La última ronda de reuniones celebradas en abril de los principales bancos centrales -la Reserva Federal, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón- tuvo el mismo resultado: mantuvieron los tipos oficiales sin cambios. Sin embargo, los expertos destacan que esta misma decisión distó mucho de ser unánime y, sobre todo, refleja la búsqueda de equilibrio entre las prioridades monetarias y fiscales en que todos ellos se encuentran.
“El desacuerdo va en aumento y el centro de gravedad se está desplazando hacia una postura más agresiva (hawkish)”, advierte Benoit Anne, Senior Managing Director y responsable del Grupo de Análisis de Mercados de MFS Investment Management. Si hacemos un rápido repaso, observamos que en la Fed, hubo cuatro votos en contra, una cifra inusualmente alta que no se registraba desde 1992. Un miembro abogó por un recorte, mientras que tres se opusieron a un lenguaje que dejaba la puerta abierta a la relajación, una señal que los mercados interpretaron como menos moderada (dovish) de lo esperado.
Por su parte, en el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón también hubo miembros que defendieron una subida, alegando riesgos de inflación relacionados con la energía. Y, el BCE se mantuvo unido en la votación, pero la presidenta Lagarde señaló un “debate saludable” sobre la subida de tipos, manteniendo junio firmemente sobre la mesa, en función de la geopolítica y los datos que vayan llegando.
“El mensaje es claro: las divisiones internas se están ampliando en los principales bancos centrales, y la tendencia se inclina hacia una política más restrictiva. En nuestra opinión, esa combinación es un terreno fértil para una mayor volatilidad macroeconómica. En la Fed, en particular, el próximo presidente podría enfrentarse a la difícil tarea de reconstruir el consenso”, añade Anne.
Equilibrando las prioridades
En opinión de Daniel Karnaus, gestor de carteras, Fixed Income Boutique (Vontobel), tanto en Estados Unidos como en Japón, se espera que la política monetaria respalde a la política fiscal, incluso cuando los bancos centrales tengan otros planes en mente. “Kevin Warsh, la visión del nuevo presidente designado de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), es la de crear una Fed ideal. Sin embargo, sus planes de reestructuración se oponen directamente al deseo del presidente de EE.UU., Donald Trump, de mantener los tipos de interés bajos. Del mismo modo, el Banco de Japón (BoJ) pretende normalizar los tipos de interés y reducir su balance. Sin embargo, esto choca con las prioridades de la primera ministra Sanae Takaichi, ya que busca el apoyo del banco central para sus políticas económicas”, explica Karnaus.
Según prevé el experto, la Fed recortará los tipos de interés en 2026: “En un contexto de debilitamiento del mercado laboral, nuestra opinión coincidía con el consenso del mercado de que en 2026 se producirían al menos dos recortes de tipos (de 25 puntos básicos cada uno). Sin embargo, el mercado da ahora por hecho que este año no habrá recortes de tipos. A pesar de este cambio en las expectativas del mercado, seguimos creyendo que se producirán al menos dos recortes de tipos en 2026”.
Respecto a Japón, señala que, al igual que el Gobierno de EE.UU., la primera ministra Sanae Takaichi aboga por una política fiscal más acomodaticia y ha pedido al banco central, bajo el liderazgo de Kazuo Ueda, que mantenga los tipos de interés bajos para fomentar la inversión y respaldar ambiciosos planes de gasto. “Prevemos un aumento gradual de los tipos de interés oficiales como parte de la normalización en curso de la política monetaria. En este contexto, se espera que los rendimientos a 10 años se acerquen al 2,5%, especialmente si las prioridades políticas siguen sin definirse hasta 2027 y persisten las incertidumbres fiscales”, asegura Karnaus.
Por último, el experto añade: “Sin embargo, el historial del BCE refleja una serie de los denominados ‘errores de política’, y el mercado prevé ahora que la institución no tendrá más remedio que subir los tipos de interés en respuesta al aumento de la inflación. Si la duración del conflicto se prolonga más allá de las 4 a 6 semanas desde el momento de redactar este informe, es muy probable que el BCE aplique dos subidas de tipos este año”.
La situación del Reino Unido es considerablemente diferente. Los gilts cotizan cerca de máximos históricos (casi un 5% en el bono a 10 años), reflejo de la dificultad de los equilibrios políticos necesarios y de la probabilidad de que el Banco de Inglaterra vuelva a subir los tipos de interés más adelante este año, mientras la inflación siga por encima de su objetivo del 2% a medio plazo.
“A corto plazo, la refinanciación de la deuda pública sigue respaldada por el estatus de la libra esterlina como moneda de reserva, la larga vida media de la cartera de gilts (más de 13 años), las importantes tenencias del Banco de Inglaterra (casi el 20%) y una base inversora bien diversificada”, concluye Thomas Gillet, analista de ratings soberanos y del sector público de Scope Ratings.



Por Beatriz Zúñiga