Emiten en México el quinto fondo en el mundo relacionado con la biodiversidad

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Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) colocaron 1.657 millones de pesos en su primer bono de biodiversidad, un instrumento de deuda etiquetado que busca financiar prácticas agrícolas sostenibles y reducir la presión sobre los suelos. La operación forma parte de una emisión total de 6,298 millones de pesos (alrededor de 350 millones de dólares), distribuida en tres tramos, y representa el primer bono de esta naturaleza emitido por una entidad gubernamental en América Latina.

El título de biodiversidad se colocó a cinco años, a tasa variable referenciada a la TIIE de fondeo, con un diferencial de 40 puntos base. De acuerdo con Alberto Lara, funcionario de FIRA, la institución cuenta con calificación AAA y logró un costo competitivo pese a no disponer de garantía soberana.

Los otros dos tramos de la operación correspondieron a un instrumento a tres años, por 1.614 millones de pesos, y otro a un plazo de 1,6 años, por 3.027 millones. En conjunto, los tres títulos sumaron los 6.298 millones de pesos anunciados.

El bono de biodiversidad cuenta con la etiqueta de bono verde y una opinión de segunda parte (Second Party Opinion), mecanismo que respalda la evaluación de los proyectos elegibles conforme a los criterios aplicables a este tipo de instrumentos.

Más allá de su dimensión financiera, la operación busca vincular el ahorro institucional con la preservación del capital natural del país. El objetivo inmediato es reducir el uso excesivo de fertilizantes químicos en determinadas regiones agrícolas, mediante financiamiento, incentivos económicos, asistencia técnica y seguimiento de las prácticas productivas.

Afores y bancos financiarán la transición agrícola

La operación también representa un nuevo paso en la conexión entre el mercado de valores y el financiamiento agropecuario. Alan Elizondo, director general de FIRA, explicó que los recursos captados en las subastas provienen de inversionistas como Afores, bancos, casas de bolsa, fondos de inversión y entidades gubernamentales, entre otros participantes.

Una vez recibidos, los recursos se canalizan hacia las regiones y actividades donde se han identificado prácticas de sobrefertilización. Para llegar a los productores, FIRA utiliza intermediarios financieros como bancos, uniones de crédito y sociedades financieras de objeto múltiple (Sofomes), así como empresas que agrupan a agricultores y comercializan sus cosechas.

Elizondo destacó que este modelo no está limitado necesariamente a grandes productores. En algunas regiones, agricultores con superficies de seis o siete hectáreas pueden beneficiarse cuando participan en esquemas de acopio o trabajan con empresas que funcionan como intermediarias para acceder al financiamiento y los insumos.

El programa se concentra inicialmente en regiones donde existen referencias técnicas que permiten identificar aplicaciones de fertilizantes superiores a las necesidades agronómicas de los cultivos. En el caso del maíz, FIRA estima que alrededor de 66% de la producción nacional presenta algún grado de sobrefertilización.

La institución busca reducir las aplicaciones de nitrógeno de aproximadamente 400 a 280 unidades por hectárea, al tiempo que promueve el uso de biofertilizantes, elaborados con microorganismos y otros componentes que contribuyen al aprovechamiento de los nutrientes y a la recuperación de los suelos.

Para evitar que la reducción de fertilizantes afecte los rendimientos, el esquema contempla incentivos económicos y asistencia técnica. Entre los mecanismos mencionados por FIRA figura una reducción de hasta tres puntos porcentuales en la tasa de interés, condicionada a los compromisos de adopción de prácticas elegibles. La institución también supervisará que los productores reduzcan efectivamente las aplicaciones químicas y utilicen adecuadamente los biofertilizantes.

El programa ya tuvo una primera fase piloto durante el ciclo agrícola otoño-invierno 2025-2026, en el que se incorporaron alrededor de 22.000 hectáreas. Para el ciclo 2026-2027, FIRA prevé más que triplicar la superficie atendida, una vez que la mecánica operativa ha sido probada y presentada en algunas de las principales zonas productoras.

Los 1.657 millones de pesos del bono se destinarán exclusivamente a este esquema. Elizondo estimó que los recursos podrían utilizarse durante aproximadamente un año y medio, equivalente a unos tres ciclos agrícolas, y señaló que la institución evaluaría una nueva emisión si la demanda de financiamiento y los resultados justifican ampliar el programa.

El reto de convertir la inversión en resultados ambientales

La relevancia de la emisión se entiende a la luz de los desafíos que enfrenta el sector agroalimentario. José Luis Negrín, director general de Asuntos del Sistema Financiero del Banco de México, advirtió que los riesgos climáticos y la pérdida de biodiversidad constituyen riesgos sistémicos para la economía mexicana.

México ocupa el quinto lugar entre los países megadiversos, alberga más de 12% de las especies del planeta y cuenta con más de 60 tipos de ecosistemas. Sin embargo, la degradación de los suelos, la pérdida de hábitats y la presión sobre los recursos naturales amenazan tanto la conservación ambiental como la productividad agrícola.

De acuerdo con las cifras expuestas por Negrín, 64% del territorio nacional presenta algún nivel de degradación de suelos. Entre sus consecuencias figuran la pérdida de fertilidad, la erosión, la menor capacidad de retención de agua y una mayor vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos, factores que también pueden incrementar los riesgos de crédito e impago en las cadenas agroalimentarias y la infraestructura rural.

La apuesta de FIRA parte de una contradicción productiva: durante las últimas seis décadas, la producción mundial de cereales pasó de 877 millones a 3.133 millones de toneladas, un incremento de aproximadamente 3,6 veces, mientras la superficie utilizada aumentó apenas 15%, de 648 millones a 745 millones de hectáreas.

La innovación tecnológica permitió elevar la producción y alimentar a una población creciente, pero el uso excesivo de determinados insumos también ha contribuido al deterioro de los recursos que sostienen esa productividad. Para Elizondo, el desafío consiste en corregir esas prácticas sin comprometer la producción de alimentos.

El director general de FIRA subrayó que el problema no radica necesariamente en el uso de fertilizantes, sino en su aplicación por encima de las necesidades de los cultivos. La institución busca modificar los incentivos económicos para que los productores adopten prácticas que reduzcan la presión sobre los suelos y favorezcan la recuperación progresiva de su biodiversidad.

No obstante, el propio funcionario hizo una precisión importante: reducir la fertilización química no restablece por sí sola la biodiversidad. La disminución de la presión sobre los suelos, acompañada del uso de biofertilizantes, puede iniciar un proceso de recuperación cuyos beneficios ambientales requerirán varios años para materializarse.

FIRA refuerza su presencia en el mercado de deuda

El nuevo instrumento se suma a una trayectoria de financiamiento de FIRA a través del mercado de valores. Desde 2012, el Fondo Especial de Financiamientos Agropecuarios (FEFA) ha realizado 194 emisiones por un monto superior a 216.000 millones de pesos, de acuerdo con las cifras presentadas por el presidente del Consejo de Administración del Grupo Bolsa Mexicana de Valores, Marcos Martínez.

Por su parte, representantes de FIRA señalaron que el saldo en circulación de su deuda ronda los 100.000 millones de pesos y que, considerando las emisiones públicas y privadas, de corto y largo plazo, la institución acumula cerca de 500.000 millones de pesos emitidos desde 2012.

Elizondo explicó que el financiamiento del campo ha evolucionado desde un modelo sustentado principalmente en recursos gubernamentales hacia otro en el que el mercado de valores y el ahorro institucional tienen una participación determinante. En ese proceso, las Afores se han convertido en una fuente relevante de recursos de largo plazo para financiar actividades productivas.

Sin embargo, el funcionario reconoció que no toda la deuda en circulación tiene una finalidad temática. Estimó que entre una cuarta parte y una tercera parte corresponde a instrumentos con objetivos específicos de sostenibilidad, lo que deja margen para ampliar el financiamiento vinculado a metas ambientales.

La operación se produce, además, en un contexto en el que los emisores mexicanos enfrentan el reto de mantener el interés de los inversionistas por los bonos sostenibles. Alberto Lara señaló que la discusión internacional sobre sus costos de estructuración y la dificultad para medir sus beneficios ambientales ha influido en la evolución de este mercado, mientras que Elizondo destacó la tensión que enfrentan los inversionistas institucionales entre ofrecer rendimientos a los ahorradores para el retiro y asignar recursos a proyectos con impacto social y ambiental.

En ese sentido, el diferencial de 40 puntos base y la colocación de 1.657 millones de pesos a cinco años constituyen elementos financieros relevantes para evaluar el resultado de la operación. Elizondo consideró que ampliar la participación de emisores y desarrollar una clase de activos reconocible para estos instrumentos será importante para consolidar el mercado.

Cartera de FIRA crecería hasta 285.000 millones de pesos

Durante la presentación, Elizondo también informó que la cartera de crédito de FIRA alcanzó un saldo histórico de 270.000 millones de pesos antes del inicio del ciclo agrícola otoño-invierno. La institución prevé que el monto cierre 2026 entre 280.000 y 285.000 millones de pesos, lo que representaría un crecimiento aproximado de 5% respecto al año anterior.

El funcionario señaló que la cartera vencida se mantiene por debajo de 2%, aunque reconoció que los productores todavía resienten los efectos de ciclos agrícolas anteriores. De los 270.00 millones de pesos de cartera reportados, estimó que entre 85.000 y 90.000 millones cuentan con algún tipo de garantía, incluidos mecanismos de cobertura parcial y esquemas de primeras pérdidas.

De cara al nuevo ciclo, FIRA confía en que la disponibilidad de agua, los apoyos públicos y los instrumentos de estímulo a las tasas de interés, las primas de seguros agropecuarios y las coberturas de precios contribuyan a sostener la actividad productiva, pese a los riesgos climáticos.

El bono de biodiversidad introduce así una dimensión adicional en la estrategia de financiamiento de la institución: además de respaldar la producción agropecuaria, busca que una parte de los recursos del mercado de deuda contribuya a modificar prácticas que pueden deteriorar los recursos naturales.

El reto será demostrar que esa asignación de capital se traduce en cambios verificables en el uso de fertilizantes, la salud de los suelos y la conservación de la biodiversidad. La medición de esos resultados será determinante para evaluar el impacto del instrumento y, eventualmente, sustentar nuevas emisiones.

La guerra en Irán y el fenómeno El Niño transforman el mercado de las materias primas agrícolas

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El Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) mantuvo un aviso sobre el fenómeno El Niño y afirmó que se está intensificando, con una probabilidad superior al 90 % de que se produzca un episodio muy intenso durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-27. El punto de partida para cualquier perspectiva sobre el mercado agrícola de cara a 2027 es que los organismos meteorológicos han llegado a un consenso, y lo han hecho con una seguridad inusual.

La Organización Meteorológica Mundial llegó a la misma conclusión el 3 de septiembre, indicando una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista durante los periodos de septiembre a noviembre de 2026 y de diciembre a febrero de 2027, con la previsión de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte antes de alcanzar su punto álgido hacia finales de año. Los datos de seguimiento de la Oficina Australiana de Meteorología coinciden: el denominado índice relativo de El Niño 3.4 alcanzó los +2,51 °C en la semana que finalizó el 13 de septiembre, frente a un umbral de El Niño de +0,80 °C, mientras la mayoría de los modelos indican que se alcanzará un máximo superior a +3,0 °C y se prevé que el fenómeno persista hasta el otoño de 2027.

Índice Oceánico de El Niño (ONI), desde el 2000 hasta la actualidad Fuente: Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), Bloomberg Finance L.P. y WisdomTree, a 31 de julio de 2026

Los efectos de El Niño en la agricultura se producen con un retraso de entre seis y doce meses respecto al pico máximo, debido al tiempo que tardan los cambios atmosféricos en modificar el clima local, afectar a los ciclos de cultivo y repercutir en las cadenas de suministro mundiales. Por lo tanto, un acontecimiento que alcance su punto álgido a finales de año repercute de forma más directa en las cosechas de 2026/27 que se están sembrando o preparando en estos momentos: la cosecha de verano del hemisferio sur, la temporada Rabi de la India, la cosecha principal de África Occidental y los ciclos de la palma aceitera y el café robusta del sudeste asiático. Las repercusiones en los precios de lo que está ocurriendo en el Pacífico se notarán principalmente a partir de 2027.

El conflicto del Golfo ha pasado de centrarse en la energía a ser una cuestión de insumos

El conflicto del Golfo dura ya siete meses y, en lugar de estabilizarse, se ha agravado. El alto el fuego acordado en abril y el memorándum de entendimiento firmado en junio quedaron sin efecto cuando se reanudaron las hostilidades en julio. El acontecimiento reciente de mayor repercusión tuvo lugar el 11 de septiembre, cuando Arabia Saudí cerró su oleoducto este-oeste, de 1.200 kilómetros de longitud, tras un ataque con drones, lo que supuso el cierre de la principal ruta por la que el crudo del Golfo elude el estrecho de Ormuz. 

En el sector agrícola, la principal exposición deriva del comercio de fertilizantes y materias primas que transitan por la misma vía fluvial, y es precisamente la diferencia respecto a 2022 lo que la hace duradera. La guerra entre Rusia y Ucrania en 2022 desvió los flujos comerciales, mientras que esta ha mermado la capacidad productiva. Se calcula que 31 plantas de amoníaco de todo Oriente Medio se han visto directamente afectadas o han cerrado por completo; otras 49 de en el sur de Asia han reducido su producción o están paradas debido a la escasez de materia prima; y al menos 20 plantas rusas han sufrido daños a causa de ataques con drones.

Su reactivación requerirá tiempo y capital mucho más allá del fin de las hostilidades. Los países del Golfo Pérsico representan aproximadamente el 43 % de las exportaciones marítimas de urea y el 44 % del comercio marítimo de azufre. Incluso en Estados Unidos, que obtiene dos tercios tanto de su urea como de su fosfato del mercado nacional, el 12 % del suministro de urea y el 17 % del de DAP/MAP (fosfato diamónico/fosfato monoamónico) procede de más allá del estrecho. Esto apunta a una limitación de capacidad que se extiende a lo largo de varias temporadas, y no a un problema de transporte de mercancías.

Cereales: un conjunto de cultivos anuales que ya conlleva una prima de riesgo

El sector energético ha registrado las mayores variaciones individuales del año 2026, y los productos refinados y el crudo ocupan cuatro de los cinco primeros puestos. Sin embargo, lo más revelador de la tabla de resultados del año hasta la fecha es la amplitud, más que la magnitud. La agricultura ocupa prácticamente todo el espacio de la clasificación entre el arroz y el azúcar. 

Rendimiento acumulado en lo que va de año en el conjunto de las materias primas Fuente: Bloomberg Finance L.P. y WisdomTree, a 21 de septiembre de 2026

Lo que ha impulsado los cultivos a lo largo del año ha sido casi exclusivamente el factor geopolítico y el de los insumos, más que el factor meteorológico. El trigo es el ejemplo más claro: el Informe sobre las estimaciones mundiales de oferta y demanda agrícola (WASDE) de septiembre fue claramente bajista, ya que la producción mundial para la campaña 2026/27 se revisó al alza en 3,1 millones de toneladas, hasta los 822,4 millones, debido al aumento de las cosechas en Australia y Canadá, y las existencias finales se incrementaron en 3 millones de toneladas, hasta los 276,3 millones. Sin embargo, el precio del trigo ha subido un 42 % en lo que va de año, ya que los continuos ataques rusos y ucranianos contra las infraestructuras portuarias del Mar Negro han interrumpido la ruta física de casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales de trigo. El posicionamiento especulativo neto en el trigo aumentó un 130 % el mes pasado, lo que refleja una mejora en la confianza respecto a este cereal. En el caso de esta materia prima, la perspectiva estructural podría depender de si la prima de riesgo actual resulta ser persistente, en lugar de esporádica. Las infraestructuras del Mar Negro se han convertido ahora en un objetivo recurrente, en lugar de suponer una interrupción puntual, y el trigo australiano se encuentra en la franja de mayor exposición a El Niño para la cosecha de 2026/27.

Por otro lado, los mercados del maíz están poniendo de manifiesto una auténtica contracción de la oferta. La producción de EE. UU. para 2026/27 se recortó en 5,4 millones de toneladas, hasta los 401,3 millones, debido a unas condiciones climáticas cálidas y con precipitaciones desiguales. La producción mundial se redujo en 7,9 millones de toneladas, hasta los 1.291 millones, y las existencias finales mundiales descendieron en 2,6 millones de toneladas, hasta los 272,1 millones. El posicionamiento neto aumentó un 92 %.  En el caso del maíz, el argumento que se viene esgrimiendo desde hace años es la limitación en los insumos. El maíz es el cultivo más intensivo en nitrógeno, y se prevé que los precios de los fertilizantes se mantengan por encima de los niveles previos al conflicto hasta 2028. En los casos en los que ya se observa una aplicación insuficiente y prolongada de fosfato y potasio, las dosis han disminuido entre un 10 % y un 15 % en los últimos años. Las consecuencias sobre el rendimiento se manifiestan con un desfase de tres años. Se trata de un obstáculo lento y acumulativo que afecta a la tendencia del rendimiento, más que de una alteración puntual de una sola temporada, y es el mecanismo por el que este conflicto se prolonga más allá de sí mismo.

Mientras tanto, el sector de la soja se ha visto impulsado más por la demanda que por la oferta. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) ha elevado la producción estadounidense a 123,4 millones de toneladas, pero China ya ha comprado cerca de 13 millones de toneladas esta temporada, lo que supone más de la mitad de su compromiso anual de 25 millones de toneladas, vigente hasta el año 2028, además de un compromiso más amplio de compra de productos agrícolas por valor de 17.000 millones de dólares. El compromiso de compra chino se extiende hasta 2028 y podría suponer un cierto apoyo a la demanda que dependa menos directamente de las condiciones meteorológicas. El motivo de cautela a corto plazo son las existencias: las reservas de soja y de aceite de soja se sitúan un 7,9 % y un 8,5 % por encima de sus medias estacionales a cinco años. El aceite de soja cuenta con un factor de apoyo adicional y poco valorado en el contexto energético: con el crudo por encima de los 100 dólares, la demanda de biocombustibles podría reforzar el sector de los aceites vegetales independientemente de la producción de aceite.

Materias primas blandas: el sector en el que la señal meteorológica se refleja menos en los precios

La tabla de rendimientos acumulados en lo que va de año lo deja claro. El azúcar ha subido un 20 %, el algodón un 25 %, pero el cacao ha bajado un 9 %, el café un 22 % y el zumo de naranja un 28 %.  El sector de los productos agrícolas blandos, que históricamente ha mostrado la mayor sensibilidad a El Niño, ha sido este año el eslabón más débil del sector agrícola.

La excepción es el azúcar y la expresión más clara del doble impacto. A principios de septiembre, el azúcar en bruto cotizaba a 18,44 céntimos por libra, cerca del máximo de los últimos 16 meses, situado en 18,77 céntimos, ya que la reducción de la oferta reforzó las expectativas de un déficit en la campaña 2026/27. La producción en el centro-sur de Brasil descendió un 7,9 % durante la primera quincena de agosto, y los elevados precios de la energía siguen animando a las fábricas a dar prioridad al etanol frente al azúcar. La India ha autorizado la importación de un millón de toneladas de materia prima libre de aranceles, al tiempo que ha reducido drásticamente el desvío de etanol, una combinación de medidas que sugiere que las existencias nacionales son más escasas de lo que indican las cifras oficiales. Las precipitaciones monzónicas han sido considerablemente inferiores a lo habitual en Maharashtra, Karnataka y Marathwada, regiones que representan cerca de un tercio de la producción india. El azúcar se ve afectado tanto por las condiciones meteorológicas como por la repercusión de los precios de la energía, y cuenta con el colchón de existencias más reducido de entre los principales productos agrícolas blandos. 

El cacao es el cultivo que más controversia suscita. Los precios se han recuperado con fuerza desde el mínimo registrado en el segundo trimestre, con los futuros de Nueva York situándose en torno a los 6.250 dólares por tonelada, y las precipitaciones en África Occidental durante la mini sequía de agosto se situaron muy por debajo de los valores habituales para esta época del año, lo que supone un riesgo real para la supervivencia de las vainas y el desarrollo de la cosecha principal si no llueve. En cambio, la situación de las existencias es fundamentalmente diferente a la de 2023/24. Las existencias certificadas por el ICE se han recuperado hasta situarse cerca de su máximo de los últimos dos años, mientras que la molienda de cacao europea en el primer trimestre cayó un 4,6 % interanual, hasta alcanzar su nivel más bajo en 17 años. El sector del cacao afronta este episodio de El Niño con unas reservas de las que carecía hace dos años, y con una demanda claramente mermada por la anterior crisis de precios. La hipótesis alcista se basa en que las condiciones meteorológicas permitan superar esas reservas; no se trata de la misma estrategia que en 2023. 

Respecto al café arábica se enfrenta a una mejora de la oferta: la cosecha brasileña está muy avanzada y los datos revisados de los registros de exportación indican unos flujos considerablemente mayores de lo que se había informado anteriormente. Las existencias certificadas se mantienen cerca de sus mínimos de varios años y la disponibilidad física es escasa, pero la tendencia del suministro es positiva. La variedad robusta es la inversión más interesante. Ha estado cotizando cerca de los mínimos de varios meses, en torno a los 3.296 dólares por tonelada, precisamente cuando la sequía se extiende por Indonesia y Vietnam durante un periodo crítico de floración. Dado que el café es una planta perenne, los daños sufridos durante la floración afectan ahora a la cosecha de 2027/28, no a la actual. Los precios del café robusta se sitúan cerca de sus mínimos recientes, a pesar de que las principales regiones productoras se encuentran en la franja de mayor exposición al fenómeno El Niño. Esto genera una divergencia entre los precios actuales y los posibles riesgos meteorológicos que amenazan el suministro.

Por su parte, el algodón ha subido un 25 % en lo que va de año y es el producto que más depende de la demanda. La evolución reciente de los precios ha sido decreciente debido a la mejora de las condiciones de los cultivos en EE. UU., al descenso de las ventas de exportación y al fortalecimiento del dólar. La curva se encuentra en contango, algo más marcado que en el caso del trigo o el maíz, lo que contrasta con el hecho de que las existencias de algodón sean las más reducidas del grupo en términos estacionales. Esa divergencia pone de manifiesto que el mercado está dando más importancia a las condiciones actuales de la cosecha que a la escasez de la cosecha anterior, y que, si se produjera una perturbación meteorológica en 2027, habría muy poco margen de maniobra. Sin embargo, la evolución a largo plazo del algodón está más ligada a la demanda textil mundial y al dólar que a la región del Pacífico.

Conclusión

Dos alteraciones inciden en el mismo intervalo de producción desde direcciones diferentes. El conflicto del Golfo aumenta el coste y limita la disponibilidad de los insumos que se utilizan antes de la campaña 2026/27, y lo hace en un horizonte de varios años, ya que el daño afecta a la capacidad de producción y no a las rutas comerciales. El Niño aumenta la probabilidad de que los rendimientos que esos insumos pretenden proteger se sitúen por debajo de la tendencia, con un retraso en la transmisión al mercado de entre seis y doce meses respecto al pico oceánico, por lo que sus efectos se dejarán sentir principalmente en 2027.

La intensidad de El Niño y sus efectos meteorológicos regionales podrían diferir de las previsiones actuales, mientras que una relajación de las tensiones geopolíticas podría reducir la presión sobre los mercados de la energía y los fertilizantes. Unas cosechas mejores de lo previsto, la reposición de existencias, una menor demanda o cambios en la política gubernamental también podrían contrarrestar las presiones derivadas de las condiciones meteorológicas y los costes de los insumos, lo que daría lugar a una evolución de los precios de las materias primas diferente a la analizada anteriormente.

 

¿Qué son los fondos semilíquidos?

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Durante años, invertir en mercados privados implicaba aceptar un compromiso exigente: inmovilizar el capital durante ocho, diez o más años, sin posibilidad real de salida anticipada. Los fondos semilíquidos surgieron para suavizar esa restricción y acercar estas clases de activos a un público inversor más amplio.

Es un punto intermedio entre dos mundos. Un fondo semilíquido es un vehículo que invierte en activos que no cotizan en bolsa, como empresas no cotizadas, préstamos privados, infraestructuras o inmuebles, pero que ofrece al inversor cierta capacidad de entrar y salir de forma periódica. Se sitúa, así, entre los fondos tradicionales de liquidez diaria y los fondos cerrados clásicos de capital privado.

La diferencia clave está en la frecuencia. Mientras un fondo de renta variable convencional permite reembolsar participaciones cualquier día hábil, un semilíquido suele abrir ventanas de liquidez mensuales, trimestrales o incluso semestrales.

Cómo se gestiona la liquidez

Los activos subyacentes no pueden venderse de un día para otro sin sacrificar valor. Por eso, estos fondos incorporan mecanismos de protección para el conjunto de los partícipes. Los más habituales son:

  • Preaviso: el inversor debe comunicar su intención de salir con semanas o meses de antelación.
  • Límites de reembolso: muchos fondos fijan un tope por periodo, por ejemplo, un porcentaje del patrimonio total. Si las solicitudes lo superan, se atienden de forma proporcional.
  • Periodos de bloqueo inicial: es frecuente un plazo mínimo de permanencia antes de pedir la salida.
  • Reservas de liquidez: parte de la cartera se mantiene en activos más líquidos para atender reembolsos ordinarios.

Estos mecanismos no son un defecto, sino parte del diseño. Reconocen que la iliquidez del activo es inherente a la estrategia.

Qué busca el inversor

El atractivo principal es la prima de iliquidez: la rentabilidad adicional que, en teoría, se obtiene por mantener activos que no pueden venderse con rapidez. A ello se suma la diversificación, ya que los mercados privados tienen una dinámica distinta a la de los cotizados, y el acceso a oportunidades que no están disponibles en bolsa.

Además, el formato reduce barreras. Muchos vehículos semilíquidos admiten inversiones mínimas inferiores a las de los fondos cerrados tradicionales y evitan las llamadas de capital escalonadas, donde el inversor debe aportar fondos a medida que el gestor los solicita.

Riesgos y puntos de atención

La liquidez es “semi”, no total. En escenarios de tensión, cuando muchos partícipes quieren salir a la vez, los límites pueden activarse y retrasar el cobro. Es fundamental, por tanto, no considerar estas inversiones como capital de uso inmediato.

También conviene prestar atención a la valoración. Al tratarse de activos no cotizados, su precio se calcula mediante modelos y tasaciones periódicas, no mediante una cotización diaria, lo que puede suavizar artificialmente la volatilidad aparente. Y, como en toda estrategia alternativa, las comisiones suelen ser más elevadas que en la gestión tradicional.

Una herramienta, no una solución universal

Los fondos semilíquidos amplían las opciones para quienes buscan diversificar más allá de bolsa y renta fija. Su utilidad depende del horizonte temporal del inversor, de su necesidad de liquidez y de su comprensión de las condiciones de salida. Leer con detalle el folleto, entender las reglas de reembolso y asignar solo una parte prudente de la cartera son prácticas básicas antes de invertir.

El dinero no alcanza para todos: gobiernos y gigantes tecnológicos disputan el capital

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Foto cedida

El mundo se enfrenta a una paradoja que puede convertirse en uno de los principales focos de tensión para los mercados financieros: los gobiernos necesitan cantidades crecientes de dinero para financiar sus déficits, pagar los intereses de sus deudas y atender sus compromisos sociales, mientras las mayores empresas tecnológicas de la historia moderna compiten por movilizar cientos de miles de millones de dólares para construir la infraestructura que hará posible la revolución de la inteligencia artificial (IA).

Ambos necesitan el mismo tipo de recursos: el ahorro de los inversionistas, el dinero de los fondos de pensiones y las aseguradoras, los recursos de los bancos, los mercados de bonos y, cada vez más, el financiamiento privado. No significa que exista una cantidad fija de capital disponible en el mundo, pero sí que movilizarlo tiene un precio. Cuando la demanda de financiamiento crece más rápido que el ahorro dispuesto a satisfacerla, las tasas de interés pueden subir, los emisores deben ofrecer mejores rendimientos y algunos proyectos dejan de ser rentables.

La tensión comienza a adquirir dimensiones relevantes. En octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que los riesgos fiscales están aumentando, con niveles elevados de deuda, mayores costos de financiamiento y presiones persistentes sobre el gasto público. El organismo prevé que la deuda pública mundial supere el 100% del producto interno bruto global en 2030, una proporción que no se observaba desde las secuelas inmediatas de la Segunda Guerra Mundial.

El problema es que los gobiernos no compiten por recursos en condiciones particularmente favorables. El costo promedio efectivo del financiamiento público mundial podría pasar de 2,3% en 2021 a 3,7% en 2031, de acuerdo con un análisis reciente del FMI. En Estados Unidos, los pagos de intereses de la deuda pública podrían representar 5,7% del PIB en 2031, frente a alrededor de 2,8% antes de la pandemia. Es dinero que deberá destinarse al servicio de la deuda en lugar de financiar otros compromisos presupuestarios.

La situación estadounidense es especialmente importante porque los bonos del Tesoro funcionan como referencia para valorar una amplia gama de activos financieros en todo el planeta. Cuando sus rendimientos aumentan, el financiamiento tiende a encarecerse para empresas, gobiernos y consumidores de otras economías, aunque la magnitud del impacto depende de las condiciones de cada mercado.

La IA entra a competir por el ahorro mundial

Del otro lado de la ecuación está una revolución tecnológica que exige inversiones físicas extraordinarias. La inteligencia artificial no se construye solamente con algoritmos: necesita centros de datos, semiconductores, redes, sistemas de refrigeración, infraestructura eléctrica y nuevas fuentes de energía. Cada avance en capacidad de cómputo implica una nueva ronda de inversiones, y las grandes tecnológicas no quieren quedarse atrás en una carrera que podría redefinir sus negocios durante las próximas décadas.

Las cifras dimensionan la apuesta. Según estimaciones recopiladas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los cinco grandes proveedores de infraestructura tecnológica —Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle— podrían acumular inversiones de capital cercanas a 4,1 billones de dólares entre 2026 y 2030. El cálculo refleja la escala de un ciclo de inversión que apenas comienza a mostrar sus consecuencias financieras.

Durante años, buena parte de estas compañías pudo financiar su expansión con el efectivo generado por sus operaciones. Ahora, las necesidades de inversión están llevando a los gigantes tecnológicos a recurrir con mayor intensidad a los mercados de deuda. De acuerdo con una estimación de Morgan Stanley publicada por Reuters en junio, la emisión mundial de deuda vinculada con la IA podría acercarse a 570.000 millones de dólares en 2026. La cifra incluye un universo más amplio que el endeudamiento de las grandes tecnológicas y debe entenderse como una previsión, no como un monto definitivo.

El cambio es significativo. Cuando las empresas más grandes y rentables del mercado comienzan a emitir deuda en volúmenes extraordinarios, no solamente amplían sus propias fuentes de financiamiento: también modifican la oferta de instrumentos disponibles para los inversionistas. Los fondos de renta fija, las aseguradoras y otros compradores institucionales deben decidir cuánto capital asignan a bonos corporativos ligados a la IA, cuánto mantienen en deuda soberana y qué rendimiento exigen por asumir cada riesgo.

La disputa ya tiene señales visibles. Un análisis de Axios publicado en agosto encontró que las compras netas privadas extranjeras de bonos corporativos estadounidenses habían superado, en los doce meses terminados en junio, las correspondientes a bonos del Tesoro: 390.000 millones frente a 329.300 millones de dólares, respectivamente. El dato no demuestra por sí solo que la IA esté desplazando directamente al financiamiento gubernamental, pero sí ilustra un cambio relevante en las preferencias de los inversionistas.

La pregunta es si el mercado podrá absorber simultáneamente las necesidades de financiamiento de los gobiernos y las de una industria tecnológica que todavía debe demostrar cuánto valor económico producirá la infraestructura que está construyendo.

El precio de competir por el dinero

En los mercados financieros, esta tensión tiene una traducción concreta: el precio del capital. Si los gobiernos necesitan colocar más bonos y las empresas tecnológicas multiplican sus emisiones, los inversionistas pueden exigir rendimientos mayores para comprometer sus recursos. El encarecimiento no tiene que producirse de manera uniforme ni ser consecuencia exclusiva de la IA; también intervienen las expectativas de inflación, la política monetaria, el crecimiento económico, la oferta de deuda y la percepción de riesgo.

Sin embargo, existe una diferencia crucial entre ambos tipos de prestatarios. Los Estados con capacidad tributaria y monedas de reserva cuentan con mecanismos de financiamiento que una empresa no tiene. Por su parte, las compañías tecnológicas pueden posponer proyectos, reducir inversiones o recurrir a sus flujos de efectivo, aunque esas decisiones tengan un costo competitivo. En ambos casos, el margen de maniobra se estrecha cuando el dinero se vuelve más caro.

Tampoco hay consenso en que el endeudamiento tecnológico esté elevando directamente los rendimientos de los bonos soberanos. PIMCO señaló en septiembre que sus análisis no encontraban evidencia sólida de que las emisiones inesperadas de deuda de los grandes proveedores de infraestructura de IA estuvieran provocando, por sí mismas, aumentos estadísticamente significativos en los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años. La firma considera que el auge inversor sí puede presionar las tasas reales a través de la demanda de ahorro, trabajo, energía y capacidad productiva.

La distinción importa. El riesgo no consiste necesariamente en que cada dólar prestado a una tecnológica sea un dólar que deje de financiar al gobierno. Consiste en que una expansión simultánea del endeudamiento público y privado puede elevar el costo de equilibrio del financiamiento, especialmente si el ahorro no aumenta al mismo ritmo o si los inversionistas comienzan a exigir una compensación mayor por la incertidumbre.

En ese escenario, los proyectos con menores retornos esperados serán los primeros en sufrir. Las empresas pequeñas, las nuevas compañías tecnológicas, los negocios ajenos a la IA y los gobiernos con menor credibilidad fiscal podrían tener que pagar más por conseguir recursos o encontrar menos compradores dispuestos a financiarlos. El capital no desaparecería: se volvería más selectivo y más caro para quienes no puedan demostrar capacidad de pago o perspectivas convincentes de rentabilidad.

¿Qué pasa si la revolución no paga la factura?

El segundo riesgo es todavía más delicado. La inversión en IA puede transformar la productividad, crear nuevos negocios y generar ingresos suficientes para justificar la expansión actual. Pero también existe la posibilidad de que los beneficios económicos lleguen más lentamente de lo previsto o se concentren en menos empresas de las que hoy anticipa el mercado.

Una advertencia apareció en octubre, cuando Reuters informó que la volatilidad bursátil y el aumento de los costos de financiamiento estaban obligando a algunos participantes de la infraestructura de IA a reconsiderar sus planes de captación de recursos. Proyectos y operaciones vinculados con centros de datos fueron aplazados o suspendidos, mientras los inversionistas comenzaban a exigir pruebas más claras de que el gasto en capacidad de cómputo se traducirá en ingresos sostenibles.

Si la rentabilidad decepciona, el problema no se limitará a una caída en las acciones tecnológicas. Las empresas que hayan financiado sus inversiones con deuda seguirán obligadas a pagar intereses y devolver el principal, aun cuando sus centros de datos generen menos ingresos de los previstos. Los acreedores podrían registrar pérdidas, las condiciones crediticias endurecerse y los nuevos proyectos encontrar dificultades para obtener financiamiento.

La historia financiera ofrece suficientes advertencias sobre lo que ocurre cuando el capital se concentra en una gran promesa de crecimiento. La construcción ferroviaria del siglo XIX, la expansión de las telecomunicaciones y la burbuja puntocom demostraron que una transformación tecnológica puede ser real y, al mismo tiempo, producir inversiones excesivas, valoraciones insostenibles y pérdidas para quienes financiaron los proyectos equivocados.

La comparación no significa que la IA esté condenada a una burbuja. Las grandes tecnológicas actuales cuentan con negocios, ingresos y recursos financieros que las distinguen de muchas empresas especulativas del pasado. Pero esa fortaleza no elimina el riesgo de que la infraestructura se construya demasiado rápido, que la competencia reduzca los márgenes o que el rendimiento económico no alcance para remunerar todo el capital comprometido.

Al final, la pregunta no es si el mundo tiene dinero suficiente en términos absolutos. Es si los recursos podrán movilizarse sin generar un costo de financiamiento que comprometa la estabilidad fiscal, frene otras inversiones productivas o convierta una apuesta tecnológica prometedora en una fuente de pérdidas sistémicas.

Gobiernos y gigantes tecnológicos pueden seguir encontrando compradores para sus bonos mientras los inversionistas confíen en su capacidad de pago y en el rendimiento que recibirán. El verdadero punto de inflexión llegará si esa confianza se debilita, si el costo del dinero sube por encima de lo que pueden soportar o si la rentabilidad esperada de la IA no aparece a tiempo.

Entonces, la disputa dejará de ser una cuestión de quién consigue más capital y se convertirá en una pregunta mucho más incómoda: quién tendrá que recortar sus planes, quién pagará intereses más altos y quién asumirá las pérdidas cuando no alcance para financiar todas las promesas.

Investec: Distintos riesgos, distintas formas de protección

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Durante buena parte de las últimas décadas, las acciones y los bonos conformaron una combinación especialmente eficaz. Las acciones fueron el principal motor de crecimiento del capital, mientras que los bonos aportaron ingresos y, en muchos períodos, protección cuando se deterioraban las perspectivas económicas. Sin embargo, el éxito de esa estructura nunca dependió únicamente de cuánto se asignaba a cada activo. Dependía de que los factores que impulsaban sus rendimientos fueran diferentes y de que ambos activos no reaccionaran de la misma manera ante un mismo shock. Esa relación cambia con el tiempo, destacan desde Investec.

Expertos de la firma han analizado la correlación móvil de 36 meses entre el índice MSCI World y los bonos globales para ilustrar este punto. Durante largos períodos se mantuvo cerca de cero o en terreno negativo. Más recientemente, aumentó hasta aproximadamente 0,6, lo que demuestra que estas relaciones pueden cambiar considerablemente con el tiempo.

Esto no significa que la renta fija haya perdido su función. Los bonos siguen ofreciendo ingresos, una volatilidad generalmente menor que la de las acciones y la posibilidad de apreciarse en determinados entornos económicos. La conclusión de Investec es más específica: una cartera no debería depender exclusivamente de que una correlación histórica se mantenga en el futuro.

Diversificar implica diversificar los factores de rendimiento

La misma lógica se extiende más allá de las acciones y los bonos. Tener más activos no significa necesariamente acceder a más fuentes independientes de rendimiento. Por ejemplo, el sector inmobiliario global sigue mostrando una correlación relativamente elevada con las acciones globales. Por lo tanto, su valor dentro de una cartera puede radicar más en la generación de ingresos y la exposición a activos reales que en la diversificación respecto de las acciones. El oro ha mostrado una correlación considerablemente menor en distintos horizontes temporales. Los bonos del Tesoro estadounidense y el yen presentan comportamientos diferentes, aunque sus relaciones con las acciones tampoco son permanentes.

La pregunta más importante no es qué activos posee una cartera, sino qué riesgos económicos comparten. La diversificación debe evaluarse a partir de los factores que impulsan cada inversión: crecimiento, tasas de interés, inflación, monedas, precios de los activos reales y resultados específicos de cada instrumento.

Distintos shocks requieren distintas formas de protección

La distinción se vuelve más evidente durante los períodos de tensión en los mercados. La crisis financiera mundial, la pandemia y el shock inflacionario de 2022 provocaron fuertes dislocaciones, pero tuvieron causas diferentes. Los activos que brindaron protección también fueron distintos.

En 2008, el índice MSCI World perdió aproximadamente un 41 % en el año. Los bonos del Tesoro estadounidense registraron rendimientos claramente positivos, el yen se apreció y el oro cerró en terreno positivo. La caída de las expectativas de crecimiento e inflación, junto con la búsqueda de activos defensivos, favoreció esas exposiciones.

En marzo de 2020, un shock repentino sobre el crecimiento y la liquidez volvió a favorecer a los bonos soberanos. Otras inversiones que pueden parecer diversificadoras en condiciones normales no ofrecieron protección: el sector inmobiliario global cayó alrededor de un 25 % durante el mes, reflejando su sensibilidad a la actividad económica, las condiciones de financiamiento y el ciclo general de riesgo.

La experiencia de 2022 fue diferente. La inflación y uno de los ciclos de endurecimiento monetario más rápidos en décadas afectaron simultáneamente a las acciones y los bonos. El índice MSCI World cayó alrededor de un 18 %, los bonos del índice Global Aggregate perdieron cerca de un 16 % y los bonos del Tesoro estadounidense a diez años también registraron pérdidas de dos dígitos. En cambio, el oro terminó el año prácticamente sin variaciones.

Ningún activo brindó protección en todos los episodios. Los bonos soberanos pueden resultar especialmente eficaces cuando el shock proviene de un menor crecimiento y las tasas de interés tienen margen para bajar, pero pueden ofrecer mucha menos protección cuando el problema es la inflación y el nivel de las tasas. El oro responde a otras fuerzas, entre ellas la pérdida de valor de la moneda, la incertidumbre geopolítica y la demanda de reservas; aun así, no debe esperarse que suba cada vez que caen las acciones. El sector inmobiliario aporta ingresos y exposición a activos reales, aunque sigue siendo sensible al crecimiento y a las condiciones financieras.

Cómo aplica Investec la diversificación en la práctica

Estas observaciones influyen directamente en la construcción de carteras de Investec. La firma aplica esta filosofía mediante tres niveles complementarios: diversificación entre activos, asignación activa de activos y selección de gestores especializados. Se espera que cada exposición cumpla una función específica dentro de la cartera.

Las acciones siguen siendo un motor fundamental del crecimiento del capital a largo plazo. La renta fija genera ingresos y puede desempeñar un papel defensivo, pero no constituye una exposición homogénea: los bonos soberanos, el crédito, la deuda de mercados emergentes y los distintos perfiles de duración pueden responder de manera muy diferente a un mismo entorno.

El oro y el sector inmobiliario cumplen funciones distintas. El oro puede ayudar a diversificar los riesgos monetarios y geopolíticos; el sector inmobiliario puede aportar ingresos y exposición a activos reales. Las posiciones en monedas y otras estrategias pueden sumar fuentes adicionales de rendimiento cuando las oportunidades resultan atractivas. El objetivo no es que todas las posiciones funcionen al mismo tiempo, sino que la cartera no necesite que todas funcionen simultáneamente.

La asignación no es estática. Las valuaciones cambian, surgen nuevos riesgos y la compensación por asumir una determinada exposición aumenta o disminuye. Por eso, Investec combina la diversificación estructural con una asignación activa. Entre los ejemplos recientes se encuentran la reducción del riesgo cuando las valuaciones y la concentración del mercado generaron preocupación en marzo de 2024; la adopción de una postura más defensiva ante la incertidumbre arancelaria en abril de 2025; y la posterior recomposición gradual de la exposición, a medida que las correcciones y el contexto macroeconómico generaron oportunidades durante 2026.

La selección de gestores agrega otra dimensión. El modelo multigestor de Investec combina gestores globales especializados y permite acceder a clases de participaciones institucionales y superinstitucionales. Así, la diversificación opera entre clases de activos, dentro de cada clase, entre regiones y estilos, y entre gestores.

Diversificación por diseño

El objetivo no es reemplazar las acciones y los bonos: ambos siguen siendo componentes esenciales. Se trata de reducir la dependencia de una sola clase de activo, un gestor, una fuente de rendimiento o un supuesto sobre las correlaciones. La construcción de carteras no puede eliminar el riesgo, y ninguna de estas exposiciones es confiable en todos los escenarios. Su valor reside en reducir la necesidad de acertar con un único pronóstico macroeconómico.

Blackstone anuncia el cierre definitivo de Blackstone Energy Transition Partners V

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Blackstone ha anunciado el cierre definitivo de Blackstone Energy Transition Partners V con 8.700 millones de dólares, un volumen más de un 50 % superior al de su vehículo predecesor. El fondo, cuya demanda superó con creces la oferta, ha alcanzado su límite máximo de captación (hard cap) y da continuidad a la sólida rentabilidad obtenida por las añadas anteriores de la estrategia.

Según explican, Blackstone Energy Transition Partners busca construir empresas energéticas de gran escala que suministren una energía más limpia, fiable y asequible para atender unas  necesidades mundiales cada vez mayores. A 30 de junio, las inversiones de BETP en  transición energética habían generado una TIR neta del 34 % desde 1997, lo que refleja la  solidez de su estrategia diferenciada. En 2025, IJ Investor reconoció a BETP como «Fund  Manager of the Year – Equity» en Norteamérica, un galardón que pone en valor su liderazgo  a la hora de obtener rentabilidad a gran escala. 

“Creemos que existe una oportunidad generacional para que los inversores con  experiencia en la transición energética aporten soluciones a los retos que plantea la  creciente demanda de electricidad. Al respaldar a equipos directivos excepcionales con  capital de inversión flexible y paciente para ampliar la capacidad de fabricación, captar y  formar mano de obra cualificada y construir nuevos activos de infraestructura energética  crítica, BETP está aportando esas soluciones y, al mismo tiempo, dando escala a estas  compañías, creando empleo y generando valor duradero para nuestros inversores.  Agradecemos profundamente la confianza que han depositado en nosotros nuestros  inversores y esperamos con interés destinar BETP V a inversiones que impulsen la  transición hacia un futuro energético más asequible, fiable y limpio”, ha destacado David Foley, responsable global de Blackstone Energy Transition Partners.

El vehículo inició su periodo de inversión en junio y ya ha financiado tres compañías  plataforma independientes (Kindle, Fisterra y Viridon), que respaldan a equipos directivos  de trayectoria probada en el desarrollo y la operación de nueva capacidad de generación  eléctrica y nuevas líneas de transporte de electricidad. Además, ha realizado también tres  adquisiciones centradas en la eficiencia energética y la resiliencia.

Desde enero de 2025, el fondo ha comprometido más de 11.000 millones de dólares en nuevas inversiones de capital en todo el ecosistema de la transición energética. Entre ellas  figuran operaciones con fabricantes de equipos energéticos críticos (Maclean Power  Systems, Delta Star, Power Grid Components, Arlington Industries, Advanced Cooling  Technologies), servicios esenciales (Alliance Technical Group, Shermco), análisis de datos  energéticos (Enverus) e infraestructuras de generación eléctrica con gas natural de alta  eficiencia (Hill Top Energy Center, Wolf Summit Energy y Potomac Energy Center). 

El asesoramiento y la educación financiera cobran relevancia en paralelo a la planificación de la jubilación

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Amundi, la mayor gestora de activos de Europa, ha publicado los resultados de la tercera edición de su estudio “Decoding Investors”, centrado en inversores particulares y ahorradores. Realizado en 26 países entre 18.000 personas, el estudio analiza sus objetivos, temores, comportamientos y fuentes de información sobre inversión. La edición de 2026 muestra que la jubilación ocupa un lugar central entre las preocupaciones de los inversores, pero que muchos carecen de la confianza y los conocimientos necesarios  para transformar sus ahorros en planes de inversión a largo plazo. 

Financiar la jubilación: brecha entre la intención y la confianza 

Los ahorros y las inversiones personales son actualmente la principal fuente de ingresos  prevista para la jubilación y los inversores esperan que financien el 42% de sus recursos para esta etapa, por delante de las prestaciones públicas y los planes de pensiones de empresa. Esta cifra es mayor en Asia, donde los inversores de la región esperan financiar más del 50% de su jubilación mediante ahorros e inversiones personales.

A pesar de ello, solo el 36% de los inversores señala la jubilación (34% en Europa frente al 40% en Asia) como una motivación clave para invertir y, entre ellos, apenas el 23% se siente muy seguro de poder alcanzar una seguridad financiera a largo plazo. Esto pone de manifiesto una clara brecha entre la importancia que los inversores conceden a la jubilación y su  capacidad y confianza para poder financiarla.

El asesoramiento profesional marca una diferencia significativa en el grado de  confianza de los inversores respecto a su jubilación: la mitad de los inversores que reciben  asesoramiento afirman sentirse muy seguros de poder financiarla, frente a solo el 14% de  quienes nunca han recurrido a asesoramiento. 

La brecha de confianza mantiene a los ahorradores en efectivo 

El estudio muestra que casi la mitad (43%) de los ahorradores espera empezar a invertir en los próximos 12 meses -una cifra que aumenta hasta el 62% entre las personas de 21 a 30  años-, pero el 39% sigue frenado por el miedo a perder dinero. La intención de invertir varía considerablemente según el país: los ahorradores daneses se sitúan a la cabeza (79%), seguidos de los ciudadanos de Singapur (73%), mientras que belgas y alemanes son los menos proclives a dar el paso (24%).

En la práctica, esto suele traducirse en mantener el dinero en efectivo durante más tiempo en lugar de participar en los mercados de capitales: para la mayoría (52%) de los ahorradores, un fondo de emergencia equivalente a menos de seis meses de ingresos es suficiente para hacer frente a gastos imprevistos; sin embargo, la mayoría mantiene cantidades de efectivo muy superiores. 

Educación financiera: percepción frente a realidad 

Más allá de la confianza, la educación financiera también desempeña un papel fundamental. El estudio pone de manifiesto un marcado contraste entre la confianza de los inversores y su  nivel real de conocimientos financieros: el 70% de quienes se describen como «expertos» no  logró responder correctamente a tres preguntas básicas de educación financiera. Este patrón es especialmente pronunciado entre los inversores con mayor patrimonio.

Los  inversores de alto patrimonio, pese a ser los que muestran una mayor confianza, registraron  los niveles más bajos de educación financiera, ya que solo el 36% respondió correctamente a  las tres preguntas. Sin embargo, también son los más propensos a recurrir al asesoramiento de profesionales (87%), frente al 58% de los inversores minoristas. 

Aumenta el uso de la IA y las redes sociales 

En tan solo un año, el uso habitual de asistentes de IA como fuente de ideas o información de inversión se multiplicó por cuatro en 2026, hasta alcanzar el 19%. Resulta especialmente significativo que siete de cada diez inversores hayan utilizado alguna vez la IA como apoyo para tomar decisiones de inversión. Más de la mitad de ellos (59%) ha  seguido sus recomendaciones y casi todos (90%) afirman estar satisfechos con el resultado.

Pero los inversores también recurren a las redes sociales: casi uno de cada dos (46%) busca  información sobre inversiones a través de influencers. Esto ocurre especialmente en India (68%) y Brasil (65%), mientras que países europeos como Francia (28%), España (37%) y Alemania (40%) se sitúan por detrás.

Estas nuevas fuentes de información no sustituyen al asesoramiento profesional, sino que lo  complementan ayudando a los inversores a confirmar ideas o validar recomendaciones. Más  del 60% de los inversores afirma tener acceso, al menos, a algún tipo de asesoramiento financiero profesional, que se presta cada vez más a través de canales digitales: el 59%  de los encuestados recibe actualmente todo o parte de su asesoramiento online. 

Fannie Wurtz, subdirectora general y directora del área de Clientes de Amundi, afirmó: “A medida que financiar la jubilación se convierte en una preocupación central para los  hogares de todo el mundo, la tercera edición de nuestro estudio Decoding Investors pone de relieve un reto urgente: ayudar a que más ahorradores se conviertan en inversores y accedan a los mercados de capitales. Para nuestro sector, esto significa reforzar la confianza, mejorar el acceso a la educación financiera, especialmente a través de canales digitales, y ofrecer soluciones sencillas, transparentes e híbridas. Gracias a su experiencia, Amundi ayuda a sus clientes a afrontar este reto mediante soluciones de inversión, herramientas tecnológicas y un acompañamiento adaptado a las necesidades de ahorro a largo plazo”. 

Objetivos y perfil del inversor particular español 

Para el inversor español, el crecimiento patrimonial es el principal objetivo de la inversión,  con un 45% frente al 51% a nivel europeo, seguido de protegerse frente a la inflación, con  un 42% frente al 37% europeo y financiar la jubilación, con un 35% en línea con el 34%  europeo.  

El inversor español también muestra menos confianza sobre sus conocimientos  financieros que el europeo: mientras que un tercio se considera “principiante”; otro 31% se considera “experto”, frente al 37% de Europa. Aunque un 34% asegura tener diversificadas sus inversiones, el 26% siente que la mayor parte de su dinero está concentrada en una o dos  inversiones; por encima de la media europea del 15%. En este sentido, un 40% de los inversores españoles considera que el asesoramiento profesional les ayudaría a diversificar mejor sus carteras (frente al 34% medio en Europa). Dos de cada tres inversores declara tener acceso a asesoramiento financiero profesional de algún tipo en  España, valorando especialmente la tranquilidad de contar con una personal de confianza a quien acudir.  

En cuanto a la IA, el principal uso que los inversores particulares españoles declaran hacer  de ella es generar ideas o estrategias de inversión (34%, por encima de la media europea del 26%). Otros usos de la IA serían resumir e interpretar noticias de mercado y analizar informes financieros. Sin embargo, los inversores españoles son menos propensos a actuar en función  de ella (solo el 44% declara haber actuado basándose en información de inversión basada en  la IA, por debajo de la media europea del 53%).  

Particularidades del ahorrador minorista en España  

Respecto al perfil del ahorrador español, el porcentaje que se considera “principiante” subiría al 65% frente al 54% europeo; y un 35% se declara dispuesto a empezar a invertir  parte de sus ahorros en los próximos 12 meses. Y es que el 43% reconoce mantener sus  ahorros en efectivo para necesidades a corto plazo (fondo de emergencia).

Sin embargo, los ahorradores españoles son considerablemente más propensos a plantearse seriamente invertir si reciben asesoramiento de un asesor financiero cualificado que les explique las finanzas en un lenguaje sencillo: un 34% frente al 23% en el resto de Europa. 

Según Marta Marín, consejera delegada de Amundi Iberia, “en España, el principal reto es ayudar a que más ahorradores den el paso desde la liquidez hacia la inversión con mayor  confianza. Este estudio confirma que la educación financiera, el asesoramiento profesional y  en lenguaje sencillo, con soluciones claras, siguen siendo fundamentales para acompañar la  planificación financiera y de cara a la jubilación.”

Así piensa alcanzar iCapital su objetivo de 8.000 millones de euros en patrimonio asesorado para 2030

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Foto cedidaDe izquierda a derecha: Pablo Martínez-Arrarás, Miguel Ángel García Brito y Óscar Juesas Ramada.

En sus 20 años de andadura con iCapital, Pablo Martínez-Arrarás, Miguel Ángel García Brito y Óscar Juesas Ramada, socios y fundadores de la firma, han sido testigos de la transformación, crecimiento y consolidación de la industria del asesoramiento independiente. “La crisis de 2008 puso el foco en la importancia de contar con un asesor independiente por su capacidad de ayudar al inversor. Esto nos llevó a una gran explosión en el lanzamiento de firmas que, tras los cambios regulatorios y los movimientos de mercado, se ha ido reduciendo hasta dar lugar a una industria madura”, señala Martínez-Arrarás.

Esta andadura, y sus aprendizajes, han moldeado su propuesta de negocio para dar respuesta a clientes cada vez más exigentes y responsables de sus propias inversiones, en un entorno de mercado complejo y con una industria proveedora de todo tipo de soluciones de inversión. “Hemos creado un ecosistema con cuatro pilares fundamentales: independencia, transparencia, capacidades y modelo. Confiamos en esa ‘inteligencia de mercado’ que hemos ido atesorando como un elemento diferenciador más”, apunta García Brito.

Según la visión que comparte García Brito, “el talento atrae talento”, pero su valor está en cómo trabajamos juntos. “Un cliente puede necesitar asesoramiento sobre sus inversiones, su empresa y sus inmuebles al mismo tiempo. Lo que denominamos inteligencia de mercado es la capacidad de conectar esas especialidades, conociendo toda la oferta disponible en el mercado, y compartir criterio y proponer una respuesta que tenga en cuenta el conjunto de su patrimonio”, añade.

Planes de crecimiento

Con estas bases, iCaptal ha puesto sobre la mesa sus planes de futuro, tras cumplir un año antes de lo previsto los objetivos de Next5, iniciado en 2022. Según explica Juesas Ramada, la firma estima alcanzar los 4.700 millones de euros de patrimonio asesorado en 2026, un 89,3% más que en 2021 y se fija como objetivo los 8.000 millones para 2030. 

“Nuestras prioridades incluyen la expansión territorial, tanto en las plazas más relevantes de España, en concreto nos interesan Bilbao y Málaga, como en Latinoamérica, y el desarrollo de servicios de alto valor añadido, con especial atención al ámbito inmobiliario y las coinversiones”, apunta. Y sobre la expansión territorial prevista en el nuevo plan añade: Nuestras nueve sedes han confirmado que la proximidad ayuda a incorporar nuevos clientes y a entender el ecosistema en el que se mueven. Conocer su entorno familiar y empresarial, sus relaciones y las oportunidades que surgen en cada plaza nos permite asesorar con mayor conocimiento. Esa experiencia orientará nuestras próximas aperturas”.

Para abordar el crecimiento internacional de la firma, Juesas Ramada reconoce que van a reforzar el talento y los medios para apoyar la internacionalización de la firma, por lo que esperan seguir aumentando su plantilla a corto y medio plazo. Además, adelanta que están estudiando el mercado colombiano y mexicano. “Se podría decir que nuestro objetivo es ser la firma de asesoramiento patrimonial independiente más relevante de habla hispana. Nuestra apuesta por Latinoamérica es estructural y ahora lo que estamos planteando es acelerar esta apuesta. Ya hemos incorporado al equipo profesionales con conocimientos muy locales y dilatada experiencia que hemos fichado en estos países y también en Miami y Ginebra. Vemos una clara oportunidad de convertir a Madrid en un hub de asesoramiento para patrimonios con presencia en latinoamérica”, matiza, tras aclarar que no buscan un crecimiento orgánico en estos países, ya que prefieren ofrecer su servicio desde España, sujeto a la normativa y supervisión europea y nacional. 

El reflejo de esta propuesta de crecimiento en su objetivo de AUM lo explica García Brito: “Actualmente, el desk latinoamericano supone el 10% del volumen de negocio, por lo que hay mucho recorrido para crecer y creemos que podría darse un crecimiento de hasta el 50% de lo que estamos registrando en este último trimestre”. Esta proyección, tal y como matiza Martínez-Arrarás, no es incompatible con seguir creciendo entre el cliente español. “Nuestro modelo y masa crítica de clientes sigue siendo español, por lo tanto, ahí también está puesto el foco”, comenta. 

Para Juesas Ramada, socio fundador de iCapital, el siguiente paso es crecer con una organización preparada para atender un mayor volumen de patrimonio. “La incorporación de IA debe partir de las tareas que el equipo necesita resolver y traducirse en mejoras concretas en nuestro trabajo. Sin duda, va a transformar la industria financiera, pero la confianza va a continuar siendo el activo más importante del asesoramiento patrimonial”. En este sentido, iCapital también ha puesto en marcha 56 proyectos para transformarse en una compañía orientada a la inteligencia artificial a partir de las necesidades propuestas por 14 miembros del equipo. “Su aplicación busca mejorar el análisis de información y los procesos de trabajo”, asegura.

Cibest Capital afina su propuesta para el segmento de wealth management latinoamericano

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Foto cedidaLuis Ignacio Gómez, vicepresidente de Mercado de Capitales de Cibest Capital

A casi un año y medio de la transformación de marca que convirtió al grupo Bancolombia –con todas sus firmas aledañas en los mercados de Colombia, Guatemala y El Salvador– en Grupo Cibest, la compañía tiene al segmento de clientes de banca privada entre sus principales prioridades. Por lo mismo, la firma está dedicada a afinar su propuesta de valor para el público inversionista latinoamericano, impulsando el acceso a estrategias de inversión, asesoría profesional y un balance entre activos on-shore y offshore, apalancando sus enclaves en Miami y Panamá.

En el corazón de esta estrategia está Cibest Capital, la unidad del grupo dedicada a inversionistas. Con miras a desarrollar el mercado de capitales, esta filial juega un rol fundamental, describe en entrevista con Funds Society el vicepresidente de Mercado de Capitales de la compañía, Luis Ignacio Gómez, con el objetivo de “convertir al ahorrante en inversionista”.

Para Cibest Capital, la misión es amplia. “Estamos convencidos de que, con ese propósito de ayudar a desarrollar el mercado de capitales, tenemos que hacerlo de manera transversal a todos los segmentos”, explica el ejecutivo. En ese sentido, el ejecutivo comenta que están trabajando en ampliar la oferta para institucionales y utilizando tecnología para abordar al segmento de inversionistas masivos.

En ese sentido, un grupo al que están poniendo especial atención es el público wealth. Para Gómez, la firma tiene el desafío de entregar una propuesta de valor más homogénea en los mercados en que operan, combinando cercanía con alcance internacional. Para esto, el profesional describe el RIA de Cibest en Miami como “la cúspide” de la estrategia.

Así, el negocio de gestión patrimonial está entre los principales focos de atención. “Estamos trabajando en que los pilares de oferta de valor sean desde la inversión, pero también desde el punto de vista de financiación basada en las inversiones y asesoría en gestión patrimonial”, explica. Esto incluye no sólo las inversiones y su retorno sino la construcción de estructuras de protección patrimonial y de mayor eficiencia en la transmisión generacional de los recursos.

“Todo este esfuerzo responde no sólo a un racional de negocio, que claramente lo tiene, sino un racional de propósito de hacer nuestra parte para poder impulsar el desarrollo de los mercados de capitales”, acota.

Empuje a las bancas privadas

Recientemente, Cibest ha estado haciendo un esfuerzo por “armonizar” mejor su operación en Centroamérica con la mecánica que tienen en su conexión entre Colombia y Miami. “Estamos tratando de hacer una traducción a su escala a los otros dos mercados”, indica, refiriéndose a los mercados de Guatemala y El Salvador, “y con una posición en Panamá que tiene esa vocación, de ser mucho más regional-centroamericano”.

Más que una restructuración interna, se trata de un ejercicio de coordinación de marcas y propuestas de valor. Esto incluye cambios de marca para algunas de las filiales del grupo. La casa de bolsa que tienen en Guatemala, por ejemplo, pasó a llamarse Cibest Capital Guatemala; y están proceso de hacer lo mismo en El Salvador.

En general, la estrategia apunta a “mover el centro de gravedad de la conversación, desde lo bancario al mundo de las inversiones”, mirando con interés el segmento de renta alta, explica. Ahí, relata, ven un interés “renaciente y creciente” en el mundo de las inversiones-

“Todas las familias tienen mucha más consciencia de todas las oportunidades de inversión que están abiertas”, señala Gómez, sumado a un mayor interés por parte de grandes bancos de inversión internacionales en América Latina. “Es una respuesta al entorno competitivo y a cómo vemos evolucionando la realidad de los grupos familiares de nuestros clientes”, señala.

A esto se suma el telón de fondo del proceso de cambio generacional en las riquezas latinoamericanas, fenómeno que están monitoreando; y las inversiones de impacto y filantropía, una variable que aspiran a convertir en una ventaja competitiva.

Plataformas de inversión internacional

“Parte de lo que viene, con este cambio generacional, en la discusión de wealth management, definitivamente ha sido una apertura de opciones”, describe el vicepresidente de Mercado de Capitales de Cibest Capital. Esto no sólo está relacionado con la tecnología, sino con la mayor disponibilidad de plataformas de inversión, lo que los ha llevado a a reforzar la oferta, para hacerse cargo de esa demanda.

“Los portafolios de los clientes han ido migrando a una nueva realidad, con una combinación mucho más visible entre lo que es on-shore y off-shore”, relata el profesional. Si bien los clientes de la región –especialmente los colombianos– siempre han tenido una porción de dólares en sus carteras, tradicionalmente cumplía un rol de cobertura de tasas y monedas. Hoy, recalca, hay muchas más opciones de inversión, con una variedad de monedas y estrategias que van más allá de la cobertura.

“Afortunadamente, hemos podido acompañar ese movimiento en los clientes”, comenta Gómez, gracias a su nutrida plataforma internacional. Esto incluye tanto su broker dealer en Panamá, donde operan desde hace 25 años, y su RIA en Miami, con sus cuatro años de historia.

La filial estadounidense, en particular, les ha traído “tenido muy buenos resultados”, según el ejecutivo. El RIA bordea actualmente los 2.300 millones de dólares en activos, acota, “superando el caso de negocio y con una muy buena velocidad de adopción”.

Actualmente, alrededor de un 25% de las carteras de los clientes de Cibest Capital están offshore, entre el RIA y Panamá, en promedio.

Activos alternativos y digitales

Otra tendencia que la firma de inversiones está mirando con detención es el auge de los mercados privados en la región. La adopción de alternativos es una discusión que está tomando cada vez más fuerza en la región, narra Gómez. Esto agrega, ha empezado a formar parte de “la discusión permanente con los clientes”.

Eso sí, el ejecutivo enfatiza en la importancia de la educación financiera cuando se trata de esta clase de activos. Estas son inversiones con condiciones de liquidez y de formación de precios diferentes a los mercados públicos. Por lo mismo, relata el ejecutivo, estos involucran procesos más “consultivos” con los clientes.

Los activos digitales también forman parte de esta nueva forma de posicionar las carteras. Si bien todavía no lo consideran como un bloque más de construcción de carteras, en Cibest Capital sí identifican a los activos digitales como “una de las tendencias de futuro para acompañar el crecimiento y la resiliencia de los portafolios de inversión”.

En el caso del grupo latinoamericano, en este frente cuentan con la ventaja de su experiencia en El Salvador, un mercado donde se ha desarrollado más la regulación en torno a los activos digitales. Así, ya están trabajando con plataformas que ofrecen criptoactivos, stablecoins y activos tokenizados.

¿Queda espacio para el alfa en el private equity norteamericano?

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Foto cedidaPanel de private equity en Norteamérica en el Picton Latam Summit 2026

En un contexto en que el private equity no ha logrado alcanzar los desempeños de la renta variable, rentando por debajo del S&P 500 y el MSCI ACWI a uno, tres y cinco años, la pregunta sobre el valor del premio por liquidez vuelve a ponerse sobre la mesa. Y es que hay una pregunta circulando por el aire: ¿queda espacio para generar alfa en la clase de activos? Especialmente en Norteamérica, donde Estados Unidos se mantiene como el mercado más grande y más profundo para el capital privado.

Esta es la pregunta que convocó a un panel de especialistas de grandes gestoras especializadas, reunidas por la firma latinoamericana de distribución Picton, en la última edición de su Latam Summit. Ante una audiencia de GPs y LPs de distintos rincones de la región, los profesionales de las inversiones describieron un panorama en que todos están compitiendo por los activos más atractivos y la dispersión está obligando a los inversionistas a ser más selectivos.

“Hay performance, pero hay que ver dónde estar”, aseguró Nigel Beslee, Managing Director de Goldman Sachs. Existe un gran desafío de posicionamiento para los inversionistas, con el reto de alocar a consciencia entre las distintas clases de activos, en un contexto de alta incertidumbre, grandes movimientos de mercado y una narrativa en torno a la tecnología que está dictando el ritmo de las mesas de dinero a nivel mundial.

“Nadie está apuntando a los retornos medianos en PE”, recalcó el ejecutivo, ya que todos están cazando los retornos más altos.

“Más que temas como el sector o la estrategia, son los temas propios de la compañía los que empujan el alfa”, recordó Luca Salvato, Partner en Ares. Además, está el factor de ciertos “riesgos existenciales”, como la revolución de la IA, que son difíciles de cuantificar en un contexto histórico, dado su carácter de tecnología sin precedentes.

Con este telón de fondo, el profesional puso el énfasis en los tiempos de mercados. “El timing en que un gestor decide vender el activo puede generar mucho alfa”, aseguró.

La revolución tecnológica

Si bien el capital privado y el equity público tienen dinámicas y características distintas, los profesionales del panel advirtieron que el private equity tiene el desafío de ganarle a una renta variable que ha estado encontrando nuevas alturas periódicamente en los últimos años. Principalmente gracias al efecto de las acciones conocidas como las Siete Magníficas –Alphabet, Amazon, Apple, Meta Platforms, Microsoft, Nvidia y Tesla–, que agrupan a las firmas consideradas como capitanas del auge de la IA.

Entre eso y un ecosistema donde los ciclos de inversión son cada vez más largos, los inversionistas deben buscar formas de acceder a los vectores de crecimiento con precios razonables. “Hay una enorme tendencia de private for longer, especialmente en tecnológicas de alto crecimiento”, dijo Michael Zappert, Partner en TPG, por lo que los LPs deben evaluar bien por dónde acceder a esta categoría.

En ese sentido, en la industria de PE ven una fuente interesante en la aplicación de esta tecnología en las empresas de sus portafolios. Esto, señaló Zappert, puede generar mucho valor, ya que “la IA va a cambiar cada aspecto del trabajo”.

Como es difícil acceder actualmente a las grandes firmas tecnológicas que lideran en este frente, el profesional sí ve más oportunidades en esta oleada de aplicación.

Beslee concordó con la lectura, destacando que es “difícil” no ver la IA como uno de los mayores factores del mercado; mientras que Salvato agregó que, si bien esta tecnología no va a ser necesariamente un gran generador de alfa en la clase de activos, sin duda va a potenciar a las empresas en las que invierten.

Cada vez más diversidad de estructuras

Además de creatividad en captar los vientos a favor de la IA, el contexto actual obliga a los GPs a ser más creativos con la estructuración de los vehículos de inversión, también. “Se trata de ser reflexivo sobre los espacios en los que puedes hacer algo distinto”, en palabras de Zappert; mientras que Salvato hizo énfasis en que no se puede negar la importancia de los managers en la gestión de los activos, dada la mayor sofisticación del entorno en Norteamérica.

Todos los panelistas comentaron sus experiencias aplicando esta mayor flexibilidad, como es el caso de Leonard Green. David Kass, Partner de la gestora, relató que en la compañía han tenido que mantenerse flexibles con la estructuración de los vehículos, cuando los activos son buenos y calzan con la filosofía de inversión de la gestora.

Incluso se pueden buscar avenidas distintas para invertir de forma diversificada en la clase de activos. En el caso de Goldman Sachs, destacaron la estrategia GP Stakes, que invierte en participaciones de gestoras especializadas.

La importancia de la liquidez

En todo caso, los profesionales concuerdan en que la liquidez seguirá siendo una de las variables clave a futuro en el mundo del capital privado. “Hay una enorme presión para la liquidez”, dijo Zappert, especialmente con la fuerte entrada de recursos que registró la clase de activos en 2021. La tendencia, recalcó, que reina en las carteras es hacia tener un mayor nivel de liquidez, no menos.

Por lo mismo, un espacio que se ha abierto con fuerza es el de los fondos secundarios y de los vehículos de continuación, que han generado nuevos espacios de liquidez para las gestoras de PE. La industria está poniendo el foco en el DPI (Distribuited to Paid-In Capital, ratio de distribuciones sobre el capital invertido), comentó Kass, por lo que las distribuciones generan su propia presión sobre la gestión de la cartera. “En algún momento tienes que generar liquidez”, dijo.

Hacia delante, acotó Salvato, los vehículos de continuación “están aquí para quedarse” y “se están volviendo una parte importante del ecosistema”. Eso sí, advirtió, este espacio también tiene un alto nivel de dispersión en resultados.