¿Está preparada Latinoamérica para la ola de wealth transfer generacional?
| Por Antonio Sandoval | 0 Comentarios

La mayor transferencia de riqueza de la historia ya comenzó. Y aunque el fenómeno suele analizarse desde la perspectiva de Estados Unidos o Europa, América Latina empieza a enfrentar un desafío igual de profundo: cómo administrar, profesionalizar y preservar el patrimonio que pasará de una generación a otra durante las próximas dos décadas.
De acuerdo con el más reciente informe Global Wealth Report 2025 de UBS, a nivel global se transferirán alrededor de 83 billones de dólares en patrimonio durante los próximos 20 a 25 años, principalmente entre generaciones familiares.
Aunque gran parte de ese capital estará concentrado en Estados Unidos y Europa, el fenómeno también tendrá implicaciones relevantes para América Latina, especialmente en mercados como Brasil y México, donde el crecimiento patrimonial de familias empresarias, grupos industriales y nuevos millonarios se aceleró durante las últimas décadas.
El mismo reporte estima que Brasil enfrentará transferencias patrimoniales cercanas a 9 billones de dólares en las próximas décadas, mientras que México registrará aproximadamente la mitad de ese volumen.
La pregunta de fondo no es únicamente cuánto capital cambiará de manos, sino si la región cuenta con la infraestructura financiera, legal y cultural necesaria para administrarlo.
Un patrimonio todavía concentrado en activos tradicionales
Uno de los principales retos latinoamericanos es la composición misma de la riqueza. En contraste con Estados Unidos —donde los portafolios financieros tienen una participación dominante—, buena parte del patrimonio regional continúa concentrado en activos inmobiliarios, negocios familiares o estructuras corporativas poco institucionalizadas.
Según UBS, los activos no financieros representan 64% de la riqueza en México y 53,5% en Brasil.
Esto implica que una gran parte de las futuras herencias no estará compuesta por carteras líquidas fácilmente transferibles, sino por empresas familiares, propiedades, participaciones privadas y activos difíciles de valuar o dividir.
En otras palabras, Latinoamérica enfrentará un proceso sucesorio mucho más complejo que el observado en economías con mayor sofisticación patrimonial.
El gran desafío: profesionalizar la sucesión
La región además arrastra un problema histórico: muchas familias empresarias aún carecen de estructuras formales de gobierno corporativo, protocolos familiares o vehículos institucionales para administrar patrimonio multigeneracional.
En diversos mercados latinoamericanos, la conversación sobre sucesión todavía suele postergarse hasta etapas críticas, frecuentemente detonadas por fallecimientos inesperados, conflictos familiares o cambios regulatorios.
La experiencia internacional muestra que el wealth transfer no es únicamente un evento financiero, sino también un proceso de transformación cultural. Un reporte reciente de UBS sobre familias patrimoniales reveló que cerca de un tercio de las familias de alto patrimonio ya inició conversaciones formales sobre transferencia generacional y que las nuevas generaciones recurren cada vez más a asesores especializados, family offices y estructuras institucionales para gestionar herencias complejas.
Ese cambio comienza a observarse también en América Latina, donde los family offices regionales están ampliando sus capacidades en planeación patrimonial, estructuras fiduciarias, gobierno familiar y educación financiera para herederos.
Millennials y Gen Z cambiarán la forma de invertir
La transferencia generacional no solo modificará la propiedad de los activos; también transformará las preferencias de inversión.
Diversos estudios internacionales muestran que los herederos más jóvenes tienden a privilegiar activos alternativos, private equity, venture capital, inversiones ESG y estrategias globales, alejándose parcialmente de los portafolios tradicionales centrados en bienes raíces o renta fija local.
Esto podría convertirse en un catalizador importante para la industria latinoamericana de gestión patrimonial y fondos de inversión, particularmente en segmentos como alternativos, fondos internacionales, infraestructura privada y tecnología.
Además, el fenómeno podría acelerar la institucionalización de capitales familiares que históricamente permanecieron fuera del sistema financiero formal.
Una oportunidad histórica para la industria financiera
Para bancos privados, casas de bolsa, asset managers y family offices, la llamada “gran transferencia patrimonial” representa probablemente la mayor oportunidad comercial de las próximas décadas.
La región aún muestra bajos niveles de penetración de servicios sofisticados de wealth management frente a mercados desarrollados. Sin embargo, el crecimiento sostenido del número de millonarios comienza a cambiar ese panorama.
UBS estima que Brasil cuenta actualmente con alrededor de 433 mil millonarios en dólares y México con cerca de 400 mil.
El reto para la industria será doble: atraer a nuevas generaciones con perfiles de inversión distintos y, al mismo tiempo, evitar la descapitalización patrimonial que suele acompañar los procesos sucesorios mal estructurados.
Porque si algo demuestra la experiencia internacional es que transferir riqueza no garantiza preservarla.
Y en América Latina, donde buena parte de las fortunas aún dependen de estructuras familiares altamente personalistas, la verdadera prueba apenas comienza.
Otro elemento que comienza a ganar relevancia en la región es el componente fiscal y regulatorio asociado a las herencias y estructuras patrimoniales. Aunque América Latina todavía mantiene una carga impositiva relativamente menor sobre sucesiones frente a mercados europeos, diversos especialistas anticipan que los gobiernos podrían revisar gradualmente los esquemas tributarios aplicables a grandes patrimonios ante la presión fiscal creciente y el deterioro de las finanzas públicas en varios países.
Ese escenario ya está impulsando una mayor demanda de vehículos internacionales, fideicomisos, estructuras offshore reguladas y soluciones transfronterizas de planeación patrimonial, particularmente entre familias con activos distribuidos en distintas jurisdicciones.
Además, el fenómeno coincide con otro cambio estructural: la digitalización del wealth management. Las nuevas generaciones de inversionistas demandan plataformas tecnológicas, acceso global a productos financieros, reporteo en tiempo real y estrategias de inversión mucho más sofisticadas que las utilizadas por generaciones anteriores.
De acuerdo con estimaciones de McKinsey & Company, la digitalización y la personalización impulsadas por inteligencia artificial podrían redefinir por completo la industria global de gestión patrimonial durante la próxima década, especialmente en mercados emergentes donde la penetración de servicios financieros especializados sigue siendo baja.
Para América Latina, esto implica que la competencia ya no será únicamente entre bancos privados tradicionales. También entrarán en juego plataformas digitales, gestores independientes, fintechs patrimoniales y firmas globales que buscan capturar parte de la nueva generación de capital latinoamericano.
En ese contexto, la sucesión patrimonial dejará de ser únicamente un asunto familiar para convertirse en uno de los principales motores de transformación de la industria financiera regional.
Conclusiones
La transferencia generacional de riqueza representará uno de los cambios estructurales más relevantes para la industria financiera latinoamericana en las próximas décadas. Más allá del volumen de capital que cambiará de manos, el verdadero desafío estará en la capacidad de las familias y de los intermediarios financieros para institucionalizar patrimonios, profesionalizar procesos sucesorios y adaptarse a nuevas generaciones con perfiles de inversión distintos.
El fenómeno también abre una oportunidad significativa para bancos privados, gestores de activos, family offices y plataformas digitales, en un contexto donde la sofisticación patrimonial en América Latina todavía tiene amplio margen de crecimiento. Sin embargo, la región deberá avanzar en educación financiera, gobierno corporativo y planeación patrimonial si busca evitar que parte importante de esa riqueza se fragmente o pierda valor durante el proceso sucesorio.
En otras palabras, la gran transferencia patrimonial no será únicamente un relevo generacional: podría redefinir la forma en que América Latina invierte, preserva y administra su riqueza.











