Foto cedidaNick Millington, Head of Systematic Index Solutions, Aberdeen Investments
En un panorama de inversión en constante evolución, los fondos Enhanced Index basados en factores han surgido como una opción convincente para los inversores que buscan equilibrar riesgo, rentabilidad y eficiencia en costes. Estos fondos combinan los beneficios de la inversión pasiva en índices con la sofisticación de la gestión activa, aprovechando décadas de investigación financiera para dirigirse a impulsores específicos de rentabilidad.
En el mundo impredecible de hoy, se observa un creciente interés en soluciones Enhanced Index, según explica NickMillington, Head of Systematic Index Solutions, de Aberdeen Investments.
¿Qué son los fondos basados en factores?
Las estrategias Enhanced Index basadas en factores de la entidad se apoyan en la estructura de la indexación tradicional, pero incorporan elementos activos orientados a generar rentabilidad adicional, generalmente mediante sesgos o ajustes sutiles. Las estrategias se dirigen de manera sistemática a factores específicos.
¿Qué son los factores?
Los factores son características medibles de las acciones que ayudan a explicar las diferencias en sus rendimientos. Los factores implementados por el equipo son:
Valor: acciones con valoraciones atractivas.
Momentum: acciones con tendencias de precio positivas.
Calidad: compañías financieramente sólidas.
¿Cómo se construye una cartera basada en factores?
El equipo evalúa las características multifactoriales de cada acción del índice. Se sesga la cartera hacia acciones con exposición positiva a los factores objetivo y se aleja de valores con características negativas. Al combinar la disciplina de la indexación con el análisis impulsado por factores, los fondos Enhanced Index buscan ofrecer mejores retornos ajustados al riesgo con comisiones competitivas.
¿Por qué no se incluye el crecimiento como factor?
El factor momentum ya tiende hacia acciones de crecimiento cuando muestran buenas perspectivas, y el factor calidad incorpora elementos asociados al crecimiento, especialmente porque se analiza la evolución de los beneficios. Sin embargo, la firma no dirige la estrategia explícitamente hacia el crecimiento, ya que existe menos evidencia de su capacidad de generar rentabilidad superior a largo plazo como factor independiente.
¿Funcionan los factores en distintas geografías?
En resumen, sí. Sin embargo, cada región presenta matices y conjuntos de oportunidades distintos, por lo que los factores no se comportan de la misma manera ni al mismo tiempo en todos los mercados. Por ejemplo, el factor valor ha funcionado especialmente bien en los mercados emergentes, pero menos en EE.UU. en los últimos años.
¿Existe evidencia de que la inversión basada en factores funciona?
La base intelectual de la inversión basada en factores proviene de décadas de investigación académica, en particular del trabajo de premios Nobel como Eugene Fama y Kenneth French. Sus estudios demostraron que ciertos factores, más allá del riesgo de mercado, explican una parte significativa de los rendimientos de las acciones. Por ejemplo, las acciones de valor —aquellas que cotizan a múltiplos bajos en relación con sus beneficios o valor contable— han superado históricamente a las acciones de crecimiento en periodos prolongados.
Los fondos Enhanced Index basados en factores aprovechan esta evidencia, utilizando metodologías sistemáticas para sesgar las carteras hacia esos factores. Estas estrategias son sistemáticas, transparentes y basadas en datos, lo que reduce el sesgo humano y mantiene los costes bajo control.
¿La inversión Enhanced Index es algo nuevo?
No. Muchas grandes instituciones llevan utilizando este tipo de estrategias durante años.
¿Cómo equilibran riesgo y rentabilidad las estrategias Enhanced Index?
Una de las principales ventajas de los fondos Enhanced Index basados en factores es su capacidad para mejorar los retornos ajustados al riesgo. Diversificando entre múltiples factores, los inversores pueden mitigar la ciclicidad inherente a cada uno por separado. Por ejemplo, mientras el valor puede quedarse atrás en mercados alcistas impulsados por el crecimiento, factores como momentum o calidad pueden compensar esta dinámica. Este enfoque multifactorial busca suavizar el comportamiento de la cartera a lo largo del tiempo, ofreciendo una experiencia más consistente que apostar por un único factor o por el mercado en general.
¿Qué beneficio adicional ofrecen además del potencial de rentabilidad?
Los fondos basados en factores mantienen los beneficios de diversificación de la indexación. Por ejemplo, la estrategia World Equity de la firma mantiene una amplia cesta de acciones del índice de referencia, pero sobrepondera aquellas con una puntuación multifactorial elevada y reduce exposición a las que presentan una puntuación baja. Esto reduce el riesgo idiosincrático (ligado a compañías individuales) al tiempo que se captura la prima de los factores, equilibrando la estabilidad pasiva con el potencial alcista activo.
Toda inversión conlleva riesgos potenciales. Tener una visión completa de todos los riesgos de una cartera es fundamental para permitir que el rendimiento relativo provenga de las fuentes de retorno deseadas (los factores) y no de un evento o riesgo específico. La entidad busca identificar y neutralizar riesgos no deseados actualizando regularmente las posiciones de la cartera, con el objetivo de que la rentabilidad del fondo esté impulsada por la combinación de los factores calidad, valor y momentum.
Foto cedidaDe izquierda a derecha: Carla Garelly Reyes, Marta Pareja Antonín, Susana Asenjo Bosch, Julius Baer
Julius Baer continúa reforzando su presencia en España con la reciente incorporación de tres profesionales a su oficina de Barcelona. Susana Asenjo Bosch y Marta Pareja Antonín se incorporan como Senior Relationship Manager, mientras que Carla Garelly Reyes, como Relationship Manager Assistant.
Las tres profesionales, procedentes de UBS Barcelona, formarán un nuevo equipo bajo la responsabilidad de Pedro Oliver, responsable de la oficina de Barcelona, contribuyendo al fortalecimiento de la capacidad de asesoramiento de Julius Baer en el mercado español. Su experiencia internacional y especialización reflejan algunos de los valores alineados con la cultura de la entidad.
Susana Asenjo Bosch cuenta con más de 25 años de experiencia en banca privada y gestión patrimonial. Antes de incorporarse a Julius Baer, desarrolló los últimos diez años de su carrera en UBS y Credit Suisse España como Senior Private Banker en la oficina de Barcelona, especializada en el asesoramiento a clientes UHNWI, Family Officese institucionales. Previamente ocupó puestos de responsabilidad en Deutsche Bank Wealth Management y Grupo CaixaBank.
Por su parte,Marta Pareja Antonín cuenta con más de 26 años de experiencia en banca privada. Durante su trayectoria en UBS y Credit Suisse desempeñó distintas responsabilidades como Senior Private Banker, especializada en clientes UHNWI, Family Officesy HNWI tanto en Madrid como en Barcelona.
En el caso de Carla Garelly Reyes cuenta con un Máster en Mercados Financieros y Gestión de Activos por el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). Antes de incorporarse a Julius Baer desarrolló su trayectoria profesional en UBS, Credit Suisse y anteriormente en Deutsche Bank.
Foto cedidaMehdi Huet (izquierda), gestor de Renta Variable y Olivier Becker, gestor de Renta Fija de Amiral Gestion.
Amiral Gestion presentó recientemente sus perspectivas para el segundo semestre, en las que Olivier Becker, gestor de Renta Fija, y Mehdi Huet, gestor de Renta Variable, ofrecieron sus puntos de vista y posicionamientos. Becker cree que, a pesar del reciente descenso del precio del crudo, los efectos de segunda ronda junto a una prima de riesgo geopolítico ya estructural mantendrán los índices de precios en niveles elevados durante los próximos meses.
Un escenario que ha provocado un “giro radical” en las políticas de los bancos centrales. El experto recuerda que el mercado, a principios de año, descontaba para el BCE bien bajadas de tipos o bien un mantenimiento de los mismos. Pero ahora, con el alza de los precios de la energía, las previsiones cambiaron a tres alzas en el precio del dinero. Eso sí, tras la ejecutada en junio y a raíz de las conversaciones de paz, “el BCE modulará su agresividad y se mantendrá estrictamente dependiente de los datos entre reuniones”.
Por su parte, la Reserva Federal contaba con unas proyecciones de mercado que apuntaban a un tono expansivo de la política monetaria, condicionado por el relevo en la presidencia tras la llegada de Kevin Walsh, con hasta dos bajadas de tipos. El repunte inflacionario obligó a cambiar el rumbo, según el experto, y ahora se descuenta una subida de tipos.
En este contexto, Becker resalta la resiliencia de los spreads, ya que la ampliación de los diferenciales de crédito ha sido extremadamente moderada (menos de 100 pb en High Yield y menos de 30 pb en Investment Grade), a diferencia de lo ocurrido en crisis recientes, como la pandemia o el estallido de la guerra en Ucrania). “Los spreads ya han regresado a sus mínimos anuales, lo que demuestra la sólida salud financiera de las empresas”, apunta.
Su escenario base para el segundo semestre del año recoge una inflación persistente pero sin recesión económica, con estabilidad en los tipos de interés y diferenciales contenidos. El caso más optimista apuntaría a un alivio definitivo de la energía y una caída acelerada de tipos, mientras que el más negativo recogería un nuevo shock inflacionario con destrucción de demanda.
Para beneficiarse de esta coyuntura, la firma propone una estrategia de retorno absoluto con un enfoque altamente defensivo en crédito a través de un posicionamiento mínimo del 70% en investment grade, que ofrece tires “muy atractivas” sin necesidad de incurrir en riesgos de impago más propios del high yield.
Además, actúa con “flexibilidad absoluta” en la gestión de la duración para generar retornos positivos incluso en escenarios bajistas de mercado. Finalmente, implementa derivados sobre tipos, spreads y volatilidad que funcionan como amortiguadores de capital ante shocks inesperados. La duración total de la cartera está cerca de los 4 años.
Renta variable
Respecto a la renta variable global, Mehdi Huet considera que las valoraciones ya están “al límite” y cita como muestra que el índice Shiller PE de Estados Unidos supera las 40 veces, niveles acompañados por máximos equivalentes en Japón y el resto de Asia. Por el contrario, Europa “es la única geografía que ofrece un comportamiento relativo más razonable”, según el experto.
Con todo, Huet observa un descuento “histórico” en quality, en tanto que las compañías con balances sólidos, retornos altos y crecimiento estable cotizan hoy baratas frente al mercado, “una anomalía que solo se ha observado una vez en los registros financieros modernos: durante la burbuja “puntocom” del año 2000”. Así, Huet señala que sectores como salud, consumo básico o consumo discrecional se encuentran infravalorados en términos relativos.
El experto detalla que el motor de la sobrevaloración reside en el boom de la inteligencia artificial y observa un cierto paralelismo histórico con el año 2000. “Existe una falsa narrativa que defiende que la burbuja “puntocom” estuvo compuesta únicamente por empresas fantasmas (como pets.com). La realidad es que las firmas que lideraban el rally eran corporaciones de una calidad extraordinaria desde el punto de vista de los fundamentales, como Microsoft (22x EV/Sales), Cisco (>20x), Intel, Oracle o Sun Microsystems”, recuerda el experto, que añade que dichas empresas contaban con márgenes muy elevados y una enorme generación de caja, igual que los campeones de la inteligencia artificial actuales. “El problema no radicaba en sus fundamentales, sino en que el entusiasmo inversor desligó por completo sus precios de la realidad económica”, asegura.
El desenlace, al completarse el ciclo de la burbuja -fase de ascenso y posterior capitulación de 3-4 años-, “el factor quality fue el único estilo de inversión que arrojó retornos absolutos positivos. La inversión basada en fundamentales propios e independientes de las tendencias macro siempre termina ganando a largo plazo”, sentencia.
Su propuesta de inversión apunta a una cartera muy concentrada de entre 30 y 40 compañías líderes globales, sin deuda y con alta visibilidad de retornos, apoyándose en herramientas cuantitativas propias para aprovechar ineficiencias de precio con un posicionamiento equilibrado y defensivo. Su estrategia ante la IA recoge un optimismo con el desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial a largo plazo, pero se mantiene firme en la disciplina de valoración. Por ello, redujeron de manera gradual y drástica su exposición a la IA a lo largo del último año al encarecerse los múltiplos, asumiendo un coste de oportunidad a corto plazo en favor de la protección del capital.
La cartera presenta un 27% de peso en el sector de Tecnología, enfocada en software de alta visibilidad y alejado de la especulación, destacando posiciones en Amadeus o Verisign (monopolio de gestión de dominios .com/.net en Estados Unidos). Por su parte, Consumo discrecional representa el 21%, a través de compañías con un extraordinario poder de fijación de precios, como Games Workshop o Richemont, del sector lujo. Consumo Básico (15%) aporta posiciones defensivas y estables como la compañía chocolatera Hershey’s. La posición del 8% en el sector Seguros está concentrada en la convicción histórica en la británica Admiral.
Foto cedidaPamela Hegarty (izquierda) y Derek Glynn, gestores del BNP Paribas Disruptive Technology.
La inteligencia artificial va a modificar por completo la economía del futuro, pero, por ahora, esta revolución tecnológica está en una fase de cambio constante. Pam Hegarty y Derek Glynn, cogestores de la estrategia de tecnología disruptiva de BNP Paribas AM, desgranan en el podcast Talking Heads cuáles son las implicaciones de esta revolución tecnológica y las oportunidades de inversión.
Apuntan que cada nueva generación de modelos demuestra una tendencia persistente de mejora de la inteligencia y reducción del coste por unidad de inteligencia, lo que amplía su aplicación e impulsa la adopción. Por otra parte, los avances en robótica e inteligencia artificial corporizada permiten que las máquinas perciban, razonen y actúen en el mundo físico. “Pensamos que las aplicaciones se irán ampliando a medida que los recursos de inteligencia artificial se vayan integrando en hardware con «ojos y oídos», lo que permitirá una interacción más rica con el mundo real”, apuntan.
Además, la inteligencia se está desplazando hacia los propios dispositivos, como los teléfonos inteligentes, lo que permite “experiencias personalizadas en tiempo real sin tener que depender de la infraestructura centralizada de nube”. En definitiva, “todos estos avances apuntan hacia un futuro en el que la inteligencia estará perfectamente integrada tanto en el mundo digital como en el físico».
Consecuencias
Y habrá consecuencias a todos los niveles. Los proveedores de servicios en la nube están desarrollando la infraestructura de centros de datos de inteligencia artificial necesaria para proporcionar la capacidad de computación destinada al entrenamiento y la inferencia de los modelos. “El gasto de capital está ya en niveles elevados, pero pensamos que podría aumentar más de un 70% interanual en 2026 y seguir creciendo en 2027, con una previsión de gasto total de más de 750.000 millones de dólares para este grupo de compañías, en el que incluiríamos a los cuatro grandes hiperescaladores estadounidenses y a una destacada plataforma de redes sociales de Estados Unidos”, apuntan los expertos.
Aunque admiten que aún es demasiado pronto para evaluar la rentabilidad futura del gasto de capital, “las señales son alentadoras”: por poner un ejemplo, en el primer trimestre de 2026, el crecimiento de los ingresos en la nube de los tres mayores hiperescaladores estadounidenses se aceleró en seis puntos porcentuales, al alcanzar crecimiento interanual del 39%.
Respecto a las compañías de hardware y semiconductores, esta previsión de aumento del gasto de capital relacionado con la inteligencia artificial “ha sido lo que ha impulsado en mayor medida la aceleración del crecimiento de los ingresos y la revisión al alza de los beneficios para un grupo cada vez más amplio de compañías” y citan como ejemplo que la inteligencia artificial agentiva está dando un mayor protagonismo a las CPUs, o unidades centrales de procesamiento, frente a las GPUs, o unidades de procesamiento gráfico. “Estas CPUs se utilizan para tareas como la coordinación de flujos de trabajo, el movimiento de datos que entran y salen de los modelos, y para permitir que los agentes ejecuten herramientas de software en su nombre”, apuntan.
Pero también hay riesgos. En este ámbito, citan a la posibilidad de una fase de asimilación del gasto en algún momento del periodo de desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial. Eso sí, “de momento, a lo que estamos asistiendo es a un fuerte impulso del mercado gracias a la aparición de la inteligencia artificial agentiva”.
Otro segmento en el que ven un riesgo potencial es el de los chips de memoria y las unidades de disco duro. “Es probable que la rentabilidad que están obteniendo actualmente las empresas no sea sostenible, ya que, cuando la oferta logre alcanzar a la demanda, los precios caigan. Por lo tanto, seguimos aplicando un enfoque selectivo de inversión”, añaden.
No son los únicos focos de atención. Glynn apunta que, a grandes rasgos, “la inteligencia artificial es, fundamentalmente, software. Es un tipo nuevo de software, distinto a los programas tradicionales, pero no deja de ser curioso que el motor que está impulsando gran parte de la innovación que está teniendo lugar en la economía en este momento sea, en esencia, software”. Y es consciente de que algunas compañías se verán expuestas al riesgo de desintermediación derivado de la inteligencia artificial, pero otras podrían salir beneficiadas. “En los escenarios más pesimistas, los inversores temen que, en el futuro, trabajemos directamente desde entornos impulsados por agentes de inteligencia artificial, en lugar de hacerlo a través de las aplicaciones de software tradicionales, lo que podría relegar a estas aplicaciones a un papel mucho más limitado, al convertirse en un simple depósito de datos”, explica y añade que a los inversores también les preocupa que se intensifique la competencia en el sector.
Pero también señala que algunas de las compañías consolidadas podrían verse favorecidas por la nueva tecnología, sobre todo aquellas que cuentan con escala y una amplia base instalada, debido a que podrían convertirse en el mecanismo natural de distribución de la inteligencia artificial. También, las compañías de software que utilicen la nueva tecnología para aumentar la productividad de sus clientes y, por último, las empresas con conocimientos especializados, con una posición consolidada como sistemas de referencia, con unos mecanismos sólidos de protección de datos y con prestaciones críticas.
Asimismo, Hegarty identifica algunas compañías de software que muestran cierta capacidad de resistencia, precisamente, en los segmentos de ciberseguridad e infraestructuras. Las primeras, “llevan años utilizando el aprendizaje automático para ayudar a identificar y combatir amenazas, incluso, en tiempo real. Las que sean capaces de adoptar la inteligencia artificial generativa están bien posicionadas para ofrecer protección frente a ataques impulsados por inteligencia artificial agentiva en el futuro”, señala.
Respecto a las infraestructuras, detecta como áreas interesantes los sistemas modernos de bases de datos, “capaces de gestionar tanto datos estructurados como no estructurados, es decir, no solo datos presentados en archivos o en filas y columnas, sino también datos no estructurados, como distintos tipos de contenidos multimedia, correos electrónicos, etc”.
¿Burbuja?
Hegarty también trató el tema de una posible burbuja en la inteligencia artificial. Admitió que comenzaron a analizar esta cuestión con mayor profundidad en otoño del año pasado, cuando examinaron ciertas similitudes y diferencias entre la situación actual y la burbuja de las puntocom de finales de los 90. “Nuestra conclusión fue que el sector no se encontraba aún en una burbuja, ya que el gasto en infraestructuras estaba en línea con la demanda y se financiaba principalmente con los flujos de caja operativos de los grandes proveedores de servicios en la nube, que contaban con balances sólidos.
Además, los productos y servicios de inteligencia artificial se monetizaban, y siguen monetizándose, muy rápidamente, ya que existe la infraestructura necesaria para llegar al cliente final, a través de la banda ancha, los teléfonos móviles, etc”, asegura.
Sin embargo, admite que es necesario estar muy atentos a cualquier indicio que apunte a que el entusiasmo por la inteligencia artificial se esté convirtiendo en algo irracional si existe un aumento de las expectativas de los inversores, y también prestar atención al uso creciente de deuda y de financiación fuera de balance, así como a algunas de las ampliaciones de capital más recientes.
Por ahora, los expertos admiten que han observado un cierto exceso de entusiasmo en áreas como la computación cuántica, donde algunas compañías tienen ingresos muy reducidos, valoraciones exigentes y una trayectoria incierta por delante hasta alcanzar la viabilidad comercial. “Nos mantenemos fieles a nuestro proceso de inversión, solemos ser disciplinados en materia de valoración y hemos tratado de evitar áreas como esta”, aunque creen que hay un amplio margen de crecimiento para aquellas compañías que pueden verse favorecidas por la inteligencia artificial.
Mientras buena parte de las conversaciones de la industria giran en torno a la inteligencia artificial, la tokenización o el crecimiento de los mercados privados, existe una transformación mucho más profunda que está recibiendo menos atención. No está ocurriendo en los productos de inversión, sino en el modelo de negocio de las gestoras de activos.
Durante años, el crecimiento de una gestora seguía una lógica relativamente clara: desarrollar una estrategia diferenciada, estructurar el vehículo de inversión adecuado y distribuirlo entre los inversores objetivo. Ese modelo permitió el crecimiento de la industria durante décadas.
Sin embargo, el entorno actual plantea desafíos diferentes.
El Global Asset Management Report 2026 de Boston Consulting Group (BCG) muestra que los activos globales bajo gestión alcanzaron un máximo histórico de USD 147 billones en 2025. Pero el dato más relevante del informe no es el tamaño del mercado, sino el cambio en la naturaleza de la competencia. BCG advierte que una parte significativa del crecimiento reciente de la industria ha estado impulsada por la evolución de los mercados financieros, mientras que el crecimiento orgánico continúa siendo uno de los principales retos para las gestoras. En consecuencia, la capacidad para desarrollar nuevos canales de distribución, mejorar la eficiencia operativa y adaptar los modelos de negocio será un factor decisivo para el crecimiento durante los próximos años.
Activos globales bajo gestión (AUM)
Este cambio tiene una consecuencia inmediata: la conversación deja de centrarse exclusivamente en los productos de inversión y comienza a enfocarse en las capacidades que permiten a las gestoras crecer, adaptarse y competir en un entorno cada vez más complejo.
Evolución del modelo de negocio de las gestoras
Este cambio explica por qué las preguntas que hoy se hacen las gestoras son diferentes. Ya no basta con identificar el vehículo más adecuado para lanzar una estrategia. El verdadero reto consiste en construir organizaciones capaces de adaptarse conforme evolucionan los mercados, las necesidades de los inversionistas y los canales de distribución.
Una misma estrategia puede comenzar mediante un vehículo de oferta privada, ampliar posteriormente su alcance internacional o evolucionar hacia estructuras de oferta pública a medida que cambian sus objetivos comerciales o regulatorios. La decisión estratégica deja de ser el vehículo en sí mismo y pasa a ser la capacidad de evolucionar sin tener que reconstruir el modelo operativo en cada etapa.
Esta transformación coincide con lo que McKinsey denomina la «gran convergencia» del asset management. En su análisis, la consultora explica que las fronteras tradicionales entre distintos modelos de gestión se están difuminando y que las gestoras demandan capacidades cada vez más integradas para responder a un entorno donde la especialización convive con la necesidad de mayor flexibilidad, eficiencia y alcance internacional.
Convergencia» entre la gestión tradicional y la gestión alternativa
Fuente: McKinsey & Company, Asset Management 2025: The Great Convergence
Más que una convergencia entre mercados públicos y privados, estamos asistiendo a una convergencia en la forma de construir empresas de gestión de activos. Los gestores necesitan modelos operativos preparados para incorporar distintos vehículos de inversión, responder a diferentes jurisdicciones y adaptarse con agilidad conforme evolucionan las estrategias y los mercados.
Ese cambio explica también por qué la industria está evolucionando desde proveedores especializados hacia plataformas con capacidades más amplias e integradas. La demanda ya no se concentra únicamente en resolver una necesidad puntual, sino en contar con socios capaces de acompañar el desarrollo de una estrategia durante todo su ciclo de vida.
La evolución del asset management demuestra que el reto de las gestoras ya no consiste únicamente en desarrollar mejores estrategias de inversión. El verdadero desafío pasa por construir modelos de negocio capaces de adaptarse con agilidad a nuevos mercados, distintos perfiles de inversionistas y canales de distribución cada vez más globales. En ese contexto, la capacidad de combinar diferentes vehículos de inversión dentro de una misma estrategia deja de ser una ventaja operativa para convertirse en una ventaja competitiva.
Responder a esta transformación exige plataformas capaces de integrar distintas capacidades dentro de una misma infraestructura operativa. Con esa visión, FlexFunds, junto con Leverage Shares y Themes ETFs, ha desarrollado una plataforma global de soluciones end-to-end que integra:
Vehículos de inversión de oferta pública y privada
ETPs cotizados en Europa
ETFs listados en Nasdaq
Capacidades de reporting institucional.
De esta manera, gestores, asesores e instituciones pueden acceder a una infraestructura más eficiente, escalable y alineada con los estándares de los mercados internacionales, acompañando la evolución de sus estrategias de inversión.
Para más información contacte a nuestros expertos por info@flexfunds.com
Los inversores tienen claro qué quieren, pero sus decisiones no siempre están en consonancia. Para Fidelity International, esta desconexión, que denominan “la brecha entre las aspiraciones y los actos”, es un rasgo persistente del comportamiento de los inversores. Según refleja su encuesta global “Be Invested 2026”, en la que encuestamos a 13.000 inversores en 13 mercados de todo el mundo, muchos inversores podrían no estar dando los pasos que les ayudarán a alcanzar sus metas financieras a largo plazo.
En opinión de Samantha Ricciardi, responsable para Europa, Oriente Medio y África (EMEA) de Fidelity, y Damien Mooney, responsable para Asia-Pacífico menos Japón, esta realidad se manifiesta de diferentes formas: “Los inversores aspiran a conseguir rentabilidades a largo plazo elevadas, pero mantienen un porcentaje considerable de su patrimonio en liquidez. Son conscientes de la importancia de mantener las inversiones, pero siguen reaccionando ante los movimientos a corto plazo de los mercados. Aunque expresan confianza en sus decisiones, no siempre se sienten totalmente preparados para llevarlas a la práctica. Incluso con más herramientas, más información y un mayor acceso que nunca, no siempre resulta fácil mantener el rumbo hacia los objetivos a largo plazo”, argumentan.
La raíz de la brecha
En este sentido, ambos advierten de que las implicaciones son reales, ya que, con el tiempo, las pequeñas desviaciones pueden acumularse y dar lugar a resultados sustancialmente diferentes, sobre todo en relación con las metas a largo plazo, como la jubilación. “Dicho de forma sencilla, la forma en que muchos inversores emplean su dinero no concuerda con lo que quieren conseguir”, afirman.
Por ejemplo, en todo el mundo los inversores aspiran a una rentabilidad media anual del 7,9% a largo plazo, pero la liquidez representa en promedio un 22% de sus carteras de inversión. “De acuerdo con nuestro análisis, salir de la liquidez puede generar una mejora considerable de la rentabilidad de hasta tres puntos porcentuales anualizados a lo largo de 10 años. También existe una ventaja pequeña, pero considerable, cuando se mejora la diversificación para reducir el sesgo nacional”, indican desde la gestora.
Otra de las conclusiones de la encuesta es que la dimensión conductual agrava la brecha: cuando la volatilidad hace mella en los mercados, muchos inversores hacen una pausa o salen en lugar de mantener las inversiones. “La confianza también sigue siendo un obstáculo y, en este sentido, los inversores se sienten abrumados por la complejidad y buscan directrices más claras en las que poder confiar”, reconocen.
Cómo romper la brecha
Para la gestora la buena noticia es que, “mediante pequeños cambios”, se puede conseguir un impacto significativo. Por eso proponen, además de reducir el promedio de liquidez de las carteras, evitar la concentración en el mercado nacional. “Reducir el sesgo nacional puede ampliar el conjunto de oportunidades, elevar el potencial de rentabilidad, rebajar la volatilidad de la cartera y mitigar el riesgo de pérdidas de valor”, explican.
Por otro lado, resulta clave que los inversores que recurren a un asesor financiero muestran una mayor confianza en que alcanzarán sus metas a largo plazo y están más dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, la firma advierte de que convertir estas metas en un comportamiento disciplinado a la hora de invertir depende de que se armonicen los costes, los incentivos y la estructuración de las carteras, de modo que la asunción de riesgos sea coherente con los objetivos a largo plazo.
La CNMV acaba de iniciar la consulta pública de un proyecto de circular para simplificar la normativa de gestoras de fondos y Empresas de Servicios de Inversión (ESI). Según explica, esta nueva circular modifica y deroga otras circulares para simplificar aspectos relativos a las obligaciones de las Instituciones de Inversión Colectiva y de las Empresas de Servicios de Inversión.
Según explica el regulador, este proyecto de circular motivi modifica otras cuatro circulares para simplificar ciertos aspectos relativos a obligaciones de las entidades sobre la información pública periódica de las Instituciones de Inversión Colectiva (IIC); aspectos de las normas de control interno de las gestoras de IIC; y la actualización de los folletos de IIC en supuestos derivados de cambios normativos. “Asimismo, deroga nueve circulares que regulaban aspectos diversos de IIC y Empresas de Servicios de Inversión (ESI), que el marco legislativo vigente había convertido en obsoletos, redundantes o carentes de objetivo”, señalan.
El proyecto de circular forma parte del Plan de simplificación de actuaciones supervisoras de la CNMV. Según indican, este plan contempla la revisión de varias de las circulares en vigor para eliminar trámites no justificados por cuestiones de riesgo o de protección del inversor y para fomentar la proporcionalidad. “Este objetivo general de simplificación sigue el movimiento a nivel europeo en busca de la mejora de la eficacia regulatoria”, matizan. Para ello, la CNMV incluyó entre sus prioridades estratégicas del documento ‘CNMV 2030, un supervisor para un tiempo nuevo’ presentado en junio de 2025, entre otros, la simplificación del marco regulatorio y supervisor.
El contenido del nuevo proyecto de Circular se puede consultar en este enlace y los comentarios pueden enviarse por escrito hasta el próximo 18 de septiembre de 2026 a la siguiente dirección de la CNMV: supervisioniicecr@cnmv.es.
Desde la CNMV indican que todos los comentarios que se reciban serán publicados una vez concluido el periodo de consulta pública. “Si alguien no desea que sus comentarios, ya sea total o parcialmente, se hagan públicos, deberá manifestarlo expresamente en su propia respuesta e identificar adecuadamente, en su caso, qué parte no desea que se haga pública. A estos efectos, las advertencias genéricas de confidencialidad incluidas en los mensajes de correo electrónico no serán consideradas como una manifestación expresa de que no se desea que los comentarios remitidos se pongan a disposición del público”, matizan.
Creand Crèdit Andorràha alcanzado un acuerdo con Crescenta para distribuir uno de sus fondos de private equity, una alianza que permitirá a la entidad andorrana incorporar por primera vez a su oferta un vehículo centrado exclusivamente en estrategias growth. Según explican, el acuerdo amplía la gama de productos de inversión de Creand dirigida a clientes de Banca Patrimonial y supone, al mismo tiempo, el primer acuerdo de distribución de Crescenta con una entidad bancaria.
Hasta ahora, la gestora especializada en inversión digital en fondos de capital privado había desarrollado su estrategia comercial a través de empresas de asesoramiento financiero y agencias de valores. En virtud de esta alianza, Creand comercializará el Crescenta Private Equity Growth Top Performers III, considerado el fondo insignia de la gestora. La entidad, que ya cuenta con otros vehículos de private equity dentro de su oferta, refuerza así su propuesta de inversión con un producto que incorpora el modelo de selección y digitalización desarrollado por Crescenta.
A raíz de este anuncio, Guillem Escabrós, responsable de Private Equity y Private Debt de Creand Crèdit Andorrà, señaló que el acuerdo permitirá al banco comercializar por primera vez un fondo exclusivamente centrado en estrategias growth. Según explicó, este tipo de activos está ganando protagonismo entre los inversores y responde al objetivo de la entidad de seguir ampliando su oferta de productos diferenciales para clientes de Banca Patrimonial. Escabrós añadió que el proceso de construcción de carteras desarrollado por Crescenta se ajusta a los estándares de calidad exigidos por la entidad.
Para Crescenta, la operación supone un nuevo paso en su estrategia de crecimiento comercial al incorporar la distribución bancaria a sus canales de acceso al inversor. Ramiro Iglesias, consejero delegado y cofundador de la firma, destacó que el acuerdo reconoce la calidad del producto desarrollado por la gestora y permitirá acceder a una nueva base de inversores tanto en España como en Andorra. Asimismo, subrayó que Creand representa un socio estratégico con el que la firma espera seguir explorando nuevas oportunidades de colaboración.
El Crescenta Private Equity Growth Top Performers III ofrece acceso al capital de compañías tecnológicas mediante una cartera de fondos internacionales especializados en estrategias growth. Los fondos subyacentes centran su inversión en empresas tecnológicas que se encuentran en fases avanzadas de expansión y que combinan estabilidad operativa con potencial de revalorización. El vehículo está inscrito en la Autoridad Financiera Andorrana (AFA) con el número de registro EB02-0035.
La captación de capital en el sector de private equity se ha vuelto más exigente en 2026, marcada por un incremento de los procesos de due diligence y una creciente incertidumbre regulatoria, que se consolidan como los principales obstáculos para los gestores a la hora de levantar nuevos fondos. Así lo refleja una nueva encuesta elaborada por Ocorian.
El estudio, realizado entre 300 altos directivos de gestoras de private equity en Estados Unidos y Europa, cuyas firmas gestionan conjuntamente 3,511 billones de dólares en activos, muestra que el 62% de los encuestados considera que la captación de capital se ha vuelto ligeramente más difícil en 2026 en comparación con el año anterior. Sin embargo, el informe también apunta a un panorama más matizado: un 32% afirma que el entorno ha mejorado ligeramente, mientras que un 5% no percibe cambios.
Según Ocorian, estos datos sugieren que el mercado no está simplemente más restringido, sino que se está volviendo más selectivo. En este sentido, el 51% de los gestores afirma que los inversores están ampliando el número de gestores especializados en los que invierten, mientras que el 42% indica que las relaciones con los gestores se mantienen estables. Solo un 5% observa una tendencia hacia la consolidación en menos gestores.
Entre las principales barreras para la captación de capital, el 63% de los encuestados señala el aumento de los requisitos de due diligence, lo que lo convierte en el factor más relevante. A continuación, se sitúa la incertidumbre regulatoria, seguida de las restricciones de asignación de capital y la reorientación de los inversores institucionales fuera de los activos alternativos.
La firma destaca además que las metodologías de valoración se han convertido en el área más escrutada por los inversores durante el proceso de due diligence, citada por el 51% de los gestores, por delante del riesgo de apalancamiento y financiación.
En paralelo, el estudio muestra que los criterios ESG siguen presentes en el diálogo con los inversores, aunque con un cambio de enfoque. El 65% de los gestores afirma que el ESG se ha convertido principalmente en un elemento de reporte y cumplimiento normativo, mientras que el 28% señala que sigue siendo relevante para determinados segmentos de inversores.
De cara a los próximos tres años, los gestores prevén un aumento de la asignación hacia diversas estrategias de mercados privados. El venture capital lidera las preferencias, citado por el 58% de los encuestados, seguido del growth equity y el private credit o direct lending. También destacan las energías renovables y la infraestructura excluyendo renovables.
Richard Hansford, responsable de ventas de fondos EMEA en Ocorian, apunta que el entorno de captación de capital no solo se está endureciendo, sino que se está volviendo más exigente desde el punto de vista operativo y de análisis. “Los inversores siguen asignando capital, pero lo hacen con mayor escrutinio sobre la selección de gestores, los estándares de due diligence y la infraestructura operativa de cada fondo”, explicó Hansford. Añadió además que la creciente importancia de las metodologías de valoración refuerza la necesidad de procesos sólidos, transparencia y apoyo operativo especializado por parte de los gestores.
A medida que un mundo más competitivo y conflictivo da lugar a nuevas amenazas, la seguridad, en su sentido más amplio, está ascendiendo a los primeros puestos de las agendas gubernamentales. Desde la alimentación, el agua, la energía y la salud hasta la ciberseguridad y la seguridad nacional, la demanda de protección, fiabilidad y soberanía en recursos esenciales está reconfigurando las cadenas de valor y creando nuevas oportunidades de inversión.
Seguridad alimentaria y del agua
El cierre del estrecho de Ormuz, un corredor por el que normalmente transita más de un tercio de los fertilizantes comercializados a nivel mundial, puso de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios globales. Esta vulnerabilidad ya había quedado profundamente expuesta en distintas regiones al comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando se interrumpieron gravemente la producción y el transporte de cereales. La seguridad alimentaria se ha convertido en un punto de presión geopolítica debido, en parte, a que los riesgos de hambruna —que habían disminuido significativamente a escala mundial desde 1990— han aumentado nuevamente por el incremento de los costes de los insumos agrícolas y la inflación de los alimentos, elevando el riesgo político y acelerando la migración desde las regiones vulnerables.
Ante la imposibilidad de que los productores del Golfo exporten fertilizantes clave a base de nitrógeno, los países del sur de Asia, el norte de África y América Latina afrontan mayores costes de siembra y menores rendimientos, lo que intensifica las tensiones internas y puede incrementar la emigración hacia regiones ya sometidas a presión. Al mismo tiempo, las perturbaciones geopolíticas interactúan ahora con la volatilidad climática, convirtiendo la disponibilidad de alimentos en un indicador de la estabilidad estatal.
Para los inversores, la oportunidad reside en tecnologías y sistemas que amortigüen estos impactos, desde la agricultura de precisión y los entornos de cultivo controlados hasta análisis avanzados de la cadena de suministro, logística resiliente e insumos que reduzcan la dependencia de fertilizantes expuestos a tensiones geopolíticas.
La presión sobre los recursos hídricos se está volviendo más aguda en las regiones del mundo que ya operan cerca de sus límites ecológicos, donde los desiertos, las zonas semidesérticas y las regiones urbanas en rápida expansión afrontan una creciente presión demográfica sobre suministros limitados. Los Estados del Golfo dependen de la desalinización como su principal mecanismo de resiliencia, lo que convierte la seguridad del agua dulce en un pilar fundamental de la estabilidad nacional. Alternativas que utilizan energía solar, destilación multietapa o destilación de múltiples efectos, así como sistemas basados en membranas, podrían desplegarse de manera más amplia para producir agua industrial y potable.
Mientras tanto, en los mercados desarrollados, la contaminación se ha convertido en una preocupación generalizada. Los productos químicos denominados «para siempre» superan los umbrales regulatorios hasta en un 60 % de los ríos europeos, lo que pone de manifiesto la magnitud de las mejoras en tratamiento y monitorización necesarias para mantener suministros seguros. En Estados Unidos, el descubrimiento de este tipo de contaminación en más de 9.700 emplazamientos, afectando a más de la mitad de la población, ha obligado a las empresas de servicios públicos a reformar los sistemas de vigilancia y a acelerar la inversión en estrategias de remediación a largo plazo.
El agua pura y «ultrapura» también se ha vuelto indispensable para las industrias de alto valor añadido. La fabricación de semiconductores, la producción farmacéutica, la manufactura avanzada y los centros de datos de inteligencia artificial dependen de flujos fiables de agua pura, elevando la tecnología del agua a la categoría de capacidad estratégica. A medida que las naciones compiten por construir sus bases industriales resilientes, el acceso a agua de alta pureza determina dónde puede prosperar la manufactura avanzada.
Salud y seguridad energética
Aunque la seguridad alimentaria e hídrica constituyen la base de la pirámide de la seguridad, la seguridad sanitaria y energética representa el siguiente nivel. Moldeados por las enseñanzas de las recientes crisis sanitarias mundiales y por la acelerada convergencia entre el riesgo biológico y las tecnologías digitales y los conflictos, los gobiernos reconocen ahora que la preparación depende de capacidades que van más allá de la capacidad hospitalaria, extendiéndose a la diversificación de las plataformas vacunales, la biofabricación nacional y la redundancia de las cadenas de suministro. La preparación ante pandemias se ha convertido en una prioridad de nivel sistémico, haciendo hincapié en infraestructuras clínicas móviles, la monitorización genómica y plataformas integradas de datos capaces de ampliarse de forma instantánea durante las crisis.
Mientras tanto, la seguridad energética y del suministro eléctrico está siendo redefinida por los patrones de dependencia energética global. El ascenso de Estados Unidos como productor en gran medida autosuficiente de petróleo y gas ha reducido su exposición a perturbaciones externas del suministro y ha modificado su postura estratégica. Con una abundancia energética interna que reduce —sin eliminar— la necesidad económica de estabilizar los mercados exteriores, Washington aborda ahora los compromisos internacionales con una mayor selectividad.
Esta evolución se produce en un momento en que otros grandes consumidores, especialmente en Europa y Asia, siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles importados y, por tanto, son más vulnerables a la volatilidad geopolítica. La carga de garantizar el acceso a suministros estables está desplazándose hacia el interior. Como consecuencia, los países están acelerando los esfuerzos para diversificar el abastecimiento, ampliar la producción nacional y construir reservas estratégicas, desde instalaciones de regasificación de gas natural licuado (GNL) hasta capacidad de generación eléctrica de emergencia basada en carbón, con el fin de estabilizar el suministro.
El valor estratégico de las energías renovables y la energía descentralizada ha aumentado significativamente. La energía solar, la eólica y el almacenamiento en baterías, junto con las redes eléctricas necesarias para respaldarlas, desempeñan ahora una doble función: apoyar la descarbonización al tiempo que reducen la exposición a cadenas de suministro extranjeras y a puntos críticos marítimos. Los países mejor posicionados para la próxima década serán aquellos que reduzcan su exposición externa, inviertan en sistemas energéticos diversos y resilientes, y consideren la estrategia energética no solo como un imperativo ambiental o económico, sino como una piedra angular de la autonomía geopolítica.
Para los inversores, la oportunidad reside en las empresas que permitan esta reconfiguración estructural: desarrolladores de generación y almacenamiento descentralizados, constructores de arquitecturas de red resilientes, productores de minerales críticos, operadores de infraestructuras flexibles de GNL y sistemas nacionales de capacidad fiscal. A medida que los sistemas energéticos evolucionen hacia la autonomía, la diversificación y la localización, los mayores rendimientos fluirán hacia las empresas alineadas con este nuevo modelo de poder centrado en la seguridad.
Ciberseguridad y seguridad nacional
La inteligencia artificial y la transformación digital a gran escala están revolucionando la demanda de seguridad informática. A medida que las empresas incorporan analítica avanzada, automatización y modelos de IA profundamente integrados en los flujos de trabajo, crean infraestructuras distribuidas de alta capacidad que deben protegerse de extremo a extremo. Al mismo tiempo, los agentes de IA a gran escala, las herramientas de ingeniería de deepfakes y el malware en rápida evolución están elevando el nivel de la defensa y obligando a avanzar hacia plataformas nativas de IA capaces de detectar y contener anomalías a velocidad de máquina. Microsoft estima que alrededor del 80 % de las empresas de la lista Fortune 500 ya utilizan agentes de IA, pasando de asistentes a actores que crean una oleada de usuarios no humanos que requieren supervisión y, cuando sea necesario, ser detenidos.
La ciberseguridad sigue siendo también uno de los ámbitos más resilientes del gasto empresarial en TI, una necesidad operativa y un coste de prevención frente a la extorsión, el robo y las interrupciones del negocio. Fuentes del sector estiman que el gasto en ciberseguridad representa entre el 4 % y el 5 % del gasto total empresarial en TI, mientras que el subsector de la ciberseguridad vinculada a la IA crece a una tasa compuesta anual del 23 % al 24 %.
Consideramos la ciberseguridad como un tema estructural de crecimiento, respaldado por la simple realidad de que la IA está impulsando a todas las organizaciones a replantearse cómo protegen a las personas, las operaciones y sus crecientes poblaciones de trabajadores digitales. A medida que la IA se integra en la ejecución cotidiana, es probable que el capital se dirija hacia empresas que proporcionen la capa fundamental de confianza de la economía de la IA: garantizar que los sistemas sigan siendo seguros, fiables y responsables, convirtiendo así la seguridad no en un mero centro de costes, sino en un habilitador esencial de la productividad futura y de la creación de valor.
Más allá de la seguridad tecnológica, los conflictos en Ucrania y Oriente Medio demuestran un cambio que podría alterar de forma permanente el panorama de las inversiones gubernamentales. Tanto los conflictos actuales como los futuros muestran el mismo patrón: los activos decisivos en el campo de batalla actual ya no son columnas acorazadas ni poder aéreo masivo, sino un complejo estrato de drones, sensores y municiones guiadas de precisión. La capacidad de alcanzar objetivos estratégicos depende menos de los presupuestos de defensa —aunque estos estén aumentando, por ejemplo con el compromiso de la OTAN de destinar el 5 % del PIB— y más de cadenas de suministro sólidas, ciclos rápidos de innovación y flexibilidad táctica.
China se sitúa en el centro del nuevo paradigma. La frontera tecnológica se encuentra en las baterías, los imanes permanentes, los motores eléctricos y la electrónica de potencia. Estos son todos ámbitos en los que China es el actor principal, posicionándose como proveedor mundial preeminente de las herramientas que definen el combate moderno. Si este dominio persiste, podría cuestionar los fundamentos del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El gasto en defensa de la OTAN, Asia Oriental y el Golfo ya se está orientando hacia las tecnologías en las que China lidera: sistemas antidrones, defensa de corto alcance, guerra electrónica y vigilancia habilitada por IA, incluso cuando las naciones intentan evitar una dependencia excesiva del hardware de origen chino. El riesgo estratégico es evidente: los países occidentales podrían no tener otra opción que utilizar tecnologías cuyos componentes proceden del mismo ecosistema que buscan disuadir, o realizar esfuerzos muy costosos para replicar dichas capacidades.
El segmento de crecimiento más rápido dentro de la fabricación de drones (tanto ofensivos como defensivos) y de los sistemas de defensa integrados, como el programa estadounidense “Golden Dome”, está impulsado por la innovación. Se están realizando importantes esfuerzos para asegurar las cadenas de suministro de minerales críticos, desde la mina hasta la fabricación. Con la automatización y los datos dominando los conflictos, la seguridad nacional favorecerá cada vez más a las empresas que combinen la protección física con la inteligencia digital, y cuyos productos puedan adaptarse tan rápidamente como las amenazas que están diseñados para detener.
Tribuna de opinión firmada por Robin Haworth, analista de Investigación de Renta Variable en Lombard Odier.