La estrategia de Argentina para refinanciar los importantes vencimientos de deuda previstos para este año y 2027 enfrenta obstáculos cada vez mayores, en momentos en que el deterioro del entorno internacional y la volatilidad geopolítica amenazan con cerrar, al menos temporalmente, la ventana para un eventual regreso a los mercados globales de capital.
De acuerdo con un análisis de Thierry Larose, gestor de inversiones de Vontobel, el Gobierno argentino ha optado hasta ahora por depender principalmente de fuentes de financiamiento domésticas, ante el elevado costo que implicaría emitir nueva deuda en los mercados internacionales.
La estrategia descansa sobre dos mecanismos principales: la colocación de bonos denominados en dólares bajo legislación local —los conocidos BONAR— que pueden ser adquiridos por inversionistas locales utilizando pesos, y la renovación de más del 100% de los vencimientos de deuda en moneda local mediante subastas domésticas.
El excedente de liquidez obtenido a través de estas operaciones permite al Tesoro argentino adquirir divisas del Banco Central para hacer frente a los compromisos de deuda externa.
Sin embargo, Larose advierte que este esquema no está exento de riesgos. Al convertirse en el principal demandante de recursos dentro del sistema financiero local, el Gobierno podría desplazar el crédito destinado al sector privado, endurecer las condiciones financieras para bancos y empresas y terminar afectando la actividad económica.
«El Tesoro se está convirtiendo en el prestatario marginal del sistema financiero nacional», señala el especialista. Ante estas limitaciones, las autoridades argentinas también exploran alternativas de financiamiento externo, incluyendo posibles acuerdos bilaterales con países aliados como Estados Unidos, Israel e Italia, que podrían proporcionar recursos adicionales sin necesidad de acudir a los mercados internacionales de deuda.
No obstante, el volumen y los tiempos de dichos apoyos permanecen inciertos debido a que uno de los factores que ha contribuido a sostener la confianza de los inversionistas ha sido la acelerada acumulación de reservas internacionales por parte del Banco Central argentino. Durante los primeros dos meses de 2026, las reservas brutas aumentaron en aproximadamente 4.400 millones de dólares, mientras que las reservas netas registraron un incremento cercano a 2.400 millones de dólares.
Este fortalecimiento del balance externo ha contribuido a reducir los diferenciales soberanos y mejorar parcialmente la percepción de riesgo del país. Pese a ello, las necesidades de financiamiento en moneda extranjera siguen siendo significativas. Entre vencimientos de bonos, pagos al Fondo Monetario Internacional y obligaciones del Banco Central, Argentina deberá cubrir compromisos por alrededor de 10.600 millones de dólares durante 2026 y otros 16.200 millones de dólares en 2027.
Para Vontobel, la sostenibilidad de la estrategia actual dependerá, eventualmente, de la capacidad del país para recuperar acceso a los mercados internacionales y refinanciar parte de sus obligaciones externas en condiciones razonables.
Hasta hace apenas unas semanas, ese escenario parecía alcanzable, impulsado por una mejora en las condiciones financieras y por las expectativas de los inversionistas de una operación de manejo de pasivos similar a la implementada previamente por Ecuador.
Sin embargo, la reciente escalada del conflicto en Oriente Medio y el aumento de la aversión global al riesgo han endurecido nuevamente las condiciones de financiamiento para los emisores emergentes.
En consecuencia, el retorno de Argentina a los mercados internacionales parece cada vez menos probable en el corto plazo, salvo que la situación geopolítica se estabilice rápidamente y permita reabrir la ventana de oportunidad para las economías de mayor riesgo.



