Materias primas, la historia de mercado implícita en el fenómeno el “El Niño”
| Por Beatriz Zúñiga | 0 Comentarios

Tras España, un nuevo nombre propio acapara cierta atención en los mercados es El Niño. Según los expertos, este fenómeno meteorológico, que se encuentra en una fase de fortalecimiento e intensificación activa en el Océano Pacífico ecuatorial, puede complicar la evolución de la inflación, las cadenas de suministro y las expectativas de los mercados de las materias primas, en particular, las agrícolas.
Para los expertos de Lombard Odier, la volatilidad climática se está convirtiendo en un fenómeno global. “Fenómenos recurrentes como el ciclo de El Niño están mostrando una intensidad y una evolución temporal inusuales, lo que amplifica la frecuencia y la gravedad de los episodios meteorológicos extremos en múltiples regiones, con posibles repercusiones macroeconómicas”, defienden en su último informe.
Desde luego se trata de un riesgo que, tras los titulares geopolíticos, comienza a ganar relevancia. “El fenómeno de El Niño constituye actualmente el escenario central hasta comienzos de 2027 y, aunque su impacto directo sobre las economías desarrolladas sea limitado, sus efectos sobre la oferta de alimentos, la producción hidroeléctrica y las economías más dependientes de la agricultura representan un auténtico riesgo desde el lado de la oferta, que podría mantener la inflación general elevada durante más tiempo y complicar el proceso de desinflación sobre el que actualmente se apoyan los mercados de renta variable”, sostiene Terry Ewing, responsable de renta variable de MIFL.
Para entender el impacto que tiene este fenómeno en las materias primas basta los datos como ejemplo: en 2023-2024, el cacao se disparó un 250%, el azúcar alcanzó su precio más alto en más de una década y los exportadores de arroz cerraron sus fronteras. El Índice Oceánico del Niño, que representa la media móvil de tres meses de las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico centro-oriental, apunta hacia lo que los meteorólogos describen como un fenómeno fuerte o muy fuerte. “Sumado a las interrupciones en el estrecho de Ormuz, que han frenado el flujo de fertilizantes procedentes de Oriente Medio precisamente en el momento en que los agricultores necesitan asegurarse los insumos, este suceso se produce en un momento de inusual fragilidad para la producción alimentaria mundial”, señala Aneeka Gupta, Director Macroeconomic Research en WisdomTree.

Materias primas y regiones
Ahora bien, una de las primeras consideraciones que los expertos hacen es que no todas las materias primas se van a ver afectadas de igual manera, si no que depende de la región geográfica de la que hablemos. Según explica Gupta, el sur y el sudeste de Asia son las regiones más expuestas. “Las lluvias monzónicas más escasas y las temperaturas superiores a lo normal son los rasgos clásicos de El Niño en esta región, lo que tiene repercusiones directas en el cultivo del arroz, el azúcar y el café. La producción de arroz en la India y Tailandia ha disminuido drásticamente en episodios anteriores muy intensos, y existe un riesgo real de que las tensiones en el suministro vuelvan a provocar restricciones a la exportación, lo que tensaría aún más los equilibrios mundiales”, apunta.
Además, añade que el impacto en África Occidental se centrará en la cosecha de cacao, cuya producción podrá disminuir considerablemente, mientras que en Australia se prevé que una fuerte caída de la superficie dedicada al cultivo de trigo, con una posible disminución de la producción de aproximadamente 9 millones de toneladas en la campaña 2026/27. “No todas las regiones se enfrentan a esta situación. Argentina es uno de los pocos países que se benefician estructuralmente de El Niño, ya que las precipitaciones superiores a la media suelen favorecer la producción de soja, maíz y trigo. En algunas zonas del sur de Estados Unidos también suelen mejorar las condiciones de cultivo. Se trata de contrapesos reales, pero es poco probable que puedan compensar por completo lo que Asia y África puedan dejar de aportar”, subraya la experta.
La conclusión histórica
Partiendo de una visión histórica, como resume Darwei Kung, codirector del área de Materias Primas de DWS, los repuntes de precios en los productos agrícolas suelen ser más breves que los registrados en los metales o la energía. “Sin embargo, cuando la oferta disponible para el mercado es reducida, incluso pequeñas perturbaciones en las cosechas pueden provocar rápidos movimientos de precios. A ello se suma una tendencia estructural de largo plazo: el aumento de la demanda de biocombustibles, impulsado por los gobiernos para reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Esperamos seguir viendo presiones alcistas sobre los precios de los alimentos durante los próximos meses y años”, explica Kung.
Según su análisis, estos efectos suelen manifestarse con retraso y varían según el cultivo y la región, pero pueden tener consecuencias relevantes para la política monetaria. “Los precios de los alimentos influyen de forma significativa en las expectativas de inflación, más allá del peso que realmente representan dentro de la cesta de consumo”, concluye.

En definitiva, Kung defiende que El Niño no es únicamente una historia relacionada con el clima, ni siquiera exclusivamente con los alimentos: “Para los inversores, es también una historia de volatilidad. El elevado coste de los fertilizantes, la incertidumbre en los mercados energéticos y la fragilidad de las cadenas de suministro alimentarias hacen que los mercados agrícolas sean hoy más vulnerables”.










