La inflación vuelve a estar en los escenarios macroeconómicos que manejan los profesionales de la inversión, por lo que las estrategias de deuda ligada a inflación están resurgiendo. Elida Rhenals, gestora senior del equipo de tipos de interés e inflación en BNP Paribas Asset Management, explica en el podcast Talking Heads de BNP Paribas cómo estas estrategias pueden ayudar a los inversores a enfrentarse al segundo episodio de aumento de la inflación que hemos vivido en solo cuatro años.
El panorama de la inflación está muy revuelto: los precios del petróleo han aumentado de forma constante durante los dos últimos meses a causa del conflicto en Oriente Próximo. Ya hay señales de que la inflación empieza a reflejarse en los datos oficiales, y las expectativas apuntan a que se mantendrá en niveles elevados durante algún tiempo. Rhenals cree que estamos ante «una cuestión compleja», y que su escenario de base es que la inflación mantendrá su persistencia y volatilidad. «Un precio superior a los 100 dólares el barril de petróleo nos recuerda que las crisis de oferta pueden materializarse con mucha rapidez, sobre todo en un entorno de fragilidad geopolítica», apunta, para recordar que ya hemos visto «lo sensible que es la inflación a los precios de la energía»: históricamente, un aumento del 10% en los precios del petróleo suma entre un 2,3% y un 2,4% al porcentaje de inflación anual.
Por lo tanto, de cara al próximo año, opina que la inflación se mantendrá en niveles elevados. «Es probable que vaya disminuyendo si el conflicto se calma, pero se mantendrá por encima de los objetivos fijados por los bancos centrales y será más volátil de lo que ha sido en los últimos diez años. En definitiva, pensamos que el régimen de inflación ha cambiado».
Rhenals explica que las dinámicas relacionadas con el impacto de la inflación en otros componentes económicos se desarrollan de forma bastante desordenada. Por ahora, apunta que el aumento de los precios se limita a la energía, pero si el conflicto continúa «podrían producirse ciertos efectos de segunda ronda derivados de las presiones salariales, si los consumidores y las familias empiezan a exigir mayores salarios». Pero la experta es consciente de que antes de llegar a ese punto, existen otros focos más allá de la energía, como los fertilizantes y otros subproductos de los combustibles fósiles, como el helio, que podrían trasladarse a otros bienes subyacentes e impulsar al alza la inflación en 2027 e incluso en 2028. «Mientras el conflicto continúe, puede tener repercusiones en cualquier otro componente de la inflación», sentencia.
Si bien ninguna región escapará a las presiones inflacionistas, Rhenals observa que, sin querer extrapolar la experiencia histórica al contexto actual, «vemos presiones a corto plazo en Asia«. Asia es la primera región en notar los efectos inflacionistas porque es «la más vulnerable a los cuellos de botella en las cadenas de suministro y a las crisis de oferta procedentes de Oriente Próximo». En lo que respecta a otras economías de mercados desarrollados, cree que el Reino Unido y la eurozona son las más vulnerables y, dentro de la Unión Europea, «Italia es uno de los países más expuestos a las importaciones procedentes de Oriente Próximo».
Deuda ligada a la inflación en las carteras generales
En este escenario es fácil pensar que la deuda ligada a la inflación es una inversión de nicho y algo compleja. Sin embargo, la experta considera que el funcionamiento de la deuda ligada a la inflación es bastante sencillo, ya que «se trata de títulos de deuda pública en los que el principal y, por tanto, los cupones, se ajustan en función de la inflación. Así, cuando la inflación aumenta, el valor del bono se incrementa automáticamente». Además, cuando la inflación disminuye, el ajuste se ralentiza, «pero los inversores siguen recibiendo un rendimiento real que, a día de hoy, es positivo». De tal manera que, «lo que hace únicos a estos títulos de deuda es que ofrecen rentabilidad real, no nominal».
De hecho, Rhenals recuerda que la demanda de esa protección es evidente: desde 2022, los fondos globales de deuda ligada a la inflación han registrado entradas netas de capital superiores a 200.000 millones de euros, marcando así uno de los mayores desplazamientos de capital hacia la clase de activo que se han registrado hasta la fecha.
La experta detalla que existen tres grandes mercados a escala mundial en esta clase de activo. Estados Unidos es el mayor de ellos, según Rhenals, «con los títulos que conocemos como TIPS, títulos del Tesoro estadounidense protegidos contra la inflación», que en la actualidad representan en torno a dos billones de dólares de capitalización de mercado. Seguidamente se encuentra el Reino Unido, que, desde la década de 1980, ha sido uno de los mercados de deuda ligada a inflación «más profundos y maduros». Y por último, se encuentra la Unión Europea, que ha crecido de manera significativa en los últimos diez años y que actualmente representa en torno a un billón de euros en emisiones de títulos de deuda ligada a la inflación.
«Estos tres mercados constituyen la columna vertebral de la inversión global en deuda ligada a inflación, con una sólida liquidez y transparencia en la formación de precios. Sin embargo, lo más importante, es que los gobiernos continúan emitiendo este tipo de bonos porque les permiten diversificar sus fuentes de financiación y atraer inversores a largo plazo, especialmente en una situación como la que tenemos actualmente», apunta la experta, que insiste en que son instrumentos «muy sencillos, con una gran liquidez y de gran calidad; la mayoría tienen calificación investment grade».
Mayor base de inversores
En un principio, los fondos de pensiones eran los principales inversores en este tipo de bonos. Pero desde la pandemia de COVID, «la base de inversores se ha ampliado de forma sustancial y estamos viendo cómo se han ido incorporando a la clase de activos otros inversores como gestoras de activos, bancos centrales o fondos soberanos«, apunta y añade que también hay cada vez más inversores tácticos y particulares, «lo que demuestra que la protección frente a la inflación está ganando peso como temática de inversión cada vez más generalizada». Incluso, observa que el mercado de derivados va creciendo en paralelo al mercado de deuda, de tal manera, que «es un mercado muy líquido también».
Al tratarse de títulos de deuda, se pueden plantear todo tipo de estrategias. Sin embargo, Rhenals ve dos enfoques principales en esta clase de activo. El primero de ellos se refiere a la estrategia de deuda ligada a la inflación de corta duración, que resulta «especialmente atractiva en el contexto actual, ya que este tipo de bonos ofrecen una menor sensibilidad a los tipos de interés y una duración reducida». Su evolución es más estable y su rentabilidad está directamente vinculada a la inflación observada. «Lo que es más importante es que estos bonos ofrecen actualmente un rendimiento real positivo. En muchos mercados, el rendimiento de la deuda ligada a inflación a corto plazo se sitúa en torno al 1,5%-2% en términos reales, un nivel muy atractivo en términos históricos», señala.
El segundo enfoque que resalta la experta es una estrategia activa de total return, o enfoque flexible, en la que los inversores «pueden ajustar de manera activa la duración, la inflación implícita, el posicionamiento en la curva de tipos, para acceder a oportunidades a lo largo del ciclo, ya que la inflación es un fenómeno volátil». De esta forma, se puede utilizar esta clase de activo, no solo con fines defensivos, «sino también como fuente de rentabilidad activa».
Futuro prometedor
Y las perspectivas son buenas, ya que «el mercado continúa descontando una trayectoria relativamente favorable de inflación futura«. Y pone como ejemplo la eurozona, donde las expectativas a largo plazo «siguen situando la inflación en un nivel próximo al 2%, tanto en el tramo a diez años como incluso en el tramo a cinco años, bastante en línea con el objetivo fijado por el banco central».
En su opinión, estas expectativas de inflación contenida «no reflejan las primas o el riesgo alcista para la inflación, porque, de nuevo, los riesgos no son solo cíclicos, sino que tienen un carácter más estructural». En este punto explica que existe un contexto geopolítico «frágil», el mercado se enfrenta a problemas de suministro y a un escenario de expansión fiscal en casi todos los mercados desarrollados, además de una transición energética. «Por lo tanto, desde la perspectiva de la valoración, parece que la protección frente a la inflación sigue estando razonablemente valorada, al menos en lo que respecta al componente de inflación implícita», apunta.
En lo que se refiere a los tipos, Rhenals sigue pensando que las valoraciones resultan atractivas en términos históricos. «Si pensamos en los tipos reales en 2022, el rendimiento real que recibía el inversor por encima de la compensación por inflación era negativo, lo que significa que en 2022 los inversores tenían que pagar para obtener protección frente a la inflación. Hoy en día, los tipos reales se sitúan en torno al 1% en la eurozona y al 2% en Estados Unidos, lo que implica que los inversores están obteniendo una rentabilidad real además de la compensación por inflación», aclara la experta.
Su argumento apunta a que en una fase en la que la política monetaria sigue siendo restrictiva, el crecimiento se está ralentizado y la trayectoria de inflación continúa siendo incierta, se crea un contexto «muy favorable» para la deuda ligada a la inflación, ya que aúna generación de rentas y protección contra la inflación. «Por ello, incluso tras el repunte que se ha registrado en las últimas semanas, sigue teniendo sentido dentro de una asignación de cartera». Es más, no cree que sea demasiado tarde para invertir en deuda ligada a la inflación, teniendo en cuenta la coyuntura en Oriente Medio , sino que «es el momento adecuado para volver a valorar la protección contra la inflación».
En este contexto, los inversores deberían plantearse una asignación estructural a deuda ligada a la inflación. «Es la combinación perfecta para obtener una atractiva rentabilidad ajustada al riesgo con rendimientos reales positivos y una indexación a la inflación muy elevada», según Rhenals, que insiste en que la historia reciente ha demostrado que la inflación «no va a ser un problema temporal; es un riesgo subyacente en cualquier asignación, ya sea multiactivo o solo de renta fija, por lo que los inversores deberían protegerse frente a dicho riesgo. Y la deuda ligada a la inflación es una de las formas más eficaces para hacerlo».



