El Perspectivas Summit 2026 de Cohen, que se realizó la semana pasada en un reconocido hotel de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, reunió visiones complementarias sobre un mundo en transición. En el panel global, Ahmed Riesgo, CIO de Insigneo, trazó un mapa de los grandes vectores que mueven los mercados internacionales. En el panel local, Adrián Rozanski, director de la consultora 1816, analizó en detalle el programa económico del gobierno de Javier Milei. Dos escalas distintas, una misma pregunta de fondo: dónde están las oportunidades y qué riesgos acechar en el camino.
Riesgo abrió su exposición con una tesis central sobre la Reserva Federal: casi siempre conviene apostar a que el organismo no hará lo que dice que va a hacer. «El apuesto nuestro es que van a tener que eventualmente cortar las tasas, que no van a subir las tasas», señaló. Su argumento: el trimmed mean PCE —el indicador que elimina los datos atípicos— ya se ubica en torno a 2,3%, cerca del objetivo del 2% de la Fed. El shock inflacionario ligado al conflicto con Irán, que empujó el petróleo a 110 o 115 dólares, ya está cediendo. «El petróleo llegó a 110, 115, tocó 120 en un momento; ya está a sesenta y pico. Ya es una caída importante», precisó.
Ese diagnóstico tiene implicancias directas para la renta fija. «Incluso si suben la tasa una o dos veces, creo que tiene sentido comprar el bono de diez años. Lo encuentro interesante. Te está pagando bastante cerca al equity risk premium en Estados Unidos«, dijo Riesgo.
En renta variable, el CIO de Insigneo fue enfático en desestimar a los modelos de inteligencia artificial de frontera como inversión atractiva. El paralelismo histórico que eligió fue contundente: los ferrocarriles del siglo XIX. «Una tecnología que transformó el país, enriqueció al país. Todo el mundo se benefició de los beneficios del ferrocarril, menos los accionistas de las compañías de ferrocarril», explicó. La competencia feroz entre OpenAI, Anthropic y otros actores erosionará los márgenes de los frontier models. La estrategia, entonces, es otra: «Compra los picks and shovels. Los chipmakers, la energía, el litio. Todo en lo que estas compañías están gastando dinero».
En ese marco, recomendó mirar de cerca a los fabricantes de memoria, así como el ciclo de commodities industriales. «Sigo pensando que estamos en un commodity bull market. Cobre, níquel, litio», enumeró. Para el oro, sostuvo su target de 4.800 dólares para fin de año, sin haberlo modificado durante el conflicto con Irán.
El bull market de commodities, sin embargo, tiene otra dimensión para Riesgo: el espacio. «Los commodities no solamente van a venir de la Tierra, van a venir de otras partes del sistema solar», afirmó, y anunció que el informe trimestral de Insigneo de esa semana se titula precisamente «Space Beyond SpaceX». El razonamiento es geológico antes que especulativo: la Luna fue parte de la Tierra, desprendida por un impacto astronómico, y contiene los mismos minerales. «¿Por qué creen que Estados Unidos está creando una base en la Luna? La razón comercial es porque vamos a empezar a traer commodities de la Luna y traerlas a la Tierra, y va a ser más barato», explicó.
Cuando se le señaló que esa oferta adicional podría eventualmente deprimir los precios terrestres, Riesgo lo concedió sin rodeos: «Normalmente, sí. Y entonces sería el final del bull market de commodities». La conclusión implícita es que el ciclo alcista tiene horizonte, pero todavía no llegó a su techo.
Sobre las Siete Magníficas, Riesgo ofreció una lectura heterodoxa. «Para mí los Mag Seven deben ser en sus carteras posiciones defensivas», dijo, agregando que no espera de ellos el outperformance futuro, sino un comportamiento más parecido al de las utilities —estables, predecibles— a medida que la inteligencia se vuelve commodity. El crecimiento diferencial vendrá de otros sectores y geografías: Japón, Corea, Taiwan, algunos mercados latinoamericanos y, en Europa, bonos corporativos antes que acciones.

Adrián Rozanski (1816) y Juan José Vázquez (Cohen)
Argentina: luces, sombras y el fantasma electoral
Si el panel global transitó por los grandes vectores macro, el panel local se adentró en las particularidades de la realidad argentina con una mirada más matizada. Rozanski hizo un recorrido por los tres años de gestión Milei antes de llegar al presente. Un primer año donde al presidente le salieron «todas», un segundo año turbulento —con volatilidad cambiaria y susto en la antesala de las elecciones de medio término— y un tercer año que, a su juicio, arrancó en octubre de 2025 con un giro notable.
El cambio más significativo de esta etapa: la acumulación sostenida de reservas. «Hoy se cumplió la rueda número 110 seguida de compra del Banco Central en el mercado de cambios», señaló Rozansk. A eso se suman los bonos soberanos perforando el 9% de rendimiento, la inflación retomando su sendero descendente y el EMAE marcando récords históricos.
Las luces son reales. Pero las sombras también. «Hay claramente un modelo económico que hace que la torta crezca, pero que está costando en el corto plazo que esa torta derrame», resumió Rozanski. El empleo privado registrado lleva meses en caída, la mora bancaria alcanzó niveles que dejan a casi seis millones de personas sin acceso al crédito, y sectores como industria, construcción y comercio muestran una dinámica «tipo serrucho», que no termina de consolidarse.
El gran interrogante, claro, es 2027. Rozanski fue cuidadoso y recordó que en cada una de las últimas cuatro elecciones presidenciales, el escenario que parecía obvio 18 meses antes resultó completamente equivocado. «La información política de hoy probablemente va a ser irrelevante dentro de un año y medio», advirtió.
En materia de posicionamiento, su recomendación fue una estrategia barbell: «Comprar lo que vence con Milei y comprar lo más largo». Y ante la pregunta por el carry en pesos, fue cauteloso. «A mí me cuesta tentarme mucho con comprando pesos para ganar dos mensual», comentó. Prefiere, en un escenario constructivo, los bonos duales —que combinan cobertura cambiaria con tasa Tamar más un spread—, apostando a que una Argentina que se normaliza financieramente debería converger hacia tasas reales positivas.
La confluencia
Lo que emerge entre ambos paneles es una imagen coherente: un mundo que premia a quienes invierten en la infraestructura del nuevo ciclo tecnológico —chips, energía, commodities, ciberseguridad— antes que en sus protagonistas más visibles; y una Argentina que, por primera vez en décadas, empieza a formar parte de esa ecuación global como exportadora neta de energía y minerales críticos.
«Argentina tiene todo lo que necesita para entrar a la nueva era en una posición fuerte y necesaria y clave para el sistema global», cerró Riesgo. El desafío, como siempre, es político. Rozanski aportó un dato que reencuadra el debate político en clave estructural. En el próximo mandato presidencial, las exportaciones de energía y minería rondarán los 40.000 millones de dólares anuales —unos 160.000 millones a lo largo de todo el período—. Aun así, fue cuidadoso: «No me animo a decir que eso elimina el riesgo político del año que viene. Si el mercado compra la idea de que es una moneda al aire, se va a asustar y vamos a tener baile y volatilidad».



