40 billones de razones que presionarán el rendimiento del bono de EU en el largo plazo
| Por Antonio Sandoval | 0 Comentarios

El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a 5,37%, mientras el bono a 10 años superó el 5%. El mercado comienza a exigir una prima mayor por financiar al gobierno estadounidense en un contexto marcado por déficits fiscales, una deuda superior a 40 billones de dólares, inflación persistente y una creciente demanda de capital para financiar la inversión en inteligencia artificial. Así, según analistas, operadores y expertos en mercados de dinero, el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos está enviando una señal que trasciende la próxima decisión de la Reserva Federal y que podría consistir en el hecho de que el costo de financiar al gobierno estadounidense podría haber entrado en una nueva etapa estructural.
El rendimiento del Treasury a 30 años alcanzó 5,37% el 10 de septiembre, su nivel más alto desde 2007, antes de moderarse ligeramente, mientras que apenas este lunes 14 de septiembre se ubicó en 5,34%, todavía en niveles que no se observaban desde antes de la crisis financiera global. El movimiento también alcanzó al tramo de referencia de la curva. El rendimiento del bono a 10 años superó brevemente 5% el 14 de septiembre y llegó a 5,01%, su nivel más alto desde octubre de 2023, de acuerdo con Reuters.
No se trata solamente de una reacción a las expectativas sobre la política monetaria. El mercado está incorporando una combinación más compleja de factores: inflación todavía por encima del objetivo de la Fed, petróleo y energía más caros, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, una oferta creciente de deuda corporativa vinculada con la inteligencia artificial y dudas sobre la capacidad de la demanda para absorber todo ese volumen de bonos sin exigir una compensación mayor. Para los inversionistas institucionales, la pregunta empieza a ser diferente: ¿estamos ante un episodio temporal de tasas elevadas o ante un nuevo régimen de rendimientos estructuralmente más altos?
Goldman Sachs Research se inclina por la segunda posibilidad. De acuerdo con el análisis de los expertos, el nivel de 5% no tiene la misma importancia técnica para todos los vencimientos, pero en el caso del Treasury a 30 años representa un cambio particularmente significativo. El Departamento del Tesoro muestra que el rendimiento del bono de referencia a 30 años pasó de 5,25% el 4 de septiembre a 5,39% el 10 de septiembre. Aunque posteriormente retrocedió, todavía permanecía en 5,34% al cierre del 14 de septiembre. La magnitud del movimiento importa porque los bonos de larga duración son particularmente sensibles a las expectativas sobre inflación, crecimiento, oferta de deuda y prima por plazo.
En otras palabras, el mercado no solamente está preguntando dónde estará la tasa de fondos federales en los próximos meses sino que está tratando de determinar cuánto rendimiento adicional necesita para mantener deuda estadounidense durante 10, 20 o 30 años, y esa prima parece haber aumentado. Goldman Sachs Research considera que algunas de las fuerzas que han impulsado el incremento en el mercado de bonos podrían desaparecer, pero que las preocupaciones fiscales probablemente persistirán. El dato resulta particularmente relevante porque la subida ha ocurrido de manera relativamente ordenada. George Cole, jefe de estrategia de tasas europeas de Goldman Sachs Research, destacó que la ausencia de un incremento significativo de la volatilidad dificulta argumentar que el mercado esté fundamentalmente mal valuado. La lectura es importante: si los rendimientos están subiendo porque los fundamentales cambiaron, no necesariamente bastará con una intervención puntual del Tesoro o con una modificación de las expectativas de la Fed para hacerlos regresar a los niveles anteriores.
El déficit empieza a competir con la Fed
Para los expertos, la principal diferencia entre el episodio actual y otros ciclos de tasas elevadas está en el peso de las necesidades fiscales. El déficit presupuestario estadounidense acumulado en el ejercicio fiscal 2026 alcanzó aproximadamente 1,97 billones de dólares hasta agosto, por encima de los 1,775 billones registrados durante todo el ejercicio fiscal 2025. Los pagos de intereses de la deuda también aumentaron: el gasto acumulado por este concepto era 13% superior al del mismo periodo del año anterior.
Al mismo tiempo, la deuda federal estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, un umbral que está adquiriendo relevancia creciente en el mercado. La combinación genera un problema conocido pero cada vez más visible: cuanto mayor es el déficit, mayor es la necesidad de emitir deuda; cuanto mayor es la cantidad de deuda que debe absorber el mercado, mayor puede ser el rendimiento que los inversionistas exigen para comprarla. Además, existe un segundo efecto. Los rendimientos elevados aumentan el costo de refinanciar la deuda existente, lo que incrementa el gasto por intereses y puede generar nuevas necesidades de financiamiento; se trata de una dinámica que no implica necesariamente una crisis, pero sí puede hacer que la política fiscal tenga una influencia cada vez mayor sobre la curva de rendimientos.
Reuters señala que el mercado sigue funcionando de manera ordenada pese a que la deuda estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, y destaca que el déficit ronda 6% del PIB, mientras que el crecimiento nominal se mantiene cerca de 6%. Esto es fundamental: los niveles actuales no significan que el mercado considere inminente un impago estadounidense, lo que están reflejando es que financiar al gobierno tiene un precio mayor y lo anterior se complica si además entran en juego factores geoeconómicos adicionales.
La IA también está compitiendo por el ahorro
Hay otro factor que Goldman Sachs coloca en el centro de la discusión: la inteligencia artificial. La inversión en infraestructura de IA está generando una enorme demanda de capital. Empresas tecnológicas y compañías vinculadas con centros de datos están recurriendo cada vez más al mercado de deuda para financiar proyectos de gran escala. Reuters estima que la emisión de deuda vinculada con proyectos de inteligencia artificial alcanzó casi 500.000 millones de dólares durante 2026 hasta principios de agosto, equivalente a alrededor de 20% de toda la deuda estadounidense con grado de inversión emitida en ese periodo, frente a apenas 1% en 2024.
Por su parte, Goldman Sachs plantea una dimensión todavía más amplia: el endeudamiento asociado con inversiones en inteligencia artificial podría llegar a representar alrededor de 1% del PIB mundial, incrementando la competencia por el ahorro disponible a escala global. La consecuencia para los bonos gubernamentales es directa; si los gobiernos y empresas demandan simultáneamente más capital, los inversionistas tienen mayor capacidad para exigir una rentabilidad superior. La cuestión deja de ser exclusivamente cuánto dinero necesita Washington y pasa a ser cuánto capital requiere el mundo para financiar la siguiente ola de inversión.
El petróleo complica el escenario
El mercado recibió además un nuevo shock inflacionario procedente de la energía; el petróleo Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en medio de las tensiones geopolíticas y las interrupciones de suministro en Medio Oriente. El encarecimiento de la energía volvió a alimentar las expectativas de inflación y redujo la confianza en una rápida relajación monetaria. Por su parte, el dato de inflación estadounidense de agosto tampoco permitió despejar completamente las dudas porque el índice de precios al consumidor aumentó 0,4% mensual y 3,4% anual, de acuerdo con datos citados por Reuters. Aunque la lectura estuvo en línea con las expectativas, el comportamiento de la energía y los alimentos mantiene presión sobre las perspectivas inflacionarias.
Para los bonos de largo plazo, el problema es particularmente sensible, una inflación elevada durante un periodo prolongado erosiona el valor real de los flujos futuros que recibirán los tenedores de bonos. Por ello, los inversionistas pueden exigir una mayor compensación en forma de rendimiento y eso ayuda a explicar por qué los vencimientos largos están sufriendo una presión mayor que los cortos. En este contexto, el movimiento reciente de la curva de Treasuries es revelador; el 14 de septiembre el rendimiento a dos años se encontraba alrededor de 4,18%, mientras que el de 10 años alcanzaba 4,97% y el de 30 años 5,34%.
La diferencia entre el corto y el largo plazo muestra que el mercado está incorporando una prima considerable por mantener deuda durante periodos extensos, esto puede interpretarse como una combinación de expectativas de tasas, inflación, oferta de deuda y prima por plazo. Es aquí donde aparece una de las ideas centrales de Goldman Sachs: las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso si algunos de los factores que impulsaron el repunte desaparecen; es decir, la energía podría abaratarse, la inflación podría moderarse y la inversión en IA podría demostrar que sus retornos son suficientemente elevados como para reducir la necesidad de endeudamiento. Pero, el déficit fiscal permanecería. “Las preocupaciones fiscales no desaparecerán”, es la conclusión de Goldman Sachs Research sobre uno de los factores estructurales detrás de los mayores rendimientos.
El Tesoro intenta intervenir, pero el mercado no se convence
El gobierno estadounidense tampoco está ignorando el comportamiento del mercado. El Tesoro anunció en septiembre que ampliaría sus operaciones de recompra de deuda de largo plazo hasta 6.000 millones de dólares, triplicando el tamaño de una operación anterior. El objetivo es mejorar la liquidez y retirar del mercado algunos bonos antiguos y menos líquidos. Sin embargo, el anuncio no consiguió revertir de manera duradera la presión sobre los rendimientos; el mercado recibió la operación con cautela porque las recompras pueden modificar la composición de la deuda, pero no reducen las necesidades generales de financiamiento del gobierno.
Goldman Sachs ha advertido precisamente sobre esta limitación: cambiar la composición de los vencimientos no resuelve por sí mismo el problema fiscal que está detrás de la presión sobre las tasas largas; el mensaje es relevante para los administradores de renta fija y consiste en el hecho de que si el problema es estructural las herramientas de gestión de liquidez pueden ayudar a estabilizar el mercado, pero difícilmente modificarán por sí solas el nivel de equilibrio de las tasas.
¿Una nueva oportunidad para los fondos de bonos?
El otro lado de la historia es menos negativo; un Treasury a 30 años con un rendimiento superior a 5% vuelve a ofrecer una fuente de ingreso que durante años fue prácticamente inexistente para los inversionistas de renta fija; para fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones y gestores patrimoniales, el nuevo escenario puede representar una oportunidad para reconstruir carteras de duración. La pregunta es el riesgo de entrar demasiado pronto. Comprar un bono a 30 años con un rendimiento de 5,3% puede parecer atractivo frente a los niveles de la última década, pero si el rendimiento sube a 5,7% o 6%, el precio del bono caerá y las pérdidas de valuación pueden ser significativas; la duración vuelve, por tanto, a ocupar un lugar central en la gestión.
Para un inversionista institucional con horizonte largo, un Treasury de 30 años puede representar una oportunidad para asegurar rendimientos nominales elevados durante décadas, mientras que para un fondo con restricciones de volatilidad o necesidades de liquidez de corto plazo, la misma posición puede representar un riesgo considerable. Quienes saben del mercado de dinero señalan que el atractivo no está solamente en el cupón, está en qué tan alto puede llegar el rendimiento antes de que la oportunidad se convierta en una trampa de duración. Existe además una consecuencia importante para los mercados accionarios.
El impacto sobre las acciones
Un Treasury a 30 años por encima de 5% aumenta el rendimiento disponible en activos considerados de muy bajo riesgo crediticio. Eso cambia el cálculo de los inversionistas frente a las acciones, particularmente cuando las valuaciones bursátiles son elevadas. Reuters señaló que el nivel de 5% en el Treasury a 10 años podría aumentar la competencia de los bonos frente a las acciones y presionar valuaciones que habían sido sostenidas por expectativas de crecimiento y beneficios corporativos, dicho efecto es especialmente relevante para las empresas tecnológicas.
La inversión en IA necesita cantidades enormes de capital y muchas de las compañías involucradas han recurrido al mercado de deuda. Si las tasas libres de riesgo permanecen elevadas, aumenta el costo de capital de toda la cadena y el mercado, por tanto, enfrenta una paradoja. La IA está impulsando inversión, productividad y expectativas de crecimiento, pero también está aumentando la demanda de financiamiento que contribuye a elevar el costo del capital.
El Treasury ya no puede darse por descontado
Durante décadas, los bonos del Tesoro estadounidense fueron considerados el activo de referencia para la gestión de liquidez global y la preservación de capital, pero el mercado está introduciendo una distinción importante: que un activo sea considerado libre de riesgo de crédito no significa que esté libre de riesgo de duración, inflación o valuación. El cambio en la composición de los compradores también importa. El Financial Times señala que la participación de tenedores tradicionalmente poco sensibles al precio, como algunos bancos centrales, ha disminuido, mientras que fondos y hogares —más sensibles al rendimiento— tienen un papel mayor en el mercado.
Esto puede aumentar la sensibilidad de los Treasuries a las condiciones del mercado; si los inversionistas privados tienen que absorber una proporción mayor de las nuevas emisiones, el Tesoro puede necesitar ofrecer rendimientos más atractivos para asegurar la demanda. No significa que el Treasury haya perdido su papel central. Significa que la seguridad crediticia estadounidense ya no garantiza por sí sola una demanda ilimitada a cualquier precio y es ahí donde hace su aparición la presgunta central para todo el mundo.
¿Hasta dónde pueden llegar las tasas?
Esta es la gran pregunta que dominará el mercado durante los próximos meses; algunos señalan que una parte del incremento puede revertirse si disminuyen los precios de la energía, se modera la inflación y se reduce la expectativa de nuevas alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Pero Goldman Sachs plantea una advertencia más profunda: aunque esos factores temporales desaparezcan, los problemas fiscales seguirán presentes. Eso explicaría por qué las tasas largas podrían mantenerse elevadas incluso cuando la Fed eventualmente comience a relajar su política monetaria.
La experiencia de los últimos años ya demostró que la tasa de fondos federales y el rendimiento del Treasury a 30 años no son la misma cosa; la Fed controla directamente el extremo corto de la curva pero el mercado determina en buena medida qué rendimiento exige por prestar dinero durante 10, 20 o 30 años, y en este momento está pidiendo más. El repunte de los Treasuries tiene una lectura doble para los mercados. Por un lado, representa un desafío para el gobierno estadounidense, para los emisores corporativos y para las valuaciones de activos de riesgo; por otro, puede marcar el regreso de la renta fija como una alternativa de inversión capaz de competir nuevamente con las acciones por el capital institucional.
El Treasury a 30 años por encima de 5% no es una señal automática de crisis. Tampoco implica que Estados Unidos esté perdiendo el control de su mercado de deuda. lo que sí revela es un cambio en la relación entre deuda, inflación, inversión y ahorro global. Estados Unidos necesita financiar déficits elevados, las empresas necesitan capital para construir la infraestructura de la inteligencia artificial y los gobiernos de otras economías desarrolladas también están emitiendo más deuda. Mientras, los inversionistas tienen un límite sobre cuánto capital pueden destinar a absorber esa oferta.
En ese escenario, el precio que equilibra oferta y demanda es el rendimiento y ese precio acaba de alcanzar niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. La cuestión para los mercados ya no es solamente si la Fed bajará o subirá las tasas, ahora consiste en saber si el mundo ha entrado en una era en la que financiar grandes déficits e inversiones de largo plazo requerirá permanentemente rendimientos más altos. Si la respuesta es afirmativa, el 5,37% alcanzado por el Treasury a 30 años podría terminar siendo más allá de un máximo histórico, el comienzo de una nueva referencia para el mercado global de renta fija.








