Tres visiones sobre qué significa la salida a bolsa de SpaceX
| Por Beatriz Zúñiga | 0 Comentarios

Los inversores mantienen la mirada puesta en la salida a bolsa de SpaceX, ya que no tiene precedentes en cuanto a su magnitud y estructura. Según los expertos de las gestoras internacionales, sus repercusiones en los mercados, los índices y las carteras van mucho más allá de la propia operación.
“Una serie de empresas privadas de gran capitalización se dirige hacia los mercados públicos, y es posible que su llegada redefina el panorama bursátil. SpaceX, la empresa de Elon Musk dedicada a la industria aeroespacial, las comunicaciones por satélite y la inteligencia artificial (IA), es la primera. Su valoración objetivo para la salida a bolsa ronda los 1,8 billones de dólares, con lo que recaudaría hasta 75.000 millones de dólares en el proceso”, recuerdan Shannon L. Saccocia, directora de inversiones y gestión patrimonial de Neuberger, y Joe Amato, presidente y director de Inversiones de Renta variable de Neuberger.
Esta va a ser una operación histórica, no solo por el tamaño de la compañía y la fortaleza de su marca, sino también por el entusiasmo que generaría entre inversores institucionales y minoristas. “No obstante, el entusiasmo no constituye una disciplina de inversión. No se trata simplemente de determinar si SpaceX es una gran empresa, sino de evaluar qué expectativas están ya incorporadas en el precio”, señala Aymeric Gastaldi, gestor de renta variable internacional en Edmond de Rothschild AM.
Para Gastaldi, existe además un factor estructural que los inversores deben considerar: la inclusión en índices. “Si una compañía como SpaceX fuera admitida rápidamente en los principales índices del Nasdaq tras su salida a bolsa, los fondos pasivos y los ETFs se convertirían en compradores forzosos. Esto podría absorber una parte significativa del free float disponible y generar presión adicional al alza sobre la acción, independientemente de su valoración”, comenta.
¿Apetito inversor suficiente?
Ante la OPV de SpaceX, para Adam Berger, estratega multiactivos, y Matthew Strzepka, responsable de mercados de capital de renta variable de Wellington Management, la primera lección será si hay o no apetito inversor. En su opinión, sí. “SpaceX cuenta con un enorme reconocimiento de marca y es probable que despierte el interés de distintos segmentos de inversores. Además, esperamos que la participación de los inversores particulares sea significativa, dada la gran repercusión mediática del lanzamiento y las informaciones que apuntan a que la compañía podría destinar una parte importante de la oferta a este colectivo”, señalan.
Además, los expertos de Wellington Management explican que su inclusión en los índices implica que muchos fondos de gestión pasiva podrían verse obligados a comprar acciones en un corto periodo de tiempo y que los fondos de gestión activa deberán considerar a SpaceX dentro de su universo de inversión de referencia. Además, recuerdan que los hedge funds y los fondos crossover, que pueden invertir tanto en empresas cotizadas como privadas, también podrían impulsar la demanda. Ante todo ello, “el precio y la valoración jugarán un papel determinante, aunque esperamos que la salida a bolsa se fije en un nivel que resulte atractivo tanto para los inversores particulares como para los institucionales”, apuntan.
Para Clémence Rusek, estratega jefe de inversiones en Vontobel, a primera vista, las preocupaciones sobre la capacidad de absorción del mercado parecen justificadas. “La concentración de salidas a bolsa y ampliaciones de capital de empresas de gran capitalización en un plazo relativamente corto hace temer que la oferta de acciones supere con creces a la demanda”, afirma. Sin embargo, reconoce que los datos subyacentes sugieren lo contrario. “Es probable que las estructuras propuestas para las salidas a bolsa impliquen que solo se pongan a la venta inicialmente entre el 5% y el 6% del total de acciones, lo que significa que la oferta efectiva que entre en el mercado en el momento de la cotización podría ser considerablemente menor de lo que sugieren las valoraciones generales. Por lo tanto, a pesar de las cifras récord, se espera que la oferta total de acciones represente solo alrededor del 1% de la capitalización bursátil total, un nivel que se mantiene por debajo de las medias a largo plazo si se mide en relación con el tamaño global de los mercados de valores”, matiza.
No obstante, Berger y Strzepka advierten de que esto no descarta posibles episodios de volatilidad en el valor, si bien prevemos que la volatilidad general del mercado se mantendrá contenida: “Históricamente, algunas grandes OPVs han generado tensiones a corto plazo, pero estos movimientos no suelen tener un impacto significativo y duradero sobre el conjunto del mercado. Aunque la nueva oleada de grandes salidas a bolsa podría superar en magnitud a los ejemplos citados, conviene recordar que la capitalización bursátil total del mercado actual es también mayor que antes: peces más grandes, pero también un estanque más grande”.
SpaceX, una de muchas
Estas palabras nos llevan a la segunda reflexión que lanzan los expertos de las gestoras internacionales: ¿estamos ante una oleada de OPVs? En opinión de Rusek, sí. El experto defiende que estamos ante una nueva ola de megacotizaciones en bolsa (OPV) que está llamada a dominar los mercados de valores en 2026, y todo gira en torno a la inteligencia artificial. “Empresas como OpenAI, SpaceX y Anthropic se están preparando para salir a bolsa con valoraciones que se miden en billones de dólares, lo que podría suponer uno de los mayores ciclos de emisión de la historia del mercado”, apunta Rusek.
La historia nos indica que las OPVs exitosas pueden generar un “efecto halo”. Una operación satisfactoria da pie a la siguiente y se crea un círculo virtuoso. Diversas informaciones indican que varias compañías de gran tamaño están a la espera del momento adecuado para salir a bolsa. Si la OPV de SpaceX resulta un éxito y su desempeño como compañía cotizada es positivo, cabría esperar que otras grandes operaciones siguieran su estela.
“El repunte de los mercados de renta variable en 2025 y en la primera mitad de 2026 ha impulsado la actividad de OPV, con implicaciones tanto para los inversores de capital privado como para los de mercados cotizados. Hace dos años, los precios en los mercados cotizados se movían por debajo de los niveles a los que los propietarios de empresas privadas estaban dispuestos a vender. Tras la fuerte subida registrada desde entonces, especialmente en las acciones tecnológicas, los precios de mercado y las expectativas de los vendedores están más alineados”, apuntan Berger y Strzepka.
Cambio radical para la inversión pasiva
Para los expertos Neuberger resulta fundamental analizar qué implicaciones tienen SpaceX y otras mega-OPV para los índices pasivos, teniendo en cuenta que, según sus propios estudios, hay unos 30 billones de dólares en activos gestionados a nivel mundial que replican dichos índices. En este sentido, los gestores de índices están tomando ahora decisiones activas sobre cuándo incluir a las empresas de megacapitalización, con qué ponderación y cómo ajustar sus normas para dar cabida al frenesí de demanda previsto.
“Es importante destacar que, en el momento de la inclusión, resulta difícil calcular una ponderación precisa en el S&P 500. Según los planes actuales, SpaceX se incorporaría al índice en junio del año que viene, momento en el que habría más acciones en circulación y el propio índice habría variado. Pero con una valoración actual de 1,75 billones de dólares, y con el 53% del capital flotante disponible en junio de 2027, creemos que eso sitúa a SpaceX en torno a los 930.000 millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a una ponderación del 1,4 % con respecto a la capitalización bursátil actual del índice, de 65 billones de dólares.
Sin embargo, la presión de compra mecánica es considerable: nuestro escenario base apunta a que los fondos indexados podrían absorber el 24% del capital en circulación para el día 15. Esto significa que los inversores pasivos poseerán acciones de SpaceX sin haber tomado una decisión activa de comprarlas”, explican L. Saccocia y Amato.
Su conclusión es que la inclusión en el índice también requerirá una venta proporcional de las posiciones existentes para reequilibrar la cartera, principalmente de los segmentos de gran capitalización del índice y, sobre todo, de acciones tecnológicas como Apple, Microsoft y Nvidia. “Otra cuestión a tener en cuenta es que los vencimientos de los periodos de bloqueo comienzan periódicamente tras la publicación de los primeros resultados de la empresa y mucho antes de su inclusión en el S&P 500. Es probable que esto añada una presión significativa sobre la oferta”, concluyen











