Afore Banamex moverá una pieza relevante en su estructura de inversiones. La administradora anunció la incorporación de Sergio Molina Gutiérrez como nuevo director de Inversiones (Chief Investment Officer); se trata de un ejecutivo con más de dos décadas de experiencia en inversión y administración de activos, cuya trayectoria reciente estuvo vinculada durante 17 años con Afore SURA.
Molina asumirá formalmente el cargo a partir del 1 de noviembre, con la responsabilidad de encabezar la gestión integral de las estrategias de inversión y la administración de los portafolios de Afore Banamex, además del monitoreo de riesgos y desempeño de las inversiones.
El movimiento supone la llegada a Banamex de un perfil particularmente ligado a la asignación estratégica de activos, renta variable y construcción de portafolios, áreas que han formado parte central de su trayectoria profesional y que ahora estarán bajo su conducción en una de las principales administradoras de ahorro para el retiro del país.
Durante su paso por Afore SURA, Molina ocupó distintas posiciones de liderazgo hasta desempeñarse como Head of Asset Allocation & Equities. Desde esa posición trabajó en estrategias de renta variable local y global, asignación estratégica de activos e inversiones alternativas.
Su experiencia también incluye la gestión de estrategias globales de renta variable y el diseño e implementación de procesos de inversión sistemáticos para mercados internacionales. En el terreno de los activos alternativos participó en el desarrollo de capacidades relacionadas con FIBRAs y capital privado, además de haber dirigido equipos multidisciplinarios vinculados con renta variable, materias primas, regulación, gestión de proyectos y estrategia para comités de inversión.
Una posición con mayor alcance
En Afore Banamex, Molina no solamente tendrá bajo su responsabilidad la administración de los portafolios. También deberá encabezar al equipo de inversiones, impulsar el desarrollo de talento y fortalecer las capacidades de investigación, construcción de portafolios y generación de ideas de inversión.
La administradora señala además que el nuevo director de Inversiones tendrá participación en el monitoreo de riesgos y del desempeño de las inversiones mediante un enfoque sustentado en análisis cuantitativos y una visión integral de mercado. También representará a la institución ante clientes, organismos de la industria y otros grupos vinculados con la gestión de activos.
Para Marcelo Santos, director general de Afore Banamex, la incorporación de Molina forma parte del fortalecimiento de las capacidades de inversión de la administradora y de su estrategia para generar valor de largo plazo para sus clientes.
El ejecutivo llega además con presencia dentro del ecosistema financiero mexicano. Actualmente se desempeña como consejero suplente independiente de ASIGNA, la cámara de compensación del Mercado Mexicano de Derivados, y participa como conferencista en foros especializados sobre inversiones, mercados financieros y perspectivas económicas en México y el extranjero.
De SURA a Banamex
El movimiento también pone nuevamente en el radar la movilidad del talento especializado dentro de la industria de las Afores. Molina pasó 17 años en Afore SURA, donde desarrolló buena parte de su carrera en áreas directamente relacionadas con la administración de inversiones, antes de incorporarse a Banamex.
Su formación combina una ingeniería industrial por la Universidad Iberoamericana con una maestría en Investment Management por City St George’s, University of London, además de programas ejecutivos en liderazgo, gobierno corporativo, sostenibilidad y mercados financieros.
Con el nombramiento, Afore Banamex busca reforzar la gestión de los recursos destinados al retiro y profundizar sus capacidades de inversión, investigación y construcción de portafolios, en una posición que tendrá incidencia directa sobre la estrategia con la que la administradora gestiona los recursos de sus clientes.
Foto cedidaOnur Erzan, presidente y consejero delegado de AllianceBernstein
AllianceBernstein Holding L.P. y AllianceBernstein L.P. han anunciado que Onur Erzan, presidente, ha sido nombrado presidente y consejero delegado de AB, con efectos a partir del 1 de abril de 2027. Según indica la firma, sustituirá a Seth Bernstein, que se retirará el 31 de marzo de 2027, tras casi una década al frente de la firma. Bernstein continuará formando parte del Consejo de Administración de AB.
“Onur es un líder excepcional, con una amplia experiencia en gestión de activos y seguros. Desde su incorporación a AB, ha contribuido a definir la estrategia de la firma, ampliar sus capacidades y posicionar el negocio para mantener su crecimiento. Al mismo tiempo, esta transición supone una oportunidad para reconocer las extraordinarias contribuciones de Seth durante la última década. Ha liderado AB durante un periodo de crecimiento significativo y ha contribuido a reforzar la alianza entre Equitable y AB en un momento decisivo para nuestra compañía. Agradezco a Seth su liderazgo y me complace que continúe formando parte del Consejo de Administración de AB”, ha destacado Mark Pearson, consejero delegado de Equitable Holdings y miembro del Consejo de Administración de AB.
Durante su mandato como CEO, Bernstein ha supervisado un periodo de profunda transformación en AB. Bajo su liderazgo, la firma ha seguido evolucionando más allá de sus raíces tradicionales en la gestión activa de activos de mercados cotizados hasta convertirse en una gestora de inversiones global, diversificada y de referencia, con negocios a escala en mercados públicos, activos alternativos privados, gestión patrimonial privada, gestión de activos para aseguradoras y soluciones para la jubilación. Además, Bernstein ha impulsado mejoras estructurales en la rentabilidad de la firma mediante el traslado de la sede de AB a Nashville, la creación y desarrollo de AB India y la transformación de Bernstein Research en una empresa conjunta con Société Générale. Bernstein también ha promovido iniciativas para reforzar la cultura de la firma, ampliar su plataforma global de distribución y abrir nuevas vías de crecimiento rentable, con los activos bajo gestión de AB prácticamente duplicándose hasta superar los 919.000 millones de dólares a 31 de agosto de 2026.
“Ha sido el privilegio de mi vida liderar esta extraordinaria firma”, afirmó Bernstein. “Durante la última década, hemos ampliado nuestro alcance, reforzado nuestra distribución y desarrollado motores de crecimiento duraderos que nos permiten prestar un mejor servicio a nuestros clientes en todo el mundo. Me complace enormemente que Onur tome las riendas y lidere AB en esta nueva etapa, ya que ha desempeñado un papel clave en nuestra estrategia y ha liderado gran parte de su ejecución. Encarna muchos de los valores que, en mi opinión, distinguen el éxito de AB: anteponer los intereses de nuestros clientes, aplicar un proceso intelectual riguroso a las decisiones que tomamos y exigir la excelencia en todo lo que hacemos. Tengo plena confianza en el liderazgo de Onur y en las oportunidades que se presentan para esta firma”.
Onur asumió el cargo de presidente en enero de 2026 y supervisa los negocios de Gestión Patrimonial Privada, Alternativos Privados Globales y Distribución Global de Gestión de Activos de AB, además de las funciones de Estrategia y Desarrollo Corporativo de la firma. Forma parte del Comité de Dirección de Equitable Holdings desde 2021 y, tras el cierre de la fusión previamente anunciada entre Equitable Holdings y Corebridge Financial, se incorporará al equipo directivo de la compañía, encabezado por el consejero delegado Marc Costantini.
“Es un honor liderar AB en un momento tan decisivo de nuestra historia. Durante casi seis décadas, AB se ha distinguido por la excelencia en la inversión, el rigor intelectual y una cultura colaborativa incansablemente centrada en los clientes. En un contexto en el que el sector de la gestión de activos y patrimonios atraviesa una rápida transformación —con clientes que buscan relaciones más estrechas, capacidades más amplias y soluciones más integradas—, AB se encuentra en una posición única para ofrecer el conocimiento, las capacidades y la colaboración que necesitan para lograr resultados diferenciados. Espero con ilusión escribir el próximo capítulo de la historia de AB junto a nuestros talentosos y comprometidos compañeros de todo el mundo”, afirmó Erzan.
Desde su incorporación a AB en 2021, Erzan ha contribuido a definir y ejecutar la estrategia global de distribución de gestión de activos de la firma, además de desempeñar un papel clave en la expansión de AB hacia nuevas áreas de negocio, entre ellas el lanzamiento de su oferta de ETF de gestión activa, la creación de una división integrada de gestión de activos para aseguradoras y la ampliación de las soluciones de crédito privado y, de forma más amplia, de generación de ingresos para la jubilación de AB. Como responsable de Bernstein Private Wealth Management, Erzan ha reforzado significativamente las capacidades de la firma dirigidas a clientes con patrimonios ultraelevados, familias globales y family offices mediante soluciones a medida. Asimismo, ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento de las alianzas externas de Bernstein con entidades bancarias y custodios internacionales, al tiempo que ha ampliado el alcance de su negocio de gestión patrimonial y sus capacidades de atención al cliente.
Antes de incorporarse a AB, Erzan trabajó durante 20 años en McKinsey & Company, donde ocupó más recientemente el cargo de socio sénior y colideró la práctica de Wealth & Asset Management. En ese puesto, asesoró a destacadas gestoras de activos, firmas de gestión patrimonial, aseguradoras e instituciones financieras especializadas en jubilación a nivel global en operaciones de M&A, procesos de transformación e iniciativas de crecimiento y creación de valor a largo plazo. Además de sus responsabilidades profesionales, mantiene un firme compromiso con la comunidad y ha formado parte de los consejos de administración de Graham Windham y Turkish Philanthropy Funds. Es licenciado en Administración de Empresas por la Middle East Technical University de Ankara, Turquía, y cuenta con un MBA por Columbia Business School.
Hay pocas decisiones económicas capaces de alterar simultáneamente en todo el mundo el precio del dinero, el valor de las monedas, el costo del crédito, el comportamiento de las bolsas, el mercado de bonos y los flujos internacionales de capital. Una de ellas es una decisión de la Reserva Federal. La Fed volvió a demostrarlo el pasado 16 de septiembre, cuando elevó en 25 puntos base su tasa de referencia para llevarla a un rango de 3,75% a 4%, en una decisión unánime del Comité Federal de Mercado Abierto. El argumento fue conocido: la inflación continúa elevada y la economía estadounidense mantiene un ritmo de actividad suficientemente sólido como para justificar una política monetaria más restrictiva.
Sin embargo, esta vez hay algo diferente. No se trata solamente de una subida aislada, los mercados están comenzando a descontar que el movimiento puede continuar y varias son las señales; por ejemplo, la Reserva Federal de San Francisco señaló a principios de septiembre que los mercados financieros esperaban que la tasa llegara a aproximadamente 4,25% hacia mediados de 2027, lo que equivaldría a dos o tres incrementos adicionales de 25 puntos base desde los niveles actuales.
La propia Fed es algo más cautelosa: su proyección de septiembre sitúa la mediana de la tasa en 4,1% tanto al cierre de 2026 como de 2027, aunque la distribución entre los funcionarios muestra una dispersión considerable. La diferencia entre ambas visiones es importante, pero todavía lo es más la historia porque esta no es la primera vez que la Fed emprende un camino de endurecimiento monetario.
En los últimos 30 años pueden identificarse al menos cinco grandes episodios que permiten observar qué sucede cuando el banco central estadounidense decide que el dinero debe dejar de ser tan barato.
1994-1995. El susto de Greenspan.
1999-2000. La Fed enfría la fiesta tecnológica.
2004-2006. La mesura de Greenspan.
2015-2018. La normalización después del dinero casi gratis.
2022-2023. La guerra contra la inflación.
Cinco episodios, cinco circunstancias económicas distintas y cinco respuestas diferentes de los mercados. Pero con un elemento común: cuando la Fed mueve las tasas de manera sostenida, prácticamente ningún mercado importante permanece indiferente.
1994: cuando la Fed sorprendió al mundo, y México se desplomó
El primero de los grandes episodios del periodo comenzó en 1994. La economía estadounidense estaba creciendo y la Reserva Federal decidió adelantarse a posibles presiones inflacionarias. El resultado fue uno de los procesos de endurecimiento más agresivos de la era moderna hasta ese momento. La tasa de fondos federales pasó de alrededor de 3% a comienzos de 1994 a 6% en febrero de 1995. Entre las decisiones más recordadas estuvo el incremento de 75 puntos base de noviembre de 1994; el problema fue que los mercados no estaban preparados para la velocidad del ajuste. Como consecuencia los rendimientos de los bonos estadounidenses aumentaron con fuerza y se produjo una importante corrección en los mercados de renta fija. La repercusión tampoco quedó confinada a Estados Unidos ya que México se encontraba particularmente expuesto.
El aumento del coste del dinero en Estados Unidos contribuyó a endurecer las condiciones financieras para los mercados emergentes justo cuando México enfrentaba sus propias vulnerabilidades: endeudamiento, desequilibrios externos y un tipo de cambio que terminaría siendo insostenible. En diciembre de 1994 estalló la crisis del peso. La Reserva Federal de Dallas ha señalado que el endurecimiento estadounidense propinó el golpe final a una economía mexicana que ya presentaba vulnerabilidades internas. Entre noviembre de 1994 y marzo de 1995, el tipo de cambio real del peso se desplomó más de 40%, mientras las tasas de los Cetes a tres meses habían subido de alrededor de 10% en febrero de 1994 a 14% en noviembre. El episodio dejó una primera lección.
La Fed no necesita provocar directamente una crisis para convertirse en parte de ella. Basta con que cambie el precio del dinero en Estados Unidos para que países altamente endeudados, monedas vulnerables y mercados dependientes del financiamiento externo comiencen a sentir la presión.
1999-2000: balde de agua fría a la fiesta tecnológica
Cinco años después, el escenario era completamente distinto; la economía estadounidense disfrutaba de la expansión asociada a la revolución tecnológica, internet había transformado las expectativas empresariales y los mercados accionarios habían entrado en una auténtica fiebre. Entonces, la Fed volvió a subir las tasas y el tipo de los fondos federales pasó de 4,75% a mediados de 1999 a 6,5% en mayo de 2000, después de varios incrementos consecutivos. El Nasdaq alcanzó su máximo histórico de aquella etapa el 10 de marzo de 2000.
En ese momento, las mayores compañías del Nasdaq estaban dominadas por empresas tecnológicas; seis de las 20 mayores compañías ni siquiera habían registrado utilidades en el último trimestre de 1999, de acuerdo con un análisis de la Reserva Federal de San Francisco realizado posteriormente. La Fed no creó la burbuja tecnológica ni fue la única causa de su posterior estallido. Las valoraciones extremas, las expectativas sobre las nuevas tecnologías y la enorme entrada de capital desempeñaron papeles fundamentales, pero el aumento del costo del dinero cambió las condiciones financieras.
Entonces apareció nuevamente una característica recurrente de los ciclos de la Fed: cuando suben las tasas, cambia el precio que los inversionistas están dispuestos a pagar por el crecimiento futuro, las empresas tecnológicas fueron particularmente sensibles a ese cambio. El epílogo de este ajuste de tasas por parte de la Fed provovó que el Nasdaq entrara en un largo proceso de corrección, y que la economía estadounidense posteriormente cayera en recesión.
2004-2006: la mesura que no evitó la tormenta
El siguiente ciclo resulta especialmente interesante porque la Fed intentó hacer algo diferente; después de llevar la tasa de referencia hasta apenas 1% en 2003 y mantenerla allí durante un periodo prolongado, el banco central comenzó en junio de 2004 un proceso de incrementos graduales. Fueron 17 aumentos consecutivos de 25 puntos base, que llevaron la tasa desde 1% hasta 5,25% en junio de 2006.
El propio lenguaje de la Fed hablaba de una política de ajustes “mesurados”, pero la economía ya había acumulado desequilibrios importantes, especialmente en el mercado inmobiliario y el crédito hipotecario. En junio de 2006, cuando la Fed llevó la tasa a 5,25%, reconocía que el crecimiento estaba moderándose y que el mercado de la vivienda comenzaba a enfriarse. Al mismo tiempo advertía que persistían riesgos inflacionarios. Un año después comenzaron los recortes y poco después llegó la crisis financiera.
La relación entre las alzas de 2004-2006 y la crisis de 2008 debe manejarse con cuidado: el endurecimiento monetario no explica por sí solo la crisis porque el mercado hipotecario por sí mismo, el apalancamiento, la titulización, la gestión de riesgos y otros factores fueron determinantes. Pero el ciclo sí dejó una enseñanza fundamental: los efectos de una subida de tasas no necesariamente aparecen cuando la Fed aprieta el botón, pueden tardar meses o incluso años en manifestarse.
2015-2018: el fin de la era del dinero casi gratis
La siguiente experiencia fue todavía más peculiar. Después de la crisis financiera de 2008, la Fed llevó las tasas prácticamente a cero y las mantuvo allí durante años; no fue sino hasta diciembre de 2015 cuando comenzó la siguiente etapa de normalización. La primera subida fue de 25 puntos base, llevando el rango a 0,25%-0,50%. Después vinieron aumentos graduales en 2016, 2017 y 2018; en diciembre de 2018 la tasa ya se encontraba en 2,25%-2.50%, a todas luces se trataba de una política completamente distinta de la de 1994.
La Fed no estaba tratando de frenar una economía recalentada ni una burbuja tecnológica, estaba intentando regresar gradualmente a una política monetaria más normal después de casi una década de extraordinaria relajación. Pero el mercado terminó recordando nuevamente quién tenía las llaves del dinero. Hacia finales de 2018 aumentaron las preocupaciones por el crecimiento mundial, las tensiones comerciales y las condiciones financieras. La Fed terminó señalando que sería paciente respecto de nuevos ajustes, en consecuencia la tasa no llegó ni remotamente a los niveles de 2000 o 2006 y aun así, el mercado reaccionó. Porque después de años de tasas cercanas a cero, 25 puntos base podían tener una importancia muy distinta para los inversionistas.
2022-2023: la Fed vuelve a sacar la artillería
Si los cuatro ciclos anteriores habían demostrado el poder de la Fed, el episodio que comenzó en 2022 recordó algo todavía más elemental: cuando la inflación se convierte en el problema principal, la Reserva Federal puede subir las tasas con una velocidad extraordinaria. En marzo de 2022 el rango objetivo estaba en 0,25%-0,50%, pero en diciembre de ese mismo año ya había llegado a 4.25%-4.50%. Fueron siete aumentos en nueve meses, incluidos cuatro incrementos consecutivos de 75 puntos base entre junio y noviembre. La tasa continuó subiendo durante 2023 hasta alcanzar 5,25%-5.50% y la consecuencia fue un endurecimiento financiero global. El dólar se fortaleció frente a numerosas monedas emergentes, aumentaron las tasas soberanas, se encareció el financiamiento y los inversionistas comenzaron a buscar nuevamente el refugio relativo de los activos estadounidenses.
El Fondo Monetario Internacional había advertido que una aceleración del endurecimiento de la Fed podía provocar salidas de capital y depreciación cambiaria en mercados emergentes. En julio de 2022, el organismo señalaba que el fortalecimiento del dólar estaba incrementando las presiones inflacionarias en otros países y que los flujos de capital ya estaban saliendo de mercados emergentes. Otra vez, la Fed había movido una tasa estadounidense y otra vez, el efecto había cruzado las fronteras. Hoy vuelve a empezar una historia ya vista en cuando menos las tres décadas recientes, las de la era de la globalización de los capitales, esa es la particularidad de este inicio de ciclo, llegamos así a 2026.
La Fed acaba de elevar nuevamente su tasa de referencia, esta vez hasta 3,75%-4%, pero el contexto es diferente al de 2022; hace cuatro años la economía estadounidense estaba saliendo de la pandemia y la inflación había alcanzado niveles no vistos en décadas. Ahora la economía continúa creciendo, la productividad se ha fortalecido, la inversión empresarial es robusta, pero la inflación permanece por encima del objetivo de 2%. La Fed proyecta para 2026 una inflación PCE de 3,7%, antes de que descienda gradualmente hacia 2% en 2029. El mercado, además, comienza a contemplar nuevas alzas.
La Reserva Federal de San Francisco estimaba a principios de septiembre que los mercados estaban descontando una tasa cercana a 4,25% a mediados de 2027, equivalente a dos o tres movimientos adicionales de 25 puntos base. Eso no significa que necesariamente vaya a ocurrir, pero la propia Fed proyecta una mediana de 4,1% para finales de 2027 y sus funcionarios presentan una amplia dispersión de escenarios. Para los mercados la discusión ya comenzó.
La Fed cambia una tasa; los mercados cambian de régimen
Aquí está quizá la principal enseñanza que dejan estos 30 años. No existe una fórmula que diga que cada subida de la Fed provoca una caída de las bolsas, una crisis o una recesión, la historia no funciona así. En algunos episodios las acciones siguieron subiendo durante buena parte del ciclo. En otros, los bonos fueron los primeros en sufrir. En otros, fueron las monedas emergentes. En otros, determinados segmentos especulativos del mercado. Pero lo que sí se repite es otra cosa.
La subida de tasas cambia el precio relativo del dinero y, con él, cambia las reglas de valoración de prácticamente todos los activos. Las tasas afectan el costo del crédito y el crédito afecta el consumo y la inversión; las tasas también modifican el atractivo relativo de los bonos frente a las acciones. Y la diferencia entre las tasas estadounidenses y las del resto del mundo influye en los flujos de capital, el dólar y las monedas emergentes.
La Reserva Federal de Chicago resume precisamente ese mecanismo: los cambios en la tasa de fondos federales se transmiten a otras tasas de interés, al valor internacional del dólar y a otros precios de activos que influyen en las decisiones de consumo e inversión. Por eso la Fed puede tomar una decisión en Washington y provocar movimientos en Ciudad de México, São Paulo, Londres, Tokio o Buenos Aires.
Cinco ciclos, cinco mercados diferentes
Hay otra conclusión que conviene no perder de vista. Los cinco episodios no produjeron exactamente el mismo resultado porque el mundo que encontró la Fed tampoco era el mismo. Por ejemplo, en 1994 el gran riesgo para los mercados emergentes era la dependencia del financiamiento externo; en 2000 era la exuberancia tecnológica; en 2006 era el apalancamiento inmobiliario y financiero; en 2018 era la salida de una década de dinero extraordinariamente barato; en 2022 era una inflación global que había obligado a los bancos centrales a abandonar las políticas de emergencia de la pandemia.
Ahora el escenario incorpora nuevos ingredientes: enormes déficits fiscales, necesidades extraordinarias de financiamiento, inversión masiva en inteligencia artificial, cambios geopolíticos, energía, aranceles y una economía estadounidense que mantiene una combinación poco habitual de crecimiento y presiones inflacionarias. Eso significa que el sexto episodio tampoco tiene por qué parecerse a ninguno de los cinco anteriores, pero la mecánica fundamental permanece. Cuando el banco central que emite la principal moneda de reserva del mundo modifica el precio del dinero, el resto del planeta tiene que reaccionar. Puede hacerlo con acciones, con bonos, monedas, crédito, commodities, flujos de capital o, eventualmente, con decisiones de política monetaria propias.
La certeza
Treinta años ofrecen suficiente perspectiva para distinguir entre una coincidencia y un patrón: no todos los ciclos de alzas de la Fed terminaron en crisis; no todos provocaron mercados bajistas; no todos golpearon de la misma manera a los mercados emergentes. Pero todos obligaron a los mercados a recalcular el precio del dinero y el valor de los activos, eso es quizá lo verdaderamente importante del nuevo ciclo.
La discusión no debería ser solamente si la Fed subirá otros 25 o 50 puntos base; la pregunta relevante es qué ocurre cuando los inversionistas, después de años de acostumbrarse a determinadas condiciones financieras, descubren que el régimen de tasas está cambiando nuevamente. La historia de los últimos 30 años ofrece cinco respuestas diferentes y ninguna permite pensar que una Fed que sube tasas sea un acontecimiento menor. Porque, al final, hay pocas certezas en los mercados y una de ellas es que cuando la Fed cambia de rumbo, los mercados escuchan. Por lo tanto, es altamente probable que durante los próximos meses volverán a hacerlo, no por nada los operadores tienen muy claro un dicho que repiten cada vez que surgen episodios como los actuales: La Fed es la Fed.
Foto cedidaJavier Estremera Muñiz, Managing Director de Insigneo
La firma de wealth management Insigneo está contratando en la región, engrosando su operación con dos contrataciones en Puerto Rico que apuntan a afirmar la posición de la compañía en el territorio estadounidense en el Caribe. Esto incluye la llegada de un nuevo Managing Director, Javier Estremera Muñiz, quien trae dos décadas de experiencia en la industria de servicios financieros consigo.
Según destacó la firma a través de un comunicado, el profesional ha desarrollado una carrera enfocada en la asesoría de individuos y familias, con un acompañamiento personalizado y relaciones de largo plazo. Esta trayectoria ha visto a Estremera asesorar a sus clientes en la preservación patrimonial, planificación previsional, financiamiento de educación y estrategias de legado, entre otros.
El ejecutivo realizó el grueso de su carrera en Merrill Lynch Wealth Management, según consigna su perfil de LinkedIn, donde se desempeñó como Senior Financial Advisor y First Vice President de la firma estadounidense.
“Estoy entusiasmado por unirme a Insigneo y convertirme en parte de una plataforma que comparte mi compromiso con el servicio personalizado y las relaciones de largo plazo con clientes”, comentó Estremera en la nota de prensa. “Espero seguir ayudando a individuos y familias a seguir sus metas financieras, apalancando los recursos y capacidades disponibles a lo largo de la red de Insigneo”, acotó.
La incorporación de Estremera viene acompañada de la incorporación de Yomaris Negron, su Client Service Associate. Esto refuerza aún más el equipo de la firma de gestión patrimonial en Puerto Rico. En este país, agregaron, tienen puesto el foco en seguir invirtiendo y atraer profesionales de las inversiones con experiencia.
“Puerto Rico sigue siendo un mercado importante para Insigneo y la incorporación de Javier trae al equipo una experiencia valiosa y una fuerte perspectiva de priorizar a los clientes”, recalcó Alfredo J. Maldonado, Managing Director & Market Head para la región noreste de la firma, celebrando la llegada de Estremera.
Los activos financieros globales alcanzaron la cifra récord de 268,4 billones de euros en 2025, lo que supone un crecimiento del 8,6% respecto al año anterior, a pesar de un entorno geopolítico y económico complejo, según la 17ª edición del Global Wealth Report de Allianz, que analiza los activos y las deudas de los hogares en cerca de 60 países.
La creación de riqueza avanzó en “piloto automático”, impulsada por los mercados de renta variable -responsables de 4 de cada 5 euros de riqueza adicional-, mientras que el ahorro neto cayó un 5,4% hasta los 4,1 billones de euros. Sin embargo, el impacto de la inflación matiza este récord: aunque los activos financieros nominales han crecido casi un 50% desde 2019, el crecimiento real es de solo un 23%, dejando el poder adquisitivo apenas un 5% por encima de sus niveles de 2021.
“La riqueza global alcanzó otro récord en 2025, pero eso es solo la mitad de la historia. Desde 2019, los activos financieros nominales han crecido un 50%, pero en términos reales, descontando la inflación, solo han crecido un 23%. La situación es peor en Europa Occidental, donde los activos financieros en términos reales han subido un 0,5% respecto a 2019. Es un 21% en Norteamérica y un 70% en China”, señala Ludovic Subran, economista jefe y director de inversiones de Allianz.
La composición de las carteras marca la diferencia
La evolución de 2025 vuelve a poner de manifiesto la creciente importancia de cómo distribuyen los hogares sus ahorros: a escala mundial, los valores aumentaron un 12,4%, más del doble que los depósitos (5,7%) o los seguros y pensiones (5,0%), elevando su peso dentro de los activos financieros globales hasta un máximo histórico del 46,9%. Los hogares norteamericanos, con un 60,7% de sus carteras invertidas en valores, se beneficiaron especialmente del comportamiento de los mercados. En concreto, la región generó el 51,4% del incremento mundial de los activos financieros.
La diferencia adquiere especial relevancia a largo plazo: durante la última década, las revalorizaciones de los activos han representado el 71% del crecimiento de los activos financieros en Norteamérica, frente al 36% en Europa Occidental, reflejando el impacto de invertir el ahorro frente a mantenerlo en cuentas con bajos intereses.
La IA, próxima fuente de riqueza y de nuevos riesgos
Allianz Research estima que los activos financieros globales podrían crecer alrededor de un 9% en 2026. A medio plazo, sin embargo, el escenario se vuelve más complejo ante un menor crecimiento económico, una inflación persistente, la fragmentación de la economía mundial y los elevados niveles de deuda pública. En este contexto, la inteligencia artificial puede convertirse en un factor determinante para la próxima etapa de creación de riqueza. “Las mejoras de productividad y rentabilidad asociadas a esta tecnología podrían sostener los rendimientos de los activos, aunque la creciente dependencia de mercados impulsados por las expectativas sobre la IA introduce también nuevas vulnerabilidades”, indica el informe.
La firma destaca que con el S&P 500 acumulando una subida cercana al 95% desde finales de 2022, una parte significativa del reciente aumento de la riqueza descansa sobre valoraciones elevadas y expectativas relacionadas con la inteligencia artificial. Según los cálculos de Allianz Research, una corrección del 25% del S&P 500 podría reducir en alrededor de 27 billones de dólares la riqueza de los hogares estadounidenses durante el año del impacto, equivalente a casi el 14% de su patrimonio neto total. Esta caída afectaría a la confianza y al consumo y empujaría a la economía estadounidense a la recesión.
El desarrollo de la IA plantea, además, una cuestión distributiva sobre quién participa de la riqueza generada por esta transformación. “La IA podría convertirse en el próximo gran motor de riqueza, pero la pregunta clave es quién tendrá participación en ella. A medida que la IA potencialmente desplace más la creación de valor hacia el capital, una mayor participación en los retornos de capital y políticas que ayuden a los trabajadores a adaptarse serán clave para que el dividendo de riqueza de la IA se reparta más ampliamente”, afirma Katharina Utermöhl, directora de Investigación Temática y de Políticas en Allianz Research.
Foto cedidaLyman Daniels, presidente de CBRE México, Colombia y Costa Rica
CBRE anunció el lanzamiento de Atlas, su primera plataforma digital para la comercialización de activos inmobiliarios en venta y renta con alcance internacional entre Iberia y Latinoamérica. La herramienta reúne en un mismo entorno la oferta disponible en México, España, Portugal y Brasil, permitiendo acceder a activos de oficinas, industrial y logística, y retail desde una única interfaz.
Según describieron en un comunicado, el lanzamiento de esta herramienta representa un paso estratégico en la evolución digital de la compañía y fortalece su capacidad para conectar oportunidades inmobiliarias entre Iberia y Latinoamérica. La plataforma apunta a clientes con intereses regionales y responde a la creciente demanda de soluciones integradas para la búsqueda de activos en distintos mercados. Con esta herramienta, inversionistas, empresas y propietarios podrán explorar oportunidades en múltiples geografías de manera más ágil, eficiente y transparente, señalaron.
Hasta la fecha, la oferta de CBRE en estos mercados se distribuía a través de plataformas locales con experiencias de navegación diferenciadas. Atlas transforma este modelo, permitiendo a los usuarios buscar y comparar activos en varios países sin cambiar de entorno, mientras que los propietarios obtienen visibilidad simultánea para sus inmuebles en los cuatro mercados.
«Atlas refleja el compromiso de CBRE con la innovación y la transformación digital de la industria inmobiliaria. Hemos desarrollado una plataforma que simplifica la forma en que nuestros clientes buscan, analizan y acceden a oportunidades inmobiliarias, integrando información de diferentes mercados en una experiencia intuitiva, eficiente y alineada con los estándares internacionales. Además de fortalecer nuestra capacidad tecnológica, Atlas facilita la conexión entre oportunidades de negocio en Iberia y Latinoamérica, ofreciendo a nuestros clientes una visión más amplia del mercado y una experiencia verdaderamente integrada”, explicó Lyman Daniels, presidente de CBRE México, en la nota de prensa.
Con esto, Atlas se suma a los esfuerzos de CBRE por fortalecer la conexión entre los mercados de Iberia y Latinoamérica, poniendo a disposición de clientes e inversionistas una herramienta que amplía la visibilidad de oportunidades inmobiliarias y facilita la toma de decisiones en un entorno cada vez más globalizado.Con este lanzamiento, CBRE reafirma su compromiso con la innovación, la transformación digital y el desarrollo de soluciones que generen mayor valor para clientes, inversionistas y propietarios.
Después de un primer semestre donde los fondos de pensiones chilenos se inclinaron fuertemente por las estrategias de renta variable latinoamericana, la tendencia se ha revertido. Recientemente, se ha visto una rotación en el portafolio global que administran las AFPs, alejándose de los fondos de acciones de la región –particularmente Brasil– y acercándose a los grandes mercados asiáticos, en los últimos meses. Esto es lo que refleja el último informe de posicionamiento de AFPs publicado por HMC Capital.
“Latinoamérica pasó por primera vez en 2026 a terreno negativo en el acumulado del año, luego de haber sido durante el primer semestre la única región que se mantenía positiva”, destacó Nicolás Fonseca, Head de Distribución de Líquidos de la firma. “Hasta julio Latam había sido la única región que se mantenía positiva en el acumulado, y a comienzos de año llegó a encadenar seis meses consecutivos de entradas”, agregó, complementando el reporte.
En agosto, las siete AFPs que operan en el país andino sumaron desinversiones netas por 280 millones de dólares en activos latinoamericanos, anotando su tercer mes consecutivos.
Sumado a las salidas netas de junio y julio, de 328 millones y 280 millones de dólares, respectivamente, el acumulado en lo que va de 2026 retrocedió a una venta neta de 171 millones de dólares. Así, los fondos de pensiones marcaron su primer acumulado negativo en la clase de activos.
Las mayores ventas se llevaron a cabo en estrategias de bolsa brasileña, que totalizaron los 184 millones de dólares en agosto. Le siguieron ventas por 68 millones de dólares netos en la categoría genérica LatAm y de 27 millones de dólares en México.
“Conviene precisar que se trata de un movimiento de flujo y no de valorización”, señaló Fonseca, ya que la apreciación de mercado de la región fue de apenas 72 millones de dólares negativos en agosto. Con esto, el AUM regional retrocedió de 8.016 millones hasta 7.664 millones de dólares, respondiendo principalmente a ventas netas.
“Tres meses consecutivos de salidas apuntan a una reducción deliberada de la exposición regional más que a un ajuste puntual, aunque con la información disponible no es posible atribuirla a una causa específica”, acotó el ejecutivo.
Acercándose a Asia
En la otra cara de la moneda, mientras que los fondos de pensiones chilenos están desinvirtiendo en la renta variable latinoamericana, se observa un movimiento en la dirección contraria con las estrategias accionarias de otras latitudes. Las cifras agregadas por HMC muestran que agosto fue el segundo mes consecutivo de entradas netas en la clase de activos, algo que no se había dado durante 2026.
El liderazgo en los flujos lo tiene, sin duda, Asia. Aunque el acumulado del año sigue negativo para la región, agosto vio la entrada de 679 millones de dólares de capital institucional a las bolsas de la región.
Dentro de esta categoría, también se ha visto algo de rebaraje de posiciones. En el octavo mes del año, las gestoras apostaron 580 millones de dólares por la bolsa de Corea del Sur y de 308 millones de dólares en la de Taiwán. Ambos países, cabe destacar, se consideran entre los más expuestos al boom de la IA, gracias a su exposición a empresas de semiconductores.
Por el contrario, se vieron salidas parciales, de 114 millones de dólares en renta variable de India y 43 millones de dólares en acciones chinas.
Con estas cifras, la región redujo su desinversión acumulada del año a 2.020 millones de dólares.
Asia fue el dato más vistoso del mes, pero la renta variable internacional en general captó flujos positivos por 312 millones de dólares, sumándose a las posiciones positivas por 338 millones de dólares que se registraron en julio. En el acumulado de 2026, eso sí, el neto sigue siendo negativo, sumando desinversiones por 5.750 millones en la clase de activos.
Las mayores compras ventas del período se concentran en Europa, con 2.370 millones de dólares en lo que va del año, profundizado por una venta neta de 40 millones en agosto. En Estados Unidos, por su parte, las ventas netas acumulan 1.200 millones de dólares desde el cierre de 2025, con una enajenación de 31 millones de dólares el mes pasado.
Foto cedidaDe izquierda a derecha: Vahit Alili, cogestor de carteras de Global Direct IV & Rainer Ender, director global de private equity de Schroders Capital
Schroders Capital, la división de mercados privados de Schroders, con un volumen de activos de 113.700 millones de dólares, ha aunciado el cierre definitivo de su fondo insignia de coinversión, el Schroders Capital Private Equity Global Direct IV (“Global Direct IV”), con un volumen de 1.300 millones de dólares. Según explica, se trata del mayor fondo de private equity cerrado y gestionado de forma colectiva de Schroders Capital hasta la fecha y se suma al crecimiento continuo de su plataforma de private equity, que ha captado más de 5.000 millones de dólares de capital este año.
El fondo, domiciliado en Luxemburgo, ha captado capital a nivel mundial. Entre los principales países en cuanto a captación de fondos figuran España, Alemania, Suiza, el Reino Unido, Bélgica, Israel y Estados Unidos. Según indican, Global Direct IV es un fondo de coinversión especializado en compañías de pequeña y mediana capitalización (con un valor empresarial que suele ser inferior a 1.000 millones de dólares), y que invierte principalmente en Europa y Estados Unidos, complementado con una asignación selectiva a inversiones de crecimiento en Asia. Ofrece a los inversores acceso a una cartera diversificada en cinco sectores clave: salud, tecnología, servicios empresariales, consumo e industria.
Su estrategia se centra en empresas con sólidos fundamentales y un potencial de crecimiento transformador, invirtiendo junto a gestores especializados (General Partner o GP, por sus siglas en inglés) en los casos en que la creación de valor pueda impulsarse mediante el crecimiento orgánico, estrategias de «buy-and-build», la expansión internacional y la profesionalización de la gestión. Desde su lanzamiento en 2024, Global Direct IV ha suscitado un gran interés entre una amplia gama de inversores institucionales y family offices que buscan aprovechar las ventajas de una estrategia global diversificada centrada en inversiones de private equity en pequeñas y medianas empresas.
“Haber captado 1.300 millones de dólares supone un hito importante tanto para Global Direct IV como para nuestra plataforma de private equity en general, lo que demuestra la confianza que los clientes depositan en nuestra estrategia y en nuestra capacidad de ejecución. 2026 marca nuestro tercer año consecutivo de captación récord, con más de 5.000 millones de dólares recaudados en toda la plataforma este año, lo que refleja tanto la solidez de nuestras relaciones con los patrocinadores como nuestra capacidad para identificar, llevar a cabo y gestionar de forma constante oportunidades con un importante potencial de crecimiento transformador. En un momento en el que la volatilidad y la incertidumbre son factores clave para los inversores, nuestro enfoque de largo plazo y nuestra experiencia contrastada en el segmento de pequeña y mediana capitalización nos han permitido ofrecer muy buenos resultados a nuestros inversores”, ha comentado Rainer Ender, director global de Private Equity de Schroders Capital.
Con más de 260 coinversiones cerradas y un historial de rentabilidad de 3,3 veces el MOIC (múltiplo sobre el capital invertido, por sus siglas en inglés) en 86 inversiones parcial o totalmente liquidadas, la estrategia de coinversión de Schroders Capital ha demostrado su solidez en períodos de incertidumbre. Los últimos movimientos en la cartera lo han puesto de manifiesto, ya que se espera que las tres salidas de coinversiones anunciadas más recientemente generen una rentabilidad combinada de 6,0 veces el MOIC y más de 1.200 millones de dólares en ingresos. Entre ellas se incluyen AerFin, el especialista británico en el mercado posventa de la aviación, que está siendo adquirido por un comprador estratégico tras una importante expansión internacional y un crecimiento operativo; Saber Power Services, un proveedor de servicios de infraestructura energética de misión crítica, cuya adquisición por parte de un inversor financiero ya se ha anunciado; y Pharmacy2U, la plataforma digital líder en el sector sanitario del Reino Unido, que obtuvo un resultado satisfactorio gracias al apoyo de Schroders Capital, tanto a través de la coinversión como de financiación preferente.
Por su parte, Vahit Alili, cogestor de carteras de Global Direct IV, ha añadido: “Nos complace haber alcanzado el cierre definitivo de Global Direct IV. Como coinversor líder a nivel mundial en el segmento de pequeña y mediana capitalización, creemos que este segmento sigue ofreciendo un amplio y atractivo conjunto de oportunidades. Global Direct IV se basa en nuestra probada plataforma de coinversión, centrada en la suscripción conjunta de inversiones con gestores generales especializados. El enfoque estratégico de invertir en crecimiento transformador, combinado con un enfoque diversificado a nivel mundial, ha sido fundamental para nuestro éxito; los recientes ingresos generados son prueba de ello. Dado que seguimos observando una fuerte demanda por parte de los inversores de un acceso diferenciado al private equity, esperamos aprovechar este impulso”.
Con 29.700 millones de dólares en activos bajo gestión, la plataforma de private equity de Schroders Capital cuenta con una trayectoria de más de 25 años invirtiendo a lo largo de todo el ciclo de vida —desde compromisos en fondos primarios hasta coinversiones directas e inversiones de continuación—, con un enfoque estratégico en adquisiciones de pequeñas y medianas empresas, empresas en fase de crecimiento y venture capital global.
El rasgo definitorio del entorno de inversión actual ya no es simplemente la existencia de tipos de interés más altos, sino la creciente dispersión entre países, sectores e emisores. Aunque el crecimiento global se ha mostrado resiliente a pesar de los elevados tipos, la incertidumbre inflacionista y las tensiones geopolíticas, los motores subyacentes del crecimiento están cada vez menos sincronizados. La capacidad fiscal difiere drásticamente entre países, la adopción de la inteligencia artificial está creando claros ganadores y perdedores, y las políticas comerciales están reconfigurando las cadenas de suministro y los flujos de capital. El resultado es un mundo en el que los resultados económicos y de mercado se diferencian cada vez más, generando tanto oportunidades como riesgos para los inversores activos.
La política monetaria refleja de forma creciente esta dispersión. La era de las actuaciones coordinadas entre bancos centrales parece haber quedado atrás, ya que los responsables de las políticas responden a distintas presiones inflacionistas, trayectorias de crecimiento, condiciones del mercado laboral y realidades fiscales. Algunas economías siguen enfrentándose a una inflación persistente y a una demanda sólida, mientras que otras afrontan un desaceleración del crecimiento y mayor presión para aplicar recortes. La divergencia entre bancos centrales se está convirtiendo en un rasgo estructural de los mercados, más que en una anomalía cíclica.
Estas mismas fuerzas son aún más evidentes dentro de los mercados de crédito. Los fundamentales corporativos se mantienen en general saludables, pero la brecha entre ganadores y perdedores continúa ampliándose. La inversión vinculada a la IA en tecnología, suministros públicos (utilities), infraestructura energética y centros de datos está generando sustanciales necesidades de capital y emisión de deuda, mientras que la disrupción tecnológica desafía modelos de negocio consolidados en numerosos sectores. Con los diferenciales de crédito en niveles históricamente estrechos, la dispersión importa más que nunca. Consideramos que la oportunidad reside menos en capturar una mayor compresión de diferenciales y más en identificar a los futuros ganadores evitando a los perdedores del mañana.
Los mayores rendimientos de partida siguen siendo una de las oportunidades más atractivas para los inversores en renta fija. Tras más de una década de tipos excepcionalmente bajos, los inversores pueden volver a obtener atractivos niveles de ingresos sin necesidad de descender excesivamente en el espectro de calidad crediticia. Los rendimientos reales también se encuentran cerca de la parte alta del rango posterior a la crisis financiera global, lo que hace que las valoraciones resulten atractivas no solo desde la perspectiva de la rentabilidad total, sino también sobre una base real. El retorno de entradas significativas de flujos hacia la renta fija refleja esta realidad, a medida que los inversores reconocen que los ingresos y el carry, más que la compresión de diferenciales, impulsarán la mayor parte de las rentabilidades futuras.
La demanda de renta fija de alta calidad se ha mantenido excepcionalmente fuerte. Los compradores en busca de cupón continúan atraídos por el activo gracias a sus rentabilidades atractivas, mientras que muchos inversores mantienen infraponderaciones históricas en renta fija tras años de tipos bajos y fuerte comportamiento de la renta variable. Al mismo tiempo, la magnitud de las ganancias bursátiles en los últimos años ha generado un impulso natural de reequilibrio de carteras hacia los bonos. Estos flujos han ayudado a respaldar el crédito de alta calidad y los mercados securitizados, incluso en un contexto de elevadas emisiones.
Quizás el factor más relevante sea que los índices de referencia ponderados por capitalización de deuda continúan concentrándose en los segmentos más endeudados del mercado. Los gobiernos con mayores déficits emiten más deuda y, por tanto, ostentan un mayor peso en el índice. De igual modo, los sectores con mayores necesidades de financiación pasan a ocupar proporciones más elevadas en los índices corporativos, independientemente de su valoración, apalancamiento o fundamentales. En el índice U.S. Aggregate, la exposición a deuda pública estadounidense (Treasuries) se ha más que duplicado en las últimas dos décadas, al tiempo que la duración ha aumentado significativamente, dejando a los inversores pasivos con una concentración y una sensibilidad a los tipos de interés mayores de lo que perciben. A nuestro juicio, esto genera una desconexión creciente entre la composición de los índices y las oportunidades de inversión reales.
Esto implica también que algunas de las oportunidades más atractivas puedan encontrarse fuera de los índices de referencia tradicionales. El universo elegible de renta fija más allá del U.S. Aggregate es más amplio y diverso que el propio índice, abarcando crédito securitizado, deuda soberana global, mercados emergentes, préstamos, financiación privada y directa, entre otras áreas donde los inversores activos pueden actuar con mayor deliberación respecto a valoración, estructura, calidad crediticia y liquidez. Un enfoque puramente pasivo corre el riesgo de asignar capital en función de dónde se ha emitido deuda, en lugar de hacerlo donde el inversor recibe una compensación adecuada por el riesgo asumido.
Este entorno refuerza la importancia de la gestión activa, la asignación dinámica de activos y la construcción de carteras resilientes. Con diferenciales estrechos, mayor dispersión macroeconómica y fundamentales divergentes entre emisores, el margen de error es menor. Esto justifica mejorar la calidad de la cartera, priorizando modelos de negocio duraderos, balances sólidos y sectores que remuneren adecuadamente el riesgo. La renta fija de mayor calidad, los activos securitizados y las exposiciones crediticias seleccionadas ofrecen la oportunidad de obtener ingresos atractivos manteniendo la resiliencia ante diversos escenarios económicos. En un mundo con abundante carry pero potencial limitado de compresión de diferenciales, el éxito dependerá menos de buscar rentabilidad adicional y más de preservar el capital, evitar créditos en deterioro, rotar dinámicamente entre sectores y países, y permitir que el cupón se acumule con el tiempo.
Temas clave para la segunda mitad de 2026
Aumento de la dispersión macroeconómica: Impulsa una mayor diferenciación entre países, mercados de tipos, divisas, sectores e emisores.
Divergencia entre bancos centrales: Se consolida como un rasgo estructural del mercado; la Fed liderada por Warsh añade incertidumbre sobre su función de reacción, con un sesgo de riesgos más orientado a nuevos endurecimientos que a recortes.
Rendimientos de partida elevados: Siguen ofreciendo una oportunidad atractiva para incrementar la asignación a renta fija y mejorar los ingresos de la cartera.
Tipos reales en máximos: Permanecen cerca de la parte alta de su rango post-crisis financiera, haciendo atractivas las valoraciones en términos reales y nominales.
Prevalencia del carry: Los flujos hacia la renta fija reflejan la preferencia por el ingreso y el carry como motores principales de rentabilidad, apoyados por el reequilibrio tras años de ganancias bursátiles.
Presión fiscal y concentración: Los déficits fiscales respaldan el crecimiento pero elevan las primas de plazo, la diferenciación soberana y la concentración en los índices de emisores endeudados.
Riesgo geopolítico y energético: La incertidumbre sobre Irán, los mercados de energía y las negociaciones de paz constituye un riesgo macro clave con impacto en inflación, breakevens, políticas monetarias y divisas.
Impacto desigual de la IA: La inversión en IA sigue siendo un potente motor de crecimiento, aunque sus costes y beneficios se distribuyen de forma muy desigual.
Selección estricta de crédito: Ante diferenciales estrechos a nivel de índice, cobra máxima importancia la selección de activos (bottom-up) y la gestión de riesgos a la baja.
Preferencia por la resiliencia: Favorecemos exposiciones de alta calidad, balances sólidos y sectores respaldados por fundamentales duraderos.
Importancia de la asignación activa: La concentración de los índices pasivos en emisores altamente endeudados hace imprescindible la gestión activa fuera del índice.
Alta convicción en crédito securitizado: Mantenemos fuerte convicción en este segmento debido a sus atractivas valoraciones relativas, el buen comportamiento del colateral y unos factores técnicos favorables.
Preservación de capital: En un entorno de alto carry, evitar perdedores crediticios resulta tan decisivo como identificar a los futuros ganadores.
Temas y posicionamiento para 2026
Tema
Posicionamiento
Mayores tipos reales e inflación persistente definen la oportunidad a medio año.
Sobreponderar TIPS estadounidenses y exposición selectiva a rendimientos reales; mantener estrategias ligadas a la inflación donde los breakevens ofrezcan un umbral exigente bajo.
La divergencia entre bancos centrales se ha acentuado.
Mantener exposición selectiva a la duración en lugar de asumir riesgo global; favorecer mercados donde la vulnerabilidad del crecimiento y la valoración real sean atractivas, evitando donde la normalización plantee riesgos al alza en los tipos.
Irán y los mercados energéticos siguen siendo fuentes de riesgo e inflación.
Mantener exposición a inflación y estrategias selectivas de tipos reales; favorecer posiciones en países, divisas y sectores resistentes a la volatilidad energética.
Restricciones fiscales y geopolítica elevan la diferenciación soberana.
Enfatizar la selección de países en los tipos de mercados desarrollados; retener valor en el tramo largo real en mercados selectos exigiendo mayor prima donde la credibilidad fiscal esté en duda.
Activos de riesgo resilientes, pero diferenciales estrechos.
Reducir la dependencia de la compresión de diferenciales; enfatizar el carry, la asignación sectorial y la selección de títulos individuales como motores de rentabilidad.
El crédito securitizado se mantiene como posición de alta convicción.
Mantener sobreponderación en titulación hipotecaria de agencias (MBS), hipotecaria residencial no agencias (RMBS), hipotecaria comercial (CMBS) y titulaciones de activos (ABS) seleccionadas, priorizando colaterales de alta calidad.
El crédito corporativo entra en fase tardía del ciclo.
Infraponderar crédito corporativo Investment Grade en general; preferir Europa sobre EE. UU., favorecer el sector financiero y mantener cautela en High Yield seleccionando por dispersión.
La inversión en IA e infraestructuras impulsa el crecimiento.
Mantener sesgo hacia la alta calidad; comprar emisores con flujos de caja duraderos y poder de fijación de precios, evitando balances vulnerables a costes de capital (capex) o disrupción tecnológica.
Los mercados emergentes se benefician del carry y tipos reales.
Sobreponderar emisores soberanos, corporativos y divisas emergentes seleccionadas con marcos de política monetaria creíbles y diferenciales reales atractivos.
Los préstamos apalancados (leveraged loans) mejoran su atractivo.
Pasar a sobreponderar; centrarse en emisores de mayor calidad y sectores resilientes donde los diferenciales actuales compensan adecuadamente el riesgo de refinanciación.
Divisas altamente sensibles a shocks de política monetaria y energía.
Favorecer divisas emergentes de alto carry respaldadas por fundamentales, evitando posiciones direccionales amplias donde la reacción de los bancos centrales sea incierta.
Perspectiva sectorial: Dónde encontramos valor
Las valoraciones siguen siendo estrechas en el conjunto de la renta fija, pero los activos de riesgo han demostrado resiliencia frente a la inflación persistente, las expectativas de política monetaria más ajustadas y la incertidumbre geopolítica. La fuerte demanda de rendimiento nominal, los fundamentales sólidos y unos técnicos favorables han permitido absorber emisiones de deuda muy cuantiosas. Dado que la compresión adicional de diferenciales es limitada, consideramos que el carry, la asignación sectorial y la selección individual de bonos (bottom-up) serán los motores clave del exceso de rentabilidad.
MBS de Agencias y RMBS No Agencias (SOBREPONDERAR)
Los MBS de agencias y los RMBS no agencias siguen constituyendo una posición sobreponderada de alta convicción. Los diferenciales de los MBS de agencias han recuperado gran parte de su ampliación anterior gracias a una demanda sólida y al repliegue de los tipos hipotecarios desde sus máximos recientes. Los cupones actuales siguen ofreciendo un valor relativo atractivo en comparación tanto con sus niveles históricos como con otros sectores centrales de renta fija, mientras que un entorno de tipos altos durante más tiempo debería contener el riesgo de prepago y favorecer la captación de diferencial frente a los Treasuries.
Los factores técnicos siguen siendo favorables, con gestores de fondos, bancos y empresas patrocinadas por el gobierno impulsando la demanda atraídos por los rendimientos nominales y la mejora del valor relativo. El segmento RMBS no agencias también mantiene su atractivo, sustentado por la estabilidad de los precios de la vivienda, los bajos ratios préstamos-valor (LTV), la buena evolución del colateral y un riesgo de refinanciación limitado. Mantenemos asimismo una visión constructiva sobre los bonos garantizados (covered bonds) daneses, donde sus rasgos defensivos, un sólido marco legal y sus atractivos rendimientos cubiertos a dólares respaldan su valor relativo.
CMBS (SOBREPONDERAR)
El crédito hipotecario comercial (CMBS) continúa siendo un área atractiva dentro del crédito estructurado, si bien la selectividad resulta crítica. Los fundamentales se muestran sólidos en los segmentos de mayor calidad y la demanda técnica ha seguido respaldando al sector a pesar del entorno de tipos elevados. Favorecemos el sector hotelero, logística, almacenamiento y activos residenciales de alta calidad (multifamily), donde el desempeño operativo y la calidad de las garantías se mantienen comparativamente fuertes.
La emisión ha sido robusta, especialmente a través del mercado de único activo/único prestatario (SASB), habiendo sido absorbida adecuadamente. La dispersión entre tipos de propiedad, ubicaciones y estructuras de capital sigue siendo elevada, lo que refuerza nuestro enfoque en transacciones de mayor calidad con mejor respaldo de patrocinadores y visibilidad de flujos de caja.
ABS (SOBREPONDERAR)
Los bonos de titulación de activos (ABS) continúan respaldados por una demanda firme, un carry atractivo y su perfil de menor duración. Aunque las emisiones han sido elevadas, la demanda de colateral securitizado de alta calidad se ha mostrado resiliente, manteniendo los diferenciales acotados a pesar de la oferta.
Continuamos identificando oportunidades en ABS no vinculados al consumo seleccionados, donde los fundamentales permanecen estables y las valoraciones siguen siendo atractivas. Mantenemos mayor cautela en áreas donde los diferenciales no reflejan adecuadamente la oferta proyectada, la disrupción tecnológica o la incertidumbre económica a largo plazo.
Crédito Investment Grade (INFRAPONDERAR)
Mantenemos la infraponderación en crédito corporativo de grado de inversión (Investment Grade) debido a las exigentes valoraciones y al limitado margen para una mayor compresión de diferenciales. Los fundamentales crediticios siguen siendo sólidos, respaldados por balances saneados, bajo riesgo de rebaja de calificación y resultados empresariales resistentes. Sin embargo, la fuerte demanda de rendimiento ya ha estrechado los diferenciales, dejando al carry como el principal motor de rentabilidad esperada y reduciendo el margen de error.
El mercado entra además en una fase más tardía del ciclo, caracterizada por una mayor actividad de fusiones y adquisiciones (M&A), elevadas inversiones en capital (capex) asociadas a la IA e infraestructuras, un incremento de la retribución al accionista y emisiones continuadas por parte de los grandes emisores tecnológicos. Por regiones, preferimos Europa frente a EE. UU. debido a una dinámica de oferta más equilibrada y una mayor demanda de carry de alta calidad. Por sectores, favorecemos el financiero —especialmente bancos— y nos mostramos cautos en emisores no financieros con calificación Single-A, donde la presión por capex y M&A podría pesar sobre los balances.
Crédito High Yield (LIGERA SOBREPONDERACIÓN)
Conservamos una modesta sobreponderación en emisores seleccionados de alto rendimiento (High Yield) en EE. UU. y Europa. Los fundamentales se mantienen sólidos, con una mejora en la calidad crediticia media, apalancamientos controlados y expectativas de impago contenidas. El crecimiento económico resistente, el apoyo fiscal y la demanda de rentabilidad continúan respaldando la clase de activo.
No obstante, los diferenciales se sitúan en mínimos históricos y gran parte de las buenas noticias ya están descontadas. Priorizamos emisores con flujos de caja duraderos, capacidad de fijación de precios, menor riesgo de refinanciación y menor exposición a la demanda cíclica. La dispersión entre sectores y empresas se mantiene como la principal fuente de oportunidades.
Mercados Emergentes (SOBREPONDERAR)
La deuda soberana y corporativa de mercados emergentes conserva su atractivo, apoyada por elevados tipos de interés reales, técnicos sólidos y la mejora de los fundamentales en países seleccionados. El carry y la generación de ingresos continúan siendo los motores centrales de rentabilidad, siendo la selección de países crítica dada la amplia dispersión regional.
Los altos precios de la energía siguen generando diferencias entre exportadores e importadores de materias primas, mientras que la política local representa una fuente relevante de riesgo y oportunidad idiosincrásica. Favorecemos países con marcos monetarios creíbles, fundamentales en mejora y diferenciales de tipos reales atractivos. Determinados mercados locales y en moneda fuerte continúan ofreciendo un potencial de rentabilidad ajustado al riesgo muy constructivo.
Hemos elevado nuestra postura hacia sobreponderar en leveraged loans, dado que la mayor dispersión y la ampliación de diferenciales han mejorado las valoraciones en diversos segmentos. La demanda por parte de las estructuras CLO se mantiene favorable y la preferencia de los inversores continúa centrada en emisores de calidad y sectores defensivos.
Los emisores vinculados al software y la tecnología exigen cautela debido a la incertidumbre sobre la disrupción por IA; sin embargo, las ventas recientes han generado oportunidades selectivas en compañías de misión crítica con flujos de caja duraderos, datos propietarios y elevados costes de cambio para el cliente. En un sentido más amplio, los sectores más sensibles al ciclo económico continúan presionados por los elevados costes de financiación y la inflación. La selectividad es primordial, pero las valoraciones actuales compensan cada vez mejor el riesgo de refinanciación.
Desglose macroeconómico: Valor en tipos de interés y divisas
Tipos y divisas (Duración larga, posicionamiento neutral en curva y selección de divisas de alto carry)
Las visiones sectoriales anteriores se sustentan en un entorno macroeconómico donde la diferenciación por países adquiere cada vez mayor relevancia. La narrativa de mercado ha seguido alejándose de los temores de recesión para centrarse en la durabilidad del crecimiento y de la inflación. En EE. UU., unos datos del mercado laboral más fuertes de lo previsto, el consumo resistente y lecturas firmes de inflación han llevado a ajustar las expectativas de política monetaria hacia una senda más restrictiva que la anticipada a principios de año. En el resto de mercados desarrollados, gran parte de este reajuste se produjo con anterioridad, aunque los riesgos inflacionistas y energéticos continúan condicionando las expectativas sobre los bancos centrales.
En este contexto, mantenemos una postura de duración larga en mercados desarrollados, si bien el posicionamiento es selectivo y enfocado en regiones donde el crecimiento se muestra más vulnerable al endurecimiento de las condiciones financieras y donde las valoraciones resultan atractivas. La exposición se concentra en los tramos cortos de tipos fuera de EE. UU., junto con una posición larga en TIPS estadounidenses.
La inflación continúa siendo el principal riesgo macroeconómico. Aunque las expectativas de inflación a más largo plazo se han moderado ligeramente, las medidas de inflación subyacente y las presiones en precios de producción siguen mostrando firmeza. Por ello, conservamos exposición a los mercados vinculados a la inflación en EE. UU., donde seguimos identificando valor para proteger las carteras frente al riesgo de que la inflación permanezca por encima de los objetivos de los bancos centrales durante más tiempo del previsto.
La dinámica de la curva se ha estabilizado en términos generales tras el severo reajuste vivido a principios de año, manteniéndonos neutrales en el posicionamiento directo de la curva. Si bien los elevados déficits fiscales, el gasto de inversión vinculado a la IA y la incertidumbre en los mercados energéticos continúan respaldando primas de plazo más altas a medio plazo, los movimientos recientes han restado atractivo a las estrategias direccionales de curva.
En el mercado de divisas, continuamos favoreciendo monedas emergentes seleccionadas de alto carry donde los fundamentales y las valoraciones se mantienen favorables. El posicionamiento se centra en oportunidades diferenciadas en emergentes, donde las características de carry y los factores domésticos siguen siendo atractivos, habiendo desplazado parte de la financiación de posiciones largas desde el dólar estadounidense hacia divisas europeas de menor rendimiento y menor crecimiento. En líneas generales, prevemos que los mercados de divisas sigan mostrando una elevada sensibilidad a la evolución de las expectativas de los bancos centrales, los precios de la energía y los acontecimientos geopolíticos.
Tribuna de opinión de Michael Rosborough, responsable de macroeconomía del equipo de renta fija de Broad Markets de Morgan Stanley IM; Vishal Khanduja, responsable del equipo de Broad Markets de Renta Fija y gestor de carteras de Morgan Stanley; Loen Grenyer, responsable de Multisectorial Europeo y gestor de carteras; y Utkarsh Sharma, gestor de carteras
La IA se ha convertido en la gran intersección para los inversores: hoy, son minoría los profesionales que se plantean realizar una inversión sin considerar el potencial de impacto de la IA sobre una compañía en cuestión y su proyección futura. Fernando de Frutos, CIO de Mora Capital Group, defiende que la IA “no es un sector, sino una cadena de valor cuyos fundamentales varían según el eslabón”, y afirma que todavía queda desarrollo para rato: “El ciclo puede prolongarse, aunque cambien el ritmo y los ganadores”.
En esta entrevista con Funds Society, el experto de Mora Capital Group – que ha desarrollado un profundo conocimiento sobre inteligencia artificial- detalla cómo su firma aborda la inversión en IA en su análisis y contextualiza esta temática dentro de un marco más general, donde siguen pesando valoraciones, trayectorias de beneficio y riesgos que van desde lo geopolítico a un posible error de política monetaria.
¿Está la IA en territorio de burbuja, o apenas estamos al inicio de una revolución cuya magnitud aún no podemos perfilar?
No vemos una burbuja generalizada. Cabría hablar incluso de una «antiburbuja»: el PER adelantado del Nasdaq-100 ronda su media de cinco años porque los beneficios han crecido más que los precios. Hay excesos puntuales, pero en muchas compañías los beneficios ordinarios justifican por sí solos gran parte del precio; la opcionalidad no es su único soporte. A diferencia de la burbuja puntocom, la exuberancia apenas se ha extendido fuera del núcleo tecnológico.
Como he explicado en la tribuna La opcionalidad entra en las valoraciones de la IA, cada acción combina flujos de caja visibles y una opción sobre beneficios futuros ligados a la tecnología. El marco conceptual de «flujos más opción» mide el componente especulativo. El riesgo aumenta cuando la valoración exige que la opción se materialice pronto; disminuye cuando compramos un negocio rentable al que la IA añade potencial.
Mientras las valoraciones permanezcan ancladas en los flujos sobre los que hay visibilidad, la distribución de resultados es asimétrica. El escenario negativo —desaceleración, compresión de múltiplos o recesión— se asemeja a una corrección convencional. El positivo, si la IA acelera la productividad y la creación de conocimiento, es mucho más difícil de acotar. Esa asimetría podría alimentar excesos si el mercado capitaliza demasiado pronto un potencial aún remoto e incierto.
A partir del análisis que realizáis en Mora Capital, ¿qué fundamentales monitorizáis para evaluar las compañías ligadas a la IA y determinar si sus precios son atractivos?
La IA no es un sector, sino una cadena de valor cuyos fundamentales varían según el eslabón. En modelos frontera y plataformas observamos capacidades, adopción, monetización y costes de inferencia.
En semiconductores e infraestructura importan la capacidad contratada, la utilización, el poder de fijación de precios y la duración de los cuellos de botella. En toda la cadena vigilamos también concentración de clientes, circularidad y retorno sobre el capital.
Siguiendo con la tesis de «flujos más opción», el valor oscila entre dos extremos: la llegada de AGI (inteligencia artificial general) o el «Muro», si el conocimiento humano disponible deja de aportar suficiente aprendizaje y cada avance exige mucho más cómputo y capital. El crecimiento puede eclipsar el múltiplo inicial, pero solo si genera valor económico, alguien logra capturarlo y la ventaja perdura.
¿En qué momento estamos dentro de este nuevo ciclo de inversión? ¿Cuáles son los siguientes puntos de inflexión que hay que monitorizar?
Seguimos en el primer acto: inversión masiva en modelos, chips, centros de datos y energía. Ya se vislumbra el segundo —adopción, monetización y productividad—, aunque apenas aflora en estadísticas y resultados.
El punto de inflexión decisivo sería la llegada de la AGI y, más allá, la mejora recursiva. Si los modelos pudieran acelerar autónomamente la investigación que los mejora, escribir código o diseñar sus propios sucesores, el progreso dejaría de ser lineal.
No podemos afirmar que hayamos cruzado ese umbral. Pero dos hitos sugieren que nos acercamos más deprisa de lo previsto: agentes que, durante evaluaciones internas, sortearon controles y comprometieron sistemas de OpenAI y Hugging Face; y una propuesta de solución al problema de Navier–Stokes. El primero amplía el mapa de riesgos; el segundo, la frontera del conocimiento. Ambos exigen incorporar al cuadro de mando —además de monetización, productividad y retorno sobre la inversión— autonomía, ciberseguridad, alineación y control.
¿Tiene más sentido invertir en IA mediante renta variable, renta fija, activos privados o una combinación? ¿Cómo estructurar las carteras para participar en esta tendencia sin asumir una concentración excesiva?
Priorizamos la renta variable para participar en esta oportunidad de crecimiento. La renta fija actúa como amortiguador; el capital privado da acceso a compañías no cotizadas, a cambio de iliquidez en un entorno cambiante.
Cuando los beneficios están tan concentrados, diversificar en exceso puede ser un automatismo peligroso. Infraponderar a los líderes por su elevado peso en los índices no es neutral: equivale a apostar por que otros negocios ofrecerán una mejor rentabilidad ajustada al riesgo. Más allá de cierto punto, añadir exposiciones puede diluir la rentabilidad sin reducir proporcionalmente el riesgo.
La frontera eficiente se basa en datos históricos y trata el riesgo de forma simétrica, por lo que recoge mal la convexidad de una inversión cuyo potencial alcista puede superar la pérdida derivada de una corrección ordinaria. Diversificamos según escenarios futuros, no correlaciones históricas que pueden pertenecer a otro régimen.
Varios mercados cotizan cerca de máximos, pero el crecimiento de los beneficios sigue respaldando las valoraciones. ¿Dónde están las oportunidades y cuáles son los principales riesgos?
Cuestionaría que cotizar cerca de máximos implique perfección: describe el nivel de los índices, no su valoración. La geopolítica y el endurecimiento monetario pesan en los precios; sin ellos, los índices estarían más arriba. La corrección puede haberse producido frente al escenario contrafactual, no desde máximos visibles.
Las oportunidades están en plataformas que moneticen la IA, empresas que la conviertan en productividad e infraestructuras con escasez duradera. Los riesgos son una decepción tecnológica o comercial y un shock energético persistente que fuerce más endurecimiento monetario y frene la economía.
¿Hasta cuándo puede mantenerse la fortaleza de los beneficios y qué motores estructurales la sostienen?
Las tasas de crecimiento no son extrapolables, pero dos motores se suceden: la inversión en IA impulsa a sus proveedores; la adopción puede elevar productividad y márgenes en otros sectores.
Distinguimos ese impulso del apalancamiento operativo y los efectos contables. La circularidad excede las ventas recíprocas: las revalorizaciones de participaciones cruzadas elevan beneficios sin generar caja ni acreditar demanda final, y pueden revertirse. Por eso observamos beneficio operativo, conversión en caja y retorno sobre el capital, no solo el beneficio neto.
La expansión será sostenible si productividad e ingresos adicionales compensan la depreciación y el coste de financiación. El ciclo puede prolongarse, aunque cambien el ritmo y los ganadores.
Desde la pandemia han aumentado los riesgos geopolíticos y tendencias como la desglobalización, el reshoring y la multipolaridad. ¿Cómo los incorporáis al análisis y a las decisiones de inversión?
Un riesgo geopolítico puede permanecer latente durante décadas, como en la Guerra Fría, y exceder el horizonte de una inversión. Su existencia no justifica una posición defensiva permanente.
Cuando se materializa, medimos la magnitud, duración y reversibilidad de sus efectos sobre energía, inflación, márgenes y tipos, y los contrastamos con el impulso de beneficios y productividad.
Tendemos a sobreestimar la capacidad de la política para generar crecimiento. Unas instituciones estables son una precondición, pero la capacidad productiva avanza sobre todo mediante emprendimiento, ciencia, innovación e ingenio humano. Los gobiernos pueden favorecer o frenar ese impulso, y la fragmentación comercial tiene costes; aun así, la actividad creadora acaba prevaleciendo incluso en entornos políticos imperfectos.
¿Cuál es vuestro escenario macroeconómico central para crecimiento, inflación y tipos de interés?
Nuestro escenario central es una reaceleración del ciclo: aumenta la inversión y los PMIs apuntan a expansión. La productividad puede absorber presiones de costes, aunque la desinflación será irregular; una economía fuerte puede coexistir con tipos más altos.
El punto débil es la posible divergencia entre empleo y productividad en una economía en forma de K. La IA puede elevar la producción mientras desplaza empleos, antes de que la demanda los reabsorba. Eso amplía la brecha entre quienes capturan esas ganancias y quienes pierden poder adquisitivo.
El principal riesgo es un error de política monetaria: responder a una inflación de oferta con más subidas enfriaría la demanda sin poner más petróleo en circulación y golpearía especialmente a las rentas más bajas, ya castigadas por la inflación.