Los inversores tienen claro qué quieren, pero sus decisiones no siempre están en consonancia. Para Fidelity International, esta desconexión, que denominan “la brecha entre las aspiraciones y los actos”, es un rasgo persistente del comportamiento de los inversores. Según refleja su encuesta global “Be Invested 2026”, en la que encuestamos a 13.000 inversores en 13 mercados de todo el mundo, muchos inversores podrían no estar dando los pasos que les ayudarán a alcanzar sus metas financieras a largo plazo.
En opinión de Samantha Ricciardi, responsable para Europa, Oriente Medio y África (EMEA) de Fidelity, y Damien Mooney, responsable para Asia-Pacífico menos Japón, esta realidad se manifiesta de diferentes formas: “Los inversores aspiran a conseguir rentabilidades a largo plazo elevadas, pero mantienen un porcentaje considerable de su patrimonio en liquidez. Son conscientes de la importancia de mantener las inversiones, pero siguen reaccionando ante los movimientos a corto plazo de los mercados. Aunque expresan confianza en sus decisiones, no siempre se sienten totalmente preparados para llevarlas a la práctica. Incluso con más herramientas, más información y un mayor acceso que nunca, no siempre resulta fácil mantener el rumbo hacia los objetivos a largo plazo”, argumentan.
La raíz de la brecha
En este sentido, ambos advierten de que las implicaciones son reales, ya que, con el tiempo, las pequeñas desviaciones pueden acumularse y dar lugar a resultados sustancialmente diferentes, sobre todo en relación con las metas a largo plazo, como la jubilación. “Dicho de forma sencilla, la forma en que muchos inversores emplean su dinero no concuerda con lo que quieren conseguir”, afirman.
Por ejemplo, en todo el mundo los inversores aspiran a una rentabilidad media anual del 7,9% a largo plazo, pero la liquidez representa en promedio un 22% de sus carteras de inversión. “De acuerdo con nuestro análisis, salir de la liquidez puede generar una mejora considerable de la rentabilidad de hasta tres puntos porcentuales anualizados a lo largo de 10 años. También existe una ventaja pequeña, pero considerable, cuando se mejora la diversificación para reducir el sesgo nacional”, indican desde la gestora.
Otra de las conclusiones de la encuesta es que la dimensión conductual agrava la brecha: cuando la volatilidad hace mella en los mercados, muchos inversores hacen una pausa o salen en lugar de mantener las inversiones. “La confianza también sigue siendo un obstáculo y, en este sentido, los inversores se sienten abrumados por la complejidad y buscan directrices más claras en las que poder confiar”, reconocen.
Cómo romper la brecha
Para la gestora la buena noticia es que, “mediante pequeños cambios”, se puede conseguir un impacto significativo. Por eso proponen, además de reducir el promedio de liquidez de las carteras, evitar la concentración en el mercado nacional. “Reducir el sesgo nacional puede ampliar el conjunto de oportunidades, elevar el potencial de rentabilidad, rebajar la volatilidad de la cartera y mitigar el riesgo de pérdidas de valor”, explican.
Por otro lado, resulta clave que los inversores que recurren a un asesor financiero muestran una mayor confianza en que alcanzarán sus metas a largo plazo y están más dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, la firma advierte de que convertir estas metas en un comportamiento disciplinado a la hora de invertir depende de que se armonicen los costes, los incentivos y la estructuración de las carteras, de modo que la asunción de riesgos sea coherente con los objetivos a largo plazo.



