Foto cedidaMickaël Bonomo, nuevo CEO de La Française Finance Services
La Française Finance Services (LFFS) ha nombrado a Mickaël Bonomo consejero delegado (CEO), con efecto desde el 1 de julio de 2026. Según explica la firma, Bonomo también pasa a formar parte del Comité Ejecutivo de La Française. En su nuevo cargo, supervisará todas las actividades de distribución del grupo La Française, que cuenta con ocho sociedades gestoras de activos. Entre sus responsabilidades estarán acelerar las captaciones de los segmentos de clientes objetivo, reforzar las alianzas existentes y apoyar el desarrollo de la oferta del grupo en sus mercados clave, Europa y Asia.
“El nombramiento de Mickaël Bonomo marca un nuevo capítulo en nuestro desarrollo. Su profundo conocimiento de nuestras capacidades de inversión, combinado con su capacidad para motivar a los equipos y transformar la ambición comercial en resultados, será fundamental para nuestro éxito”, señala Guillaume Cadiu, CEO del Grupo La Française.
Por su parte, Mickaël Bonomo, recién nombrado CEO de La Française Finance Services, ha añadido: “Nuestra plataforma de distribución está bien posicionada para crecer en estos mercados. Contamos con una gama de productos reconocida, equipos sobre el terreno y una sólida demanda de nuestra experiencia. Mi función consiste en establecer objetivos cuantificados claros, liderar los equipos e impulsar la ejecución de nuestro plan estratégico, en estrecha colaboración con nuestras sociedades gestoras, para que cada mercado clave pueda desarrollar plenamente su potencial de crecimiento”.
Mickaël Bonomo, con más de 25 años de experiencia en los sectores financiero y asegurador, inició su carrera profesional en 2001 en el ámbito de los seguros colectivos y los sistemas de previsión social complementaria. En 2008 se incorporó a Barclays Wealth Managers France como responsable de Ventas de Planes de Ahorro para Empleados. Dos años más tarde pasó a formar parte de Crédit Mutuel Alliance Fédérale, donde se encargó de puestos de responsabilidad en el área de distribución como la supervisión de licitaciones y de las relaciones con distribuidores para Crédit Mutuel AM. Desde 2024 uno de los dos altos directivos de Crédit Mutuel AM, con responsabilidad sobre las funciones de apoyo a las inversiones.
En cuanto a formación académica, Mickaël posee un máster en Administración y Dirección de Empresas por IAE Paris Sorbonne Business School, y un máster en Matemáticas Aplicadas y Ciencias Sociales (MASS). Además, es actuario titulado, miembro del Institut des Actuaires, y se graduó en 2018 en el Centre d’Études Actuarielles.
El ecosistema fintech tiende a dejar de ser un sector para convertirse en parte de la infraestructura de los servicios financieros. De hecho, ya ha dejado atrás la fase en la que cualquier novedad tecnológica podía presentarse como una disrupción. Según la visión de la Asociación Española de Fintech e InsurTech (AEFI), ahora los mercados son más exigentes y la regulación ocupa un espacio cada vez mayor, por lo que las compañías tienen que demostrar que sus modelos funcionan más allá de una buena idea o de una primera fase de crecimiento. En consecuencia, a las compañías se les dibuja un claro camino: integrarse, escalar y desaparecer.
“La cuestión ya no es únicamente qué nuevas tecnologías aparecerán, sino qué compañías serán capaces de incorporarlas de forma útil, segura y rentable. La inteligencia artificial, los datos, los pagos, los activos digitales, la identidad o las soluciones RegTech están configurando una nueva etapa en la que las fronteras entre las empresas financieras y tecnológicas son cada vez menos nítidas”, apuntan desde AEFI. Según indican en su último informe, que analiza cuáles serán las tendencias que marcarán la evolución del ecosistema, el fintech del futuro será, en muchos casos, menos visible como categoría empresarial y más presente como capacidad tecnológica. “Su éxito puede medirse precisamente por cuánto consigue desaparecer de la vista del usuario mientras se integra en más decisiones, transacciones y experiencias de la economía digital”, indican.
Su principal conclusión es que, ante las actuales tendencias del sector, la nueva ventaja competitiva será integrar, escalar y desaparecer. “Una buena tecnología puede abrir una oportunidad de negocio, pero no garantiza por sí sola que una compañía pueda crecer. Las fintech necesitan modelos sostenibles, capacidad para cumplir con la regulación, recursos para invertir en seguridad y estructuras que les permitan escalar”, sostiene el informe.
Desde AEFI consideran que, por eso, la próxima etapa del ecosistema no estará definida por una única tecnología. “La verdadera transformación surgirá de la combinación de inteligencia artificial, datos, pagos integrados, identidad digital, activos tokenizados y automatización regulatoria. Tecnologías que hoy analizamos por separado tenderán a funcionar como partes de una misma infraestructura financiera”, afirman.
Del sector a la infraestructura
El informe reconoce que la primera ola fintech se construyó alrededor de empresas que buscaban transformar servicios financieros concretos: pagos, financiación, inversión o contratación de seguros. El objetivo era ofrecer una alternativa más ágil, accesible y digital a los modelos tradicionales. En cambio, el informe sostiene que la próxima etapa será diferente: “El fintech está dejando de ser únicamente un sector formado por compañías especializadas para convertirse en una capa de infraestructura integrada en buena parte de la economía digital. Pagos instantáneos, inteligencia artificial, datos financieros, identidad digital, tokenización o herramientas de cumplimiento pueden incorporarse directamente a productos y servicios que, en muchos casos, el usuario ni siquiera percibirá como financieros”.
Según AEFI, se trata de un cambio que trasciende el ámbito tecnológico. Y sostienen que el valor puede desplazarse desde la creación de un producto financiero concreto hacia el control de los datos, la distribución, las infraestructuras y las capacidades de inteligencia que permiten prestarlo. Además, señalan que en este nuevo escenario, el éxito del fintech no se medirá únicamente por el número de nuevas entidades o soluciones que genere, sino por su capacidad para convertirse en una pieza esencial, interoperable y cada vez más invisible de la economía.
En esta nueva etapa de “infraestructura integrada”, es previsibles que se produzcan operaciones corporativas. «Es algo que ya hemos venido viendo y que puede ganar intensidad en esta nueva etapa del ecosistema. Las entidades de inversión y las gestoras conocen muy bien al cliente, los productos y las necesidades del mercado, pero al mismo tiempo están afrontando unos costes regulatorios y de cumplimiento cada vez mayores, especialmente en el caso de las entidades de menor tamaño. En ese proceso de optimización, la infraestructura integrada puede jugar un papel muy relevante. El acceso a capacidades tecnológicas, operativas o regulatorias de forma más modular permite ganar escala y eficiencia, sin que cada entidad tenga que desarrollar internamente toda la infraestructura necesaria», explica Leyre Celdrán, directora general de la AEFI.
En opinión de Celdrán, los motivos citados harían natural que se «produjera un proceso donde se multipliquen operaciones de M&A protagonizadas por entidades financieras o de inversión que busquen incorporar capacidades tecnológicas, talento o soluciones especializadas. No se tratará necesariamente de comprar una fintech por su volumen, sino de incorporar aquellas capacidades que permitan mejorar la eficiencia, reducir costes y ofrecer un mejor servicio al cliente».
También reconoce que el principal freno en esta evolución ha sido siempre la financiación: «La financiación ha sido siempre uno de los principales retos de las compañías fintech y continúa siéndolo, especialmente para aquellas empresas que necesitan invertir de manera significativa antes de alcanzar una escala suficiente. A esto se suma ahora un segundo reto: la creciente especialización que requiere el sector. La evolución del sistema financiero exige conocimientos y capacidades cada vez más específicos en ámbitos como tecnología, datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, pagos o regulación. Para una fintech, disponer internamente de todas estas capacidades puede resultar muy costoso y difícil de escalar».
Precisamente aquí es donde Celdrán considera que se encuentra uno de los principales catalizadores del cambio: la integración de infraestructuras y la colaboración entre distintos actores del ecosistema. «Si una compañía puede acceder de forma sencilla a determinadas capacidades tecnológicas, regulatorias u operativas, puede concentrar sus recursos en aquello que realmente la diferencia y aporta valor en el servicio y productos que ofrece a sus clientes», matiza.
IA, integrada en todos los procesos
El informe reconoce que la inteligencia artificial (IA) lleva tiempo incorporándose a todos los servicios financieros, especialmente en ámbitos como la prevención del fraude, el análisis de riesgos o la automatización. Y matiza que lo que ahora está cambiando es la profundidad con la que puede incorporarse al negocio. “La IA convierte la tecnología financiera en una capacidad invisible integrada en la toma de decisiones, por lo que el salto relevante no estará tanto en utilizar inteligencia artificial como en integrarla de forma transversal en procesos que hasta ahora dependían en mayor medida de tareas manuales”, asegura.
En este sentido, reconoce que la siguiente frontera puede ser todavía más relevante: los agentes de IA podrían pasar de asistir al cliente a actuar en su nombre. En este sentido, un agente analizará sus necesidades, comparará productos, seleccionará alternativas y, dentro de los límites establecidos, podrá ejecutar determinadas operaciones. La competencia podría desplazarse así desde quién posee el producto financiero hacia quién controla la interfaz inteligente que ayuda al cliente a decidir qué producto utiliza. Según Celdrán, tecnológicamente ya estamos muy cerca de que un agente pueda recibir una instrucción del cliente, interpretar su situación financiera, comparar alternativas y ejecutar determinadas actuaciones en su nombre. «La diferencia fundamental está entre que un agente nos asesore y que un agente actúe por nosotros. Podemos imaginar perfectamente un escenario en el que le digamos: organiza mis pagos de este mes, mueve el exceso de liquidez a una cuenta remunerada y avísame si puedes reducir mis costes financieros. Técnicamente es viable, pero el verdadero reto empieza cuando esa IA tiene capacidad para comprometer jurídicamente al cliente o mover su dinero. Ahí tendremos que resolver varias cuestiones», reconoce.
Entre esas cuestiones que cita la directora general de la AEFI señala, como primera, la identidad y el mandato. «Tenemos que saber inequívocamente quién autoriza a ese agente, para qué le autoriza, durante cuánto tiempo y con qué límites. No puede existir una delegación ilimitada y opaca. La segunda es la responsabilidad. Si un agente interpreta incorrectamente una instrucción, contrata un producto equivocado o realiza una operación no deseada, tendremos que tener perfectamente definido quién responde: la entidad financiera, el proveedor tecnológico, el desarrollador del modelo o varios de ellos dentro de una cadena de responsabilidad. Y, en tercer lugar, es la trazabilidad. En servicios financieros necesitamos poder reconstruir por qué se tomó una decisión y qué instrucciones recibió el sistema. Esto es particularmente importante cuando la IA participa en decisiones que afectan significativamente a una persona. El propio AI Act considera determinados usos financieros, como la evaluación de solvencia de personas físicas, dentro de los casos de IA de alto riesgo, sujetos a mayores exigencias», explica.
Celdrán reconoce que un tema a parte es todo lo que tiene que ver con ciberseguridad, la prevención del fraude, la protección de datos y la resiliencia operativa. «DORA, además, deja claro un principio que me parece especialmente relevante para este debate: aunque una entidad utilice proveedores tecnológicos externos, la entidad financiera sigue siendo responsable del cumplimiento de sus obligaciones. Por tanto, no creo que la regulación deba impedir la llegada de los agentes financieros. Al contrario: deberíamos construir un marco que permita utilizarlos de forma segura. El reto será encontrar el equilibrio entre autonomía tecnológica y control humano, estableciendo diferentes niveles de autorización según el riesgo de la operación», añade.
Las finanzas, donde esté el cliente
Como tercera tendencia señala el embedded finance, o finanzas integradas, que consiste en incorporar servicios financieros —como pagos, financiación, seguros o inversión— directamente en plataformas, aplicaciones y experiencias digitales que originalmente no eran financieras. Según su análisis, supondrá un cambio relevante, porque hace desaparecer la frontera entre producto financiero y producto no financiero.
“El cliente ya no tiene que acudir necesariamente a una entidad o aplicación financiera para contratar un servicio: el servicio puede aparecer donde surge la necesidad. Una plataforma de comercio electrónico puede ofrecer financiación en el momento de la compra; una aplicación puede integrar pagos; una empresa puede incorporar seguros a la contratación de un producto”, afirman. Esto supone que el embedded finance se convertirá en una de las capacidades financieras en una pieza más de la experiencia de usuario y refuerza una de las principales tendencias del nuevo ecosistema, siendo menos visibles para el cliente, pero más presentes en su vida digital.
Los activos digitales buscan su lugar
El informe reflexiona sobre cómo el debate sobre los activos digitales, que estuvo años dominado por los criptoactivos y ahora se amplía hacia cuestiones como la tokenización de instrumentos financieros y el uso de nuevas infraestructuras para su emisión, negociación y liquidación. El marco europeo que establece el Reglamento MiCA ha contribuido a establecer unas reglas comunes para buena parte del mercado de criptoactivos. Al mismo tiempo, la tokenización plantea posibilidades que van más allá de la creación de nuevos productos: puede transformar las propias infraestructuras sobre las que se emiten, negocian y liquidan determinados activos financieros. “Su desarrollo dependerá, en buena medida, de que estas soluciones puedan convivir con las infraestructuras existentes. Interoperabilidad, seguridad jurídica e integración serán determinantes para que la tokenización pase de los proyectos piloto a aplicaciones con mayor escala”, argumentan.
Por otro lado, el open banking abrió el acceso a información bancaria y permitió desarrollar nuevos servicios alrededor de ella, mientras que el open finance plantea ampliar esa lógica a otros productos y datos financieros, siempre con autorización del cliente. Pero tener acceso al dato no será suficiente. La ventaja competitiva estará cada vez más en la capacidad para interpretarlo y convertirlo en servicios que aporten valor. Por eso, la evolución del open finance estará estrechamente ligada al desarrollo de la inteligencia artificial, pero también a cuestiones como la privacidad, la seguridad y el control de la información por parte del usuario.
Además, los pagos siguen siendo uno de los ámbitos donde más rápidamente se perciben los cambios. Las transferencias instantáneas, los pagos entre cuentas, las wallets y la evolución de las infraestructuras de pago están configurando un mercado que ofrece cada vez más alternativas a una gran velocidad. “La consecuencia puede ser que el propio acto de pagar pierda protagonismo”, matizan.
Seguridad y regulación ganan peso
Un aspecto relevante que identifica el informe es que, a medida que los servicios financieros se digitalizan, también aumenta la importancia de saber quién está al otro lado de una operación, cómo se protege la información y qué ocurre cuando algo falla. “Identidad digital, prevención del fraude, ciberseguridad y cumplimiento normativo forman ya parte del desarrollo de cualquier servicio financiero. Al mismo tiempo, el reglamento DORA ha elevado las exigencias en materia de resiliencia operativa digital y gestión del riesgo tecnológico”, señalan.
Este contexto, considera, abre un campo relevante para la industria regtech. “La automatización de procesos de verificación, supervisión y cumplimiento puede ayudar a las compañías a gestionar una carga regulatoria cada vez mayor, especialmente en un entorno en el que las amenazas digitales también evolucionan rápidamente”, apunta el informe.
Planificación, diversificación, capacidad de selección y amplio conocimiento son los cuatro pilares sobre los que debe pivotar la labor de un buen selector de fondos. Son las conclusiones dl panel “Portfolio Builders: Construyendo carteras para una nueva era”, celebrado en el marco del II Funds Society Leaders Summit. El panel estuvo moderado por Natalia Miralles, Portfolio Advisor de Wellington Management, y en él participaron Raquel Blázquez, CESGA, Directora de Inversiones de Banca Privada de Ibercaja; Marta Campello, Socio del Equipo de Gestión de Abante Asesores; Jaime Martínez, CFA, Global Head Asset Allocation de BBVA Asset Management; y Sila Piñeiro, CFA, Director de Deutsche Wealth Management.
La visión de Abante Asesores
Para Marta Campello, la principal preocupación que trasladan actualmente los clientes es la incertidumbre, no solo vinculada a los retornos de las inversiones o al panorama financiero, sino también a factores como la geopolítica y la inflación, algo que definió como un «nudo en el estómago» con el que los inversores deberán lidiar de forma casi permanente. En su opinión, los selectores no deben perder de vista el ABC de la construcción de carteras, pero deben ser capaces de evolucionar: “Los principios son clásicos, las soluciones son las que van cambiando y nos tenemos que adaptar”. La mayor variedad de activos disponibles hace que tomar decisiones de inversión sea más complejo y exija comprender qué función cumple cada activo, qué riesgos incorpora y cómo se combina con el resto de la cartera.
Campello también subrayó que la planificación ha pasado de ser importante a resultar irrenunciable. Las necesidades cambian a medida que evoluciona el patrimonio, desde comenzar a ahorrar hasta preservar la capacidad adquisitiva. En este contexto, considera especialmente relevante el acompañamiento al inversor, junto con la formación y el conocimiento, también ante la aparición de nuevas herramientas de inteligencia artificial y un entorno en el que las noticias se reciben de forma inmediata y las emociones pueden condicionar el la toma de decisiones de los inversores.
La visión de BBVA Asset Management
Jaime Martínez explicó que la preocupación de los inversores varía en función de su perfil. Mientras que los institucionales están poniendo el foco en la diversificación y en el riesgo de que la renta fija no vuelva a actuar como colchón ante una caída de los mercados, entre los clientes de wealth y retail identifica el FOMO, el temor a quedarse fuera de las fuertes subidas registradas por determinados sectores, como los valores ligados a la IA.
Martínez también habló brevemente de la implementación de IA que están realizando en su entidad. Explicó que BBVA Asset Management está avanzando por distintas fases, comenzando por la eficiencia de procesos y avanzando hacia su utilización en la toma de decisiones mediante la generación de ideas de inversión. El experto puso énfasis en esto último, insistiendo en la necesidad de distinguir entre identificar una idea de inversión, analizarla y tomar la decisión, para después pasar a la ejecución y al seguimiento. La decisión final, según explicó, debe seguir siendo humana, aunque la inteligencia artificial puede tener un peso importante en las fases previas, especialmente en el análisis.
Respecto a los mercados privados, considera que su democratización supone “un cambio estructural”, aunque advierte de la necesidad de una «implementación prudente». La gestión de las expectativas sobre liquidez y la integración de activos ilíquidos en carteras tradicionalmente líquidas son, a su juicio, dos de los principales desafíos.
La visión de Deutsche Wealth Management
Sila Piñeiro puso el foco en una preocupación de más largo plazo: preservar el patrimonio y mantener el nivel de vida en un entorno inflacionario, sin alterar el nivel de riesgo que cada inversor está dispuesto a asumir. En este sentido, señaló que el reto para el cliente no consiste únicamente en obtener rentabilidad, sino en proteger su patrimonio frente a la pérdida de poder adquisitivo.
Su reflexión sitúa la construcción de carteras en un contexto en el que las necesidades de preservación patrimonial deben convivir con las condiciones de inflación y con el perfil de riesgo de cada inversor. La prioridad pasa así por encontrar soluciones que permitan mantener el nivel de vida sin asumir un riesgo superior al que el cliente está dispuesto a soportar.
La visión de Ibercaja
Raquel Blázquez defendió el papel que la gestión activa sigue desempeñando en las carteras, aunque considera necesario determinar en qué mercados merece la pena pagar el coste adicional frente a una solución pasiva. En mercados muy eficientes, líquidos y ampliamente seguidos, como el S&P 500, considera difícil justificar ese sobrecoste, mientras que en segmentos como las small caps o la renta fija, donde pueden existir mayores ineficiencias, identifica más oportunidades para la gestión activa. En cualquier caso, destacó la importancia de seleccionar equipos gestores con procesos sólidos, consistentes y disciplinados.
Respecto a los alternativos líquidos, Blázquez destacó su contribución a la diversificación y descorrelación, así como su mayor facilidad de acceso para el inversor minorista frente a determinadas inversiones en mercados privados. La gestión pasiva, añadió, supone una amenaza para la gestión activa, pero también un revulsivo para diferenciar el verdadero valor añadido. Además, advirtió sobre los riesgos asociados a la concentración de determinados índices y defendió la necesidad de hacer más pedagogía entre los inversores.
Foto cedidaRui Li, gestora de renta fija (izquierda) y Johann Plé, gestor senior de renta fija de BNP Paribas Asset Management.
El panorama de la renta fija europea ha experimentado importantes cambios en los últimos años y se ha convertido en un segmento del mercado de renta fija global que resulta difícil de pasar por alto.
Aunque la volatilidad que han registrado recientemente los mercados ha impulsado al alza los rendimientos -la rentabilidad de los títulos de deuda alemana a diez años está en los niveles más altos de los últimos años-, pensamos que el contexto actual ofrece una oportunidad especialmente interesante.
No obstante, las valoraciones actuales no son fruto de la casualidad. El aumento de los riesgos geopolíticos y el consiguiente encarecimiento de la energía han afectado a la inflación y a las políticas monetarias de los bancos centrales.
En última instancia, el deterioro de las cuentas públicas ha derivado en un aumento de la deuda pública y de los déficits. Si bien estos factores podrían seguir generando volatilidad, pensamos que los inversores no deberían pasar por el alto el atractivo rendimiento que ofrece actualmente la renta fija denominada en euros, especialmente en el marco de un enfoque activo, flexible y diversificado.
Unos rendimientos más elevados implican una mayor rentabilidad potencial
Imaginemos una carrera de 100 metros en la que los corredores parten desde distintas distancias de la línea de meta. En igualdad de condiciones, quienes empiezan más cerca de la meta tendrán muchas más probabilidades de ganar.
Lo mismo ocurre en los mercados de renta fija. Aunque las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras, los datos históricos nos muestran que unos tipos más altos al inicio del periodo de inversión tienden a asociarse con una rentabilidad más elevada.
Como podemos comprobar en los gráficos siguientes, el nivel de rendimiento inicial ha influido de forma significativa en la rentabilidad anualizada a tres años que ha registrado el universo de renta fija en euros en los últimos 25 años.
De hecho, cuando el rendimiento medio de la renta fija en euros ha superado el 3%, como ocurre en la actualidad, la rentabilidad anualizada a tres años se ha situado por encima del 3% en nueve de cada diez ocasiones y por encima del 4% en siete de cada diez.
Pero no es ninguna sorpresa: la rentabilidad del mercado de renta fija durante un periodo concreto viene determinada por el rendimiento inicial, que también podemos llamar carry, y por la trayectoria de dicho rendimiento a lo largo del periodo en cuestión. Por tanto, cuanto mayor sea el rendimiento inicial, mayor será el potencial de rentabilidad, siempre que una subida posterior de los rendimientos no termine por anular esa ventaja.
De hecho, un aumento significativo de los rendimientos podría llegar a absorber por completo el carry de la asignación a renta fija de un inversor. Con todo, resulta llamativo que, en los últimos 30 años, solo se hayan registrado tres periodos de tres años con rentabilidad negativa, y en los tres casos ese periodo coincidió con la fuerte corrección del mercado de renta fija de 2022, que partía de unos niveles de rendimiento muy bajos. La explicación es sencilla: cuanto más elevado es el nivel de rendimiento inicial, mayor es el margen de protección frente a una subida de los tipos de interés.
Durante la etapa de expansión cuantitativa, el mercado de renta fija europea apenas ofrecía protección frente a una subida de tipos de interés; entre los años 2015 y 2022, el margen de protección se situó en niveles próximos a cero. Sin embargo, el reciente reajuste de las valoraciones ha devuelto dicho margen a niveles que no veíamos desde hace más de diez años.
En la actualidad, pensamos que el mercado europeo de renta fija podría absorber una subida de tipos de unos 60 puntos básicos antes de que la rentabilidad pudiera pasar a territorio negativo.
En pocas palabras, no solo es que las valoraciones actuales ofrezcan una cierta protección frente a las subidas de tipos, sino que además tienden a estar históricamente relacionadas con una rentabilidad más elevada.
El aumento de la volatilidad puede generar oportunidades de inversión
En los últimos años, el mercado ha registrado un aumento de la volatilidad, y todo parece indicar que esta se mantendrá en niveles elevados. Sin embargo, resulta interesante observar que este nuevo régimen de volatilidad ha venido impulsado en mayor medida por los tipos de interés que por la volatilidad de los diferenciales.
Es decir, los tipos pueden encontrarse en niveles más elevados, pero a costa de un aumento de la volatilidad, mientras que la reducción que han experimentado los diferenciales de crédito en los últimos años ha venido acompañada de una disminución de la volatilidad de los diferenciales.
Desde una perspectiva ajustada al riesgo, esta situación podría restar atractivo a las valoraciones actuales de los tipos de interés, y los inversores podrían mostrarse reacios a asumir un riesgo adicional de duración. Sin embargo, si lo consideramos desde la perspectiva de la gestión activa, pensamos que dicha volatilidad representa una oportunidad.
El rendimiento de la deuda pública alemana a diez años ha aumentado casi 100 puntos básicos en el último año y medio. Sin embargo, si analizamos con mayor detenimiento el siguiente gráfico, vemos que ha habido ocho fases en las que los tipos repuntaron más de 25 puntos.
Un enfoque ágil, con suficiente flexibilidad en la gestión de la duración, puede tratar de aprovechar esta volatilidad, no solo para limitar las pérdidas durante las fases de repunte de los tipos, sino también para mejorar la rentabilidad en esos periodos.
En un periodo de elevada incertidumbre, marcado por las continuas tensiones geopolíticas, la intensa agenda política, la inestabilidad fiscal y la expansión de la inteligencia artificial, puede resultar conveniente diversificar los riesgos.
El mercado de renta fija denominada en euros permite acceder a una amplia variedad de clases de activos que, combinados entre sí, pueden ayudar a los inversores a hacer frente a diferentes ciclos de mercado. De hecho, durante los últimos diez años, los segmentos que han determinado en mayor medida la rentabilidad de este universo han ido variando: del crédito a la deuda ligada a la inflación, y de la deuda soberana de los mercados emergentes a la de los países centrales o periféricos de la eurozona.
En nuestra opinión, una exposición flexible entre estos distintos segmentos puede ayudar a los inversores a aprovechar las mejores oportunidades a medida que vayan surgiendo y, con ello, mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo.
Estabilidad en un entorno de incertidumbre
El atractivo de la renta fija en euros quizás solo es comparable con el elevado grado de incertidumbre que caracteriza actualmente a los mercados. Sin embargo, los rendimientos siguen alcanzando nuevos máximos, lo que nos lleva a pensar en una posible mejora de las perspectivas de rentabilidad a largo plazo. Es posible, no obstante, que la volatilidad a corto plazo siga poniendo a prueba la confianza de los inversores.
En este contexto, la adopción de un enfoque flexible y ágil en la gestión de la duración, combinado con una adecuada diversificación de los riesgos, podría ser la forma más eficaz de aprovechar las oportunidades que ofrece actualmente la renta fija en euros.
Tribuna elaborada por Rui Li, gestora de renta fija (izquierda) y Johann Plé, gestor senior de renta fija de BNP Paribas Asset Management.
Foto cedidaLewis Aubrey-Johnson, co-Team Lead, Global Core & High Yield de Invesco.
Los mercados de renta fija están sufriendo una presión sostenida, con unos rendimientos que se acercan a los niveles anteriores a la crisis financiera global y que este año han empujado la rentabilidad a terreno negativo. El principal factor es el petróleo, que ha vuelto a situarse por encima de los 100 dólares y, de mantenerse así, probablemente empujará la inflación general hacia el 4% y aumentará el riesgo de que se extienda a los precios subyacentes. Dado que la inflación es la principal preocupación, las curvas de los bonos del Estado se han aplanado en sentido bajista, y el tramo a corto plazo se ha visto especialmente afectado.
Otros factores también están lastrando la confianza: unos datos económicos mejores de lo esperado en Estados Unidos y Europa, la aceleración de las emisiones relacionadas con la inteligencia artificial, las dudas sobre el nuevo presidente de la Reserva Federal y la inusual intervención verbal del Tesoro de Estados Unidos.
El aumento de los rendimientos también eleva los costes de financiación de los gobiernos, lo que se suma a las preocupaciones que desde hace tiempo tienen los inversores sobre la deuda pública y los indicadores de déficit, que siguen una trayectoria insostenible.
Opiniones y posicionamiento del equipo
La duración es una decisión difícil. La inflación supone ahora un auténtico reto para los bancos centrales y no está claro cuándo bajarán los precios de la energía. Es difícil vislumbrar un final próximo al conflicto del Golfo, tal y como ha indicado incluso el presidente Donald Trump, y el riesgo de una escalada es tan grande como el de una resolución. Los elevados precios de la energía, las preocupaciones fiscales y los datos de crecimiento resistentes son factores negativos para los tipos de interés.
Por otro lado, el mercado ya descuenta numerosas subidas de tipos para los próximos dos años: tres en Estados Unidos (incluso tras la reciente subida), cuatro en la zona euro y otras cuatro en el Reino Unido. Dado que el crecimiento estadounidense se sitúa en torno a su potencial y el mercado laboral se mantiene estable, seguimos considerando estas posibles subidas de tipos como una medida de gestión de riesgos y no como el inicio de un ciclo sostenido de subidas.
Además, dado que los rendimientos a más largo plazo se sitúan cerca de máximos de 20 años, mantenemos una duración ligeramente larga en nuestros fondos de crédito en euros y libras esterlinas con respecto a sus índices de referencia, en torno a medio año. En nuestras estrategias corporativas globales, en las que mantenemos la duración global cercana a los índices de referencia, estamos sobreponderados en el segmento a corto plazo e infraponderados en el de largo plazo en Estados Unidos, en consonancia con la temática de la sostenibilidad de la deuda, ya que las necesidades de financiación pública y la competencia por el capital siguen ejerciendo presión al alza sobre las primas de plazo y los rendimientos de los bonos del Estado a más largo plazo.
El equipo también mantiene posiciones largas en el sector energético, en particular en las grandes empresas integradas y en aquellas vinculadas al sector upstream, que se beneficiarán de la inversión en seguridad energética, la dinámica favorable de las materias primas y la diversificación del suministro. Mantenemos una visión positiva sobre determinados emisores de Oriente Medio, que ofrecen una compensación atractiva en los diferenciales en relación con unos sólidos fundamentos subyacentes y, a menudo, con el respaldo del gobierno.
En nuestras estrategias globales de total return, sí que tenemos cierto riesgo de duración, pero hemos trasladado parte de la exposición del dólar estadounidense al euro. Los bonos alemanes (Bunds) han tenido un rendimiento inferior al de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, pero creemos que hay más motivos de preocupación en términos fiscales en Estados Unidos que en Europa (Alemania). Además, al reaccionar de forma agresiva ante la crisis inicial de inflación, el BCE ha contribuido a afianzar su credibilidad en la lucha contra la inflación.
El aplanamiento de la curva también nos lleva a considerar los valores que se verían favorecidos por un empinamiento de la curva, que podrían beneficiarse de que los bancos centrales aplacen las subidas de tipos, en relación con las expectativas (lo que es positivo para el extremo corto), o de nuevas preocupaciones fiscales (lo que es negativo para el extremo largo).
En nuestras estrategias globales de bonos agregados, hemos reajustado las carteras, pasando de una ligera sobreponderación en duración a una postura más neutral, reduciendo nuestra sobreponderación en duración del Reino Unido y cubriendo la sobreponderación en duración de la República Checa mediante la reducción de la exposición a la duración de la zona del euro.
¿Qué podría provocar un cambio de tendencia en los mercados de renta fija? Los precios del petróleo suponen un reto para Trump, especialmente de cara a las elecciones de mitad de legislatura en Estados Unidos. Incluso una mejora temporal del clima geopolítico podría provocar un nuevo descenso de los precios del petróleo y el correspondiente repunte de los tipos de interés. El aumento de los rendimientos también incrementa la probabilidad de que los mercados de renta variable se debiliten. En un entorno general de aversión al riesgo, los bonos podrían encontrar apoyo.
Desde una perspectiva macroeconómica más amplia, es probable que suban los precios de los alimentos y el transporte (con El Niño como factor adicional en el caso de los alimentos) como reacción al aumento de los precios de la energía. Pero, por el momento, los indicios de efectos de segunda ronda más generalizados siguen siendo escasos. Los mercados laborales parecen débiles y el crecimiento salarial se está moderando en la mayoría de las economías. Dicho esto, sería ingenuo pensar que la inflación subyacente seguiría cayendo con una tasa general del 4% y ante nuevas subidas de los precios de los alimentos.
Nos mostramos cautelosos ante el riesgo de crédito. Se ha mostrado resistente y hay razones que lo explican (fundamentos económicos, escepticismo respecto a la deuda soberana, una avalancha de dinero en busca de rentabilidad), pero podría haber cierta complacencia.
El aumento de los tipos conlleva un mayor riesgo de refinanciación; quizá no sea un problema en todo el mercado, pero sí podría serlo en sectores con un alto nivel de apalancamiento, como el del software. Contamos con una elevada oferta de bonos corporativos y unos diferenciales de crédito en mínimos históricos. Algo tiene que cambiar. Llevamos algún tiempo con una posición defensiva en el crédito.
Más allá de la duración, el contexto actual no ha hecho más que reforzar nuestra tradicional cautela respecto a los mercados de crédito. Los diferenciales se han ampliado muy ligeramente en los últimos días, pero siguen estando muy por debajo de los máximos del año. En algunas de nuestras estrategias sin restricciones, hemos reforzado nuestras coberturas de crédito.
Tribuna elaborada por Lewis Aubrey-Johnson, co-Team Lead, Global Core & High Yield de Invesco.
Foto cedidaOnur Erzan, presidente y consejero delegado de AllianceBernstein
AllianceBernstein Holding L.P. y AllianceBernstein L.P. han anunciado que Onur Erzan, presidente, ha sido nombrado presidente y consejero delegado de AB, con efectos a partir del 1 de abril de 2027. Según indica la firma, sustituirá a Seth Bernstein, que se retirará el 31 de marzo de 2027, tras casi una década al frente de la firma. Bernstein continuará formando parte del Consejo de Administración de AB.
“Onur es un líder excepcional, con una amplia experiencia en gestión de activos y seguros. Desde su incorporación a AB, ha contribuido a definir la estrategia de la firma, ampliar sus capacidades y posicionar el negocio para mantener su crecimiento. Al mismo tiempo, esta transición supone una oportunidad para reconocer las extraordinarias contribuciones de Seth durante la última década. Ha liderado AB durante un periodo de crecimiento significativo y ha contribuido a reforzar la alianza entre Equitable y AB en un momento decisivo para nuestra compañía. Agradezco a Seth su liderazgo y me complace que continúe formando parte del Consejo de Administración de AB”, ha destacado Mark Pearson, consejero delegado de Equitable Holdings y miembro del Consejo de Administración de AB.
Durante su mandato como CEO, Bernstein ha supervisado un periodo de profunda transformación en AB. Bajo su liderazgo, la firma ha seguido evolucionando más allá de sus raíces tradicionales en la gestión activa de activos de mercados cotizados hasta convertirse en una gestora de inversiones global, diversificada y de referencia, con negocios a escala en mercados públicos, activos alternativos privados, gestión patrimonial privada, gestión de activos para aseguradoras y soluciones para la jubilación. Además, Bernstein ha impulsado mejoras estructurales en la rentabilidad de la firma mediante el traslado de la sede de AB a Nashville, la creación y desarrollo de AB India y la transformación de Bernstein Research en una empresa conjunta con Société Générale. Bernstein también ha promovido iniciativas para reforzar la cultura de la firma, ampliar su plataforma global de distribución y abrir nuevas vías de crecimiento rentable, con los activos bajo gestión de AB prácticamente duplicándose hasta superar los 919.000 millones de dólares a 31 de agosto de 2026.
“Ha sido el privilegio de mi vida liderar esta extraordinaria firma”, afirmó Bernstein. “Durante la última década, hemos ampliado nuestro alcance, reforzado nuestra distribución y desarrollado motores de crecimiento duraderos que nos permiten prestar un mejor servicio a nuestros clientes en todo el mundo. Me complace enormemente que Onur tome las riendas y lidere AB en esta nueva etapa, ya que ha desempeñado un papel clave en nuestra estrategia y ha liderado gran parte de su ejecución. Encarna muchos de los valores que, en mi opinión, distinguen el éxito de AB: anteponer los intereses de nuestros clientes, aplicar un proceso intelectual riguroso a las decisiones que tomamos y exigir la excelencia en todo lo que hacemos. Tengo plena confianza en el liderazgo de Onur y en las oportunidades que se presentan para esta firma”.
Onur asumió el cargo de presidente en enero de 2026 y supervisa los negocios de Gestión Patrimonial Privada, Alternativos Privados Globales y Distribución Global de Gestión de Activos de AB, además de las funciones de Estrategia y Desarrollo Corporativo de la firma. Forma parte del Comité de Dirección de Equitable Holdings desde 2021 y, tras el cierre de la fusión previamente anunciada entre Equitable Holdings y Corebridge Financial, se incorporará al equipo directivo de la compañía, encabezado por el consejero delegado Marc Costantini.
“Es un honor liderar AB en un momento tan decisivo de nuestra historia. Durante casi seis décadas, AB se ha distinguido por la excelencia en la inversión, el rigor intelectual y una cultura colaborativa incansablemente centrada en los clientes. En un contexto en el que el sector de la gestión de activos y patrimonios atraviesa una rápida transformación —con clientes que buscan relaciones más estrechas, capacidades más amplias y soluciones más integradas—, AB se encuentra en una posición única para ofrecer el conocimiento, las capacidades y la colaboración que necesitan para lograr resultados diferenciados. Espero con ilusión escribir el próximo capítulo de la historia de AB junto a nuestros talentosos y comprometidos compañeros de todo el mundo”, afirmó Erzan.
Desde su incorporación a AB en 2021, Erzan ha contribuido a definir y ejecutar la estrategia global de distribución de gestión de activos de la firma, además de desempeñar un papel clave en la expansión de AB hacia nuevas áreas de negocio, entre ellas el lanzamiento de su oferta de ETF de gestión activa, la creación de una división integrada de gestión de activos para aseguradoras y la ampliación de las soluciones de crédito privado y, de forma más amplia, de generación de ingresos para la jubilación de AB. Como responsable de Bernstein Private Wealth Management, Erzan ha reforzado significativamente las capacidades de la firma dirigidas a clientes con patrimonios ultraelevados, familias globales y family offices mediante soluciones a medida. Asimismo, ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento de las alianzas externas de Bernstein con entidades bancarias y custodios internacionales, al tiempo que ha ampliado el alcance de su negocio de gestión patrimonial y sus capacidades de atención al cliente.
Antes de incorporarse a AB, Erzan trabajó durante 20 años en McKinsey & Company, donde ocupó más recientemente el cargo de socio sénior y colideró la práctica de Wealth & Asset Management. En ese puesto, asesoró a destacadas gestoras de activos, firmas de gestión patrimonial, aseguradoras e instituciones financieras especializadas en jubilación a nivel global en operaciones de M&A, procesos de transformación e iniciativas de crecimiento y creación de valor a largo plazo. Además de sus responsabilidades profesionales, mantiene un firme compromiso con la comunidad y ha formado parte de los consejos de administración de Graham Windham y Turkish Philanthropy Funds. Es licenciado en Administración de Empresas por la Middle East Technical University de Ankara, Turquía, y cuenta con un MBA por Columbia Business School.
Hay pocas decisiones económicas capaces de alterar simultáneamente en todo el mundo el precio del dinero, el valor de las monedas, el costo del crédito, el comportamiento de las bolsas, el mercado de bonos y los flujos internacionales de capital. Una de ellas es una decisión de la Reserva Federal. La Fed volvió a demostrarlo el pasado 16 de septiembre, cuando elevó en 25 puntos base su tasa de referencia para llevarla a un rango de 3,75% a 4%, en una decisión unánime del Comité Federal de Mercado Abierto. El argumento fue conocido: la inflación continúa elevada y la economía estadounidense mantiene un ritmo de actividad suficientemente sólido como para justificar una política monetaria más restrictiva.
Sin embargo, esta vez hay algo diferente. No se trata solamente de una subida aislada, los mercados están comenzando a descontar que el movimiento puede continuar y varias son las señales; por ejemplo, la Reserva Federal de San Francisco señaló a principios de septiembre que los mercados financieros esperaban que la tasa llegara a aproximadamente 4,25% hacia mediados de 2027, lo que equivaldría a dos o tres incrementos adicionales de 25 puntos base desde los niveles actuales.
La propia Fed es algo más cautelosa: su proyección de septiembre sitúa la mediana de la tasa en 4,1% tanto al cierre de 2026 como de 2027, aunque la distribución entre los funcionarios muestra una dispersión considerable. La diferencia entre ambas visiones es importante, pero todavía lo es más la historia porque esta no es la primera vez que la Fed emprende un camino de endurecimiento monetario.
En los últimos 30 años pueden identificarse al menos cinco grandes episodios que permiten observar qué sucede cuando el banco central estadounidense decide que el dinero debe dejar de ser tan barato.
1994-1995. El susto de Greenspan.
1999-2000. La Fed enfría la fiesta tecnológica.
2004-2006. La mesura de Greenspan.
2015-2018. La normalización después del dinero casi gratis.
2022-2023. La guerra contra la inflación.
Cinco episodios, cinco circunstancias económicas distintas y cinco respuestas diferentes de los mercados. Pero con un elemento común: cuando la Fed mueve las tasas de manera sostenida, prácticamente ningún mercado importante permanece indiferente.
1994: cuando la Fed sorprendió al mundo, y México se desplomó
El primero de los grandes episodios del periodo comenzó en 1994. La economía estadounidense estaba creciendo y la Reserva Federal decidió adelantarse a posibles presiones inflacionarias. El resultado fue uno de los procesos de endurecimiento más agresivos de la era moderna hasta ese momento. La tasa de fondos federales pasó de alrededor de 3% a comienzos de 1994 a 6% en febrero de 1995. Entre las decisiones más recordadas estuvo el incremento de 75 puntos base de noviembre de 1994; el problema fue que los mercados no estaban preparados para la velocidad del ajuste. Como consecuencia los rendimientos de los bonos estadounidenses aumentaron con fuerza y se produjo una importante corrección en los mercados de renta fija. La repercusión tampoco quedó confinada a Estados Unidos ya que México se encontraba particularmente expuesto.
El aumento del coste del dinero en Estados Unidos contribuyó a endurecer las condiciones financieras para los mercados emergentes justo cuando México enfrentaba sus propias vulnerabilidades: endeudamiento, desequilibrios externos y un tipo de cambio que terminaría siendo insostenible. En diciembre de 1994 estalló la crisis del peso. La Reserva Federal de Dallas ha señalado que el endurecimiento estadounidense propinó el golpe final a una economía mexicana que ya presentaba vulnerabilidades internas. Entre noviembre de 1994 y marzo de 1995, el tipo de cambio real del peso se desplomó más de 40%, mientras las tasas de los Cetes a tres meses habían subido de alrededor de 10% en febrero de 1994 a 14% en noviembre. El episodio dejó una primera lección.
La Fed no necesita provocar directamente una crisis para convertirse en parte de ella. Basta con que cambie el precio del dinero en Estados Unidos para que países altamente endeudados, monedas vulnerables y mercados dependientes del financiamiento externo comiencen a sentir la presión.
1999-2000: balde de agua fría a la fiesta tecnológica
Cinco años después, el escenario era completamente distinto; la economía estadounidense disfrutaba de la expansión asociada a la revolución tecnológica, internet había transformado las expectativas empresariales y los mercados accionarios habían entrado en una auténtica fiebre. Entonces, la Fed volvió a subir las tasas y el tipo de los fondos federales pasó de 4,75% a mediados de 1999 a 6,5% en mayo de 2000, después de varios incrementos consecutivos. El Nasdaq alcanzó su máximo histórico de aquella etapa el 10 de marzo de 2000.
En ese momento, las mayores compañías del Nasdaq estaban dominadas por empresas tecnológicas; seis de las 20 mayores compañías ni siquiera habían registrado utilidades en el último trimestre de 1999, de acuerdo con un análisis de la Reserva Federal de San Francisco realizado posteriormente. La Fed no creó la burbuja tecnológica ni fue la única causa de su posterior estallido. Las valoraciones extremas, las expectativas sobre las nuevas tecnologías y la enorme entrada de capital desempeñaron papeles fundamentales, pero el aumento del costo del dinero cambió las condiciones financieras.
Entonces apareció nuevamente una característica recurrente de los ciclos de la Fed: cuando suben las tasas, cambia el precio que los inversionistas están dispuestos a pagar por el crecimiento futuro, las empresas tecnológicas fueron particularmente sensibles a ese cambio. El epílogo de este ajuste de tasas por parte de la Fed provovó que el Nasdaq entrara en un largo proceso de corrección, y que la economía estadounidense posteriormente cayera en recesión.
2004-2006: la mesura que no evitó la tormenta
El siguiente ciclo resulta especialmente interesante porque la Fed intentó hacer algo diferente; después de llevar la tasa de referencia hasta apenas 1% en 2003 y mantenerla allí durante un periodo prolongado, el banco central comenzó en junio de 2004 un proceso de incrementos graduales. Fueron 17 aumentos consecutivos de 25 puntos base, que llevaron la tasa desde 1% hasta 5,25% en junio de 2006.
El propio lenguaje de la Fed hablaba de una política de ajustes “mesurados”, pero la economía ya había acumulado desequilibrios importantes, especialmente en el mercado inmobiliario y el crédito hipotecario. En junio de 2006, cuando la Fed llevó la tasa a 5,25%, reconocía que el crecimiento estaba moderándose y que el mercado de la vivienda comenzaba a enfriarse. Al mismo tiempo advertía que persistían riesgos inflacionarios. Un año después comenzaron los recortes y poco después llegó la crisis financiera.
La relación entre las alzas de 2004-2006 y la crisis de 2008 debe manejarse con cuidado: el endurecimiento monetario no explica por sí solo la crisis porque el mercado hipotecario por sí mismo, el apalancamiento, la titulización, la gestión de riesgos y otros factores fueron determinantes. Pero el ciclo sí dejó una enseñanza fundamental: los efectos de una subida de tasas no necesariamente aparecen cuando la Fed aprieta el botón, pueden tardar meses o incluso años en manifestarse.
2015-2018: el fin de la era del dinero casi gratis
La siguiente experiencia fue todavía más peculiar. Después de la crisis financiera de 2008, la Fed llevó las tasas prácticamente a cero y las mantuvo allí durante años; no fue sino hasta diciembre de 2015 cuando comenzó la siguiente etapa de normalización. La primera subida fue de 25 puntos base, llevando el rango a 0,25%-0,50%. Después vinieron aumentos graduales en 2016, 2017 y 2018; en diciembre de 2018 la tasa ya se encontraba en 2,25%-2.50%, a todas luces se trataba de una política completamente distinta de la de 1994.
La Fed no estaba tratando de frenar una economía recalentada ni una burbuja tecnológica, estaba intentando regresar gradualmente a una política monetaria más normal después de casi una década de extraordinaria relajación. Pero el mercado terminó recordando nuevamente quién tenía las llaves del dinero. Hacia finales de 2018 aumentaron las preocupaciones por el crecimiento mundial, las tensiones comerciales y las condiciones financieras. La Fed terminó señalando que sería paciente respecto de nuevos ajustes, en consecuencia la tasa no llegó ni remotamente a los niveles de 2000 o 2006 y aun así, el mercado reaccionó. Porque después de años de tasas cercanas a cero, 25 puntos base podían tener una importancia muy distinta para los inversionistas.
2022-2023: la Fed vuelve a sacar la artillería
Si los cuatro ciclos anteriores habían demostrado el poder de la Fed, el episodio que comenzó en 2022 recordó algo todavía más elemental: cuando la inflación se convierte en el problema principal, la Reserva Federal puede subir las tasas con una velocidad extraordinaria. En marzo de 2022 el rango objetivo estaba en 0,25%-0,50%, pero en diciembre de ese mismo año ya había llegado a 4.25%-4.50%. Fueron siete aumentos en nueve meses, incluidos cuatro incrementos consecutivos de 75 puntos base entre junio y noviembre. La tasa continuó subiendo durante 2023 hasta alcanzar 5,25%-5.50% y la consecuencia fue un endurecimiento financiero global. El dólar se fortaleció frente a numerosas monedas emergentes, aumentaron las tasas soberanas, se encareció el financiamiento y los inversionistas comenzaron a buscar nuevamente el refugio relativo de los activos estadounidenses.
El Fondo Monetario Internacional había advertido que una aceleración del endurecimiento de la Fed podía provocar salidas de capital y depreciación cambiaria en mercados emergentes. En julio de 2022, el organismo señalaba que el fortalecimiento del dólar estaba incrementando las presiones inflacionarias en otros países y que los flujos de capital ya estaban saliendo de mercados emergentes. Otra vez, la Fed había movido una tasa estadounidense y otra vez, el efecto había cruzado las fronteras. Hoy vuelve a empezar una historia ya vista en cuando menos las tres décadas recientes, las de la era de la globalización de los capitales, esa es la particularidad de este inicio de ciclo, llegamos así a 2026.
La Fed acaba de elevar nuevamente su tasa de referencia, esta vez hasta 3,75%-4%, pero el contexto es diferente al de 2022; hace cuatro años la economía estadounidense estaba saliendo de la pandemia y la inflación había alcanzado niveles no vistos en décadas. Ahora la economía continúa creciendo, la productividad se ha fortalecido, la inversión empresarial es robusta, pero la inflación permanece por encima del objetivo de 2%. La Fed proyecta para 2026 una inflación PCE de 3,7%, antes de que descienda gradualmente hacia 2% en 2029. El mercado, además, comienza a contemplar nuevas alzas.
La Reserva Federal de San Francisco estimaba a principios de septiembre que los mercados estaban descontando una tasa cercana a 4,25% a mediados de 2027, equivalente a dos o tres movimientos adicionales de 25 puntos base. Eso no significa que necesariamente vaya a ocurrir, pero la propia Fed proyecta una mediana de 4,1% para finales de 2027 y sus funcionarios presentan una amplia dispersión de escenarios. Para los mercados la discusión ya comenzó.
La Fed cambia una tasa; los mercados cambian de régimen
Aquí está quizá la principal enseñanza que dejan estos 30 años. No existe una fórmula que diga que cada subida de la Fed provoca una caída de las bolsas, una crisis o una recesión, la historia no funciona así. En algunos episodios las acciones siguieron subiendo durante buena parte del ciclo. En otros, los bonos fueron los primeros en sufrir. En otros, fueron las monedas emergentes. En otros, determinados segmentos especulativos del mercado. Pero lo que sí se repite es otra cosa.
La subida de tasas cambia el precio relativo del dinero y, con él, cambia las reglas de valoración de prácticamente todos los activos. Las tasas afectan el costo del crédito y el crédito afecta el consumo y la inversión; las tasas también modifican el atractivo relativo de los bonos frente a las acciones. Y la diferencia entre las tasas estadounidenses y las del resto del mundo influye en los flujos de capital, el dólar y las monedas emergentes.
La Reserva Federal de Chicago resume precisamente ese mecanismo: los cambios en la tasa de fondos federales se transmiten a otras tasas de interés, al valor internacional del dólar y a otros precios de activos que influyen en las decisiones de consumo e inversión. Por eso la Fed puede tomar una decisión en Washington y provocar movimientos en Ciudad de México, São Paulo, Londres, Tokio o Buenos Aires.
Cinco ciclos, cinco mercados diferentes
Hay otra conclusión que conviene no perder de vista. Los cinco episodios no produjeron exactamente el mismo resultado porque el mundo que encontró la Fed tampoco era el mismo. Por ejemplo, en 1994 el gran riesgo para los mercados emergentes era la dependencia del financiamiento externo; en 2000 era la exuberancia tecnológica; en 2006 era el apalancamiento inmobiliario y financiero; en 2018 era la salida de una década de dinero extraordinariamente barato; en 2022 era una inflación global que había obligado a los bancos centrales a abandonar las políticas de emergencia de la pandemia.
Ahora el escenario incorpora nuevos ingredientes: enormes déficits fiscales, necesidades extraordinarias de financiamiento, inversión masiva en inteligencia artificial, cambios geopolíticos, energía, aranceles y una economía estadounidense que mantiene una combinación poco habitual de crecimiento y presiones inflacionarias. Eso significa que el sexto episodio tampoco tiene por qué parecerse a ninguno de los cinco anteriores, pero la mecánica fundamental permanece. Cuando el banco central que emite la principal moneda de reserva del mundo modifica el precio del dinero, el resto del planeta tiene que reaccionar. Puede hacerlo con acciones, con bonos, monedas, crédito, commodities, flujos de capital o, eventualmente, con decisiones de política monetaria propias.
La certeza
Treinta años ofrecen suficiente perspectiva para distinguir entre una coincidencia y un patrón: no todos los ciclos de alzas de la Fed terminaron en crisis; no todos provocaron mercados bajistas; no todos golpearon de la misma manera a los mercados emergentes. Pero todos obligaron a los mercados a recalcular el precio del dinero y el valor de los activos, eso es quizá lo verdaderamente importante del nuevo ciclo.
La discusión no debería ser solamente si la Fed subirá otros 25 o 50 puntos base; la pregunta relevante es qué ocurre cuando los inversionistas, después de años de acostumbrarse a determinadas condiciones financieras, descubren que el régimen de tasas está cambiando nuevamente. La historia de los últimos 30 años ofrece cinco respuestas diferentes y ninguna permite pensar que una Fed que sube tasas sea un acontecimiento menor. Porque, al final, hay pocas certezas en los mercados y una de ellas es que cuando la Fed cambia de rumbo, los mercados escuchan. Por lo tanto, es altamente probable que durante los próximos meses volverán a hacerlo, no por nada los operadores tienen muy claro un dicho que repiten cada vez que surgen episodios como los actuales: La Fed es la Fed.
Bestinver ha anunciado el lanzamiento de Bestinver Private Equity Selection, FCR, su segundo fondo de fondos de private equity, que invertirá en una selección de fondos gestionados por BlackRock. Según explican, con un tamaño objetivo de 30 millones de euros, el nuevo vehículo da continuidad a la alianza estratégica entre ambas firmas y refuerza la oferta de Bestinver en inversiones alternativas.
“Bestinver Private Equity Selection, FCR nace con vocación de dar respuesta a la demanda de este tipo de productos de un amplio abanico de perfiles inversores y permite acceder a fondos de mercados privados de BlackRock, históricamente reservados a inversores profesionales, también a inversores minoristas que cumplan determinados requisitos”, indican desde la firma.
Bestinver Private Equity Selection, FCR, es un fondo de fondos de capital riesgo que busca ofrecer exposición diversificada a compañías no cotizadas, combinando estrategias adaptadas a distintas fases de su desarrollo. Su duración prevista es de diez años desde la fecha de registro del fondo en la CNMV, con tres posibles prórrogas de un año.
La distribución orientativa de la cartera contempla un 30% en fondos de coinversión directa, un 25% en secundarios, un 25% en estrategias de crecimiento, un 10% en impacto y un 10% en primarios. Estas ponderaciones podrán variar durante la vida del fondo.
Según explican desde Bestinver, el nuevo fondo da continuidad a la alianza estratégica establecida por Bestinver y BlackRock en julio de 2023 para acercar soluciones de inversión en Private Equity a los inversores de España, Portugal y Andorra. Con este segundo vehículo, Bestinver amplía esta línea de inversión dentro de una oferta de activos alternativos que también incluye Infraestructuras y Real Estate.
Los activos financieros globales alcanzaron la cifra récord de 268,4 billones de euros en 2025, lo que supone un crecimiento del 8,6% respecto al año anterior, a pesar de un entorno geopolítico y económico complejo, según la 17ª edición del Global Wealth Report de Allianz, que analiza los activos y las deudas de los hogares en cerca de 60 países.
La creación de riqueza avanzó en “piloto automático”, impulsada por los mercados de renta variable -responsables de 4 de cada 5 euros de riqueza adicional-, mientras que el ahorro neto cayó un 5,4% hasta los 4,1 billones de euros. Sin embargo, el impacto de la inflación matiza este récord: aunque los activos financieros nominales han crecido casi un 50% desde 2019, el crecimiento real es de solo un 23%, dejando el poder adquisitivo apenas un 5% por encima de sus niveles de 2021.
“La riqueza global alcanzó otro récord en 2025, pero eso es solo la mitad de la historia. Desde 2019, los activos financieros nominales han crecido un 50%, pero en términos reales, descontando la inflación, solo han crecido un 23%. La situación es peor en Europa Occidental, donde los activos financieros en términos reales han subido un 0,5% respecto a 2019. Es un 21% en Norteamérica y un 70% en China”, señala Ludovic Subran, economista jefe y director de inversiones de Allianz.
La composición de las carteras marca la diferencia
La evolución de 2025 vuelve a poner de manifiesto la creciente importancia de cómo distribuyen los hogares sus ahorros: a escala mundial, los valores aumentaron un 12,4%, más del doble que los depósitos (5,7%) o los seguros y pensiones (5,0%), elevando su peso dentro de los activos financieros globales hasta un máximo histórico del 46,9%. Los hogares norteamericanos, con un 60,7% de sus carteras invertidas en valores, se beneficiaron especialmente del comportamiento de los mercados. En concreto, la región generó el 51,4% del incremento mundial de los activos financieros.
La diferencia adquiere especial relevancia a largo plazo: durante la última década, las revalorizaciones de los activos han representado el 71% del crecimiento de los activos financieros en Norteamérica, frente al 36% en Europa Occidental, reflejando el impacto de invertir el ahorro frente a mantenerlo en cuentas con bajos intereses.
La IA, próxima fuente de riqueza y de nuevos riesgos
Allianz Research estima que los activos financieros globales podrían crecer alrededor de un 9% en 2026. A medio plazo, sin embargo, el escenario se vuelve más complejo ante un menor crecimiento económico, una inflación persistente, la fragmentación de la economía mundial y los elevados niveles de deuda pública. En este contexto, la inteligencia artificial puede convertirse en un factor determinante para la próxima etapa de creación de riqueza. “Las mejoras de productividad y rentabilidad asociadas a esta tecnología podrían sostener los rendimientos de los activos, aunque la creciente dependencia de mercados impulsados por las expectativas sobre la IA introduce también nuevas vulnerabilidades”, indica el informe.
La firma destaca que con el S&P 500 acumulando una subida cercana al 95% desde finales de 2022, una parte significativa del reciente aumento de la riqueza descansa sobre valoraciones elevadas y expectativas relacionadas con la inteligencia artificial. Según los cálculos de Allianz Research, una corrección del 25% del S&P 500 podría reducir en alrededor de 27 billones de dólares la riqueza de los hogares estadounidenses durante el año del impacto, equivalente a casi el 14% de su patrimonio neto total. Esta caída afectaría a la confianza y al consumo y empujaría a la economía estadounidense a la recesión.
El desarrollo de la IA plantea, además, una cuestión distributiva sobre quién participa de la riqueza generada por esta transformación. “La IA podría convertirse en el próximo gran motor de riqueza, pero la pregunta clave es quién tendrá participación en ella. A medida que la IA potencialmente desplace más la creación de valor hacia el capital, una mayor participación en los retornos de capital y políticas que ayuden a los trabajadores a adaptarse serán clave para que el dividendo de riqueza de la IA se reparta más ampliamente”, afirma Katharina Utermöhl, directora de Investigación Temática y de Políticas en Allianz Research.
Los activos financieros de los hogares españoles crecieron un 9,6% en 2025, hasta alcanzar los 3,4 billones de euros, según la 17ª edición del Global Wealth Report (Informe Global de Riqueza) de Allianz, que analiza los activos y las deudas de los hogares en cerca de 60 países. El crecimiento registrado en España más que duplica el de Europa Occidental (4,5%) y se sitúa también por encima del incremento global (8,6%).
Según explica, el avance fue especialmente significativo en los valores, que aumentaron un 15,5%, frente al 4,7% de los depósitos y el 3,9% de los seguros y pensiones. Como resultado, los valores representan ya el 50,2% de los activos financieros de los hogares españoles, por encima tanto de Europa Occidental (36,8%) como de la media mundial (46,9%).
También en términos reales España presenta una evolución diferencial: “Descontando el efecto de la inflación, los activos financieros de los hogares españoles aumentaron un 6,7% en 2025 y acumulan desde 2019 un crecimiento del 12,5%, frente a apenas un 0,5% en Europa Occidental”.
2,6 billones de euros de riqueza financiera neta
También destaca que las nuevas aportaciones al ahorro de los hogares españoles aumentaron un 2,2%, hasta los 92.900 millones de euros. Los depósitos concentraron el 52,1% de este nuevo ahorro, mientras que los valores representaron el 35,5% y los seguros y pensiones, el 9,5%. Dentro de la inversión en valores destaca el papel de los fondos de inversión, que concentraron prácticamente la totalidad de las nuevas aportaciones a esta categoría, con 49.100 millones de euros.
Por su parte, la deuda de los hogares aumentó un 4,6%, hasta los 796.600 millones de euros, un ritmo inferior al crecimiento de los activos. Como consecuencia, los activos financieros netos avanzaron un 11,1%, hasta alcanzar los 2,6 billones de euros. Con un patrimonio financiero neto de 55.300 euros per cápita, España ocupó en 2025 el puesto 20 entre los países más ricos del mundo.