Foto cedidaBen Pakenham, gestor de cartera de Polen Capital.
En un momento en que los inversores institucionales reevalúan un mercado de private credit cada vez más definido por primas de iliquidez comprimidas, valoraciones “mark-to-model” y restricciones a los reembolsos, iM Global Partner (iMGP) y su socio Polen Capital han anunciado el lanzamiento del fondo iMGP European High Yield Fund R EUR UCITS ETF.
Según explican, se trata del primer ETF activo de renta fija de iMGP en Europa, clasificado como Artículo 8 según el SFDR, y el cuarto producto de una plataforma de ETF UCITS activos que la firma ha construido en activos alternativos, renta variable y ahora renta fija en apenas quince meses. La franquicia global de ETFs activos de iMGP, en Europa y Estados Unidos, asciende actualmente a aproximadamente 4.500 millones de dólares en activos bajo gestión.
Claves de la estrategia
Sobre la estrategia explican que estará subgestionado por el equipo de Leveraged Credit de Polen Capital y dirigido por Ben Pakenham, anteriormente Head of European High Yield and Global Loans en Aberdeen, donde su equipo gestionó más de 2.000 millones de dólares en activos de high yield europeo y global. La cartera se construye con una selección de crédito fundamental y bottom up, con una concentración de entre 70-90 emisores, con una gestión disciplinada del riesgo y la integración del Artículo 8.
La estrategia se lanzó como SICAV de Luxemburgo en julio de 2025 con el respaldo inicial de una gran aseguradora francesa; la clase de acciones ETF lanzada hoy amplía el acceso sin alterar el proceso de inversión.
Según destaca la firma, este lanzamiento llega en un momento deliberado. “Tras una década de crecimiento explosivo, la prima de iliquidez del private credit se ha comprimido con fuerza, aun cuando sus riesgos estructurales permanecen intactos. El high yield europeo, por el contrario, ofrece a los inversores institucionales lo que los mercados privados cada vez pueden ofrecer menos: mayor calidad crediticia; menor concentración tecnológica; precios diarios y compensados en bolsa; y rentabilidades demostradas durante el reciente repunte”, afirman.
El fondo está diseñado para captar esta oportunidad en el formato más eficiente disponible para los inversores europeos: gestión activa, transparencia, negociación diaria y un coste de 0,70 % todo incluido.
A raíz de este anuncio, Julien Froger, director general, responsable de Europa en iM Global Partner, ha señalado: “Es una declaración de intenciones. El high yield europeo es una clase de activos en la que la gestión activa basada en la convicción ha estado durante mucho tiempo infrarrepresentada en formato ETF; el PEHY cierra esa brecha. Es nuestra primera incursión en la renta fija en nuestra plataforma de ETF activos, y no será la última. Ben Pakenham y su equipo aportan una amplia experiencia construida a lo largo de muchos años y, desde la constitución del fondo en julio de 2025 con el respaldo de una gran aseguradora francesa, la demanda de los inversores por este formato ha sido inequívoca”.
Por su parte, Ben Pakenham, gestor de cartera de Polen Capital, declaró: «El high yield europeo es un segmento importante del universo del crédito apalancado, que ofrece tanto un rendimiento atractivo como la transparencia de los precios diarios. Nuestro proceso se basa en la selección fundamental de crédito: identificar bonos mal valorados, gestionar el riesgo con disciplina y buscar una prima de rendimiento constante a lo largo del ciclo. Poner esta estrategia a disposición en formato ETF es una evolución natural: amplía el acceso sin cambiar nada en la forma en que gestionamos la cartera».
Foto cedidaRamiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta.
Crescenta amplía su oferta de producto en respuesta al creciente interés de los inversores persona jurídica con alto patrimonio. Según explica, con más de 1.000 empresas registradas, ha diseñado un nuevo programa de lanzamiento de SCRs con distintas estrategias. El producto incorpora una política de inversión alineada con las necesidades específicas de este segmento.
Entre los inversores de Crescenta que ya han canalizado sus inversiones a través de personas jurídicas se encuentran aseguradoras, fundaciones, empresas familiares y family offices. Según destacan, todos ellos comparten el objetivo de construir planes de inversión multiañada, multiestrategia y multigestora, siguiendo modelos similares a los utilizados históricamente por grandes endowments estadounidenses, aseguradoras internacionales o grandes family offices.
“Lo que comparten estos inversores es la voluntad de construir carteras de private equity similares a las de los líderes de sus categorías, pero adaptadas a su capacidad de inversión. Con esta nueva oferta, mejoramos tanto el producto que hay en el mercado como la experiencia de inversión para aquellos clientes que han participado en estos vehículos a través de sus bancas privadas”, destaca Ramiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta.
Cerca de 300 personas jurídicas ya invierten de forma recurrente en Crescenta. La firma cuenta actualmente con 12 ECRs bajo gestión y activa ahora Crescenta Private Equity Strategic Selection SCR, con una inversión mínima de 500.000 euros, respondiendo así a la demanda de los inversores de banca privada.
La estrategia cuenta con una cartera compuesta por cinco fondos internacionales de Buyout, tanto del mercado primario como secundario, de distintas geografías, y complementados con exposición a estrategias de growth. El vehículo incluye, además, estrategias temáticas y estilos de gestión que se adaptan al perfil más sofisticado de este tipo de cliente.
Sin embargo, la firma advierte de que hay que tener en cuenta que la rentabilidad no está garantizada y que la inversión tiene riesgos, entre los que destaca la iliquidez.
“Con este lanzamiento queremos reforzar el posicionamiento de Crescenta no solo en el segmento minorista, sino también entre inversores profesionales. Todo ello apoyándonos en la selección de producto y estructuras adecuadas para cada perfil inversor y un proceso simplificado”, añade Iglesias.
Banca March, a través de su gestora de capital riesgo March Private Equity, ha alcanzado el tamaño objetivo de 60 millones de euros para su vehículo de inversión March PE Secundarios I FCR. Según explica, el fondo se centra de manera especializada en la adquisición de posiciones directas en compañías privadas mediante estrategias de secundarios «GP-led» y coinversiones directas minoritarias.
March PE Secundarios I FCR es un fondo de capital riesgo que tiene la clara vocación de construir, en un plazo aproximado de dos años, una cartera diversificada compuesta por alrededor de 15 compañías del segmento middle-market. El foco geográfico del vehículo será mayoritariamente Europa, con una exposición residual a Estados Unidos. Para el desarrollo de esta estrategia, March Private Equity contará con el apoyo de una firma internacional de primer nivel como asesora de inversiones.
Un modelo diferencial
March Private Equity, constituida en 2020, gestiona más de 1.000 millones de euros a través de tres Fondos de Fondos: March PE Global I, March PE Global II y March PE Global III, además de un vehículo de inversión especial en Luxemburgo. La entidad, que cuenta con una red de conexiones con gestoras de reconocido prestigio en el sector, analiza un elevado número de oportunidades de inversión en fondos —tanto en primario como en secundario— y de coinversiones cada año.
El éxito de sus programas radica en cuatro atributos diferenciales: apoyo accionarial (el inversor mayoritario es siempre el Grupo), exclusividad (comercializado únicamente por Banca March), máxima alineación de intereses (cobro de comisiones por capital desembolsado, no por capital comprometido) y confianza en la estrategia (Banca March facilita línea de crédito hasta el 50% de las aportaciones).
Apuesta por la coinversión
Desde la entidad explican que la coinversión constituye desde hace más de 20 años uno de sus pilares más distintivos, que ha sido pionera y ha liderado la inversión en activos alternativos mediante estrategias compartidas con los clientes, de tal forma que estos últimos invierten en los mismos productos que el banco.
“La coinversión representa una alineación directa de intereses entre la entidad y el cliente y permite construir relaciones duraderas basadas en la confianza. En su conjunto, la Coinversión de Banca March constituye un modelo único en el mercado español, resultado de la filosofía del banco de compartir con sus clientes todo su conocimiento y su saber hacer con un único objetivo: crecer juntos”, señalan.
En el ámbito de la coinversión no líquida, la entidad selecciona activos ilíquidos —venture capital, private equity, deuda privada, inmobiliario o infraestructuras— con el objetivo de ofrecer alternativas que esquivan la volatilidad y capturan oportunidades de crecimiento. De esta manera, Banca March pone al alcance de sus clientes la oportunidad de invertir en estrategias que, de otra forma, lógicamente sólo estarían al alcance de los grandes inversores.
Desde 2008, el Grupo ha comprometido más de 4.200 millones de euros en activos ilíquidos junto a más de 4.100 coinversores. Como un dato muy revelador de la confianza en este modelo, uno de cada tres coinversores ha repetido, participando en proyectos que de media han devuelto más de dos veces el ahorro aportado en el caso de las iniciativas en economía real.
Guinness Global Investors (Guinness) ha anunciado hoy la adquisición de la división de mercados públicos de Foresight Group, Foresight Capital Management (FCM). La operación incluye siete estrategias de inversión centradas en activos reales cotizados y fondos sostenibles y de impacto. Según explica, el equipo de activos reales cotizados de FCM se integrará en el equipo de Real Assets de Guinness, liderado por Mark Brennan, quien participó en el desarrollo y la gestión de estas estrategias en FCM antes de incorporarse a Guinness. Por su parte, Nick Scullion, socio y responsable de FCM, permanecerá en Foresight.
«La diversificación que aportan los activos reales cotizados es hoy más relevante que nunca en los mercados. Reunir de nuevo a Mark Brennan con los fondos que lanzó en FCM representa una excelente oportunidad para reforzar nuestra plataforma de inversión en activos reales», comentó al respecto Edward Guinness, consejero delegado de Guinness Global Investors.
Por su parte, Mark Brennan, gestor de carteras en Guinness, afirmó: «La incorporación de las estrategias y del equipo de activos reales a Guinness acelera nuestros planes de crecimiento, al aportarnos una mayor escala y un equipo de inversión más amplio».
Eric Bright y Mayank Markanday, gestores de carteras en FCM, comentaron: «Guinness proporcionará a nuestros equipos de activos reales cotizados una excelente plataforma para impulsar su crecimiento. La colaboración con Guinness y con Mark supone una evolución natural para ampliar nuestras capacidades».
Estrategias WHEB
La operación también engloba al equipo de inversión sostenible y de impacto de WHEB, integrado en FCM, que trabajará junto al equipo de Guinness responsable de la estrategia Guinness Sustainable Energy, lanzada en 2006, y de la estrategia Guinness Global Environment, lanzada en 2025. Se mantendrá el enfoque de impacto desarrollado por WHEB, considerado una referencia en el mercado, basado en un modelo que combina el impacto generado por las compañías participadas y la contribución del inversor, e incorpora criterios de medición, stewardship, gobierno corporativo y transparencia.
Edward Guinness añadió: «El equipo WHEB de FCM está reconocido como un referente de pensamiento en inversión responsable y contribuirá a reforzar la experiencia que hemos desarrollado en Guinness en este ámbito. Los fondos WHEB de FCM presentan atractivas perspectivas a largo plazo y sus compañías en cartera cotizan actualmente con valoraciones relativas en niveles históricamente bajos».
Ted Franks, gestor de las estrategias de impacto, destacó: «Siempre hemos admirado el rigor de Guinness en sus procesos de inversión y análisis, así como su experiencia en áreas estrechamente relacionadas con nuestras estrategias. La integración dará lugar a un equipo de inversión de mayor escala y afronto este nuevo reto con gran entusiasmo».
Los argumentos de venta más importantes para los inversores al considerar un ETF siguen siendo el enfoque de la estrategia o del sector, la liquidez y los costes de negociación, y la eficiencia fiscal, según Brown Brothers Harriman (BBH). En menor medida, reconocen que la reputación de la marca y el ratio de gastos netos también son importantes, mientras que el tamaño del fondo y el rendimiento histórico fueron los criterios menos importantes al considerar un ETFs.
“A primera vista, este fue un hallazgo sorprendente, ya que ambos factores se incorporan habitualmente en los criterios de due diligence para obtener acceso y aprobación en las plataformas intermediarias. Sin embargo, esto puede ser una consideración menor para los inversores, dado que, como resultado de ello, los productos no están accesibles hasta que se concede la aprobación mediante un proceso centralizado de aprobación de productos o selección. En otras palabras, los productos ya han cumplido con estos requisitos una vez que están disponibles para su compra por parte de los encuestados en los segmentos de asesores, gestión de patrimonios o banca privada. Por su parte, los inversores institucionales de ETFs consideraron mayoritariamente que la reputación de la marca era el criterio más importante al evaluar un ETF”, apunta en sus conclusiones el informe “2026 Global ETF Investor Survey” de BBH.
Propuesta de valor
Para la firma de servicios financieros es importante señalar que las expectativas respecto a los gestores de ETFs van más allá de ofrecer un producto de calidad, ya que los servicios adicionales brindan una oportunidad de diferenciación. “Los inversores creen que los emisores de ETFs pueden aportar el mayor valor para destacar en el mercado a través del servicio al cliente y los servicios de soporte de ETFs, tales como la ejecución y la consultoría de carteras (65%), la aportación de análisis e investigaciones de mercado exhaustivos (61%), y el ofrecimiento de estrategias de inversión innovadoras o de nicho (61%)”, afirman.
En este sentido, consideran que la paridad entre las respuestas muestra que los inversores valoran estos factores casi por igual, lo que refuerza la importancia de una propuesta de valor integral.
Otra de las conclusiones que aporta el informe es que los inversores buscan ampliar las marcas de ETFs con las que trabajan, lo que representa una ventana de oportunidad para los emisores. En concreto, durante los próximos 12 meses, el 63% espera que aumente el número de emisores de ETFs en los que invierten. “Este es especialmente el caso de los EE.UU. (69%) y menos en Asia (56%). Sin embargo, esta cifra es inferior a la de años anteriores, lo que indica selectividad en un entorno de proliferación de productos”, apunta el informe.
El informe identifica una clara barrera en la mayor adopción de ETFs: la comprensión y conocimiento de los fondos. El 26% declaró que el mayor desafío al que se enfrentan para comprar más ETFs es la falta de herramientas de análisis y de formación sobre estos productos. Aun así, otros factores pueden impedir que algunos compren más ETFs: el 24% señaló que ciertos ETFs no cumplen con su umbral mínimo de activos bajo gestión, mientras que el 22% apuntó a la disponibilidad limitada de ETF en su plataforma de inversión.
La evolución de los mercados en 2025 puso de relieve una característica clave del universo de los bonos convertibles que a menudo se malinterpreta: los índices.
Debido a su naturaleza híbrida, los bonos convertibles pueden presentar distintos comportamientos —más cercanos a la renta fija, equilibrados o más vinculados a la renta variable—, por lo que los índices generales pueden ocultar dinámicas subyacentes muy diferentes. Cuando las acciones de grandes emisores registran subidas significativas, sus bonos convertibles tienden a adquirir un perfil cada vez más ligado a la renta variable, impulsando así la rentabilidad agregada de los índices. Sin embargo, estos convertibles con características más similares a las de la renta variable no suelen representar el segmento del mercado en el que los gestores de estrategias “long-only” son más activos, ya que habitualmente centran sus inversiones en la parte más convexa del universo de los convertibles.
Esta es precisamente la razón por la que existen dos grandes familias de índices. Por un lado, los índices denominados “broad” reflejan la evolución del conjunto del universo de bonos convertibles (por ejemplo, los índices FTSE Russell Global Convertible, Global Vanilla y Global Qualified). Por otro, los índices “focus” (como el Global Focus o el Global All-Cap Focus) siguen el comportamiento del segmento de convertibles considerados “equilibrados” (balanced).
A largo plazo, especialmente en el contexto de un mercado alcista estructural caracterizado por un fuerte impulso de la renta variable, la diferencia de rentabilidad entre ambos tipos de índices resulta evidente. El índice FTSE Russell Global Convertible Index, perteneciente a la categoría “broad” y que incluye todos los convertibles con un nivel razonable de liquidez, tanto aquellos claramente con valor intrínseco positivo como sin valor intrínseco, acumula una revalorización del 139 % en los últimos diez años. En contraste, dentro de la categoría “focus”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index, que sigue el universo de convertibles equilibrados, registra una revalorización del 66 % (1). La tendencia en lo que va de 2026 no difiere de la de años anteriores, con una rentabilidad superior a 360 puntos básicos por parte del índice “broad”, impulsada exclusivamente por convertibles profundamente con valor intrínseco positivo, incluyendo valores como Lumentum, Western Digital y SK Hynix.
Profundizando un poco más, pueden destacarse varias observaciones: la familia de índices “broad” presenta habitualmente una volatilidad aproximadamente un 30 % superior a la de los índices “focus”, mientras que sus deltas muestran una mayor dispersión. A diferencia de los índices “broad”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index se reequilibra mensualmente para garantizar una exposición convexa, excluyendo aquellos convertibles que han adquirido características similares a bond-like o a renta variable, e incorporando tanto nuevas emisiones equilibradas como bonos que han alcanzado recientemente ese perfil equilibrado.
Como resultado, tras una caída pronunciada del mercado —cuando la sensibilidad global del universo a la renta variable se sitúa en niveles bajos, como ocurrió en 2022— la delta del índice “focus” se mantiene en territorio equilibrado, a diferencia del índice “broad”. Por el contrario, en fases de mercado alcista, como en 2025–2026, los índices “focus” son los únicos que continúan manteniendo una composición de perfil equilibrado.
Por tanto, a la hora de evaluar la convexidad de un índice determinado, es necesario analizar su composición en términos de perfiles de bonos convertibles. Aunque ambas carteras hipotéticas detalladas en la Tabla 1 presentan una delta del 50%, su comportamiento no será el mismo ante shocks de subida o caída, ya que una posición con delta del 100% se sitúa potencialmente muy alejada de la protección a la baja que ofrece el suelo del bono.
Trasladando esta visión al actual panorama de índices, las principales conclusiones son claras. Más de un tercio del índice global “broad” presenta una delta superior al 80 %, frente al 9 % en el índice global “focus”. En el extremo superior, casi una cuarta parte del índice “broad” muestra una delta superior al 90 %, frente a tan solo un 3 % en el índice “focus”.
En pocas palabras, los convertibles con este tipo de perfiles están tan alejados de sus suelos de bono que prácticamente no ofrecen protección frente a caídas durante la mayoría de las caídas del mercado.
Por tanto, aunque la delta de los índices globales “broad” y “focus” pueda ser similar, sus resultados esperados en caso de corrección de mercado probablemente no lo sean. Y este es, en realidad, uno de los aspectos más relevantes en el entorno actual. La parte del índice global “broad” invertida en convertibles con una delta superior al 80% se encuentra en niveles en los que la delta difícilmente se reduce de forma significativa cuando caen los precios de las acciones.
En concreto, si analizamos las 10 mayores ponderaciones del índice global “broad”, la mayoría de ellas no se encuentran en posición de ofrecer protección en un mercado bajista, tal y como se ilustra en la Tabla 2.
Ya sea por sus perfiles (por ejemplo, todos los bonos de Lumentum cotizan por encima de 500, mientras que los de Hynix y Western Digital lo hacen por encima de 800) o por sus características (NextEra y Boeing cuentan con múltiples emisiones obligatorias, que por definición no ofrecen suelo de bono), la mayoría de estos bonos necesitaría una corrección extremadamente severa de la renta variable para mostrar un comportamiento convexo y amortiguar las caídas —probablemente del orden de al menos un 60–70 %. Al mismo tiempo, los bonos con una delta inferior al 20 % tampoco son especialmente atractivos, probablemente tampoco proporcionarían suficiente rendimiento o protección se ampliarían en escenarios de tensión.
Dicho de otro modo, la naturaleza híbrida del producto convertible es la razón por la que creemos que un enfoque activo tiene más sentido que una estrategia de “Comprar y Mantener” como se refleja en la diferencia de rotación entre ambos índices (rotación del índice global “focus” del 150% en 2025 frente al 63% del índice global “broad”). Como siempre, los detalles marcan la diferencia.
Tribuna de opinión de Elena Villalba, Directora general de Mirabaud Asset Management para Iberia y Latam.
Foto cedidaJeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International.
Hay un mercado que, discretamente, ha sido capaz de batir en rentabilidad a EE.UU. el año pasado y a tres años vista, con retornos de más del 20 %, una relativa mayor diversificación por sectores y valoraciones claramente más ajustadas: Japón. “La renta variable japonesa sigue siendo una clase de activo relativamente poco apreciada e ignorada, cuando ha sido uno de los mejores mercados a nivel global en los últimos 10 a 15 años”, corrobora Jeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International.
El experto destaca particularmente que ha sido la fortaleza creciente de los beneficios la que ha sostenido estas alzas, frente a la expansión de múltiplos vista en otros mercados, y que aún así el potencial alcista sigue siendo elevado, de modo que la gestora cree que, del PER de 15 veces actual podríamos ver una ligera subida a un PER de 16 o 17 veces en los próximos años. Son los frutos de las Abenomics, particularmente de las reformas sobre gobierno corporativo impulsadas en la última década, que hoy están viviendo una segunda vida gracias al compromiso de la actual primera ministra, Sanae Takaichi, de más reformas y políticas pro crecimiento para seguir sosteniendo el retorno de la inflación al país tras décadas de ausencia. En consecuencia, desde Fidelity anticipan que los retornos sobre las acciones podrían pasar del 6 % actual a un 12 % en el futuro, lo que también explicaría el ajuste de la previsión del PER.
En una visita reciente a la oficina madrileña de la firma, Osborne ofreció detallada actualización del posicionamiento actual del fondo Fidelity Funds- Japan Value Fund, la propuesta de la gestora para invertir en acciones niponas. El potente equipo de analistas de la casa vuelca su análisis fundamental bottom up para crear una cartera con un sesgo value: “Nos centramos en los flujos de caja, en el ROIC, en el crecimiento sostenible de los beneficios y, particularmente en la estrategia value, nos fijamos en que los múltiplos de PER y valor en libros se mantengan por debajo de la media del índice, pero sin ser deep value”, aclaró el experto.
ADN anglosajón, raíces niponas
Fidelity abrió su oficina de Tokio en 1969. Era una de las primeras oficinas que abría la compañía fuera de EE.UU., y en la actualidad se enorgullece de las relaciones de largo plazo que ha forjado en el país nipón: “Tenemos la cuota de mercado más grande entre las gestoras internacionales en el mercado de fondos, cerca de 19.000 millones de dólares (cifra que incluye varios mandatos con el GPIF, el fondo de pensiones público nipón)”, detalla Osborne.
La compañía cuenta con diez analistas sobre el terreno que están constantemente visitando a compañías – solo el año pasado cerraron cerca de 400 contactos con empresas-, y en un mercado como el japonés esto es especialmente relevante, particularmente para encontrar ideas de inversión entre compañías de pequeña y mediana capitalización, que tienen un seguimiento todavía relativamente bajo por parte de las casas de análisis. “Tenemos acceso a muchas ideas que no encajarían en la noción value tradicional. Por ejemplo, según el momento del ciclo, los semiconductores o el hardware pueden pasar de ser considerados growth a ser value, y esa es una oportunidad para nosotros”, indica el experto.
En complementariedad, la compañía cuenta con un equipo de 120 analistas de renta variable a nivel global en los que también puede apalancarse el equipo para Japón: “En un mercado como el nipón, que genera cerca del 70 % de sus ingresos vía exportaciones, este enfoque es realmente clave. Nos ayuda a analizar compañías japonesas desde una perspectiva de cadena de valor global y puede ser una fuente adicional de generación de ideas”, corrobora Osborne.
En resumen, el Fidelity Funds–Japan Value Fund es una estrategia de renta variable japonesa con un enfoque value-aware que combina disciplina de valoración con flexibilidad para invertir en ideas de crecimiento cuando la relación entre precio y fundamentales resulta atractiva. La cartera suele mantener unas 60 posiciones, presenta un sesgo absoluto hacia grandes compañías, aunque está claramente sobreponderada en medianas capitalizaciones (entre 2.000 y 10.000 millones de dólares de valor de mercado).
El proceso de inversión se basa en un análisis fundamental exhaustivo que evalúa cada compañía en función de su crecimiento esperado de beneficios, generación de caja y solidez del balance. Para cada posición, el equipo descompone las fuentes potenciales de rentabilidad a dos años —crecimiento del BPA, dividendos, recompras de acciones y cambios en valoración—, lo que permite monitorizar y revisar la tesis de inversión de forma continua. El horizonte de inversión habitual es de uno a dos años, aunque algunas posiciones pueden mantenerse entre tres y cinco años. La estrategia presenta un active share del 70%-80%, mientras que la selección de valores constituye el principal motor del riesgo activo.
Actualmente, la cartera mantiene una sobreponderación en construcción, bancos regionales e inmobiliario, como vía para capturar la temática de la reflación en Japón. También favorece compañías tecnológicas vinculadas al hardware, semiconductores, memoria y automatización. Tras el aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el fondo ha incorporado exposición a materias primas, principalmente GNL y fertilizantes, reduciendo posiciones en empresas de consumo con menor capacidad para trasladar el aumento de costes. Como resultado, la cartera presenta hoy un perfil más doméstico, con aproximadamente el 58% de los ingresos generados en Japón, una característica que, según los gestores, ha contribuido a la sólida evolución del fondo en un entorno marcado por la incertidumbre externa.
Abenomics 2.0: nuevos motores para el crecimiento nipón
Japón atraviesa una nueva fase de reflación y crecimiento estructural que está reconfigurando su mercado bursátil y devolviendo protagonismo a sectores históricamente rezagados. Según explica Jeremy Osborne, “la historia de crecimiento estructural doméstico” está impulsando áreas como construcción, banca y real estate, favorecidas por el regreso de la inflación moderada y el crecimiento nominal.
El primer eje es la reflación doméstica. Tras décadas de deflación, las empresas japonesas vuelven a recuperar poder de fijación de precios y capacidad para trasladar costes al consumidor, generando un crecimiento de beneficios más sostenible. El Banco de Japón mantiene todavía una política monetaria acomodaticia, pese a las subidas graduales de tipos, mientras que el crecimiento salarial ronda el 3,5 %, el mayor en tres décadas. Este avance salarial resulta clave para consolidar el objetivo de inflación del 2 % del BoJ. Paralelamente, las reformas de gobernanza impulsadas por la Bolsa de Tokio están acelerando el saneamiento de balances, mejorando la eficiencia del capital y elevando la rentabilidad sobre recursos propios. Además, aumenta la presión regulatoria y de los fondos activistas para movilizar el exceso de caja acumulado por las compañías.
El segundo eje es el renovado impulso político heredero de las Abenomics. El Gobierno de Sanae Takaichi, reforzado tras las elecciones de febrero, está promoviendo inversiones estratégicas en defensa, infraestructuras, inteligencia artificial y semiconductores, con el objetivo de elevar el crecimiento potencial del país hasta el 1,1 % en 2030. También se están reforzando las alianzas público-privadas, los incentivos fiscales al capex y las medidas de protección al consumidor frente al encarecimiento energético y alimentario. El gasto en defensa se elevará del 1 % al 2 % del PIB, creando nuevas oportunidades industriales y tecnológicas. Además, el país fue de los primeros en firmar un nuevo tratado comercial con EE.UU. en 2025, y como parte del nuevo acuerdo arancelario Japón se ha comprometido a realizar inversiones estratégicas en sectores clave de EE.UU. como infraestructuras de red eléctrica, reindustrialización o fabricación de diamantes sintéticos (empleados en la producción de semiconductores), lo que está beneficiando a grandes compañías niponas industriales pero con una orientación tecnológica, incluyendo fabricantes de robótica.
El tercer eje es el inicio de “un nuevo ciclo manufacturero”, que está favoreciendo especialmente a compañías de robótica, automatización, fibra óptica y semiconductores. Empresas como Fanuc o Yaskawa Electric empiezan a registrar recuperación de pedidos tras varios años difíciles, mientras que el real estate y la construcción emergen como nuevos motores estructurales del mercado japonés. Al mismo tiempo, están empezando a llegar compañías de otros mercados dispuestas a construir fábricas e instalaciones en territorio nipón, como la coreana Samsung o la taiwanesa TSMC.
Harvey Schwartz, CEO de The Carlyle Group, fue contundente durante el evento Insite 2026, organizado por BNY: el mundo atraviesa una reconfiguración estructural de la economía global que generará oportunidades de inversión únicas, y el segmento wealth será uno de sus principales protagonistas.
Para Schwartz, el momento actual no admite medias tintas. «Creo que este es el punto de inflexión más importante en la formación de capital que he visto en mi vida», afirmó. El argumento es claro: las grandes tendencias que moldearon las finanzas durante décadas —desinflación, tasas declinantes, déficits manejables, integración económica global— o se han revertido o están en pausa. La única fuerza que no frena es la tecnología.
El trasfondo geopolítico es central en su análisis. La invasión rusa a Ucrania, sostuvo, fue «uno de los eventos más significativos de este siglo, quizás de los últimos 50 años», y junto con el conflicto en Medio Oriente reorientó por completo las prioridades de los gobiernos. «Dondequiera que voy en el mundo —Japón, Corea del Sur, Beijing, Europa Central— la narrativa es siempre la misma: seguridad nacional, crecimiento económico y estabilidad política», señaló.
Pero hay una redefinición clave en ese concepto. «La seguridad nacional históricamente era sinónimo de defensa. Ahora es un concepto mucho más amplio: abarca seguridad energética y seguridad de datos». Y esa ampliación, para Schwartz, es exactamente donde se concentrarán los flujos de capital privado durante los próximos años.
Defensa, energía y otros sectores donde Carlyle ve oportunidades
El CEO de Carlyle fue preciso sobre los sectores que concentrarán inversión. Aeroespacial y defensa, industriales y salud encabezan la lista, todos ellos convergiendo además con el avance tecnológico. «Miren todos los anuncios de inversión en defensa alrededor del mundo: Canadá, Europa, Japón. La demanda es enorme», apuntó.
Pero fue en energía donde Schwartz hizo uno de sus argumentos más fuertes, y donde Carlyle tiene una posición diferencial. «Fuimos la única gran firma de capital privado que mantuvo un negocio energético completo cuando la energía era impopular». Esa decisión, que en su momento pudo verse como contraria al consenso, hoy luce estratégica: «La conversación en todo el mundo pasó de ‘transición energética‘ a ‘diversificación energética‘, que en realidad es código para: necesito seguridad energética». El negocio de Carlyle en este sector va desde energía tradicional hasta renovables, cubriendo todo el espectro.
La tesis de fondo es que los gobiernos no pueden financiar solos esta transformación. «Los déficits son demasiado grandes. Entonces, ¿de dónde vendrá el capital? De los bancos, de los mercados públicos y del capital privado». Y en ese trío, los mercados privados —y los asesores financieros que los canalizan— tienen un rol protagónico.
La gestión patrimonial como motor del capital privado
Schwartz fue directo sobre el peso que el segmento wealth tendrá en este nuevo ciclo. «Hay 43 millones de hogares en Estados Unidos que gastan 15 billones de dólares al año. Eso es el tamaño de China. Toda esa riqueza necesita ser gestionada por esta audiencia», dijo ante los asesores presentes.
El ejecutivo describió cómo, al llegar a Carlyle, salió personalmente a escuchar a los asesores financieros antes de tomar decisiones. «Fui a hablar con ellos directamente. Les pregunté qué era importante para ellos, sobre construcción de portafolios, qué necesitaban sus clientes. Y me sorprendió lo sofisticados que son. Me molesta cuando leo artículos que dicen que los asesores están confundidos. No están confundidos. Gestionan enormes patrimonios, tan sofisticados como mi clase institucional».
En cuanto a la estrategia de producto para este segmento, Schwartz apostó por la diversificación como principio rector. «No tendrán el activo ganador que suba un 130% o un 40%, pero mitigarán gran parte del riesgo a la baja. Y a medida que la industria evoluciona, hay que construir los vehículos adecuados para esta audiencia». La advertencia implícita fue clara: el mundo cambia demasiado rápido para apostar todo a un solo sector. «Cuando llegué a Carlyle, todos me decían que el gran hueco era software. Tres años después, a nadie le gusta el software».
Pese a la complejidad del escenario, Schwartz cerró con optimismo. «Creo que todo esto puede ser muy, muy positivo para los mercados. Los retornos marginales sobre ese capital serán bastante atractivos durante la próxima década». El riesgo geopolítico es difícil de cuantificar, admitió, pero también genera ineficiencias que crean oportunidades para quienes cuentan con la escala y el conocimiento sectorial necesarios para navegar este entorno.
La incertidumbre económica global está acelerando un cambio de fondo en las decisiones de inversión. La intensificación del conflicto en torno a Irán, junto a otros focos de tensión, ha elevado la presión sobre los mercados energéticos y ha introducido nuevos niveles de volatilidad en la economía internacional. En este escenario, el capital está reorientando sus prioridades hacia proyectos capaces de ofrecer estabilidad operativa y resultados medibles, un terreno en el que la inversión de impacto está ganando protagonismo en España.
Las previsiones más recientes apuntan en esa dirección. El Fondo Monetario Internacional ha revisado a la baja el crecimiento global para 2026 y advierte de un repunte de la inflación asociado al encarecimiento energético. Al mismo tiempo, BBVA Research señala que la combinación de costes más elevados e incertidumbre geopolítica puede afectar tanto a la inversión empresarial como al consumo en Europa durante los próximos meses.
Ante este panorama, los inversores están prestando más atención a modelos capaces de sostener su rendimiento en condiciones exigentes. Las tensiones en Oriente Medio, unidas al aumento de los precios de la energía, están impulsando el interés por proyectos que aportan eficiencia, optimización de recursos y mayor control operativo, con menor exposición a factores externos. En paralelo, esta misma presión está acelerando el desarrollo de soluciones vinculadas al almacenamiento, la electrificación y la gestión inteligente de la energía, así como de propuestas con aplicación directa en ámbitos como la biotecnología, la inteligencia artificial o la alimentación.
España reúne condiciones favorables para este tipo de iniciativas. El desarrollo de energías renovables, el avance en capacidades tecnológicas y la evolución del tejido empresarial están facilitando la llegada de inversión hacia sectores con impacto directo en la economía real. Desde BeHappy Investments, vehículo español especializado en inversión de impacto, esta evolución se interpreta como una consecuencia directa del contexto actual. «En momentos de incertidumbre, el capital se dirige hacia proyectos que resuelven necesidades concretas y que pueden demostrar su utilidad desde fases tempranas, con métricas claras y capacidad de ejecución», explica Miguel Ángel Rodríguez Caveda, CEO de BeHappy Investments.
La inversión de impacto gana peso precisamente porque responde a una exigencia creciente del mercado: combinar innovación con capacidad real de ejecución. Los proyectos que despiertan mayor interés son aquellos que pueden demostrar su valor en condiciones de mercado complejas y crecer con una base sólida, sin depender de escenarios especialmente favorables.
En línea con esta tendencia, BeHappy Investments mantiene su foco en la identificación de compañías con impacto social y potencial de crecimiento en sectores estratégicos. El objetivo es respaldar iniciativas que aporten soluciones tangibles en un entorno donde la eficiencia, la transparencia y la capacidad de adaptación pesan cada vez más en la toma de decisiones.
Foto cedidaChristine Lagarde, presidenta del BCE, en la reunión de junio. Lorena Deidda/ECB.
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido subir los tipos de interés 25 puntos básicos en su reunión de junio. Si hacemos un pequeño repaso, nos tenemos que ir hasta junio de 2025, para situar cuándo la institución monetaria modificó los tipos por última vez -registrando su octavo recorte en apenas doce meses- para luego entrar en un periodo de calma monetaria.
La subida anunciada en junio -un movimiento que no veíamos desde hace tres años- responde a su interpretación de un aumento del riesgo alcista de la inflación. De hecho, la inflación de la eurozona alcanzó en mayo el 3,2%, claramente por encima del objetivo del 2%, mientras que la inflación subyacente se situó en el 2,5%, su nivel más alto desde abril de 2025.
“Como resultado, cada vez parece más evidente que el optimista escenario base publicado por el BCE en sus proyecciones de marzo difícilmente llegará a materializarse. En aquel escenario, los banqueros centrales preveían una tasa media anual de inflación del 2,6% para 2026. Sin embargo, debido al conflicto persistente en el golfo Pérsico, el panorama inflacionario se está desplazando hacia los escenarios adversos contemplados en marzo. Así lo reflejan también las últimas estimaciones de junio, en las que los expertos del BCE asumen que la inflación de la eurozona podría alcanzar el 3% este año incluso en el mejor de los casos y mantenerse ligeramente por encima del objetivo, en el 2,3%, también el próximo año. Al mismo tiempo, las perspectivas de crecimiento para la eurozona continúan siendo débiles. Para este año, el BCE prevé un exiguo crecimiento real del 0,8% en su escenario base”, explica Julian Marx, analista de Research en Flossbach von Storch.
Horizonte de subidas
Estas previsiones dejan, para los expertos, la puerta abierta a nuevas subidas de tipos. “Los futuros del Euribor están descontando actualmente al menos dos subidas de tipos del BCE y se espera que la primera tenga lugar hoy. Desde hace meses, el Euribor a 12 meses está siendo el primero en anticipar las subidas pues, pro memoria, abría el presente año a 2,26% y se encuentra ahora a aproximadamente 2,8%, incrementando así el coste de la financiación a tipo variable”, apunta Guillermo Santos Aramburo, socio de iCapital.
En este sentido, Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, destaca que las previsiones del BCE sitúan la inflación en el 3% este año para después volver progresivamente a la senda del 2% y considera que «es posible que haya una nueva subida de tipos de interés este mismo año dependiendo de cómo evolucionen los precios en relación con el conflicto en Irán», aunque también apunta que, una vez alcanzado el pico de tipos, podrían producirse reducciones en los próximos años si las condiciones macroeconómicas lo permiten.
Para Santos, esta primera subida es algo “más testimonial que problemático” y argumenta que el BCE busca mantener su credibilidad en la lucha contra la inflación. “No debería ser relevante para los mercados salvo que estos la interpretaran como la primera de otras muchas y más elevadas, lo que no va a ser el caso”, apunta Santos.
En opinión de Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, el BCE ha preferido adoptar una postura prudente ante el shock energético en curso. “De cara al futuro, esperamos que el BCE vuelva a subir tipos en un contexto probable de precios de la energía más altos durante más tiempo, ya que no vemos una salida clara a la guerra entre EE.UU. e Irán”, afirma.
Sin embargo, también hay voces que descartan el inicio de una fase de endurecimiento agresivo. “El contexto económico sigue siendo demasiado frágil para ello. El shock energético ya está lastrando la actividad en toda Europa, con una desaceleración del crecimiento en el primer trimestre en la mayoría de los países. El crecimiento salarial se está moderando y las condiciones del mercado laboral se relajan de forma gradual. En este entorno, es probable que los efectos de segunda ronda sobre la inflación sigan siendo limitados, lo que reduce la necesidad de un ciclo de subidas prolongado. Nuestro escenario base contempla una única subida adicional de tipos este año”, defienden desde Candriam.
¿Qué moverá el mercado?
Sin duda, los expertos coinciden en que la preocupación por el alza de la inflación y las políticas monetarias pesarán en el mercado, pero el factor geopolítico será el que más volatilidad aporte. Según Del Pozo, «los mercados siguen moviéndose fundamentalmente por las noticias que llegan del frente» y que la evolución del conflicto en Oriente Próximo será determinante porque «tendrá mayor repercusión sobre los precios, sobre la formación de la inflación y, por lo tanto, sobre las futuras decisiones que puedan tomar los bancos centrales en términos de tipos de interés».
Asimismo, advierte de que “uno de los principales riesgos para la economía es que la inflación termine trasladándose a efectos de segunda ronda, dando lugar a subidas de salarios, mayores costes para las empresas, etcétera». Un riesgo que considera especialmente relevante en Estados Unidos, donde, según señala «vemos una mayor resiliencia de la economía estadounidense, como pudimos comprobar a través del último dato de empleo”. En este contexto, destaca también “la existencia de una cierta dicotomía entre Europa y Estados Unidos en términos de crecimiento económico”.
Por último, Del Pozo advierte de que sigue abierta la posibilidad de «un mundo cercano a la estanflación», con «mayores subidas de precios que conlleven mayores subidas de tipos de interés y que ello termine provocando una severa contracción económica que habrá que contemplar durante las próximas semanas y meses”.