Un significativo cambio de liquidez se está produciendo en los mercados privados globales, donde los gestores de capital privado recurren cada vez más a estructuras PIK (payment-in-kind) para gestionar los flujos de caja, planteando dudas sobre transparencia y gestión de riesgos, según un estudio de Ocorian.
El análisis, realizado entre gestores de EE. UU. y Europa con 3,511 billones de dólares en activos bajo gestión, revela que el 86% prevé un aumento del uso de PIK en su exposición a crédito privado en los próximos dos años. De ellos, el 4% anticipa un incremento drástico y el 82% un repunte moderado, mientras que el 14% restante cree que se mantendrá estable.
Búsqueda de flexibilidad en un mercado complejo
Las estructuras PIK permiten a los prestatarios emitir deuda o capital adicional a los prestamistas en lugar de abonar las obligaciones de intereses con pagos inmediatos en efectivo. Aunque esto otorga margen de maniobra a las empresas en cartera, también refleja vulnerabilidades subyacentes en sus balances.
De forma preocupante, nueve de cada diez encuestados (90%) coinciden en que existe un riesgo creciente de que el uso del PIK enmascare el verdadero estrés financiero de los prestatarios, y un 16% sostiene firmemente que aplazar las obligaciones financieras en efectivo dificulta distinguir entre una gestión proactiva del capital y graves problemas de liquidez.
Anatoly Sorin, responsable de Servicios de Agencia de Préstamos y Titularidad de Bonos en el Reino Unido de Ocorian, señala: «Nuestra investigación revela un consenso abrumador sobre el auge de las estructuras PIK. Los gestores de capital privado están haciendo todo lo posible para respaldar a las empresas de sus carteras durante un periodo prolongado de elevados costes de financiación. Sin embargo, esta flexibilidad viene acompañada de una advertencia.”
Brecha de capacidades ante el crecimiento del PIK
A este reto se suman las vulnerabilidades operativas y tecnológicas detectadas por Ocorian. A medida que los intereses del PIK se capitalizan (compounding), alteran directamente los umbrales de rentabilidad preferente (preferred return), la cascada de distribución (distribution waterfall) y el cálculo de las ganancias realizadas frente a las no realizadas, métrica que determina las comisiones de éxito o carried interest.
Solo el 17% de las firmas consultadas afirma contar con sistemas automatizados y robustos capaces de integrar el interés compuesto del PIK en la modelización de la cascada de pagos. Casi un tercio (32%) admite que depende totalmente de proveedores externos, como administradores de fondos, para gestionar esta complejidad. Por su parte, un 39% reconoce que puede modelarlo, pero requiere ajustes manuales significativos, mientras que un 10% admite que sigue siendo una carencia en sus capacidades actuales. Un 2% adicional señala que el PIK aún no es lo suficientemente material en su cartera como para justificar un sistema dedicado.
“Dado que las estructuras PIK son cada vez más frecuentes, las capacidades operativas y tecnológicas de las firmas deben evolucionar al mismo ritmo, ya sea de forma interna o mediante la externalización a administradores de fondos especializados que garanticen que los cálculos del waterfall y del carry sean precisos, consistentes y transparentes”, es lo que apunta Anatoly Sorin.
Abi Reilly, socia de Regulación y Cumplimiento de Ocorian, concluye: “A medida que las firmas gestionan las exigencias operativas de las estructuras PIK, la gobernanza y la supervisión deben mantenerse en primer plano. Es fundamental que puedan demostrar cómo se supervisan, modelan e informan estos instrumentos, especialmente cuando la complejidad aumenta y participan terceros”.



