El potencial económico de América Latina
| Por Irene Rodriguez | 0 Comentarios

América Latina y el Caribe (LAC) están experimentando una renovada importancia económica, impulsada por fuertes exportaciones de materias primas, creciente demanda de minerales críticos y cambios en la dinámica global de comercio e inversión. Desde México y el Caribe hasta Argentina y Chile, la región se beneficia de vastos recursos naturales y una creciente relevancia geopolítica, posicionándola para un crecimiento sostenido pese a la incertidumbre global.
Como riqueza de recursos y oportunidad económica
La fortaleza económica de la región está firmemente arraigada en su abundancia de recursos naturales. En 2025, las exportaciones de bienes aumentaron un estimado 6,4%, impulsadas por mayores volúmenes de metales como oro, cobre y plata, junto a exportaciones agrícolas resilientes. América Latina representa más de la mitad de la producción mundial de plata, alrededor del 40% de cobre y aproximadamente un tercio de la producción de litio. Esta base de recursos proporciona una sólida fuente de ingresos por exportaciones y sigue atrayendo inversiones, especialmente a medida que se acelera la demanda de energía limpia y electrificación.
El “Triángulo del Litio” de Argentina, Chile y Bolivia posee más del 60% de las reservas mundiales de litio, siendo central para las baterías de vehículos eléctricos y tecnologías de almacenamiento energético. Argentina ha expandido rápidamente su producción de litio, mientras que Chile sigue siendo líder mundial tanto en litio como en cobre. Estos desarrollos posicionan a América Latina como proveedor crítico en la transición energética y atraen importantes inversiones de potencias globales, incluyendo China y Estados Unidos.
La producción de petróleo y gas también está repuntando. Los desarrollos offshore y de esquisto en Guyana, Brasil y Argentina han impulsado un rápido crecimiento de la producción. La producción de petróleo de Guyana ha aumentado notablemente desde 2020, Surinam se prepara para entrar al mercado y Brasil ha alcanzado niveles récord de producción a través de proyectos en aguas profundas (gráfico 1 página 9). Argentina también está fortaleciendo su posición como exportador de energía; por ejemplo, su acuerdo de gas natural licuado (GNL) con Alemania destaca la creciente importancia de América Latina como socio energético global.
Geopolítica, realineamiento y diversificación
Los cambios geopolíticos están impulsando aún más las perspectivas de la región. El aumento de tensiones entre Estados Unidos y China, junto con los esfuerzos por diversificar las cadenas de suministro, han impulsado el nearshoring hacia las Américas. México se ha convertido en uno de los principales beneficiarios, siendo el mayor proveedor de bienes a Estados Unidos y atrayendo inversiones extranjeras directas récord en manufactura.
Al mismo tiempo, China ha ampliado su presencia en los sectores de recursos de América Latina, especialmente en litio. Estados Unidos y Europa también están fortaleciendo lazos con la región para asegurar el acceso a minerales críticos y energía, reforzando su importancia estratégica en la economía global.
La agricultura sigue siendo un pilar central de fortaleza económica e influencia global. Como la mayor región exportadora neta de alimentos del mundo, América Latina desempeña un papel vital en la seguridad alimentaria global. Brasil y Argentina producen grandes volúmenes de soja, maíz y carne de res, mientras que Centroamérica domina las exportaciones de café y bananas. El sector agroalimentario es una importante fuente de empleo y actividad económica, apoyando ingresos rurales y desarrollo inclusivo.
Más allá de las materias primas, la región se está diversificando gradualmente. Manufactura, servicios financieros, energía renovable y turismo están ganando impulso. México sigue fortaleciendo su base manufacturera mediante el nearshoring, mientras que países como Costa Rica han desarrollado industrias de alto valor como dispositivos médicos. Las finanzas digitales se expanden rápidamente, mejorando la inclusión financiera y atrayendo inversiones. La energía renovable juega un papel importante, con una alta proporción de electricidad generada a partir de fuentes limpias. El turismo, especialmente en el Caribe y Centroamérica, ha repuntado con fuerza, restaurando el empleo y generando divisas.
Desafíos estructurales
A pesar de estas fortalezas, persisten importantes desafíos estructurales. El crecimiento sigue dependiendo en gran medida de un conjunto limitado de materias primas, dejando a las economías expuestas a la volatilidad de precios y shocks externos. Fuera de México, la integración en cadenas globales de valor sigue siendo limitada, contribuyendo a baja productividad y estancamiento de ingresos.
La integración regional es débil, con el comercio intra-regional representando una proporción relativamente pequeña de las exportaciones. Esta fragmentación limita las economías de escala y reduce la influencia global de la región. Los altos niveles de delincuencia e inseguridad imponen costes económicos, desincentivan la inversión y provocan la emigración de mano de obra calificada.
Las debilidades institucionales, incluida la corrupción y la inestabilidad política, socavan la confianza empresarial. Las brechas de infraestructura, especialmente en transporte y conectividad digital, aumentan los costes y restringen la competitividad. Las carencias en educación y habilidades pesan sobre la productividad, mientras que los riesgos climáticos, como sequías y huracanes, constituyen amenazas recurrentes. Las poblaciones envejecidas también ejercen presión sobre los sistemas sociales. Además, el acceso limitado al capital y la incertidumbre regulatoria pueden disuadir la inversión, especialmente en sectores críticos.
Conclusión: un cólico caso de inversión
América Latina está bien posicionada para el crecimiento a largo plazo, respaldada por su riqueza de recursos, resiliencia económica y relevancia estratégica. Para aprovechar plenamente este potencial, la región debe fortalcer la diversificación, profundizar la integración regional, mejorar las instituciones e invertir en infraestructura y capital humano. Si bien persisten desafíos, la adaptabilidad y el compromiso con el progreso de la región ofrecen un sólido caso de inversión.
Tribuna de Michael Vander Elst, director de Mercados Emergentes de DPAM.












