¿Qué es realmente la gestión activa? Un grupo de gestoras independientes, entre las que se encuentran BDL Capital Management, Carmignac, CIAM, Comgest, Edmond de Rothschild Asset Management, IVO Capital y Moneta, no solo han intentado dar respuesta empírica esta pregunta, sino que han elaborado un Libro Blanco de la Gestión Activa para analizar su papel en los mercados financiero.
Para estas gestoras el primer paso es obvio: lograr una definición más actual y mejorada de qué es la gestión activa. Una necesidad que surge del momento que atraviesa, en especial en Europa, donde se encuentra en un punto de inflexión. “Bajo el efecto combinado del auge de la gestión pasiva y del desdibujamiento de la línea divisoria entre gestión activa y pasiva, la asignación de capital se ha convertido gradualmente en un mecanismo determinado por los flujos, muy desconectado del análisis económico, de la financiación de la economía real y de las cuestiones de soberanía financiera”, apuntan como premisa.
Definirse por comparación
También señalan que cuando se habla de gestión pasiva se suele dar por sentado comisiones más bajas, mayor simplicidad y una promesa de neutralidad. Pero esta aparente certeza es engañosa. “Cuando el amplio movimiento hacia la gestión totalmente pasiva no se cuestiona lo bastante, genera importantes efectos sistémicos: concentración de capital, estandarización de carteras, debilitamiento de la financiación primaria, mayor exposición de los ahorradores e inversores a riesgos colectivos difíciles de detectar y una transferencia gradual del poder económico fuera de Europa”, destacan.
En este sentido, el informe pone de manifiesto una confusión persistente: bajo la etiqueta de gestión activa coexisten enfoques muy diferentes. Algunos se mantienen cercanos a los índices, con una escasa capacidad para crear valor; otros se basan en convicciones sólidas, una investigación fundamental exhaustiva y una independencia real respecto a los índices de referencia.
En este sentido, el Active Share se presenta como un indicador útil para medir esta diferenciación. Según el informe, un umbral del 71% marca el nivel a partir del cual la rentabilidad superior se vuelve más accesible tras deducir los gastos, mientras que por encima del 80%, la creación de valor puede llegar a ser significativa
Una posición clara
El informe no cuestiona la utilidad de la gestión pasiva, especialmente en materia de costes y accesibilidad. Sin embargo, subraya que la comparación entre la gestión activa y la pasiva no puede limitarse únicamente al nivel de los gastos, precisamente en un momento en que la normativa europea refuerza los requisitos de justificación del valor aportado a los inversores.
Por lo tanto, este informe aboga por dos enfoques. Por un lado, insisten en aclarar la definición de gestión activa, distinguiendo expresamente, en el ámbito de los mercados financieros franceses y europeos, entre la verdadera gestión activa y las estrategias basadas en índices de referencia o semipasivas. “Una definición pragmática permitiría una interpretación más transparente y rigurosa de los diferentes enfoques de gestión”, defiende el informe.
Por otro lado, propone reforzar la transparencia para los inversores convirtiendo la publicación clara y periódica de indicadores de diferenciación respecto a los índices, en particular el active share, en una práctica habitual. “Si no se publica este indicador, no debería permitirse que una estrategia se autodenomine gestión activa, ya que los ahorradores y los responsables de asignación de activos deben poder identificar de manera objetiva las estrategias verdaderamente activas y tomar sus decisiones de inversión con pleno conocimiento de causa”, argumentan.
Para las gestoras promotoras de este informe, la gestión de activos no es solo un sector de productos. “Es un eslabón estratégico para la financiación de la economía, la protección del ahorro y la salvaguarda de la soberanía europea. La cuestión ya no es si la gestión activa tiene un papel que desempeñar, sino si Europa puede permitirse prescindir de un ecosistema de gestión activa capaz de financiar su economía, respaldar sus transiciones industrial y medioambiental y preservar su autonomía financiera”, concluyen, tomando a Europa como referencia.


Por Beatriz Zúñiga
