comunidades de pares y asesores financieros para obtener información de inversión. Los Millennials se sienten mucho más cómodos investigando y aprendiendo online que las generaciones mayores», apuntan las conclusiones.

Generación Z y Alpha

Por último, los hábitos de inversión de la generación Z, la generación más joven actualmente y  que comprende a los nacidos entre 1997 y 2012, muestran que empiezan a invertir alrededor de los 19 años y, al igual que los Millennials, está interesada en inversiones ESG y criptomonedas. El bróker también reveló que las acciones fraccionadas son populares entre esta generación, que puede tener menos capital para invertir que sus mayores. La Generación Z suele recurrir a fuentes online como TikTok y YouTube para obtener información de inversión, y frecuentemente utiliza aplicaciones financieras y plataformas de trading gamificadas.

En cuanto a la  generación alpha, nacida entre 2010 y 2024, el bróker anticipa que indica que esta generación experimentar una mayor desigualdad de ingresos a nivel mundial y que esta generación podría crecer con una sólida educación financiera y acceso a herramientas financieras digitales. «Esto podría significar que, al llegar a la adultez, podrían sentirse más cómodos explorando activos más complejos», matizan.

Objetivos comunes

Según sus conclusiones, los objetivos universales entre las generaciones son: construir riqueza, lograr estabilidad financiera y prepararse para la independencia financiera. Muchos inversores ahora eligen plataformas digitales para invertir, siendo los Millennials y la Generación Z quienes optan por aplicaciones móviles intuitivas. «Aunque algunas generaciones tienden a asumir riesgos y otras prefieren preservar su capital, algo que todas tienen en común es el deseo de soluciones financieras accesibles, confiables y que les den poder de decisión», matizan desde la firma.

En opinión de Alexey Efimov, analista de mercado en Alpari, es interesante observar tanto las similitudes como las diferencias en los hábitos de inversión entre generaciones. «Los Millennials y la Generación Z suelen coincidir, dando gran importancia a las inversiones ESG y mostrando apertura hacia las criptomonedas, como destacan encuestas recientes. La Generación X, por su parte, hace de puente con los Baby Boomers, manteniendo una mayor tolerancia al riesgo pero favoreciendo los vehículos de inversión tradicionales, aunque muchos expresan preocupación por su preparación para la jubilación», concluye Efinov.

Oliver Wyman propone soluciones para reducir la fragmentación de liquidez en los mercados de capitales europeos

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La Federación de Bolsas de Valores Europeas (FESE) ha celebrado la publicación de un nuevo informe elaborado por la consultora Oliver Wyman, que propone recomendaciones clave para abordar la fragmentación de la liquidez en los mercados bursátiles de la Unión Europea. Bajo el título “La matriz de liquidez: Abordando la fragmentación en los mercados de renta variable europeos”, el estudio llega en un momento crucial, en plena revisión del proyecto de la Unión de Ahorro e Inversión (SIU) por parte de la Comisión Europea.

El informe destaca que, pese a los altos niveles de ahorro en Europa, la participación de los hogares en los mercados de capital sigue siendo limitada. Esta baja implicación se traduce en una dispersión de la liquidez y una actividad de negociación fragmentada entre múltiples plataformas, lo que dificulta la formación eficiente de precios y el acceso de los inversores.

Según Oliver Wyman, la fragmentación en los mercados secundarios de acciones representa un obstáculo significativo para atraer inversión privada, financiar la transición energética, fortalecer la defensa y mejorar la competitividad económica del bloque. El estudio subraya que unos mercados secundarios profundos y bien integrados son fundamentales para facilitar la financiación a largo plazo de las empresas, reducir el coste del capital y atraer nuevas salidas a bolsa (IPOs) dentro de la UE.

“Este informe es una contribución importante al debate sobre la integración de los mercados de capital. La UE necesita un marco que favorezca la competencia sin fragmentar en exceso la liquidez. Un sistema más transparente, accesible y menos complejo permitirá que más empresas se coticen en Europa, impulsando el crecimiento económico y reforzando la soberanía estratégica del continente”, señaló Niels Brab, presidente de FESE.

Por su parte, Magnus Burkl, responsable de Mercados de Capital en Europa en Oliver Wyman y coautor del estudio, remarcó que, si bien los mercados europeos son resilientes, existe un amplio margen de mejora: “La clave para mejorar la competitividad es activar lo que llamamos el ‘volante de capital’, fomentando la inversión a largo plazo y reduciendo la fragmentación entre los diferentes canales de negociación. Esta fragmentación representa cerca del 70% del total en Europa”.

La FESE ha reafirmado su apoyo a la Unión de Ahorro e Inversión y a las reformas que permitan a los mercados de capital europeos cumplir de forma más eficaz su papel en el desarrollo económico y social del continente.

La economía estará marcada por el riesgo del sistema financiero, el comercio, la deuda pública y la geopolítica

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Las economías mundial y europea se han mostrado resistentes en los últimos años, incluso teniendo en cuenta la modesta desaceleración de 2025. Sin embargo, los riesgos para la recuperación están aumentando, lo que pone de relieve unas perspectivas macroeconómicas y crediticias negativas a medio plazo a nivel mundial.

Scope Ratings ha revisado ligeramente al alza su estimación de crecimiento mundial para 2025 desde sus previsiones de junio. La agencia de calificación de deuda prevé ahora un crecimiento mundial del 3,3% para este año, seguido de un resistente 3,2% para 2026.

“Las expectativas de crecimiento de la zona euro-21 siguen siendo moderadas: un 1,4% el próximo año, tras el 1,5% de este año”, afirmó Dennis Shen, presidente del Consejo Macroeconómico de Scope. Prevén una recuperación de la economía alemana (hasta un crecimiento del 1,0 % el próximo año), junto con un crecimiento moderado en Francia (1%) e Italia (0,7%). “No obstante, la economía europea sigue impulsada por la fuerte recuperación en gran parte de los países periféricos”, afirmó Shen.

De cara al 2026, desde Scope prevén un crecimiento del 2,5% para España, del 2,1% para Portugal, del 2,0% para Grecia y del 3,0% para Irlanda. El crecimiento en algunas partes de Europa Central y Oriental refuerza la economía regional, incluido un crecimiento del 3,2% en 2026 en Bulgaria tras su adhesión al euro. Por su parte, la economía del Reino Unido podría crecer un moderado 1,0% el próximo año.

Scope ha revisado al alza el crecimiento de EE.UU. hasta alrededor del 2% para este año, antes de que la economía estadounidense crezca un 2,4% por encima de su potencial el próximo año. La agencia de calificación prevé un crecimiento del 4,7 % para el próximo año en China, después de que la economía alcance su objetivo de crecimiento del 5% para este año, respaldado por la reciente relajación temporal de las tensiones comerciales con EE.UU.

Sesgo negativo en el riesgo macro

“El equilibrio de riesgos a medio plazo para las perspectivas económicas y crediticias globales sigue inclinado a la baja”, afirmó Shen. Cuatro factores son relevantes:

1.- Los riesgos para el sistema financiero derivados de unas valoraciones elevadas en múltiples clases de activos y de la expectativa, mantenida desde hace tiempo, de correcciones en mercados alcistas.

2.- Riesgos de apalancamiento en el sector de la intermediación financiera no bancaria, riesgos en los sectores menos regulados de inteligencia artificial y criptomonedas.

3.- Tipos de interés más altos durante más tiempo y la desregulación financiera tanto en EE.UU. como a nivel global.

4.- Políticas comerciales globales proteccionistas y volátiles, impulsadas por EE.UU. pero que también influyen en las decisiones de otros gobiernos.

Otro factor es el hecho de que muchos gobiernos afrontan desafíos presupuestarios y de deuda pública, lo que podría facilitar revisiones al alza del riesgo soberano por parte del mercado.

Además, también afecta la mayor incertidumbre geopolítica, incluida la continuación de la guerra de Rusia en Ucrania y las fragilidades persistentes en Oriente Medio.

Los cambios en la política estadounidense entrañan riesgos globales

La política reciente de EE.UU. ha tenido efectos significativos sobre la economía global. Los recortes fiscales procíclicos, las bajadas de tipos y la desregulación pueden ofrecer respaldo a corto plazo para la economía estadounidense y mundial, pero a costa de aumentar los desequilibrios económicos a largo plazo.

La revisión del entramado de alianzas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Ucrania han impulsado un mayor gasto en defensa en Europa y han incrementado los riesgos para la sostenibilidad de la deuda soberana, al tiempo que elevan la probabilidad de una mayor fragilidad geopolítica. Los tipos de interés elevados y la desregulación financiera merman la resiliencia financiera a largo plazo.

“Prevemos que los tipos de endeudamiento en niveles elevados se mantendrán durante más tiempo. Esto ocurre aun cuando muchos bancos centrales siguen relajando su política, mientras instituciones como el BCE permanecen en pausa y el Banco de Japón endurece gradualmente”, señaló Shen.

Las perspectivas de Scope de cara a 2026 varían entre una visión negativa para la clase de activos soberanos, equilibrada para las instituciones financieras y moderadamente positiva para algunos subsectores de financiación estructurada.

¿Qué esperar de los bancos centrales para 2026?

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Después de un 2025 en el que ha quedado patente la divergencia de caminos que han seguido los distintos bancos centrales mundiales, todo apunta a que este 2026 habrá algo más de estabilidad en lo que a política monetaria se refiere. Eso sí, a la espera de ver si la reciente detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos tiene repercusiones en el precio del petróleo y, por consiguiente, en la inflación y las actuaciones de los bancos centrales.

Sin duda, el foco estará en la Reserva Federal estadounidense. Su presidente, Jerome Powell, llega al final de su mandato en abril, en medio de dudas sobre la futura independencia del organismo y con un miembro del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC), Lisa Cook, atenazada por causas judiciales. “La Fed tiene muchos factores en juego en 2026. No solo un nuevo presidente tomará el mando, sino que el panorama macroeconómico sigue siendo incierto. El mercado laboral parece estar enfriándose, sin colapsar, mientras que la inflación se mantiene estable”, apunta Bret Kenwell, analista de Mercados de eToro en EE.UU., que se plantea si la autoridad monetaria estadounidense “podrá adoptar un tono acomodaticio si estos factores persisten en 2026, o su doble mandato mantendrá a raya a las medidas moderadas”.

Una opinión similar sostiene Ray Sharma-Ong, director global adjunto de Soluciones Multiactivos Bespoke en Aberdeen Investments, que considera que “la Fed se encuentra entre la espada y la pared, con una inflación que sigue siendo elevada a pesar del debilitamiento del mercado laboral”. Una desconexión que “ha ampliado las divisiones dentro del Comité”.

Eso sí, tras las bajadas de tipos de 2025 y el contexto que atraviesa el organismo, “la política monetaria de la Fed ya no es un catalizador para los mercados”, según el experto. La razón es que con unos tipos de interés de los fondos federales entre el 3,5% y el 3,75%, el Comité considera que la política monetaria se encuentra dentro del rango efectivo de neutralidad. Por lo tanto, “el listón para nuevos recortes está muy alto, lo que implica que es probable que el escenario de la política monetaria se mantenga estático durante algún tiempo”. La consecuencia, por lo tanto, es que con los tipos de interés oficiales en pausa, “ya no esperamos un repunte generalizado de la beta en la renta variable; es posible que las correlaciones del mercado disminuyan y que los fundamentales cobren mayor importancia”.

Para Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali AM, parte de Generali Investments, la economía sigue gozando de una base sólida, pero los riesgos a la baja para el empleo siguen siendo más importantes para el FOMC que los riesgos al alza de la inflación.

Ahora, y tras el recorte de diciembre, “puede ahora esperar a disponer de más datos antes de decidir el alcance y el ritmo de nuevas bajadas de tipos”. Aquí, las perspectivas de Zanghieri son claras: la trayectoria prevista para el tipo de interés oficial no ha cambiado desde septiembre, con dos bajadas más de 25 puntos básicos, una el año que viene y otra, en 2027. “Nuestra previsión de otra bajada de tipos el año que viene coincide con lo que espera la Fed, pero creemos que la flexibilización se detendrá ahí”, apunta y admite que esta previsión sólo se modificaría en el timing, con un posible retraso del siguiente recorte para mediados de año.

Europa

Nachu Chockalingam, directora de crédito en Federated Hermes, recuerda el trabajo realizado por los bancos centrales en los últimos años para reducir la inflación mundial. Y, a partir de aquí, prevé que los tipos de interés oficiales bajen, pero que, en general, “se mantengan ligeramente por encima de los niveles previos a la pandemia, especialmente en las economías de mercado desarrolladas”.

Su opinión es que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra seguirán recortando los tipos, “pero la dirección que tomará el Banco Central Europeo (BCE), que comenzó a flexibilizar su política antes, es un poco menos clara”. Principalmente, porque la inflación en la zona del euro se acerca al objetivo del 2%, “pero las perspectivas siguen siendo inciertas debido a las disputas comerciales mundiales y las tensiones geopolíticas”.

La experta explica que persisten los riesgos a corto plazo para las perspectivas de los tipos de interés, pero cree que la situación tendría que empeorar mucho para que el BCE volviera a bajar los tipos en 2026. Algunos de estos riesgos a la baja que menciona apuntan a cualquier impacto adverso retardado derivado de los aranceles estadounidenses, un euro más fuerte, el impacto de las importaciones chinas o un retraso en el estímulo fiscal de Alemania. La agitación política en Francia, en un contexto de empeoramiento de la situación fiscal, supone otro riesgo potencial, según Chockalingam.

El Banco de Inglaterra (BoE) también generará expectación en el mercado a lo largo de 2026. David A. Meier, economista de Julius Baer, espera dos recortes de tipos por parte del BoE y un compás de espera entre las autoridades monetarias escandinavas. El BoE, recuerda el experto, recortó los tipos al 3,75% en su última reunión ante la desaceleración de la inflación y el débil crecimiento, pero se mostró cauteloso ante una mayor flexibilización en el futuro. “Prevemos dos recortes más en 2026 y mantenemos una perspectiva neutral para la libra esterlina”, apunta.

Meier también desgrana sus expectativas para los bancos centrales nórdicos: el Riksbank sueco mantuvo el precio del dinero en el 1,75% en su último encuentro, “con perspectivas que apuntan a posibles subidas a finales de 2026, lo que respalda un escenario alcista para la corona sueca”. Por su parte, el Norges Bank, con el mantenimiento de los tipos en el 4% debido a la inflación persistente, “refuerza a la corona noruega como la divisa del G10 con mayor carry”.

Japón

Respecto a Japón, Álvaro Peró, director de inversiones de renta fija de Capital Group, desvela que continúa la reflación, en medio de un crecimiento económico positivo y una inflación por encima del objetivo. El experto explica que aunque la elección de la nueva primera ministra, Sanae Takaichi -que hizo campaña con un programa de estímulo fiscal, inversión estatal y represión financiera- ha aumentado las expectativas del mercado de una política más flexible, el Banco de Japón (BoJ) ha vuelto a insistir en la necesidad de nuevas subidas en un contexto de debilitamiento del yen y presiones reflacionistas.

Así lo cree también Homin Lee, Senior Macro Strategist de Lombard Odier. El experto prevé que los tipos de interés de Japón sigan subiendo en 2026. “Tras haber protegido a Japón de la deflación mediante años de política monetaria acomodaticia, esperamos que el BoJ acoja con satisfacción los signos de éxito reflacionista con dos subidas de los tipos de interés en 2026, la primera de ellas probablemente en enero”, apunta.

Latinoamérica

Las previsiones también alcanzan a la mayor economía latinoamericana: Brasil. En DWS apuntan que el Banco Central de Brasil “parece dispuesto a mantener su postura agresiva” y adelanta que las reformas estructurales, tras las elecciones del año que viene, “podrían ayudar a liberar el potencial del país”.

Esta es la postura de Yi Li-Hantzsche, analista de mercados emergentes de DWS, que admite que hasta ahora, el banco central de Brasil ha demostrado su compromiso inquebrantable de volver a situar la inflación en el objetivo, “a pesar de la presión del Gobierno y de la proximidad del gobernador Galípolo al presidente Lula”. El experto considera que con un resultado electoral constructivo, y la perspectiva de reformas creíbles, “Brasil podría finalmente desbloquear tipos más bajos sin poner en riesgo su credibilidad”.

Nace Truth Below Ground: análisis minero basado en rigor técnico y pensamiento crítico

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Truth Below Ground (www.truthbelowground.com) anuncia su lanzamiento como una  comunidad digital independiente dedicada al análisis profundo y técnico del sector  minero, orientada a inversores, profesionales técnicos y analistas interesados en  comprender con mayor rigor los proyectos, compañías, materias primas y jurisdicciones  clave de la industria extractiva. 

La iniciativa nace con una misión clara: construir y mantener una comunidad online  de inversores, técnicos y entusiastas del sector minero que se beneficie de análisis  rigurosos, así como de espacios de debate, foros y contenidos exclusivos, con el objetivo  de mejorar la comprensión del sector y fomentar decisiones de inversión más  responsables y mejor informadas. 

El análisis constituye el eje central del proyecto y es desarrollado íntegramente por el  equipo de Truth Below Ground, aplicando una visión multidisciplinar que integra geología, minería, metalurgia, ingeniería, finanzas, equipo directivo y análisis de  riesgos ESG. Todo el trabajo se basa exclusivamente en información pública disponible,  procedente de fuentes verificables como informes técnicos, comunicados corporativos,  presentaciones públicas, estadísticas geológicas, bases regulatorias y datos de mercado.  Este enfoque garantiza independencia, trazabilidad y un alto nivel de transparencia  analítica. 

Truth Below Ground aspira a convertirse en una referencia en análisis minero a  nivel global, reconocida por facilitar el acceso al conocimiento técnico y elevar el  estándar de profundidad, claridad y pensamiento crítico en el ámbito de la inversión en  minería. En un sector caracterizado por la complejidad técnica, el sesgo promocional de  las propias compañías y la asimetría de información, el proyecto busca transformar datos  técnicos complejos en análisis estructurados, comprensibles y útiles, manteniendo el rigor como seña de identidad. 

El proyecto está impulsado por un equipo de profesionales multidisciplinar de diferentes  ámbitos como la geología, minería, ingeniería, recursos humanos, análisis financiero, gestión de riesgos y comunicación; la mayoría de ellos con experiencia internacional  trabajando para grandes empresas del sector minero. El equipo de Truth Below Ground  está formado por Amadeu Bonet, coordinador del proyecto y analista del sector minero;  Ignacio Vélez, ingeniero de minas; Paloma Ortiz-López, consultora de recursos  humanos y analista de liderazgo; Iñaki Lorenzo, ejecutivo especializado en la gestión de  riesgos y sostenibilidad; Mónica Barrero, geóloga senior; Francisco Castellano,  analista financiero; Ángel Martín Oro, consultor de comunicación y analista económico;  e Iñigo Petit, consultor de negocio y estrategia digital. La combinación de estos perfiles  permite abordar los proyectos desde múltiples ángulos y ofrecer análisis sólidos y  contrastados.

Coincidiendo con su lanzamiento, Truth Below Ground ha publicado su primer informe  en profundidad, dedicado a Sigma Lithium, compañía productora de litio con  operaciones en Brasil. El análisis identifica características geológicas y de crecimiento  potencial interesantes, pero subraya también riesgos y señales de alerta muy relevantes  que convierten a la compañía en una inversión de alto riesgo, fuertemente apalancada al  ciclo del litio y a la ejecución operativa del proyecto. Este primer informe refleja el  enfoque del proyecto: crítico, equilibrado y basado en hechos, señalando tanto el  potencial como los riesgos sin los sesgos promocionales que caracterizan a las  comunicaciones de las propias compañías.

En paralelo, Truth Below Ground también ha publicado un informe dedicado al mercado  global del cobre, en el que analiza los desequilibrios estructurales que podrían  desembocar en una escasez significativa del metal en los próximos años. El informe  examina en primer lugar los principales motores de la demanda, entre los que destacan el  crecimiento económico global, la electrificación, la transición energética, el vehículo  eléctrico y el despliegue de infraestructuras asociadas a la digitalización y la inteligencia  artificial. A continuación, aborda las limitaciones estructurales de la oferta, como la caída  en los descubrimientos, el deterioro de las leyes minerales, el aumento de los costes, los  largos plazos de desarrollo de nuevos proyectos y el alcance limitado del reciclaje. El  análisis incorpora una estimación cuantitativa de estos factores y subraya el papel del  precio como único mecanismo capaz de incentivar nueva producción en un contexto de  crecientes restricciones estructurales.

Truth Below Ground se presenta así como un nuevo referente para quienes buscan entender la minería más allá de los titulares, aportando criterio, contexto y profundidad  analítica en un sector clave para la economía global y la transición energética.

Akka consolida el mayor club de inversión en startups de España

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Foto cedidaThomas Rebaud (co-fundador de Akka), Nicolas Nati (Head of Growth), Benoit Lagarde (COO) & Javier Desantes (CEO Akka Spain).

Akka, la fintech que permite a cualquier persona invertir en startups tecnológicas de alto potencial a través de un club de inversión privado, ha alcanzado casi 9 millones de euros invertidos en todo este año, y más de 11 millones en sus 20 meses en activo.

En este tiempo, la compañía se ha consolidado como el club de inversión privado más grande del país y una de las comunidades de inversores en startups más activas de Europa. 

Durante estos 20 meses, Akka ha puesto el foco en tres frentes: acceso a buenas oportunidades, formación rigurosa y comunidad.

El resultado es un modelo que combina la lógica de un fondo de inversión con la fuerza de una comunidad retail, con más de 10 millones canalizados hacia startups tecnológicas de alto crecimiento, miles de miembros que invierten desde importes reducidos, sin necesidad de ser grandes patrimonios; más de 15 horas de formación específica para invertir con criterio en fases tempranas; y más de 50 eventos –afterworks, pitch nights y sesiones privadas- que han convertido al club en un punto de encuentro para fundadores e inversores. 

“De plataforma a ecosistema”: una nueva etapa para Akka 

En este periodo, Akka ha dado un paso más en su evolución: ha dejado de ser percibida únicamente como una plataforma para convertirse en un ecosistema completo de inversión en startups

“Nuestro objetivo ya no es solo abrir la puerta a las mejores oportunidades, sino acompañar a la gente a construir una cartera de inversión con cabeza. El capital importa, pero más aún la mezcla de criterio, formación y disciplina”, explica Javier Desantes, CEO de Akka Spain. “Akka es una fintech que opera con la lógica de un fondo, pero el fondo lo construye una comunidad de miles de personas que aprenden e invierten juntas”.

Fractal Investing Method™: diversificar es una necesidad 

En estos meses la compañía también ha desarrollado el Fractal Investing Method™, su propio sistema para ayudar a los miembros a construir carteras diversificadas de startups de forma ordenada. 

El método parte de una idea sencilla: en inversión en startups, diversificar ya no es una recomendación, es una necesidad. Desde Akka se resume con una filosofía clara: Criterio antes que hype. Disciplina antes que ruido

Este enfoque se apoya en sesiones formativas, masterclass específicas y el programa Akkademy, el itinerario de aprendizaje interno de Akka para que cualquier persona pueda empezar a invertir en startups sin necesidad de tener un perfil financiero previo. 

Una app para invertir en startups desde el móvil, con lógica de fondo 

Otro de los grandes hitos de este año ha sido el lanzamiento de la nueva app móvil de Akka, que concentra en un único lugar todo lo que el club ofrece: análisis de oportunidades, acceso directo a fundadores, seguimiento de cartera y contenidos formativos. 

“Akka nace para que invertir en startups deje de ser algo reservado a fondos”, señala Desantes. “Con esta nueva app y con el Fractal Investing Method™ queremos que cualquier persona pueda construir una cartera de startups desde su móvil, con la misma lógica y disciplina que tendría un fondo profesional”.

Crecimiento del negocio y salto internacional 

El crecimiento de la compañía se ha visto también respaldado a nivel corporativo. Akka cerró en marzo una ronda de 2,2M€ destinada a impulsar su crecimiento, reforzar su infraestructura tecnológica y seguir ampliando el tamaño del club. Esta operación también ha servido para acelerar la expansión del modelo a otros mercados europeos, con la apertura de nuevos clubs en Italia y en los países nórdicos. 

En paralelo, Akka ha ido liderando operaciones en startups tecnológicas de alto impacto, ofreciendo a sus miembros acceso a oportunidades que tradicionalmente han estado reservadas a grandes fondos y family offices