Durante el primer trimestre del año, el dólar tuvo un comportamiento lateral – bajista con la volatilidad, especialmente en marzo. Según los expertos, estamos ante la transición de un dólar fuerte -tal y como vimos entre 2022 y 2024- hacia un entorno más neutral e, incluso, débil. En este sentido, los tres primeros meses dejan una ligera depreciación del dólar y el debate abierto sobre su papel como referencia mundial y sus fundamentales.
“La necrológica del dólar estadounidense se ha escrito muchas veces, con una frecuencia cada vez mayor durante el último año, pero la mayoría de los análisis catastrofistas sobre la divisa se centran en un solo lado de la ecuación y pasan por alto el panorama completo”, lamenta Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton.
Fallida tesis del ‘petrodólar’
A raíz de esta conexión, se ha extendido la tesis del “petrodólar”, que afirma que el dominio del dólar se sustenta en que el comercio del petróleo está denominado en dólares estadounidenses, y que el desplazamiento de las exportaciones de crudo de Oriente Medio hacia Asia y la localización del gasto en defensa del Golfo señalan el inicio del fin de la hegemonía del dólar. En opinión de Desai, esta visión es notablemente simplista: “Invierte parcialmente la relación de causalidad. Los países exportadores de petróleo tienen un fuerte interés propio en recibir pagos en dólares por lo que los dólares representan: acceso a los mercados de capital más profundos y líquidos del mundo, respaldados por un marco institucional y legal que protege los derechos de propiedad y hace cumplir los contratos, y apoyados por una economía fuerte, dinámica e innovadora”.
Según el análisis que hace la experta de Franklin Templeton, tres pilares sostienen este sistema: la escala y dinamismo de la economía estadounidense, la credibilidad institucional y una profundidad de mercado inigualable. “Tampoco existe una alternativa creíble; el euro carece de un activo seguro unificado a gran escala; el renminbi opera bajo controles de capital; y las monedas digitales pueden liquidar transacciones, pero no ofrecen la función de reserva de valor que exige el estatus de moneda de reserva”, añade Desai.
Debate abierto
Además, argumenta que los datos refuerzan esta idea en ámbitos como las reservas, los pagos, el volumen de operaciones de divisas y la profundidad del mercado de bonos del Tesoro, métricas que no son propias de una moneda en declive. “La debilidad del dólar es cíclica, no estructural, aunque su verdadera vulnerabilidad reside en la política fiscal de Estados Unidos. Para los inversores, mantengo una visión constructiva sobre el estatus del dólar como moneda de reserva en el horizonte previsible y recomendaría mantenerse ágiles en los márgenes y centrarse en los fundamentales. Creo que los inversores deberían fijarse en los movimientos de los tipos de cambio bilaterales, en lugar de apostar por el fin del régimen de dominancia del dólar”, concluye.
Sin embargo, Thomas Hempell, responsable de análisis macroeconómico y de mercados en Generali AM (parte de Generali Investments), se muestra más crítico y pone el foco en que, a corto plazo, la evolución del dólar estadounidense sigue estando estrechamente ligada a cómo se desarrolle el conflicto en Oriente Medio. “No se trata tanto de que el dólar haya recuperado su papel de valor refugio, sino más bien el efecto del precio del petróleo: cuando el petróleo sube, el dólar tiende ahora a beneficiarse, ya que Estados Unidos se ha convertido en un exportador neto de energía. Por el contrario, el euro y el yen se ven afectados, ya que Europa y Japón importan gran parte de su energía, por lo que el aumento de los precios del petróleo empeora sus balanzas comerciales y sus perspectivas de crecimiento”, argumenta.
Perspectivas sobre el dólar
De cara al futuro, Hempell espera que el dólar vuelva a debilitarse si la guerra se calma pronto y los precios del petróleo retroceden. Según argumenta, es probable que los inversores globales sigan diversificando sus carteras alejándose del dólar, y la guerra con Irán podría incluso erosionar la dependencia del sistema del petrodólar. “Esto mantiene la tendencia alcista a medio plazo del par euro/dólar, aunque en menor medida de lo que habríamos esperado antes de la guerra, ya que es probable que los precios de la energía se mantengan estructuralmente más altos y la recuperación de la zona euro vaya a ser ahora más moderada”, argumenta.
Los economistas de BofA también son bajistas en el euro/dólar a corto plazo: “Nuestra previsión para el final del segundo trimestre en 1,14 y con riesgos sesgados a la baja”. Su tesis es que los precios persistentemente elevados de la energía generan impulsos estanflacionarios a nivel global y una convergencia más lenta del crecimiento entre EE.UU. y la eurozona. Además, la divergencia entre la Fed y el BCE que sostienen los economistas de BofA prevén para más adelante este año crea un contexto interesante: por un lado, un BCE centrado en preservar su credibilidad en materia de inflación, frente a una Fed que prioriza el mercado laboral, podría ser un factor de apoyo para el euro/dólar. Por otro lado, reconocen que el panorama se complica al analizar las previsiones en términos reales.
“Más allá de los factores a corto plazo, el dólar aún debe enfrentarse a posibles riesgos a la baja en el mercado laboral estadounidense, el crédito privado y el aumento de los riesgos fiscales. “A más largo plazo, las implicaciones del cambiante entorno geopolítico seguirán generando dudas sobre la exposición óptima al dólar. Prevemos un euro/dólar en 1,20 a final de año, condicionado a que la Fed no suba tipos, a una normalización de la energía y a una convergencia gradual del crecimiento entre EE.UU. y la eurozona”, concluyen.


Por Beatriz Zúñiga
