La inteligencia artificial va a modificar por completo la economía del futuro, pero, por ahora, esta revolución tecnológica está en una fase de cambio constante. Pam Hegarty y Derek Glynn, cogestores de la estrategia de tecnología disruptiva de BNP Paribas AM, desgranan en el podcast Talking Heads cuáles son las implicaciones de esta revolución tecnológica y las oportunidades de inversión.
Apuntan que cada nueva generación de modelos demuestra una tendencia persistente de mejora de la inteligencia y reducción del coste por unidad de inteligencia, lo que amplía su aplicación e impulsa la adopción. Por otra parte, los avances en robótica e inteligencia artificial corporizada permiten que las máquinas perciban, razonen y actúen en el mundo físico. “Pensamos que las aplicaciones se irán ampliando a medida que los recursos de inteligencia artificial se vayan integrando en hardware con «ojos y oídos», lo que permitirá una interacción más rica con el mundo real”, apuntan.
Además, la inteligencia se está desplazando hacia los propios dispositivos, como los teléfonos inteligentes, lo que permite “experiencias personalizadas en tiempo real sin tener que depender de la infraestructura centralizada de nube”. En definitiva, “todos estos avances apuntan hacia un futuro en el que la inteligencia estará perfectamente integrada tanto en el mundo digital como en el físico».
Consecuencias
Y habrá consecuencias a todos los niveles. Los proveedores de servicios en la nube están desarrollando la infraestructura de centros de datos de inteligencia artificial necesaria para proporcionar la capacidad de computación destinada al entrenamiento y la inferencia de los modelos. “El gasto de capital está ya en niveles elevados, pero pensamos que podría aumentar más de un 70% interanual en 2026 y seguir creciendo en 2027, con una previsión de gasto total de más de 750.000 millones de dólares para este grupo de compañías, en el que incluiríamos a los cuatro grandes hiperescaladores estadounidenses y a una destacada plataforma de redes sociales de Estados Unidos”, apuntan los expertos.
Aunque admiten que aún es demasiado pronto para evaluar la rentabilidad futura del gasto de capital, “las señales son alentadoras”: por poner un ejemplo, en el primer trimestre de 2026, el crecimiento de los ingresos en la nube de los tres mayores hiperescaladores estadounidenses se aceleró en seis puntos porcentuales, al alcanzar crecimiento interanual del 39%.
Respecto a las compañías de hardware y semiconductores, esta previsión de aumento del gasto de capital relacionado con la inteligencia artificial “ha sido lo que ha impulsado en mayor medida la aceleración del crecimiento de los ingresos y la revisión al alza de los beneficios para un grupo cada vez más amplio de compañías” y citan como ejemplo que la inteligencia artificial agentiva está dando un mayor protagonismo a las CPUs, o unidades centrales de procesamiento, frente a las GPUs, o unidades de procesamiento gráfico. “Estas CPUs se utilizan para tareas como la coordinación de flujos de trabajo, el movimiento de datos que entran y salen de los modelos, y para permitir que los agentes ejecuten herramientas de software en su nombre”, apuntan.
Pero también hay riesgos. En este ámbito, citan a la posibilidad de una fase de asimilación del gasto en algún momento del periodo de desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial. Eso sí, “de momento, a lo que estamos asistiendo es a un fuerte impulso del mercado gracias a la aparición de la inteligencia artificial agentiva”.
Otro segmento en el que ven un riesgo potencial es el de los chips de memoria y las unidades de disco duro. “Es probable que la rentabilidad que están obteniendo actualmente las empresas no sea sostenible, ya que, cuando la oferta logre alcanzar a la demanda, los precios caigan. Por lo tanto, seguimos aplicando un enfoque selectivo de inversión”, añaden.
No son los únicos focos de atención. Glynn apunta que, a grandes rasgos, “la inteligencia artificial es, fundamentalmente, software. Es un tipo nuevo de software, distinto a los programas tradicionales, pero no deja de ser curioso que el motor que está impulsando gran parte de la innovación que está teniendo lugar en la economía en este momento sea, en esencia, software”. Y es consciente de que algunas compañías se verán expuestas al riesgo de desintermediación derivado de la inteligencia artificial, pero otras podrían salir beneficiadas. “En los escenarios más pesimistas, los inversores temen que, en el futuro, trabajemos directamente desde entornos impulsados por agentes de inteligencia artificial, en lugar de hacerlo a través de las aplicaciones de software tradicionales, lo que podría relegar a estas aplicaciones a un papel mucho más limitado, al convertirse en un simple depósito de datos”, explica y añade que a los inversores también les preocupa que se intensifique la competencia en el sector.
Pero también señala que algunas de las compañías consolidadas podrían verse favorecidas por la nueva tecnología, sobre todo aquellas que cuentan con escala y una amplia base instalada, debido a que podrían convertirse en el mecanismo natural de distribución de la inteligencia artificial. También, las compañías de software que utilicen la nueva tecnología para aumentar la productividad de sus clientes y, por último, las empresas con conocimientos especializados, con una posición consolidada como sistemas de referencia, con unos mecanismos sólidos de protección de datos y con prestaciones críticas.
Asimismo, Hegarty identifica algunas compañías de software que muestran cierta capacidad de resistencia, precisamente, en los segmentos de ciberseguridad e infraestructuras. Las primeras, “llevan años utilizando el aprendizaje automático para ayudar a identificar y combatir amenazas, incluso, en tiempo real. Las que sean capaces de adoptar la inteligencia artificial generativa están bien posicionadas para ofrecer protección frente a ataques impulsados por inteligencia artificial agentiva en el futuro”, señala.
Respecto a las infraestructuras, detecta como áreas interesantes los sistemas modernos de bases de datos, “capaces de gestionar tanto datos estructurados como no estructurados, es decir, no solo datos presentados en archivos o en filas y columnas, sino también datos no estructurados, como distintos tipos de contenidos multimedia, correos electrónicos, etc”.
¿Burbuja?
Hegarty también trató el tema de una posible burbuja en la inteligencia artificial. Admitió que comenzaron a analizar esta cuestión con mayor profundidad en otoño del año pasado, cuando examinaron ciertas similitudes y diferencias entre la situación actual y la burbuja de las puntocom de finales de los 90. “Nuestra conclusión fue que el sector no se encontraba aún en una burbuja, ya que el gasto en infraestructuras estaba en línea con la demanda y se financiaba principalmente con los flujos de caja operativos de los grandes proveedores de servicios en la nube, que contaban con balances sólidos.
Además, los productos y servicios de inteligencia artificial se monetizaban, y siguen monetizándose, muy rápidamente, ya que existe la infraestructura necesaria para llegar al cliente final, a través de la banda ancha, los teléfonos móviles, etc”, asegura.
Sin embargo, admite que es necesario estar muy atentos a cualquier indicio que apunte a que el entusiasmo por la inteligencia artificial se esté convirtiendo en algo irracional si existe un aumento de las expectativas de los inversores, y también prestar atención al uso creciente de deuda y de financiación fuera de balance, así como a algunas de las ampliaciones de capital más recientes.
Por ahora, los expertos admiten que han observado un cierto exceso de entusiasmo en áreas como la computación cuántica, donde algunas compañías tienen ingresos muy reducidos, valoraciones exigentes y una trayectoria incierta por delante hasta alcanzar la viabilidad comercial. “Nos mantenemos fieles a nuestro proceso de inversión, solemos ser disciplinados en materia de valoración y hemos tratado de evitar áreas como esta”, aunque creen que hay un amplio margen de crecimiento para aquellas compañías que pueden verse favorecidas por la inteligencia artificial.
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