Los tipos reales toman la delantera

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Foto cedidaUtkarsh Sharma, gestor de Carteras de Renta Fija de Broad Markets

Septiembre fue el mes en que llegó el ciclo global de endurecimiento monetario. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón subieron los tipos en un intervalo de nueve días, y los precios de los bonos de deuda pública de los mercados desarrollados cayeron con fuerza en la mayoría de los principales mercados y vencimientos, elevando sus rentabilidades. Lo más llamativo fue el origen del ajuste: las rentabilidades reales, más que las expectativas de inflación. A continuación, el crédito se reajustó de forma generalizada según su calidad: el segmento de grado de inversión mostró una resiliencia relativa, mientras que los segmentos de menor calidad de alto rendimiento registraron ampliaciones acusadas de los diferenciales. La volatilidad aumentó considerablemente en los tipos de interés y solo moderadamente en la renta variable.

La venta masiva fue generalizada y se concentró en los tipos reales. La rentabilidad del Treasury estadounidense a dos años subió 55 puntos básicos (pb) y la del bono a diez años, 53 pb, hasta el 5,28 %. En los días previos a la reunión de la Fed, la rentabilidad a diez años superó el 5 % por primera vez desde 2023, mientras que el tramo largo de la curva se aplanó y el diferencial entre los vencimientos a cinco y treinta años se redujo 20 pb. Lo fundamental es que las rentabilidades reales a diez años subieron 49 pb, mientras que las tasas de inflación implícita apenas aumentaron 5 pb. Por tanto, casi todo el movimiento respondió a una revisión de los tipos reales y no de las expectativas de inflación, una divergencia inusual en un mes en el que el crudo Brent alcanzó los 106 dólares por barril. Los gilts británicos y los bonos públicos australianos y canadienses también cayeron; las rentabilidades italianas subieron 46 pb y Japón fue el único mercado que se libró, dado que su proceso de normalización estaba ya muy avanzado. Los diferenciales de la eurozona frente a Alemania se ampliaron, con Francia como claro caso atípico: 42 pb más. En Francia, las dudas fiscales de larga data se vieron agravadas por el deterioro de los factores técnicos: los compradores nacionales no intervinieron para sostener el mercado y la activación de órdenes stop-loss aceleró el movimiento, contribuyendo a un desapalancamiento más amplio en la deuda pública europea.

Tres de los cuatro principales bancos centrales endurecieron su política monetaria. El 16 de septiembre, la Fed elevó en 25 pb el rango objetivo de los tipos hasta el 3,75 %-4,00 %, su primera subida desde 2023. La decisión fue unánime y la mayoría de los participantes previó al menos otra subida este año. El BCE había actuado seis días antes, elevando el tipo de la facilidad de depósito al 2,50 % y advirtiendo de que el conflicto en Oriente Próximo mantendría la inflación por encima del objetivo durante un periodo prolongado. El Banco de Japón le siguió el 18 de septiembre, subiendo el tipo oficial al 1,25 % por una mayoría de siete votos frente a dos, el nivel más alto desde 1995. El Banco de Inglaterra fue la excepción: mantuvo el tipo en el 3,75 %, por seis votos frente a tres, después de que el IPC británico aumentara al 3,1 % en agosto. El IPC estadounidense se mantuvo en el 3,4 % interanual y la inflación subyacente apenas varió. El factor común fue la energía: todos los comunicados señalaron el shock del petróleo y ninguno apuntó a la demanda interna.

El dólar revirtió la caída del verano y el índice general del dólar subió un 2,0 %. El movimiento fue casi generalizado: el euro cayó un 2,5 %, mientras que la libra esterlina, la corona sueca y la mayoría de las divisas ligadas a las materias primas retrocedieron aún más. El peso mexicano fue la divisa con peor comportamiento entre las principales, con una caída del 5,9 %. El yen constituyó la excepción destacada: se apreció un 1,5 % al endurecer el Banco de Japón su política monetaria, y el won surcoreano fue la única otra divisa que registró una apreciación relevante. En un mes en el que tres bancos centrales subieron los tipos, la fortaleza del dólar recuerda que las divisas dependen de los diferenciales relativos de rentabilidad real, y no solo de la dirección de la política monetaria.

El crédito con grado de inversión (IG, por sus siglas en inglés) mostró una resiliencia notable. Los diferenciales estadounidenses se ampliaron apenas 2 pb, hasta 80 pb de diferencial ajustado por opciones (OAS), y absorbieron sin grandes dificultades el movimiento de las rentabilidades subyacentes, aunque el sector financiero obtuvo peores resultados que el industrial. El grado de inversión en euros tuvo un comportamiento considerablemente peor: los diferenciales aumentaron 12 pb, hasta 91 pb, principalmente por el sector financiero y la deuda subordinada de aseguradoras. Los diferenciales del crédito en libras esterlinas se ampliaron 5 pb, hasta el mismo nivel. La divergencia regional reflejó el deterioro de los factores técnicos europeos, más que un empeoramiento comparable de los fundamentales. La volatilidad de la deuda soberana francesa, los mayores precios de la energía, el volumen más elevado de nuevas emisiones y las salidas de fondos presionaron al IG en euros, mientras que el crédito estadounidense siguió beneficiándose de mayores entradas de capital y de rentabilidades totales atractivas.

La deuda de alto rendimiento (HY) se reajustó siguiendo estrictamente el orden de calidad. Los diferenciales de la deuda HY estadounidense se ampliaron 50 pb, hasta 311 pb, aunque el movimiento fue muy desigual: la deuda con calificación BB resistió relativamente bien, mientras que los diferenciales CCC aumentaron 150 pb, hasta 1.007 pb. El alto rendimiento en euros siguió una pauta casi idéntica, con una ampliación de 45 pb, hasta 305 pb, y un movimiento aún más acusado en el tramo de menor calidad. El alto rendimiento en libras esterlinas se comportó todavía peor. Es la imagen inversa de agosto, cuando la compresión se concentró en los tramos de mayor calidad y la deuda CCC se abarató frente a un índice al alza. Dos meses consecutivos en los que el segmento con peor calificación rindió por debajo del resto tanto en las subidas como en las bajadas ofrecen una señal más informativa que cualquiera de los dos meses por separado. La elevada emisión en el mercado primario, las salidas de fondos y una mayor volatilidad idiosincrática añadieron presión y reforzaron la preferencia por el crédito de mayor calidad, a medida que las estructuras de capital con calificaciones más bajas se volvían más sensibles a las noticias específicas de cada emisor.

Los mercados titulizados divergieron en función de la volatilidad. Los diferenciales de los valores respaldados por hipotecas de agencias (MBS) se ampliaron 13 pb, hasta 125 pb frente a los Treasuries comparables, mientras que el índice MOVE de volatilidad implícita de los tipos de interés subió un 47 %. Las rentabilidades más elevadas y el fuerte aumento de la volatilidad de tipos alargaron la duración de las hipotecas y complicaron las coberturas, mientras que varios compradores marginales tradicionales mantuvieron la cautela. Sin embargo, menos del 1 % de las hipotecas en circulación ofrecía incentivos económicos para refinanciarse; por ello, la presión reflejó la convexidad y los factores técnicos, y no un aumento del riesgo de amortización anticipada ni un deterioro de los fundamentales de la vivienda. El crédito titulizado evolucionó en sentido contrario: los diferenciales de los valores respaldados por hipotecas comerciales (CMBS) con calificación BBB se estrecharon ligeramente y los valores respaldados por activos (ABS) con calificación AAA terminaron algo más firmes. Que los títulos de agencias se abarataran por la volatilidad, mientras los tramos sensibles al crédito se mantuvieron o mejoraron, apunta a que la presión del mes se debió a los tipos y no a un deterioro de los activos de garantía.

Los mercados emergentes (EM) fueron la sorpresa del mes. Los diferenciales de la deuda soberana externa se ampliaron solo 1 pb, hasta 218 pb, y los del crédito corporativo emergente aumentaron en una magnitud similar. Apenas acusaron un shock que movió los diferenciales de la deuda HY estadounidense cincuenta veces más, y los diferenciales soberanos latinoamericanos llegaron incluso a estrecharse. Los mercados locales divergieron en función de la política monetaria: las rentabilidades brasileñas a diez años cayeron 56 pb cuando el banco central redujo la tasa Selic al 13,75 %, en su quinta bajada consecutiva, mientras que las rentabilidades mexicanas subieron 33 pb y la mayoría de los mercados de Europa central registraron caídas de precio. La resiliencia de los mercados emergentes ante un endurecimiento sincronizado de los mercados desarrollados y una fuerte subida del petróleo fue el resultado relativo más destacado del mes. No obstante, esa resiliencia no fue uniforme: el deterioro de los factores técnicos al final de mes y los acontecimientos específicos de determinados países provocaron ampliaciones en algunos mercados, aunque la clase de activo en su conjunto siguió mostrando un respaldo relativo.

En conjunto, septiembre materializó el endurecimiento que agosto solo había descontado en los precios. Lo relevante no fue tanto la magnitud de las caídas como su composición: las rentabilidades reales explicaron casi todo el movimiento, mientras que las expectativas de inflación se mantuvieron estables. Esto sugiere que los inversores consideraron que los bancos centrales estaban respondiendo al shock energético, en lugar de acomodarlo. La dispersión volvió a marcar las diferencias en una dirección coherente: favoreció el grado de inversión frente al alto rendimiento, el crédito estadounidense frente al europeo, el crédito titulizado frente a los títulos de agencias y los mercados emergentes frente a los desarrollados. Ahora que la política monetaria ya está cambiando y las propias proyecciones de la Fed apuntan a nuevas subidas, la prima asociada al carry, al valor relativo y a la selección activa de valores aumentó, en lugar de disminuir, frente a la exposición general al mercado de crédito.

Renta fija de mercados globales: asignación de activos y perspectivas

Tipos de interés de mercados desarrollados y divisas (duración larga selectiva, posicionamiento neutral en curvas y divisas selectivas de alto carry)

Nuestras perspectivas parten de un entorno macroeconómico en el que el crecimiento ha demostrado ser resiliente, pero en el que es probable que el impacto de una política monetaria cada vez más restrictiva se haga más visible durante los próximos trimestres. En Estados Unidos, la actividad persistentemente sólida y la inflación elevada han respaldado las expectativas de un mayor endurecimiento, mientras que las rentabilidades más altas ya han endurecido de forma considerable las condiciones financieras. Aunque el crecimiento podría seguir siendo resiliente a corto plazo, esperamos que cada vez se limite más a cumplir las expectativas, en lugar de superarlas, a medida que los efectos acumulados de los tipos más altos se transmitan a la economía.

En este contexto, mantenemos un sesgo selectivo hacia duraciones largas, con nuestra expresión más marcada en los tipos de Nueva Zelanda frente a los estadounidenses. En lugar de adoptar una exposición direccional amplia a la duración, seguimos favoreciendo oportunidades entre mercados en los que las expectativas relativas de crecimiento y de política monetaria parecen estar mal valoradas. La volatilidad reciente nos ha llevado a reducir el riesgo total de duración, especialmente en Estados Unidos, mientras que las rentabilidades más elevadas han creado puntos de entrada más atractivos en mercados donde el crecimiento parece más débil en relación con la orientación actual de la política monetaria.

La reciente subida de las rentabilidades globales ha mejorado el perfil de rentabilidad potencial de la renta fija de alta calidad. Los niveles actuales de rentabilidad ofrecen un colchón de ingresos significativo, y creemos que la rentabilidad del Treasury estadounidense a diez años se aproxima a niveles que deberían ejercer una presión cada vez mayor sobre la actividad empresarial, el consumo y la vivienda. Esto crea una oportunidad de duración más equilibrada, aunque los riesgos a corto plazo relacionados con la inflación y la política monetaria aconsejan no asumir una exposición direccional excesiva.

La inflación sigue siendo un riesgo macroeconómico central y mantenemos exposición a las tasas de inflación implícita a diez años de Estados Unidos. Las presiones persistentes sobre los precios subyacentes, el crecimiento nominal elevado y la incertidumbre sobre el momento y la magnitud de nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal siguen respaldando estrategias de protección frente al riesgo de que la inflación permanezca por encima del objetivo durante más tiempo del que actualmente anticipan los mercados.

Mantenemos una posición ampliamente neutral respecto a la dirección de las curvas globales, al tiempo que expresamos opiniones selectivas de valor relativo entre mercados. La posición actual favorece las diferencias en la forma de la curva entre Estados Unidos y Canadá, así como un perfil más plano en el tramo largo de Japón, en lugar de una tesis general de aumento de la pendiente o aplanamiento de las curvas globales. Este enfoque refleja las diferencias entre las trayectorias de política monetaria, la dinámica fiscal y el comportamiento de las primas por plazo en los mercados desarrollados.

En divisas, el posicionamiento sigue siendo selectivo y está sujeto a un control del riesgo. Preferimos el yen japonés frente al dólar estadounidense y utilizamos opciones para ayudar a limitar el riesgo a la baja. En términos más generales, la exposición a divisas sigue siendo moderada, ya que las expectativas relativas de política monetaria, los diferenciales de crecimiento y la volatilidad cambian rápidamente de un mercado a otro.

Deuda de mercados emergentes (reducción de la sobreponderación)

Hemos empezado a reducir nuestra sobreponderación en deuda de mercados emergentes tras un periodo de sólida rentabilidad, valoraciones crediticias ajustadas y un entorno global de política monetaria menos favorable. Las rentabilidades reales elevadas y la mejora de los fundamentales siguen creando oportunidades atractivas en determinados países, pero los diferenciales generales del crédito emergente ofrecen menos compensación que a comienzos de año, y la fortaleza del dólar ha elevado el umbral para asumir riesgos de forma indiscriminada.

En consecuencia, hemos reducido el riesgo de las carteras y hacemos mayor hincapié en preservar la flexibilidad hasta que surjan oportunidades más convincentes. Los diferenciales del crédito emergente se mantuvieron relativamente resilientes durante gran parte de septiembre, pero el deterioro de los factores técnicos y una nueva ampliación al final del mes reforzaron nuestra preferencia por la exposición selectiva en lugar de asumir el riesgo general del mercado de crédito. El riesgo de las carteras se sitúa cerca de mínimos de varios años, lo que refleja un enfoque más prudente mientras la incertidumbre macroeconómica y política siga siendo elevada.

Dentro de esta clase de activo, cada vez preferimos más los tipos locales y las oportunidades específicas de cada país cuando la política monetaria, los acontecimientos políticos y los saldos externos ofrecen catalizadores identificables. Los acontecimientos recientes en Brasil ilustran cómo los resultados políticos pueden generar oportunidades relevantes tanto en tipos como en divisas. Por su parte, mercados como Argentina, Rumanía y Ecuador ponen de relieve la importancia de evitar generalizaciones regionales demasiado amplias.

El carry y los ingresos siguen siendo fuentes importantes de rentabilidad esperada, pero las valoraciones exigen una mayor selectividad. Seguimos favoreciendo países con marcos monetarios creíbles, saldos externos en mejora y diferenciales atractivos de rentabilidad real, al tiempo que mantenemos una postura más cautelosa en las áreas donde la presión de un dólar fuerte, la incertidumbre política o unos diferenciales de crédito reducidos dejan poco margen de error.

Crédito corporativo (infraponderación en grado de inversión, ligera sobreponderación en alto rendimiento)

Mantenemos una infraponderación en deuda corporativa con grado de inversión, ya que las valoraciones ajustadas ofrecen una protección limitada frente a la volatilidad macroeconómica y de los tipos de interés. La ampliación de septiembre mejoró algo las valoraciones, pero el movimiento fue ordenado y obedeció principalmente a la volatilidad general del mercado, no a un deterioro de los fundamentales empresariales. Los balances saneados, los beneficios resilientes y las atractivas rentabilidades totales siguen respaldando esta clase de activo, aunque el carry, y no una compresión generalizada de los diferenciales, continúa siendo la principal fuente de rentabilidad esperada.

Ya no mantenemos una preferencia general por el crédito europeo con grado de inversión frente al estadounidense. El crédito europeo obtuvo un rendimiento claramente inferior en septiembre, debido a la volatilidad soberana francesa, los mayores precios de la energía, el elevado volumen de emisiones primarias y unos flujos de fondos más débiles. Por el contrario, los factores técnicos del IG estadounidense fueron comparativamente más sólidos, respaldados por entradas continuadas de capital, rentabilidades totales atractivas y un volumen de emisiones inferior al previsto. Por ello, favorecemos un enfoque regional más equilibrado, en el que la selección de valores y el valor relativo prevalezcan sobre una preferencia geográfica amplia.

El reciente aumento de los diferenciales también ha creado oportunidades selectivas en algunos segmentos estadounidenses de grado de inversión que antes ofrecían una compensación insuficiente. Estamos cada vez más dispuestos a considerar emisiones de empresas tecnológicas, hiperescaladores y centros de datos, en las que los diferenciales se han reajustado de forma significativa y los inversores reciben ahora una compensación mayor por los riesgos de construcción, financiación y ejecución. El umbral para participar sigue siendo elevado, especialmente ante el crecimiento previsto de las emisiones relacionadas con la inteligencia artificial (IA) y el peso cada vez mayor que estos valores podrían llegar a representar en los índices de renta fija.

Los fundamentales siguen siendo, en general, sólidos, aunque aumentan las presiones propias de una fase más avanzada del ciclo debido a la elevada actividad de fusiones y adquisiciones, la inversión en infraestructuras, el gasto de capital relacionado con la IA y unas mayores distribuciones a los accionistas. Seguimos favoreciendo emisores con flujos de caja resilientes, balances sólidos y necesidades de refinanciación manejables, y mantenemos la cautela en los sectores donde la disrupción tecnológica, el apalancamiento o las estructuras de financiación complejas podrían debilitar la calidad crediticia.

Mantenemos una sobreponderación moderada en determinados emisores de alto rendimiento. La reciente ampliación ha mejorado el conjunto de oportunidades, pero la dispersión sigue siendo pronunciada y los créditos de menor calidad continúan rezagados. Por ello, preferimos emisores con calificación BB y emisores de categoría B de mayor calidad, con flujos de caja resilientes, vencimientos manejables y un fuerte poder de fijación de precios, en lugar de asumir exposición general al mercado HY.

Aunque gran parte del contexto fundamental sigue siendo favorable, la volatilidad macroeconómica es elevada y esperamos que la selección activa de valores continúe siendo decisiva. Las mayores rentabilidades totales han mejorado los ingresos potenciales, pero los estrechos diferenciales de muchos sectores de mayor calidad siguen dejando poco margen de error.

Préstamos apalancados (neutral)

Mantenemos una posición neutral en préstamos apalancados. Esta clase de activo continúa beneficiándose de la sólida demanda por parte de las CLO resiliente(obligaciones garantizadas por préstamos) y de flujos minoristas resilientes, pero su reciente mejor comportamiento relativo ha reducido su atractivo frente a la deuda de alto rendimiento y otros segmentos de crédito a tipo fijo. Por tanto, somos más selectivos a la hora de añadir riesgo y nos centramos cada vez más en oportunidades cuya compensación mediante diferenciales siga siendo convincente.

La dispersión sigue siendo elevada en todo el mercado. Los emisores de software y tecnología continúan afrontando incertidumbre por la posible disrupción relacionada con la IA, mientras que los sectores de menor calidad y más cíclicos también han sufrido una mayor debilidad idiosincrática. Seguimos favoreciendo empresas de alta calidad y esenciales para sus clientes, con flujos de caja duraderos, una sólida cobertura de intereses y vencimientos manejables.

Aunque los tipos oficiales siguen elevados, los costes actuales de financiación a tipo variable aún no se han traducido en un aumento sustancial de los impagos, en parte porque muchos emisores mantienen buenas coberturas. La demanda por parte de las CLO también continúa proporcionando un importante soporte técnico al mercado.

En conjunto, seguimos observando oportunidades selectivas en préstamos, pero la rentabilidad relativa reciente y el menor apoyo de los factores técnicos aconsejan adoptar una posición más equilibrada frente al alto rendimiento y otras alternativas de crédito a tipo fijo.

Productos titulizados (sobreponderación)

Mantenemos una sobreponderación en productos titulizados, aunque nuestra visión dentro del sector está cada vez más diferenciada. La volatilidad reciente ha creado oportunidades de valor relativo más atractivas tanto en los mercados de agencias como en los que no cuentan con respaldo de agencias, mientras que los fundamentales crediticios subyacentes siguen siendo, en general, estables.

Los valores respaldados por hipotecas de agencias (MBS) se han abaratado considerablemente debido a la subida de las rentabilidades de los Treasuries, al aumento de la volatilidad de los tipos y al riesgo de extensión. Redujimos la exposición antes de gran parte de la ampliación de los diferenciales, y el reajuste posterior ha mejorado sustancialmente el conjunto de oportunidades. Seguimos manteniendo una visión constructiva estratégica sobre los MBS de agencias y estamos evaluando oportunidades para reconstruir exposición a medida que las valoraciones resulten más atractivas, en lugar de considerar que el sector merece una sobreponderación incondicional y de alta convicción en los niveles actuales.

Los fundamentales del mercado hipotecario continúan siendo favorables. Con los tipos hipotecarios elevados, menos del 1 % de los préstamos en circulación ofrece actualmente un incentivo económico para refinanciarse, lo que reduce sustancialmente el riesgo de amortización anticipada en la mayoría de los cupones. La extensión reciente también ha mejorado la convexidad: gran parte del conjunto de hipotecas cotiza ahora con descuento y se encuentra más cerca de su extensión máxima, lo que facilita cubrir el sector frente a nuevas subidas de tipos. La principal cuestión técnica a corto plazo es la demanda: los bancos, los inversores extranjeros, los hedge funds y los fondos de inversión inmobiliaria (REIT) siguen esperando a que las rentabilidades de los Treasuries se estabilicen antes de aumentar sus compras.

Los valores respaldados por hipotecas residenciales (MBS) no emitidos por agencias siguen siendo una de las áreas más atractivas del crédito estructurado. Los diferenciales solo se ampliaron moderadamente durante la reciente volatilidad del mercado, mientras que los fundamentales se mantuvieron, en general, estables. Las mayores rentabilidades y unos diferenciales algo más amplios han mejorado la rentabilidad potencial, especialmente en estructuras a tipo fijo de mayor calidad, que permiten captar tanto la rentabilidad de los Treasuries como un diferencial crediticio adicional sin asumir un riesgo excesivo de baja calidad.

Los valores respaldados por hipotecas comerciales (CMBS) siguen resultando atractivos de forma selectiva, aunque el riesgo de refinanciación cobra cada vez más importancia a medida que los tipos elevados repercuten en las valoraciones inmobiliarias y en los requisitos del servicio de la deuda. Seguimos favoreciendo inmuebles de mayor calidad, con patrocinadores sólidos y generación de flujos de caja visible, cuyos accionistas dispongan de la capacidad y la voluntad de aportar capital si fuera necesario. La exposición a estructuras conduit de menor calidad resulta menos atractiva, dado el riesgo de que las dificultades de refinanciación se traduzcan en un deterioro crediticio más significativo.

Los valores respaldados por activos (ABS) siguen ofreciendo una diversificación y unos ingresos atractivos, gracias a su menor duración y a unos fundamentales generalmente resilientes. La oferta se mantiene elevada en ABS, valores respaldados por hipotecas residenciales (RMBS) y CMBS, lo que hace que los factores técnicos sean cada vez más importantes de cara al cierre del año. Por ello, seguimos dando prioridad a estructuras cuya calidad de los activos de garantía, visibilidad de los flujos de caja y compensación por diferencial justifiquen la complejidad adicional.

En conjunto, la reciente ampliación de diferenciales ha mejorado las oportunidades de valor relativo en los mercados titulizados, pero seguimos siendo disciplinados con los niveles de entrada. Preferimos estructuras de mayor calidad y sectores en los que el reajuste de precios se haya debido a la volatilidad y no al deterioro de los fundamentales crediticios, preservando capacidad para añadir riesgo si las presiones técnicas generan nuevas oportunidades.

Consideraciones de riesgo

La diversificación no garantiza beneficios ni protege frente a pérdidas en un mercado bajista.

No existe garantía de que una cartera vaya a alcanzar su objetivo de inversión. Las carteras están sujetas al riesgo de mercado, es decir, a la posibilidad de que disminuya el valor de mercado de los valores que poseen y, por tanto, de que las participaciones de la cartera valgan menos de lo que se pagó por ellas. Los valores de mercado pueden cambiar diariamente como consecuencia de acontecimientos económicos y de otra índole —por ejemplo, desastres naturales, crisis sanitarias, terrorismo, conflictos y disturbios sociales— que afecten a los mercados, países, empresas o gobiernos. Es difícil predecir el momento, la duración y los posibles efectos adversos de estos acontecimientos, incluida su repercusión en la liquidez de la cartera. Por consiguiente, invertir en una cartera puede ocasionar pérdidas.

Los valores de renta fija están sujetos a la capacidad del emisor para efectuar puntualmente los pagos de principal e intereses (riesgo de crédito), a las variaciones de los tipos de interés (riesgo de tipos), a la solvencia del emisor y a la liquidez general del mercado (riesgo de mercado). En un entorno de subida de tipos, los precios de los bonos pueden caer y producir periodos de volatilidad y un aumento de los reembolsos de las carteras. En un entorno de bajada de tipos, la cartera puede generar menos ingresos. Los valores a más largo plazo pueden ser más sensibles a las variaciones de los tipos de interés. Determinados valores públicos estadounidenses que puede adquirir la estrategia, como los emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, no cuentan con la plena garantía crediticia del Gobierno de Estados Unidos. Es posible que esos emisores no dispongan en el futuro de fondos suficientes para cumplir sus obligaciones de pago. Los préstamos bancarios negociados en el mercado están sujetos a riesgo de liquidez y a los riesgos de crédito propios de valores con calificaciones inferiores. Los valores de alto rendimiento (bonos especulativos) tienen calificaciones más bajas y pueden presentar mayores riesgos de crédito y liquidez. La deuda soberana está sujeta al riesgo de impago. Los valores respaldados por hipotecas y por activos son sensibles al riesgo de amortización anticipada y a un mayor riesgo de impago, y pueden resultar difíciles de valorar y vender (riesgo de liquidez). También están sujetos a riesgos de crédito, mercado y tipos de interés.

El mercado de divisas es muy volátil. Los precios se ven influidos, entre otros factores, por los cambios en la oferta y demanda de una moneda, el comercio, las políticas fiscales y monetarias, los programas y controles de cambio nacionales o extranjeros y las variaciones de los tipos de interés nacionales e internacionales. Las inversiones en mercados extranjeros conllevan riesgos específicos, como los de divisa, políticos, económicos y de mercado. Los riesgos de invertir en países emergentes son mayores que los que suelen asociarse a las inversiones extranjeras. Los instrumentos derivados pueden aumentar las pérdidas de forma desproporcionada y tener un impacto significativo en la rentabilidad. También pueden estar sujetos a riesgos de contraparte, liquidez, valoración, correlación y mercado. Los valores restringidos o ilíquidos pueden ser más difíciles de vender y valorar que los valores negociados públicamente (riesgo de liquidez). Dado que los pagos anticipados pueden alterar los flujos de caja de las obligaciones hipotecarias garantizadas (CMO), no es posible determinar de antemano su fecha de vencimiento final ni su vida media. Además, si las garantías que respaldan las CMO o las garantías de terceros resultan insuficientes para efectuar los pagos, la cartera podría sufrir pérdidas.

Invertir en empresas anticipándose a un posible catalizador, como la adopción de la inteligencia artificial, conlleva el riesgo de que dicho catalizador no se produzca, se retrase o provoque una reacción del mercado distinta de la esperada. Las empresas centradas en la IA pueden tener líneas de productos, mercados o recursos financieros limitados, y su gestión y resultados pueden verse especialmente afectados por acontecimientos adversos para la adopción de la IA, como cambios rápidos en los ciclos tecnológicos de los productos, obsolescencia, regulación pública, problemas de ciberseguridad y competencia.

 

Tribuna firmada por Utkarsh Sharma, gestor de Carteras de Renta Fija de Broad Markets.

La gran encrucijada del sector financiero: la IA agéntica despega en la banca global pero solo el 5% logra llevarla a escala

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Foto cedidaCapgemini

El sector de los servicios financieros ha entrado en una fase decisiva de su transformación tecnológica: según el World Cloud Report for Financial Services 2027 de Capgemini, basado en una macroencuesta a 1.100 directivos en 14 mercados internacionales, lo que comenzó como proyectos puntuales de automatización está evolucionando con rapidez hacia ecosistemas de agentes de IA interconectados capaces de coordinar flujos de trabajo, tomar decisiones y ejecutar acciones autónomas en el negocio. No obstante, el informe advierte de que la distancia entre la ambición y la ejecución real es profunda: la proliferación de iniciativas fragmentadas, los modelos operativos heredados y una gobernanza en silos mantienen a la inmensa mayoría de las instituciones atrapadas en fases piloto.

El salto de los pilotos aislados a la orquestación multiagente

La trayectoria reciente muestra un ritmo de adopción vertiginoso pero desigual. Mientras que en 2025 el 80% de las entidades comenzó ideando o probando agentes individuales para tareas específicas de eficiencia, actualmente el 59% afirma estar probando o desplegando sistemas multiagente en producción dentro de funciones acotadas. Sin embargo, únicamente el 10% de las firmas ha alcanzado una orquestación multiagente a escala de toda la empresa capaz de sostener una ejecución de negocio plenamente autónoma.

Esta transición va mucho más allá de obtener ganancias marginales de productividad. Los ecosistemas de agentes están empezando a remodelar flujos operativos de alto volumen en banca y seguros, tales como atención al cliente, suscripción de pólizas, gestión de siniestros y operaciones de cumplimiento (compliance). Al mismo tiempo, la interacción con el usuario se encamina hacia un modelo intermediado: el 76% de los altos ejecutivos anticipa que los agentes de IA se convertirán en un componente clave del relacionamiento con los clientes en un plazo de tres años. Pese a este impulso, la evaluación de Capgemini a través de su índice de madurez —que mide dimensiones como despliegue, confianza, autoridad en la nube, seguridad y disciplina operativa— constata que solo un exclusivo 5% de las entidades del sector financiero cuenta hoy con una madurez empresarial integral.

Tres prioridades estratégicas para liderar la era agéntica

El estudio elaborado por el Capgemini Research Institute y presentado por Kartik Ramakrishnan, consejero delegado de la Unidad de Negocio Estratégica de Servicios Financieros de la firma, subraya que los líderes del mercado no se definirán por cuántos bots despliegan, sino por cómo orquestan su ejecución autónoma, la gobiernan a escala y la convierten en resultados tangibles. Para cerrar la brecha operativa, el informe identifica tres prioridades clave:

Es de vital importancia superar los casos de uso aislados e integrar agentes que abarquen las operaciones, la infraestructura tecnológica y las rutas del cliente. En este sentido, el 44% de los directivos encuestados ya prioriza la creación de «mallas agénticas» (agentic meshes) para enlazar los pilotos dispersos con la ejecución corporativa. Asimismo, las firmas están recalibrando su estrategia de aprovisionamiento: desarrollar internamente lo que genera diferenciación estratégica, comprar soluciones estándar para necesidades genéricas y asociarse en ecosistemas donde los datos compartidos aportan valor diferencial.

La nube está mutando de simple proveedor de capacidad informática a convertirse en la autoridad de ejecución para los sistemas autónomos, actuando como columna vertebral de datos (data spine), plano de control (control plane) y tejido de gobernanza (governance fabric). A la hora de seleccionar proveedores cloud, las exigencias regulatorias, la residencia de datos y las certificaciones de cumplimiento lideran las prioridades de los directivos (50%), seguidas por la seguridad y gestión de identidades (47%) y la auditabilidad o trazabilidad a escala (39%). Además, la soberanía trasciende la mera ubicación del dato: abarca el control directo sobre quién autoriza y ejecuta las decisiones de los agentes, un aspecto crítico dado que el 62% de las firmas reconoce que su infraestructura de gestión de identidades y accesos (IAM) carece de la resiliencia requerida para operar de forma continua en entornos autónomos.

A medida que los flujos agénticos se expanden, arrecia la presión por justificar las inversiones con retornos cuantificables de negocio. El informe revela una severa carencia de disciplina financiera: el 48% de las compañías no puede demostrar de manera consistente el retorno de inversión (ROI) de sus iniciativas de IA agéntica, mientras que el 51% carece de filtros de valoración maduros (value gates) para autorizar la financiación continuada de proyectos. Frente a esto, las organizaciones más avanzadas están vinculando directamente el gasto en IA y el consumo de tokens con metas operativas concretas, instaurando una gobernanza económica estricta y responsabilidades cruzadas en la cuenta de resultados.

T-MEC: ¿Hacia dónde van las negociaciones?

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La revisión del T-MEC está entrando en una nueva etapa. Aunque México y Estados Unidos mantienen negociaciones activas, mientras que las conversaciones con Canadá permanecen estancadas, cada vez parece menos probable que los tres países alcancen un acuerdo integral en el corto plazo. En su lugar, comienza a perfilarse un escenario de revisiones anuales del tratado, acompañado de acuerdos bilaterales para resolver disputas comerciales en sectores estratégicos.

Esto no significa que el T-MEC esté en riesgo de desaparecer. El acuerdo seguirá vigente hasta 2036, preservando un marco fundamental para la integración económica de Norteamérica. Sin embargo, la decisión de Estados Unidos de no extender su vigencia por otros 16 años implica que las revisiones continuarán anualmente, posiblemente hasta 2029, manteniendo cierto grado de incertidumbre para las empresas y las decisiones de inversión.

Por otro lado, la cercanía de las elecciones de medio término en Estados Unidos, junto con las prioridades domésticas de la administración Trump, ha limitado el espacio para alcanzar acuerdos sectoriales en el corto plazo. No obstante, las conversaciones entre México y Estados Unidos siguen avanzando y podrían recuperar impulso una vez que se instale el nuevo Congreso en enero de 2027.

Para México, las perspectivas son relativamente favorables. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura pragmática, buscando atender las preocupaciones estadounidenses en materia comercial y, al mismo tiempo, preservar las ventajas competitivas del país. Las negociaciones parecen haber registrado avances en la
eliminación de barreras no arancelarias y en temas relacionados con las cadenas de suministro, aunque persisten diferencias importantes en sectores como el automotriz y el energético.

Precisamente, la industria automotriz representa uno de los mayores desafíos. Estados Unidos busca endurecer las reglas de origen, elevando los requisitos de contenido regional por encima del 75% actual. Sin embargo, mayores exigencias no necesariamente se traducirían en más producción estadounidense. Las cadenas automotrices están profundamente integradas y sus componentes cruzan varias veces las fronteras antes de convertirse en un vehículo terminado. Reglas demasiado restrictivas podrían elevar los costos de producción y reducir la competitividad de Norteamérica frente a otros mercados.

Esta discusión adquiere especial relevancia considerando que los aranceles sectoriales estadounidenses ya han generado distorsiones. Actualmente, algunos vehículos provenientes de países asiáticos enfrentan condiciones arancelarias relativamente más favorables que automóviles producidos en México o Canadá, a pesar de que estos últimos incorporan una proporción considerablemente mayor de contenido estadounidense.

En este contexto, consideramos que el resultado más probable en los próximos meses no será una renovación integral del tratado, sino acuerdos específicos para flexibilizar los aranceles impuestos bajo la Sección 232. Estos entendimientos podrían concretarse hacia el primer trimestre de 2027, sin necesidad de modificar formalmente el T-MEC ni de obtener una nueva aprobación del Congreso estadounidense.

Canadá enfrenta un panorama más complejo, debido a mayores tensiones políticas con Washington y a la sensibilidad de sectores como el automotriz, el aluminio y los lácteos. Sin embargo, la profunda integración productiva de los tres países hace difícil que las negociaciones puedan avanzar de manera completamente independiente, especialmente en la industria automotriz.

Para México, el principal desafío será transformar los avances parciales en mayor certidumbre para la inversión. Si bien las revisiones anuales podrían prolongar la incertidumbre comercial, la continuidad del T-MEC y la posibilidad de alcanzar acuerdos sectoriales ofrecen una base importante para mantener la integración regional.

En última instancia, el éxito de las negociaciones no debería medirse únicamente por la fecha en que se renueve el tratado, sino por la capacidad de los tres países para preservar y fortalecer las cadenas productivas que han construido durante décadas.

Del rebote poselectoral al desplome: un ajuste forzado, no una tesis rota

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El S&P 500 se situaba, en la semana de las elecciones legislativas, en el soporte inferior de la banda de consolidación que ha contenido sus avances desde agosto. Como ya sucedió en 2025 —tras el lanzamiento comercial de DeepSeek a principios de año, el Día de la Liberación o los temores a la financiación circular en noviembre—, las dudas en torno a la inteligencia artificial volvían a aflorar, y con ellas, el miedo a un pinchazo inminente de la burbuja. La primera lectura del resultado electoral fue positiva: el miércoles, la bolsa estadounidense registró su mejor sesión desde el verano, y las hiperescaladoras rebotaron con fuerza, desmarcándose de los semiconductores y de los subsectores industriales ligados a la construcción de centros de datos, que se vieron más penalizados por la contundencia de la victoria demócrata.

 

 

 

 

La euforia duró un día. El jueves, el mercado centró su atención en lo que la mayoría demócrata puede suponer para el ritmo y el coste del despliegue de infraestructura de IA. El S&P 500 cedió un 4,4% —su peor sesión desde abril de 2025—, mientras que el Nasdaq Composite perdió un 5,5% y entró en corrección. El índice de semiconductores de Filadelfia se desplomó un 12%, el VIX subió cerca de un 70%, hasta los 28 puntos, y los once sectores del S&P 500 cerraron en negativo. Al temor regulatorio se sumaron algunos resultados débiles en el sector de semiconductores. El catalizador más visible fue Texas, uno de los grandes polos de centros de datos del país: la gobernadora electa, Gina Hinojosa, se ha comprometido a congelar todas las nuevas aprobaciones hasta que el legislativo apruebe una regulación específica en 2027, prolongando la pausa que Abbott ya había decretado en agosto.

A nuestro juicio, el movimiento tiene más de liquidación forzada que de ruptura de la tesis. Los hedge funds venían recortando su exposición bruta desde junio —más de un 8%, el mayor desapalancamiento desde, al menos, 2017, según Morgan Stanley— y, cuando se retira el apalancamiento, se vende lo que se puede, no lo que se quiere. Que muchos beneficiarios de la IA acumulen ya caídas superiores al 20% desde máximos nos parece desproporcionado frente a unos fundamentales que, por ahora, siguen mejorando. Tampoco anticipamos un frenazo del desarrollo de la IA ni una moratoria nacional sobre los centros de datos, que pondría en riesgo la carrera tecnológica con China y el crecimiento de la productividad. El flujo de noticias puede empeorar antes de mejorar, y los episodios de desapalancamiento rara vez se resuelven en una sola sesión. Pero la historia juega a favor: desde 1950, el S&P 500 ha cotizado al alza doce meses después de cada elección de medio mandato. Como explicamos a continuación, ni la tesis de burbuja ni el impacto regulatorio sobre la oferta de computación justifican, a nuestro juicio, la magnitud del ajuste.

¿Burbuja? La adopción de la IA tiene aún mucho recorrido

Aunque el ciclo de inversión en IA está avanzando (el flujo de caja libre de los hiperescaladores ya se encuentra en terreno negativo en la mayoría de los casos) y, a diferencia de lo que sucedía en 2025, la Fed está inmersa en un miniciclo de subidas, los tipos han presionado los múltiplos, que son mucho más razonables que en 1999. Además, la corrección reciente ha transmitido escepticismo y precaución ante una tecnología disruptiva —no optimismo—, lo que desmonta, al menos de momento, la hipótesis de burbuja.

La inversión como porcentaje del PIB puede asustar por su magnitud (ya ha superado el pico alcanzado en la era de internet), pero la adopción de la tecnología tiene aún mucho recorrido por delante. Para confirmarlo, nos fijamos en los datos de Ramp AI (que solo contabiliza a quienes utilizan servicios de pago, pero se concentra en un universo de solo 85.000 empresas y cuya muestra está sesgada hacia compañías tecnológicas y en crecimiento) y del Censo de EE. UU. (BTOS), una encuesta mucho más amplia que incorpora hasta 1,2 millones de empresas, pero que solo pregunta por el uso, que puede incluir servicios gratuitos. Ramp nos sirve para analizar el ritmo de crecimiento y qué laboratorios ganan o pierden cuota. El BTOS es la mejor medida de hasta dónde ha penetrado el uso de herramientas de IA en el tejido empresarial, aunque se publica con retraso y está sesgado hacia las pymes.

No obstante, la conclusión coincide en ambos casos: en septiembre, el índice de Ramp muestra una penetración del 55,9%, mientras que la encuesta BTOS oscila entre el 17% y el 20% (entre las empresas de más de 250 empleados alcanza el 37%). Fuera del ámbito de las encuestas, que siempre presentan sesgos, el S-1 de Anthropic al que hacíamos referencia la semana pasada mostraba que las empresas de Fortune 500 dedican a Claude menos de un 0,1% de sus gastos totales. 

Desde 2025, y también según los datos de Ramp, el gasto por empleado en aplicaciones de IA se ha multiplicado por seis, aunque solo ha empezado a acelerarse de verdad en los últimos diez meses. El efecto de estas herramientas sobre la productividad, así como su reflejo en los beneficios de los grandes hiperescaladores, queda de manifiesto en esta gráfica.

 

 

La demanda de computación sigue superando a la oferta

Como explicábamos la semana pasada, hay muestras evidentes de que la demanda de computación sigue reforzándose y, de momento, supera a la oferta. El precio del alquiler por hora de los H100 de Nvidia (generación Hopper), con contratos a un año, ha subido un 60% en el último año, y el de las Blackwell también se ha encarecido.

Si un servidor con aceleradores carísimos deja rápidamente de ser rentable para entrenar modelos frontera o para ofrecer precios de inferencia realmente competitivos, se compromete el ROIC de esa inversión. Además, la cadencia de lanzamiento de chips cada vez más potentes ha aumentado. La otra cara de la moneda es que, para mantenerse en el liderazgo de esta carrera y ganar cuota con precios más competitivos en servicios de IA sin sacrificar margen, hay que invertir en tecnología de vanguardia. Un rack GB300 NVL72 de Nvidia procesa unos 6.000 tokens por segundo en cada una de las 72 GPU que incorpora, frente a unos 90 con la generación anterior (Hopper); es decir, unas 65 veces más. El nuevo Vera Rubin, que comenzará a enviarse en volumen en breve, multiplica la capacidad del GB300 por entre 2,5 y 3,5 veces (unos 15.000 tokens por segundo), aunque, ajustado por consumo por vatio, la mejora se quedaría en 1,3-1,6 veces.

Además, el uso de tokens crece más allá de la demanda que proporcionan los grandes laboratorios de IA (Anthropic y OpenAI). Datos recientes nos muestran que la demanda de agentes de IA ya ha superado la de los usuarios tradicionales y crece 14 veces desde febrero. En la misma línea, el uso de modelos de mezcla de expertos (MoE) también incrementa la carga de tokens, y los modelos abiertos, más baratos, se utilizan cada vez más. El abaratamiento de los tokens estimula un uso más intensivo de los modelos y dispara la demanda de computación.

 

 

Es factible que, a medida que se vayan aclarando los cuellos de botella en el abastecimiento, el precio de alquiler de las GPU descienda más en línea con su tasa de depreciación y con el lanzamiento de unidades más potentes. Pero aún no estamos ahí. Mientras tanto, hay capacidad de computación contratada a precios spot por MW que tendrán que ser revisados al alza en 2027-2028 (los contratos de AWS, Google o Azure con Anthropic no publican condiciones de precio, pero el 10-K de CoreWeave establece que la duración media ponderada de los suyos es de unos 5 años).

La “Ola Azul” y los centros de datos

La celebración de las elecciones legislativas en EE.UU. deja una incógnita menos por despejar de cara al cierre de 2026, y la fortaleza de la “Ola Azul” superó las expectativas de especialistas y casas de apuestas. La velocidad a la que Trump ha consumido su capital político en su segundo mandato es sorprendente y tiene mucho que ver con no haber atendido a la principal preocupación de quienes le votaron en 2024: la inflación y la economía doméstica. Por el contrario, Trump se embarcó en una guerra caprichosa y mal explicada y en la imposición de elevados aranceles incluso a naciones aliadas y alineadas con los intereses comerciales estadounidenses. Es una derrota casi sin precedentes, en la que Trump ha perdido el control sobre “estados fortaleza” republicanos, como Carolina del Norte (la primera vez desde 2008 que elige a un demócrata para el Senado), Texas o Florida (donde los republicanos han perdido escaños a pesar de redibujar los distritos electorales a su conveniencia). Este resultado, a priori, y por lo que implica de cara a las elecciones presidenciales de 2028 (con nuevos gobernadores demócratas en estados como Ohio o Iowa, históricos “estados bisagra” que habían pasado al control republicano), disminuye el riesgo de un nuevo ataque contra Irán y desvía el foco de la geopolítica hacia la Fed y a la sostenibilidad en el ciclo de crecimiento de los beneficios por acción.

 

 

Con unos resultados aún provisionales (en el momento de escribir estas líneas quedaban por conocerse los resultados en Arizona, Oregón, Michigan o Minnesota), y como vemos en la gráfica de arriba, el vuelco electoral pondrá también el foco sobre la evolución de centros de datos en desarrollo y en fase de planificación, así como sobre los posibles retrasos que afecten a la oferta de computación. El rechazo a la construcción de centros de datos se daba tanto en estados rojos como azules, con republicanos como Abbott, que ya había paralizado en agosto las nuevas aprobaciones en Texas. No obstante, la barrida demócrata agudiza la situación.

Texas (D, Hinojosa), Georgia (D, Bottoms), Ohio (D, Acton) e Iowa (D, Sand), además de Virginia (que pasó a manos demócratas en 2025) y Pensilvania, concentran el grueso de los GW planificados y en construcción: 189,5 GW de los cerca de 346 GW proyectados.

En Pensilvania (Shapiro), el promotor debe construir, traer o comprar su propia generación eléctrica. En Ohio (Acton), la moratoria sería condicional: solo se aprobarían los centros que paguen su energía y su agua y demuestren que no encarecen la factura de los vecinos. En Virginia (Spanberger) se ha introducido un impuesto de 0,011 dólares por kWh —unos 77 millones de dólares al año por GW, con un factor de carga del 80%—, manteniendo la exención del impuesto sobre ventas para los equipos. Georgia (Bottoms) es el caso más duro: pide una pausa estatal y la revisión de los 2.500 millones de dólares en incentivos fiscales.

No obstante, el impacto en 2026-2027 será muy bajo: en los cuatro estados principales hay 25,9 GW ya en construcción que no se verían afectados por un cambio regulatorio, y Trump ya ha prometido convertirse en “Mr. Veto”, por lo que posiblemente bloquee cualquier intento demócrata a nivel federal de aumentar la presión fiscal o endurecer la regulación sobre la construcción de centros de datos.

Si en 2028 la Casa Blanca pasa a manos demócratas, la incógnita afectará a los 108,9 GW planificados en esos estados. En un escenario base, con probabilidades subjetivas por cada uno de ellos, podrían retrasarse unos 10-15 GW. El efecto no sería muy relevante: los ajustes en la legislación estatal supondrían obstáculos (sindicatos, requisitos medioambientales y restricciones al consumo eléctrico), pero no prohibiciones a la construcción.

La idea final: el desenlace electoral incrementa el valor de la capacidad de computación ya instalada y también debería sostener el coste de alquiler/ por hora de los GPU y los aceleradores. Adicionalmente, podría ser la excusa perfecta para reducir el ritmo de las inversiones. Los hiperescaladores son claros beneficiarios.

 

La trampa dorada del capital privado: la IA dispara valoraciones récord mientras la sequía de liquidez asfixia a los inversores

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El último informe de referencia MSCI Private Capital Benchmarks para el segundo trimestre de 2026 expone una creciente y peligrosa desconexión en los mercados privados internacionales: mientras el auge de la inteligencia artificial impulsa las valoraciones contables del venture capital a su mejor registro en cinco años (12,7%), la falta crónica de desinversiones y liquidez continúa asfixiando las previsiones de caja de los limited partners (LPs) globales.

El segundo trimestre de 2026 tuvo un vencedor indiscutible: el venture capital se desmarcó con una revalorización trimestral del 12,7%, sellando su trimestre más expansivo en el último lustro y consolidando una Tasa Interna de Retorno (TIR) acumulada del 14% en los primeros seis meses de 2026. Esta cifra contrasta frontalmente con la atonía del buyout, cuya TIR semestral se situó en un modesto 1% tras haber encajado un tropiezo negativo en el primer trimestre (1,1%).

Sin embargo, el informe elaborado por el equipo de análisis de MSCI —basado en el seguimiento directo de más de 15.500 fondos cerrados y 13 billones de dólares en capitalización— desvela que este rally no responde a una recuperación homogénea, sino a una concentración extrema en un selecto grupo de compañías de gran tamaño vinculadas al despliegue masivo de la inteligencia artificial. Al analizar las tripas de las carteras subyacentes (holdings level), la brecha sectorial resulta reveladora. Los sectores directos de servicios de comunicación y tecnologías de la información dentro del capital riesgo experimentaron rentabilidades semestrales del 35% y del 16%, respectivamente. Por el contrario, en el segmento de buyout, el sector tecnológico arrojó un rendimiento negativo del 4% en el mismo periodo. Según el informe, «este contraste evidencia que, mientras las firmas nativas de IA y modelos agénticos atraen primas exponenciales, las carteras de software corporativo maduro adquiridas en ciclos pasados enfrentan una incertidumbre creciente en sus valoraciones contables».

Fuente: MSCI en su informe: «Private Capital Benchmarks Summary»

El laberinto de las salidas y la trampa de las OPV

Para los asset allocators, la principal fuente de fricción actual no reside en los precios a los que se cierran las ventas, sino en la usencia de transacciones. Según destaca Luke Flemmer, responsable de Activos Privados de MSCI, los periodos medios de permanencia de las compañías en cartera se han dilatado hasta niveles críticos. «Gran parte de las añadas levantadas entre 2015 y el ajuste de tipos de 2022-2023 continúan atrapadas en los balances de los fondos a múltiplos que no reflejan un precio de equilibrio realista», señala.

Aun así, cuando se logra cerrar una desinversión, el mercado paga primas excepcionales por la calidad. Las desinversiones del cuartil superior en el segmento de buyout alcanzaron un múltiplo de salida récord de 18,2 veces EBITDA en la primera mitad del ejercicio, la cota más alta de toda la serie histórica que se remonta a 2016. La mediana de salida se mantuvo firme en 12,5 veces, mientras que los múltiplos de entrada de las nuevas inversiones se estabilizaron en torno a 11,3 veces. El diferencial resultante de 1,2 veces entre entrada y salida configura un marco teóricamente muy favorable para la rentabilidad, pero su impacto real queda neutralizado por el atasco en los volúmenes transaccionales.

Fuente: MSCI en su informe: «Private Capital Benchmarks Summary»

Frente a esta parálisis, muchas miradas institucionales se han depositado en los estrenos bursátiles de gigantes tecnológicos como SpaceX, OpenAI o Anthropic como tabla de salvación para reactivar las distribuciones. No obstante, el estudio de MSCI advierte contra el optimismo ingenuo: la fecha de salida a bolsa dista mucho de ser el día del cobro para los inversores. De una muestra histórica de 2.617 OPV analizadas por la entidad, una de cada cuatro posiciones no generó prácticamente ninguna distribución para los partícipes durante los dos años posteriores al toque de campana. El debut bursátil marca el inicio del calendario de desinversión, pero no resuelve las restricciones contractuales ni las ventanas de liquidez a corto plazo.

La sequía de liquidez asfixia las carteras institucionales

El informe de MSCI corrobora que la tensión de tesorería sigue condicionando las decisiones de los inversores institucionales. La tasa de distribución para el conjunto del private equity se desplomó al 9% durante el primer semestre de 2026, una cifra que representa aproximadamente un tercio de su media histórica habitual (en torno al 20%-25%). Esta caída prolonga un drenaje que no se ha visto aliviado por la mejora de las valoraciones teóricas.

En términos monetarios, los fondos de capital riesgo registraron un flujo de caja neto negativo de 16.500 millones de dólares para los LPs en el semestre, al absorber 109.000 millones de dólares en aportaciones (contributions) frente a tan solo 92.500 millones devueltos en desinversiones. Aunque el segundo trimestre aportó un respiro marginalmente positivo (+4.700 millones de dólares y un ratio de distribución frente a aportación de 1,04), el balance global del año continúa exigiendo que los inversores aporten más dinero del que reciben.

Fuente: MSCI en su informe: «Private Capital Benchmarks Summary»

Si se observa el universo consolidado de capital privado (incluyendo deuda privada y activos reales), el flujo neto semestral fue positivo en 22.900 millones de dólares, dando continuidad a la tímida recuperación de 2025 (+12.000 millones) tras el severo déficit de 101.100 millones anotado en 2024. Sin embargo, los analistas de MSCI matizan que la ratio agregada de distribución-aportación de 1,1 veces obedece fundamentalmente a una contención en las llamadas de capital por parte de las gestoras (capital calls), y no a un renacimiento genuino de la liquidez distribuida a los partícipes.

El crédito privado demuestra su carácter defensivo

Frente a las turbulencias de liquidez del capital riesgo, el crédito privado volvió a reafirmarse como un pilar de estabilidad para las carteras institucionales. Las estrategias de crédito cerraron el segundo trimestre con un avance del 1,7%, encabezadas por el crédito oportunista (opportunistic lending), que generó un retorno del 2,4%, situándose en la parte alta del rango observado en los últimos cuatro trimestres. El préstamo corporativo directo (direct lending) y la deuda inmobiliaria aportaron un 1,0% cada uno en el trimestre.

La consistencia de las estrategias de generación periódica de rentas queda patente al analizar la evolución acumulada en el horizonte de cinco años. En este periodo de tipos elevados e inflación persistente, el crédito corporativo y el crédito respaldado por activos (asset-backed lending) superaron con holgura las rentabilidades acumuladas del inmobiliario privado e incluso del venture capital, cuya fuerte caída entre 2022 y 2023 aún no ha sido completamente subsanada (ganancia acumulada a cinco años del 25%, frente al 49% del índice bursátil MSCI World Small Cap).

Asimismo, MSCI constata una transformación estructural en la deuda privada: las métricas convencionales de pólvora seca (dry powder) tienden a subestimar el capital disponible real en esta clase de activo, debido a una migración masiva hacia vehículos semi-líquidos, estructuras continuas (evergreen) y fondos sin fecha de vencimiento fija que compiten de lleno con los tradicionales fondos cerrados.

Infraestructuras y recursos brillan frente al colapso inmobiliario

El universo de los activos reales cerró el segundo trimestre divido en dos realidades contrapuestas. Por un lado, las infraestructuras privadas avanzaron un 2,5% —superando el retroceso del 2,2% vivido por sus homólogos cotizados— y los recursos naturales crecieron un 3,6%. Ambas estrategias continúan capitalizando vientos de cola estructurales: el precio de las materias primas, la transición energética y la colosal demanda de capacidad eléctrica derivada del despliegue de infraestructuras para IA y centros de datos.

En el polo opuesto, el segmento inmobiliario privado (private real estate) cerró un semestre prácticamente plano (0,2% en el trimestre y 0% de TIR semestral), viéndose incapaz de sumarse a la recuperación que ya reflejan las SOCIMIs y vehículos cotizados (+5,9% en el trimestre para el MSCI ACWI Real Estate Index). La divergencia a largo plazo es abrumadora: en los últimos cinco años, los recursos naturales (+60%) y las infraestructuras (+56%) se coronan como las estrategias más rentables de todos los mercados privados alternativos, mientras el inmobiliario privado permanece rezagado con un raquítico avance acumulado del 4%.

Estabilización del capital pendiente de despliegue

Por último, el estudio documenta una pausa técnica en la contracción de la pólvora seca. El volumen de capital comprometido pero no invertido registró su primer aumento trimestral desde 2024, alcanzando niveles en torno a los 2,1 billones de dólares. Con todo, este repunte cuantitativo refleja más el crecimiento intrínseco del valor de los mercados privados que una paralización en el despliegue inversor.

Medido de forma relativa, el dry powder se situó en el 17,0% sobre la capitalización total del mercado al cierre del segundo trimestre de 2026, consolidando una trayectoria de paulatina contracción desde el pico del 22,2% alcanzado en 2020 y el 20,3% de 2023. Los gestores cuentan con menor liquidez disponible en proporción al tamaño de sus carteras, en un entorno de mercado donde los mandatos de continuación (continuation vehicles) y las soluciones secundarias cobran cada vez más peso para desbloquear el capital atrapado en las añadas previas.

SpainNAB y GSG LATAM proponen crear un fondo de fondos iberoamericano para desbloquear el capital de impacto en la región

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Foto cedidaSpainNAB

SpainNAB y GSG LATAM han propuesto la creación un fondo de fondos iberoamericano que facilite la llegada de capital privado a proyectos de impacto, combinando rentabilidad financiera y resultados sociales y medioambientales medibles. La propuesta forma parte del documento de posición “Hacer la América”: ideas y compromisos para desbloquear capital de impacto para impulsar el desarrollo iberoamericano, presentado con motivo de la XXX Cumbre Iberoamericana, que se celebra en Madrid los días 4 y 5 de noviembre.

La principal reflexión del estudio es que América Latina es una región con ventajas estructurales, pero donde el capital disponible no es reinvertido en la región. Las Afores mexicanas (Administradoras de Fondos para el Retiro) gestionan más de 340.000 millones de dólares y las administradoras de Colombia, Chile y Perú invierten cerca de la mitad de sus carteras fuera de la región (52%, 48% y 46%, respectivamente, a cierre de 2024). 

El principal destino de las carteras de los family offices latinoamericanos es Estados Unidos y Canadá, con un 64% y solo el 15% a la propia América Latina. Cada dólar concesional en estructuras de blended finance moviliza en promedio 4,1 dólares de capital comercial, con la cifra más alta del mundo en América Latina y el Caribe (4,7).

Según el documento, América Latina es el territorio más desigual del planeta y su PIB per cápita crece solo un 0,8% anual esperado, frente al 1,7% de las economías de altos ingresos. A la vez, alberga el 60% de la vida terrestre del mundo, el 30% del agua dulce disponible y un ecosistema emprendedor valorado en 100.000 millones de dólares. Con una deuda pública media del 50,2% del PIB y una ayuda oficial al desarrollo que cayó un 23,1% en 2025, su mayor contracción histórica, ni el gasto público ni la cooperación podrán financiar por sí solos el desarrollo sostenible.

El reto es compartido con España y Portugal, cuyos inversores institucionales también buscan diversificar sus carteras hacia mercados de alto impacto medible. En España, miembro de la red GSG Impact a través de SpainNAB, la oferta de capital de impacto en 5.051 millones de euros en 2025, un 51% más que en 2023, y la inversión de impacto se duplicó hasta los 3.217 millones, según datos extraídos del informe de la Oferta de Capital 2026 de SpainNAB e IE University. Para GSG Latam, la oportunidad es construir un mercado de capital de impacto iberoamericano y reforzar los lazos entre dos ecosistemas con experiencia probada.

Tres recomendaciones concretas para la Cumbre

Con estos datos sobre la mesa, GSG LATAM y SpainNAB llaman a gobiernos iberoamericanos, agencias de cooperación, instituciones financieras de desarrollo e inversores institucionales y privados, a pasar de la intención a los instrumentos a través de tres medidas concretas.

La primera es construir una coalición iberoamericana que redirija el capital institucional hacia el impacto. El objetivo es reunir en la misma mesa a bancos nacionales de desarrollo, fondos de pensiones, aseguradoras, fiduciarios y reguladores, para que diseñen el vehículo desde el inicio y no lo reciban terminado. La alianza contaría asistencia técnica para gestores locales, y establecería un marco común de medición y una definición compartida de inversión de impacto que ponga coto al impact washing.

Otra medida es crear un fondo de fondos iberoamericano de impacto, cofinanciado por gobiernos y cooperación internacional. Según explican las compañías, funcionaría como mecanismo regional de reducción de riesgo: los fondos de pensiones no pueden asumir primeras pérdidas por su deber fiduciario, pero sí invierten cuando otros las asumen. Este vehículo se estructuraría con garantías y denominación en moneda local, para que el capital previsional entre como inversor senior, con liderazgo local y apoyo de los National Partners, para construir proyectos invertibles.

Por último, la tercera medida sería asignar un rol diferenciado a cada tipo de capital. Los bancos nacionales de desarrollo emitirían garantías, deuda y mezanine, sirviendo como inversores ancla y siguiendo el precedente de COFIDE en Perú. Los family offices aportarían capital paciente y comercial en primeros cierres de gestoras emergentes. Así, la filantropía se canalizaría hacia el tramo concesional: primera pérdida, donaciones recuperables y asistencia técnica.

El estudio señala que hay evidencias de que este sistema funciona. En Ghana, la combinación de una meta regulatoria mínima del 5%, un vehículo a medida y una capa de capital catalítico permitió que el fondo Ci Gaba superara en enero de 2026 su objetivo de 30 millones de dólares, con más de dos tercios aportados por fondos de pensiones locales. En Iberoamérica, los Afores mexicanos ya invierten en CERPIs y COFIDE emitió el primer bono azul de Perú, colocando cerca del 45% entre fondos de pensiones locales.

Según GSG Latam, la Cumbre de Madrid ofrece el mandato político para una agenda común de financiación de impacto entre ambas orillas del Atlántico. La red GSG Impact, con 43 National Partners en 48 países, ofrece la capilaridad territorial para convertir esos compromisos en vehículos, proyectos invertibles y resultados medibles.

“América Latina es una tierra de oportunidades para invertir con impacto social y ambiental medible, y a su vez obteniendo retornos financieros. Desde GSG Impact y GSG LATAM, junto con nuestro aliado SpainNAB, aportamos experiencia probada en la articulación de capital y políticas públicas, conocimiento local y una red global. En este contexto, es que invitamos a inversores institucionales a trabajar con nosotros para diseñar los vehículos y mecanismos de mitigación de riesgos que permitan aprovechar ese potencial y construir un mercado iberoamericano de inversión de impacto a escala”, ha señalado Emilia Cerra, Coordinadora de GSG LATAM.

Por su parte, Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB, ha comentado: “La pregunta no es si hay capital, que lo hay, sino qué hace posible que llegue a donde de otro modo no llegaría. Ahí es donde marcan la diferencia los puentes: entre gobiernos, inversores, cooperación, organizaciones de impacto, fundaciones y entre ambas orillas del Atlántico. En SpainNAB, junto con GSG LATAM, queremos facilitar esas conexiones y construir una red iberoamericana que convierta el capital disponible en impacto real. La Cumbre Iberoamericana de Madrid es el momento de fortalecer esos puentes.”

Por qué la IA se consolida como la principal prioridad estratégica para las gestoras

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La inteligencia artificial (IA), incluyendo el uso de herramientas agénticas, se ha convertido en la principal prioridad estratégica para los propietarios de activos a nivel global, tal y como señala el 67% de los encuestados para el Global Asset Owner Technology Peer Study 2026, elaborado por el Thinking Ahead Institute en colaboración con el MSCI Institute. Así, la IA se sitúa por delante de factores como la adaptación a un entorno de mayor inflación (44%), la gestión de presiones de liquidez (33%) y la respuesta al creciente protagonismo de los mercados privados (28%).

El informe, que recoge la opinión de 20 propietarios de activos globales responsables de más de 5 billones de dólares en activos combinados, sugiere que el debate estratégico en torno a la IA está en gran medida resuelto, con todos los fondos de acuerdo sobre la importancia de su papel en el futuro. Según sus conclusiones, los participantes esperan que la contribución de la tecnología a los resultados de inversión aumente desde aproximadamente el 17% actual hasta el 30% en los próximos tres a cinco años. Sin embargo, la investigación revela una brecha creciente entre las ambiciones del sector en materia de IA y sus capacidades actuales, su gobernanza y su preparación en términos de datos.

La IA, las plataformas de datos y el análisis están pasando de ser funciones de apoyo a ocupar el núcleo de la investigación de inversiones, el seguimiento de carteras y la toma de decisiones. Si bien los participantes esperan que quede profundamente integrada en los flujos de trabajo de inversión, también reconocen que sus competencias, sistemas y modelos operativos actuales no están aún preparados para este cambio. El estudio concluye que el juicio humano, la interpretación y la responsabilidad seguirán siendo esenciales, pero que la forma en que se organiza el trabajo de inversión cambiará de manera significativa.

La gobernanza también está teniendo dificultades para seguir el ritmo. Solo el 25% de los propietarios de activos participantes en el estudio ha incluido la IA como punto fijo en la agenda de sus consejos de administración o comités de inversión, mientras que el 60% la revisa únicamente de forma ocasional. La investigación sugiere que la gobernanza deberá ir más allá de la supervisión periódica hacia una titularidad estratégica y una responsabilidad claramente definidas.

Los datos siguen siendo la barrera práctica más significativa. Tres cuartas partes de los participantes señalan la calidad y estandarización de los datos como el principal obstáculo para la adopción de la IA. Los sistemas heredados, los silos organizativos y los procesos basados en hojas de cálculo ya están presionando los recursos, mientras que el uso creciente de la IA incrementa la necesidad de datos fiables, de confianza y accesibles. El estudio concluye que pocos propietarios de activos cuentan con la escala, la experiencia y la capacidad de transformación necesarias para abordar este reto de forma independiente. En este sentido, sostiene que los proveedores externos pueden ayudar a resolver algunos de estos desafíos, aunque una mayor dependencia de un número reducido de plataformas y herramientas podría también incrementar el riesgo de convergencia en el sector.

Teniendo en cuenta esta lectura y cifras sobre la situación en la industria, el estudio identifica cuatro áreas prioritarias de actuación: el liderazgo y gobernanza, atribuir a los consejos de administración y a los equipos directivos una titularidad clara sobre la estrategia, los riesgos y la responsabilidad en materia de IA; la competencias y talento, es decir, desarrollar una comprensión de la IA en toda la organización −sus fortalezas, limitaciones y riesgos− y formar a profesionales capaces de conectar la especialización en inversiones con la tecnología; el modelo operativo, el rediseño de los flujos de trabajo para que la IA facilite la toma de decisiones de inversión preservando al mismo tiempo el criterio humano y la responsabilidad; y los costes, prepararse para que la IA se convierta en una inversión significativa y continuada, respaldada por indicadores claros de valor.

“Los propietarios de activos se encuentran todavía en una fase temprana de la curva de adopción de la IA, pero no hay duda del papel cada vez más importante que desempeñará en el futuro. La influencia de la tecnología en los resultados de los propietarios de activos está llamada a crecer de forma sustancial, aunque esto no consiste simplemente en incorporar más herramientas. La IA está cambiando la forma en que las organizaciones de inversión estructuran el trabajo, toman decisiones y gestionan el riesgo. La IA está convirtiéndose en una historia organizativa más que tecnológica. La oportunidad es inmensa, pero también lo es el desafío. Los propietarios de activos intentan dar forma a su futuro con la IA en el mismo momento en que la IA está dando forma al suyo”, señala Alejandro Olivera, CAIA, director de Inversiones en WTW España.

Por su parte, Linda-Eling Lee, directora fundadora y responsable del MSCI Institute, apunta: “La IA ofrece a los propietarios de activos la oportunidad de repensar no solo cómo utilizan la tecnología, sino el propio proceso de inversión. Los datos serán fundamentales en esa transición, pero también lo serán el criterio humano, la gobernanza y la capacidad de conectar los equipos de inversión y tecnología. La oportunidad reside en integrar todos estos elementos para apoyar mejores decisiones de inversión y resultados más sólidos a largo plazo”.

¿Qué dispara y qué disipa las dudas en torno al ciclo de inversión en IA?

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El inicio de noviembre ha dejado marcado en rojo el pasado día 5 tras el desplome de las acciones de semiconductores e infraestructuras de inteligencia artificial (IA). Según los expertos de las firmas internacionales de inversión, la jornada bursátil estuvo marcada por una severa ola de aversión al riesgo a escala global, impulsada por la aceleración en las ventas de empresas de semiconductores tras confirmarse la victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso de EE.UU..

Este episodio en el sector tecnológico provoca, según el último informe de Cecabank, que el sentimiento de mercado continúe deteriorándose provocada por dudas sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial. “El entorno se ha desplazado claramente hacia un modo risk-off, favoreciendo activos refugio y reforzando las expectativas de moderación del crecimiento global. No obstante, más que una salida masiva de capital de la renta variable, la sesión reflejó una fuerte rotación hacia sectores defensivos. El S&P 500 cayó un 4,4%, el Nasdaq Composite un 5,5% y el Nasdaq 100 un 6,4%, en su peor sesión desde marzo de 2020”, señala el informe.

“Se trata de un movimiento de aversión al riesgo muy pronunciado, liderado por los sectores de la inteligencia artificial y la tecnología. El Nasdaq cayó un 5,5% y el Índice de Semiconductores de Filadelfia, alrededor de un 12%, lo que ha revertido el repunte inicial tras las elecciones. Esto se ha trasladado directamente a Asia, donde Taiwán y Corea se han visto especialmente afectados en la apertura de los mercados asiáticos dada su gran exposición a los semiconductores, la memoria y la cadena de suministro de la IA en general. La principal preocupación para los mercados es cómo podrían afectar los resultados de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU. al ritmo de la inversión en IA”, señala Pruksa Iamthongthong, directora de Renta Variable de Asia-Pacífico en Aberdeen Investments.

En opinión de Kristofer Barrett, responsable de renta variable global de Carmignac, la pregunta clave  si la demanda de inteligencia artificial seguirá creciendo a un ritmo explosivo. «La preocupación ya había comenzado a aumentar ante la percepción de que las cifras y valoraciones que se habían rumoreado anteriormente sobre Anthropic parecían estar infladas. El detonante de las ventas masivas fue el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unido. Pero, la magnitud de las caídas se explica, en gran medida, por la presencia de inversores que operan con apalancamiento, entre ellos fondos de cobertura, equipos de inversión especializados (pods) e inversores minoristas, así como instituciones con mandatos de riesgo muy restrictivos. Cuando cunde el pánico, muchos participantes intentan salir del mercado al mismo tiempo», apunta Barrett.

La influencia de las elecciones de midterm

Según explica Iamthongthong, los avances de los demócratas han aumentado la preocupación en torno a un mayor escrutinio del desarrollo de los centros de datos, en un momento en el que los inversores ya se cuestionaban la financiación y la rentabilidad que sustentan la magnitud del gasto de capital en IA. “Esto explica por qué la reacción se ha concentrado en el sector tecnológico y por qué los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. han caído, ya que los inversores descuentan una expansión de la IA potencialmente más lenta y un crecimiento más débil”, aclara.  

En opinión de Laura Torres, directora de Inversión de IMB Capital Quants, el temor del mercado a una regulación agresiva sobre la inteligencia artificial y los centros de datos desató una huida masiva del sector tecnológico, contrarrestando la solidez en los datos laborales estadounidenses, con las solicitudes de desempleo cayendo a 189.000 y la productividad subiendo un 3,6%.

“En el segmento de las grandes corporaciones de megacapitalización, la incertidumbre regulatoria y operativa generó dinámicas encontradas. Apple logró captar un impresionante interés institucional al recibir más de 31.000 millones de dólares en órdenes para su emisión de bonos de grado de inversión, buscando recaudar hasta 7.000 millones. Por su parte, Google reafirmó sus planes de infraestructura al anunciar una inversión de 17.000 millones de dólares en su primer centro de datos en Wyoming. En contraste, Microsoft incrementó la supervisión sobre sus proveedores de infraestructura en la nube (como Nebius, IREN y Nscale) ante crecientes retrasos en las obras y sobrecostos en sus centros de datos en Texas. Asimismo, los temores sobre la cadena de suministro se acentuaron por las trabas regulatorias anticipadas por Fitch sobre nuevos proyectos en Texas, Georgia u Ohio, sumadas a la revisión a la baja del precio objetivo de ARM Holdings por parte de UBS”, explica Torres. 

Desde Julius Baer coinciden en que la volatilidad del triunfo demócrata en los mercados ha puesto de manifiesto nuevas inquietudes sobre el gasto inversor de la fiebre por la IA. “El repunte posterior a las elecciones intermedias fue abrumador, lo que demostró la postura defensiva que habían adoptado los inversores ante una votación potencialmente conflictiva. A veces, un resultado claro e indiscutible basta, pero el alivio duró poco: durante la noche, el temor a que un Congreso demócrata pudiera frenar el despliegue de la inteligencia artificial (IA) provocó una debacle tecnológica a escala global. El Nasdaq cayó un 5,5 %, los mercados asiáticos de semiconductores siguieron la misma senda, y tanto los bonos como el oro registraron entradas en busca de refugio. El primer veredicto del mercado sobre las elecciones estuvo, por tanto, lejos de ser definitivo”, añade Christian Gattiker, director de análisis de Julius Baer. 

Aún queda ciclo

Desde UBS Global Wealth Management sostiene que esta caída responde a un reajuste del posicionamiento y que no indica un deterioro duradero del ciclo de inversión en IA. Es más, consideran que existe potencial alcista en los índices bursátiles amplios en los próximos 6-12 meses. Y reconocen que, dado que es posible que haya más volatilidad, los inversores deberían centrarse en gestionar los riesgos de concentración, reequilibrar una exposición excesiva a tecnología y construir una sólida cartera multiactivo core. 

“Creemos que el ciclo de inversión en IA sigue intacto, que el crecimiento de los beneficios empresariales es resiliente y que un contexto cíclico global positivo debería respaldar a la renta variable. Aunque podríamos asistir a un periodo de indigestión del mercado tras los resultados electorales, no creemos que los fundamentales justifiquen una caída prolongada”, asegura Mark Haefele, CIO de UBS Global Wealth Management.

Clémence Rusek, estratega de Inversión Senior, Multi Asset Boutique, Vontobel, coincide con esta visión y defiende que el ciclo de la IA aún no ha tocado techo. “La demanda sigue siendo sólida y los últimos resultados empresariales confirman que la capacidad de cómputo escasea. Los inversores están sopesando el ritmo de crecimiento de la IA frente al coste de financiarlo y se están volviendo más selectivos, premiando a las compañías que pueden financiar sus inversiones con sus propios beneficios”, argumenta.

Por último, Fidelity International comenta que la siguiente fase del ciclo de inversión favorecerá cada vez más a las empresas de mayor calidad con un acceso más fácil a la financiación, mientras las oportunidades se amplían hacia las empresas que adoptan la IA, y no solo hacia aquellas centradas exclusivamente en el gasto de capital. “En los últimos meses hemos reducido y ajustado la composición de nuestro posicionamiento en IA y tecnología. Mantenemos estas posiciones en niveles más reducidos, evaluamos los mercados desde una perspectiva técnica y buscamos oportunidades para aumentar la exposición a empresas de mayor calidad, teniendo en cuenta estos factores”, concluye la gestora en su último informe.

Índices rotos y cómo la IA rediseña las carteras: el futuro de la renta fija según Janus Henderson

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El Janus Henderson Investment Summit, la cita anual de la gestora con inversores y clientes, que este año se celebró por primera vez en Roma, incluyó un panel sobre el futuro de la renta fija. Participaron Alex Veroude, Global Head of Fixed Income; Thomas Ross, Global Head of High Yield and Credit Strategy; y John Lloyd, Global Head of Multi-Sector Credit y gestor de carteras. Jessica Leoncini, Head of Fixed Income CPM Management, moderó la sesión.

Veroude abrió el debate, recordó que lleva 30 años en los mercados de renta fija y señaló que, en su opinión, este es «uno de los momentos más emocionantes». Señaló que se trata, en gran medida, de un mercado OTC (extrabursátil), como hace tres décadas, y anticipó un cambio transformador.

Sobre la tokenización, insistió en que no debe pensarse como una categoría de inversión. «No es un activo en sí mismo sobre el que haya que pensar cuánto asignar», afirmó. Según explicó, es un mecanismo habilitador aplicable a titulizados, high yield, préstamos y, con el tiempo, a renta variable y alternativos. Añadió que la renta fija será uno de los grandes mercados revolucionados justamente por seguir siendo OTC.

También sostuvo que la distinción tajante entre quien invierte en renta variable cotizada pero no en activos privados tenderá a desaparecer. Para ilustrar el potencial de reducir fricciones entre prestatarios y prestamistas, recurrió a la analogía del mercado de taxis: de la parada o la llamada telefónica a las aplicaciones que conectan oferta y demanda. Su esperanza, dijo, es que los clientes estén abiertos a ese cambio.

Índices «rotos» y carteras por objetivos

Lloyd, en tanto, afirmó que los índices tradicionales «están en gran medida rotos y son muy antiguos». Como ejemplo, señaló que el Bloomberg Aggregate es hoy casi un 50 % bonos del Tesoro y está correlacionado casi uno a uno con los tipos de interés. Además, indicó que sectores como los titulizados, mercados grandes y en crecimiento, no están representados en muchos de esos índices.

Frente a ese escenario, defendió partir del resultado buscado: el nivel de riesgo y volatilidad, y el papel de la cartera, ya sea diversificar la renta variable, generar ingresos o cubrir pasivos (LDI). Desde ahí, se trabaja hacia atrás para «poblar» la cartera con distintas clases de activos de renta fija, ajustando liquidez y vencimiento. Ante la pregunta de si los inversores institucionales deberían dejar de organizar los activos por etiquetas como renta fija, crédito privado o alternativos, respondió que el mercado se mueve en esa dirección.

Sobre los activos privados, señaló que hoy son más complicados porque forman una parte de la cartera con la que no se puede operar, por lo que exigen una prima de liquidez. En un mundo de privados tokenizados, dijo, se abriría su negociación. Aun así, prevé que seguirá existiendo un descuento por liquidez, porque hay que emparejar comprador y vendedor. Estimó que ese escenario podría materializarse dentro de cinco a diez años, «quizás incluso antes».

Ross coincidió en que activos como titulizados, CLO, infraestructura y privados ya están en el radar de los clientes. Añadió que el índice es «simplemente un conjunto de activos» y no contempla cómo se quiere superarlo. En su experiencia, los mejores information ratios suelen estar en la selección de valores, por lo que recomendó concentrarse en esas áreas.

Renta fija: ingresos y dispersión

Consultado sobre lo que los inversores pueden estar pasando por alto, Lloyd defendió el momento de la renta fija. Según explicó, el mercado tiene descontado un ciclo global de subidas de tipos, las tasas de inflación implícitas están por encima de los objetivos de la Fed y los tipos reales a tres años superan el 3%. En su opinión, esto indica un gran momento para la renta fija por la parte de ingresos, con áreas donde se obtienen ingresos de alta calidad y baja volatilidad. Su enfoque es maximizar el rendimiento por unidad de volatilidad.

Ross, por su parte, señaló la dispersión como una de las claves. Explicó que hace cinco años era menos importante debido a la asignación de activos, y que ahora conviene enfocarse en áreas de alto information ratio. Frente a una eventual corrección, subrayó la diversificación: las asignaciones estratégicas de sus estrategias multisectoriales se basan en las caídas (drawdowns) de entornos o crisis anteriores. Recordó que el riesgo debe evaluarse en relación con toda la cartera del cliente, no solo con la parte que gestiona la firma.

La IA, del análisis de factores al «swarming»

Ross explicó que el equipo analiza la renta fija en función de factores de riesgo y no solo de sectores. El reto, indicó, es medir la sensibilidad de cada valor individual a esos factores, algo que antes habría requerido «un equipo de cien personas procesando enormes cantidades de datos» y que ahora empieza a hacerse con IA. Señaló además que determinar el diferencial y el rendimiento de un bono hasta su fecha de amortización efectiva no tenía una fuente de datos, y que la IA permite crearla. Eso, dijo, no lleva a tomar decisiones distintas, sino a tomarlas de manera más sistemática.

Veroude añadió que la IA permite probar estrategias a gran velocidad, algo que él llama swarming. Antes, recordó, validar una estrategia podía llevar trimestres o años y esta se mantenía como propietaria durante mucho tiempo. Hoy, afirmó, en un fin de semana pueden idearse y probarse miles de estrategias, aunque la ventaja que generen puede durar unos tres meses antes de que los competidores la repliquen.

A una pregunta del público sobre si la inversión sistemática, tan extendida en renta variable, se observa también en renta fija, Lloyd respondió que Janus Henderson cuenta con un equipo cuantitativo con más de dieciocho años de trayectoria, cuyos modelos se usan como insumo del proceso fundamental bottom-up. Mencionó modelos de momentum basados en renta variable para anticipar la dirección de los diferenciales, un indicador de régimen macro sometido a backtesting y pruebas hacia adelante, y productos con componente cuantitativo, entre ellos uno de corta duración. Anticipó que el mercado se moverá cada vez más hacia lo cuantitativo.

Sobre los ETF de renta fija, Lloyd reconoció que es una tendencia fuerte, con menores costes, ventajas fiscales y negociación a lo largo del día. Sin embargo, lo definió como «otro envoltorio» (wrapper), con resultados similares a los de un fondo mutuo. Aun así, indicó que los clientes exigen cada vez más el formato ETF.

Al cierre, cada panelista dejó una recomendación. Veroude pidió a los inversores de renta fija, asociados a la estabilidad, que «acepten el cambio». Ross insistió en la dispersión. Lloyd destacó que la proliferación de productos vuelve el espacio más complejo para el inversor medio y planteó la relación con el cliente como una asociación para ayudarlo a llegar a la solución que busca.

Doc Horn (Pictet AM): “En lugar de competir con las inversiones pasivas, los hedge funds pueden complementarlas”

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Foto cedidaDoc Horn es director global de Rentabilidad Absoluta de Renta Variable en Pictet AM y experto en hedge funds.

Doc Horn es director global de Rentabilidad Absoluta de Renta Variable en Pictet AM y experto en hedge funds. Se incorporó a la firma hace una década y desde entonces ha sido testigo de la evolución de esta clase de vehículos. En concreto, ha supervisado los equipos especializados UCTIS en esta clase de activos de Ginebra, Londres, Tokio, Singapur y Hong Kong. Con él hemos conversado sobre la popularidad y la presencia de los hedge funds en las carteras de los inversores, y cómo las bancas privadas y los clientes patrimoniales comienzan a demandarlos.

¿Hasta qué punto la industria de hedge funds está captando capital no para batir al mercado, sino para actuar como el verdadero ‘colchón’ o sustituto de rendimiento que los bonos ya no ofrecen en momentos de estrés?

Los inversores buscan diversificar sus carteras tras las sustanciales ganancias de los últimos años, para una mejor protección del capital.  Pero la renta fija ha demostrado ser menos fiable como diversificadora no correlacionada en escenarios de estrés. Los mercados de bonos han sido decepcionantes desde 2022. Así que la cartera tradicional 60% renta variable / 40% renta fija está cada vez más cuestionada por su vulnerabilidad a choques macroeconómicos, en unos mercados bursátiles concentrados y de altas valoraciones.

En el contexto actual de mercado, ¿qué papel pueden jugar ahora los hedge funds en las carteras de los inversores? ¿qué pueden aportar?

Los hedge funds atraen un interés renovado, pues los inversores buscan rentabilidades menos dependientes del momento del mercado y mayor diversificación, para mejorar los perfiles de riesgo-rentabilidad. En este sentido, determinados gestores pueden identificar ganadores y perdedores, buscar oportunidades de valor relativo y obtener exposición a situaciones oportunistas. En lugar de competir con las inversiones pasivas, pueden complementarlas, añadiendo fuentes de rentabilidad diferenciadas y exposiciones a riesgos más específicas.

¿En qué tipo de estrategias considera que los hedge funds pueden aportar más? ¿Dónde ve las principales oportunidades?

Diferentes estrategias de hedge funds tienden a funcionar bien en distintos entornos de mercado. Por ejemplo, en enero y febrero las estrategias impulsadas por fundamentales y las orientadas a eventos tuvieron un comportamiento especialmente bueno. En abril, las noticias macroeconómicas fueron el principal motor, creando oportunidades para estrategias macro y de valor relativo. Mientras que las estrategias largo/corto direccionales puede sustituir parte de la exposición a acciones. Por su parte, algunos hedge funds pueden proporcionar una fuente atractiva de cupón con la protección a la baja que muchos inversores buscan. Otras ofrecen una exposición amplificada, concentrando apalancamiento en un número menor de posiciones.

En nuestra opinión, las mejores oportunidades surgen de combinar estas diferentes fuentes de rentabilidad de la manera correcta.  Por eso nuestras estrategias de hedge funds son intencionadamente diversas, con bajas correlaciones entre ellas. Algunas son fundamentales, de baja rotación y horizontes de inversión más largos, mientras que otras operan de forma más activa, explorando anomalías de mercado a corto plazo. Esta diversidad produce un conjunto robusto para navegar una amplia variedad de entornos de mercado.

¿Cuál cree que es el principal freno para los inversores a la hora de demandar o incluir hedge funds en su cartera?

Los hedge funds no son una categoría homogénea y, además, los inversores varían significativamente en su nivel de sofisticación; así que uno de los retos es que comprendan a qué se comprometen. Sus preocupaciones suelen centrarse en la previsibilidad, la transparencia y el papel de estas estrategias en la cartera amplia. Deben comprender cómo se comportarán las diferentes estrategias en diferentes regímenes de mercado. 

Las estrategias de renta variable largo/corto, macro global, valor relativo, impulsada por eventos o multiestrategias pueden tener motores de rentabilidad, perfiles de liquidez, patrones de máxima caída y correlaciones muy distintas, y es importante que los inversores entendían las diferencias. Generar alfa sigue siendo fundamental, pero adicionalmente, es cada vez más importante cómo los gestores convierten alfa bruto en rentabilidades netas consistentes, para ello es esencial la transparencia en las comisiones, costes y rentabilidades efectivas. La liquidez también es una consideración clave para que los inversores estén cómodos con una estrategia.

Como gestor, ¿cuáles considera que son las claves para llevar a éxito una estrategia de hedge funds?

La clave del éxito es generar alfa diferenciado y consistente, con correlación mínima con las primas de riesgo de mercado y protección a la baja; así como capacidad de aprovechar tácticamente las oportunidades cuando surgen. Una gobernanza sólida, alineación de incentivos, liquidez, transparencia en las comisiones y una gestión disciplinada del riesgo también son clave.  En el caso de nuestra gama de hedge funds UCITS, los activos subyacentes deben ser líquidos, de modo que los inversores puedan acceder fácilmente a su dinero cuando es necesario, al mismo tiempo permitiendo que nuestros gestores encuentren oportunidades globalmente, a menudo con exposición estructuralmente menos centrada en EE.UU. y una mayor inclinación hacia mercados emergentes.

¿Cómo compite el negocio de hedge funds de Pictet para atraer a ‘traders’ e inversores de primer nivel manteniendo la estabilidad de costes e infraestructura que exige una firma de private banking tradicional?

La eficiencia del alfa bruto es cada vez más importante, pues gastos y costes operativos pueden suponer una carga.  Así que los inversores no deben preguntarse solo cuál es la rentabilidad neta, sino también a partir de qué rentabilidad bruta y cuánto permanece. La industria de hedge funds es altamente competitiva. La ventaja está en el diseño organizativo y capacidad de atraer, desarrollar y retener los mejores gestores. En ese sentido, los mejores hedge funds se parecen cada vez más a equipos deportivos de élite, donde una rentabilidad superior a largo plazo depende tanto del talento y la cultura como del proceso.  Hay que tener propuestas claras y diferenciadas de valor para ganar la guerra del talento. Ello incluye cultura y marcos de riesgo, además de trayectorias profesionales. Por esta razón, hemos creado un entorno donde los gestores excepcionales pueden generar resultados de manera consistente. La cultura, los incentivos e incluso la planificación de la sucesión de los gestores son tan importantes como los presupuestos de investigación y análisis. Un gestor que se une a nosotros puede, en última instancia, tener la oportunidad de lanzar un fondo independiente. Primero su estrategia se incluirá en uno de nuestros fondos multiestrategia, lo que nos permitirá evaluar su viabilidad.  Así hemos lanzado con éxito varios fondos en 20 años de historia.