Mabrouk Chetouane, responsable global de Estrategia de Mercados de Natixis IM Solutions, considera que el desacoplamiento cíclico observado durante el primer semestre entre Estados Unidos y la eurozona probablemente continuará de cara a lo que queda de año. En concreto, el experto espera que el crecimiento del PIB estadounidense se sitúe en torno a su tasa potencial (2,4%), mientras que el de la eurozona difícilmente superará el 0,7% de media anual.
Según su visión, la presión ejercida por el shock exógeno de oferta asociado al conflicto en Oriente Medio sobre los precios de la energía sigue lastrando la economía europea y la actividad empresarial. Sin duda, la gran pregunta es qué podemos esperar de aquí a diciembre. Sobre ello le hemos preguntado a Chetouane, en nuestra última entrevista en Funds Society.
¿Qué factores creen que impulsarán a los mercados durante el segundo semestre?
Identificamos tres factores clave que marcarán la evolución de los mercados financieros en la segunda mitad del año. En primer lugar, los factores geopolíticos seguirán ensombreciendo las perspectivas de los activos de riesgo. Aunque los inversores se han acostumbrado en gran medida a un entorno caracterizado por la proliferación de conflictos, cualquier recrudecimiento de estos se traducirá en un nuevo aumento de la volatilidad de los mercados.
En segundo lugar, los factores monetarios desempeñarán un papel decisivo en la configuración de las condiciones monetarias y financieras y, en consecuencia, en la evolución de los mercados de renta variable. Por último, el crecimiento de los beneficios empresariales será la variable determinante para saber si las bolsas pueden seguir avanzando.
¿Cómo influirán estos factores en la orientación de las carteras de inversión?
Lógicamente, una reactivación de las hostilidades provocaría nuevas tensiones en los mercados de la energía, en las rentabilidades de la deuda y en los mercados de divisas, aunque no necesariamente desencadenaría una corrección significativa en los mercados financieros. Por el contrario, una relajación de las tensiones en Oriente Medio —junto con la ausencia de nuevos focos de conflicto a escala mundial— constituiría un escenario favorable para los mercados de capitales.
El factor monetario probablemente sea el más impredecible. Los bancos centrales han abandonado la orientación futura (forward guidance), dejando así un mayor margen para sorpresas en materia de política monetaria. Este nuevo entorno podría incrementar la volatilidad de los mercados de capitales y elevar de forma significativa el coste del capital.
¿Cómo creen que deberían ajustarse las carteras para el resto del año?
Consideramos que la presión al alza sobre las rentabilidades de la deuda persistirá durante el segundo semestre. En este contexto, resulta adecuado reducir la duración de las carteras incrementando la asignación a liquidez o a deuda corporativa high yield. Aunque la renta variable —especialmente el sector tecnológico— seguirá experimentando episodios de volatilidad y repuntes puntuales, creemos que las bolsas continuarán respaldadas por un sólido crecimiento de los beneficios empresariales. Por ello, mantenemos una posición sobreponderada en renta variable, especialmente en aquellos mercados impulsados por compañías de crecimiento.
¿Qué factor considera que el mercado está pasando por alto y que, en su opinión, será relevante?
En términos generales, el mercado es consciente de los principales riesgos que podrían afectar a su funcionamiento. Sin embargo, actualmente, está ignorando el factor político interno en Estados Unidos. La proximidad de las elecciones de mitad de mandato podría convertirse en un importante foco de división dentro de la sociedad estadounidense y llegar a alterar el comportamiento de los mercados financieros.
¿Qué podemos esperar de la Fed de Warsh y qué implicaciones tendrá para los inversores?
La llegada de la nueva dirección de la Reserva Federal supone una ruptura clara con el enfoque adoptado en los últimos años. Al abandonar la política de forward guidance, Kevin Warsh apuesta por una estrategia más discrecional en materia de política monetaria, lo que puede generar una mayor incertidumbre entre los inversores sobre las futuras decisiones de la institución. La menor visibilidad derivada de este nuevo modelo de gobernanza se traducirá, de facto, en un aumento de la incertidumbre, lo que previsiblemente provocará una mayor volatilidad en los mercados de capitales y un incremento de la prima de riesgo, especialmente en los bonos soberanos.



