Amundi: “La IA nos ha obligado a añadir un filtro adicional a nuestro proceso de toma de decisiones”

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Claire Chabrier, Head of Direct Investments – Private Markets en Amundi, lleva prácticamente una vida dedicada al capital privado: comenzó en el sector en 2001. Una trayectoria que le permite detallar cuáles son las tendencias más claras de cara a los próximos años. Chabrier lo tiene claro: demografía, tecnología y medio ambiente. Observa que el principal reto que presenta el sector de cara al medio plazo es la liquidez, las distribuciones para los inversores. Hasta tal punto, que la situación está obligando al sector a crear nuevas soluciones, como los secundarios. Chabrier respondió a unas preguntas de Funds Society sobre el mundo de la inversión alternativa en el marco del Amundi World Investment Forum celebrado a mediados de junio. 

¿Cuál es la postura de Amundi respecto a los activos reales?

El objetivo es poder responder a las necesidades de todos nuestros clientes, tanto institucionales como de gestión de patrimonios. Por eso, combinamos la gestión diversificada con la inversión directa y multimanagement. Esto es fundamental para nosotros, ya que esta plataforma nos permite desarrollar soluciones muy específicas para cada tipo de cliente. Y, si necesitamos completar con soluciones externas que no podemos ofrecer de manera interna al cliente, la idea es hacerlo para poder ofrecer la solución completa. Esa es la razón por la que nos hemos asociado con ICG a finales del año pasado, para poder completar algunas de las soluciones que no tenemos internamente.

Por lo tanto, nuestro primer objetivo es poder responder a nuestros clientes con todo tipo de soluciones. Pero uno de nuestros principales factores diferenciadores es que operamos como una plataforma, a diferencia de algunos competidores, que actúan más bien como actores con una única estrategia, como es el caso de private equity o infraestructuras. Nuestra industria se caracteriza por tener una visión de inversión de largo plazo, así que, es fundamental tener en cuenta que este tipo de activos son ilíquidos.

El comienzo de 2026 fue difícil para todos, ya que tuvimos un par de crisis en tan solo tres meses. En el entorno tan volátil actual, debemos ser más disciplinados que nunca.Como gestores de múltiples activos, seremos extremadamente selectivos al elegir nuestro fondo o el General Partner. Y si considero mi enfoque de inversión directa, es exactamente el mismo. Somos, no diría más selectivos en el contexto actual que antes, porque siempre lo hemos sido, pero es verdad que tenemos que ser extremadamente disciplinados y centrarnos en la resiliencia a largo plazo, sobre todo ante los rápidos cambios que se producen.

La creación de valor, es decir, cómo vamos a ayudar a las empresas a crecer durante los cinco años que estaremos con ellas, cobra cada vez más importancia porque, lamentablemente, los bajos tipos de interés han quedado atrás, igual que el crecimiento en los múltiplos de valoración de las empresas. Por lo tanto, sabemos que en este nuevo panorama, para crear valor en nuestra cartera de empresas, debemos ser muy activos en cuanto al crecimiento de la empresa.

Aquí me gustaría destacar que, al igual que otros actores, somos muy cautelosos con el impacto de la IA. Hemos añadido un filtro adicional a nuestro proceso de toma de decisiones: ahora tenemos que pensar en cómo la IA impactará en las empresas en las que vamos a invertir. Así que, considerando que el mercado estaba muy centrado en las empresas de software, ahora ya no se compran ese tipo de compañías. Pero en el pasado hemos invertido con una estrategia muy diversificada. Por eso, hemos revisado nuestra exposición al software a principios de año, pero gracias a nuestro riguroso método de inversión, nuestra cartera está muy bien diversificada.

También estamos analizando la temática de infraestructuras. Se trata de un sector muy interesante en Europa porque sabemos que la descarbonización será un tema de inversión a muy largo plazo. Se invertirán miles de millones de euros en este sector y como inversores privados, tenemos una clara estrategia de participar en esta tendencia. Así pues, el equipo de inversión directa en infraestructuras tiene dos estrategias específicas: una, centrada en infraestructuras relacionadas con la reducción de emisiones de CO2 en los sectores del transporte y la energía. Es decir, invertir en infraestructuras que ayuden a acelerar la descarbonización. Y estamos lanzando una nueva solución, que se llama Capital Natural, donde trabajaremos en la reforestación y mejoraremos la biodiversidad del bosque para crear valor en la emisión de carbono. 

¿Y cómo seleccionan las posiciones?

Uno de los primeros filtros que aplicamos es lo que llamamos el filtro de megatendencias. Hemos identificado tres: demografía, tecnología y medio ambiente. Además, nos interesa la autonomía estratégica. Sabemos que, dado que invertimos principalmente en empresas europeas, el crecimiento de las compañías que seleccionamos se verá impulsado por una, dos o tres de esas megatendencias. Este es, pues, el primer criterio de selección. El segundo aspecto es la gestión. Nuestra experiencia nos ha inculcado convicciones claras, me refiero a que si una compañía opera en un buen sector, pero no cuenta con un excelente equipo directivo, no alcanzará el éxito previsto.

Por “excelente equipo directivo” nos referimos a considerar a los directivos como auténticos campeones deportivos, es decir, necesitan ser ágiles y resilientes, especialmente en este nuevo contexto de múltiples crisis. También es importante para nosotros el factor ESG. Al seleccionar una empresa, y también durante los cinco años en los que trabajaremos con su equipo directivo, siempre establecemos desde el primer día un plan de transformación ESG muy específico para fortalecer la compañía y posicionar su modelo de negocio, garantizando así su resiliencia. No invertimos en empresas cuya gestión aún no esté del todo convencida de los criterios ESG en ninguna de nuestras estrategias: private equity, deuda privada e infraestructuras. 

¿Y en qué áreas ve las mejores oportunidades?

Nuestro universo de inversión directa es predominantemente europeo. Por lo tanto, hasta el momento no tenemos equipos que inviertan en Asia ni en Estados Unidos. Y en el ámbito de la gestión multiactivos, existen variaciones. Por ejemplo, si nos fijamos en las firmas de capital privado, sabemos que mucho más de la mitad del mercado se concentra en Norteamérica. En estos momentos, la diversificación es menor entre los grandes actores, tanto en mercados privados como cotizados. Si consideramos Norteamérica y Europa, ahí se concentra la mayor parte de los activos. Lo que nos podría interesar, en cierto modo, es replicar las estrategias que implementamos en los mercados cotizados desde hace 15 o 20 años. Fuimos pioneros en expandirnos a Asia, India y China, creando empresas conjuntas que, 15 o 20 años después, siguen funcionando a la perfección y demuestran el valor de aquella estrategia. 

Si queremos entrar en esos mercados, podríamos considerar una opinión muy preliminar para ver si pudiéramos hacerlo mismo en lo que respecta a estrategias de activos privados, aprovechando la fuerte presencia de Amundi, por ejemplo, en Asia. En este momento, no tenemos capacidad de inversión fuera de los mercados más importantes en private equity, que son Europa y Norteamérica. Si nos fijamos en Europa o Francia, al identificar una empresa, para nosotros un elemento clave es, por supuesto, su capacidad para tener presencia fuera de su país. Dado que invertimos en empresas de mediana capitalización, es fundamental para nosotros que la empresa haya comenzado a desarrollarse fuera de su país de origen. Durante nuestro periodo de inversión, colaboraremos con el equipo directivo para acelerar la internacionalización de la empresa, ya sea mediante crecimiento orgánico o mediante adquisiciones.

En el caso de las empresas de nuestra cartera, la mitad de su crecimiento proviene de adquisiciones y la otra mitad, decrecimiento orgánico. Así que participamos activamente en la consolidación del mercado con nuestras empresas participadas. Esto es muy importante porque, dentro de cinco años, cuando se produzca una desaceleración en determinados mercados o un menor crecimiento, tendremos que actuar con rapidez y acelerar la estrategia de desarrollo.

¿Qué comentarios reciben de sus clientes? ¿Qué solicitudes, preguntas o inquietudes tienen?

Debido a todas las crisis a principios de año, los clientes han preguntado sobre la resiliencia de su cartera. Por eso, realizamos este ejercicio de revisar todas las carteras y brindarles tranquilidad sobre cómo la IA y los precios de la energía podrían afectarlas. Pero la pregunta principal para todos los actores del private equity en el mundo en este momento, desde el inversor institucional, es sobre la liquidez. Nos preguntan mucho sobre liquidez y distribuciones (Distributions to Paid-In Capital, DPI). Solemos decir que el DPI es el nuevo TIR, ya que el inversor quiere recuperar su inversión y tener liquidez. Y estoy segura de que la situación se mantendrá durante algún tiempo, porque, con todo el contexto y los factores geopolíticos, hay menos liquidez.

Los inversores de private equity conservan las empresas durante más tiempo que antes; en los años de bonanza se solían vender empresas después de cuatro años, de media. Ahora, necesitamos más tiempo para generar más valor. Esto probablemente hará que las empresas se mantengan activas durante más tiempo. Así que podría tener algún impacto en la TIR. Y en este momento, especialmente en algunos sectores, hablamos sobre el software. Algunas de las empresas de la cartera simplemente no se pueden vender. En este sector, la situación está paralizada porque no hay compradores, por lo tanto, los vendedores se encuentran en una situación complicada. En cualquier caso, dado que el sector del capital riesgo siempre está creando nuevas soluciones, observamos el crecimiento de las operaciones secundarias, lo que representa una nueva vía de liquidez. El mercado prevé que, aproximadamente, el 25% de nuestras salidas provengan de los fondos de continuación o del mercado secundario. Y dado que los inversores institucionales ejercen cierta presión sobre las salidas, también se trata de una solución beneficiosa para todos los participantes. Así pues, la liquidez es claramente el tema principal de conversación con nuestros inversores.

¿Cómo valoran estos cambios en la liquidez de las inversiones?

La pregunta es la misma para los clientes que utilizan soluciones de inversión directa o para los que utilizan gestoras múltiples. Porque cuando se gestiona una gestora múltiple, si las empresas en las que se invierte no ofrecen liquidez, no se puede ofrecer liquidez a los clientes finales. Así pues, este cambio es inevitable. El tema es exactamente el mismo cuando se trata de inversión directa o multigestión en activos privados. Y lo mismo ocurre con los inversores institucionales.

A medida que nos adentramos en el ámbito de la gestión patrimonial, cada vez más en el de los clientes de este tipo, con los fondos semilíquidos evergreen se presenta la misma limitación, ya que también es necesario generar liquidez. Hay que ser muy cautelosos y nosotros lo somos porque seguimos creyendo que el próximo año necesitaremos mucha formación para este nuevo segmento de la población wealth que para nosotros es claramente un segmento en crecimiento. Pero tenemos que explicarle mucho a la gente que invierten en activos no líquidos.

¿Y participan activamente en la formación de clientes, por ejemplo, impartiendo seminarios?

Sí, porque creo que esto va mucho más allá de los activos privados. En Amundi tenemos una filosofía de colaboración con socios de banca minorista para cada clase de activo. Contamos con numerosos programas de formación, tanto para los clientes del banco (asesores bancarios y banqueros privados) como para que estos, a su vez, formen a sus clientes finales. Por lo tanto, en Amundi tenemos muchos ejemplos de cómo hemos implementado programas de educación financiera.

Ahora también lo hacemos en Francia y España, a través de las redes sociales, trabajando en educación financiera. Primero realizamos una intensa labor educativa con nuestros distribuidores y nuestras redes de socios, dirigida al cliente minorista final. Así, nuestros clientes comprenden la importancia de invertir pronto y de diversificar. Respecto a este punto, podemos añadir el componente de activos privados y explicar por qué estos desempeñan un papel tan importante en este proceso. Si esta formación financiera no está limitada a los activos privados, va mucho más allá de los activos privados.

Fidelity: ¿Dónde buscar para dar un sesgo defensivo a la cartera?

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Foto cedidaDe izquierda a derecha: Alex Laing, gestor; Tristan Purcell, gestor; Sebastian Morton-Clark, editor de contenido global, y Rebecca Motta, directora de Análisis UK.

El auge de la inversión en IA ha desviado capital de otros segmentos de los mercados de capitales mundiales que, de otro modo, podrían estar recibiendo más atención. Como consecuencia, las valoraciones relativas de empresas que durante mucho tiempo han gozado de una alta cotización han caído. Sin embargo, estas distorsiones pueden crear oportunidades de cobertura útiles si existe preocupación por que algunos sectores estén peligrosamente sobrevalorados. Esa es la conclusión principal de una de las últimas ediciones del podcast «Fidelity Answers», que pretende dar respuesta a la inquietud que se ha generado entre los inversores bursátiles en los últimos meses.

En el actual contexto de mercado, la inflación es motivo de preocupación. El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, parece estar apostando por un posible ciclo de endurecimiento monetario que comenzaría a finales de este año, en lugar de la esperada bajada de los tipos. Además, el balance de la Fed podría seguir contrayéndose, lo que absorbería parte de la liquidez adicional que ha financiado casi dos décadas de subidas en el mercado bursátil.

Estos factores, sumados a la creciente concentración del mercado, ha suscitado una nueva ronda de preguntas sobre hasta dónde nos puede llevar el auge impulsado por la inversión en IA. Y sobre cómo pueden los inversores proteger sus carteras frente a cualquier corrección de la tendencia.

El gestor de fondos Tristan Purcell gestiona una serie de carteras defensivas que busca respuestas a esas preguntas. Su estrategia tiene como objetivo diversificar el riesgo entre diversos sectores. Pero está claro que algunos se han revalorizado menos que otros, y eso crea oportunidades de compra en activos con unas perspectivas sólidas a largo plazo. «En este momento, es evidente que hay mucho entusiasmo en torno a los segmentos del mercado relacionados con la IA», afirma y añade que el riesgo, incluso si los fundamentales se mantienen y los hiperescaladores siguen invirtiendo, es que los múltiplos sean demasiado altos y se produzca un fuerte impacto en la confianza del mercado. «Estamos encontrando oportunidades interesantes en algunos sectores tradicionalmente más cíclicos, como ciertas empresas industriales, donde los múltiplos están bastante deprimidos», concluye.

Sembrando las semillas

La analista Emma Newey Clark aporta a los gestores de fondos ideas para inversiones en el sector sanitario, que se han visto afectadas por la fuerte caída de las valoraciones. «A medida que los inversores se dan cuenta de lo mucho que han subido las cotizaciones de las tecnológicas, sin duda empiezan a fijarse en los sectores que no han seguido ese ritmo y en cuáles estarán más protegidos», asegura. También observa áreas en las que hay empresas con un crecimiento de entre un dígito medio y alto que están más baratas que nunca, tanto en términos absolutos como relativos.

Otro gestor, Alex Laing, señala indicios de que los ciclos bajistas de larga duración en otras industrias importantes podrían estar llegando a su fin natural. «Cada ciclo lleva en sí mismo las semillas de su propia desaparición», sentencia. El experto explica que un ciclo bajista acaba impulsando, tarde o temprano, un ciclo alcista. «Destacaría el sector automovilístico mundial y, sin duda, todo lo relacionado con la construcción; parece que, en muchas de esas categorías, al menos estamos tocando fondo y la situación no va a empeorar».

Las estrategias de Laing se han beneficiado del auge de la IA. Las empresas de servicios públicos y del sector energético en las que invierte, consideradas durante mucho tiempo activos conservadores y de bajo rendimiento, se han vuelto atractivas debido a las enormes necesidades energéticas de los centros de datos de IA. Sin embargo, sostiene que los argumentos de inversión para estas empresas van más allá de la mera inversión en IA, lo que las hace más resistentes a cualquier desaceleración de la tendencia tecnológica y no duda de que «en un día similar al DeepSeek Day, algunas de esas acciones sufrirían una caída». Sin embargo, no cree que los fundamentos estén tan correlacionados con el sector de la IA pura «como a veces se da a entender».

Pone como ejemplo la tendencia hacia la electrificación en Dinamarca. La longitud de las redes de transporte prácticamente se ha duplicado allí en los últimos 15 años, y las inversiones en capital de sus principales operadores de transporte se han triplicado, a medida que se ha ido transformando un sistema que dependía en gran medida de los combustibles fósiles en uno centrado en las energías renovables y la energía eólica, que alimentará los vehículos eléctricos y la transición energética. «Eso no se debió a que los centros de datos tuvieran que construirse en Dinamarca antes que en cualquier otro lugar», argumenta, para explicar que se debió a que «en la práctica, es el precursor de la transición energética que estamos viendo en varios países, y a la necesidad de lidiar con la dinámica de la misma, con flujos fluctuantes y con instalaciones de generación de energía situadas en el mar en lugar de junto a las ciudades».

Deuda de los hiperescaladores

Otro ámbito tradicionalmente más defensivo para los inversores es el mercado de deuda, donde puede resultar difícil alcanzar las espectaculares rentabilidades bursátiles de los últimos años, pero donde los rendimientos del 5% o superiores han convertido a la renta fija en una parte más natural de la cartera de muchos inversores institucionales. El interés resultante ha provocado un estrechamiento de los diferenciales en el crédito corporativo, lo que ofrece poca prima por el riesgo adicional que conlleva este año. Sin embargo, la directora de análisis, Rebecca Motta, señala que la creciente oferta de emisiones de deuda relacionadas con la IA ofrece algunas nuevas oportunidades, ya que las emisiones de deuda de los hiperescaladores «suelen tener una calificación de AA o superior», afirma.

Asimismo, Motta se muestra optimista respecto a la deuda adicional que están asumiendo las empresas eléctricas y de servicios públicos para suministrar la energía necesaria. «En Estados Unidos, el aumento de la demanda eléctrica derivado de la IA es evidente y, sin duda, las empresas de servicios públicos tienen que invertir mucho», hasta tal punto, que «se ha convertido en una parte muy importante del mercado de grado de inversión».

Sin embargo, se muestra más cautelosa respecto a otras áreas de deuda vinculadas a la IA y cita como ejemplo que «muchas de las empresas que emiten deuda llevan poco tiempo en el mercado o han pasado de ser empresas de criptomonedas a empresas de centros de datos», mientras concluye que existen muchas dudas sobre la necesidad de la inversión y la rentabilidad. «Por ahora, estamos abordando las emisiones de los centros de datos con cierta cautela», admite.

Diversificar el riesgo

Purcell también está analizando los distintos sectores afectados por toda esta evolución, pero prefiere diversificar su riesgo por toda la economía en lugar de centrarse en sectores específicos. «No intentamos crear una cartera defensiva limitándonos a realizar grandes asignaciones a los sectores defensivos, como los productos básicos, los servicios públicos o el sector farmacéutico«, afirma y cree que si un inversor se limita a realizar estas grandes asignaciones generales, «sigue existiendo la posibilidad de que surja algún acontecimiento que afecte a todo el sector de golpe». En este punto, recuerda que el año pasado se produjo el caso RFK y todos los aranceles y las políticas de nación más favorecida que afectaron al sector farmacéutico, «por lo que, a pesar de ser un sector defensivo, también se vio afectado». Por lo tanto, intenta «crear el carácter defensivo de la cartera empresa por empresa».

Además del sector industrial, también ha estado analizando de cerca el sector financiero y los mercados japoneses, donde el aumento del crecimiento y la inflación han cambiado por fin el rumbo del interés de los inversores. Pero también en este caso se muestra prudente a la hora de distinguir entre los diferentes segmentos. Así, a nivel agregado, le interesa el sector financiero como sector cíclico debido a los bancos, pero admite que no tiene ninguna participación en bancos. «Contamos con bolsas de valores, que se benefician cuando hay mucha volatilidad, ya que la gente opera más», asegura.

En el caso de las compañías de seguros, admite que no posee aseguradoras de vida «porque tienden a verse afectadas por los rendimientos de los bonos». En cambio, sí cuenta con muchas aseguradoras de no vida, como las de automóviles, «cuyos beneficios dependen de la frecuencia con la que la gente presente reclamaciones. O reaseguradoras, que dependen de las condiciones meteorológicas».  En definitiva, Purcell ve «evidente» que los mercados atraviesan períodos de «increíble concentración», y  que durante mucho tiempo ha funcionado bien invertir en fondos pasivos y seguir el índice de referencia. «Pero está claro que poner todos los huevos en la misma cesta no es necesariamente lo más acertado», sentencia.

AllianceBernstein: Entonces, ¿por qué no lo tienes en cartera?

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Podría decirse que los mercados de renta variable actuales son los más concentrados, interconectados y expuestos a riesgos correlacionados de la era moderna. En este entorno frágil, creemos que los inversores necesitan algo más que una simple exposición a las acciones que han impulsado las rentabilidades recientes del mercado. Es esencial una selección disciplinada de valores y unos objetivos de riesgo claros, así como la convicción sobre qué no incluir en la cartera.

Las infraponderaciones siempre han sido importantes para los gestores activos de renta variable. Pero hoy en día, creemos que lo son aún más, ya que un pequeño grupo de empresas de megacapitalización domina el índice, mientras que el gasto en infraestructura de IA, las exposiciones superpuestas a los índices de referencia y los flujos de inversión circulares están haciendo que algunos sectores sean cada vez más interdependientes. Por ejemplo, un cambio en la demanda de GPU o en los gastos de capital (capex) de los hiperescaladores puede repercutir ahora en las acciones relacionadas con los semiconductores, la nube, los centros de datos y la energía.

Los diez factores que más contribuyen al riesgo de la renta variable estadounidense tienen un peso mucho mayor en el S&P 500 que el que tenían sus equivalentes tras la crisis financiera mundial. Nuestro análisis sugiere que su peso en el índice de referencia se ha más que duplicado, mientras que su contribución al riesgo total se ha multiplicado por dos y medio (Gráfico).³

Gráfico: Las acciones más arriesgadas tienen un mayor impacto en el índice de referencia

Los análisis actuales e históricos no garantizan resultados futuros.
Los 10 valores de mayor riesgo son las acciones que más contribuyen al riesgo activo global del S&P 500. A 30 de junio de 2026. Fuente: Bloomberg, S&P y AllianceBernstein (AB)

 

Las acciones del sector de infraestructuras de IA (semiconductores y hardware) representan alrededor del 46 % del crecimiento estimado de los beneficios por acción del S&P 500 en 2026, según un informe reciente de UBS. Solo las acciones de semiconductores y de equipos para semiconductores constituían el 20 % del índice a finales de junio, una cifra cuatro veces superior a la de 2020.

La concentración también está impulsando la volatilidad: en la reciente caída del sector tecnológico, el índice KOSPI de Corea del Sur cayó aproximadamente un 31 % desde su máximo de finales de junio hasta el 7 de agosto de 2026, aunque siguió s3iendo el índice bursátil principal con mejor rendimiento del mundo en lo que va de año, impulsado por la exposición de Samsung y SK Hynix a los semiconductores y los chips de memoria.

La concentración ha creado una nueva ecuación de riesgo

La concentración del mercado varía según la región y el estilo, pero la mayoría de los índices estadounidenses y algunos índices mundiales presentan ahora una exposición desmesurada a sus 10 valores más importantes, que alcanza el 57,2 % del índice Russell 1000 Growth (gráfico). Como resultado, las asignaciones de cartera que, sobre el papel, parecen diversificadas a nivel regional pueden seguir teniendo una exposición superpuesta no deseada a los mismos motores de crecimiento dominantes.

La concentración del mercado varía considerablemente según la región y el estilo

Los resultados anteriores no garantizan resultados futuros. A 30 de junio de 2026. Fuente: FTSE Russell, MSCI, Nasdaq, S&P y AB

Esto no significa que los inversores deban evitar las empresas tecnológicas de gran capitalización. Muchas de ellas son negocios sólidos con ventajas competitivas duraderas. Sin embargo, en nuestra opinión, la decisión de invertir en estas acciones o evitarlas debe ser una elección deliberada, basada en la filosofía de la cartera, y no una respuesta instintiva a la ponderación del índice de referencia o al impulso del mercado.

El gasto en IA eleva las apuestas

La gestión de riesgos se ha convertido en un reto especialmente complejo debido a la expansión de la IA. Los cinco mayores hiperescaladores —Amazon, Microsoft, Alphabet (matriz de Google), Meta Platforms y Oracle— van camino de destinar 1 billón de dólares a inversiones relacionadas con la IA en 2027, según nuestro estudio, frente a los 96 000 millones de dólares de hace cinco años. Para los inversores, las preguntas clave son si ese gasto se traducirá en rentabilidades atractivas a largo plazo y para quién. En un periodo de disrupción transformadora, resulta extremadamente difícil predecir qué empresas serán las ganadoras definitivas.

Por supuesto, cuando las empresas de gran capitalización y las salidas a bolsa (OPV) más destacadas acaparan los titulares, el miedo a perderse algo (FOMO) puede ser muy fuerte. Pero el FOMO no sustituye a un proceso de inversión. Es posible que una salida a bolsa muy popular del sector tecnológico no cumpla los criterios de ciertas estrategias activas si sus perfiles de valoración, rentabilidad o flujo de caja libre no se ajustan al mandato de la cartera.

Lecciones de la era de las puntocom

Los líderes tecnológicos actuales no son réplicas de las empresas puntocom. Muchos cuentan con negocios más sólidos, fuertes ventajas competitivas y un sólido flujo de caja operativo.

Pero hay paralelismos. A finales de la década de 1990, la inversión circular contribuyó a inflar modelos de negocio frágiles. Lucent Technologies, por ejemplo, concedió miles de millones de dólares en financiación a proveedores a pequeñas empresas de Internet y redes; cuando estalló la burbuja, los préstamos incobrables contribuyeron a su caída, destruyendo 250 000 millones de dólares de valor para los accionistas.

Hoy en día, surge una preocupación similar, ya que los fabricantes de chips, los proveedores de servicios en la nube y los desarrolladores de modelos de IA se están convirtiendo cada vez más en inversores, proveedores y clientes entre sí. Esto aumenta el riesgo de que el capital que circula dentro del ecosistema de la IA esté inflando artificialmente la demanda declarada.

Aunque el ciclo de la IA se asiente sobre cimientos más sólidos que los de la era de las puntocom, las posibles vulnerabilidades merecen atención. El gasto en inversión de los hiperescaladores podría superar los flujos de caja, y creemos que el bajo rendimiento de este grupo en lo que va de 2026 podría indicar un cambio en el enfoque de los inversores hacia el flujo de caja libre, la rentabilidad del capital y la resiliencia financiera. Mientras tanto, las inminentes salidas a bolsa de empresas tecnológicas que actualmente no son rentables (en particular, OpenAI y Anthropic) ofrecen otro eco de la era de las puntocom. Los factores técnicos que impulsan el mercado también podrían estar cambiando, ya que los flujos de caja ajustados limitan las recompras de acciones.

El riesgo está relacionado con el objetivo de la cartera

En nuestra opinión, estos riesgos deberían llevar a los inversores a replantearse su apetito de riesgo. Para algunos, el rendimiento relativo es primordial: una infraponderación significativa de los valores dominantes puede lastrar los rendimientos relativos. Para otros, el mayor riesgo es una pérdida absoluta: la caída que perjudica la capitalización y pone en peligro los objetivos a largo plazo. En nuestra opinión, el papel de una cartera dentro de una asignación estratégica de activos debería determinar cómo los gestores equilibran estos riesgos.

Los distintos objetivos de la cartera pueden dar lugar a características muy diferentes de la misma. Por eso es importante la filosofía de inversión. Una estrategia de baja volatilidad, una estrategia de crecimiento rentable o una estrategia de renta variable básica de menor riesgo no deberían responder todas de la misma manera a la concentración en el sector de la IA. Invertir en empresas de alta calidad con un crecimiento compuesto rentable y flujos de caja duraderos es diferente a perseguir empresas de hipercrecimiento cuyas valoraciones dependen de resultados más lejanos. El gestor de cada cartera debería preguntarse si los fundamentos, la valoración, el perfil de flujos de caja y la gestión del capital de una empresa se ajustan al proceso, y estar preparado para explicar por qué una infraponderación significativa es intencionada, y no accidental.

Cuestionar cada exposición… y cada omisión

Creemos que los gestores activos deben reevaluar continuamente tanto las acciones en cartera como las que no lo están, a medida que cambia la información disponible.

  • ¿Es probable que la inversión en IA de una empresa genere una rentabilidad adecuada?
  • ¿Son los flujos de caja lo suficientemente sólidos como para financiar el crecimiento? ¿Se ajusta la valoración a la realidad?
  • ¿Podrían existir mejores oportunidades que captaran los mismos temas de crecimiento estructural con menor riesgo o a precios más bajos?
  • ¿Se ajusta la naturaleza de esta inversión a mi filosofía de inversión y a mi horizonte temporal?

Los clientes también deberían plantearse estas preguntas. En mercados concentrados, la inversión pasiva no elimina el riesgo, sino que lo reformula al integrar más profundamente en las carteras a los ganadores del pasado. Las posiciones infraponderadas en acciones de gran capitalización con un rendimiento superior al del mercado pueden contribuir a obtener rendimientos relativos débiles en un mercado concentrado, pero constituyen una compensación estratégica y calculada destinada a preservar el perfil de riesgo de la cartera. Creemos que la verdadera disciplina requiere saber qué contiene una cartera, qué evita y por qué esas decisiones respaldan los objetivos a largo plazo de la misma.

La disrupción transformadora crea oportunidades y amplía el abanico de resultados. A medida que la concentración, la correlación y la intensidad de capital aumentan conjuntamente, creemos que los inversores necesitan gestores activos capaces de ir más allá de la ponderación del índice, analizar los fundamentales y tomar decisiones difíciles con convicción. El argumento a favor de la selección activa de valores es sencillo: cuando el índice de referencia se satura, el valor de decir «no» puede resultar más valioso a largo plazo que limitarse a decir «sí» por defecto.

 

Tribuna de Roberto Milano y David Wong,  Co-directores globales de desarrollo de negocio de Renta Variable de AllianceBernstein y Teresa Keane, estratega sénior de inversión 

El análisis de la vuelta de vacaciones

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Los mercados se vieron golpeados este lunes por la nueva escalada de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, con ataques norteamericanos contra objetivos del IRGC en la isla de Larak, en el Estrecho de Ormuz, y represalias iraníes contra Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Estos también debían digerir el discurso marcadamente restrictivo del presidente de la Fed, Kevin Warsh, en Jackson Hole, donde reafirmó el objetivo de inflación del 2% y señaló que “queda trabajo por hacer”. Como resultado más inmediato, la probabilidad de una subida de tipos de la Fed en septiembre saltó rápidamente del 36% al 67%.

El bono americano: normalización, no alarma fiscal

La rentabilidad del bono del Tesoro tocó máximos del año, acercándose al 4,8%, mientras que la deuda pública de Japón (con los JGBs cerca de 3%) o la alemana (Bund en 3,3%) también se han visto afectadas.

Las noticias respecto a la deuda estadounidense alcanzando un tamaño de 40 billones de dólares han contribuido a amplificar el ruido, aunque los números apuntan en la dirección contraria: la correlación histórica entre el porcentaje de deuda sobre PIB y los tipos reales (TIPS) es negativa, porque hasta 2017 el gobierno solo incrementaba sustancialmente el gasto en entornos recesivos. La perspectiva fiscal que proyecta el análisis de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) no es optimista, pero de momento el crecimiento nominal de la economía (de acuerdo con el modelo de la Fed de Nueva York) supera con creces la rentabilidad del bono 10 años —sugiriendo que los costes de financiación no son onerosos para la inversión— y, sorprendentemente, Trump no ha cumplido con los pronósticos y desde 2024 el déficit presupuestario se mantiene bastante estable a pesar de todo.

Por todo ello, y aunque la incertidumbre que inyecta a la foto macro el cierre de Ormuz, la guerra en Ucrania, la política fiscal de Trump o el abandono de las guías adelantadas de la Fed ha afectado al bono, el aumento en TIR no tiene tanto que ver con la foto fiscal como con la normalización en tendencias de crecimiento, inflación y tipos.

Venimos de una década 2010–2020 muy particular, marcada por dinámicas desinflacionistas, por el desapalancamiento en balances de familias y empresas y por crecimientos por debajo de potencial que llevaron a grandes bancos centrales a adoptar políticas de tipos de interés cero.

Los últimos dos años hemos asistido a una normalización macro, con tasas de inflación algo por encima de la zona de confort y con avances en PIB más robustos. Como consecuencia, los tipos de interés reales a 10 años en Estados Unidos han regresado a la zona donde fluctuaban a mediados del 2000, todavía muy por debajo de las cotas alcanzadas en los años noventa, y la prima por plazo también se ha regularizado.

La rentabilidad del bono, a pesar del ruido, ha seguido la pauta histórica de comportamiento que ha mantenido los últimos 30 años con respecto a las expectativas para los tipos de interés (aproximadas a través de los futuros de SOFR). Esto sirve para probar que el repunte en rentabilidades tiene más que ver con una nueva realidad económica que con una mayor percepción de impago asociado a la deuda estadounidense.

 

 

En la misma línea, si modelizamos la rentabilidad del bono estadounidense utilizando la última actualización del informe de proyecciones económicas de la Fed, podemos concluir que el activo cotiza con cierto descuento, atribuible a la incertidumbre que afecta al precio de la energía.

 

 

No obstante, los hogares y las empresas son menos sensibles a las subidas de tipos que en la década anterior. Sus balances se han saneado desde entonces: la deuda de los hogares, como porcentaje del PIB, rondaba el 100% entre 2008 y 2009 y hoy se sitúa en el 64,85%, niveles no vistos desde 1997. Además, su tasa de apalancamiento en relación con la riqueza neta se encuentra en mínimos de 60 años. En el ámbito corporativo, y de acuerdo con la encuesta de la NFIB, los equipos gestores tampoco muestran una preocupación significativa por el pago de intereses sobre su deuda.

 

 

Sobre la Fed, la inflación y el mercado laboral

Adicionalmente, es posible que la actividad en el mercado laboral y la inflación faciliten la tarea de Warsh en los próximos meses. Los índices de sorpresas de inflación y creación de empleo de Bloomberg apuntan a una moderación en el mensaje “halcón” de la Fed, que es una conclusión similar a la que se destila del índice Truflation, que incorpora el precio de millones de transacciones al día. El dato de índice de precios del mes de agosto, que se publicará el próximo 11 de septiembre, tendrá repercusiones importantes. 

El avance lo tuvimos el jueves con los comentarios de Christopher Waller, que daba validez a los indicios de disminución en presiones inflacionistas, pero a la vez se mantenía a la espera de evidencias con las que poder constatar la tendencia hacia el objetivo de un 2%. Después de su intervención, los futuros han pasado a descontar una probabilidad de solo el 52% de subida en septiembre. Si el dato mensual subyacente queda en +0,2% como estima el consenso de economistas, la Fed probablemente mantenga el tono “halcón”, pero sin cambios en los tipos de referencia.

Y en el ámbito laboral, seguimos operando en un entorno de “pocos despidos, pocas contrataciones”, aunque es posible que estemos perdiendo algo de inercia los últimos meses. El indicador privado ADP de creación de empleo mantiene una trayectoria descendente desde marzo, mientras que el indicador de condiciones en el mercado de trabajo que confecciona la Fed de Kansas no acaba de encontrar un suelo.

Renta variable: resiliencia y valoración

Con todo ello, es posible que los inversores estén sobreestimando el impacto que una TIR del 5% puede tener sobre el comportamiento de la bolsa.

El ejercicio de desapalancamiento realizado entre 2010 y 2020 ha mejorado sustancialmente el balance de situación de los hogares, empresas y bancos, que ahora son más resilientes ante subidas de tipos. Y, a pesar del encarecimiento en el crédito, la demanda se mantiene o incluso mejora.

El PER del S&P 500 ha comprimido desde 23x hasta 19x y la evidencia histórica deja de manifiesto que la relación entre movimientos en las rentabilidades del bono 10 años y las valoraciones no es concluyente.

En la medida en la que el ajuste hacia un entorno normalizado de tipos de interés sea progresivo, el crecimiento en beneficios por acción mandará sobre las valoraciones en los próximos meses.

Así redefine la IA la relación entre las gestoras de activos y sus clientes

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Un nuevo estudio de Clearwater Analytics “GenAI and the Data Divide” revela cómo la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo la interacción entre los inversores institucionales y sus gestoras de activos. El informe, que abarca a gestoras de seguros, hedge funds, especialistas en mercados privados y gestores generales, señala que el 100% de los encuestados ha detectado un aumento en las consultas de los clientes sobre el uso de la IA. Más de dos quintas partes (43%) de las gestoras afirman que entre un 25% y un 50% de sus clientes preguntan cómo emplean esta tecnología, mientras que un 40% indica que lo investiga entre el 10% y el 24% de su base de clientes.

Los participantes en el estudio coinciden en que los inversores y asignadores institucionales examinan cada vez más cómo integran la IA las gestoras de fondos, mostrando mayor disposición a invertir en firmas que destinan un presupuesto significativo a la investigación e implementación de esta tecnología. Más de un tercio (34%) prevé que esta tendencia aumente de forma drástica en los próximos tres años, y un 57% cree que aumentará levemente. Menos de uno de cada diez (9%) considera que se mantendrá igual.

La investigación revela una valoración muy positiva por parte de los clientes sobre la implantación de la IA en las gestoras: el 85% de los encuestados afirma que la percepción de sus inversores sobre el uso de la IA es positiva, y otro 10% señala que es muy positiva. Asimismo, las gestoras muestran confianza en sus capacidades frente a la competencia. Más de una de cada diez (13%) asegura estar más avanzada en IA que otras firmas, el 71% considera que está bastante avanzada, el 15% cree que se encuentra en un nivel similar y solo un 2% admite estar rezagada.

Al ser preguntados por las áreas donde el uso de la IA resulta más crucial para sus clientes, la mayoría de los gestores sitúa la gobernanza de datos, la precisión y la seguridad empresarial como aspectos prioritarios, por delante de la automatización y la intervención humana. Como muestra de hasta qué punto se ha consolidado la IA en la industria, el 91% de los encuestados considera importante para su negocio la IA agéntica —agentes autónomos capaces de ejecutar tareas complejas de múltiples pasos con una intervención humana mínima— y un 2% la califica de crítica.

En cuanto a los ámbitos donde la IA ha generado un mayor impacto positivo en la relación con el cliente, las gestoras destacan el soporte basado en IA, las herramientas de preguntas y respuestas, y la comunicación e informes automatizados. Los encuestados señalan también la personalización a gran escala, la mejora en la transparencia y la rapidez, así como el análisis de sentimiento.

En opinión de Souvik Das, CTO de Clearwater Analytics,“la IA está transformando la relación entre el cliente y el gestor, pasando de una interacción periódica centrada en el producto a una alianza continua y rica en datos, donde la transparencia, la personalización y una capacidad analítica demostrable son clave para captar y retener mandatos institucionales. «La tecnología ya no se limita a mejorar la rentabilidad; está redefiniendo lo que significa prestar un buen servicio. Los inversores institucionales exigen análisis en tiempo real, soluciones a medida y decisiones explicables, lo que eleva el listón para todo el sector”, concluye.

Dos meses, cinco crashes y una advertencia: Wall Street mira al pasado y entra en territorio de riesgo

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La historia bursátil del mundo está llena de episodios que convirtieron al otoño en sinónimo de riesgo: 1929, 1987, 1997, 2001 y 2008 son algunos ejemplos de años que dejaron algunas de las jornadas y periodos más violentos en estos mercados.

Septiembre es, estadísticamente, el peor mes para las acciones estadounidenses, mientras octubre concentra varios de los mayores desplomes de la historia. Lo anterior es relevante porque en 2026, el calendario vuelve a encontrar un mercado altamente valorado, concentrado en tecnología y enfrentado a nuevas presiones sobre tasas, inflación y geopolítica. Si bien, no hay nada escrito y nadie puede adivinar el futuro, siempre es importante recordar las lecciones de la historia.

Es un hecho, Wall Street está a punto de entrar en uno de los periodos del año que más respeto despierta entre los inversionistas, todo o nada puede pasar.

No porque septiembre u octubre tengan, por sí mismos, el poder de provocar una crisis. La historia financiera no funciona con calendarios. Pero existe una coincidencia difícil de ignorar: algunos de los mayores episodios de destrucción de riqueza bursátil de la era moderna ocurrieron precisamente durante estos dos meses.

El antecedente más famoso es octubre de 1929. Pero después llegaron octubre de 1987, octubre de 1997, septiembre de 2001 y el dramático septiembre-octubre de 2008. Son episodios diferentes, provocados por problemas distintos, pero todos dejaron una misma enseñanza para los administradores de activos: cuando un mercado llega a una zona de elevada confianza, apalancamiento, concentración o valoración, cualquier catalizador puede convertir una corrección en una crisis.

Septiembre no es superstición, es el peor mes del calendario; octubre, el mes de los sustos

Los datos respaldan parcialmente la mala reputación del mes. El S&P 500 ha registrado históricamente en septiembre un rendimiento promedio negativo cercano a 1%, y es el mes con el peor comportamiento promedio del año. Datos de S&P Dow Jones Indices muestran que, desde 1928, septiembre registra un rendimiento promedio de aproximadamente -1,03% y sólo termina con ganancias en alrededor de 44,7% de las ocasiones.

Datos más recientes apuntan en la misma dirección. Para el periodo largo analizado por Dow Jones Market Data, tanto el S&P 500 como el Dow Jones Industrial Average pierden en promedio alrededor de 1,1% en septiembre, mientras el Nasdaq Composite registra una caída promedio cercana a 0,8%.

La estadística no significa que septiembre vaya a ser negativo cada año. De hecho, el mercado puede subir con fuerza durante el mes. Lo que significa es que, estadísticamente, la distribución de resultados es menos favorable que en otros meses. Y aquí aparece la primera diferencia importante entre septiembre y octubre.

Octubre tiene peor reputación, pero septiembre suele ser peor en términos de rendimiento promedio. Octubre es, sobre todo, el mes de los grandes sustos. Cboe ha señalado que octubre ha mostrado históricamente los mayores niveles de volatilidad mensual del S&P 500, aunque buena parte de esa característica está influida por episodios extraordinarios como 1987 y 2008.

En otras palabras: septiembre tiende a castigar más el rendimiento; octubre tiene una mayor asociación histórica con movimientos extremos.

1929: el otoño que cambió para siempre la historia financiera

El primer gran capítulo comenzó incluso antes de octubre. Durante los años veinte, la especulación llevó al Dow Jones Industrial Average desde 63 puntos en agosto de 1921 hasta 381 en septiembre de 1929, un incremento de aproximadamente seis veces en ocho años. El mercado llegó a niveles que parecían justificar la idea de que había entrado en una nueva era de prosperidad permanente.

Pero la realidad fue muy distinta; después del máximo de septiembre comenzaron las señales de deterioro. El 28 de octubre de 1929, el llamado Black Monday, el Dow perdió casi 13%. Un día después, el Black Tuesday, volvió a desplomarse casi 12%. Para mediados de noviembre, el Dow había perdido prácticamente la mitad de su valor desde el máximo.

Pero el verdadero impacto fue mucho mayor que el desplome bursátil; la caída deterioró los balances de bancos y empresas, provocó contracción del crédito y terminó formando parte del proceso que desembocó en la histórica Gran Depresión, la peor contracción económica estadounidense del siglo XX, que se prolongó de 1929 a 1941.

Una precisión histórica es importante: 1929 no provocó por sí solo la Gran Depresión. El crash fue el detonante financiero de un proceso mucho más amplio en el que intervinieron la contracción monetaria, problemas bancarios, deflación, caída del comercio internacional y otros factores.

1987: cuando el Dow perdió 22,6% en un solo día

Casi seis décadas después, octubre volvió a convertirse en sinónimo de pánico. Fue el 19 de octubre de 1987, Black Monday, el Dow Jones se desplomó 508,32 puntos, equivalentes a 22,61%, la mayor caída porcentual de su historia en una sola sesión.

El dato resulta todavía impresionante: el desplome superó ampliamente el récord de 12,8% registrado el 28 de octubre de 1929. La destrucción de riqueza fue devastadora, más de 500.000 millones de dólares de capitalización bursátil desaparecieron de la Bolsa de Nueva York en aquella jornada, mientras se negociaron 604,33 millones de acciones, aproximadamente tres veces el promedio diario de entonces.

Pero 1987 dejó otra enseñanza fundamental: un mercado puede sufrir un desplome extraordinario sin necesariamente desencadenar una depresión económica. La Reserva Federal reaccionó proporcionando liquidez al sistema financiero y los mercados comenzaron posteriormente a estabilizarse.

También nació una de las herramientas que hoy forman parte de la infraestructura de los mercados: los circuit breakers, mecanismos diseñados para detener temporalmente las operaciones cuando las caídas alcanzan determinados umbrales.

1997: la crisis asiática llega a Wall Street

Diez años después, octubre volvió a demostrar que una crisis puede viajar rápidamente de una región gracias a una nueva era, la era de la globalización. El 27 de octubre de 1997, en plena crisis financiera asiática, el Dow perdió 554,26 puntos, equivalentes a 7,2%, después de que el desplome de las bolsas asiáticas aumentara el temor sobre el crecimiento mundial y las ganancias de las empresas estadounidenses.

El episodio fue particularmente relevante para la evolución de la infraestructura financiera; por primera vez desde su creación, los circuit breakers fueron activados en Wall Street. El mercado tuvo que detener temporalmente las operaciones y posteriormente cerrar antes de su horario habitual. La jornada demostró que la globalización financiera había cambiado una característica fundamental del mercado: un shock localizado podía transmitirse en cuestión de horas a otros continentes.

2001: septiembre y el regreso del miedo

El siguiente gran episodio histórico tuvo lugar precisamente en septiembre; después de los atentados del 11 de ese mismo mes los mercados estadounidenses permanecieron cerrados durante cuatro sesiones. Cuando Wall Street reabrió el 17 de septiembre de 2001, el Dow Jones perdió aproximadamente 7%, mientras el S&P 500 cayó alrededor de 5% y el Nasdaq cerca de 6.8%. El Dow llegó a perder cerca de 679 puntos durante la jornada, entonces su mayor caída en puntos en una sola sesión.

No fue simplemente una reacción emocional. El mercado ya venía debilitado por el estallido de la burbuja tecnológica y por el deterioro de la economía estadounidense, septiembre simplemente concentró el shock.

2008: cuando septiembre dejó de ser un mes y se convirtió en una crisis

El episodio más relevante para los inversionistas actuales quizá sea el de 2008; el 15 de septiembre de 2008, Lehman Brothers solicitó protección por bancarrota. La Reserva Federal ha descrito aquel momento como un punto de inflexión que provocó una retirada masiva de los inversionistas de activos de riesgo y una pérdida de liquidez en los mercados de financiamiento de corto plazo.

Pero la crisis no terminó con Lehman; Fannie Mae y Freddie Mac habían sido colocadas bajo tutela gubernamental, AIG enfrentaba una crisis de liquidez y el mercado de fondos del mercado monetario comenzó a experimentar fuertes retiros después de que un fondo rompiera la barrera de un dólar por participación.

Durante septiembre y octubre, la venta masiva se extendió prácticamente por todo el sistema financiero; octubre de 2008 terminó con una caída mensual del S&P 500 cercana a 16,9%, colocándose entre los peores meses de la historia del índice. El mercado ya no estaba reaccionando simplemente a una mala noticia corporativa, estaba descontando la posibilidad de una crisis sistémica del crédito.

Esa quizás sea la principal diferencia entre un crash bursátil y una crisis financiera: el primero destruye valor de mercado; el segundo puede paralizar simultáneamente el crédito, el sistema bancario y la economía real.

El patrón existe, pero no es una profecía

Para los administradores de portafolios, probablemente la conclusión más importante sea también la menos espectacular: septiembre y octubre no tienen una maldición financiera.

De hecho, octubre suele terminar con rendimientos positivos más veces de lo que su reputación sugiere. Entre 1950 y 2024, el S&P 500 terminó octubre con ganancias aproximadamente 59% de las veces, con un rendimiento promedio cercano a 0,85%. El problema es la magnitud de los episodios extremos.

Octubre incluye tres de los peores meses de la historia del S&P 500: octubre de 1987 (-21,8%), octubre de 1929 (-19,9%) y octubre de 2008 (-16,9%). Es decir, octubre no necesariamente cae más que otros meses; simplemente tiene una extraordinaria capacidad para aparecer en los libros de historia cuando las cosas salen mal.

Por eso, utilizar el calendario como una señal automática de venta sería un error. Pero utilizarlo como un recordatorio para revisar riesgos puede ser una decisión racional porque ahora llegar llegamos al  al otoño con sus propias vulnerabilidades y es cuando la comparación histórica adquiere relevancia.

Wall Street termina agosto con ganancias: el Dow avanzaba alrededor de 2,1% en el mes, el S&P 500 3% y el Nasdaq 4,1%, según los datos más recientes. Pero detrás de esa fortaleza existe un mercado particularmente sensible a las expectativas sobre inteligencia artificial, tasas de interés y crecimiento; al mismo tiempo, el escenario macroeconómico acaba de complicarse.

Por otra parte, pero no menos relevante, las tensiones militares entre Estados Unidos e Irán elevaron el precio del petróleo por encima de los 90 dólares por barril en algunos momentos, mientras los rendimientos de los bonos globales aumentaron y el mercado comenzó a descontar una mayor probabilidad de un incremento de tasas por parte de la Reserva Federal en septiembre.

La reunión del FOMC está programada para los días 15 y 16 de septiembre, por lo que el mercado entrará al mes con uno de sus principales catalizadores exactamente dentro del periodo históricamente más débil para las acciones, la combinación resulta especialmente relevante para las gestoras de activos.

Un mercado concentrado en unas cuantas compañías tecnológicas puede parecer sólido mientras los inversionistas continúen pagando múltiplos elevados por crecimiento futuro. Pero si cambian simultáneamente las expectativas sobre tasas, inflación, crecimiento o rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial, la misma concentración que impulsa al mercado durante las fases alcistas puede amplificar las pérdidas durante una fase de corrección.

A eso se suma el crecimiento de estrategias apalancadas y productos derivados. En 2026, por ejemplo, el número de ETF de una sola acción con posiciones apalancadas o inversas se ha multiplicado de manera extraordinaria, aumentando la velocidad con la que determinados movimientos pueden transmitirse entre acciones y productos derivados.

La verdadera lección para fondos y wealth management

Para los gestores de fondos, family offices y administradores de patrimonio, la lección de septiembre y octubre no es salir del mercado, es preguntarse qué ocurriría con una cartera si el escenario cambia rápidamente.

Las lecciones de la historia sirven precisamente para eso: 1929 enseñó el peligro del apalancamiento y de las burbujas especulativas; 1987 mostró que los mecanismos automáticos de negociación pueden amplificar movimientos extremos y que la liquidez de un mercado puede desaparecer mucho más rápido de lo previsto; 1997 confirmó que los shocks financieros se transmiten globalmente; 2001 mostró cómo un shock geopolítico puede golpear a un mercado que ya viene debilitado, y 2008 dejó quizá la lección más importante para los inversionistas institucionales: el verdadero riesgo no está solamente en que caigan las acciones, sino en que desaparezca simultáneamente la liquidez de varios mercados.

Por eso, cuando septiembre de 2026 ha iniciado, la historia no está diciendo que Wall Street necesariamente vaya a caer, pero sí dice algo más útil para un inversionista profesional: cuando las valoraciones son elevadas, las posiciones están concentradas y el costo del dinero vuelve a ser una variable de mercado, conviene entrar al otoño preguntándose no cuánto más puede subir una cartera, sino cuánto puede perder si la historia decide repetirse.

Porque septiembre no provoca los crashes, pero la historia demuestra que cuando un mercado llega vulnerable al otoño, septiembre y octubre han sido capaces de convertir una grieta en una fractura.

A&G crea el holding Values Corp junto a socios en Chile

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Foto cedidaEn la imagen, de izquierda a derecha: Gonzalo Rodríguez-Fraile, Renato Peñafiel, Ana Peñafiel, Alberto Rodríguez-Fraile y Fernando Salinas.

A&G continúa su expansión en Latinoamérica con la creación de Values Corp, un nuevo negocio en Chile, junto a exejecutivos de Grupo Security. Se prevé que la nueva firma comience a prestar servicios de gestión de patrimonio a empresas y familias en el primer semestre de 2027 a través de Values Corp A&G Wealth Solutions. Esta nueva alianza llega después de que Renato Peñafiel, junto a otros exsocios y ejecutivos de Grupo Security, se incorporaran al accionariado de A&G en mayo de este año. 

Peñafiel cofundó y presidió Grupo Security desde 2022 hasta su venta a Banco BICE en 2024, en una operación valorada en 3.130 millones de dóalres. Este movimiento se enmarca dentro del crecimiento reciente de A&G que, a principios de 2026, dio entrada a algunos de los family offices más relevantes de España y Latinoamérica.

Alberto Rodríguez-Fraile, presidente y fundador de A&G, señaló: “Contamos con los mejores socios locales, con gran experiencia en la región, que comparten nuestros valores, entienden esta industria como lo hacemos nosotros. Esta nueva alianza contribuirá a la internacionalización de A&G y sumará nuevas oportunidades de inversión para nuestros clientes en España”. Asimismo, añadió que en la firma “creemos en Chile y en las oportunidades de inversión que ofrece. Values Corp nace con la convicción de que existe espacio en nuestro país para desarrollar una propuesta financiera independiente, flexible y cercana, que combine un profundo conocimiento del mercado local con la experiencia y visión internacional de A&G”.

De J.P. Morgan a BlackRock: un libro de Harvard reabre el debate antitrust sobre las gestoras

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Portada libro Antitrust and the Age of Asset Management
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Harvard University Press, la editorial universitaria de Harvard, publicará el 17 de noviembre de 2026 «Antitrust and the Age of Asset Management», del académico Andrew P. McLean. El libro llega en un momento en que la consolidación empresarial vuelve a estar en el centro de la agenda económica de Estados Unidos, con casos como la fusión entre Paramount y Warner Bros. Discovery o la demanda antitrust en curso contra Live Nation.

Según distintos estudios citados en el libro, desde fines de los años 90 la concentración aumentó en más de las tres cuartas partes de las industrias del país y las firmas líderes de cada sector triplicaron su participación de mercado. La literatura especializada -señala el autor- suele explicar ese fenómeno por la globalización, el cambio tecnológico o una política de competencia permisiva. McLean sostiene que a esa lista le falta un factor central: el rol de los grandes gestores de activos.

De J.P. Morgan a BlackRock

El libro abre con una escena de 1885: a bordo de su yate, el banquero J.P. Morgan logra que los directivos de dos ferrocarriles rivales acuerden dejar de competir entre sí, en el episodio conocido como el «Corsair Pact». McLean recupera ese antecedente y el concepto de «capitalismo financiero» que Rudolf Hilferding acuñó para describir la fusión entre banca e industria a comienzos del siglo XX. «Hoy son las gestoras de activos las que empujan a los mercados lejos de la competencia y hacia la consolidación», plantea el autor.

El libro pone cifras a esa transformación. Los quinientos mayores gestores de activos del mundo administraban unos 80 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares en 2014, cuando el entonces economista jefe del Banco de Inglaterra, Andy Haldane, ya hablaba de una industria de gestión de activos que había alcanzado su madurez. Hoy esa cifra ronda los 140 trillones , concentrados en su mayor parte entre los veinte mayores actores del sector.

Private equity y «roll-ups»

Un primer eje del libro es el private equity. El autor recuerda que firmas como Blackstone, Carlyle y KKR administran en conjunto una porción significativa de los cerca de 3 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares que el sector gestiona en compañías privadas estadounidenses, y que las empresas de sus carteras emplean a más de dos millones de personas. McLean centra su crítica en la estrategia de «roll-up» o «buy-and-build«: la adquisición sucesiva de numerosas compañías de un mismo sector —desde clínicas veterinarias hasta casas funerarias y centros de salud— para consolidar mercados fragmentados y reducir la competencia. El libro dedica particular atención al sector salud, donde considera que esta dinámica ya derivó en precios más altos, peor calidad de atención, condiciones laborales más precarias para el personal y, en algunos casos, el cierre de hospitales y centros de salud.

La «tenencia horizontal» de los fondos indexados

El segundo eje es la indexación pasiva. Citando estudios como el del economista político Jan Fichtner (2017), el libro recuerda que BlackRock, Vanguard y State Street son, en conjunto, el principal accionista de al menos el 40% de las empresas cotizantes en EE.UU. y del 88% de las que integran el S&P 500. El ejemplo que usa McLean es el de la industria aérea: si un gestor como BlackRock tiene participación en todas las grandes aerolíneas, una de ellas puede ganar mercado bajando tarifas, pero eso no beneficia al accionista, que preferiría que los precios se mantuvieran altos en el conjunto del sector con independencia de cómo se reparta la torta entre las compañías. Esa lógica, sostiene el libro con evidencia empírica también en banca y agricultura, debilita el incentivo de cada empresa a competir agresivamente.

El autor atribuye la falta de respuesta regulatoria a que, desde fines de los años 70, la política antitrust estadounidense adoptó como único objetivo el «bienestar del consumidor», un criterio centrado en la eficiencia de precios que —sostiene— no tiene herramientas conceptuales para captar la influencia del sector financiero sobre la economía real. Frente a ese diagnóstico, propone dos reformas legislativas: la «Preventing Private Equity Consolidation Act«, que impediría a una gestora de private equity controlar más del 30% de un mercado, y la «Capping Equity Capital Act«, que limitaría al 1% del valor total del S&P 500 (unos 580.000 millones de dólares al valor actual) el capital accionario que un mismo inversor puede mantener en el mercado estadounidense.

El libro reconoce que la administración Biden marcó una excepción al intervenir puntualmente contra algunas adquisiciones de private equity, pero subraya que la tenencia horizontal de los fondos indexados no enfrentó, hasta ahora, ninguna acción regulatoria federal. Sus conclusiones cierran con una reflexión sobre el escenario post-2024, tras la derrota electoral de Biden y el regreso de Donald Trump a la presidencia.

Según el historiador Richard R. John, de la Universidad de Columbia, este texto representa una hoja de ruta hacia «un futuro más innovador, equitativo y sostenible».

Invesco incorpora a Saúl Santamaría para reforzar su estrategia comercial en ETFs en Latinoamérica y US Offshore

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Foto cedidaSaul Santamaría.

Invesco, una de las principales gestoras de inversión independientes a nivel mundial, ha incorporado a Saúl Santamaría para reforzar su equipo comercial y ampliar la cobertura de su negocio de ETFs en Latinoamérica y en el mercado offshore de Estados Unidos.

Con esta incorporación, Invesco refuerza su compromiso con estos mercados y su apuesta por estar cada vez más cerca de sus clientes y socios de distribución en la región. En su nuevo cargo, Santamaría trabajará estrechamente con clientes institucionales, distribuidores y redes de intermediación, contribuyendo al desarrollo de relaciones estratégicas y a la expansión de la plataforma de ETFs de Invesco.

Esta apuesta se produce en un contexto de creciente interés por los ETFs como herramientas eficientes, transparentes y flexibles para la construcción de carteras. En los últimos años, Invesco ha experimentado un fuerte crecimiento en este segmento y a cuenta con más de 20.000 millones de dólares en activos bajo gestión en ETFs en Latinoamérica y US Offshore, consolidándose como uno de los principales proveedores en ambos mercados.

Santamaría cuenta con 20 años de experiencia internacional en la industria de gestión de activos, con una trayectoria centrada en la distribución de fondos y el desarrollo de negocio en Latinoamérica y US Offshore. Antes de incorporarse a Invesco, fue Head of Distribution para US Offshore en Goldman Sachs Asset Management, donde lideró la estrategia comercial para este mercado. Anteriormente, ocupó posiciones de responsabilidad en Compass Group, Carmignac y Amundi, donde desempeñó distintos cargos de dirección comercial para Latinoamérica, incluyendo la apertura de la oficina de Amundi en México y la gestión del negocio de distribución regional. Inició su carrera profesional en Société Générale Asset Management (SGAM) en París.

Es licenciado en Finanzas y Relaciones Internacionales por la Universidad Externado de Colombia y posee un Máster en Ciencias de la Gestión por NEOMA Business School en Francia. Habla español, inglés, francés y portugués.

Santamaría reportará a Laure Peyranne, responsable de ETFs para Iberia, Latinoamérica y el mercado offshore de Estados Unidos. Peyranne señaló que la incorporación de Santamaría «refuerza nuestro compromiso con estos mercados y nos permitirá seguir estando cada vez más cerca de nuestros clientes. Su amplia experiencia internacional en distribución, su profundo conocimiento de Latinoamérica y US Offshore y su trayectoria serán fundamentales para continuar desarrollando nuestro negocio de ETFs. Queremos seguir entendiendo de cerca las necesidades de nuestros clientes y ofrecerles el mejor servicio, así como soluciones de inversión innovadoras, eficientes y orientadas a la construcción de carteras».

Por su parte, Íñigo Escudero, Country Head de Invesco para Southern Europe, Latinoamérica y US Offshore, subraya que “el apoyo de Saúl, el liderazgo de Laure y las capacidades e infraestructura que tenemos en Europa y Estados Unidos nos permitirán seguir ampliando nuestra presencia en unos mercados con un enorme potencial de desarrollo. Nuestra capacidad para combinar gestión activa, ETFs y soluciones de inversión especializadas nos sitúa en una posición privilegiada para responder a las necesidades de nuestros clientes”.

Con la incorporación de Saul Santamaría, la oficina de Invesco en Madrid contará con 22 personas. La región Southern Europe, Latinoamérica y US Offshore cuenta en total con más de 100.000 millones de dólares a 31 de julio de activos bajo gestión.

M&G registra su mejor resultado desde 2019

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CC-BY-SA-2.0, FlickrAndrea Rossi, consejero delegado de M&G plc, matriz de M&G Investments

En un mercado caracterizado por la complejidad macroeconómica, M&G plc ha demostrado la solidez y resiliencia de su modelo de negocio al registrar su mejor resultado semestral en siete años, consolidando una profunda y exitosa transformación hacia un perfil operativo de bajo consumo de capital. A este respecto, Andrea Rossi, Consejero Delegado del Grupo, ha señalado: «El negocio está registrando un sólido desempeño, con un beneficio operativo ajustado de 435 millones de libras [504,6 millones de euros], un 15 % más en tasa interanual, lo que representa nuestro mejor resultado en un primer semestre desde nuestra salida a bolsa en 2019. Continuamos ejecutando nuestra estrategia, orientando con éxito al Grupo hacia ganancias de alta calidad y bajo consumo de capital (capital-light), que ahora representan el 80 % del beneficio operativo ajustado total».

Este robusto desempeño se sustenta en unos hitos operativos durante el primer semestre de 2026 que evidencian el acierto de la estrategia corporativa. A pesar de la volatilidad del entorno, la firma ha captado entradas netas en su negocio abierto por valor de 2.400 millones de libras [2.784 millones de euros], un logro respaldado principalmente por M&G Investments, la división de Asset Management, que atrajo suscripciones netas de clientes externos por valor de 2.200 millones de libras [2.552 millones de euros]. Desde la firma reportan que los números han sido positivos tanto desde el canal minorista como en el institucional, apoyado en su expansión en el Reino Unido e internacionalmente.

Al mismo tiempo, M&G ha reforzado la diversificación de esta división al elevar los activos bajo gestión y administración de clientes externos hasta los 189.000 millones de libras [219.240 millones de euros] —lo que equivale al 53 % de los activos bajo gestión totales del segmento—, de los cuales 110.000 millones de libras [127.600 millones de euros] provienen de inversores internacionales. Este dinamismo comercial se tradujo además en una aportación de 13 millones de libras [15,08 millones de euros] en nuevos ingresos netos anualizados dentro de Asset Management, donde el interés de los inversores por las soluciones de alto valor —especialmente en mercados privados, que registraron entradas netas de 1.300 millones de libras [1.508 millones de euros] y alcanzaron un patrimonio de 83.000 millones de libras [96.320 millones de euros]— sigue actuando como un pilar estratégico de crecimiento.

Para contextualizar estos sólidos flujos de capital, Rossi añadió que «las entradas netas de 2.400 millones de libras [2.784 millones de euros] en el negocio abierto reflejan la amplitud y fortaleza de nuestra oferta. Asset Management aportó 2.200 millones de libras [2.552 millones de euros] de entradas netas de clientes externos, de los cuales 700 millones de libras [812 millones de euros] se canalizaron a través de nuestra alianza estratégica con Dai-ichi Life Group«. Este éxito comercial no solo consolida las cifras actuales, sino que acelera el cambio estructural de la firma. En esta línea, el directivo profundiza en la evolución del grupo al afirmar: «M&G continúa creciendo y transformándose, convirtiéndose en un negocio más diversificado, eficiente y con menor intensidad de capital. Con una estrategia clara, una ejecución disciplinada y los recursos adecuados, confío en nuestras perspectivas para la segunda mitad de 2026 y en nuestra capacidad para ofrecer valor sostenible a largo plazo a nuestros clientes, socios y accionistas».

Manteniendo el plan establecido

De cara al futuro, desde la firma han afirmado que consideran estar en una posición privilegiada para prolongar este impulso financiero, apoyándose en sus ventajas competitivas en mercados con crecimiento estructural. La hoja de ruta de la compañía se enfoca firmemente en preservar su solidez financiera, simplificar la organización e impulsar un crecimiento rentable. En términos de rentabilidad, la entidad reitera su compromiso de lograr un crecimiento anual medio del beneficio operativo ajustado antes de impuestos (AOP) de al menos el 5 % para el trienio 2025-2027.

Gracias a la buena marcha del negocio en lo que va de año, la dirección prevé cerrar el ejercicio 2026 con un incremento de doble dígito bajo en el AOP sobre una base anual completa.

Paralelamente, el grupo avanza hacia su objetivo de eficiencia operativo tras registrar una ratio de costes sobre ingresos de 73 % en el primer semestre, con la expectativa de seguir mejorándola en la segunda mitad del año para acercarse a su objetivo del 70%. Asimismo, la entidad confirma que marcha a un ritmo óptimo para cumplir su meta de generación operativa de capital acumulada de 2.700 millones de libras [3.132 millones de euros] para el periodo 2025-2027.