Tras creer en la IA, los inversores quieren resultados

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Los inversores quieren que las empresas demuestren que las estrategias audaces de inteligencia artificial pueden generar rentabilidad sin sacrificar la disciplina financiera. Esta es una de las principales conclusiones de la decimocuarta edición del Global Investor Survey de Boston Consulting Group (BCG), que apunta a una etapa de mayor exigencia en los mercados, marcada por unas expectativas de rentabilidad más moderadas y por una presión creciente sobre las compañías para demostrar que sus inversiones, especialmente en inteligencia artificial, pueden traducirse en resultados concretos.

Aunque la confianza de los inversores a medio plazo se mantiene intacta, la geopolítica, los tipos de interés, la política estadounidense y la incertidumbre en torno a la IA están reduciendo las expectativas de rentabilidad futura.

El estudio recoge las opiniones de 500 inversores institucionales de 16 países, que representan aproximadamente 35 billones de dólares (billions en términos estadounidenses) en activos bajo gestión. El 67% de los inversores encuestados mantiene una visión optimista sobre la evolución de los mercados durante los próximos tres años. Sin embargo, las expectativas de rentabilidad total para el accionista se han reducido hasta una media anual del 6,9%, lo que supone 0,4 puntos porcentuales menos que en 2024 y 1,4 puntos menos que en 2023.

Esta moderación refleja un entorno en el que coinciden varias fuentes de incertidumbre con creciente interdependencia. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio son ya uno de los tres principales factores que condicionan las perspectivas de los mercados para el 60% de los inversores. Les siguen la evolución de los tipos de interés, con un 54%; las políticas del Gobierno estadounidense, con un 49%; y el desarrollo y la regulación de la inteligencia artificial, mencionados por un 45% de los encuestados, 22 puntos porcentuales más que en 2024.

Solo el 22% cree que la IA será una fuente de diferenciación competitiva sostenible. La mayoría espera que sus beneficios se extiendan de forma generalizada o que las ventajas iniciales desaparezcan con el tiempo.

Ante este escenario, los inversores están orientando sus decisiones hacia compañías y sectores capaces de beneficiarse de tendencias estructurales y mantener una economía de negocio sólida. El 52% afirma haber aumentado su exposición a sectores respaldados por tendencias de crecimiento de largo plazo, mientras que un 50% está manteniendo mayores niveles de liquidez.

Dentro de los criterios utilizados para valorar una compañía, el crecimiento orgánico continúa siendo la principal prioridad. No obstante, aumenta la importancia del retorno sobre el capital, citado por el 33% de los encuestados, ocho puntos porcentuales más que en 2024.

La inteligencia artificial introduce una dimensión adicional en este escenario. El 87% de los inversores espera que la IA mejore de forma material los fundamentales empresariales durante los próximos dos años, especialmente a través de una mayor productividad, mejores márgenes y nuevos ingresos.

Además, más de la mitad considera que estos efectos deberían comenzar a ser visibles durante los próximos doce meses, lo que reduce el margen disponible para que las compañías continúen presentando la IA únicamente como una apuesta de futuro.

Esta confianza en el potencial de la tecnología convive, sin embargo, con una visión más crítica sobre las expectativas que ya están incorporadas en el mercado. El 56% considera que existe un exceso de optimismo en torno a la IA, mientras que el 73% anticipa que las actuales valoraciones pueden generar presión sobre la rentabilidad futura.

Asimismo, el análisis pone el foco en la capacidad de ejecución de las compañías. Aunque el 77% de los inversores evalúa de forma específica las estrategias de IA de las compañías, solo el 57% considera que estas explican adecuadamente sus planes.

Además, más del 70% muestra dudas sobre si las compañías cuentan con las capacidades técnicas y organizativas necesarias para desarrollar sus estrategias de IA.

A esto se suma una mayor vigilancia sobre el nivel de inversión y su impacto en los márgenes. Los inversores respaldan la transformación, pero no una expansión del gasto sin una línea clara hacia los retornos.

En este contexto, para generar confianza, los líderes empresariales deben explicitar sus prioridades, las concesiones que deben hacer, los hitos y los retornos esperados, especialmente en lo que respecta a la IA y a las apuestas de crecimiento a largo plazo.

La conclusión apunta, por tanto, a un cambio en las exigencias de los mercados: los inversores siguen confiando en el potencial de la inteligencia artificial y de las tendencias estructurales de crecimiento, pero demandan una mayor disciplina financiera y evidencias concretas de que las inversiones pueden convertirse en productividad, márgenes, crecimiento y rentabilidad.

DWS adoptará Deutsche Asset Management como su nueva identidad de marca global

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DWS Group ha anunciado que, con efecto a partir de principios de noviembre de 2026, adoptará Deutsche Asset Management como su nueva identidad de marca global. Según indican, la marca está diseñada para reforzar el papel de la firma como “puerta de entrada a Europa” para los inversores de todo el mundo, y pone en valor su legado alemán y europeo, al tiempo que refleja claramente sus ambiciones de crecimiento global en las distintas regiones y segmentos de clientes. Como marca paraguas global, este cambio aglutinará los servicios, la experiencia y los resultados que el grupo ofrece en todo el mundo.

En concreto, la nueva identidad de marca englobará marcas sólidas y consolidadas: DWS, para el negocio europeo de gestión activa de patrimonios privados; Xtrackers, para el negocio global de ETF y mandatos de gestión pasiva; y RREEF, para la experiencia en el sector inmobiliario estadounidense; y estará dirigida específicamente a clientes internacionales e institucionales.

Según indican, la mayoría de los nombres y marcas de productos existentes permanecerán sin cambios. A partir de noviembre, la mención “by Deutsche Asset Management” vinculará de forma más clara las marcas de producto con una plataforma global, mientras que Deutsche Asset Management se utilizará directamente para los clientes institucionales y los servicios de mercados privados.

“Con Deutsche Asset Management lanzamos una identidad global que engloba una familia de marcas sólidas y consolidadas: DWS se apoya en una trayectoria de 70 años generando alfa en la gestión activa de carteras para nuestros clientes en nuestro mercado de origen. Al centrar DWS en su propuesta principal en Alemania y en los mercados clave de Europa, reforzaremos aún más su reconocimiento e impacto. Con Xtrackers, hemos consolidado en el mercado una gran marca independiente de ETF y mandatos de gestión pasiva, que se beneficiará de formar parte de la familia Deutsche Asset Management. Y con RREEF, nos apoyamos en más de 50 años de experiencia en el sector inmobiliario en mercados clave”, apunta Stefan Hoops, CEO de DWS Group GmbH & Co. KGaA.

Y añade: “Deutsche Asset Management contará con un reconocimiento internacional inmediato y ya es una marca ampliamente conocida entre nuestros clientes institucionales de todo el mundo. Adoptarla como nuestra marca paraguas supone una señal clara para nuestros clientes: como gestora de activos global con profundas raíces europeas, que opera a gran escala y con independencia fiduciaria, estamos aquí para ayudarles a alcanzar sus objetivos a largo plazo, sobre la base de una disciplina enfocada y una experiencia global”.

Justificación estratégica y orientación al cliente

Desde la compañía señalan que este paso marca el inicio de la siguiente fase de desarrollo de la compañía, centrada en el crecimiento, la excelencia y la relevancia global. En los últimos años, DWS Group ha cumplido sus prioridades estratégicas, entre ellas un sólido desempeño operativo y el impulso de sus diversas capacidades de inversión, culminando con su incorporación al MDAX, el principal índice alemán de compañías de mediana capitalización, en marzo de 2025.

Tras completar el ciclo estratégico establecido en su Capital Markets Day de 2022, DWS inició a principios de 2026 su siguiente fase, apoyándose en su plataforma para seguir reforzando los resultados para sus clientes y el crecimiento a largo plazo, conectando sus capacidades, experiencia y resultados de inversión en todo el mundo. A comienzos de este año, DWS Group alineó aún más claramente su División de Client Coverage con los distintos segmentos de clientes y estructuró su organización de distribución en torno a los clientes de Private Wealth e Institutional Clients.

Stefan Hoops explica que “las ambiciones son internacionales, y eso exige un nuevo enfoque: una mayor presencia entre los clientes institucionales y una mayor visibilidad en regiones fuera de Alemania y Europa. Requiere una organización que adopte una visión aún más integral de las relaciones con los clientes. Una organización con una visión y un enfoque más globales. Y una organización que sea claramente reconocible para clientes y profesionales de todo el mundo. Al iniciar la siguiente fase de nuestra estrategia de crecimiento, analizamos en qué ámbitos aún no habíamos aprovechado plenamente este potencial y adoptamos las medidas necesarias para cambiarlo. La alineación de nuestra organización comercial en torno a los distintos grupos de clientes fue un paso importante en esta dirección; nuestra intención de adoptar Deutsche Asset Management es otro”.

Para los clientes e inversores, la transición a Deutsche Asset Management ofrece una identidad global clara y coherente que transmite escala y liderazgo europeo, al tiempo que refleja las ambiciones de crecimiento internacional de la firma. La marca unificada refuerza el reconocimiento en el mercado y favorece una mayor conexión entre las distintas áreas de la plataforma global de la firma, reforzando su capacidad para cumplir sus objetivos estratégicos y financieros.

Marca paraguas

Deutsche Asset Management actuará como la identidad de marca global de la firma, mientras que los nombres actuales de los productos y fondos —así como la especialización y solidez de las distintas áreas de inversión de la firma— permanecerán sin cambios. Cada marca conservará su propia identidad, carácter y experiencia, mientras que la mención «by Deutsche Asset Management» indicará que todas ellas forman parte de una única plataforma global de gestión de activos, con estándares compartidos, escala y credibilidad institucional. Para los negocios que ya operan principalmente a escala global o institucional, o que se centran en inversiones en mercados privados, se utilizará directamente Deutsche Asset Management, sin cambios en los nombres de los productos.

A partir de noviembre de 2026, la implantación de esta nueva marca paraguas global se llevará a cabo de forma gradual hasta marzo de 2027. Por el momento, la sociedad matriz mantendrá la denominación DWS Group GmbH & Co KGaA, mientras que su símbolo bursátil seguirá siendo DWS.

Una industria por reconstruir, 100.000 millones por movilizar: los fondos frente al petróleo venezolano

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El acuerdo petrolero alcanzado entre Estados Unidos y Venezuela puede terminar siendo mucho más que una operación energética. Si las inversiones anunciadas logran materializarse, América Latina podría estar frente al nacimiento de uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura energética de las últimas décadas. Y, detrás del petróleo, aparece una pregunta que interesa especialmente a los mercados financieros: ¿quién pondrá los cerca de 100.000 millones de dólares que se necesitan para reconstruir la industria venezolana?

La magnitud del desafío ayuda a dimensionar la oportunidad; el acuerdo anunciado por Washington contempla el control estadounidense de una parte de los activos asociados con 17 campos petroleros que concentran alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. La Casa Blanca sostiene que el proyecto puede movilizar hasta 100.000 millones de dólares de inversión privada para recuperar producción e infraestructura.

No se trata, por tanto, de simplemente abrir nuevamente los pozos; en los hechos se necesita reconstruir toda una industria completa que fue devastada en la última década, con graves consecuencias económicas. Venezuela pasó de producir alrededor de 2,3 millones de barriles diarios en 2015 a apenas 498.000 barriles diarios en 2023, el año con la cifra más creíble, como consecuencia de años de desinversión, deterioro de infraestructura, sanciones y problemas operativos. La recuperación exige perforación, oleoductos, almacenamiento, mejoradores de crudo pesado, refinerías, generación eléctrica, servicios petroleros, transporte y tecnología; cada una de esas necesidades representa una clase diferente de activo financiero, en realidad el petróleo es solamente la primera capa de la oportunidad

La primera reacción de los mercados suele concentrarse en las petroleras, es lógico. Chevron ya anunció que invertirá más de 7.000 millones de dólares en sus empresas conjuntas venezolanas para prácticamente duplicar su producción hasta unos 600.000 barriles diarios durante los próximos cinco años. La compañía estima costos de producción inferiores a 20 dólares por barril en estas operaciones.

Pero, para los inversionistas institucionales el verdadero atractivo podría estar en una segunda capa porque el petróleo necesita infraestructura y la infraestructura necesita financiamiento; la reconstrucción de Venezuela puede generar demanda para empresas de servicios petroleros, ingeniería, construcción, generación y transmisión eléctrica, transporte, logística, almacenamiento y refinación.

En este contexto el Departamento de Energía estadounidense confirmó el 2 de septiembre acuerdos con Chevron, Eni y GE Vernova, destinados no solamente a incrementar la producción de hidrocarburos, sino también a modernizar la red eléctrica venezolana, eso amplía considerablemente el universo potencial de inversión, ya no se trata exclusivamente de comprar acciones de una petrolera. En realidad ahora todo lo anterior puede involucrar private equity, private credit, infraestructura, deuda corporativa, project finance, fondos de energía, fondos de mercados emergentes y eventualmente vehículos especializados en activos reales.

La gran pregunta para los fondos: ¿quién pone los 100.000 millones?

Aquí aparece probablemente la parte más interesante para la industria de asset management; la cifra de 100.000 millones de dólares no significa necesariamente que exista un cheque por ese monto esperando ser colocado, en realidad es una estimación del capital que podría requerirse durante el proceso de reconstrucción y expansión.

Pero incluso si solamente una fracción se materializa durante los primeros años, el volumen sería suficientemente grande para crear un nuevo mercado de financiamiento; el precedente más importante es que la administración estadounidense está intentando reducir el riesgo político para que sea el capital privado el que haga el trabajo pesado.

De hecho, el Departamento del Tesoro comenzó desde febrero a modificar el régimen de sanciones para permitir negociaciones y contratos contingentes relacionados con nuevas inversiones en petróleo y gas venezolano. La licencia 49A autoriza precisamente negociaciones y entrada en contratos contingentes para determinadas inversiones, se trata de una señal importante para los inversionistas.

El mensaje de Washington no parece ser que el gobierno estadounidense vaya a financiar directamente toda la reconstrucción, es más bien: crear las condiciones para que el capital privado vuelva a Venezuela. Si lo anterior es correcto, si esa es la intención del gobierno estadounidense, cambia completamente la discusión.

Private equity: el primer candidato

Uno de los segmentos que podría beneficiarse es el de private equity especializado en energía e infraestructura; la razón es sencilla: muchos de los proyectos venezolanos tendrán características que difícilmente encajan en los mercados públicos tradicionales.

Serán proyectos intensivos en capital, con horizontes largos, riesgos operativos elevados y necesidad de estructuración financiera, precisamente por eso pueden resultar atractivos para fondos que acepten iliquidez a cambio de retornos potencialmente superiores.

Axios identificó explícitamente una posible oportunidad para private equity en la reconstrucción de la industria venezolana y señaló que el tamaño potencial del proyecto podría abrir espacio también para private credit. Para los gestores de activos, esa distinción es fundamental porque los 100.000 millones no necesariamente terminarán en las bolsas, una parte importante podría pasar por mercados privados.

Private credit: posiblemente el gran beneficiario silencioso

Si la reconstrucción avanza, una parte del financiamiento podría estructurarse mediante deuda privada; ahí aparece una oportunidad especialmente interesante porque los fondos de private credit pueden financiar, entre muchas otras cosas: infraestructura petrolera; equipos y perforación; almacenamiento; oleoductos; generación eléctrica; servicios petroleros; maquinaria especializada; infraestructura logística; proyectos de refinación y procesamiento.

En lugar de esperar a que las empresas venezolanas tengan acceso pleno a los mercados internacionales de deuda, los fondos podrían prestar directamente contra proyectos, flujos de efectivo, contratos de suministro o activos específicos; es exactamente el tipo de operación que ha ayudado a convertir al private credit en una de las principales fuentes alternativas de financiamiento para proyectos intensivos en capital. En este caso, Venezuela podría representar uno de los casos más grandes —aunque también más riesgosos— de esta tendencia en América Latina; pero no todo es tan fácil

El riesgo es enorme, y eso también tiene un precio

Naturalmente, el capital no llegará únicamente porque existan 65.000 millones de barriles bajo tierra; el gran problema venezolano nunca fue la ausencia de petróleo sino la capacidad para convertir reservas en producción rentable y sostenible.

El acuerdo Washington-Caracas enfrenta cuestionamientos legales, políticos y contractuales. Reuters señaló que todavía existen dudas sobre la estructura de las asociaciones, las aprobaciones necesarias y el marco jurídico que regirá las operaciones. El Financial Times, por su parte, ha destacado las dudas sobre la legalidad del acuerdo y las diferencias entre ambas partes respecto de la duración de las concesiones. Para un administrador de activos, eso significa que el retorno esperado tendrá que compensar un riesgo país extraordinariamente elevado, pero precisamente ahí aparece la lógica de los mercados privados: a mayor riesgo y menor liquidez, mayor debe ser la rentabilidad exigida.

La pregunta será si Venezuela puede ofrecer contratos, garantías, jurisdicciones y estructuras suficientemente sólidas para que esa prima de riesgo resulte atractiva, también cambia el mapa de los mercados emergentes y hay otra consecuencia que puede interesar a los gestores globales. Durante años, Venezuela estuvo prácticamente fuera del universo tradicional de inversión latinoamericana, los grandes fondos de mercados emergentes concentraban su exposición regional en Brasil, México, Chile, Colombia, Perú y, en menor medida, Argentina.

Hoy, un regreso de Venezuela podría cambiar parcialmente esa fotografía y no necesariamente mediante acciones venezolanas —eso todavía parece lejano— sino mediante deuda, infraestructura, energía, commodities y empresas multinacionales con exposición al país.

El primer vehículo de exposición probablemente no será un ETF venezolano, sino sería una empresa estadounidense, europea o latinoamericana que tenga contratos y activos en Venezuela, ahí es donde los gestores de fondos pueden encontrar la primera vía de entrada y el acuerdo también puede modificar los flujos de capital hacia América Latina porque la dimensión regional es quizá la más interesante.

Si Venezuela logra incrementar sustancialmente su producción, podría convertirse nuevamente en un proveedor relevante de crudo para Estados Unidos y otros mercados. Reuters señala que la producción asociada con el acuerdo podría eventualmente escalar hasta 1,5 millones de barriles diarios, aunque alcanzar esa cifra dependerá de la inversión y de la reconstrucción de la infraestructura. Eso tendría implicaciones sobre: precios del petróleo, inflación, tasas de interés, monedas, balances fiscales y flujos hacia mercados emergentes.

Además, una mayor oferta de petróleo venezolano podría ejercer presión a la baja sobre los precios  internacionales en determinados escenarios, lo anterior sería positivo para países importadores de energía de América Latina, mientras que para productores como Brasil, México o Colombia, el efecto sería más complejo.

En cuanto a los fondos especializados en commodities, energía y mercados emergentes, introduciría una nueva variable en sus modelos de asignación regional.

Brasil, México y Colombia: los grandes observadores

El impacto de lo que puede suceder también podría ser regional, existen muchas posibilidades. Brasil es uno de los mayores productores petroleros de América Latina y ha atraído grandes cantidades de capital internacional, una recuperación venezolana podría aumentar la competencia regional por capital, particularmente en proyectos de petróleo y gas.

México también podría verse afectado. Una mayor oferta de crudo pesado venezolano podría modificar los flujos hacia las refinerías estadounidenses y alterar los diferenciales entre distintos tipos de petróleo; para Pemex, esto tendría especial relevancia debido a la estructura de su producción y a su relación con el mercado estadounidense.

Colombia, por su parte, tendría que observar el efecto sobre inversión, producción y precios regionales en sus finanzas. Pero existe una segunda posibilidad.

Una Venezuela nuevamente integrada a los mercados puede terminar atrayendo capital hacia América Latina en lugar de quitárselo. Si los inversionistas perciben que Washington está dispuesto a respaldar la reconstrucción venezolana, el riesgo percibido de otros activos latinoamericanos relacionados con energía e infraestructura podría reducirse.

La gran apuesta: infraestructura latinoamericana

Es así como podemos aventurar el que quizás podría ser el ángulo más poderoso para los fondos porque el caso venezolano puede ser el catalizador de una tendencia mucho mayor: la necesidad de reconstruir la infraestructura energética latinoamericana.

La Agencia Internacional de Energía considera que la seguridad energética está modificando las prioridades de inversión global y que los flujos de capital hacia energía, infraestructura y redes están adquiriendo una importancia creciente. Su informe World Energy Investment 2026 analiza precisamente la evolución de los flujos de capital y las fuentes de financiamiento para proyectos energéticos.

Venezuela sería, en ese sentido, el caso extremo pero no necesariamente el único. México, por ejemplo, necesita infraestructura eléctrica y de gas; Brasil continúa desarrollando petróleo offshore; Argentina intenta convertir Vaca Muerta en un gran polo exportador; Colombia necesita nuevas inversiones energéticas; Chile requiere infraestructura para su transición energética.

El capital requerido excede con mucho la capacidad de los presupuestos públicos y la pregunta de los próximos años será quién financiará esa infraestructura, es aquí donde aparecen los fondos y el petróleo puede ser el principio, no el final. La paradoja del acuerdo entre Washington y Caracas es que el activo más importante quizá no sean los barriles de petróleo, podría ser el capital que esos barriles consigan movilizar.

Los 65.00 millones de barriles de reservas bajo el nuevo esquema son el activo físico. Los 100,000 millones de dólares representan el capital potencial. Pero alrededor de ambos puede desarrollarse una cadena mucho mayor de financiamiento: deuda privada, infraestructura, servicios petroleros, transporte, generación eléctrica, refinación, tecnología y logística.

Por eso, para los gestores de activos, la pregunta relevante no debería ser únicamente si Venezuela volverá a producir petróleo, la pregunta es: ¿cuánto capital privado puede movilizar el regreso del petróleo venezolano y quién se quedará con los retornos de ese nuevo ciclo de inversión latinoamericano?

Si Washington consigue convertir el acuerdo en un marco creíble para atraer capital institucional, Venezuela podría pasar de ser uno de los mayores riesgos del mapa latinoamericano a convertirse en uno de los mayores laboratorios de inversión en activos reales de los mercados emergentes, aunque todavía hay una enorme distancia entre la oportunidad y la inversión ya que el propio acuerdo enfrenta incertidumbres jurídicas y políticas, y los grandes productores internacionales siguen evaluando los riesgos.

Por ahora, Chevron ha dado el primer paso con sus 7.000 millones de dólares pero el siguiente será mucho más importante y debe consistir en conseguir que los grandes fondos de infraestructura, private equity, private credit y energía crean que los contratos venezolanos pueden sobrevivir a los ciclos políticos. Si eso ocurre, los 100.000 millones de dólares dejarán de ser una cifra política para convertirse en uno de los mayores flujos potenciales de capital privado hacia América Latina en décadas.

Robeco refuerza su apuesta por los ETFs activos en el mercado offshore de Estados Unidos

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Julieta Henke y María Elena Isaza

Robeco presentó en Miami sus dos primeros ETFs activos -el Robeco 3D Global Equity UCITS ETF y el Robeco 3D Emerging Markets UCITS ETF– durante un almuerzo que reunió a más de 60 profesionales de wirehouses, bancas privadas y broker dealers de la industria offshore. La presentación estuvo a cargo de María Elena Isaza y Julieta Henke, de LarrainVial, distribuidor de Robeco en el mercado US Offshore, acompañadas por Alejandra Saldías, Head of ETF Sales, y contó con la participación de Ignacio Alcántara, Ana Curiel y Jan Sytze Mosselar, de la oficina de Nueva York de la gestora holandesa.

El encuentro se dio en un contexto de fuerte avance de los vehículos activos dentro de la industria de ETFs, un segmento que en los últimos años ha ganado terreno frente a los productos pasivos tradicionales, y en el que gestoras con trayectoria en gestión cuantitativa –como Robeco– buscan posicionarse trasladando sus capacidades de análisis a un formato cada vez más demandado por los inversores offshore.

Los ejecutivos durante el almuerzo que se realizó en Miami

Los ejecutivos durante el almuerzo que se realizó en Miami

La estrategia cuantitativa

Durante el encuentro, Sytze Mosselaar, portfolio manager, explicó el proceso de inversión del equipo cuantitativo de Robeco y destacó las oportunidades que genera el creciente peso de la inteligencia artificial en los mercados asiáticos. Los nuevos vehículos trasladan al formato ETF una estrategia con 20 años de trayectoria, que gestiona tres dimensiones –riesgo, rentabilidad y sostenibilidad– bajo un enfoque «Enhanced» que busca potenciar la exposición al índice manteniendo desviaciones limitadas.

Se trata de un desarrollo que se suma a una plataforma de ETFs activos que, en menos de 18 meses, ya alcanzó los 2.000 millones de euros (unos 2.320 millones de dólares) en activos bajo gestión, un ritmo de crecimiento que la propia gestora destaca como uno de los indicadores del interés que estos productos vienen despertando entre los inversores. Con el lanzamiento de estos dos nuevos fondos, los productos quedan disponibles específicamente para inversores del segmento offshore, ampliando así el alcance geográfico de la estrategia.

«Uno de los core strengths de Robeco»

Consultada sobre lo que más la entusiasma de los nuevos productos, Isaza puso el foco en la gestión cuantitativa de la gestora: «La gestión cuantitativa de Robeco es uno de sus core strengths y algo que hasta ahora no habíamos podido ofrecer con esta amplitud en las plataformas del mercado US Offshore. Los ETFs nos permiten incorporar esta expertise de una manera mucho más accesible para nuestros clientes«. Según explicó, el nuevo formato viene a complementar el conocimiento que los asesores financieros ya tienen de la firma: «Esto complementa muy bien las estrategias que los asesores ya conocen de Robeco, particularmente en equity fundamental y crédito. Con los Active ETFs ampliamos ese offering incorporando ahora también el expertise cuantitativa».

La ejecutiva de LarrainVial también enmarcó el lanzamiento dentro del crecimiento que atraviesa la industria de ETFs a nivel global, un fenómeno que –dijo– ninguna gestora puede permitirse ignorar: «La industria de ETFs continúa creciendo de manera significativa a nivel global, y para nosotros era fundamental participar de esa evolución. Ahora podemos hacerlo también a través de Active ETFs, combinando las ventajas de la estructura ETF con la gestión cuantitativa en las que Robeco tiene una larga trayectoria». Para Isaza, el nuevo producto es además una herramienta para profundizar el vínculo comercial con los clientes de la red offshore: «Esto nos permite profundizar la relación con nuestros clientes y posicionar a Robeco como un partner de referencia, con una oferta cada vez más amplia de soluciones y capacidades para responder a las distintas necesidades de sus portafolios», planteó.

Isaza cerró sus declaraciones con una valoración sobre el desempeño de la gestora en la construcción de esta plataforma, remarcando la velocidad con la que Robeco logró posicionarse en el segmento: «Estamos muy entusiasmados con el crecimiento que ha tenido Robeco. En apenas dos años ha logrado una importante captación de activos.  La incorporación de los Active ETFs representa un nuevo capítulo y amplía significativamente las oportunidades que podemos desarrollar con nuestros clientes».

El rol de LarrainVial como distribuidor

La alianza entre ambas firmas comenzó hace 20 años y hoy incluye a Chile, Colombia, Perú y México, con LarrainVial actuando como fuerza de ventas en los territorios offshore de EE.UU., que reorganizó sus operaciones americanas en 2023 en la entidad Robeco Americas, con sede en Nueva York, y amplió el acuerdo con LarrainVial para incluir el negocio wholesale en US Offshore y Latam, con base en Miami.

LarrainVial siguió distribuyendo los fondos de Robeco para clientes institucionales latinoamericanos como venía haciendo durante los veinte años previos. En ese mismo movimiento, María Elena Isaza y Julieta Henke —hasta entonces directoras y sales managers del negocio US Offshore y Latam de Robeco— se incorporaron a LarrainVial como managing directors, manteniendo su sede en Miami, mientras que la unificación de las actividades de Robeco en América quedó a cargo de Ignacio Alcántara, buscando eficiencia de servicio en un mercado regulado y competitivo.

La gran metamorfosis de la banca latinoamericana: de foco de crisis a pilar de estabilidad

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Hace 4 décadas, e incluso un poco más atrás, hablar de bancos latinoamericanos era hablar también de crisis de deuda, inflación, devaluaciones, rescates, nacionalizaciones y quiebras, lo que caracterizaba de hecho a las mismas economías. Hoy el escenario es radicalmente distinto: el sistema bancario de la región se ha convertido en uno de los principales amortiguadores de los ciclos económicos, con mayores niveles de capitalización, liquidez, regulación y capacidad para absorber choques.

La transformación, sin embargo, tuvo un segundo componente menos visible pero igualmente profundo: el cambio en la propiedad de la banca. Los grandes bancos que hace cuatro o cinco décadas eran predominantemente estatales, familiares o de capital nacional fueron sustituidos, vendidos o integrados en grupos financieros internacionales. En varios de los mercados más grandes de América Latina, los nombres españoles, estadounidenses, canadienses y brasileños pasaron a ocupar un lugar central.

El resultado es una industria que hoy combina tres grandes modelos: bancos de capital local privado, instituciones estatales estratégicas y grandes grupos internacionales. Esa mezcla constituye uno de los cambios estructurales más importantes de las finanzas latinoamericanas.

De la banca como fuente de crisis a la banca como amortiguador

El punto de partida de esta transformación está en las crisis de los años ochenta y noventa. La crisis de deuda de 1982 colocó a buena parte de América Latina frente a un problema simultáneo de deuda soberana, inflación, devaluaciones y fragilidad bancaria. En México, por ejemplo, la crisis llevó a la nacionalización de la banca en 1982, mientras que el sistema financiero había sido debilitado por controles gubernamentales, inflación y una fuerte exposición al sector público.

Una década después, la región volvería a experimentar fuertes episodios de inestabilidad. México sufrió la crisis de 1994-95; a su vez, Argentina y otros países enfrentaron episodios de corridas bancarias y crisis cambiarias, Venezuela registró una crisis bancaria de enormes proporciones y en distintos países se produjeron intervenciones, liquidaciones y recapitalizaciones.

El Banco Mundial documentó que la crisis mexicana de 1994 encontró a un sistema bancario debilitado por una rápida expansión del crédito y una regulación y supervisión insuficientes; los costos fiscales de los programas de apoyo llegaron a estimarse entonces entre 10% y 12% del PIB, aquello obligó a cambiar las reglas del juego.

La respuesta fue una combinación de privatización, liberalización financiera, apertura al capital extranjero, fortalecimiento de los bancos centrales, mayores requerimientos de capital, nuevas reglas de administración de riesgos y sistemas de protección de depósitos. Con el tiempo, la banca dejó de ser uno de los principales amplificadores de las crisis para convertirse, en muchos casos, en un mecanismo para absorberlas; el cambio no fue exclusivamente latinoamericano, pero la región tuvo una característica particular: la modernización financiera coincidió con una profunda internacionalización de la propiedad bancaria.

El desembarco de la banca global

La apertura de aquellos años, en medio de las crisis recurrentes, permitió que los grandes bancos internacionales compraran instituciones locales, particularmente durante las décadas de 1990 y 2000; sin duda, los bancos españoles fueron protagonistas de esa expansión. Por mencionar algunos:

  • Banco Santander construyó una de las mayores plataformas bancarias de América Latina, con posiciones relevantes en México, Chile, Argentina, Brasil y otros mercados.
  • BBVA siguió una estrategia similar y convirtió a México en uno de sus mercados internacionales más importantes.
  • Los bancos canadienses también encontraron en América Latina un mercado estratégico. Scotiabank desarrolló posiciones importantes en México, Chile, Perú y otros países.

El fenómeno fue especialmente intenso en México. La banca que había sido nacionalizada en 1982 y reprivatizada posteriormente terminó dominada por grupos internacionales en algunos de sus segmentos más importantes.

Actualmente, BBVA México, Santander México, Banorte, Banamex, HSBC México y Scotiabank México forman parte del grupo de instituciones más relevantes del mercado. BBVA y Santander son filiales de grupos españoles; HSBC pertenece al grupo británico; Scotiabank es canadiense; mientras Banorte conserva capital mexicano y Banamex se encuentra en proceso de separación del control de Citigroup. S&P Global ubica a BBVA México y Banorte entre los principales bancos de América Latina por activos.

La paradoja mexicana es reveladora: uno de los sistemas bancarios más importantes de América Latina dejó de estar dominado por capital mexicano privado, aunque conserva instituciones nacionales de gran peso.

Brasil: la excepción que confirma la regla

Brasil ofrece un contraste interesante. A diferencia de otros mercados latinoamericanos, el país conserva una poderosa banca doméstica y estatal. Los gigantes del sistema son Itaú Unibanco, Banco do Brasil, Caixa Econômica Federal y Bradesco, acompañados por Santander Brasil, BTG Pactual, Nubank y otros jugadores.

De hecho, los datos de 2025 muestran que Itaú era el mayor banco de América Latina, con activos por unos 562.000 millones de dólares, seguido por Banco do Brasil, Bradesco y Caixa. Santander Brasil ocupaba el quinto lugar regional.

Brasil conserva, además, una combinación prácticamente única en la región: los tres principales bancos estatales —Banco do Brasil, Caixa y BNDES— representaban 30,7% de los activos del sistema al cierre de 2025, mientras Itaú, Bradesco y Santander Brasil concentraban 32,5% de los activos de la banca privada.

Es decir, Brasil no siguió exactamente el camino de México porque su sistema terminó siendo más competitivo entre grandes bancos nacionales, extranjeros y estatales. Esto explica también por qué Brasil pudo desarrollar instituciones financieras de escala internacional como Itaú, Bradesco y BTG Pactual, capaces de competir fuera de sus fronteras.

Argentina: capital global, banca pública y nuevos campeones locales

Argentina representa otro caso singular; el sistema mantiene un fuerte componente estatal encabezado por Banco Nación, que continúa siendo la mayor institución por activos. De acuerdo con el Banco Central de la República Argentina, en mayo de 2026 Banco Nación encabezaba el sistema, seguido por Galicia, Santander, BBVA, Macro y Banco Provincia de Buenos Aires.

Aquí se observa con claridad la coexistencia de los tres modelos: Por un lado, Banco Nación y Banco Provincia representan la tradición de banca pública; por otro, Santander y BBVA representan la internacionalización de la banca; y finalmente, Galicia y Macro muestran el surgimiento de grupos financieros privados de capital argentino con capacidad para disputar el liderazgo.

Argentina es, además, un ejemplo de cómo la propiedad bancaria puede cambiar nuevamente de dirección: después de décadas de internacionalización, algunos activos financieros han comenzado a regresar hacia grupos locales.

Chile: un sistema pequeño, sofisticado y altamente concentrado

Chile constituye quizá uno de los casos más maduros de la región. Sus principales bancos son Banco de Crédito e Inversiones (Bci), Santander Chile, BancoEstado, Banco de Chile e Itaú Chile.

A septiembre de 2025, Bci concentraba 20,5% de los activos del sistema, Santander 16,7%, BancoEstado 14,5%, Banco de Chile 13,6% e Itaú 10,5%; pero, nuevamente aparece la mezcla de capitales. Bci mantiene un claro control local ya que el grupo denominado Empresas Juan Yarur tenía 55,36% de las acciones al 30 de junio de 2026.

Santander Chile pertenece al grupo español Santander, mientras Itaú Chile forma parte del grupo brasileño Itaú Unibanco. Chile, por tanto, muestra que la internacionalización no necesariamente significa desaparición del capital local, en su caso lo que ha cambiado es la composición del ecosistema competitivo.

Colombia: campeones locales frente a los gigantes internacionales

Colombia presenta otra variante muy interesante. Los principales grupos financieros son Bancolombia, Banco de Bogotá/Grupo Aval, Davivienda, BBVA Colombia y Scotiabank Colpatria, entre otros.

Aquí sobreviven importantes grupos de capital colombiano, especialmente Bancolombia y los conglomerados asociados con Grupo Aval, mientras los españoles y canadienses también tienen posiciones relevantes. La fortaleza del sistema se refleja en sus indicadores. El FMI señaló en su evaluación de 2025 que los bancos colombianos mantenían niveles adecuados de liquidez y capitalización, con una razón de suficiencia de capital de 18,6%, activos líquidos equivalentes a 19,7% de los activos totales y provisiones equivalentes a 114% de los créditos deteriorados. Es precisamente esta evolución la que explica el cambio de percepción sobre la banca regional.

El nuevo activo estratégico: el balance bancario

Para los inversionistas institucionales, el cambio más importante quizá no sea quién posee los bancos, sino qué tan diferente es hoy el balance de esas instituciones respecto del que existía hace 30 o 40 años. La banca latinoamericana actual opera con mayores colchones de capital y liquidez, sistemas de gestión de riesgos mucho más sofisticados y supervisores que incorporaron muchas de las lecciones de las crisis anteriores.

México es un ejemplo particularmente claro. El FMI considera que su sistema bancario mantiene elevados niveles de capital y liquidez, baja morosidad y una rentabilidad sólida, mientras las pruebas de estrés muestran capacidad para resistir una desaceleración económica pronunciada.

Pero la misma tendencia puede observarse en otros mercados; el Banco Mundial señaló que la apertura a capital extranjero, la privatización, la desregulación y, sobre todo, la reforma de la regulación y supervisión contribuyeron durante las últimas décadas a que la banca latinoamericana mejorara su salud y resistencia frente a los shocks.

De bancos nacionales a plataformas financieras globales

La gran transformación, entonces, no puede resumirse en la llegada de BBVA, Santander, Scotiabank o HSBC, porque es mucho más profunda. La banca latinoamericana dejó de ser fundamentalmente una industria nacional para convertirse en una pieza de la arquitectura financiera global.

Los bancos internacionales aportaron capital, tecnología, modelos de riesgo y acceso a mercados internacionales, a cambio encontraron en América Latina mercados con elevados márgenes, poblaciones relativamente jóvenes, baja penetración financiera y oportunidades de expansión.

Pero la historia no terminó ahí porque los bancos locales también evolucionaron. Itaú se convirtió en el mayor banco de América Latina por activos; BCI mantuvo el control familiar; Bancolombia construyó una plataforma regional; Grupo Aval consolidó operaciones en Colombia y Centroamérica; Banorte se convirtió en uno de los grandes bancos mexicanos; BTG Pactual creó un gigante regional de banca de inversión, mercados y wealth management; y, por si lago faltara, al mismo tiempo aparecieron nuevos competidores digitales.

Nubank, por ejemplo, ya se encontraba entre los diez mayores bancos brasileños por activos al cierre de 2025 y se convirtió en un actor particularmente relevante en crédito al consumo y tarjetas, la transformación, por tanto, continúa.

La banca que sobrevivió a sus propias crisis

Hay una gran ironía en esta historia del sistema bancario latinoamericano; la banca latinoamericana comenzó este largo proceso como uno de los principales focos de vulnerabilidad macroeconómica. Hoy es uno de los principales mecanismos de transmisión de estabilidad, pero eso no significa que el riesgo haya desaparecido.

La concentración bancaria, la exposición a deuda soberana, los ciclos de tasas de interés, el crédito al consumo, el riesgo cambiario y la creciente competencia de fintechs siguen siendo desafíos relevantes; la diferencia fundamental es que el sistema actual tiene herramientas que prácticamente no existían cuando las crisis bancarias dominaban las economías de la región.

Para los inversionistas internacionales, esto convierte a la banca latinoamericana en algo más que un negocio defensivo, es una apuesta sobre crecimiento económico, inclusión financiera, consumo, digitalización, mercados de capitales y administración de patrimonio, esa probablemente es la verdadera metamorfosis.

Hace medio siglo, el temor era que los bancos latinoamericanos contagiaran sus problemas a las economías; hoy en cambio en buena parte de la región, la expectativa es exactamente la contraria: que bancos con balances más sólidos, capital global y capacidad tecnológica sean parte de la infraestructura que permita a esas economías resistir el siguiente shock.

La banca latinoamericana cambió de dueño, de regulación y de modelo de negocio, pero sobre todo cambió de papel: de ser parte del problema macroeconómico pasó a convertirse en parte de la estabilidad financiera de América Latina.

Inmobiliario europeo: el riesgo asociado a los activos varados impulsa un cambio en la inversión en CAPEX con criterios ESG

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En un mercado inmobiliario europeo dividido, el gasto de capital vinculado a la sostenibilidad se está desplazando cada vez más de la creación de valor a la protección del mismo, en una estrategia defensiva destinada a mantener la ocupación, impulsar el crecimiento de los alquileres y preservar el valor de los activos. Las inmobiliarias se enfrentan a una 3presión cada vez mayor para realizar inversiones vinculadas a la sostenibilidad con el fin de reducir, si no evitar, el riesgo asociado a carteras repletas de activos varados. Estos activos inmovilizados, no tienen por qué ser necesariamente un edificio vacío. Se trata más bien de uno que resulta difícil de vender o alquilar porque ya no cumple las expectativas de los inquilinos, inversores, prestamistas o reguladores debido a su ineficiencia energética, a unas características técnicas obsoletas o a una ubicación poco óptima

A primera vista, este cambio resulta sorprendente, teniendo en cuenta que el sector inmobiliario europeo se está recuperando poco a poco de la crisis de valoración provocada por la subida de los tipos de interés en 2022-23. La actividad transaccional se está recuperando, las condiciones de financiación han mejorado y, en general, los valores de los activos se han estabilizado. Sin embargo, para muchos propietarios, la cuestión principal ya no es si las valoraciones han tocado fondo, sino cuánto capital se necesitará para mantener el atractivo y la competitividad de las carteras existentes.

El sector de las oficinas ofrece el ejemplo más claro. Muchos edificios construidos antes de la entrada en vigor de las normas modernas de sostenibilidad requieren importantes mejoras, justo cuando el teletrabajo sigue lastrando la demanda de espacio de oficinas secundario. El reto es especialmente acuciante en algunas ciudades como Barcelona, Milán, París y Estocolmo, donde alrededor del 80% o más del parque de oficinas corre el riesgo de quedar obsoleto para 2030, según el informe «Rethinking European Offices 2030» de Cushman & Wakefield.

Gráfico. Necesidades de rehabilitación: porcentaje del parque inmobiliario de oficinas en riesgo de quedar obsoleto en las ciudades europeas de aquí a 2030

Una normativa más estricta, las exigencias de los inquilinos y el escrutinio de las entidades crediticias aumentan el riesgo de que algunos activos queden varados

En toda Europa, el endurecimiento de la normativa, la evolución de las preferencias de los inquilinos y el mayor escrutinio por parte de las entidades crediticias están haciendo que aumente la inversión necesaria para que los edificios cumplan con normas medioambientales y sociales más exigentes, incluso aunque la denominada inversión ESG ya no esté de moda.

Los edificios con un bajo rendimiento energético se enfrentan a unos costes operativos crecientes —una vulnerabilidad que han puesto de manifiesto las recientes olas de calor en Europa—, así como a una menor demanda por parte de los inquilinos y a mayores dificultades para la refinanciación. Por ello, en las principales ciudades europeas, la demanda de los ocupantes se concentra cada vez más en edificios de primera categoría y energéticamente eficientes, que siguen despertando una fuerte demanda por parte de los inversores y obteniendo primas de valoración.

Los activos menos eficientes situados en ubicaciones secundarias s3e enfrentan a una menor demanda y se negocian con un «descuento por ineficiencia» cada vez mayor, lo que aumenta el riesgo de que se conviertan en activos varados.

La bifurcación del mercado tiene importantes consecuencias para el crédito

El mercado de dos niveles resultante tiene importantes implicaciones crediticias, ya que influye directamente en el valor de las garantías, las perspectivas de refinanciación y las expectativas de recuperación. La magnitud de la inversión necesaria puede ser considerable, mientras que los beneficios pueden materializarse solo de forma gradual. En los mercados inmobiliarios de oficinas europeos, los programas integrales de rehabilitación y renovación para mejorar la eficiencia energética suelen requerir un gasto de capital equivalente al 5-12 % del valor del inmueble.

En el caso de los activos que sufren una obsolescencia física o funcional más grave, los grandes proyectos de remodelación o reposicionamiento pueden requerir una inversión que se acerque o supere el 70 % de su valor. El resultado puede ser una presión temporal sobre el flujo de caja y el apalancamiento, especialmente cuando el gasto de capital se financia mediante endeudamiento adicional.

La flexibilidad financiera determina cada vez más la calidad crediticia en el sector inmobiliario europeo

En este contexto, la flexibilidad financiera se está convirtiendo en un factor diferenciador para el crédito, lo que explica la creciente polarización del sector inmobiliario europeo. Las empresas inmobiliarias con una sólida liquidez, un apalancamiento moderado y un buen acceso al capital suelen estar mejor posicionadas para financiar las mejoras necesarias sin comprometer la calidad crediticia. Por el contrario, los emisores altamente apalancados con carteras envejecidas se enfrentan a mayores riesgos, especialmente cuando las inversiones necesarias son elevadas en relación con los rendimientos económicos esperados.

A efectos del análisis crediticio, la capacidad y la disposición de las empresas inmobiliarias para realizar inversiones de capital relacionadas con criterios ESG influyen en la calidad crediticia a corto plazo —a través de factores que determinan las calificaciones, como la ocupación, el crecimiento de los alquileres, el valor de los activos, la flexibilidad de refinanciación y las perspectivas de recuperación—, además de abordar cuestiones a más largo plazo relacionadas con la sostenibilidad y los objetivos de emisiones.

Durante la próxima década, el mercado inmobiliario europeo probablemente se caracterizará por una simple división entre los activos que pueden garantizar la inversión vinculada a la sostenibilidad necesaria para preservar el valor y la liquidez, y aquellos que no pueden hacerlo. Para los inversores y los acreedores, esta inversión en capital se está convirtiendo en un factor determinante clave de la resiliencia a largo plazo de la cartera y de la solidez crediticia.

 

Tribuna elaborada por Carlos A. Muñoz, director de Calificaciones Corporativas en Scope Ratings

Las 7 Magníficas ya no son sólo acciones: son el gran dilema de los gestores de activos

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El mundo cambia a velocidades escalofriantes, y los mercados financieros también; hoy día existe una razón por la que cada trimestre los inversionistas esperan los resultados de Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla como si se tratara de un indicador adelantado de los mercados financieros. No, no es solamente porque sean siete de las empresas más valiosas del mundo, sino porque una parte creciente de los portafolios globales está expuesta a ellas, directa o indirectamente, las 7 magníficas son hoy día un auténtico dilema para los gestores de activos, pero hay de dilemas a dilemas, este quizás no es tan negativo, pero tiene sus particularidades.

Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla, las 7 magníficas, no sólo concentran una parte extraordinaria del valor del mercado estadounidense, el verdadero efecto consiste en que debido a que sus resultados, inversiones en inteligencia artificial y expectativas de crecimiento determinan el comportamiento de índices, ETFs y fondos de inversión.

Por lo tanto, para los gestores, el desafío ya no es decidir si tener exposición a las Magníficas, sino cuánto tener, cómo diversificarla y qué hacer si el liderazgo del mercado comienza a ampliarse. Un inversionista puede no haber comprado nunca una acción de Nvidia y, sin embargo, eso no significa que no puede tenerla dentro de un ETF del S&P 500, un fondo de crecimiento estadounidense, una estrategia de renta variable global, un plan de pensiones o un portafolio administrado por un gestor patrimonial.

Es esta la verdadera dimensión financiera del fenómeno. Las llamadas 7 Magníficas se han convertido en uno de los principales mecanismos de transmisión entre la economía de la inteligencia artificial y los mercados de inversión. En este sentido, sus resultados más recientes, ahora que estamos en época de informes financieros, muestran que la historia está entrando en una nueva fase: ya no se trata solamente de cuánto crecen sus ingresos, sino de cuánto dinero están obligadas a invertir para mantener ese crecimiento y quién terminará capturando los beneficios de la revolución de la IA.

Demasiado grandes para ser ignoradas

Según datos de Vanguard, las siete compañías generaron conjuntamente alrededor de 2,2 billones de dólares en ingresos durante 2025, una dimensión que ayuda a explicar por qué dejaron de ser un simple grupo de empresas tecnológicas para convertirse en un factor macroeconómico y de mercado. La concentración también ha modificado la naturaleza de la diversificación, un fondo que replica un índice ponderado por capitalización puede tener cientos de acciones, pero una proporción significativa de su riesgo y de su rendimiento puede terminar dependiendo de un grupo relativamente pequeño de compañías.

Ese fenómeno preocupa incluso a las grandes gestoras; BlackRock, por ejemplo, reconoce que el mercado estadounidense se encuentra en niveles históricamente elevados de concentración y plantea que el desafío para los inversionistas es encontrar exposición al crecimiento de la IA sin quedar excesivamente concentrados en los grandes ganadores actuales.

T. Rowe Price, por su parte, ha abordado directamente el problema de la concentración provocada por las Magníficas y sus implicaciones para la construcción de portafolios; es decir, la pregunta ya no es si las Magníficas son buenas empresas, la pregunta consiste en cuánto riesgo adicional introduce tenerlas todas. Pero, definitvamente las siete son empresas que no pueden pasar desapercibidas bajo ninguna circunstancia, juntas o separadas son demasiado grandes para ser ignoradas, enseguida un breve resumen de porqué decimos lo anterior.

Nvidia: la empresa que convirtió la IA en resultados financieros

Si hubiera que escoger una compañía que representa la transformación del fenómeno bursátil en una realidad financiera, sería Nvidia. El pasado 26 de agosto, la compañía reportó resultados correspondientes a su segundo trimestre fiscal de 2027. Los números son extraordinarios: Ingresos de 96.200 millones de dólares, un crecimiento de 106% anual; Ingresos de Data Center de 89.000 millones, arriba 117%. anual; Utilidad neta GAAP de 59.700 millones, subio 126% año contra año; Margen bruto de 75%. La empresa espera ingresos de aproximadamente 108.000 millones de dólares para el tercer trimestre fiscal.

Pero para los gestores hay un dato todavía más importante, Nvidia no está solamente vendiendo chips, está convirtiéndose en el principal beneficiario financiero del enorme ciclo de inversión en infraestructura de inteligencia artificial. La compañía señaló que la construcción de infraestructura de IA continúa acelerándose y anticipó un crecimiento de ingresos de aproximadamente 70% para el ejercicio fiscal 2028, aunque señaló que su perspectiva está limitada por la oferta disponible. Eso cambia la conversación en los fondos; Nvidia ya no es únicamente una apuesta tecnológica, es una apuesta sobre el gasto de capital de toda la industria tecnológica.

Microsoft: la otra cara del boom

Microsoft representa el segundo gran componente de la ecuación: la monetización empresarial de la IA. En su ejercicio fiscal 2026, la compañía registró los siguientes números: 331.800 millones de dólares de ingresos, subió 18% anual.; 155.200 millones de dólares de utilidad operativa, arriba 21%; 133.700 millones de dólares de utilidad neta, un incrmeento de 31%. Azure y otros servicios cloud crecieron 43% durante el cuarto trimestre, segun datos de la compañía. Por su parte, Microsoft Cloud alcanzó 214.400 millones de dólares de ingresos en el ejercicio.

El dato especialmente importante para un gestor de activos es que Microsoft terminó el ejercicio con 678.000 millones de dólares en obligaciones comerciales de desempeño pendientes, una señal de la enorme visibilidad que tiene sobre ingresos futuros. Pero hay otro factor; la compañía está invirtiendo enormes cantidades en infraestructura de IA, y sus márgenes están comenzando a sentir el cambio en la mezcla de negocio, por tanto para el inversionista aparece una pregunta fundamental: ¿Cuánto de la inversión actual en IA terminará convirtiéndose en crecimiento rentable y cuánto terminará presionando el flujo de efectivo?

Amazon y Alphabet: cuando la IA empieza a consumir efectivo

La misma pregunta aparece con mayor claridad en Alphabet y Amazon. Alphabet elevó su previsión de inversión de capital para 2026 a entre 195.000 y 205.000 millones de dólares, desde un rango previo de 180.000 a 190.000 millones. La compañía explicó que el aumento responde a la necesidad de acelerar la capacidad para atender la demanda; pero, también advirtió que la inversión en infraestructura técnica elevará la depreciación y los costos de operación de los centros de datos y mantendrá bajo presión el flujo de efectivo.

Eso tiene una consecuencia directa para los gestores, hasta ahora la narrativa podía resumirse así: más inversión en IA = más crecimiento. Ahora comienza a ser así: más inversión en IA = más crecimiento, pero también mayor intensidad de capital y presión sobre el flujo de efectivo. Amazon muestra el mismo fenómeno. En el segundo trimestre de 2026, sus ventas crecieron 20%, hasta 200.600 millones de dólares, mientras AWS avanzó 37%, hasta 42.200 millones. Su utilidad operativa aumentó 43%, hasta 27.500 millones de dólares.

Pero su flujo de efectivo libre de los últimos 12 meses pasó a un flujo negativo de 7.600 millones de dólares, debido principalmente a un incremento de 66.100 millones en compras de propiedades y equipo, impulsadas fundamentalmente por las inversiones en inteligencia artificial. Para un gestor de fondos, esta es una distinción fundamental. El crecimiento de ingresos puede seguir siendo extraordinario mientras el flujo de efectivo se deteriora temporalmente por el capex.; la pregunta es cuándo ese gasto comenzará a generar retornos suficientes.

Meta muestra el costo de la carrera

Meta ofrece otro ejemplo; en el segundo trimestre, sus ingresos crecieron 28%, hasta 60.800 millones de dólares, pero sus costos y gastos aumentaron 55%. El resultado fue una caída de 14% en la utilidad neta, hasta 15.800 millones de dólares. La empresa gastó 31.100 millones de dólares en capex durante el trimestre, mientras que su flujo de efectivo libre fue de apenas 784 millones.

Para los administradores de fondos, esto introduce una nueva variable, el mercado ya no puede analizar las Magníficas únicamente con múltiplos de utilidad hay que observar factores adicionales como: capex; depreciación; flujo de efectivo libre; retorno sobre capital invertido; crecimiento de ingresos; márgenes; gasto energético; demanda de centros de datos; y, cada vez más, la capacidad de monetizar los modelos de IA.

Apple y Tesla rompen la uniformidad del grupo

Hay señales que muestran que las Magníficas ya no se comportan como un bloque homogéneo; Apple reportó en su tercer trimestre fiscal de 2026 ingresos récord de 109.400 millones de dólares, 16% más que un año antes, con crecimiento de doble dígito en iPhone, Mac y Services. Tesla, en cambio, presentó un perfil mucho más complejo. En el segundo trimestre obtuvo ingresos de 28.200 millones de dólares, 26% más que un año antes, pero su utilidad operativa cayó 57%, hasta 398 millones, mientras que su margen operativo bajó a 1,4%. Su capex aumentó 142%, hasta 5.800 millones de dólares, y registró flujo de efectivo libre negativo de 1.100 millones.

Eso revela algo importante: las siete compañías no son ya una sola apuesta porque Apple representa ecosistema, dispositivos y servicios; Microsoft y Amazon, nube y empresas; Alphabet, publicidad, búsqueda y nube; Meta, publicidad y plataformas sociales; Nvidia, infraestructura de IA y Tesla, vehículos, energía, autonomía y robótica. Por eso Vanguard advierte que el concepto de Magnificent Seven puede ocultar diferencias importantes entre sus modelos de negocio.

La disyuntiva para los fondos: tenerlas o no tenerlas

La lluvia de cifras y conceptos que definen los modelos de negocio, genera ya un verdadero dilema para los gestores de activos. Un administrador activo que reduzca drásticamente su exposición a las Magníficas puede quedar rezagado frente a su benchmark si Nvidia, Microsoft o las demás vuelven a liderar. Pero un gestor que mantenga una exposición elevada puede sufrir una pérdida relativa importante si el mercado comienza a rotar hacia compañías de menor capitalización, sectores tradicionales o mercados fuera de Estados Unidos; la concentración se ha convertido en un problema de gestión de riesgo, no solamente de selección de acciones.

BlackRock plantea precisamente que el mercado estadounidense está históricamente concentrado, pero que las perspectivas de crecimiento de utilidades están comenzando a ampliarse más allá de las Magníficas. La firma señala que el resto del S&P 500 podría cerrar la brecha de crecimiento de EPS frente a las siete grandes durante 2026. Así, en los mercados ya se preguntan si llegó el momento de que los gestores de activos busquen a los “Magníficos 8, 9, 10…”?, ya que el dinero puede estar migrando de los ganadores hacia sus proveedores, BlackRock ya está señalando esta ampliación del universo de inversión.

En su perspectiva para el tercer trimestre de 2026, la gestora señala que los inversionistas están buscando oportunidades en las capas de infraestructura, energía e industria que sostienen la expansión de la IA, más allá de los beneficiarios de primer orden, lo que puede convertirse en una transformación importante para la gestión activa. Porque si la primera etapa del boom consistió en comprar a los grandes ganadores tecnológicos, la segunda puede consistir en identificar a los proveedores que capturarán el siguiente dólar de inversión y esto ya está modificando la construcción de portafolios

El impacto llega directamente a ETFs y fondos indexados; un ETF del S&P 500 ponderado por capitalización aumenta automáticamente su exposición a las compañías cuyo valor bursátil crece más, eso significa que una apreciación extraordinaria de Nvidia no solamente beneficia a sus accionistas directos sin que también aumenta su peso dentro de numerosos productos indexados. Por eso la concentración puede convertirse en una especie de círculo: la acción sube → aumenta su capitalización → aumenta su peso en el índice → los fondos que replican el índice deben mantener una mayor exposición → el capital sigue concentrándose. No significa necesariamente que exista un mecanismo automático que haga subir nuevamente la acción, pero sí que la capitalización bursátil determina cómo se distribuye el capital pasivo; este fenómeno ha llegado a tal nivel que Nvidia representa alrededor de 8% del S&P 500, según datos citados recientemente por MarketWatch.

Para los administradores de activos, eso convierte la diversificación en un concepto más complejo; un fondo puede tener 500 nombres y aun así estar altamente expuesto a las mismas narrativas: IA, nube, semiconductores, publicidad digital y megacapitalización estadounidense.

La gran pregunta para 2027: ¿cuánto vale realmente la IA?

Hoy día, el problema no es que las Magníficas estén obteniendo malos resultados, todo lo contrario, sus resultados siguen siendo extraordinarios: Nvidia acaba de duplicar ingresos, Microsoft crece a doble dígito, Amazon acelera AWS, Alphabet eleva su inversión en infraestructura, Meta aumenta fuertemente sus ingresos, Apple registra ingresos récord y Tesla apuesta cantidades crecientes de capital a IA, autonomía y robótica. Pero, las expectativas son ahora tan grandes que el mercado necesita que esas inversiones produzcan retornos cada vez mayores.

BlackRock lo resumió en su perspectiva de 2026 al advertir que el gasto de capital asociado con la IA ha alcanzado una escala suficientemente grande como para tener implicaciones macroeconómicas, mientras los ingresos derivados de esas inversiones llegarán con cierto rezago. Por eso, para los gestores de fondos y administradores de activos, las Magníficas representan simultáneamente una oportunidad y un riesgo de concentración.

La oportunidad es participar en uno de los mayores ciclos de inversión tecnológica de la historia, mientras que el riesgo consiste en que buena parte del mercado ya está participando en él y la siguiente fase de la gestión de activos podría no consistir en decidir si las Magníficas continuarán ganando, podría consistir en descubrir qué empresas ganarán cuando el dinero que hoy llega a las Magníficas empiece a derramarse hacia el resto de la economía.

BBVA GWA elige SS&C Black Diamond Wealth Solutions para impulsar su próxima fase de crecimiento

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BBVA Global Wealth Advisors (BBVA GWA), un asesor de inversiones registrado que gestiona aproximadamente 1.700 millones de dólares en activos de clientes, anunció recientemente la elección de SS&C Black Diamond Wealth Solutions como su plataforma principal para respaldar su próxima fase de crecimiento y mejorar aún más la experiencia del cliente, según informaron a través de un comunicado.

Con sede en Miami, BBVA GWA atiende a una base de clientes global, centrándose en particulares no estadounidenses que invierten en Estados UnidosLa firma ofrece soluciones de gestión y asesoramiento de inversiones en un mercado financiero dinámico y altamente regulado. El enfoque de la firma se centra en un proceso de inversión personalizado que guía a los clientes a través de cada etapa del ciclo de inversión, desde el establecimiento de objetivos y el diseño de estrategias, hasta la implementación y el seguimiento continuo de la cartera.

La elección de Black Diamond respalda las iniciativas de expansión en curso de BBVA GWA tras la desinversión en banca minorista de su empresa matriz en EE.UU. La firma planea incorporar aproximadamente 10 asesores para finales de año.

Black Diamond proporciona un conjunto integrado de capacidades, que incluye informes de rendimiento de la cartera, un portal para clientes, rebalanceo y negociación, CRM y gestión de documentos. BBVA GWA utiliza Black Diamond para unificar los flujos de trabajo y ofrecer una experiencia de cliente más conectada y de trato cercano.

«Todo lo que hacemos comienza por comprender a nuestros clientes: sus objetivos, sus ambiciones y el camino que desean tomar», afirmó Humberto García, CEO de BBVA GWA. «A medida que seguimos creciendo, necesitamos tecnología que respalde ese nivel de personalización y, al mismo tiempo, nos permita escalar de manera eficiente. Black Diamond nos brinda la flexibilidad para ofrecer una experiencia más a medida y no una estandarizada», concluyó en la nota de prensa.

Steve Leivent, vicepresidente senior y codirector general de SS&C Wealth & Investment Technologies señaló: «Los clientes de hoy esperan una experiencia fluida que refleje tanto la sofisticación de los mercados globales como la naturaleza personal de sus objetivos financieros».»Nuestra plataforma integrada permite a firmas como BBVA GWA ofrecer rápidamente soluciones más cuidadas y adaptadas a las necesidades únicas de cada cliente, manteniendo al mismo tiempo altos estándares de transparencia y servicio» terminó por añadir.

Sebastián Rodríguez asume como nuevo gerente de Riesgos de Visión Capital Chile

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Foto cedidaSebastián Rodríguez, gerente de Riesgos de Visión Capital Chile

Vision Capital anunció el nombramiento de Sebastián Rodríguez Robertson como nuevo gerente de Riesgos. En este cargo, será responsable de liderar la estrategia de evaluación, control y seguimiento de los riesgos asociados a las operaciones de factoring y financiamiento de la empresa, con foco en resguardar la calidad de la cartera y respaldar un crecimiento responsablesegún señalaron en un comunicado.

Rodríguez cuenta con más de 15 años de trayectoria en áreas comerciales, financieras y de desarrollo de negocios. Su experiencia incluye la estructuración de productos financieros, gestión de carteras, creación de alianzas con la banca y conducción de equipos orientados a la rentabilidad. También ha liderado iniciativas de transformación digital y automatización de procesos comerciales y de riesgo.

Antes de incorporarse a Vision Capital se desempeñó como gerente comercial de Fingo. 

Entre sus principales responsabilidades en el área, estará robustecer las políticas y modelos de riesgo, optimizar los procesos de evaluación de clientes y monitorear la calidad de la cartera. También impulsará herramientas tecnológicas que permitan agilizar las decisiones, mejorar la trazabilidad y anticipar posibles contingencias, detallaron.

Con su incorporación, Vision Capital busca fortalecer una gestión de riesgos capaz de acompañar el crecimiento de la compañía y responder a las necesidades de financiamiento de las empresas. Su conocimiento del negocio permitirá equilibrar agilidad comercial, control financiero y sostenibilidad en cada operación.

Alberto D’Avenia vuelve a BNP Paribas AM para liderar la distribución en las Américas

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LinkedInAlberto D’Avenia, Head of Americas Distribution en BNP Paribas Asset Management

Después de más de una década trabajando en distintas firmas entre Italia y Miami, el ejecutivo Alberto D’Avenia volvió a BNP Paribas Asset Management. El profesional informó de su nombramiento a través de la red profesional LinkedIn, luego de tomar el cargo de Head of Americas Distribution en la gestora.

En sus nuevas funciones, estará a cargo del desarrollo del negocio de distribución en US Offshore y América Latina, tanto para institucional como wealth, de la gestora.

Eso sí, según detallan fuentes conocedoras del asunto, D’Avenia abarca las estrategias de activos líquidos de BNP Paribas AM. Para los alternativos, el ejecutivo a cargo es Álvaro Correas, encargado de Business Development e Investor Relations para Iberia y América Latina de CAPZA. Esta firma es el brazo dedicado a estrategias de private equity y deuda privada de BNP.

Antes de volver al grupo, D’Avenia se desempeñó por tres años y medio como Head para US Offshore de Voya Investment Management y, anteriormente, pasó una década en Allianz Global Investors, donde alcanzó el cargo de Head of US Non Resident Business and LatAm Retail.

Un tramo importante de la carrera del profesional, de 13 años pasando por distintas posiciones, fue precisamente en BNP Paribas AM. Llegó como Senior Client Relationship Manager, en el año 2000, y avanzó su carrera en la firma hasta convertirse en Head of External Distribution Sales para Italia y los países mediterráneos, entre 2011 y 2013.

Adicionalmente, trabajó en Epta Fund SGR, Deutsche Bank Italia, Azimut y Prime Consult SIM.

Cabe destacar que el equipo de distribución de la gestora en la región al que llegó ahora D’Avenia cuenta con participación de John Barletta y Rafael Tovar. Barletta es Head of Sales de BNP Paribas AM y Tovar es Head of US Offshore & LatAm Wholesale Distribution de AXA Investment Managers.

AXA IM se incorporó a BNP Paribas AM en julio del año pasado. Dentro de la estructura del grupo, la firma forma parte de la división de Investment & Protection Services, que se especializa en inversiones, ahorro, protección y servicios de bienes raíces.

Además del acuerdo que tiene AXA con AMCS –grupo basado en Miami dedicado a la distribución de estrategias de terceros en los mercados de América Latina y US Offshore–, BNP Paribas Asset Management tiene presencia local y oficinas en Brasil y México. Además, cuentan con un ejecutivo que apoya la venta de productos de la firma en la región: Pedro Pablo Montero, basado en Chile.