Petroestados y electroestados, así competirán los poderes económicos por los capitales globales

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La disputa por el dinero del mundo ya no se libra únicamente entre países, monedas o mercados financieros; también comienza a definirse por el tipo de energía que sostiene a las economías. La cifra que explica la batalla que se libra no es poca cosa: en juego están alrededor de 3,4 billones de dólares de inversión mundial en energía, segín cifras de la AEI. Mientras los grandes productores de petróleo y gas buscan preservar el poder de los hidrocarburos, una nueva generación de potencias apuesta por electricidad, redes, almacenamiento, chips, baterías y tecnologías limpias. En medio de esa transformación, billones de dólares están buscando dónde colocarse.

Lo anterior, no significa que el petróleo haya dejado de ser relevante ni que el mundo esté a punto de abandonar los hidrocarburos. De hecho, petróleo y gas continúan siendo indispensables para la economía mundial; lo que está cambiando es algo más profundo: la fuente de poder económico asociada a la energía se está diversificando y, con ella, también los destinos del capital global. Sean bienvenidos a la competencia por los capitales globales entre petroestados y electroestados. El concepto no debe entenderse como una división rígida del planeta en dos bloques perfectamente definidos. La realidad es bastante más compleja; hay países productores de petróleo que están invirtiendo agresivamente en electricidad, renovables y nuevas tecnologías. Y, por otra parte, economías consideradas electroestados que todavía dependen ampliamente de los combustibles fósiles.  Pero la distinción sirve para observar una transformación fundamental: el poder económico está pasando de una economía basada primordialmente en moléculas, como el petróleo y el gas, hacia otra en la que los electrones, las redes y las tecnologías capaces de producir, almacenar y utilizar electricidad adquieren un peso estratégico cada vez mayor en los mercados y la estructuración de carteras.

Del petróleo al electrón

En un análisis reciente del Instituto de Inversión de Franklin Templeton, el estratega Kim Catechis planteó que la crisis alrededor del estrecho de Ormuz puede acelerar una reconfiguración de las cadenas de suministro y una reasignación de capital. Su tesis apunta en dos direcciones simultáneas: acelerar la generación eléctrica no fósil en los llamados electroestados y revisar las carteras de petróleo y gas de los petroestados. La conclusión es especialmente relevante para los mercados: el resultado sería una importante reasignación de capital.

Deutsche Bank, por su parte, ha llegado a una conclusión semejante desde otra perspectiva. Su investigación «The New Age of Electricity», sostiene que la electrificación se está convirtiendo en una estrategia geopolítica, precisamente porque reduce la dependencia de la concentración geográfica de los hidrocarburos y de las rutas necesarias para transportarlos. La electricidad, por tanto, deja de ser solamente un servicio público para convertirse en un activo estratégico y eso cambia también el mapa de inversión.

Los petroestados tienen dinero para invertir

Como señalamos, el primer bloque no está desapareciendo. Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y otros grandes productores cuentan con una ventaja que ningún proceso de transición energética puede borrar de un día para otro: enormes flujos de efectivo provenientes de los hidrocarburos y grandes reservas financieras acumuladas durante décadas. El caso del Golfo es particularmente importante; el FMI calcula que los 13 fondos soberanos de los países del Consejo de Cooperación del Golfo administran en conjunto más de 4 billones de dólares. Originalmente fueron creados para administrar los ingresos de los hidrocarburos, estabilizar las finanzas públicas y ahorrar para futuras generaciones; ahora tienen además un papel creciente en la diversificación económica y la inversión estratégica. Eso significa que los petroestados no solamente compiten por vender petróleo, también compiten por invertir el dinero obtenido del petróleo.

Ese capital puede terminar en acciones internacionales, bonos, infraestructura, bienes raíces, private equity, tecnología, inteligencia artificial, empresas de energía y proyectos estratégicos en distintos continentes; los petroestados, paradójicamente, pueden utilizar los recursos de la vieja economía energética para comprar activos de la nueva economía. Esa es precisamente una de las grandes contradicciones, y oportunidades, de la transformación global que vemos en esos tiempos.

La otra cara de la moneda es mucho más amplia que las empresas de energía renovable, ya que el electroestado necesita producir electricidad, pero también necesita transportarla, almacenarla y utilizarla eficientemente. Por eso el universo de inversión se extiende hacia sectores que a primera vista parecerían no tener relación directa con la energía. Está el negocio de las redes eléctricas y sus proveedores; transformadores, cables, sistemas de transmisión y distribución, almacenamiento de energía, baterías, generación solar y eólica, energía nuclear, hidrógeno, vehículos eléctricos y equipos industriales. Pero también aparecen los semiconductores y la razón es sencilla: la digitalización y la inteligencia artificial están convirtiendo la electricidad en un insumo crítico para centros de datos, computación avanzada y automatización industrial. En otras palabras, el futuro energético y el futuro tecnológico comienzan a compartir la misma infraestructura física.

Franklin Templeton ha señalado precisamente esta convergencia. Su análisis más reciente sobre la llamada “adición energética” sostiene que el mundo no está simplemente sustituyendo unas fuentes de energía por otras: está aumentando la capacidad total de generación porque crecen simultáneamente las necesidades de electrificación, inteligencia artificial, industria y seguridad energética. La consecuencia para los inversionistas es importante: la oportunidad no está concentrada en una sola tecnología, puede estar en la empresa que fabrica el semiconductor, pero también en la que produce el transformador que alimenta el centro de datos, en la eléctrica que suministra la energía, en la compañía que construye la red y en el fabricante de baterías que ayuda a estabilizarla.

La cifra que explica la batalla

Los números de la Agencia Internacional de Energía ayudan a dimensionar la transformación. En concreto, la IEA estima que la inversión mundial en energía alcanzará aproximadamente 3,4 billones de dólares en 2026, todo un récord histórico. De ese total, unos 2,2 billones de dólares se dirigirán a energías renovables, nuclear, redes eléctricas, almacenamiento, combustibles de bajas emisiones, eficiencia y electrificación.

Además, la inversión en petróleo, gas y carbón rondaría los 1,2 billones de dólares. No significa que el dinero esté abandonando masivamente a los hidrocarburos. Significa algo más interesante: el capital destinado a construir el sistema energético del futuro ya supera ampliamente al dirigido al sistema fósil tradicional, y la brecha puede ampliarse. La IEA calcula que la demanda mundial de electricidad creció alrededor de 3% en 2025, más del doble que la demanda energética total. Para el periodo 2026-2030 prevé un crecimiento promedio de la demanda eléctrica de 3,6% anual. Eso implica que cada vez más actividad económica dependerá de una infraestructura que necesita electricidad abundante, confiable y competitiva; en este contexto hay un cuello de botella evidente: las redes.

Los análisis de especialistas señalan que más de 2.500 gigavatios de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores, incluidos centros de datos, permanecen actualmente atrapados en colas de conexión a las redes eléctricas. La IEA calcula que la inversión anual en redes tendría que aumentar aproximadamente 50% hacia 2030 respecto de los alrededor de 400.000 millones de dólares actuales. Es aquí donde aparece uno de los grandes negocios de la nueva economía energética.

El petróleo tiene una característica económica fundamental: es relativamente fácil de transportar y puede almacenarse, su valor estratégico proviene, en buena medida, de quién controla las reservas, la producción y las rutas de transporte. En cambio la electricidad funciona de manera distinta, no basta con producirla sino que hay que llevarla hasta donde se necesita. Por eso el poder económico de los electroestados depende no solamente de tener sol, viento, agua o capacidad nuclear, en realidad depende de controlar tecnologías, redes, almacenamiento, minerales críticos, manufactura y sistemas digitales. Es aquí donde aparece un  país que se ha convertido en actor fundamental de la economía mundial: China. Aunque sigue siendo uno de los mayores consumidores de carbón del planeta, China se ha convertido simultáneamente en una potencia de la electricidad, las baterías, los vehículos eléctricos, los paneles solares y buena parte de las cadenas industriales necesarias para la electrificación. Es decir, el concepto de electroestado no necesariamente significa una economía sin combustibles fósiles; significa, sobre todo, una economía que está construyendo capacidad estratégica alrededor de la electricidad. Deutsche Bank considera precisamente que esta electrificación está transformando la energía de una mercancía en una infraestructura estratégica.

Una nueva geografía para los fondos

Es así como se confugura y aparece el elemento que probablemente más interesa a los mercados de inversión; durante décadas los inversionistas globales organizaron buena parte de sus portafolios alrededor de sectores tradicionales: energía, bancos, consumo, industria, tecnología, bonos soberanos y corporativos. Ahora la transición energética está creando una clasificación transversal porque un fondo puede invertir en una empresa petrolera tradicional y, simultáneamente, en una compañía de redes eléctricas. También, puede tener bonos de una empresa energética, acciones de un fabricante de semiconductores, infraestructura de almacenamiento, deuda privada para proyectos eléctricos o participaciones en minerales críticos.

Los fondos de infraestructura, private equity, crédito privado, renta variable temática, ETFs y fondos globales tienen ante sí un universo mucho más amplio. Incluso el concepto de “energía” comienza a quedarse pequeño porque la inversión puede estar en electricidad, infraestructura, inteligencia artificial, minerales, industria, transporte, defensa energética, centros de datos y tecnología; es así como, literalmente, todos empiezan a conectarse.

La gran paradoja: el dinero de los petroestados también financia la economía electro

Existe finalmente una paradoja que puede terminar siendo una de las historias financieras más importantes de los próximos años: los petroestados no necesariamente están condenados a perder la competencia porque sus enormes recursos financieros pueden permitirles convertirse también en grandes participantes de la economía eléctrica. Por ejemplo, los fondos soberanos del Golfo están diversificando sus inversiones hacia tecnología, infraestructura y otros sectores estratégicos, mientras mantienen importantes posiciones internacionales. En otras palabras, el capital generado por el petróleo puede terminar financiando parte de la transición hacia una economía menos dependiente del petróleo. Por eso quizá la expresión “petroestados contra electroestados” sea más útil como punto de partida que como descripción literal de dos bandos enfrentados; la competencia real puede ser mucho más sofisticada, es una competencia por controlar energía, tecnología, infraestructura, minerales, cadenas de suministro y, finalmente, capital.

En este nuevo escenario global, el petróleo sigue teniendo poder pero la electricidad está adquiriendo poder económico y entre ambos se está formando un nuevo mapa para los inversionistas globales. La pregunta para los mercados ya no es solamente quién tiene petróleo, tampoco quién produce más electricidad renovable. La pregunta empieza a ser otra: ¿Quién será capaz de atraer, administrar y multiplicar el capital necesario para controlar la infraestructura económica de las próximas generaciones?

Jane Fraser (Citi) pone límites a los agentes de IA: “Necesitamos los controles correctos”

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Jane Fraser, CEO Citi Group
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Jane Fraser, presidenta y CEO de Citi, puso el foco en los riesgos que plantea el avance de los agentes de inteligencia artificial en el sector financiero durante la sesión inaugural de Sibos 2026, celebrada este lunes en Miami. Su mensaje fue claro: antes de permitir que estos sistemas pasen de ofrecer información a ejecutar acciones de forma autónoma, será necesario garantizar su identidad, autenticación y supervisión.

Fraser ilustró el potencial de esta tecnología con un ejemplo cotidiano. “No confío en que mi marido haga las compras, así que no veo la hora de tener un agente que no solo me arme una lista, sino que realmente lo haga por mí”, bromeó.

Sin embargo, el salto entre recomendar y actuar introduce riesgos mucho mayores. La autenticación, aseguró, es una de las cuestiones que “nos mantiene despiertos a todos por la noche”. El reto consiste en poder verificar que un agente actúa realmente en nombre de una persona y que tanto el banco como el resto de participantes de una operación puedan confirmar su legitimidad. “Hasta entonces, estoy segura de que no voy a tener agentes descontrolados sin los controles correctos”, afirmó.

Una capa de control para los agentes de Citi

Fraser explicó que Citi ya ha desarrollado un mecanismo específico para controlar el despliegue de agentes de IA dentro de la entidad: una capa denominada ARC. “No se puede crear un agente sin pasar por ARC”, señaló. Esta infraestructura concentra el marco de control y la capa de observabilidad necesaria para comprobar que los agentes hacen aquello para lo que han sido diseñados y que su actividad puede ser monitorizada en todo momento.

La CEO de Citi anticipó incluso un cambio en el modelo de supervisión. Si tradicionalmente un gerente podía supervisar a nueve empleados, en un entorno dominado por agentes de IA la relación podría invertirse: un único agente podría estar sometido a nueve mecanismos diferentes de supervisión, muchos de ellos gestionados a su vez por otros agentes. “Es muy temprano en esos controles, como todos podemos ver”, reconoció Fraser.

El FMI pone el foco en el riesgo cibernético

Los riesgos asociados a la inteligencia artificial también estuvieron presentes en la intervención de Dan Katz, primer subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien señaló que existe un amplio debate sobre si unos sistemas de IA cada vez más potentes podrían llegar a exigir nuevas respuestas regulatorias.Entre las amenazas más inmediatas, Katz situó los riesgos cibernéticos “en el primer lugar de la lista”. La IA, explicó, está transformando este ámbito al acelerar la velocidad, la frecuencia y el alcance con los que pueden detectarse vulnerabilidades y, potencialmente, explotarse.

Para los responsables públicos, el desafío será crear un entorno que permita aprovechar la innovación sin comprometer la integridad y la estabilidad del sistema financiero. Fraser coincidió en señalar la ciberseguridad como uno de los grandes retos de esta nueva etapa tecnológica. “Tenemos un tsunami de parches que hay que aplicar en este momento y tenemos que ser muy responsables para lograrlo”, afirmó.

Innovar sin romper la confianza

La CEO de Citi extendió esta necesidad de control al conjunto de la transformación tecnológica del sistema financiero. “Si te mueves rápido y rompes cosas, estamos fallando en nuestro mandato”, aseguró. Frente al conocido principio tecnológico de avanzar rápido aunque se produzcan errores, Fraser defendió que las entidades financieras deben innovar a gran velocidad sin poner en riesgo la confianza sobre la que descansa el sistema. “Si rompemos la confianza, es un enorme problema para lo macro, para los mercados, para todas partes”, advirtió.

A medida que aumenta la velocidad a la que circula el dinero, añadió, “la resiliencia y la confianza van de la mano”. Citi mueve unos seis billones de dólares diarios y Fraser prevé que el volumen de transacciones aumente significativamente a medida que la inteligencia artificial gane peso en la economía. Los clientes, además, demandan servicios disponibles permanentemente e instantáneos, pero también seguros y fiables. Fraser puso como ejemplo los servicios de depósitos digitales de Citi Token Services, que permiten mover dinero mediante tecnología blockchain y se integran con capacidades de compensación disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana.

El siguiente paso, apuntó, será que otras piezas de la infraestructura financiera avancen también hacia una disponibilidad continua, incluidos los bancos centrales. Fraser resumió así el equilibrio que, a su juicio, debe guiar esta transformación: “Hagámoslo de manera segura, protegida y rápida”.

Así reestructuran sus carteras los gestores frente a la volatilidad del mercado

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Los gestores de fondos están ejecutando una reestructuración multimillonaria de sus esquemas de construcción de carteras para proteger el capital frente a la volatilidad macroeconómica y la inestabilidad geopolítica, según revela el último estudio global de Clearwater Analytics titulado «The Crowded Trade» y que ha encuestado a 250 altos ejecutivos de gestoras de fondos en EE.UU., Europa y la región de Asia-Pacífico. Las conclusiones indican que los gestores están retirando marcos de asignación de activos tradicionales y estáticos y, en su lugar, están adoptando el reequilibrio dinámico, la exposición a mercados privados y el diseño de carteras core-satellite orientado a objetivos.

Según los datos, un 76% de los gestores encuestados afirma que los sistemas avanzados de gestión de carteras han influido significativamente en la ejecución de las estrategias core-satellite. Además, el 75% señala que las herramientas integradas de analítica de datos son necesarias para la medición y atribución del rendimiento en tiempo real. Para ofrecer retornos más descorrelacionados y amortiguar la desviación típica en las carteras principales, los gestores están ejecutando cada vez más una rotación estructural hacia clases de activos alternativos.

También se muestra un consenso abrumador entre los gestores: el 90% prevé que la inclusión de alternativos —específicamente private equity, crédito privado, infraestructuras y hedge funds— dentro de las estrategias principales aumentará en los próximos tres años. Esto está modificando las necesidades de liquidez entre activos públicos y privados, obligando a los gestores a administrar mayores riesgos de reembolso y de liquidez subyacente. Además del cambio en las clases de activos, el documento muestra una rotación global deliberada para alejarse de la elevada concentración histórica en el mercado de capitales estadounidense. Impulsados por la búsqueda de crecimiento, el 69% de los gestores prevé una rotación estructural hacia la renta variable europea y la inversión temática en los próximos 24 meses.

Al mismo tiempo, el mandato de gestionar los riesgos de transición climática está alterando los flujos de capital regionales. De cara a los próximos cinco años, los gestores prevén que la «descarbonización» de las carteras institucionales se acelerará a velocidades muy diferentes a nivel global. Europa lidera claramente este impulso de sostenibilidad, con un 40% de los gestores anticipando un diseño estructural agresivo de carteras ecológicas a corto plazo. En comparación, las cifras correspondientes para Estados Unidos y Asia-Pacífico son del 18% y el 12%, respectivamente.

En opinión de Keith Viverito, director general para EMEA en Clearwater Analytics, ño que resulta llamativo de estos datos es cuántas firmas están realizando movimientos similares. «Es un fenómeno al que conviene prestar atención, ya que una estrategia adoptada conjuntamente por todo el mercado se comporta de manera muy diferente a una que solo siguen unas pocas entidades. A medida que las carteras ganan en complejidad, la gestión en tiempo real de los activos alternativos y las coberturas depende de poder confiar en los datos que los respaldan. La pregunta que debería hacerse toda firma que esté dando este paso es si esa confianza se ha ganado o simplemente se da por sentada».

El paso al reequilibrio dinámico

Una de las tendencias operativas más profundas reveladas por el estudio es el declive de los ciclos estáticos de reequilibrio de cartera anuales o trimestrales. Los gestores de fondos se están decantando por protocolos automatizados de reequilibrio dinámico intradiario. En concreto, el 77% de los encuestados califica la calidad actual y la agilidad de ejecución de los marcos de reequilibrio de su firma como «buena» o «excelente», mientas que solo el 22% considera su capacidad simplemente promedio y ninguno reporta una infraestructura deficiente, lo que subraya las fuertes inversiones tecnológicas realizadas en el sector.

Además, un 89% afirma haber aumentado sus niveles base de operativa (trading) y alterado la construcción de carteras en los últimos 12 meses para adaptarse a los cambios del mercado. Según el informe, esta operativa táctica continua se produce en el marco de un nuevo enfoque: el diseño de carteras orientado a objetivos. En este esquema, los gestores construyen carteras multiactivo en torno a metas específicas de pasivos o flujos de caja, en lugar de un índice de referencia. Las 250 firmas encuestadas califican su propia capacidad en esta área como «bastante sofisticada» (68%) o «muy sofisticada» (32%).

Sin embargo, esta necesidad constante de ajustes tácticos a corto plazo está creando una paradoja de ejecución para los gestores. A estos les resulta cada vez más difícil mantener sus asignaciones estratégicas de activos a largo plazo. Al ser preguntados si la volatilidad del mercado les impide directamente ceñirse a la estrategia a largo plazo y a los objetivos plurianuales de su fondo, más de la mitad (53%) de los encuestados admitió que era un desafío importante y continuo. Solo el 4% afirmó no enfrentar fricciones para preservar sus horizontes de inversión estratégicos a largo plazo.

«Los gestores confían en sus estrategias orientadas a objetivos, pero más de la mitad lucha por ejecutar sus visiones a largo plazo porque se ven constantemente obligados a reaccionar a la volatilidad a corto plazo. Esa brecha entre convicción y ejecución es donde reside el verdadero riesgo. Las firmas que mejor lo gestionen serán aquellas capaces de determinar, en el momento, si una operación táctica sirve a la estrategia a largo plazo o trabaja en su contra», añade Viverito a su reflexión.

WisdomTree lanza dos ETFs UCITS activos de rentabilidad definida

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Foto cedidaTom May, Global CIO, Outcome and Derivative Strategies de WisdomTree

WisdomTree ha lanzado dos ETFs UCITS de rentabilidad definida gestionados de forma activa, entrando así en el mercado de fondos cotizados en bolsa (ETFS) de resultados definidos. Como consecuencia, el WisdomTree Defined Return Autocallable EUR Active UCITS ETF (DRTN) y el WisdomTree Defensive Defined Return Autocallable EUR Active UCITS ETF (DRTD) han comenzado a cotizar en Xetra y en Borsa Italiana, con una comisión de gastos totales (TER) del 0,65%.

Los nuevos WisdomTree Defined Return Autocallable EUR Active ETFs están diseñados para ofrecer resultados más predecibles en la inversión en renta variable. El proceso se basa en una exposición, diversificada y gestionada de forma activa, a ETFs autocancelables sobre índices de gran capitalización y alta liquidez, como el Euro Stoxx 50. Al aprovechar tanto la prima de riesgo de renta variable como la de volatilidad, la estrategia pretende ofrecer un perfil de rentabilidad constante y resiliente en distintos entornos de mercado. Por un lado, DRTN tiene como objetivo una rentabilidad anualizada del 8-9 %; mientras que la estrategia defensiva, DRTD, apunta a una rentabilidad del 6-7 % anual.

Los autocancelables se tratan de estrategias de inversión vinculadas a la evolución del mercado bursátil, cuyo objetivo es ofrecer rentabilidades más predecibles. Mediante un enfoque basado en una cartera diversificada, estos ETFs se encargan de reducir la dependencia de resultados concretos, mitigar el riesgo de crédito que suele asociarse a los títulos estructurados, ofrecer una exposición a una rentabilidad definida más transparente y eliminar la necesidad de gestionar carteras de autocancelables individuales.

En cuanto al equipo de gestión de carteras de WisdomTree, incorporado tras la adquisición de Atlantic House, cuenta con más de 20 años de experiencia en productos autocancelables y fue el encargado de lanzar el primer fondo UCITS autocancelable en 2013. Durante estos años, el equipo ha construido relaciones con las contrapartes más importantes y sofisticadas, lo que se traduce en unos precios y una ejecución muy competitivos. Actualmente, es responsable de gestionar más de 4.000 millones de dólares a través de una amplia gama de fondos autocancelables y ha diseñado e implementado soluciones a medida para inversores por un valor superior a 20.000 millones de euros.

“La gestión activa y la experiencia en derivados revisten especial importancia en las estrategias de rentabilidad definida, ya que las condiciones del mercado no se mantienen estables. Aunque los inversores han accedido tradicionalmente a este tipo de resultados a través de certificados de productos estructurados, nuestro enfoque de cartera diversificada está diseñado para mejorar la consistencia de los resultados a lo largo del tiempo. Mediante el ajuste activo de las exposiciones subyacentes, los niveles de barrera, los umbrales de protección, el plazo y el diseño general de la estructura de pagos, el equipo de gestión de la cartera trata de maximizar la probabilidad de alcanzar las rentabilidades deseadas en comparación con un enfoque puramente estático o basado en índices”. Según señala Tom May, Global CIO, Outcome and Derivative Strategies de WisdomTree.

Un mercado en constante crecimiento

Estos lanzamientos forman parte del crecimiento constante del mercado de productos estructurados, que reflejan la fuerte demanda por parte de los inversores de estrategias diseñadas para ofrecer resultados de inversión más definidos y una mayor resiliencia ante las caídas. Es por ello que los ETFs de rentabilidad definida se utilizan cada vez más como una forma alternativa de acceder a este tipo de estrategias en el marco de la asignación de carteras.

“Los ETFs de rentabilidad definida pueden desempeñar un papel importante en las carteras, ya que ayudan a los inversores a alcanzar perfiles de rentabilidad más constantes a lo largo de los ciclos del mercado. Al ofrecerse a través de la estructura de ETFs, estas estrategias pueden integrarse de forma más fluida en el proceso de asignación de carteras ya existente, que las implementaciones tradicionales de productos estructurados”, según explicó Pierre Debru, Head of Research, Europe, WisdomTree.

Por su parte, Alexis Marinof, CEO, Europe, WisdomTree, añadió que «los ETFs basados en opciones son uno de los segmentos de mayor crecimiento en la gestión de activos y patrimonio, ya que los inversores buscan una mayor certeza en cuanto a los resultados. Esta demanda estructural está generando una importante oportunidad para los ETFs diferenciados y gestionados de forma activa en Europa, ya que los inversores buscan cada vez más alternativas a los productos estructurados tradicionales. Nuestra ambición es clara: aprovechando la experiencia en opciones y estrategias de rentabilidad definida obtenida tras la adquisición de Atlantic House, tenemos la intención de lanzar entre 15 y 20 estrategias a nivel mundial en los próximos 18 meses y convertirnos en líderes en este sector”.

Respecto a los nuevos EFTs autocancelables, se incluyen dentro de la gama de fondos Atlantic House Defined Return, valorada en 4.000 millones de dólares que, además, incluye la primera estrategia de UCITS de este tipo lanzada en 2013. 

Nuevo récord en ETFs activos a nivel global

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Nuevo récord en la industria global de ETFs activos. Según los datos de agosto de ETFGI, los activos bajo gestión a nivel mundial en fondos cotizados (ETFs) activos alcanzó  un récord de 2,72 billones (trillion, en términos estadounidenses) de dólares, lo que supone rebasar el récord anterior de 2,59 billones (trillion) establecido en julio de este año. La cifra de agosto supone un incremento del 42,6% con respecto a los 1,91 billones (trillion) de cierre de 2025.

Por otra parte, el mes pasado, el sector de los ETFs gestionados activamente a nivel mundial registró entradas netas por valor de 73.120 millones de dólares, lo que eleva las entradas netas acumuladas en lo que va de año a la cifra récord de 663.590 millones de dólares, según el informe mensual de ETFGI. Por lo tanto, se rebasan los récords anuales anteriores de 375.980 millones de dólares en 2025 y 211.740 millones de dólares en 2024. Por otra parte, el pasado mes de agosto supuso el 77º mes consecutivo de suscripciones netas en los ETFs gestionados de forma activa a nivel mundial, «lo que pone de manifiesto la demanda sostenida por parte de los inversores», según recoge el informe de ETFGI.

 

 

Proveedores

El mercado de los ETFs gestionados de forma activa sigue concentrado en varios proveedores líderes. A finales de agosto, Dimensional lideraba el segmento con 320.100 millones de dólares en activos y una cuota de mercado del 11,8%, seguido de cerca por JP Morgan, con 319.100 millones de dólares y una cuota de mercado del 11,7%. iShares ocupaba el tercer puesto, con 186.700 millones de dólares en activos y una cuota de mercado del 6,9%.

Los tres mayores proveedores de ETFs gestionados de forma activa —Dimensional, JP Morgan e iShares— gestionaban un total de 825.900 millones de dólares en activos a finales de agosto de 2026, lo que representa el 30,4% de los activos globales del sector, que alcanzaron la cifra récord de 2,72 billones de dólares. Las tres empresas también registraron unas entradas netas combinadas de 155.500 millones de dólares en lo que va de año, lo que supone el 23,4% de los 663.600 millones de dólares en nuevos activos netos del sector durante 2026, una cifra récord.

A finales de agosto de 2026, había 5.797 ETF globales de gestión activa con 7.950 cotizaciones y unos activos de 2,72 billones de dólares, procedentes de 736 proveedores en 50 bolsas de 39 países.

 

 

BBVA obtiene autorización para lanzar su sociedad de valores en Japón

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BBVA ampliará sus capacidades en Asia después de que BBVA Japan Securities Limited haya completado los correspondientes registros regulatorios locales. Según explica la entidad, esta nueva filial tendrá un propósito estratégico: actuar como el canal directo que conectará a los inversores institucionales japoneses con las soluciones financieras globales del Grupo, operando estrictamente como una plataforma local de ventas y ‘middle office’ para la distribución de los productos internacionales del banco.

La compañía obtuvo el pasado 31 de agosto el registro de la Agencia de Servicios Financieros de Japón (JFSA, por sus siglas en inglés) y de la Oficina Local de Finanzas de Kanto (KLFB, por sus siglas en inglés) para desarrollar actividades de ‘Type I Financial Instruments Business’ y, el 30 de septiembre, se incorporó a la Asociación de Agentes de Valores de Japón (JSDA, por sus siglas en inglés).

“La nueva entidad supondrá un avance en la capacidad de distribución internacional de BBVA Corporate & Investment Banking (CIB). Su modelo de negocio tiene un enfoque muy especializado: ser la vía de acceso de los inversores institucionales nipones a la plataforma global de BBVA, distribuyendo productos de crédito estructurado y soluciones de inversión procedentes de mercados donde BBVA mantiene una destacada presencia, como México, Estados Unidos y España”, indica la entidad en su comunicado.

Según reconocen, Japón ocupa una posición estratégica para BBVA CIB por la profundidad y sofisticación de sus mercados financieros, el peso internacional de sus grandes corporaciones y su creciente relevancia en los flujos globales de inversión y capital. “Precisamente por este contexto, esta nueva plataforma supondrá una ventaja clara y tangible para el cliente institucional japonés”, 

Cliente institucional japonés

Desde BBVA explican que, tradicionalmente, acceder a los productos internacionales del Grupo requería contactar con equipos de BBVA fuera de Japón. Pero que con esta nueva filial, los inversores institucionales nipones contarán con un interlocutor experto, regulado y radicado en su propio mercado. Según visión, esto les permitirá diversificar sus carteras de forma ágil, eliminando fricciones operativas y contando con un acompañamiento directo y cercano, sin salir de su ecosistema financiero habitual

“Esta autorización permitirá la creación de un puente de alto valor añadido entre el capital japonés y nuestra plataforma global de productos. Nuestro objetivo fundamental es facilitar la operativa a nuestros clientes institucionales: queremos que accedan a soluciones de inversión de primer nivel en América y Europa con la agilidad, la confianza y la cercanía que sólo una presencia local puede ofrecer”, explica Yuko Kamiya, presidenta y consejera representante de BBVA Japan Securities Limited.

Con este paso, BBVA consolida su compromiso con la región asiática y afina su modelo de negocio, priorizando la excelencia en el servicio a un perfil de cliente que demanda, cada vez más, diversificación y acceso a productos globales de alto rendimiento.

Invesco duplica su gama de ETF Enhanced Equity con cinco nuevas exposiciones regionales

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Invesco ha duplicado el número de fondos de su gama de UCITS ETF Enhanced Equity, la cual ya acumula 2.000 millones de dólares en activos bajo gestión a fecha de 25 de septiembre de 2026. Según ha anunciado, la firma añade exposiciones a Global ex USA, Global Small Caps, Reino Unido y Japón, así como a All Country World (ACWI), que se lanzó en agosto de 2026. Cada fondo de esta gama tiene como objetivo superar al índice de referencia correspondiente a largo plazo mediante una gestión activa sistemática basada en factores. Al mismo tiempo, matiza que aplica restricciones para ofrecer una experiencia “similar a la de un índice”, situando a estos fondos a medio camino entre las estrategias pasivas puras y las activas tradicionales.

“La gestión activa ha sido una de las categorías de ETFs de más rápido crecimiento en Europa este año, siendo aquellos productos que buscan batir al mercado de forma controlada los que mayor demanda están registrando. La estrategia Enhanced Equity de Invesco adopta un enfoque sistemático en la selección de valores y en la construcción de carteras, capturando el comportamiento de los factores de forma escalable y aplicándolo a una cartera amplia y diversificada. De este modo, los inversores disponen ahora de un conjunto más completo de exposiciones globales y regionales entre las que elegir”, comenta Matt Tagliani, responsable de Producto ETF para EMEA en Invesco.

El equipo de Estrategias Cuantitativas de Invesco aplica un proceso de optimización basado en los factores Value (valor), Quality (calidad) y Momentum (tendencia). Según destaca la gestora, el modelo propio del equipo evalúa el atractivo de las acciones dentro de cada universo geográfico específico. A continuación, el proceso de optimización busca el mejor equilibrio entre la exposición del fondo a estos tres factores, las consideraciones de riesgo y los costes de transacción. Todo el proceso de evaluación factorial, modelización y construcción de la cartera se repite mensualmente, tras lo cual se reequilibran las posiciones del fondo.

“Nuestra estrategia Enhanced Equity cuenta con un historial de más de 20 años. Aunque estos ETFs no replican un índice de referencia, fijamos límites máximos a las posiciones activas en títulos individuales, industrias, sectores y países, con el fin de ofrecer a los inversores una experiencia similar a la de un índice. Nuestra convicción fundamental, basada en evidencia histórica, es que la combinación de los factores value, momentum y quality tiene el potencial de reducir la volatilidad y ayudar a generar rentabilidades superiores”, añade Erhard Radatz, codirector de Inversiones (Co-CIO) en Invesco Quantitative Strategies.

Invesco cuenta con una dilatada trayectoria en gestión activa, desde estrategias fundamentales hasta enfoques basados en factores, y fue uno de los primeros proveedores en Europa en ofrecer ETF activos. Tras estos últimos lanzamientos, la firma ofrece 19 UCITS ETF de renta variable y renta fija gestionados de forma activa, con un volumen de activos bajo gestión de 8.400 millones de dólares.

El modelo de comisiones debería abrir una nueva vía de crecimiento para los ETFs en Brasil

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Foto cedidaLa mesa redonda fue moderada por João Morbim (B3) y contó con las intervenciones de Flavio Vegas (Global X) e Isabella Nunes (J.P. Morgan)

La expansión del modelo fee-based en el mercado brasileño puede convertirse en uno de los principales vectores de crecimiento de los ETFs en los próximos años. La evaluación fue compartida por ejecutivos de J.P. Morgan Asset Management y Global X durante un panel en B3 Week – ETF Day, en el que se discutieron las tendencias capaces de moldear la industria de ETFs durante la próxima década.

Para Isabella Nunes, Head of Sales de J.P. Morgan Asset Management en Brasil, el cambio en la forma de remuneración de la industria de inversiones tiende a favorecer vehículos más transparentes y de menor costo. La ejecutiva utiliza el desarrollo del mercado estadounidense como referencia de lo que puede suceder en Brasil.

“Hoy, más o menos, se estima que cerca del 60% del volumen del mercado estadounidense está en las estructuras fee-based y no commission-based. Entonces, creo que ahí hay un incentivo más para que utilicemos el vehículo ETF, más transparente, menos costoso, más fácil”, afirmó.

Aunque destaca que todavía existe una discusión sobre la velocidad con la que la transición hacia el fee-based está ocurriendo efectivamente en Brasil, Isabella cree que el cambio debe ganar fuerza.

“El mercado ha hablado bastante de fee-based últimamente. Hablamos mucho sobre hasta qué punto esto está ocurriendo realmente. Pero creo que esto va a cambiar en el mercado brasileño”, dijo. “Creo que el mercado de fee-based va a crecer y, entonces, el ETF ganará todavía más espacio en la asignación estratégica.”

La transformación también puede cambiar la propia actividad de asesores y consultores. En lugar de dedicar gran parte del tiempo a la selección individual de productos, estos profesionales pueden recurrir cada vez más a carteras modelo construidas con ETFs y concentrar sus esfuerzos en la relación y en la planificación patrimonial del cliente.

“Lo que crece mucho es lo que llamamos model portfolios. Se trata, entonces, de aportar toda la experiencia de la gestión, creando el modelo, utilizando ETFs. Cada vez más, quienes están en contacto directo con el cliente dedicarán más tiempo a hablar con el cliente que necesariamente a construir su cartera”, afirmó Isabella.

Flavio Vegas, especialista de productos de Global X, dijo que esta demanda ya aparece en las conversaciones de la gestora con profesionales del mercado. “En el día a día con clientes y asesores, percibimos esta demanda de construir un model portfolio o utilizar ETFs en la asignación del cliente”, afirmó. Con una estructura de cartera más sencilla, según él, el profesional consigue dedicar atención a otras demandas del inversor más allá de la gestión de las inversiones.

Los ETFs activos ganan espacio

Otra tendencia señalada en el panel es el avance de la gestión activa dentro de un vehículo tradicionalmente asociado a la gestión pasiva.

Según Nunes, los ETFs activos cobraron impulso a nivel global a partir de 2019, tras cambios regulatorios que facilitaron la emisión de estos productos. Actualmente, de acuerdo con las cifras presentadas por la ejecutiva, representan aproximadamente el 10% de la industria global de ETFs, pero reciben una proporción mucho mayor de los nuevos recursos.

“Actualmente, todavía representan más o menos el 10% de la industria total de ETFs. Sin embargo, por cada dólar invertido en la industria de ETFs, el 40% se destina a los ETFs activos”, afirmó.

En Brasil, ve una ventaja para la difusión de la categoría: el inversor ya conoce la gestión activa a través de la tradicional industria de fondos.

“El inversor brasileño ya está acostumbrado a la gestión activa a través de los fondos de inversión. Entonces, aquí, cuando hablamos de gestión activa, solo estamos cambiando el vehículo.”

La ejecutiva también ve espacio para los ETFs activos como alternativa a la creciente concentración observada en algunos de los principales índices internacionales. En la renta variable estadounidense, por ejemplo, llamó la atención sobre el peso de las mayores compañías en los índices.

“¿Quiero tener esta exposición? ¿Quiero tener esta concentración? Por lo menos, necesito saberlo. Pero tengo la opción de estar o no concentrada”, dijo.

El mismo razonamiento puede aplicarse a la renta fija. En los índices construidos a partir del volumen de deuda emitida, los mayores emisores tienden a recibir una mayor ponderación, mientras que una estrategia activa puede priorizar otros criterios, como la calidad.

“Creo que existe un gran espacio aquí en el mercado brasileño, así como en el exterior”, afirmó Nunes. “Siempre se ha dicho que Brasil está algunos años por detrás del mercado estadounidense, y creemos que esto también crecerá bastante aquí en el mercado.”

Del precio a las personas

Con la ampliación de la oferta, el inversor también tendrá que comprender mejor las diferencias entre los ETFs tradicionales, smart beta y los productos de gestión activa.

J.P. Morgan posee, según Nunes, 25 ETFs globales disponibles en Brasil, divididos entre ocho de beta tradicional, ocho de smart beta y nueve ETFs activos. Para la ejecutiva, cada categoría exige un análisis diferente.

“En el beta tradicional, se audita el precio; en el smart beta, se audita la metodología; y, en el activo, se auditan las personas, el proceso de inversión y el desempeño.”

En los ETFs que simplemente replican índices, Nunes recomienda observar principalmente el costo, el tracking error y la liquidez. En el smart beta, cobra importancia la metodología utilizada para construir sistemáticamente el índice. En los ETFs activos, por su parte, entran factores tradicionalmente utilizados en la selección de fondos, como el equipo de gestión, el proceso de inversión, el desempeño y el nivel efectivo de gestión activa.

Los temáticos entran como satélite

Por parte de Global X, Vegas destacó el espacio de los ETFs temáticos como instrumento para acceder a tendencias estructurales que muchas veces no encuentran suficiente representación en el mercado brasileño.

Mencionó la electrificación, el envejecimiento de la población, la transición energética, los vehículos eléctricos y la inteligencia artificial entre los movimientos que pueden seguir siendo relevantes durante décadas.

“Son todos temas con los que probablemente conviviremos durante los próximos 10, 15 o 20 años”, afirmó.

Una manera de separar las tendencias estructurales de los movimientos pasajeros, según Vegas, consiste en observar las propias compañías que forman parte de los índices. Más que seguir el interés del mercado por determinado tema, es necesario verificar si estas empresas ya están transformando la tendencia en ingresos y resultados.

“Se identifica si, dentro de los ingresos y de la divulgación de resultados de estas empresas, ya existen compañías ganando dinero con ese determinado tema”, explicó.

La inteligencia artificial, los centros de datos y los semiconductores aparecen entre los ejemplos. “Hemos visto miles de millones, billones de dólares invertidos en esta cadena, y las empresas ya están recogiendo poco a poco los beneficios y mejorando sus márgenes.”

Vegas también destacó las tierras raras y la defensa. En el primer caso, la demanda está vinculada a tendencias como la electrificación, la inteligencia artificial y los semiconductores. La defensa, por su parte, combina una industria históricamente resiliente con el aumento de las inversiones gubernamentales.

En la construcción de las carteras, sin embargo, Global X considera estas exposiciones principalmente como componentes satélite, complementarios a las posiciones centrales del portafolio.

“Generalmente hablamos de alrededor del 10% al 15% para un inversor más audaz, precisamente para trabajar la diversificación de este portafolio”, dijo Vegas.

Según él, sectores como las tierras raras y la defensa presentan poca superposición con los grandes índices estadounidenses, lo que permite buscar descorrelación dentro de la cartera.

“Utilizar los ETFs temáticos dentro de una asignación consiste precisamente en buscar descorrelación y una mayor representación en una estrategia que se quiere incluir en el portafolio del cliente y que no está bien representada por los índices amplios.”

El cuello de botella ahora es la educación

A pesar de la multiplicación de estrategias, Vegas no cree que la próxima etapa de desarrollo de la industria brasileña dependa simplemente de la creación de más ETFs.

Según las cifras presentadas por el ejecutivo en el panel, B3 ya reúne más de 200 ETFs locales y más de 300 ETFs globales, formando un universo de al menos 500 productos disponibles para el inversor, considerando los BDRs.

“En términos de gama de productos, ya estamos muy bien establecidos”, afirmó.

El próximo desafío sería lograr que los inversores y los profesionales de distribución comprendan mejor cómo utilizar esta oferta.

“Se trata más bien de proporcionar precisamente esta educación para que el inversor entienda en qué categoría puede utilizar ese tipo de producto que necesariamente de ampliar la oferta o traer productos más innovadores.”

Nunes coincidió. Para ella, además de comprender el propio vehículo ETF, existe una segunda barrera: convencer al inversor sobre el papel de la diversificación internacional.

“Es 100% educativo. Creo que tenemos dos roadblocks por delante: el ETF, el vehículo, y el segundo es la diversificación internacional”, afirmó.

La combinación entre educación, cambio en el modelo de remuneración de los advisors y una mayor utilización de carteras modelo es, de esta manera, una de las apuestas de los ejecutivos para ampliar la participación de los ETFs en las carteras brasileñas.

Para Nunes, el avance del fee-based puede ser precisamente la pieza que ayude a transformar una oferta de productos que ya ha crecido significativamente en una utilización más estratégica de los ETFs dentro de la gestión patrimonial.

Latinoamérica tiene dinero guardado, ahora le falta hacerlo trabajar: BBVA Asset Management

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Durante mucho tiempo, el principal desafío financiero de América Latina parecía estar en el hecho de que las personas ahorraran. Hoy, otro parece ser el problema: qué hacer con ese ahorro. BBVA Asset Management México celebró sus primeros 25 años y puso sobre la mesa el tema, vigente tanto en este país norteamericano como en el resto de la región.

La celebración de los 25 años de BBVA Asset Management México, con el toque de campana en la Bolsa Mexicana de Valores, ocurre precisamente sobre esta transformación; Luis Ángel Rodríguez Amestoy, director en México señaló que el país está avanzando, pero el panorama regional muestra cuánto falta por hacer en todo el continente después del río bravo.

Y para demostrarlo, hay cifras de fuentes confiables e igualmente prestigiosas con las que Rodríguez Amestoy sustentó sus observaciones; por ejemplo, el BID señala que los hogares latinoamericanos enfrentan barreras para acceder a instrumentos de ahorro, entre ellas los costos, la desconfianza en las instituciones financieras, la baja educación financiera y la informalidad laboral.

«Hace 25 años, menos de una de cada 10 personas bancarizadas que trabajaban con BBVA invertía en fondos; hoy la proporción alcanza aproximadamente a dos de cada 10, de acuerdo con nuestras cifras en BBVA Asset Management México. La transformación coincide con una expansión de la oferta, la digitalización y la posibilidad de contratar productos de inversión desde el teléfono celular, pero el trecho por cubrir todavía es enorme», dijo el directivo.

El fenómeno permite observar un cambio más profundo: el paso del ahorro pasivo a la inversión empieza a convertirse en uno de los grandes retos de la industria financiera latinoamericana, después de años de mantener una postura de solo ahorro.

El BID acaba de advertir que la región enfrenta una importante brecha de ahorro ya que solamente 16% de los adultos declara ahorrar a través de un banco, frente a 40% en las economías emergentes de Asia y 50% en las economías avanzadas. A esto se suma que menos de la mitad de la población latinoamericana ahorra para su retiro mediante un sistema contributivo.

La región necesita movilizar mucho más capital hacia inversiones de largo plazo, sin embargo millones de personas todavía mantienen una relación básica con el sistema financiero: depositan, guardan y conservan liquidez, pero participan poco en instrumentos que puedan generar rendimientos y, al mismo tiempo, financiar empresas, infraestructura y otros proyectos productivos para el desarrollo de los países de la región.

El BID identifica precisamente la insuficiencia del ahorro doméstico como una de las restricciones que enfrenta la región para financiar infraestructura y sostener un crecimiento más dinámico; por eso la discusión sobre fondos de inversión ya no pertenece exclusivamente al ámbito de las finanzas personales, también forma parte de la discusión sobre cómo América Latina consigue capital para crecer, para financiar el desarrollo.

Lo paradójico es que en realidad tod parece indicar que sí hay recursos en la región, el caso de México es ilustrativo por la experiencia de BBVA Asset Management que en el año 2009 apenas administraba alrededor de 295 millones de pesos (alrededor de 16,3 millones de dólares al tipo de cambio actual) y desde entonces la escalada los llevó a registrar actualmente un saldo de 1,3 billones de pesos en activos administrados (alrededor de 72.222 millones de dólares), «dinero hay, pero falta hacerlo trabajar», reiteró el directivo.

En opinión de BBVA Asset Management México, la verdadera transformación ocurre cuando el ahorro deja de ser únicamente un mecanismo para enfrentar emergencias y comienza a utilizarse para objetivos de largo plazo como: comprar una vivienda, financiar la educación de los hijos, construir patrimonio o preparar el retiro.

Ese cambio es especialmente relevante en América Latina, donde las deficiencias de los sistemas previsionales, la informalidad laboral y la baja capacidad de ahorro de amplios sectores de la población hacen necesario ampliar las fuentes de financiamiento de la vejez.

El BID señala que los hogares latinoamericanos enfrentan barreras para acceder a instrumentos de ahorro, entre ellas los costos, la desconfianza en las instituciones financieras, la baja educación financiera y la informalidad laboral.

Por eso, la próxima etapa de la industria de fondos será también una prueba de inclusión financiera; no se tratará únicamente de administrar más activos de los clientes que ya invierten, sino de incorporar a quienes todavía están completamente fuera de los mercados de capitales.

El ahorro también puede financiar el crecimiento

Luis Ángel Rodríguez Amestoy explicó que los fondos de inversión no solamente buscan generar rendimientos para sus participantes, también canalizan recursos hacia instrumentos financieros que pueden contribuir al financiamiento de empresas, gobiernos y proyectos productivos.

Cuanto antes comienza una persona a invertir, mayor es el periodo disponible para acumular aportaciones y rendimientos. Por eso, la democratización de los fondos puede terminar teniendo una consecuencia que va mucho más allá de la industria de asset management y consiste en crear una generación de trabajadores con mayor patrimonio financiero para enfrentar su retiro y para el impulso de la economía del país y de la región.

Los próximos 25 años

Para el directivo de BBVA Asset Management México, los primeros 25 años de este brazo de inversiones del banco español pueden leerse como la historia de una industria que pasó de administrar productos financieros para inversionistas relativamente especializados a intentar llevar la inversión a millones de usuarios bancarizados.

Pero el cambio apenas comienza; el hecho de que dos de cada 10 clientes bancarizados inviertan en fondos significa que ocho todavía no lo hacen, al menos de acuerdo con la métrica proporcionada por BBVA, ese dato resume tanto el avance como el tamaño de la oportunidad.

La industria en México y en Latinoamérica en general ya no necesita demostrar solamente que puede administrar grandes cantidades de dinero, hoy tiene que conseguir que más personas entiendan que ahorrar y poner a trabajar su dinero son dos cosas distintas. Y para América Latina, la diferencia puede ser trascendental.

Latam envejece, los Estados se quedan sin margen y el ahorro individual deberá tomar el relevo

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Pixabay CC0 Public Domain

En Latinoamérica, el envejecimiento acelerado, la informalidad laboral y las restricciones fiscales reducen el margen para sostener las pensiones únicamente con esquemas de reparto y en dicho escenario el ahorro individual gana espacio como una pieza cada vez más necesaria para financiar la vejez.

América Latina tiene un problema con el futuro: está envejeciendo rápidamente, pero no necesariamente está acumulando los recursos suficientes para financiar esa vejez.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que los sistemas de pensiones latinoamericanos no están preparados para el rápido envejecimiento que experimentará la región. Para 2050, una de cada cinco personas será mayor de 65 años y, bajo los parámetros actuales, ningún sistema previsional de América Latina y el Caribe tiene garantizada su sostenibilidad fiscal o social.

La región se encuentra ante una combinación particularmente compleja. Habrá más adultos mayores durante las próximas décadas, mientras una proporción demasiado elevada de la población trabaja en la informalidad, cotiza de manera intermitente o permanece fuera de los sistemas previsionales. Al mismo tiempo, los gobiernos enfrentan restricciones fiscales que hacen cada vez más difícil trasladar íntegramente al presupuesto público el costo de las pensiones futuras.

El resultado es una ecuación que comienza a ser difícil de ignorar: habrá más personas que necesitarán ingresos durante su retiro, pero proporcionalmente habrá menos trabajadores con capacidad de financiar esos ingresos mediante los mecanismos tradicionales de reparto.

No se trata únicamente de un problema de pensiones. Es, en realidad, el resultado de varias debilidades estructurales que convergen sobre el mismo punto: la capacidad de la región para generar ingresos suficientes y sostenibles durante la vejez.

La demografía juega en contra

Durante décadas, los sistemas de reparto pudieron apoyarse en una estructura demográfica favorable: muchos trabajadores financiaban las pensiones de una población relativamente menor de jubilados, hoy esa relación está cambiando.

El BID estima que para 2050 la región tendrá una de las transformaciones demográficas más profundas de su historia. En ese momento, los mayores de 60 años serán más numerosos que los jóvenes, mientras la esperanza de vida continuará aumentando. Esto significa que las sociedades latinoamericanas tendrán que financiar pensiones durante periodos más prolongados y para una población cada vez mayor.

El problema es que el mercado laboral no está creciendo en la misma dirección porque la informalidad rompe la cadena de las cotizaciones, claramente el segundo gran problema es la ese, la informalidad.

La OCDE señala que casi la mitad de la fuerza laboral latinoamericana trabaja fuera de esquemas formales, sin contratos estables, ingresos seguros o acceso suficiente a la protección social. El organismo identifica a la informalidad como uno de los desafíos persistentes de la región.

La CEPAL fue todavía más contundente en su Estudio Económico 2026 al señalar que la informalidad laboral constituye una restricción estructural que limita la capacidad de América Latina para transformar el crecimiento económico en productividad, inversión y empleos de calidad.

Para las pensiones, esto tiene una consecuencia directa: un trabajador que no cotiza de manera constante no puede acumular derechos previsionales suficientes, independientemente de que el sistema sea público, privado o mixto.

El propio BID estima que actualmente apenas 45 de cada 100 trabajadores de América Latina aportan a un plan de retiro y advierte que sus contribuciones suelen ser demasiado irregulares para financiar prestaciones adecuadas. La informalidad, por lo tanto, no solamente reduce la recaudación de los sistemas de seguridad social. También reduce el número de personas que están construyendo, año tras año, el financiamiento de su propia vejez.

El Estado tampoco tiene un cheque en blanco

Aquí aparece la tercera pieza del problema: las finanzas públicas de la región. Una alternativa frente a la insuficiencia de las pensiones contributivas consiste en ampliar las transferencias públicas y las pensiones no contributivas. Esa vía puede ser indispensable para evitar que millones de personas lleguen a la vejez en pobreza.

Pero tampoco es una solución ilimitada; el envejecimiento incrementará simultáneamente las necesidades de pensiones, salud y cuidados de largo plazo. El propio BID advierte que la proporción de adultos mayores crecerá rápidamente y que el gasto asociado a pensiones y salud podría alcanzar niveles muy elevados en algunos países.

La OCDE, al analizar las reformas recientes de la región, identifica precisamente esta tensión: los países están intentando ampliar la cobertura y mejorar la suficiencia de las pensiones al mismo tiempo que buscan preservar la sostenibilidad financiera de los sistemas.

La conclusión no es que el Estado vaya a desaparecer de la ecuación pensionaria. Es prácticamente la contraria: el Estado tendrá que seguir siendo un componente fundamental, particularmente para garantizar pisos de protección a quienes no pudieron acumular suficientes recursos.

Pero difícilmente podrá ser el único financiador y de hecho cada vez tendrá menor margen; en este escenario adquiere mayor relevancia el ahorro individual.

No porque los sistemas de capitalización individual hayan resuelto todos los problemas pensionarios de la región —no lo han hecho— ni porque puedan sustituir las políticas públicas de protección social. Su importancia radica en algo más elemental: permiten construir una fuente adicional de financiamiento para la vejez que no depende exclusivamente de la capacidad futura de los gobiernos para pagar pensiones con los ingresos de las siguientes generaciones.

El dinero acumulado durante la vida laboral puede convertirse en un segundo motor de financiamiento del retiro: las aportaciones del trabajador y, cuando corresponda, del empleador, más los rendimientos generados durante décadas de inversión. Y el factor tiempo resulta fundamental.

Un trabajador que comienza a ahorrar a los 25 o 30 años tiene varias décadas para acumular capital y aprovechar el interés compuesto. En cambio, una persona que comienza a ahorrar cuando está cerca de la jubilación tiene mucho menos margen para compensar una baja tasa de aportación o una carrera laboral marcada por la informalidad.

Por eso, la discusión previsional latinoamericana comienza a desplazarse de una pregunta tradicional —¿quién pagará las pensiones del futuro?— hacia otra más incómoda: ¿cuánto capital tendrá acumulado cada trabajador cuando llegue a la vejez?

La región ya está moviendo sus piezas

Los cambios recientes en Chile, Colombia, Perú y Uruguay muestran que la discusión regional no está conduciendo hacia un único modelo.

Chile avanzó en 2025 hacia un sistema que combina cuentas individuales con un nuevo componente de seguro social; Colombia aprobó un esquema de varios pilares con un componente público contributivo y otro de ahorro privado complementario; Perú estructuró su reforma alrededor de pilares contributivos, semicontributivos, no contributivos y voluntarios, mientras Uruguay modificó parámetros para fortalecer la sostenibilidad de su sistema.

Hay una característica común detrás de estas reformas: la búsqueda de una combinación entre solidaridad pública y acumulación de recursos para el retiro. Es decir, la región no parece dirigirse hacia una sustitución absoluta de lo público por lo privado, más bien está intentando construir sistemas en los que ambos componentes cumplan funciones diferentes.

Ahorrar ya no significa solamente guardar dinero

La discusión también está cambiando dentro de la industria financiera; el Global Retirement Index 2026 de Natixis Investment Managers señala que el tradicional modelo de tres pilares —beneficios gubernamentales, planes patrocinados por empleadores y ahorro personal— enfrenta presiones derivadas del envejecimiento, los cambios en el mercado laboral, la inflación y la deuda pública.

El estudio encontró que 78% de los inversionistas encuestados en 21 países considera que la responsabilidad de financiar su retiro recae sobre ellos mismos, frente a 67% una década atrás. Además, 72% teme que el crecimiento de la deuda pública termine reduciendo las prestaciones futuras.

La evolución más importante, sin embargo, está en el concepto mismo de ahorro; la discusión internacional comienza a pasar de ahorrar más a invertir mejor. Natixis identifica tres grandes prioridades para modernizar los sistemas de retiro: ampliar el acceso, automatizar el ahorro y conseguir que los activos acumulados tengan la capacidad de crecer durante las décadas que separan la vida laboral de la jubilación.

Para América Latina, esa transformación adquiere una dimensión todavía mayor porque la región necesita formalizar el empleo, elevar los salarios, ampliar la cobertura previsional y fortalecer los sistemas públicos. Pero incluso si consigue avances importantes en esos frentes, el cambio demográfico seguirá presente.

La cuenta regresiva ya comenzó

El verdadero desafío de América Latina no consiste en escoger entre pensiones públicas o ahorro individual como si fueran alternativas excluyentes.

La cuestión es que la estructura demográfica, laboral y fiscal de la región hace cada vez más difícil imaginar un futuro en el que el Estado pueda financiar por sí solo las necesidades de retiro de una población mucho más longeva y numerosa.

La OIT reporta que los mercados laborales latinoamericanos mejoraron durante 2025 y que la informalidad continuó disminuyendo, aunque persisten importantes diferencias entre países y brechas particularmente fuertes para mujeres y jóvenes. Ese dato es relevante porque muestra que la situación no está predeterminada, la formalización puede aumentar la base contributiva y mejorar la cobertura.

Pero también deja claro que el problema no desaparecerá únicamente porque haya más empleos formales ya que la transición demográfica ya está en marcha.

Por eso, durante las próximas décadas, la pensión latinoamericana probablemente tendrá que construirse con varias fuentes: un piso público que garantice protección, contribuciones obligatorias, ahorro individual, aportaciones patronales cuando existan y, cada vez más, inversión de largo plazo.

La razón no es ideológica ni responde a una preferencia por un modelo sobre otro, es una consecuencia de las matemáticas demográficas. Cuando hay más jubilados, se vive más tiempo, nacen menos niños y una parte importante de los trabajadores permanece fuera de la formalidad, el espacio para financiar el retiro exclusivamente con las cotizaciones de las generaciones futuras se reduce.

Y ahí aparece el ahorro individual, no como una solución mágica ni como sustituto del Estado, sino como una de las pocas herramientas capaces de convertir décadas de vida laboral en un patrimonio destinado específicamente a financiar la vejez. La pregunta para América Latina ya no es si necesitará ahorrar para su retiro.

La pregunta es cuánto tendrá que ahorrar y durante cuánto tiempo para poder financiar la longevidad que ella misma está construyendo.