Cuando se habla de construcción de portafolios la conversación suele concentrarse en la asignación de activos: cuánto colocar en acciones, bonos, efectivo, renta fija u otras clases de activos. Sin embargo, una investigación reciente de Vanguard pone el foco en una decisión menos visible, pero que puede tener efectos relevantes sobre el patrimonio de largo plazo: dónde mantener cada inversión.
La estrategia, conocida como asset location o colocación de activos, consiste en distribuir de manera deliberada las inversiones entre cuentas gravables y cuentas con ventajas fiscales, con el objetivo de reducir el impacto de los impuestos y mejorar el rendimiento que finalmente conserva el inversionista.
De acuerdo con Vanguard, para determinados inversionistas con portafolios diversificados, una estrategia adecuada de asset location puede aportar hasta 30 puntos base, o 0,3%, adicionales al año en rendimiento después de impuestos.
La cifra puede parecer modesta frente a las fluctuaciones normales de los mercados, pero adquiere otra dimensión cuando se considera el efecto de la capitalización durante periodos prolongados.
No es lo mismo qué comprar que dónde mantenerlo
Vanguard establece una distinción fundamental entre dos decisiones. La asignación de activos determina la combinación de inversiones que tendrá el portafolio y continúa siendo el principal factor para determinar su riesgo y rendimiento de largo plazo.
La colocación de activos, en cambio, responde a una pregunta diferente: ¿en qué cuenta conviene mantener cada una de esas inversiones?
Un inversionista puede, por ejemplo, tener acciones y bonos dentro de su portafolio objetivo. Pero si posee simultáneamente una cuenta gravable, una cuenta de jubilación con impuestos diferidos y una cuenta Roth o equivalente, no necesariamente resulta óptimo mantener la misma proporción de acciones y bonos en cada una. La razón está en que los distintos tipos de activos generan ingresos que reciben un tratamiento fiscal diferente.
Los intereses de los bonos, por ejemplo, suelen generar ingresos periódicos que pueden estar sujetos a las tasas ordinarias de impuestos. En una cuenta gravable, ese pago de impuestos puede reducir el capital que permanece invertido y, por tanto, limitar el efecto de la capitalización.
Por el contrario, colocar activos menos eficientes desde el punto de vista fiscal dentro de cuentas con ventajas tributarias puede permitir que una mayor proporción de sus rendimientos permanezca invertida.
En este contexto, uno de los principios más sencillos que plantea Vanguard es priorizar la colocación de bonos sujetos a impuestos dentro de cuentas con ventajas fiscales, como determinados planes de jubilación.
La lógica es relativamente directa: una parte importante del rendimiento de los bonos proviene de los intereses, que normalmente se distribuyen de manera periódica y pueden estar sujetos a tasas ordinarias de impuesto. En cambio, buena parte del rendimiento de las acciones puede provenir de ganancias de capital, cuyo reconocimiento fiscal puede diferirse durante años dependiendo de la legislación y de las decisiones del inversionista.
Esto no significa que todos los bonos deban estar necesariamente en cuentas fiscalmente favorecidas ni que todas las acciones deban permanecer en cuentas gravables. La decisión depende de la situación fiscal del inversionista, el tipo de cuenta, el horizonte de inversión, las necesidades de liquidez y la composición general del portafolio.
De hecho, Vanguard advierte que la eficiencia fiscal no debe llevar al inversionista a sacrificar una asignación de activos adecuada. La construcción del portafolio continúa siendo la prioridad.
¿Quién puede obtener mayor beneficio?
La investigación identifica determinadas condiciones bajo las cuales la estrategia puede generar mayor valor. La primera es contar con una asignación de activos relativamente equilibrada. Si un inversionista concentra prácticamente todo su patrimonio en una sola clase de activo, existe menos margen para decidir estratégicamente dónde colocar cada inversión.
La segunda es contar con saldos significativos tanto en cuentas gravables como en cuentas con ventajas fiscales. Si todo el patrimonio está en un solo tipo de cuenta, las posibilidades de optimización mediante asset location son evidentemente menores.
La tercera es disponer de un horizonte de inversión suficientemente largo. El beneficio no necesariamente aparece de manera espectacular en un año determinado; su importancia aumenta conforme los ahorros fiscales se reinvierten y se acumulan durante periodos prolongados. Por ello, la estrategia puede adquirir especial relevancia para inversionistas de patrimonio elevado que mantienen diferentes vehículos de inversión y distintos tipos de cuentas.
El atractivo del asset location está precisamente en que no requiere necesariamente asumir más riesgo de mercado. La estrategia busca mejorar el rendimiento neto de impuestos, no obtener un rendimiento bruto superior mediante una mayor exposición a activos riesgosos.
Una diferencia de 0,3% anual puede parecer pequeña frente a una cartera que registra variaciones de varios puntos porcentuales en un año. Pero cuando esa diferencia se mantiene durante décadas y se reinvierte, el efecto acumulado puede ser considerable.
Por ejemplo, sobre un patrimonio hipotético de un millón de dólares, una mejora de 0,3% equivale inicialmente a unos 3.000 dólares adicionales de rendimiento anual, antes de considerar el efecto compuesto. No se trata de una ganancia garantizada ni de una tasa que pueda extrapolarse automáticamente a todos los inversionistas, sino de una forma de dimensionar el impacto potencial señalado por Vanguard.
El desafío para la gestión patrimonial
La relevancia de esta estrategia aumenta a medida que los inversionistas acumulan patrimonio en diferentes vehículos.
Para un asesor financiero o gestor patrimonial, la pregunta deja de ser únicamente qué activos debe tener el cliente y pasa a incluir otra: ¿en qué cuenta debería mantener cada activo? Esto puede implicar considerar simultáneamente cuentas gravables, cuentas con impuestos diferidos y cuentas con crecimiento libre de impuestos, además de las necesidades de liquidez y las reglas fiscales aplicables.
Vanguard también recomienda concentrar la estrategia inicialmente en las grandes clases de activos —particularmente acciones y bonos— antes de intentar optimizar diferencias más pequeñas entre estilos de inversión.
Para inversionistas con ingresos elevados que mantienen bonos en cuentas gravables, la investigación también señala que los bonos municipales pueden desempeñar un papel estratégico debido a su tratamiento fiscal, aunque su conveniencia depende de las circunstancias particulares de cada inversionista.
El concepto de asset location refleja una evolución importante en la gestión de portafolios: el rendimiento que importa para construir patrimonio no es necesariamente el rendimiento antes de impuestos, sino el que finalmente permanece en manos del inversionista.
En un entorno en el que las expectativas de rendimiento futuro pueden ser más moderadas y los inversionistas buscan todas las fuentes posibles de eficiencia, reducir el llamado tax drag —el rendimiento que se pierde por efecto de los impuestos— puede convertirse en una herramienta complementaria.
La propia investigación de Vanguard subraya, sin embargo, que la colocación de activos no sustituye una adecuada asignación de activos. Su valor está en hacer más eficiente una cartera que ya está correctamente construida. Así, la próxima vez que un inversionista pregunte si debe comprar acciones o bonos, la respuesta podría requerir una segunda pregunta: ¿y en qué cuenta piensa mantenerlos?
En esa diferencia aparentemente pequeña entre qué comprar y dónde colocarlo puede existir una fuente adicional de rendimiento después de impuestos de hasta 0,3% anual, según Vanguard.


Por Antonio Sandoval
Por Beatriz Zúñiga