El cumpleaños 96 de Warren Buffett, este 30 de agosto, llega en un momento simbólico: tras haber cedido la dirección ejecutiva de Berkshire Hathaway a Greg Abel a comienzos de 2026 y permanecer como chairman, el mercado se pregunta cuánto de su legado sobrevive más allá de su gestión directa. La respuesta, en buena medida, ya está escrita: durante más de siete décadas, Buffett no solo generó rentabilidades históricas, sino que formó -directa o indirectamente, a través de sus cartas anuales a accionistas- a generaciones enteras de gestores de fondos que hoy administran carteras en todo el mundo.
Buffett aprendió a invertir de Benjamin Graham, su profesor en Columbia y luego su jefe en Graham-Newman. La escuela de Graham —plasmada en El inversor inteligente— se basaba en comprar empresas que cotizan muy por debajo de su valor contable o de liquidación, casi sin importar la calidad del negocio. Aplicó ese enfoque en sus primeros años como gestor de su partnership, pero con el tiempo -y bajo la influencia de Charlie Munger– evolucionó hacia lo que él mismo describió como preferir una compañía maravillosa a un precio razonable, antes que una compañía razonable a un precio maravilloso.
Características del «toque Buffett»
Ventajas competitivas duraderas (moats). No basta con que una acción cotice barata; la empresa debe tener una barrera que la proteja de la competencia a largo plazo, como una marca o una patente.
Poder de fijación de precios. Buffett repitió en más de una ocasión que la pregunta más importante para evaluar un negocio es si puede subir precios sin perder clientes frente a la competencia. Es el termómetro que usa para medir la fortaleza de un moat.
Beneficios consistentes y previsibles. Prefiere negocios «aburridos» y comprensibles, con historiales de rentabilidad estables, antes que apuestas de alto crecimiento pero impredecibles.
Protección del capital ante todo. Sus dos reglas más citadas —»no perder dinero» y «no olvidar la regla número uno»— resumen una obsesión por el margen de seguridad: comprar con suficiente descuento como para que un error de cálculo no destruya el capital.
Horizonte de al menos una década. Según Buffett, su «período de tenencia favorito es para siempre». En la práctica, evalúa cada inversión como si fuera a quedarse con la empresa completa durante diez años o más, lo que le obliga a pensar como propietario y no como especulador de corto plazo.
Un modelo exportado: de Omaha al resto del mundo
La influencia de Buffett, y su enfoque, inspiró directamente el nacimiento de la escuela value europea y latinoamericana. España, por ejemplo, es el mercado con mayor concentración de gestoras value fuera de EEUU. En diálogo con Funds Society, Javier Ruiz, director de inversiones de Horos AM, abordó sobre una cuestión fundamental: a la hora de elegir una empresa, ¿qué se busca primero, el precio o el negocio?
«No creemos que puedan separarse el uno del otro. Hay compañías ópticamente baratas que no son invertibles porque no cumplen nuestros principios esenciales de inversión. Para nosotros es imprescindible entender un negocio y el sector en el que opera, que cuente con un posicionamiento competitivo sólido y sostenible, que tenga un perfil financiero saludable y que el equipo directivo realice una buena gestión, tanto operativa como del capital generado por la compañía. Si todo esto no se cumple, no invertiremos en una empresa por muy barata que esté cotizando», señaló.
Consultado sobre los tiempos de posición en cartera, el gestor indicó: «En Horos conviven inversiones en las que nunca hemos desinvertido del todo y otras que llevan diez años en cartera, con otras de las que podemos desinvertir en pocos meses porque su cotización ha reflejado muy rápido nuestra tesis de inversión. Lógicamente, el primer motivo para desinvertir en una compañía es la reducción de su potencial frente a otras alternativas».
Sobre el error más común del inversor que recién empieza, Ruiz señaló: «Posiblemente, poner un foco excesivo en la valoración y no tanto en comprender qué esconde esa valoración. Para saber si estamos comprando barato hay que dedicar mucho tiempo a entender la parte cualitativa de la inversión».
En México, el nombre más literal en el segmento local es Value Operadora de Fondos. Pero la filosofía Buffett también permea en casas más grandes como GBM (Grupo Bursátil Mexicano) que, sin definirse como gestora value pura, la aplica como principio rector de la firma. Según explicó a Funds Society Andrés Olea, financial Product Sales VP en GBM, la búsqueda de valor está en el ADN de la compañía: «A nivel empresa, sí es con una visión de muy largo plazo y buscando valor: cautela, buenas personas, valores, ética, ampliar su ventaja competitiva, pero que sea duradera, que no sea efímera por prisa».
Esa lógica se traslada de forma explícita a la unidad de banca patrimonial: «En la asesoría tenemos una metodología que se llama Invierte con Propósito, que va mucho a este tema de crear valor a través del tiempo y de estar invertido a través del tiempo, no de estar entrando y saliendo y haciendo cosas tácticas».
Como ejemplo concreto del mercado mexicano, Olea mencionó a Grupo Aeropuertos del Sureste (ASUR) y remarcó que aunque atraviesa ruido de corto plazo por la caída del turismo y la renovación de flotillas, «la calidad de la empresa, de la administración y el valor al que cotiza presentan una muy buena oportunidad para quien está dispuesto a esperar un poquito más».
Sobre el error más común del inversor que recién empieza, Olea es tajante: «El peor error es la sobreconfianza y pensar que uno se puede volver rico rápidamente. La mejor manera de construir un patrimonio como lo hizo Buffett es con el interés compuesto de tu lado y la disciplina de ahorrar. Si tú te quieres volver rico con la próxima acción de inteligencia artificial, con el próximo bitcoin, pues puedes cometer errores. Entonces, yo diría ser paciente, y dejar que el capital de trabajo haga su magia. Más que tratar de volverse rico con la selección de activos, tratar de volverse rico con una metodología de largo plazo con disciplina es el camino»:
En Argentina, en tanto, no existe una boutique value dedicada como en España o Brasil, en parte por la limitada profundidad del mercado accionario local. La vía más habitual para el inversor argentino que quiere replicar la filosofía Buffett sigue siendo indirecta: comprar CEDEARs de Berkshire Hathaway o de las compañías que integran su cartera, cotizando en pesos en BYMA. Así lo explicaron Sergio González, CFA, responsable de la Oficina de Inversiones de Cohen Aliados Financieros, y Martín Mejía, analista de la Oficina de Inversiones en Cohen.
La elección de esta vía, más que una preferencia editorial, responde a una limitación normativa: «No consideramos el armado de un fondo local con ese criterio porque lo imposibilitan cuestiones normativas. En Argentina los FCI no pueden tener una composición por más del 25% del fondo en CEDEARs. Por eso mismo, no es posible armar un fondo local con el mismo criterio que la cartera para invertir en el mismo objetivo que Warren Buffett», indicaron a Funds Society.
Sobre la viabilidad de sostener una posición «para siempre» en un contexto de alta volatilidad macro y cambiaria, González y Mejía matizaron la aplicación literal de esa doctrina: «Cuando hablamos de empresas locales es muy difícil hacer que un cliente pueda mantenerse invirtiendo o sosteniendo una posición por largo tiempo. Lógicamente existen casos donde puede llegar a ser exitoso, pero al mismo tiempo las múltiples variables que afectan al mercado argentino hacen que sea muy riesgoso».
La solución pasa nuevamente por los CEDEARs: «Sí creemos que podemos formar posiciones a largo plazo con la compra de CEDEARs bajo la lógica de value investing. De esta manera, el inversor se cubre ante saltos cambiarios y mantiene inversiones de largo plazo en empresas del mercado internacional», completaron.


Por Beatriz Zúñiga
