Así se construye el nuevo ecosistema de las inversiones para las proximas décadas
| Por Antonio Sandoval | 0 Comentarios

Las cartas más recientes de Larry Fink, presidente y CEO de BlackRock, y Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase a sus respectivos consejos de administración, tienen una particularidad que no se observaba en otros años; ambas revelan dos estrategias diferentes, pero una coincidencia de fondo: el viejo mapa de la inversión ya no alcanza para explicar dónde estará el crecimiento durante los próximos años. Se trata de una gran transformación del ecosistema de las inversiones hacia las siguientes décadas.
Fink escribe desde la mayor gestora de activos del mundo y plantea que el futuro de la inversión pasa por conectar mercados públicos y privados, tecnología, infraestructura, inteligencia artificial y una participación mucho más amplia de los ahorradores. Dimon, por su parte, lo hace desde el mayor banco estadounidense, pero con una visión que también apunta a integrar banca, gestión patrimonial, mercados privados, ETFs, activos digitales e inteligencia artificial.
No están proponiendo exactamente lo mismo. Pero ambos están llegando a una conclusión parecida: la inversión del futuro no estará organizada alrededor de un solo activo, sino alrededor de un ecosistema.
Y las cifras muestran que no se trata solamente de discursos. BlackRock terminó junio con un récord de 15,3 billones de dólares en activos bajo gestión, después de captar 321.000 millones en entradas netas durante el primer semestre de 2026, de los cuales 192.000 millones llegaron en el segundo trimestre. Los flujos fueron amplios y procedieron de ETFs, mercados privados, renta fija activa y estrategias sistemáticas de renta variable. En paralelo, los ingresos por servicios tecnológicos y suscripciones crecieron 13% interanual, impulsados por Aladdin y soluciones multiproducto.
JPMorgan Asset & Wealth Management, no se queda atrás. Cerró 2025 con 7,1 billones de dólares en activos de clientes, frente a los 5,9 billones reportados un año antes. Sus activos alternativos alcanzaron 560.000 millones, desde 504.000 millones en 2024 y apenas 221.000 millones en 2015. La división registró además 553.000 millones de flujos de activos de clientes en 2025, un récord que además se corona con el vigésimo segundo año consecutivo con entradas netas positivas.
El tamaño de ambos negocios ayuda a entender la magnitud de lo que está cambiando.
Fink: invertir ya no significa solamente comprar acciones y bonos
La carta de Larry Fink de 2026, titulada Growing with your country: Thoughts from a long-term optimist (Creciendo con tu país: Reflexiones de un optimista a largo plazo), parte de una preocupación que podría parecer alejada de la gestión de carteras: el mundo está dejando atrás el modelo de globalización que dominó las últimas décadas.
Europa está aumentando su gasto en defensa, Estados Unidos busca reconstruir capacidad industrial y los mercados emergentes desarrollan fuentes domésticas de energía. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está obligando a construir centros de datos, redes eléctricas, semiconductores y nuevas capacidades de cómputo.
El punto central de Fink es que esa transformación requiere enormes cantidades de capital. Y, en su opinión, los bancos y los gobiernos ya no pueden financiar por sí solos las inversiones que necesita la nueva economía. Los mercados de capitales tendrán que asumir una parte cada vez mayor de esa tarea.
Aquí aparece un cambio fundamental en la visión de BlackRock. Durante décadas, el crecimiento de la firma estuvo asociado principalmente con la renta fija institucional, los fondos indexados y, posteriormente, los ETFs de iShares. Ahora, Fink está describiendo una empresa considerablemente más amplia: una plataforma que quiere participar en renta variable, renta fija, ETFs, mercados privados, infraestructura, crédito privado, activos digitales, tecnología y datos.
La evolución se refleja incluso en la estructura de sus adquisiciones. BlackRock cerró en 2025 las operaciones de HPS Investment Partners, Preqin y ElmTree, después de haber adquirido Global Infrastructure Partners (GIP) en 2024. El resultado es una plataforma que combina mercados públicos, privados y tecnología.
Y el objetivo está cuantificado: BlackRock quiere conseguir 400.000 millones de dólares de captación bruta acumulada en mercados privados hacia 2030. Su plataforma de infraestructura ya cuenta con el fondo insignia de GIP, que levantó 25.200 millones, mientras que en crédito privado registró casi 20.000 millones de entradas netas en 2025.
No es casualidad que Fink coloque a los mercados privados en el centro de la transformación. BlackRock ya administra 3 billones de dólares para clientes de seguros, wealth management y outsourcing, tiene unos 700.000 millones en activos de cuentas generales de aseguradoras y más de 30.000 millones en activos minoristas de mercados privados. La estrategia consiste en llevar esas inversiones a segmentos de clientes que durante mucho tiempo estuvieron concentrados casi exclusivamente en acciones, bonos y fondos tradicionales.
El movimiento es particularmente significativo porque implica que la frontera entre los mercados públicos y privados empieza a perder relevancia dentro de la construcción de carteras. BlackRock lo reconoce de manera explícita en sus perspectivas de mercados privados para 2026: los inversores están combinando cada vez más activos públicos y privados para buscar exposición a inteligencia artificial, infraestructura y otros grandes temas estructurales, mientras los mercados privados evolucionan hacia un ecosistema más integrado con los mercados públicos.
Pero la transformación que plantea Fink no termina en los activos privados ya que su carta introduce una segunda revolución: la digitalización de la propiedad financiera.
El CEO de BlackRock plantea que, con la tokenización, un mismo monedero digital podría llegar a contener ETFs, bonos tokenizados, monedas digitales y participaciones fraccionadas en activos que históricamente estaban fuera del alcance de los pequeños inversores, incluidos proyectos de infraestructura y fondos de crédito privado. En otras palabras, no solamente está cambiando aquello en lo que se invierte. También puede cambiar la infraestructura mediante la cual se compra, se mantiene y se negocia una inversión.
Es una diferencia importante. El ETF democratizó el acceso a una cartera diversificada; en este sentido la siguiente etapa que imagina BlackRock podría democratizar el acceso a activos que hasta ahora exigían grandes tickets, estructuras sofisticadas y relaciones institucionales.
Y ahí aparece Aladdin. La plataforma tecnológica de BlackRock ya no es solamente una herramienta interna de gestión de riesgos. Los ingresos de tecnología y suscripciones crecieron 13% en el segundo trimestre de 2026, mientras la compañía continúa posicionando a Aladdin como una pieza central de su oferta multiproducto.
BlackRock está, por tanto, intentando convertirse simultáneamente en gestor de activos, originador de inversiones privadas, distribuidor, proveedor de tecnología y operador de infraestructura financiera.
Dimon: el banco también quiere convertirse en una plataforma de inversión
Jamie Dimon llega a una conclusión parecida desde una posición distinta. En su carta a los accionistas, publicada el 6 de abril de 2026, el CEO de JPMorgan Chase reconoce que la competencia ya no procede solamente de otros bancos. También llega de gestores de activos, fintechs, plataformas digitales, blockchain, stablecoins y otras formas de tokenización.
La respuesta de JPMorgan, dice Dimon, es invertir y moverse con rapidez, incorporando inteligencia artificial a prácticamente todo lo que hace. Su descripción de JPMorgan resulta reveladora: una institución que debe seguir permitiendo a sus clientes guardar dinero, mover dinero, invertirlo, levantar capital y administrar inversiones, pero mediante tecnologías y productos que están modificando la forma en que se realizan esas actividades.
En 2025 JPMorgan obtuvo ingresos récord de 185.600 millones, beneficio neto de 57.000 millones y un retorno sobre capital tangible de 20%. Pero quizá resulte más importante para entender su estrategia que durante ese año el banco extendió crédito y levantó capital por 3,3 billones de dólares para sus clientes, movió diariamente casi 12 billones en más de 120 monedas y más de 160 países, y custodiaba más de 41 billones en activos.
Es decir, JPMorgan no está intentando adaptarse a la nueva economía solamente como administrador de carteras. Está tratando de controlar buena parte de los distintos canales por los que circula el capital.
Y en el tema de la IA Fink y Dimon vuelven a encontrarse. Para ambos, la inteligencia artificial es mucho más que una oportunidad para comprar acciones de empresas tecnológicas.
Fink sostiene que la IA está transformando la propia forma de invertir. La combinación de grandes bases de datos, modelos sistemáticos, aprendizaje automático y supervisión humana está llevando a un modelo de gestión capaz de analizar miles de valores de manera simultánea y disciplinada. BlackRock lleva cuatro décadas desarrollando capacidades de datos y tecnología para ese propósito.
Dimon es todavía más directo. En su carta afirma que la IA afectará prácticamente todas las funciones, aplicaciones y procesos de JPMorgan y que su adopción puede avanzar mucho más rápido que las transformaciones tecnológicas anteriores.
Pero el banco también está gastando para construir esa infraestructura. JPMorgan tiene previsto un presupuesto tecnológico de aproximadamente 19.800 millones de dólares para 2026. Su división de Asset & Wealth Management utiliza, entre otras herramientas, SpectrumIQ para integrar investigación, datos y riesgo sobre unas 90.000 securities y 22 millones de documentos, reduciendo 80% el tiempo entre investigación manual y generación de información útil.
La transformación alcanza también al asesoramiento. Connect Coach utiliza 25 agentes especializados de IA para proporcionar ideas personalizadas a los asesores de JPMorgan y generó un millón de insights personalizados para unos 5.000 usuarios de Global Private Bank.
La inteligencia artificial, entonces, comienza a cumplir una doble función: ayuda a encontrar inversiones y, al mismo tiempo, cambia la forma de distribuirlas y asesorarlas.
La estrategia de JPMorgan en mercados privados es especialmente significativa porque muestra que el cambio no se limita a BlackRock. Dimon señala en su carta que JPMorgan está expandiendo sus capacidades en private markets, mientras Asset & Wealth Management incrementa su exposición a alternativas y ETFs.
La cifra de 560.000 millones en activos alternativos de JPMorgan AWM al cierre de 2025 representa un aumento de aproximadamente 339.000 millones respecto de 2015, es decir, más de tres veces el nivel de hace una década.
Pero JPMorgan no está abandonando la gestión activa tradicional, simplemente la está modernizando. La firma reportó que 83% de los activos de sus fondos activos de largo plazo tuvo un desempeño superior a la mediana de sus pares durante el periodo de diez años terminado en 2025. Al mismo tiempo, convirtió a los ETFs activos en uno de sus principales motores de crecimiento: terminó 2025 con 250.000 millones de dolares en recursos de ETFs activos y 65.000 millones de flujos, ocupando el primer lugar de la industria en ambos rubros, según la propia compañía.
La firma espera además que el mercado de ETFs activos crezca de aproximadamente 2 billones de dólares en 2025 a más de 6 billones en 2030. Esto produce una paradoja interesante: la nueva arquitectura no elimina los instrumentos tradicionales; los integra. Dec esta manera, el ETF no desaparece ante el mercado privado; el fondo activo no desaparece ante la inteligencia artificial y el asesor financiero no desaparece ante la automatización. Todos se vuelven piezas de una cartera más compleja.
El cambio consiste en dejar de pensar en activos, BlackRock México
La perspectiva de Sergio Méndez, director general de BlackRock México, resulta especialmente útil para entender la transformación desde América Latina.
En la presentación de su reporte «Panorama de inversión para el segundo semestre de 2026», Méndez señaló que “lo más importante es el cambio tecnológico” y que la inteligencia artificial está dando forma a los mercados. Pero su planteamiento va más allá de apostar por empresas tecnológicas.
En charla con Funds Society, Méndez explica que la IA exige construir todo un andamiaje de infraestructura, energía, capital y talento para que su crecimiento sea sostenible; ahí aparece una de las ideas más relevantes para entender hacia dónde se está moviendo la gestión de activos.
Méndez sostuvo que ya no resulta suficiente hablar de activos o empresas específicas, sino de “un portafolio completo”, donde además de renta fija y renta variable tengan espacio activos como commodities y metales.
La frase es particularmente significativa porque coincide con el cambio de paradigma que aparece, aunque desde perspectivas distintas, tanto en Fink como en Dimon: primero identificar los grandes temas y riesgos del nuevo régimen económico; después construir la cartera; finalmente decidir qué vehículo financiero utilizar.
En México, esa visión adquiere una dimensión adicional. Méndez ha señalado que BlackRock observa oportunidades en tecnología, energía y logística, incluidos trenes y puertos, y que la expansión de la inteligencia artificial incrementará la necesidad de infraestructura capaz de sostener el crecimiento tecnológico.
No es una coincidencia menor. La tesis de inversión deja de ser simplemente “comprar tecnología” y pasa a ser mucho más amplia: invertir en todo aquello que permite que la tecnología exista y escale. Eso incluye centros de datos, electricidad, redes, infraestructura digital, minerales, logística, semiconductores, crédito y capital privado.
En ese sentido, México aparece dentro de una tendencia mayor: la relocalización de cadenas productivas y la necesidad de invertir en infraestructura para sostener una economía cada vez más digitalizada.
La otra gran transformación: del 60/40 a la cartera total
La consecuencia más importante de estos movimientos podría observarse en la construcción de portafolios. El modelo tradicional basado en acciones y bonos no está desapareciendo, pero está dejando de ser suficiente como representación de todo el universo de oportunidades.
BlackRock ya plantea un esquema entre mercados públicos y privados. JPMorgan por su parte está combinando ETFs activos, gestión fundamental, alternativas, private banking y soluciones personalizadas. Y el mercado comienza a incorporar estructuras capaces de llevar esas inversiones a clientes que antes no podían acceder a ellas.
En BlackRock, por ejemplo, la firma lanzó junto con Partners Group una solución de cartera que integra private equity, private credit y activos reales dentro de un mismo vehículo para clientes de wealth management.
JPMorgan está haciendo algo parecido desde otro frente. Su infraestructura de cuentas administradas separadamente, combinada con herramientas como 55ip y OpenInvest, permite realizar transiciones fiscales, cosecha sistemática de pérdidas y construcción de carteras alineadas con preferencias individuales. Al cierre de 2025 administraba 434.000 millones de dólares para inversores de SMA, aproximadamente el doble de cuentas que en 2021; la personalización se convierte así en otro componente de la nueva arquitectura. No se trata solamente de ofrecer más activos. Se trata de ensamblarlos de manera diferente para cada cliente.
El riesgo: la democratización también puede ampliar las pérdidas
La transformación, sin embargo, no es solamente una historia de oportunidades. El propio Dimon introduce una advertencia especialmente relevante sobre el crecimiento del crédito privado. En su carta estima el mercado de private credit apalancado en aproximadamente 1,8 billones de dólares frente a 1,5 billones del mercado high yield estadounidense y 1,7 billones del mercado de préstamos apalancados sindicados.
Su advertencia es clara: cuando llegue el próximo ciclo de crédito, las pérdidas podrían ser superiores a las esperadas y no todos los participantes tienen la misma capacidad para originar y administrar crédito. También advierte que los productos vendidos a inversores minoristas necesitan mayor transparencia, estándares más altos y menos conflictos de interés.
Esta es probablemente la principal tensión del nuevo modelo. Los grandes gestores quieren ampliar el acceso a mercados privados, pero cuanto más se acerquen esos activos al pequeño inversor y al ahorro para el retiro, mayor será la exigencia de liquidez, transparencia, valuación, gobierno y protección al inversionista.
Fink lo reconoce desde otro ángulo cuando habla de tokenización: la modernización financiera necesita reglas claras, protección al comprador, estándares de riesgo de contraparte e identidad digital.
La democratización financiera, por tanto, no significa simplemente permitir que más personas compren más activos. Significa crear una infraestructura capaz de hacerlo sin trasladar al inversor minorista riesgos que antes estaban confinados a instituciones sofisticadas.
Dos gigantes, un mismo cambio estructural
La comparación entre Fink y Dimon deja finalmente una conclusión interesante. BlackRock está tratando de convertirse en una plataforma que conecte mercados públicos, mercados privados, tecnología, datos y distribución. JPMorgan está tratando de convertirse en una plataforma financiera integral en la que banca, inversión, pagos, mercados privados, ETFs, wealth management e inteligencia artificial funcionen como partes de un mismo sistema.
Uno parte de la gestión de activos; el otro, de la banca, pero ambos están avanzando hacia el mismo lugar. La próxima década de inversión podría estar menos definida por la pregunta de “¿acciones o bonos?” y mucho más por otras preguntas: ¿qué infraestructura necesita la inteligencia artificial?, ¿quién financiará la transición energética?, ¿dónde estará el capital privado?, ¿qué economías tendrán los recursos críticos?, ¿qué mercados se beneficiarán de la fragmentación geopolítica?, ¿cómo se combinarán activos públicos y privados?, ¿qué parte de una cartera puede ser automatizada?, ¿cómo se personalizará el riesgo?, ¿y cómo podrá un ahorrador común acceder a oportunidades que históricamente estuvieron reservadas a instituciones?
La respuesta que están construyendo Fink y Dimon parece ser que el activo individual dejará de ser el centro de la conversación y será sustituido por la cartera completa, apoyada por tecnología y diseñada alrededor de grandes fuerzas estructurales. No significa que los ETFs, las acciones o los bonos hayan perdido relevancia. De hecho, los flujos de ambas instituciones en estos activos muestran lo contrario.
Significa que ahora tendrán que convivir con crédito privado, infraestructura, activos reales, alternativas, activos digitales, estrategias sistemáticas y nuevas formas de asesoramiento; en otras palabras: «cartera completa», como la define Srgio Méndez, el líder de BlackRock en México.
El cambio más profundo, entonces, no está en un producto concreto sino en la arquitectura y las dos instituciones están apostando a que el gestor del futuro no será simplemente quien sepa elegir un activo, sino quien pueda integrar el mayor número posible de fuentes de retorno, riesgo, liquidez, información y tecnología dentro de una sola experiencia de inversión.











