Los vehículos de continuación, el mercado secundario y un abanico cada vez más amplio de vías de liquidez están ejerciendo una presión creciente sobre los modelos operativos del capital privado. Según el nuevo estudio global de Vistra Fund Solutions, el 45% de las firmas señala la complejidad de la valoración y la elaboración de informes como un reto clave. Esta sobrecarga recae sobre equipos en los que los procesos manuales y la gestión de datos ya absorben de media el 33% de la capacidad operativa.
La tensión va más allá de las valoraciones y los informes: el 45% cita las limitaciones tecnológicas y el desafío de gestionar múltiples grupos de interés (stakeholders), mientras que el 42% apunta al incremento de las obligaciones regulatorias y de cumplimiento. Esta presión se ve agravada por el hecho de que las firmas recurren a múltiples vías de liquidez de manera simultánea, cada una con sus propias exigencias operativas, regulatorias y de reporte. Los vehículos de continuación, las ventas entre firmas de capital privado (sponsor-to-sponsor) y la ampliación del periodo de tenencia de activos son señalados, cada uno por el 16% de las firmas, como la vía más relevante para los próximos 12 a 24 meses. Le sigue de cerca las recapitalizaciones por dividendos y el mercado secundario, ambos con un 14%.
El giro hacia productos minoristas y semilíquidos también está dejando al descubierto carencias operativas. Si bien el 84% de las firmas afirma estar total o parcialmente preparada para darles soporte, solo el 27% asegura disponer ya de toda la infraestructura, los procesos y las capacidades necesarias. Por su parte, más de la mitad (56%) sigue estando solo parcialmente preparada, mientras que el 14% se encuentra aún en una fase inicial.
Estas conclusiones proceden de The Vistra Fund Solutions Private Equity Report 2026, basado en una encuesta realizada a 455 profesionales del capital privado en Norteamérica, Europa, Asia-Pacífico (APAC) y Oriente Medio. Según el estudio, la mayor complejidad está poniendo a prueba a unos equipos de operaciones que aún dependen en gran medida de procesos manuales. Casi dos tercios (62%) señalan que más de una cuarta parte de la capacidad de su equipo se consume en procesos manuales o tratamiento de datos, situándose la media de trabajo manual en el 33% de la capacidad. Por otro lado, el impacto operativo alcanza también a la liquidez: las limitaciones operativas o de recursos internos se sitúan al mismo nivel que la incertidumbre regulatoria o geopolítica como principal obstáculo para el éxito de las desinversiones (16%).
La presión de los inversores también va en aumento. La exigencia de informes de cartera más frecuentes y detallados encabeza la lista de demandas de los Limited Partners (LP) con un 36%, seguida de una mayor transparencia en las comisiones, procesos de alta e incorporación (onboarding) más ágiles y acceso en tiempo real a los datos del fondo (34%). Por su parte, el 93% de los encuestados afirma que la excelencia operativa resulta fundamental para la confianza de los inversores.
Las firmas están reaccionando reorientando una mayor parte de su inversión operativa hacia la tecnología. En la actualidad, el 60% de los presupuestos se concentra en el personal, pero se espera que este porcentaje baje al 40% en los próximos tres años, al tiempo que la proporción de presupuestos centrados en tecnología subirá del 18% al 32%. Todos los participantes afirman estar explorando o implementando al menos un caso de uso de inteligencia artificial, aunque el 99% identifica una brecha significativa entre sus ambiciones en IA y la realidad operativa.
“La diversidad de productos, inversores y vías de liquidez a los que las firmas deben dar soporte hoy en día está generando una auténtica sobrecarga operativa. Los vehículos de continuación y las operaciones secundarias traen consigo requisitos más exigentes de valoración, reporting y relación con las partes interesadas, mientras muchos equipos todavía dedican un tercio de su capacidad a tareas manuales. Con unas expectativas de los inversores cada vez más altas, las firmas necesitan datos más sólidos, sistemas mejor integrados y el respaldo externo adecuado para gestionar una mayor complejidad sin añadir una capa adicional de costes y trabajo manual”, ha comentado Abdel Hmitti, presidente de Vistra Fund Solutions.
Respecto al papel de los proveedores externos, ya se está expandiendo. Aunque el 67% de las firmas sigue recurriendo a ellos principalmente para la administración transaccional, el soporte e integración tecnológica se perfila como la función con mayor probabilidad de externalizarse en los próximos tres años (28%), seguida de los servicios al inversor (26%) y la gestión de datos (25%).
Pese a estas presiones, la confianza en la transformación operativa sigue siendo alta. Un 89% sostiene que sus capacidades operativas han avanzado más rápido que el crecimiento de los activos bajo gestión (AUM) o se sitúan notablemente por delante. Sin embargo, apenas algo más de la mitad describe áreas clave de su modelo operativo como mayoritaria o totalmente automatizadas e integradas, lo que evidencia la brecha entre la confianza en el progreso y la madurez real de la infraestructura subyacente.
Foto cedidaGuy Wagner, director de Inversiones (CIO) de BLI.
“En el tercer trimestre, el crecimiento económico se mantuvo sólido en términos generales”, es la principal conclusión que señalan en el último informe mensual de mercado Highlights, de BLI-Banque de Luxembourg Investments. Según Guy Wagner, director de inversiones (CIO) de BLI: “En Estados Unidos, el producto interior bruto creció a una tasa anualizada del 3,4 %, frente al 2,2 % del trimestre anterior, impulsado principalmente por una sólida inversión alimentada por la expansión de las infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial”.
Y añade:“El consumo interno volvió a mostrar solidez a pesar de los elevados costes energéticos, respaldado por el buen comportamiento de los mercados de renta variable y el descenso de la tasa de ahorro. En la eurozona, el crecimiento se mantuvo estable tras el repunte del segundo trimestre, aunque continúa muy por debajo de los niveles registrados en Estados Unidos”.
En China el PIB creció un 4,5 %, acelerándose respecto al trimestre anterior, lo que debería permitir al país alcanzar el objetivo de crecimiento anual de Pekín para 2026 —situado entre el 4,5 % y el 5 %—, pese a la persistente debilidad del consumo interno y de la inversión. Por su parte, en Japón, las exportaciones siguen impulsando el crecimiento, favorecidas por la depreciación del yen y la sostenida demanda de equipos para la fabricación de semiconductores. La inflación continúa mostrando resistencia a la baja, alimentada por la solidez de la economía mundial y las continuas tensiones geopolíticas en Oriente Medio. En Estados Unidos, subió del 3,4 % al 3,7 % en septiembre, mientras que la inflación subyacente (excluidos energía y alimentos) repuntó del 2,4 % al 2,6 %. En la eurozona, se espera que la inflación general alcance el 4 % en octubre.
Según el pronóstico, la Reserva Federal de EE.UU. mantuvo sin cambios el rango objetivo del tipo de interés de los fondos federales en el 3,75% – 4,00%. A pesar de la solidez de la economía y la persistencia de la inflación, los responsables de la política monetaria prefirieron esperar a contar con más datos antes de decidir si era necesario un mayor endurecimiento para reconducir la inflación hacia el objetivo del 2%. El Banco Central Europeo también mantuvo su política monetaria sin cambios. Dada la ausencia de efectos de segunda ronda sobre la inflación vinculados al choque energético hasta la fecha, el Consejo de Gobierno decidió no endurecer más la política monetaria a pesar del elevado nivel de inflación.
“Tras alcanzar un máximo en septiembre, las rentabilidades de la deuda cayeron, ya que unos rendimientos más atractivos llevaron a los inversores a volver a fijarse en esta clase de activos durante tanto tiempo relegada”, ha explicado el economista luxemburgués. En Estados Unidos, la rentabilidad del bono a 10 años volvió a situarse por debajo del 5 %. Por su parte, en la eurozona, la tendencia fue más dispar; mientras que Francia vio cómo sus tipos seguían al alza, ampliando el diferencial con Alemania hasta los 165 puntos básicos. Respecto a Alemania, Italia y España, registraron un descenso.
Según la visión de Guy Wagner: “Aunque la mayoría de los principales índices bursátiles de EE. UU. y Europa apenas experimentaron variaciones en octubre, su aparente estabilidad ocultaba importantes rotaciones sectoriales en los mercados. Así, tras su sólido comportamiento desde principios de año, los valores vinculados a la inteligencia artificial sufrieron una fuerte corrección, mientras que los sectores defensivos, relegados durante mucho tiempo, rebotaron con fuerza”.
A lo largo del mes, el índice MSCI All Country World (en euros) se mantuvo prácticamente sin cambios. En términos geográficos, el S&P 500 (en USD) cayó, mientras que el Stoxx Europe 600 (en EUR) subió. La elevada exposición de los índices de Japón y de mercados emergentes a los valores tecnológicos lastró aún más su desempeño, con retrocesos tanto en el Topix (en JPY) como en el índice MSCI Emerging Markets (en USD). “Por sectores, energía, salud y consumo básico registraron ganancias superiores al 10 %, mientras que tecnología y servicios de comunicación perdieron entre un 6 % y un 11 % a lo largo del mes”, ha concluido el director.
Los mercados financieros pueden pasar semanas, meses o incluso años valorando incorrectamente una empresa. Para Bill Ackman, fundador y director ejecutivo de Pershing Square Capital Management, esa discrepancia entre el precio de una acción y el valor económico de su negocio no es necesariamente un problema: puede convertirse en una oportunidad de inversión.
La clave está en distinguir cuándo una compañía enfrenta un deterioro real de sus perspectivas y cuándo el mercado está reaccionando de manera desproporcionada ante un acontecimiento coyuntural, una amenaza todavía incierta o una expectativa que no se cumple en el corto plazo.
Esa es una de las ideas centrales de la filosofía de inversión que Ackman compartió durante su visita a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), donde participó en la ceremonia del campanazo de apertura y posteriormente sostuvo un encuentro con representantes de los medios de comunicación.
El inversionista estadounidense, cuya firma administra más de 30.000 millones de dólares en activos, describió un método que combina la selección de empresas con ventajas competitivas duraderas, la disciplina para no pagar cualquier precio y la disposición a esperar hasta que las condiciones del mercado ofrezcan una rentabilidad potencial atractiva.
Su planteamiento cobra relevancia en un entorno que él mismo describió como caracterizado por una volatilidad extraordinaria, movimientos pronunciados en las cotizaciones y una rotación constante entre sectores que pasan rápidamente de ser los favoritos de los inversionistas a convertirse en objeto de ventas.
«No soy un gran fanático de eso», dijo Ackman al referirse a estas dinámicas. A su juicio, la especulación de corto plazo puede alejar a los mercados de su propósito fundamental: proporcionar capital para que las empresas crezcan.
Un negocio, una empresa, recordó, es un activo de largo plazo, aunque sus acciones cambien de manos todos los días.
La diferencia entre esa visión y la de quienes intentan aprovechar movimientos de precios en horizontes de horas, días o semanas constituye una de las claves para entender la estrategia de Pershing Square. En lugar de perseguir cada tendencia, la firma busca empresas cuyo valor pueda aumentar durante años y espera el momento en que el precio de entrada permita capturar ese crecimiento.
Uber: cuando el miedo abre una oportunidad
El ejemplo más claro que ofreció Ackman fue Uber, la plataforma de movilidad y entrega de alimentos en la que Pershing Square invirtió a principios de 2025.
La firma conocía la compañía desde antes de su salida a bolsa, pero no consideró que su cotización ofreciera una oportunidad suficientemente atractiva. La situación cambió cuando el precio descendió a niveles que, desde su perspectiva, compensaban los riesgos de la inversión.
Parte de la preocupación del mercado giraba en torno a los vehículos autónomos y a la posibilidad de que fabricantes como Tesla desarrollaran servicios capaces de desplazar a Uber.
Ackman llegó a una conclusión diferente: la aparición de vehículos autónomos no necesariamente destruiría la posición competitiva de la plataforma, especialmente si coexistían múltiples fabricantes y operadores.
Su tesis consiste en que los usuarios seguirán valorando la posibilidad de elegir cómo desplazarse desde una sola aplicación, con rapidez, a un costo competitivo y mediante una marca reconocida. Desde esa perspectiva, Uber podría mantener un papel central como intermediario entre pasajeros y proveedores de movilidad, incluso si la tecnología transforma la operación de los vehículos.
La inversión, por tanto, no dependía de negar que la conducción autónoma pudiera cambiar la industria. Dependía de evaluar si ese cambio eliminaría la ventaja competitiva de Uber o, por el contrario, podría integrarse a un ecosistema en el que la plataforma conservara una posición relevante.
«Muchos temían que los vehículos autónomos de Tesla perjudicaran a Uber», explicó. «Nuestra visión es que los vehículos autónomos no son una amenaza para Uber mientras existan múltiples fabricantes de estos vehículos».
El razonamiento ilustra un principio fundamental de su método: una amenaza tecnológica no equivale automáticamente a una pérdida de valor para todas las empresas de una industria.
La pregunta determinante es qué posición ocupará cada negocio después de la transformación y si sus ventajas competitivas seguirán siendo suficientemente sólidas para sostener el crecimiento.
Una biblioteca de empresas, no una carrera detrás de las tendencias
El caso de Uber permite entender otro elemento de la estrategia de Ackman: las oportunidades no comienzan necesariamente cuando una acción cae. Con frecuencia, el trabajo más importante se realiza mucho antes, mediante el seguimiento sistemático de compañías que la firma considera excepcionales.
«Llevamos un par de décadas en el negocio y hemos construido una biblioteca de lo que consideramos los mejores negocios», explicó.
Pershing Square busca empresas dominantes en sus respectivas industrias, con características económicas favorables, perspectivas de crecimiento y una posición competitiva que pueda resistir las disrupciones durante periodos prolongados. También presta atención a los riesgos regulatorios y a la calidad de los equipos directivos.
Una compañía puede reunir todas esas condiciones y, aun así, no ser una buena inversión a cualquier precio. Por eso, la firma sigue de cerca los negocios que considera atractivos y espera acontecimientos que provoquen una caída en sus cotizaciones: resultados trimestrales decepcionantes, factores coyunturales o episodios macroeconómicos capaces de modificar temporalmente el ánimo de los inversionistas.
La disciplina consiste en separar el deterioro de los fundamentos de una empresa de los movimientos de su acción.
Los criterios publicados por Pershing Square USA permiten precisar esta filosofía. La firma privilegia empresas con generación de flujo de efectivo libre, ventajas competitivas sostenibles, balances sólidos, poca dependencia de los mercados de capitales y valoraciones inferiores a sus estimaciones de valor intrínseco. También destaca la importancia de la calidad de la administración y del gobierno corporativo.
No se trata simplemente de comprar acciones baratas, sino de encontrar negocios de calidad cuyo precio ofrezca un margen de oportunidad.
Esta distinción es importante porque una cotización baja no garantiza que una empresa esté infravalorada. Puede reflejar problemas estructurales, pérdida de competitividad o perspectivas de crecimiento deterioradas. La oportunidad aparece cuando el descuento supera lo que el inversionista considera justificado por los riesgos del negocio.
En el caso de Ackman, esa evaluación exige paciencia, conocimiento de las empresas y una convicción respaldada por el análisis, no únicamente por la expectativa de que los precios recuperarán sus niveles anteriores.
El costo de pensar a corto plazo
La crítica de Ackman a la especulación bursátil tiene una implicación más amplia: cuando las cotizaciones reaccionan de manera exagerada ante noticias de corto plazo, los inversionistas con horizontes prolongados pueden encontrar oportunidades que otros participantes no están en condiciones de aprovechar.
El problema, desde su perspectiva, es que los mercados están integrados por participantes con objetivos y restricciones muy diferentes. Mientras algunos buscan construir valor durante años, otros operan con horizontes reducidos, apalancamiento o límites de riesgo que pueden obligarlos a vender ante movimientos adversos de los precios.
La conclusión de Ackman no es que los mercados sean siempre irracionales ni que cada caída represente una oportunidad. Es que los movimientos de precios deben analizarse en relación con los fundamentos de las compañías, y no únicamente a partir del comportamiento reciente de sus acciones.
De ahí la importancia de contar con una tesis de inversión definida antes de que aparezca la oportunidad. Cuando una acción cae, el inversionista debe determinar si el mercado está ofreciendo un descuento sobre un negocio que conserva sus perspectivas o si está anticipando un deterioro que todavía no resulta evidente en los estados financieros.
Esa distinción exige algo más que tolerancia a la volatilidad: requiere capacidad para analizar empresas, evaluar escenarios y reconocer los límites del propio conocimiento.
La estructura del capital también importa
Ackman considera que la calidad de las inversiones no es el único factor que determina el desempeño de una firma de gestión de activos. La cultura interna y la estabilidad de los recursos disponibles también pueden influir en su capacidad para ejecutar una estrategia.
Al preguntársele qué se necesita para construir un gran fondo de inversión, respondió que lo primero son las personas. Describió la gestión de activos como un negocio en el que la ventaja competitiva depende en gran medida del talento, la cultura organizacional y la capacidad de construir equipos que permanezcan en la firma durante largos periodos.
Pero también destacó una característica de la estructura de Pershing Square: la posibilidad de administrar capital con un horizonte prolongado.
La firma ha desarrollado vehículos de inversión cotizados que amplían las alternativas de acceso a su estrategia. Ackman explicó que un inversionista puede adquirir una acción de Pershing Square USA por alrededor de 40 dólares, según el ejemplo que ofreció, y participar en el rendimiento del vehículo bajo las mismas condiciones económicas que otros inversionistas.
La comparación con una inversión de 1.000 millones de dólares se refería a la participación en los resultados del vehículo, no a que ambas inversiones generen el mismo beneficio monetario.
Para Ackman, esta estructura tiene dos ventajas. Por una parte, amplía el acceso a la gestión de inversiones; por otra, permite construir una base de capital más estable, que facilita mantener posiciones durante periodos prolongados sin depender exclusivamente de recursos que puedan retirarse ante una etapa adversa del mercado.
La estabilidad del capital no elimina el riesgo de pérdidas ni garantiza el éxito de una inversión. Sin embargo, puede ayudar a evitar que las decisiones de cartera estén determinadas por necesidades de liquidez ajenas a los fundamentos de las empresas.
En una estrategia que depende de esperar el precio adecuado y mantener las inversiones mientras se desarrolla su tesis, el horizonte del capital puede ser tan importante como la selección de los activos.
Inteligencia artificial: oportunidades y amenazas
La inteligencia artificial constituye otro de los grandes desafíos para la filosofía de Ackman. El inversionista considera que la tecnología transformará profundamente la economía y reconoce que ofrece oportunidades extraordinarias, pero también riesgos que deben administrarse con cuidado.
Su posición es interesante porque no se limita a identificar a los posibles ganadores de la carrera tecnológica. La cuestión es determinar qué empresas estarán en condiciones de aprovechar la transformación y cuáles podrían perder sus ventajas competitivas.
Ese razonamiento coincide con la lógica que explicó al hablar de Uber: una nueva tecnología puede modificar una industria sin que necesariamente desaparezcan todos sus participantes actuales. El desenlace dependerá de la posición de cada empresa, de su capacidad para adaptarse y de la economía de su modelo de negocio.
Ackman también expresó una visión optimista sobre las aplicaciones de la IA en la medicina y la neurociencia. Considera que la tecnología podría contribuir a prolongar la vida, tratar enfermedades y facilitar avances que hoy parecen extraordinarios.
En su opinión, la sociedad apenas comienza a comprender el potencial de estas herramientas y sus implicaciones para la productividad, la investigación científica y la atención médica.
Desde la perspectiva de un inversionista, sin embargo, reconocer el potencial de una tecnología no significa que cualquier empresa vinculada con ella constituya una buena inversión. El precio sigue siendo determinante, al igual que la capacidad de transformar la innovación en ingresos, beneficios y flujos de efectivo sostenibles.
La IA, por tanto, no elimina los principios tradicionales de valoración. Los vuelve más importantes: cuanto mayor sea la incertidumbre sobre el futuro de una industria, más necesario resulta distinguir entre el potencial de una tecnología y el valor que puede capturar una compañía específica.
México y América Latina en un mundo más fragmentado
Aunque su estrategia está concentrada principalmente en grandes compañías norteamericanas, Ackman también se refirió a las perspectivas económicas de México y de América del Norte. Su diagnóstico parte de una transformación geopolítica: las tensiones internacionales, los conflictos militares y el interés de Estados Unidos por recuperar parte de su capacidad manufacturera están modificando las decisiones de las empresas sobre dónde producir y cómo organizar sus cadenas de suministro.
En ese contexto, considera que México puede beneficiarse de su proximidad con Estados Unidos y de una mayor integración productiva regional. «A medida que le va a EE. UU., le va a México», afirmó al explicar por qué considera que el país puede ser uno de los beneficiarios de estos cambios.
También identificó fortalezas estructurales de la economía mexicana: su ubicación geográfica, una población emprendedora, una base productiva relevante y un sistema de pensiones en crecimiento que puede convertirse en una fuente de capital para el desarrollo económico.
Su optimismo, no obstante, está condicionado a las decisiones internas. Ackman destacó la importancia de políticas públicas favorables a la inversión y al emprendimiento, así como la necesidad de reducir la inseguridad y el crimen.
Sobre el mercado bursátil mexicano, señaló que, desde su percepción inicial, las acciones locales parecían baratas, aunque reconoció que todavía estaba aprendiendo sobre el mercado y que seguía investigando sus oportunidades.
Durante su visita también reveló que Pershing Square había recibido una propuesta de inversión en México que sometería a un proceso de debida diligencia. No identificó a la empresa ni confirmó una decisión de inversión, por lo que el planteamiento debe entenderse como una oportunidad bajo análisis, no como una operación acordada.
La visita también reflejó la construcción de relaciones con inversionistas mexicanos. Ackman explicó que Pershing Square había obtenido varios cientos de millones de dólares en México para su empresa de gestión y una cantidad adicional, también de cientos de millones, en el contexto de su oferta pública inicial. Identificó entre las fuentes a family offices y fondos de pensiones, además de posibles compañías de seguros.
Su lectura sobre México se inscribe en una visión más amplia de integración regional. Para Ackman, los intereses de Estados Unidos, México y Canadá están ampliamente alineados en aspectos como el crecimiento económico, el progreso de sus habitantes y la seguridad.
La ventaja de saber esperar
La filosofía de Ackman no ofrece una fórmula infalible para anticipar los movimientos del mercado. Su método también depende de estimaciones sobre el valor futuro de las empresas, de la capacidad de sus directivos para ejecutar sus estrategias y de riesgos tecnológicos, regulatorios y macroeconómicos que pueden cambiar el resultado de una inversión.
Pero sus declaraciones permiten identificar una convicción: la rentabilidad de largo plazo no depende exclusivamente de encontrar una gran empresa, sino de pagar un precio que justifique sus perspectivas y contar con la capacidad financiera y analítica para mantener la inversión mientras se desarrolla la tesis.
En una industria que con frecuencia premia la velocidad de reacción, Ackman reivindica el valor de la preparación previa, el seguimiento de las compañías y la paciencia para actuar cuando aparece una oportunidad.
Uber resume esa lógica. Pershing Square no necesitó descubrir la empresa ni anticipar desde el principio el futuro de la movilidad. Necesitó conocer el negocio, evaluar una amenaza tecnológica y esperar hasta que el precio ofreciera una relación entre riesgo y rendimiento que consideró atractiva.
La diferencia entre seguir una tendencia e invertir con una tesis propia puede residir precisamente en ese momento: cuando el mercado ve una amenaza y el inversionista, después de analizarla, encuentra una oportunidad.
Para Ackman, la paciencia no consiste en esperar pasivamente a que suba una acción. Consiste en hacer el trabajo de investigación, definir qué hace valioso a un negocio y tener la disciplina de no invertir hasta que el precio permita convertir esa convicción en una decisión razonada.
Panamá acogerá el próximo el foro regional “Fondos sin Fronteras: Un Mercado, Una Región”, vigésimo encuentro anual de la Federación Iberoamericana deFondos de Inversión (FIAFIN), que agrupa a asociaciones de 13 países. Organizado por la Cámara Panameña de Administradores de Sociedades de Inversión y Fondos de Pensión (CASIP), en alianza con la comunidad de FIAFIN.
El evento se celebrará el próximo 25 de noviembre, en The Santa María, a Luxury Collection Hotel & Golf Resort.
Según detallaron en un comunicado, en el evento participarán autoridades panameñas, administradoras de fondos, gestores de activos, calificadoras de riesgo, reguladores y representantes de la infraestructura de mercado, con delegaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, México y República Dominicana. La agenda girará en torno a dos ejes: la integración de los mercados de fondos, para facilitar la inversión entre países, y el rol de los fondos de pensiones en la canalización del ahorro hacia proyectos de largo plazo.
Completan el programa los fondos inmobiliarios y de infraestructura, la inteligencia artificial en la gestión de activos, las buenas prácticas en protección digital y la expansión de la base de inversionistas individuales. Además, para la industrial local, el encuentro será una oportunidad para conocer experiencias de otros mercados, ampliar contactos en el sector y dar mayor visibilidad a la oferta panameña de fondos.
“Recibir este encuentro por segunda vez en Panamá nos permite poner sobre la mesa una discusión importante para la región. América Latina cuenta con capital para invertir, pero todavía enfrenta barreras para movilizarlo entre sus propios mercados. Necesitamos avanzar hacia una industria de fondos con mayor integración, que facilite la inversión regional y abra nuevas oportunidades para los inversionistas”, ha señalado Eduardo Caballero, presidente de CASIP y CEO de Norfolk Financial Group, en la nota de prensa.
Por su parte, Valentín Galardi, presidente de FIAFIN, afirmó : “Veinte encuentros reflejan una agenda común sostenida entre las asociaciones de la región. Panamá, por su vocación de centro financiero, es el lugar indicado para impulsar el siguiente paso: que el ahorro de los latinoamericanos circule con mayor libertad entre nuestros mercados».
En un contexto en que los RIAs (asesores de inversiones registrados, por su sigla en inglés) estadounidenses han tenido un crecimiento importante, las condiciones de la industria van cambiando. Y es que cuando antes la escala eran un componente diferenciador, el negocio hoy demanda más de las firmas, según un análisis de la firma especializada Cerulli.
Los canales RIA, detallaron en un reporte reciente –titulado The Cerulli Report: U.S. RIA Marketplace 2026–, han crecido a una CAGR de 12% en los últimos cinco años. Esta expansión, explicaron, se vio impulsada por una combinación de factores, incluyendo mercados accionarios fuertes, la adquisición de nuevos clientes y crecimiento inorgánico.
Hacia delante, eso sí, en Cerulli ven un contexto más desafiante, que obligará a las compañías de gestión patrimonial a mantenerse competitivas. “A medida que la mera escala se ve menos como un elemento diferenciador, las firmas van a tener que invertir a lo largo de sus operaciones, refinando enfoques clave y modernizando sus estrategias para mantenerse competitivas”, indicaron desde la consultora.
Con este ritmo de crecimiento, las RIAs están corriendo más rápido que otras modalidades de inversiones de clientes privados en EE.UU., como los canales legacy y los broker dealers y wirehouses, tanto a nivel nacional como regional. Es más, Cerulli destacó que el segmento de Enterprise RIA (o de RIAs corporativas, entendidas como las firmas más grandes) se ubica como el de mayor crecimiento. Con una CAGR de 20% en los últimos cinco años, este grupo ha superado a RIAs independientes e híbridas.
La dinámica de M&A en el sector también plantea un desafío para la diferenciación. “A medida que la actividad de adquisiciones en los canales RIA erosiona muchas fuentes tradicionales de diferenciación competitiva, la oferta de servicios se está convirtiendo en un campo de batalla clave”, agregaron.
Una oferta en evolución
Las RIAs corporativas se han expandido a campos como la planificación tributaria, oferta de bienes, servicios de family office y consultoría institucional. Al agregar estos servicios, que están derivados de las necesidades patrimoniales de clientes o apoyan otros aspectos de la gestión de las fortunas privadas, los RIAs “siguen moviéndose hacia el centro de la esfera de la asesoría”, según Cerulli.
“Hay un creciente abismo entre las firmas que pueden construir plataformas escalables y las que están limitadas por las estructuras operacionales tradicionales. Las RIAs corporativas están invirtiendo en el desarrollo central de negocios, entrega de servicios integrada, pipelines de talentos estructurados y capacidades de planificación expandidas”, relató el director de la consultora, Stephen Caruso.
El objetivo de estas inversiones, agregó, es atendes a “clientes affluent más complejos”, en un contexto en que “las cambiantes expectativas de los clientes y las presiones competitivas están instando a las firmas a reconsiderar cómo entregan asesoría, empujan el crecimiento y crean valor de largo plazo”.
Este enfoque, agregaron desde la consultora, deja al RIA como el centro neurálgico de la mayoría de las necesidades de servicios financieros de los clientes, incluyendo inversiones, impuestos, planificación patrimonial y filantropía. “Integrar estas capacidades en las plataformas centralizadas permite a las firmas establecer estándares operacionales consistentes, expandir las capacidades de los asesores de atender clientes y profundizar las relaciones con clientes”, indicó Caruso.
En esa línea, la expectativa de la consultora es que más RIAs se dediquen a ampliar sus servicios, persiguiendo vectores de crecimiento e ingresos por fee que, sin esos servicios expandidos, normalmente se iría a otros proveedores de servicios.
La inteligencia artificial (IA) está construyendo una de las mayores apuestas de inversión de la economía global. Su expansión tiene una expresión tangible en las cuentas de los fabricantes de semiconductores, en los pedidos de maquinaria para producir chips y en los presupuestos de las grandes plataformas tecnológicas, que continúan ampliando su infraestructura para atender una demanda creciente de capacidad de cómputo. Sin embargo, el crecimiento de la industria empieza a plantear una pregunta más compleja para los mercados financieros: ¿qué tan rentable será la infraestructura que se está construyendo y cuánto tiempo necesitarán las empresas para recuperar el capital comprometido?
Los resultados del tercer trimestre de 2026 ofrecen una fotografía reveladora. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el mayor fabricante de semiconductores por contrato del mundo, reportó ingresos por 46.720 millones de dólares, un incremento interanual de 41,2%, y una utilidad neta que avanzó 68,7%. Su margen bruto alcanzó 66,4%. En paralelo, ASML, el fabricante neerlandés de equipos de litografía indispensables para producir los chips más avanzados, registró ventas trimestrales por 11.660 millones de euros y una utilidad neta de 4.960 millones. Su margen bruto llegó a 57,5%, mientras la empresa advirtió que la capacidad de producción que tiene prevista para 2027 y 2028 no será suficiente para satisfacer toda la demanda de sus clientes. Ambas compañías muestran que la expansión de la IA está generando oportunidades económicas concretas para quienes suministran los componentes y las herramientas que hacen posible su funcionamiento. Pero también evidencian que la industria no puede ampliar su capacidad al mismo ritmo al que crecen las expectativas de inversión.
El tercer frente está en las grandes plataformas tecnológicas. J.P. Morgan Global Research estima que el gasto mundial de capital relacionado con la IA alcanzará aproximadamente 900.000 millones de dólares en 2026 y proyecta que la inversión acumulada en infraestructura y tecnología podría llegar a 5,5 billones de dólares para 2030. El desafío es que la capacidad instalada, los ingresos generados y los rendimientos financieros no necesariamente evolucionan al mismo ritmo. Esa diferencia está convirtiendo la rentabilidad en una variable central para evaluar la siguiente fase de la economía de la IA.
Los fabricantes de chips capturan el crecimiento
La primera señal de la expansión está en TSMC, cuya posición dentro de la cadena de suministro la coloca en el centro de la demanda de semiconductores avanzados para inteligencia artificial, computación de alto rendimiento y otros mercados tecnológicos. En el tercer trimestre, sus ingresos crecieron 41,2% frente al mismo periodo de 2025, hasta 46.720 millones de dólares. La utilidad neta avanzó 68,7%, mientras el margen operativo se situó en 58,7%. La composición de sus ingresos también permite dimensionar el cambio tecnológico. Las tecnologías de 7 nanómetros o inferiores representaron 79% de los ingresos por obleas, con una participación creciente de los procesos más avanzados. Los chips de 3 nanómetros aportaron 33% y los de 5 nanómetros, 28%; la tecnología de 2 nanómetros comenzó a contribuir con 8%.
La computación de alto rendimiento, categoría que incluye aplicaciones relacionadas con centros de datos y procesamiento avanzado, representó 68% de los ingresos trimestrales de la compañía, después de crecer 22% respecto del trimestre anterior. TSMC espera que sus ingresos del cuarto trimestre se sitúen entre 52.300 y 54.300 millones de dólares. De concretarse, el punto medio de esa previsión implicaría un crecimiento interanual cercano a 58%, una señal de que la empresa todavía anticipa una expansión considerable de la demanda.
No obstante, incluso en este escenario de crecimiento, existen presiones sobre la rentabilidad. El margen bruto de TSMC bajó de 67,7% en el segundo trimestre a 66,4% en el tercero, principalmente por el efecto inicial de la puesta en marcha de la producción de 2 nanómetros. La empresa también anticipó que la expansión de esta tecnología y los costos de sus plantas en el extranjero continuarán afectando parcialmente sus márgenes.
La lectura es relevante para los inversionistas: el crecimiento de los ingresos no garantiza una mejora constante de la rentabilidad, particularmente cuando las compañías necesitan invertir para ampliar su capacidad y desarrollar nuevas generaciones tecnológicas.
ASML: pedidos que anticipan una industria todavía limitada por la capacidad
La segunda señal proviene de ASML, cuya tecnología de litografía permite fabricar los circuitos cada vez más pequeños y complejos que requieren los semiconductores avanzados. La compañía reportó ingresos trimestrales por 11.660 millones de euros, frente a 9.326 millones en el segundo trimestre. Su utilidad neta aumentó de 2.918 a 4.960 millones de euros, mientras el margen bruto avanzó de 54% a 57,5%. Para el conjunto de 2026, ASML prevé ventas de entre 44.000 y 45.000 millones de euros, con un margen bruto cercano a 56%. Pero el dato más importante para entender el siguiente ciclo de inversión no está únicamente en sus resultados financieros, sino en las señales de demanda que recibe de sus clientes.
La empresa informó que algunos fabricantes de semiconductores ya expresan interés en colocar pedidos para 2029 e incluso 2030. Al mismo tiempo, anticipa que su capacidad prevista para 2027 y 2028 será insuficiente para atender toda la demanda que están proyectando sus clientes. ASML había considerado aumentar su capacidad de producción de determinados sistemas alrededor de 30% en 2027 y explorar un incremento adicional de magnitud similar para 2028. Sin embargo, la demanda prevista llevó a la empresa a estudiar nuevas posibilidades de expansión.
La situación muestra una particularidad de la economía de la IA: el crecimiento esperado es tan intenso que las inversiones necesarias para atenderlo deben planearse con años de anticipación. La fabricación de maquinaria especializada, la ampliación de plantas y el desarrollo de procesos productivos no pueden acelerarse de manera instantánea. En estas condiciones, una parte de la industria se beneficia de una elevada visibilidad de la demanda, pero enfrenta límites físicos y tecnológicos para convertirla en producción efectiva. Para los inversionistas, esa combinación puede favorecer los ingresos y el poder de negociación de los proveedores especializados. También plantea riesgos de ejecución: los fabricantes deben ampliar su capacidad sin comprometer excesivamente sus costos, su rentabilidad o la calidad de sus operaciones.
La escasez de capacidad, por sí sola, tampoco garantiza que todos los participantes obtengan rendimientos extraordinarios. El resultado dependerá de la inversión necesaria para ampliar la producción, de los precios que puedan cobrar y de la duración de la demanda que hoy anticipan sus clientes.
El costo de construir la infraestructura de la IA
Por otra parte, mientras los proveedores de chips y maquinaria registran resultados sólidos, las grandes plataformas tecnológicas están comprometiendo recursos cada vez mayores para desarrollar centros de datos, adquirir procesadores, ampliar redes y garantizar el suministro eléctrico que requiere el procesamiento de información. J.P. Morgan Global Research calcula que los cinco grandes hiperescalares estadounidenses —Amazon, Alphabet, Meta, Oracle y Microsoft— destinarán en conjunto alrededor de 900.000 millones de dólares a inversión de capital relacionada con la IA en 2026. La cifra refleja un cambio de escala. El gasto ya no se limita a la compra de procesadores o al desarrollo de modelos: comprende edificios, sistemas de refrigeración, redes de transmisión de datos, equipos eléctricos y contratos de suministro energético.
La inversión tampoco se distribuye de manera uniforme. Mientras algunos participantes pueden financiar una parte importante de sus proyectos con el flujo de efectivo de sus negocios tradicionales, otros necesitan recurrir cada vez más al endeudamiento, las emisiones de capital y distintas estructuras de financiación. S&P Global Ratings advirtió en agosto que el gasto de capital conjunto de seis grandes hiperescalares podría superar 1,3 billones de dólares en 2027. La agencia también previó que esas seis compañías registrarían flujos de efectivo operativo libres negativos durante 2026 y 2027, con una recuperación que no se materializaría, según sus estimaciones, hasta 2029.
Estas cifras deben interpretarse con una precisión importante: el gasto de capital total de los hiperescalares y el gasto específicamente asociado con la IA son categorías relacionadas, pero no idénticas. Las estimaciones varían según las empresas incluidas y los componentes de infraestructura considerados. Aun con esas diferencias metodológicas, los cálculos muestran la dimensión del desafío financiero. La industria necesita transformar una inversión inicial extraordinaria en ingresos recurrentes, márgenes suficientes y flujos de efectivo capaces de sostener las siguientes etapas de expansión.
La financiación es parte de la historia. J.P. Morgan Asset Management señaló en agosto que la emisión de bonos de los hiperescalares había aumentado desde 17.000 millones de dólares en 2024 hasta 109.000 millones en 2025, y alcanzó 194.000 millones durante el primer semestre de 2026. La gestora estimó que la emisión de 2026 podría llegar a 279.000 millones de dólares. El mercado de deuda se está convirtiendo así en un participante cada vez más importante de la expansión tecnológica. Para los inversionistas en renta fija, esto abre oportunidades, pero también obliga a evaluar la capacidad de pago de los emisores, el volumen de obligaciones asumidas y el tiempo necesario para que los activos financiados generen recursos suficientes.
Meta y la prueba del flujo de efectivo
Los resultados de Meta Platforms ilustran la diferencia entre el crecimiento comercial y el costo de sostener una estrategia de inversión intensiva. En el tercer trimestre de 2026, la compañía registró ingresos por 64.601 millones de dólares, un incremento interanual de 26%. Sin embargo, sus gastos y costos aumentaron 68%, hasta 51.613 millones de dólares, y el flujo de efectivo libre fue negativo en 2.120 millones.
La compañía destinó 34.910 millones de dólares a inversión de capital durante el trimestre, incluidos los pagos de principal de arrendamientos financieros. Para todo 2026, prevé un gasto de capital de entre 135.000 y 145,000 millones de dólares. A primera vista, la caída de 37% en su utilidad operativa y la reducción del margen operativo de 40% a 20% podrían parecer una señal directa del costo de la IA. Sin embargo, sería incorrecto atribuir todo el deterioro a esas inversiones.
Meta registró un cargo extraordinario de 9.890 millones de dólares relacionado con un acuerdo legal con fiscales generales estatales de Estados Unidos. Sin ese cargo, la empresa habría reportado una utilidad operativa de 22.880 millones de dólares, superior a los 20.535 millones del tercer trimestre de 2025.
La precisión es importante porque permite separar tres factores: el costo extraordinario de asuntos legales, el gasto operativo del negocio y las inversiones necesarias para ampliar la infraestructura tecnológica. La compañía mantiene un negocio publicitario que crece, pero al mismo tiempo necesita financiar una expansión considerable de su capacidad de cómputo. El reto para sus inversionistas consiste en determinar cuánto valor adicional generará esa infraestructura y en qué plazo comenzará a reflejarse de manera sostenida en los resultados.
El caso de Meta no demuestra por sí mismo que las inversiones en IA estén destruyendo rentabilidad. Sí muestra que el tamaño de los compromisos financieros hace cada vez más importante examinar el flujo de efectivo, el calendario de las inversiones y la relación entre el gasto presente y los ingresos futuros. En otras palabras, el mercado no solo necesita saber cuánto está invirtiendo una empresa en IA. También quiere entender qué obtiene a cambio.
El mercado empieza a distinguir entre gastar y generar valor
La discusión sobre los rendimientos de la IA se ha intensificado a medida que los compromisos de inversión aumentan y las empresas necesitan demostrar que pueden financiar sus proyectos sin deteriorar excesivamente sus posiciones financieras. Un análisis de Reuters publicado el 28 de octubre mostró cómo esa diferencia empieza a influir en la reacción de los mercados. Microsoft generó 18.600 millones de dólares de flujo de efectivo libre en su primer trimestre fiscal, pese a invertir 45.200 millones en infraestructura de cómputo. Sus ingresos de Azure crecieron 48%.
Alphabet, en contraste, destinó a inversión de capital el equivalente a 121,4% de su flujo de efectivo operativo durante el trimestre de septiembre, frente a 68% en el caso de Microsoft, excluidos los arrendamientos financieros. La matriz de Google también registró un consumo de efectivo de 9.070 millones de dólares y anticipó que su inversión de capital aumentará significativamente en 2027. Las diferencias ayudan a entender por qué los mercados pueden premiar a una compañía que invierte cantidades extraordinarias y mostrarse más cautelosos con otra que desembolsa recursos similares. La cuestión no es únicamente el tamaño de la inversión, sino la capacidad para financiarla, la evolución del negocio que la sustenta y la posibilidad de obtener ingresos adicionales sin comprometer la rentabilidad futura.
Microsoft mostró crecimiento de sus servicios de nube y generación de efectivo libre; Alphabet, pese al fuerte avance de Google Cloud, enfrenta el desafío de sostener el crecimiento de su negocio tradicional de búsquedas mientras amplía sus inversiones en IA. Las diferencias entre ambas compañías no permiten concluir que una estrategia sea universalmente superior a otra. Sí evidencian que el mercado empieza a evaluar con mayor atención la calidad del crecimiento y la capacidad de cada empresa para convertir sus desembolsos en recursos financieros. Este cambio de enfoque puede tener consecuencias para la valoración bursátil, el acceso al crédito y las decisiones de asignación de capital de los grandes gestores de activos.
La pregunta no es si habrá demanda, sino quién capturará los beneficios
La economía de la IA presenta una paradoja. La demanda de capacidad de cómputo continúa creciendo, los fabricantes de semiconductores y maquinaria especializada reportan resultados sólidos y las grandes plataformas tecnológicas mantienen ambiciosos planes de expansión. Al mismo tiempo, la infraestructura exige desembolsos que pueden tardar años en recuperarse. Los cuellos de botella también son diversos. Además de la disponibilidad de chips y memoria avanzada, la construcción de centros de datos depende de permisos, suministro eléctrico, redes de transmisión, sistemas de refrigeración y disponibilidad de equipos especializados. Esas limitaciones pueden retrasar la puesta en marcha de los proyectos y modificar sus costos. Una instalación que no dispone de energía suficiente o que no puede operar con toda su capacidad no genera los ingresos que justificaron su construcción.
También existe el riesgo de que la capacidad instalada crezca más rápido que la demanda rentable. Si las empresas construyen infraestructura anticipando un mercado que no se materializa al ritmo esperado, podrían enfrentar menores tasas de utilización, presión sobre los precios y rendimientos inferiores a los previstos. El escenario contrario también es posible: una demanda persistentemente superior a la oferta puede sostener la utilización de los activos y favorecer a los proveedores con tecnología difícil de sustituir. Por eso, el análisis de la industria requiere distinguir entre tres dimensiones que a menudo aparecen mezcladas en la conversación financiera: la demanda de aplicaciones de IA, la capacidad física para procesarlas y la rentabilidad de las inversiones necesarias para atenderlas. El crecimiento de una dimensión no garantiza automáticamente el éxito de las otras dos.
Una nueva prueba para los inversionistas
La siguiente fase de la economía de la IA podría marcar una transición en la forma en que los mercados evalúan a sus principales participantes. Durante la primera etapa, buena parte de la atención se concentró en identificar a las compañías capaces de desarrollar los modelos más avanzados, fabricar los procesadores más potentes o asegurar capacidad de cómputo antes que sus competidores. Ahora, conforme se acumulan los compromisos de inversión, la evaluación financiera adquiere un peso mayor: cuánto cuesta ampliar la capacidad, de dónde proviene el capital, qué ingresos adicionales genera y cuánto efectivo queda disponible después de cubrir las necesidades de inversión.
Para los inversionistas en acciones, esto implica examinar no solo el crecimiento de los ingresos, sino también los márgenes, la intensidad de capital, el flujo de efectivo libre y la rentabilidad esperada de los nuevos activos. Para quienes participan en los mercados de deuda, el foco incluye la estructura de financiación, los vencimientos, las garantías y la capacidad de los emisores para atender sus obligaciones si los rendimientos de la IA tardan más de lo previsto en materializarse.
La expansión de los semiconductores y la escasez de capacidad prevista para los próximos años ofrecen señales de que el ciclo de inversión todavía tiene fundamentos importantes. Sin embargo, los resultados de los proveedores no bastan para demostrar que cada dólar invertido en centros de datos y sistemas de IA producirá un rendimiento atractivo. La pregunta decisiva para la industria ya no es solamente cuánto puede crecer la inteligencia artificial. Es cuánto valor económico podrá generar, quién estará en condiciones de capturarlo y qué empresas dispondrán del capital y la disciplina financiera necesarios para atravesar el periodo que separa la construcción de la infraestructura de la obtención de sus beneficios. En esa diferencia entre demanda, capacidad y rentabilidad se juega una parte sustancial de la siguiente etapa de la economía de la IA.
Apollo ha anunciado el lanzamiento de European Credit Company, su plataforma centrada exclusivamente en crédito productivo (performing credit) europeo, que incluye préstamos corporativos y respaldados por activos (asset-backed). Según explican, la Compañía arranca con una capacidad de concesión de préstamos superior a los 10.000 millones de euros para actuar como socio de financiación a largo plazo en toda la región.
Desde la gestora explican que esta plataforma se fundó para “ayudar a cubrir las necesidades de financiación sin precedentes en Europa”, impulsadas por el renacimiento industrial. La plataforma a gran escala aporta al mercado soluciones flexibles y centradas en el cliente a través de múltiples clases de activos crediticios. En concreto, financiará oportunidades tanto en el segmento de grandes corporaciones como en el mercado mediano (mid-market), colaborando con empresas, patrocinadores financieros (sponsors) y propietarios de activos reales —incluidos infraestructuras e inmobiliario— para ayudar a capitalizar sus necesidades comerciales particulares y apoyar el crecimiento de las economías locales. Además de su originación propia, captará activos mediante alianzas estratégicas con entidades financieras europeas y contará con acceso a la plataforma de crédito europeo de Apollo.
La Compañía cuenta con el respaldo de inversiones de capital a largo plazo lideradas por fondos y filiales de Apollo, así como por Abu Dhabi Investment Council (ADIC), Athora, Norinchukin Bank, Standard Chartered y Aranda Principal Strategies. Además, está dirigida por el consejero delegado (CEO) Giacomo Petrobelli y por el presidente Christian Meissner.
“La creación de European Credit Company responde a la oportunidad histórica de movilizar fondos globales de capital para financiar la agenda de crecimiento a largo plazo de Europa. Nuestro objetivo es convertir a ECC en una plataforma de crédito paneuropea líder, enfocada en exclusiva en la región, con sólidas relaciones locales, originación diferenciada y soluciones flexibles que abarquen todas las tipologías de crédito. Tras haber desarrollado toda mi trayectoria en los servicios financieros europeos, es una gran satisfacción liderar ECC y construir una nueva franquicia con el respaldo institucional de Apollo y del resto del grupo inversor”, ha destacado Giacomo Petrobelli, consejero delegado de European Credit Company.
Por su parte, Jim Zelter, presidente de Apollo, ha afirmado: “El renacimiento industrial global está generando enormes necesidades de financiación en todo el mundo que se perciben con especial intensidad en Europa, ya sea en la transición y el transporte de energía, la defensa o las infraestructuras digitales y tradicionales. Con ECC, nos complace ampliar nuestro abanico de recursos en Europa mediante una plataforma dedicada y un enfoque local, trabajando en armonía con la franquicia global de Apollo y junto a otras entidades financieras internacionales de primer nivel».
A día de hoy, la plataforma European Credit Company cuenta con presencia en Fráncfort, Jersey, Londres, Luxemburgo y Milán, con planes de expansión a nuevos mercados durante los próximos trimestres.
Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos se perfilan como uno de los principales acontecimientos políticos y económicos de finales de 2026. Con el control del Congreso en juego, su resultado podría condicionar la agenda legislativa de Donald Trump durante los dos últimos años de su presidencia y generar importantes implicaciones para los mercados financieros.
En este contexto, AIS Financial Group analiza tres posibles escenarios y sus consecuencias sobre sectores como la salud, el consumo, la energía, la inteligencia artificial y la defensa.
Victoria demócrata: impulso a salud, consumo y energías renovables
Una victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso supondría, según la firma, un importante contrapeso a la administración Trump, limitando su capacidad legislativa y favoreciendo una mayor negociación entre partidos.
Entre las principales prioridades demócratas destaca la recuperación de determinadas ayudas sanitarias y subvenciones vinculadas al programa Obamacare. Estas medidas podrían beneficiar a operadores hospitalarios como HCA Healthcare y aseguradoras con elevada exposición a programas públicos, entre ellas Centene, Molina Healthcare y Oscar Health.
El consumo también podría verse favorecido por políticas destinadas a aliviar el coste de vida, incluyendo la recuperación de ayudas alimentarias y una posible revisión de determinadas medidas arancelarias. Desde AIS destacan que compañías como Walmart, Amazon y Costco podrían beneficiarse de un entorno más favorable para el gasto de los hogares.
Por último, una mayoría demócrata podría impulsar nuevamente las energías renovables mediante incentivos fiscales, subvenciones y una regulación más favorable. Empresas como NextEra Energy, First Solar y Brookfield Renewable se situarían entre las potenciales beneficiarias.
No obstante, cualquier reforma significativa necesitaría superar posibles bloqueos parlamentarios y el veto presidencial, lo que limitaría su alcance.
Victoria republicana: energía tradicional, inteligencia artificial y defensa
Una victoria republicana que permitiera conservar ambas cámaras facilitaría la continuidad de la agenda económica de Donald Trump, centrada en la desregulación, la producción energética nacional y el incremento del gasto militar.
En el sector energético, una mayoría republicana favorecería la expansión de la producción de petróleo y gas mediante una flexibilización de permisos, menores restricciones medioambientales y nuevas concesiones de explotación. Este escenario podría beneficiar a compañías como Chevron y ExxonMobil.
La inteligencia artificial también podría experimentar un impulso adicional. Una regulación federal más flexible y la aceleración de permisos para construir centros de datos favorecerían la inversión en infraestructura tecnológica y, especialmente, la demanda de semiconductores avanzados. En este contexto, compañías como Nvidia, AMD e Intel podrían situarse entre las principales beneficiarias, impulsadas por el crecimiento de la capacidad computacional y el desarrollo de nuevas aplicaciones de inteligencia artificial.
Por su parte, la defensa seguiría siendo una prioridad presupuestaria. La administración Trump ha planteado importantes incrementos del gasto militar y proyectos de modernización tecnológica, incluyendo sistemas antimisiles, drones y armamento avanzado.
En este escenario, compañías como Lockheed Martin, RTX, General Dynamics y Northrop Grumman, junto con empresas tecnológicas especializadas como Palantir y Anduril, podrían beneficiarse de una aceleración de contratos e inversiones públicas.
Congreso dividido: mayor incertidumbre regulatoria
El tercer escenario que plantea AIS Financial Group contempla una Cámara de Representantes controlada por los demócratas y un Senado con mayoría republicana. Esta configuración dificultaría la aprobación de grandes reformas legislativas y obligaría a la administración a recurrir con mayor frecuencia a órdenes ejecutivas.
Aunque Trump podría mantener determinadas políticas comerciales, energéticas y tecnológicas, su aplicación estaría sujeta a una mayor incertidumbre jurídica y regulatoria.
En este contexto, sectores como los combustibles fósiles y determinados segmentos tecnológicos podrían seguir beneficiándose de medidas administrativas, mientras que la industria de defensa encontraría mayores dificultades para obtener incrementos significativos de financiación.
Solución de inversión: Phoenix Autocall sobre semiconductores, salud y consumo
Con esta visión, AIS Financial Group propone una estructura Phoenix Autocall a 24 meses sobre tres ETFs estadounidenses: iShares Semiconductor ETF (SOXX), Health Care Select Sector SPDR ETF (XLV) y Consumer Discretionary Select Sector SPDR ETF (XLY), que permite combinar exposición a distintos sectores con la generación de ingresos periódicos.
La estructura, denominada en dólares estadounidenses, ofrece un cupón del 14% anual, pagadero trimestralmente, condicionado a que el ETF con peor comportamiento (Worst Of) se sitúe al menos en el 65% de su nivel inicial. Incorpora efecto memoria, permitiendo recuperar cupones previamente no abonados si se cumple posteriormente la condición de pago.
Adicionalmente, contempla la posibilidad de cancelación anticipada en las fechas de observación trimestral si los tres ETFs cotizan al menos al 100% de sus respectivos niveles iniciales.
A vencimiento, siempre que el Worst Of se encuentre al menos en el 65% de su nivel inicial, el inversor recupera íntegramente el capital. En caso contrario, el reembolso queda vinculado a la caída del ETF con peor comportamiento, pudiendo producirse pérdidas significativas.
Esta estrategia busca generar rentabilidad tanto en escenarios de estabilidad como de evolución moderadamente favorable de los mercados, ofreciendo una exposición sectorial diversificada ante los distintos resultados electorales, aunque el riesgo de reembolso depende del peor de los tres ETFs.
Durante aproximadamente una década antes de la pandemia, el capital privado del middle market se benefició de una deuda barata, un aumento de las valoraciones y mercados de salida abiertos. Un sponsor que compraba una buena empresa a un precio razonable podía obtener buenos resultados simplemente manteniéndola en el portafolio. Ese contexto ha cambiado.
Un mercado más difícil en ambos extremos
El crecimiento se ha ralentizado y la volatilidad ha aumentado. El crédito privado se ha convertido en una fuente de financiación con profundidad, pero las tasas de interés se mantienen muy por encima de los niveles de la década de 2010. Los mayores costos de endeudamiento absorben más flujo de caja de las empresas en el portafolio y reducen el impulso que el apalancamiento proporciona a la rentabilidad del capital. En la actualidad, la operación media necesita aproximadamente el doble de crecimiento de beneficios que antes de la pandemia para producir el mismo múltiplo sobre el capital invertido (MOIC).
La competencia por los activos es otra preocupación. El capital no invertido del private equity a nivel mundial se situaba en 1,66 billones de dólares en marzo de 2025, lo que representa el 45 % del capital no invertido, la cuota más alta en cinco años. Aproximadamente el 75 % de este importe se encuentra en fondos captados entre 2022 y 2024, lo que presiona a los gestores para desplegarlo.¹ Los sponsors que se acercan al final de sus periodos de inversión pueden competir de forma más agresiva, elevando los precios de entrada y comprimiendo las rentabilidades. Los periodos de tenencia también se han alargado hasta siete años o más, y PitchBook estima que el portafolio acumulado de activos de private equity sin vender supera las 30.000 empresas.
La ralentización de las salidas conlleva una ralentización de las distribuciones. Las estimaciones de Preqin, que utilizan como referencia los índices globales de buyouts, muestran que las distribuciones a los inversores han sido más lentas en los vintages recientes.¹ Hay primeros indicios de alivio: el valor de las salidas respaldadas por private equity a nivel mundial casi se duplicó respecto al primer trimestre, alcanzando los 206.000 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026. Sin embargo, el volumen de salidas cayó a 500 y el tamaño medio de la salida aumentó a 1.600 millones de dólares, lo que sugiere que la recuperación ha favorecido hasta ahora al extremo superior del mercado.² En la actualidad, muchos LPs consideran que las distribuciones sobre el capital desembolsado (DPI) son más importantes que la TIR.¹ Los cierres de fondos han caído casi un 40 % desde 2022, concentrándose el capital en aquellos gestores que pueden demostrar un historial de devolución de efectivo.
Cinco imperativos
Es probable que la próxima década del private equity esté definida por la dispersión entre gestores, que ya se ha ampliado en los vintages recientes. A continuación, se detallan cinco factores que pueden diferenciar a los mejores:
Enfoque subsectorial. La experiencia en un conjunto definido de industrias y subsectores ayuda a los patrocinadores a detectar oportunidades antes de que se comercialicen de forma generalizada y contribuye a generar credibilidad ante los vendedores y los equipos directivos. Dicho esto, el rendimiento de los sectores rota: el cuidado de la salud ocupó el primer lugar por rentabilidad de salida en el cuartil superior entre 2015 y 2020, pero pasó al cuarto puesto entre 2020 y 2025, mientras que los utilities subieron del décimo al primer lugar.
Originación diferenciada. Los intermediarios siguen siendo esenciales, pero un motor de originación propio, construido con años de relaciones con los propietarios de empresas, permite identificar objetivos de forma temprana y suele traducirse en valoraciones de entrada más bajas. Por el contrario, las subastas ampliamente comercializadas tienden a hacer subir los precios cuando muchos patrocinadores se ven presionados para desplegar capital.
Creación de valor repetible. Entre 2022 y 2025, el crecimiento de los ingresos y los márgenes representó aproximadamente el 80 % del MOIC de salida, frente al 55 % del periodo 2015-2019.³ Los sponsors que cuentan con un equipo operativo interno dedicado, involucrado desde la diligencia debida hasta la salida, pueden aplicar su experiencia de forma coherente a palancas como la fijación de precios y las compras. Repetir un manual de estrategias en distintas empresas también reduce la dispersión de los resultados y respalda la suscripción.
Creación de valor mediante la IA. La inteligencia artificial ya acelera los procesos de due dilligence, y las herramientas de IA pueden revisar una sala de datos y responder a preguntas detalladas casi al instante. La mayor oportunidad reside en las empresas en el portafolio, que a menudo invierten poco en tecnología y están bien posicionadas para lograr avances en áreas como el análisis de precios y la automatización del back-office. La IA suele ofrecer los mejores resultados cuando forma parte de la disciplina operativa de las empresas, con responsables claros y objetivos de rendimiento.
Planificación intencionada de la liquidez. Los gestores con un DPI en el cuartil superior tienden a buscar liquidez de forma activa en lugar de esperar a que se abran los mercados de salidas. Una salida total con un MOIC sólido sigue siendo la herramienta más eficaz, pero los vehículos de continuación ofrecen una alternativa, al igual que las ventas minoritarias y los dividendos.
Ninguno de los cinco factores es suficiente por sí solo. Un sponsor que carezca de experiencia subsectorial se arriesga a que le superen en las pujas, y uno sin originación propia pagará con mayor frecuencia los precios de mercado. Sin un manual de estrategias contrastado, generar el crecimiento de beneficios necesario a esos precios resulta más difícil. Un patrocinador incapaz de devolver capital de forma consistente probablemente tendrá dificultades para captar su próximo fondo. Sin embargo, para los gestores que han desarrollado estas capacidades, un entorno más exigente puede ofrecer la oportunidad de distinguir la verdadera habilidad de los vientos de cola de la pasada década.
Banco Sabadell México alcanzó un resultado neto récord de 1.023 millones de pesos al cierre del tercer trimestre de 2026 (alrededor de 54 millones de dólares), con un crecimiento de 1,3% respecto al mismo periodo del año anterior, en un entorno en el que la expansión del crédito y la captación de clientes corporativos y empresariales se mantienen como los principales motores de su operación en el país.
La institución cerró septiembre con una cartera de crédito de 115.521 millones de pesos, un incremento interanual de 14% a tipo de cambio constante y de 14,8% a tipo de cambio real. En tanto, la captación de clientes se ubicó en 71.111 millones de pesos, mientras que el rendimiento sobre capital (ROE) alcanzó 7,21%.
Uno de los indicadores más relevantes para la estrategia comercial del banco fue el crecimiento de su base de clientes activos. El segmento de Corporate and Investment Banking (CIB) registró un avance de 21%, mientras que el negocio de Empresas creció 16%. Ambos resultados apuntan a una mayor penetración en segmentos corporativos y de negocios, donde la demanda de financiamiento y soluciones financieras especializadas representa una oportunidad para los bancos que buscan fortalecer sus relaciones con compañías de distintos tamaños.
La expansión del crédito, además, se produjo sin un deterioro significativo en la calidad de los activos. El índice de morosidad de la filial mexicana se situó en 1,95%, prácticamente en el mismo nivel del año anterior, un indicador relevante para evaluar la combinación entre crecimiento comercial y administración del riesgo.
José Iragorri, CEO de Banco Sabadell México, señaló que el desempeño del trimestre responde al dinamismo de la actividad comercial y al fortalecimiento de las relaciones con clientes corporativos y empresariales. La estrategia, explicó, consiste en acompañar a las compañías mexicanas mediante soluciones financieras adaptadas a sus necesidades, manteniendo disciplina tanto en la gestión del riesgo como en el gasto.
El desempeño mexicano se inserta en una operación internacional que también reportó resultados relevantes. Grupo Banco Sabadell obtuvo un beneficio neto de 1.376 millones de euros entre enero y septiembre de 2026, prácticamente en línea con el mismo periodo del año anterior, con una variación negativa de 1%. Sin embargo, el beneficio neto recurrente del grupo ascendió a 1.096 millones de euros en los primeros nueve meses, mientras que el correspondiente al tercer trimestre fue de 405 millones, 13% más que en el trimestre previo.
En España, los ingresos del negocio bancario crecieron 2,4% respecto al segundo trimestre, mientras que el margen de intereses avanzó 2%, hasta 920 millones de euros. Las comisiones aumentaron 3,7% trimestral, hasta 340 millones. La entidad también reportó una mejora en la calidad de sus activos, con una morosidad de 2,4% al cierre de septiembre, frente al 2,75% registrado doce meses antes.
El grupo también anunció un dividendo en efectivo de siete céntimos de euro por acción, equivalente a un desembolso de 325 millones de euros, que se pagará el 29 de diciembre. Esta remuneración se suma al programa de recompra de acciones por 331 millones de euros iniciado en julio, del cual quedaban 57 millones pendientes de ejecución al momento de presentar los resultados.
Para Banco Sabadell México, el desafío será mantener el ritmo de expansión de su cartera y consolidar la captación de empresas en un mercado bancario cada vez más competido. El crecimiento de 14% en el crédito y la incorporación de nuevos clientes corporativos muestran una operación que busca ganar escala, aunque la evolución de la rentabilidad y la calidad de los activos serán determinantes para medir la sostenibilidad de esa expansión.