El bono americano: la corrección continúa y el crudo cronifica la tensión
| Por Rocío Martínez | 0 Comentarios

Continúa la corrección en el mercado de deuda pública, impulsada por la falta de avances en las negociaciones Irán-EE.UU. Los mensajes llegados durante el fin de semana evidenciaron que Estados Unidos e Irán siguen muy lejos de alcanzar un acuerdo en el corto plazo. Donald Trump declaró el sábado que «presentaron una propuesta, pero la rechacé», mientras que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó el domingo que «no tenemos ninguna razón para volver a la diplomacia y comprometernos nuevamente con esta administración».
Los tipos reales a 10 años continúan calcando la evolución del precio del barril, y explican más del 90% del movimiento en la TIR desde el estallido del conflicto a finales de febrero.

Con el precio del petróleo por encima de los 100 dólares, era previsible que Irán intentaría descomprimir algo la situación para evitar llevar a Trump al uso de la fuerza excesiva. La decisión del presidente de no seguir el juego a Teherán mantiene la tensión en el mercado de crudo. Incluso las buenas noticias respecto a la reactivación del oleoducto este-oeste o del puerto saudí de Yanbu, o la liberación de otros 40 millones de barriles de las reservas estratégicas estadounidenses (que están ya por debajo de los 285 millones de barriles, y en mínimos de cuatro décadas), solo sirvieron para apaciguar temporalmente los ánimos: el futuro diciembre 2027 aún coloca el precio del barril de brent en 80,9 dólares, cuando antes del conflicto operaba cerca de los 70 dólares.
En este contexto, la rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a diez años subió hasta el 5,26% el lunes, superando el jueves los máximos de 5,3% registrados hace 19 años. Romper ese máximo de 2007, abre técnicamente la vía para alcanzar el 6%, que no vemos desde principios de siglo.

Renta variable: calma aparente, tensión subyacente
Esta tensión sigue dificultando que el S&P 500 recupere su tendencia alcista, y como muestra la dicotomía entre el índice equiponderado y el construido en base a la capitalización bursátil de sus componentes, parece que los inversores empiezan a preocuparse del impacto que puedan tener los costes de financiación más elevados sobre el consumo, la inversión y los beneficios.

No obstante, aún estamos lejos de la zona de peligro, y probablemente la parte más relevante de la normalización en TIR, después de la inusual década 2010-2020 puede haberse producido ya.
La historia nos muestra que, si el contexto de crecimiento en inflación es favorable, la rentabilidad al alza del bono puede comprimir el múltiplo de valoración, pero no necesariamente cambiar la tendencia de un mercado alcista. En los últimos tres meses, la TIR del bono del Tesoro ha ampliado 0,3% y, como vemos en la gráfica son los ajustes más desordenados y de mayor magnitud (0,8% -1%) los que en el pasado precipitaron correcciones severas en bolsa.

La última lectura del indicador es de +0,5%, y hay que prestar atención a escaladas adicionales en el precio del barril. No obstante, la compresión en múltiplos de la bolsa desde las 23x del cuarto trimestre de 2025 hasta las 19x hoy había preparado al mercado para el reciente repunte en volatilidad de la deuda pública. De hecho, por debajo de la calma que muestra el S&P 500, observamos que cerca de un 50% de los componentes del S&P 500 han sufrido correcciones iguales o superiores al 10% desde sus máximos de 12 meses.

En cualquier caso, parece que la caída en el precio de los bonos está bastante avanzada. Desde el inicio del conflicto EE.UU.-Irán, la curva estadounidense ha aplanado 0,56%, quedando a aproximadamente 0,45% de invertirse. Es una señal muy clara del mercado al banco central estadounidense: las subidas implícitas en la curva pueden acercar a la economía a la recesión. Warsh está avisado.
Inflación, mercado laboral y perspectivas
Sorprendería además que el presidente de la Fed cumpla con lo proyectado por el mercado en lo que a tipos se refiere de aquí a verano de 2027 porque esto significaría que los fed funds quedarían muy cerca del 5%, niveles próximos a los que se alcanzaron en la etapa post COVID. Entonces Powell fue un poco más agresivo (hasta 5,5%), pero la inflación venía de un pico del 9% (4,25% el IPC en mayo 2026, descendiendo hasta 3,4% en el último dato disponible de agosto) y el PIB nominal avanzaba al doble de velocidad que hoy. Y la aceleración en productividad resultado de la creciente adopción de herramientas de IA presionará a la baja el IPC de forma más notoria cuando el precio del crudo vuelva a cotizar con normalidad. El “tráfico en la sombra” en Ormuz, la ruptura de la OPEC y la menor dependencia global del petróleo apuntan a que el precio del barril podría descender con rapidez ante un acuerdo definitivo.
Por otro lado, y a pesar de indicios recientes que comentamos en otras entregas que podían apuntar a una reaceleración en la creación de empleo, no hay indicios concluyentes de que esto esté sucediendo y, por lo tanto, ante la disminución en el crecimiento salarial y la tendencia en costes laborales unitarios, la Fed de Warsh seguirá enfocado en la parte de inflación de su doble mandato. En este sentido, la actualización de agosto de la encuesta JOLTS reafirma la idea de un mercado de trabajo que ni despide ni contrata con energía. Los puestos pendientes de ser cubiertos cayeron hasta los niveles más bajos desde marzo (7,1 millones) manteniendo el equilibrio en el ratio vacantes/desempleados, mientras que el indicador adelantado de bajas voluntarias menos despidos no sugiere presión al alza en sueldos de aquí a fin de ejercicio.

Y como hemos venido explicando, hay pocos datos que apunten a efectos inflacionarios de segunda ronda por las subidas en el precio de la energía. En este sentido la última encuesta ISM de manufacturas nos muestra la imagen de una economía que crece pero sin llegar a recalentarse, expuesta a presiones en precios por el lado de la oferta, con el subíndice de precios pagados subiendo desde 77,1 hasta 77,9 en un contexto donde los tiempos de entrega se mantienen estables. Y con el crecimiento en ingresos descolgándose más del avance en gasto real -como deja de manifiesto el Informe de Ingresos y Gastos Personales del mes de agosto-, el colchón del ahorro es cada vez más fino y el consumo se verá afectado, a pesar del apoyo del efecto riqueza, si no se produce una reaceleración clara en el mercado laboral.












