Foto cedidaSebastián Rodríguez, gerente de Riesgos de Visión Capital Chile
Vision Capital anunció el nombramiento de Sebastián Rodríguez Robertson como nuevogerente de Riesgos. En este cargo, será responsable de liderar la estrategia de evaluación, control y seguimiento de los riesgos asociados a las operaciones de factoring y financiamiento de la empresa, con foco en resguardar la calidad de la cartera y respaldar un crecimiento responsable, según señalaron en un comunicado.
Rodríguez cuenta con más de 15 años de trayectoria en áreas comerciales, financieras y de desarrollo de negocios. Su experiencia incluye la estructuración de productos financieros, gestión de carteras, creación de alianzas con la banca y conducción de equipos orientados a la rentabilidad. También ha liderado iniciativas de transformación digital y automatización de procesos comerciales y de riesgo.
Antes de incorporarse a Vision Capital se desempeñó como gerente comercial de Fingo.
Entre sus principales responsabilidades en el área, estará robustecer las políticas y modelos de riesgo, optimizar los procesos de evaluación de clientes y monitorear la calidad de la cartera. También impulsará herramientas tecnológicas que permitan agilizar las decisiones, mejorar la trazabilidad y anticipar posibles contingencias, detallaron.
Con su incorporación, Vision Capital busca fortalecer una gestión de riesgos capaz de acompañar el crecimiento de la compañía y responder a las necesidades de financiamiento de las empresas. Su conocimiento del negocio permitirá equilibrar agilidad comercial, control financiero y sostenibilidad en cada operación.
LinkedInAlberto D’Avenia, Head of Americas Distribution en BNP Paribas Asset Management
Después de más de una década trabajando en distintas firmas entre Italia y Miami, el ejecutivo Alberto D’Avenia volvió a BNP Paribas Asset Management. El profesional informó de su nombramiento a través de la red profesional LinkedIn, luego de tomar el cargo de Head of Americas Distribution en la gestora.
En sus nuevas funciones, estará a cargo del desarrollo del negocio de distribución en US Offshore y América Latina, tanto para institucional como wealth, de la gestora.
Eso sí, según detallan fuentes conocedoras del asunto, D’Avenia abarca las estrategias de activos líquidos de BNP Paribas AM. Para los alternativos, el ejecutivo a cargo es Álvaro Correas, encargado de Business Development e Investor Relations para Iberia y América Latina de CAPZA. Esta firma es el brazo dedicado a estrategias de private equity y deuda privada de BNP.
Antes de volver al grupo, D’Avenia se desempeñó por tres años y medio como Head para US Offshore de Voya Investment Management y, anteriormente, pasó una década en Allianz Global Investors, donde alcanzó el cargo de Head of US Non Resident Business and LatAm Retail.
Un tramo importante de la carrera del profesional, de 13 años pasando por distintas posiciones, fue precisamente en BNP Paribas AM. Llegó como Senior Client Relationship Manager, en el año 2000, y avanzó su carrera en la firma hasta convertirse en Head of External Distribution Sales para Italia y los países mediterráneos, entre 2011 y 2013.
Adicionalmente, trabajó en Epta Fund SGR, Deutsche Bank Italia, Azimut y Prime Consult SIM.
Cabe destacar que el equipo de distribución de la gestora en la región al que llegó ahora D’Avenia cuenta con participación de John Barletta y Rafael Tovar. Barletta es Head of Sales de BNP Paribas AM y Tovar es Head of US Offshore & LatAm Wholesale Distribution de AXA Investment Managers.
AXA IM se incorporó a BNP Paribas AM en julio del año pasado. Dentro de la estructura del grupo, la firma forma parte de la división de Investment & Protection Services, que se especializa en inversiones, ahorro, protección y servicios de bienes raíces.
Además del acuerdo que tiene AXA con AMCS –grupo basado en Miami dedicado a la distribución de estrategias de terceros en los mercados de América Latina y US Offshore–, BNP Paribas Asset Management tiene presencia local y oficinas en Brasil y México. Además, cuentan con un ejecutivo que apoya la venta de productos de la firma en la región: Pedro Pablo Montero, basado en Chile.
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Cualquiera puede vender un producto a partir de un term sheet. Lo que realmente distingue a un asesor genuino de un simple tomador de pedidos es comprender qué estructura se adapta mejor a la estrategia de un gestor, cómo construirla, y ser capaz de guiar a ese gestor a través de las disyuntivas antes de que los problemas aparezcan más adelante, no después.
En diez años asesorando a gestores en toda la región EMEA, he dejado de esperar saberlo todo en el momento en que llega una pregunta. Cada gestor aporta una estrategia distinta, y cada estrategia viene con una combinación diferente de lo que es posible y lo que no, tanto en términos de lo que LYNK puede construir como de lo que permite el marco de mercado y regulatorio. Cuando no sé algo con certeza, lo verifico antes de responder. La experiencia en estructuración no consiste en tener todas las respuestas a mano, sino en no adivinar nunca.
Esa distinción rara vez importa mientras las cosas salen según lo previsto, pero cobra una relevancia enorme cuando no es así. Un asesor que puede explicarle a un gestor, en términos sencillos, por qué una valoración diaria, semanal o mensual se ajusta a su estrategia, o cómo deben estructurarse los reembolsos para que coincidan con la liquidez del subyacente, es aquel al que se llama antes de lanzar un nuevo vehículo. Ambas cuestiones son consecuencia de la propia estrategia. Mi función es asesorar sobre la estructura que mejor se ajusta, no cambiar lo que es inherente a la estrategia.
Por qué esto importa ahora
A medida que más gestores de activos buscan acceder a canales de patrimonio (wealth) a nivel global a través de vehículos impulsados por la tecnología, más de ellos exploran estructuras que nunca antes habían construido y sobre las que no cuentan con experiencia interna. El número de gestores que exploran estos vehículos crece más rápido que el conjunto de especialistas capaces de guiarlos a lo largo de todo el proceso de estructuración.
Esa brecha es precisamente donde la confianza se construye o se pierde. Aparece primero en los pequeños momentos: un gestor que pregunta sobre una jurisdicción o un tipo de inversor que no se señaló desde el principio, mucho antes de que se convierta en un problema de cumplimiento una vez que el vehículo ya está en el mercado.
Las decisiones de estructuración se toman mucho antes de que el problema aparezca
Cada decisión de estructuración —cómo se valora un producto, cómo se calibra la liquidez, cómo se constituye la garantía y qué jurisdicciones pretende alcanzar el gestor— se toma meses antes de que un producto llegue a lanzarse. Una vez que se hace público, esas decisiones quedan fijadas. Lo que no queda fijado es si el gestor las comprende lo suficientemente bien como para explicárselas a su propia red de distribución, y qué ocurre si las condiciones cambian.
Esta es la parte del negocio que menos atención recibe públicamente, porque no aparece en un pitch. Las conversaciones de estructuración ocurren aguas arriba, entre el gestor y el equipo de estructuración de LYNK, mucho antes de que el producto llegue al mercado. Pero la calidad de esa conversación previa es exactamente lo que determina si el vehículo realmente se ajusta a la estrategia que está destinado a sostener.
Las disyuntivas que un gestor debería entender antes de elegir una estructura
Hay una serie de temas que surgen una y otra vez en estas conversaciones, y en mi experiencia, el más frecuente con diferencia es la naturaleza del propio vehículo: qué es, cómo opera, cómo se compara con estructuras similares, y cómo es realmente el cumplimiento normativo detrás de escena. Los gestores conocen su estrategia a la perfección; muchos menos llegan entendiendo quién respalda la estructura, o por qué una estructura podría adaptarse mejor a su estrategia que otra.
Una de las decisiones más determinantes que toma un gestor al elegir su estrategia de distribución es optar por una estructura de ISIN único que abarque múltiples jurisdicciones. Si bien esto simplifica el acceso a nivel operativo, también puede implicar que los mínimos, los tipos de inversor elegibles y las restricciones de venta varíen de forma significativa de una jurisdicción a otra. En última instancia, es el gestor quien asume la responsabilidad de garantizar que la estrategia se venda dentro de esas restricciones, no LYNK ni el emisor. Antes de recomendar una estructura, necesito entender exactamente dónde pretende distribuir el gestor, para que el producto que construyamos se ajuste realmente a ese plan desde el principio.
Dónde realmente se pone a prueba la relación asesor-gestor
Nada de esto importa mientras todo funcione según lo esperado. Sin embargo, en el momento en que surge un problema en torno a algo como las restricciones de venta —con mínimos o tipos de inversor elegibles que difieren de lo que el gestor asumía al decidir expandirse a un nuevo mercado— es cuando realmente se pone a prueba la dinámica entre el asesor y el gestor.
Un asesor que ya entendía cómo varían esas restricciones entre jurisdicciones, y que construyó la estructura teniéndolo en cuenta desde el primer día, le ahorra al gestor una conversación difícil con su propia red de distribución meses después. Un asesor que no tuvo esa conversación de antemano se encuentra ahora explicando una limitación estructural después de que el gestor ya haya comenzado a distribuir, una posición mucho más difícil, sobre todo cuando el gestor se da cuenta de que la responsabilidad de cumplimiento fue suya en todo momento.
La diferencia real
Un tomador de pedidos, en ese momento, repite lo que está escrito en la documentación. Un asesor explica lo que una limitación realmente significa para la estrategia y el plan de distribución específicos de ese gestor, porque comprendía la estructura lo suficientemente bien como para señalarla antes de que se volviera urgente.
Cualquiera puede vender un vehículo a partir de una ficha de producto. Solo un asesor que realmente entiende qué estructura es la correcta para cada estrategia específica, y ayuda a construirla en consecuencia, puede vender la confianza que perdura una vez que el producto ya está en el mercado.
Aunque los gestores puedan pasar por alto esta distinción el primer día, sin duda la recordarán y la valorarán el día en que algo no encaje como se había previsto originalmente.
Tribuna de Filippo Rodriguez, Director Regional para EMEA, LYNK Markets
Foto cedidaKaren Knight (izq), Managing Director y Head para América Latina; y Nicolás Fonseca (der), Senior Product Manager y Director de Latin American Product de VanEck
Con el objetivo de estrechar lazos con los inversionistas y profesionales de las finanzas en América Latina, VanEck anunció este viernes una expansión de su liderazgo en la región. Este robustecimiento, señalaron a través de un comunicado, incluye planes de aumentar su equipo dedicado de distribución y seguir invirtiendo en acceso a productos y apoyo de mercado.
La firma ha estado expandiendo su negocio y capacidades en la región –activa desde 2008–, aumentando el acceso a sus estrategias de inversión a través de bolsas locales, plataformas de brokerage y cuentas cross-border.
En este nuevo robustecimiento, la compañía nombró a Karen Knight como Managing Director y Head para América Latina. En su nuevo rol, que asumió el 1 de agosto, la profesional está a cargo de liderar la estrategia y distribución regional. Esto, señalaron, apunta a fortalecer la relación de VanEck con clientes y socios a lo largo de mercado latinoamericanos clave, además de apoyar algunas iniciativas en el mercado US Offshore.
Knight trabaja en la firma desde enero de 2022 y ha jugado un rol activo en su expansión en la región, trabajando de cerca con los equipos de distribución y productos.
“El escenario de inversiones de América Latina ha evolucionado considerablemente. Al igual que la oportunidad de atender a inversionistas y profesionales de las inversiones a lo largo de la región”, indicó la ejecutiva en la nota de prensa, destacando los “fuertes cimientos” que han sentado.
Junto con Knight, VanEck también promovió a Nicolás Fonseca, quien fue nombrado como Senior Product Manager y Director de Latin American Product.
El profesional, destacaron desde la compañía, también ha aportado al crecimiento de la firma en la región, ampliando el abanico de estrategias de la casa de inversiones que está disponible para inversionistas latinoamericanos.
En sus nuevas funciones, agregaron, trabajará para expandir la disponibilidad de ETFs y vehículos UCITS en las bolsas locales, colaborando con Knight para alinear las iniciativas de producto con las necesidades de los inversionistas y profesionales de inversión.
A esto se suma el anuncio de que, en esta nueva fase, VanEck planea aumentar su equipo de distribución dedicado a la región. En esa línea, Eduardo Escario, que tenía el liderazgo regional anteriormente, seguirá apoyando al equipo en este período de transición, mientras expande su rol en el negocio europeo de la compañía.
“América Latina ha sido un mercado importante para VanEck desde hace casi dos décadas, y vemos oportunidades significativas para seguir fortaleciendo nuestro servicio a inversionistas a lo largo de la región”, comentó el CEO de la firma, Jack van Eck, en la nota.
Los mercados se vieron golpeados este lunes por la nueva escalada de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, con ataques norteamericanos contra objetivos del IRGC en la isla de Larak, en el Estrecho de Ormuz, y represalias iraníes contra Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Estos también debían digerir el discurso marcadamente restrictivo del presidente de la Fed, Kevin Warsh, en Jackson Hole, donde reafirmó el objetivo de inflación del 2% y señaló que “queda trabajo por hacer”. Como resultado más inmediato, la probabilidad de una subida de tipos de la Fed en septiembre saltó rápidamente del 36% al 67%.
El bono americano: normalización, no alarma fiscal
La rentabilidad del bono del Tesoro tocó máximos del año, acercándose al 4,8%, mientras que la deuda pública de Japón (con los JGBs cerca de 3%) o la alemana (Bund en 3,3%) también se han visto afectadas.
Las noticias respecto a la deuda estadounidense alcanzando un tamaño de 40 billones de dólares han contribuido a amplificar el ruido, aunque los números apuntan en la dirección contraria: la correlación histórica entre el porcentaje de deuda sobre PIB y los tipos reales (TIPS) es negativa, porque hasta 2017 el gobierno solo incrementaba sustancialmente el gasto en entornos recesivos. La perspectiva fiscal que proyecta el análisis de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) no es optimista, pero de momento el crecimiento nominal de la economía (de acuerdo con el modelo de la Fed de Nueva York) supera con creces la rentabilidad del bono 10 años —sugiriendo que los costes de financiación no son onerosos para la inversión— y, sorprendentemente, Trump no ha cumplido con los pronósticos y desde 2024 el déficit presupuestario se mantiene bastante estable a pesar de todo.
Por todo ello, y aunque la incertidumbre que inyecta a la foto macro el cierre de Ormuz, la guerra en Ucrania, la política fiscal de Trump o el abandono de las guías adelantadas de la Fed ha afectado al bono, el aumento en TIR no tiene tanto que ver con la foto fiscal como con la normalización en tendencias de crecimiento, inflación y tipos.
Venimos de una década 2010–2020 muy particular, marcada por dinámicas desinflacionistas, por el desapalancamiento en balances de familias y empresas y por crecimientos por debajo de potencial que llevaron a grandes bancos centrales a adoptar políticas de tipos de interés cero.
Los últimos dos años hemos asistido a una normalización macro, con tasas de inflación algo por encima de la zona de confort y con avances en PIB más robustos. Como consecuencia, los tipos de interés reales a 10 años en Estados Unidos han regresado a la zona donde fluctuaban a mediados del 2000, todavía muy por debajo de las cotas alcanzadas en los años noventa, y la prima por plazo también se ha regularizado.
La rentabilidad del bono, a pesar del ruido, ha seguido la pauta histórica de comportamiento que ha mantenido los últimos 30 años con respecto a las expectativas para los tipos de interés (aproximadas a través de los futuros de SOFR). Esto sirve para probar que el repunte en rentabilidades tiene más que ver con una nueva realidad económica que con una mayor percepción de impago asociado a la deuda estadounidense.
En la misma línea, si modelizamos la rentabilidad del bono estadounidense utilizando la última actualización del informe de proyecciones económicas de la Fed, podemos concluir que el activo cotiza con cierto descuento, atribuible a la incertidumbre que afecta al precio de la energía.
No obstante, los hogares y las empresas son menos sensiblesa las subidas de tipos que en la década anterior. Sus balances se han saneado desde entonces: la deuda de los hogares, como porcentaje del PIB, rondaba el 100% entre 2008 y 2009 y hoy se sitúa en el 64,85%, niveles no vistos desde 1997. Además, su tasa de apalancamiento en relación con la riqueza neta se encuentra en mínimos de 60 años. En el ámbito corporativo, y de acuerdo con la encuesta de la NFIB, los equipos gestores tampoco muestran una preocupación significativa por el pago de intereses sobre su deuda.
Sobre la Fed, la inflación y el mercado laboral
Adicionalmente, es posible que la actividad en el mercado laboral y la inflación faciliten la tarea de Warsh en los próximos meses. Los índices de sorpresas de inflación y creación de empleo de Bloomberg apuntan a una moderación en el mensaje “halcón” de la Fed, que es una conclusión similar a la que se destila del índice Truflation, que incorpora el precio de millones de transacciones al día. El dato de índice de precios del mes de agosto, que se publicará el próximo 11 de septiembre, tendrá repercusiones importantes.
El avance lo tuvimos el jueves con los comentarios de Christopher Waller, que daba validez a los indicios de disminución en presiones inflacionistas, pero a la vez se mantenía a la espera de evidencias con las que poder constatar la tendencia hacia el objetivo de un 2%. Después de su intervención, los futuros han pasado a descontar una probabilidad de solo el 52% de subida en septiembre. Si el dato mensual subyacente queda en +0,2% como estima el consenso de economistas, la Fed probablemente mantenga el tono “halcón”, pero sin cambios en los tipos de referencia.
Y en el ámbito laboral, seguimos operando en un entorno de “pocos despidos, pocas contrataciones”, aunque es posible que estemos perdiendo algo de inercia los últimos meses. El indicador privado ADP de creación de empleo mantiene una trayectoria descendente desde marzo, mientras que el indicador de condiciones en el mercado de trabajo que confecciona la Fed de Kansas no acaba de encontrar un suelo.
Renta variable: resiliencia y valoración
Con todo ello, es posible que los inversores estén sobreestimando el impacto que una TIR del 5% puede tener sobre el comportamiento de la bolsa.
El ejercicio de desapalancamiento realizado entre 2010 y 2020 ha mejorado sustancialmente el balance de situación de los hogares, empresas y bancos, que ahora son más resilientes ante subidas de tipos. Y, a pesar del encarecimiento en el crédito, la demanda se mantiene o incluso mejora.
El PER del S&P 500 ha comprimido desde 23x hasta 19x y la evidencia histórica deja de manifiesto que la relación entre movimientos en las rentabilidades del bono 10 años y las valoraciones no es concluyente.
En la medida en la que el ajuste hacia un entorno normalizado de tipos de interés sea progresivo, el crecimiento en beneficios por acción mandará sobre las valoraciones en los próximos meses.
Un nuevo estudio de Clearwater Analytics “GenAI and the Data Divide” revela cómo la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo la interacción entre los inversores institucionales y sus gestoras de activos. El informe, que abarca a gestoras de seguros, hedge funds, especialistas en mercados privados y gestores generales, señala que el 100% de los encuestados ha detectado un aumento en las consultas de los clientes sobre el uso de la IA. Más de dos quintas partes (43%) de las gestoras afirman que entre un 25% y un 50% de sus clientes preguntan cómo emplean esta tecnología, mientras que un 40% indica que lo investiga entre el 10% y el 24% de su base de clientes.
Los participantes en el estudio coinciden en que los inversores y asignadores institucionales examinan cada vez más cómo integran la IA las gestoras de fondos, mostrando mayor disposición a invertir en firmas que destinan un presupuesto significativo a la investigación e implementación de esta tecnología. Más de un tercio (34%) prevé que esta tendencia aumente de forma drástica en los próximos tres años, y un 57% cree que aumentará levemente. Menos de uno de cada diez (9%) considera que se mantendrá igual.
La investigación revela una valoración muy positiva por parte de los clientes sobre la implantación de la IA en las gestoras: el 85% de los encuestados afirma que la percepción de sus inversores sobre el uso de la IA es positiva, y otro 10% señala que es muy positiva. Asimismo, las gestoras muestran confianza en sus capacidades frente a la competencia. Más de una de cada diez (13%) asegura estar más avanzada en IA que otras firmas, el 71% considera que está bastante avanzada, el 15% cree que se encuentra en un nivel similar y solo un 2% admite estar rezagada.
Al ser preguntados por las áreas donde el uso de la IA resulta más crucial para sus clientes, la mayoría de los gestores sitúa la gobernanza de datos, la precisión y la seguridad empresarial como aspectos prioritarios, por delante de la automatización y la intervención humana. Como muestra de hasta qué punto se ha consolidado la IA en la industria, el 91% de los encuestados considera importante para su negocio la IA agéntica —agentes autónomos capaces de ejecutar tareas complejas de múltiples pasos con una intervención humana mínima— y un 2% la califica de crítica.
En cuanto a los ámbitos donde la IA ha generado un mayor impacto positivo en la relación con el cliente, las gestoras destacan el soporte basado en IA, las herramientas de preguntas y respuestas, y la comunicación e informes automatizados. Los encuestados señalan también la personalización a gran escala, la mejora en la transparencia y la rapidez, así como el análisis de sentimiento.
En opinión de Souvik Das, CTO de Clearwater Analytics,“la IA está transformando la relación entre el cliente y el gestor, pasando de una interacción periódica centrada en el producto a una alianza continua y rica en datos, donde la transparencia, la personalización y una capacidad analítica demostrable son clave para captar y retener mandatos institucionales. «La tecnología ya no se limita a mejorar la rentabilidad; está redefiniendo lo que significa prestar un buen servicio. Los inversores institucionales exigen análisis en tiempo real, soluciones a medida y decisiones explicables, lo que eleva el listón para todo el sector”, concluye.
La historia bursátil del mundo está llena de episodios que convirtieron al otoño en sinónimo de riesgo: 1929, 1987, 1997, 2001 y 2008 son algunos ejemplos de años que dejaron algunas de las jornadas y periodos más violentos en estos mercados.
Septiembre es, estadísticamente, el peor mes para las acciones estadounidenses, mientras octubre concentra varios de los mayores desplomes de la historia. Lo anterior es relevante porque en 2026, el calendario vuelve a encontrar un mercado altamente valorado, concentrado en tecnología y enfrentado a nuevas presiones sobre tasas, inflación y geopolítica. Si bien, no hay nada escrito y nadie puede adivinar el futuro, siempre es importante recordar las lecciones de la historia.
Es un hecho, Wall Street está a punto de entrar en uno de los periodos del año que más respeto despierta entre los inversionistas, todo o nada puede pasar.
No porque septiembre u octubre tengan, por sí mismos, el poder de provocar una crisis. La historia financiera no funciona con calendarios. Pero existe una coincidencia difícil de ignorar: algunos de los mayores episodios de destrucción de riqueza bursátil de la era moderna ocurrieron precisamente durante estos dos meses.
El antecedente más famoso es octubre de 1929. Pero después llegaron octubre de 1987, octubre de 1997, septiembre de 2001 y el dramático septiembre-octubre de 2008. Son episodios diferentes, provocados por problemas distintos, pero todos dejaron una misma enseñanza para los administradores de activos: cuando un mercado llega a una zona de elevada confianza, apalancamiento, concentración o valoración, cualquier catalizador puede convertir una corrección en una crisis.
Septiembre no es superstición, es el peor mes del calendario; octubre, el mes de los sustos
Los datos respaldan parcialmente la mala reputación del mes. El S&P 500 ha registrado históricamente en septiembre un rendimiento promedio negativo cercano a 1%, y es el mes con el peor comportamiento promedio del año. Datos de S&P Dow Jones Indices muestran que, desde 1928, septiembre registra un rendimiento promedio de aproximadamente -1,03% y sólo termina con ganancias en alrededor de 44,7% de las ocasiones.
Datos más recientes apuntan en la misma dirección. Para el periodo largo analizado por Dow Jones Market Data, tanto el S&P 500 como el Dow Jones Industrial Average pierden en promedio alrededor de 1,1% en septiembre, mientras el Nasdaq Composite registra una caída promedio cercana a 0,8%.
La estadística no significa que septiembre vaya a ser negativo cada año. De hecho, el mercado puede subir con fuerza durante el mes. Lo que significa es que, estadísticamente, la distribución de resultados es menos favorable que en otros meses. Y aquí aparece la primera diferencia importante entre septiembre y octubre.
Octubre tiene peor reputación, pero septiembre suele ser peor en términos de rendimiento promedio. Octubre es, sobre todo, el mes de los grandes sustos. Cboe ha señalado que octubre ha mostrado históricamente los mayores niveles de volatilidad mensual del S&P 500, aunque buena parte de esa característica está influida por episodios extraordinarios como 1987 y 2008.
En otras palabras: septiembre tiende a castigar más el rendimiento; octubre tiene una mayor asociación histórica con movimientos extremos.
1929: el otoño que cambió para siempre la historia financiera
El primer gran capítulo comenzó incluso antes de octubre. Durante los años veinte, la especulación llevó al Dow Jones Industrial Average desde 63 puntos en agosto de 1921 hasta 381 en septiembre de 1929, un incremento de aproximadamente seis veces en ocho años. El mercado llegó a niveles que parecían justificar la idea de que había entrado en una nueva era de prosperidad permanente.
Pero la realidad fue muy distinta; después del máximo de septiembre comenzaron las señales de deterioro. El 28 de octubre de 1929, el llamado Black Monday, el Dow perdió casi 13%. Un día después, el Black Tuesday, volvió a desplomarse casi 12%. Para mediados de noviembre, el Dow había perdido prácticamente la mitad de su valor desde el máximo.
Pero el verdadero impacto fue mucho mayor que el desplome bursátil; la caída deterioró los balances de bancos y empresas, provocó contracción del crédito y terminó formando parte del proceso que desembocó en la histórica Gran Depresión, la peor contracción económica estadounidense del siglo XX, que se prolongó de 1929 a 1941.
Una precisión histórica es importante: 1929 no provocó por sí solo la Gran Depresión. El crash fue el detonante financiero de un proceso mucho más amplio en el que intervinieron la contracción monetaria, problemas bancarios, deflación, caída del comercio internacional y otros factores.
1987: cuando el Dow perdió 22,6% en un solo día
Casi seis décadas después, octubre volvió a convertirse en sinónimo de pánico. Fue el 19 de octubre de 1987, Black Monday, el Dow Jones se desplomó 508,32 puntos, equivalentes a 22,61%, la mayor caída porcentual de su historia en una sola sesión.
El dato resulta todavía impresionante: el desplome superó ampliamente el récord de 12,8% registrado el 28 de octubre de 1929. La destrucción de riqueza fue devastadora, más de 500.000 millones de dólares de capitalización bursátil desaparecieron de la Bolsa de Nueva York en aquella jornada, mientras se negociaron 604,33 millones de acciones, aproximadamente tres veces el promedio diario de entonces.
Pero 1987 dejó otra enseñanza fundamental: un mercado puede sufrir un desplome extraordinario sin necesariamente desencadenar una depresión económica. La Reserva Federal reaccionó proporcionando liquidez al sistema financiero y los mercados comenzaron posteriormente a estabilizarse.
También nació una de las herramientas que hoy forman parte de la infraestructura de los mercados: los circuit breakers, mecanismos diseñados para detener temporalmente las operaciones cuando las caídas alcanzan determinados umbrales.
1997: la crisis asiática llega a Wall Street
Diez años después, octubre volvió a demostrar que una crisis puede viajar rápidamente de una región gracias a una nueva era, la era de la globalización. El 27 de octubre de 1997, en plena crisis financiera asiática, el Dow perdió 554,26 puntos, equivalentes a 7,2%, después de que el desplome de las bolsas asiáticas aumentara el temor sobre el crecimiento mundial y las ganancias de las empresas estadounidenses.
El episodio fue particularmente relevante para la evolución de la infraestructura financiera; por primera vez desde su creación, los circuit breakers fueron activados en Wall Street. El mercado tuvo que detener temporalmente las operaciones y posteriormente cerrar antes de su horario habitual. La jornada demostró que la globalización financiera había cambiado una característica fundamental del mercado: un shock localizado podía transmitirse en cuestión de horas a otros continentes.
2001: septiembre y el regreso del miedo
El siguiente gran episodio histórico tuvo lugar precisamente en septiembre; después de los atentados del 11 de ese mismo mes los mercados estadounidenses permanecieron cerrados durante cuatro sesiones. Cuando Wall Street reabrió el 17 de septiembre de 2001, el Dow Jones perdió aproximadamente 7%, mientras el S&P 500 cayó alrededor de 5% y el Nasdaq cerca de 6.8%. El Dow llegó a perder cerca de 679 puntos durante la jornada, entonces su mayor caída en puntos en una sola sesión.
No fue simplemente una reacción emocional. El mercado ya venía debilitado por el estallido de la burbuja tecnológica y por el deterioro de la economía estadounidense, septiembre simplemente concentró el shock.
2008: cuando septiembre dejó de ser un mes y se convirtió en una crisis
El episodio más relevante para los inversionistas actuales quizá sea el de 2008; el 15 de septiembre de 2008, Lehman Brothers solicitó protección por bancarrota. La Reserva Federal ha descrito aquel momento como un punto de inflexión que provocó una retirada masiva de los inversionistas de activos de riesgo y una pérdida de liquidez en los mercados de financiamiento de corto plazo.
Pero la crisis no terminó con Lehman; Fannie Mae y Freddie Mac habían sido colocadas bajo tutela gubernamental, AIG enfrentaba una crisis de liquidez y el mercado de fondos del mercado monetario comenzó a experimentar fuertes retiros después de que un fondo rompiera la barrera de un dólar por participación.
Durante septiembre y octubre, la venta masiva se extendió prácticamente por todo el sistema financiero; octubre de 2008 terminó con una caída mensual del S&P 500 cercana a 16,9%, colocándose entre los peores meses de la historia del índice. El mercado ya no estaba reaccionando simplemente a una mala noticia corporativa, estaba descontando la posibilidad de una crisis sistémica del crédito.
Esa quizás sea la principal diferencia entre un crash bursátil y una crisis financiera: el primero destruye valor de mercado; el segundo puede paralizar simultáneamente el crédito, el sistema bancario y la economía real.
El patrón existe, pero no es una profecía
Para los administradores de portafolios, probablemente la conclusión más importante sea también la menos espectacular: septiembre y octubre no tienen una maldición financiera.
De hecho, octubre suele terminar con rendimientos positivos más veces de lo que su reputación sugiere. Entre 1950 y 2024, el S&P 500 terminó octubre con ganancias aproximadamente 59% de las veces, con un rendimiento promedio cercano a 0,85%. El problema es la magnitud de los episodios extremos.
Octubre incluye tres de los peores meses de la historia del S&P 500: octubre de 1987 (-21,8%), octubre de 1929 (-19,9%) y octubre de 2008 (-16,9%). Es decir, octubre no necesariamente cae más que otros meses; simplemente tiene una extraordinaria capacidad para aparecer en los libros de historia cuando las cosas salen mal.
Por eso, utilizar el calendario como una señal automática de venta sería un error. Pero utilizarlo como un recordatorio para revisar riesgos puede ser una decisión racional porque ahora llegar llegamos al al otoño con sus propias vulnerabilidades y es cuando la comparación histórica adquiere relevancia.
Wall Street termina agosto con ganancias: el Dow avanzaba alrededor de 2,1% en el mes, el S&P 500 3% y el Nasdaq 4,1%, según los datos más recientes. Pero detrás de esa fortaleza existe un mercado particularmente sensible a las expectativas sobre inteligencia artificial, tasas de interés y crecimiento; al mismo tiempo, el escenario macroeconómico acaba de complicarse.
Por otra parte, pero no menos relevante, las tensiones militares entre Estados Unidos e Irán elevaron el precio del petróleo por encima de los 90 dólares por barril en algunos momentos, mientras los rendimientos de los bonos globales aumentaron y el mercado comenzó a descontar una mayor probabilidad de un incremento de tasas por parte de la Reserva Federal en septiembre.
La reunión del FOMC está programada para los días 15 y 16 de septiembre, por lo que el mercado entrará al mes con uno de sus principales catalizadores exactamente dentro del periodo históricamente más débil para las acciones, la combinación resulta especialmente relevante para las gestoras de activos.
Un mercado concentrado en unas cuantas compañías tecnológicas puede parecer sólido mientras los inversionistas continúen pagando múltiplos elevados por crecimiento futuro. Pero si cambian simultáneamente las expectativas sobre tasas, inflación, crecimiento o rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial, la misma concentración que impulsa al mercado durante las fases alcistas puede amplificar las pérdidas durante una fase de corrección.
A eso se suma el crecimiento de estrategias apalancadas y productos derivados. En 2026, por ejemplo, el número de ETF de una sola acción con posiciones apalancadas o inversas se ha multiplicado de manera extraordinaria, aumentando la velocidad con la que determinados movimientos pueden transmitirse entre acciones y productos derivados.
La verdadera lección para fondos y wealth management
Para los gestores de fondos, family offices y administradores de patrimonio, la lección de septiembre y octubre no es salir del mercado, es preguntarse qué ocurriría con una cartera si el escenario cambia rápidamente.
Las lecciones de la historia sirven precisamente para eso: 1929 enseñó el peligro del apalancamiento y de las burbujas especulativas; 1987 mostró que los mecanismos automáticos de negociación pueden amplificar movimientos extremos y que la liquidez de un mercado puede desaparecer mucho más rápido de lo previsto; 1997 confirmó que los shocks financieros se transmiten globalmente; 2001 mostró cómo un shock geopolítico puede golpear a un mercado que ya viene debilitado, y 2008 dejó quizá la lección más importante para los inversionistas institucionales: el verdadero riesgo no está solamente en que caigan las acciones, sino en que desaparezca simultáneamente la liquidez de varios mercados.
Por eso, cuando septiembre de 2026 ha iniciado, la historia no está diciendo que Wall Street necesariamente vaya a caer, pero sí dice algo más útil para un inversionista profesional: cuando las valoraciones son elevadas, las posiciones están concentradas y el costo del dinero vuelve a ser una variable de mercado, conviene entrar al otoño preguntándose no cuánto más puede subir una cartera, sino cuánto puede perder si la historia decide repetirse.
Porque septiembre no provoca los crashes, pero la historia demuestra que cuando un mercado llega vulnerable al otoño, septiembre y octubre han sido capaces de convertir una grieta en una fractura.
Foto cedidaEn la imagen, de izquierda a derecha: Gonzalo Rodríguez-Fraile, Renato Peñafiel, Ana Peñafiel, Alberto Rodríguez-Fraile y Fernando Salinas.
A&G continúa su expansión en Latinoamérica con la creación de Values Corp, un nuevo negocio en Chile, junto a exejecutivos de Grupo Security. Se prevé que la nueva firma comience a prestar servicios de gestión de patrimonio a empresas y familias en el primer semestre de 2027 a través de Values Corp A&G Wealth Solutions. Esta nueva alianza llega después de que Renato Peñafiel, junto a otros exsocios y ejecutivos de Grupo Security, se incorporaran al accionariado de A&G en mayo de este año.
Peñafiel cofundó y presidió Grupo Security desde 2022 hasta su venta a Banco BICE en 2024, en una operación valorada en 3.130 millones de dóalres. Este movimiento se enmarca dentro del crecimiento reciente de A&G que, a principios de 2026, dio entrada a algunos de los family offices más relevantes de España y Latinoamérica.
Alberto Rodríguez-Fraile, presidente y fundador de A&G, señaló: “Contamos con los mejores socios locales, con gran experiencia en la región, que comparten nuestros valores, entienden esta industria como lo hacemos nosotros. Esta nueva alianza contribuirá a la internacionalización de A&G y sumará nuevas oportunidades de inversión para nuestros clientes en España”. Asimismo, añadió que en la firma “creemos en Chile y en las oportunidades de inversión que ofrece. Values Corp nace con la convicción de que existe espacio en nuestro país para desarrollar una propuesta financiera independiente, flexible y cercana, que combine un profundo conocimiento del mercado local con la experiencia y visión internacional de A&G”.
Harvard University Press, la editorial universitaria de Harvard, publicará el 17 de noviembre de 2026 «Antitrust and the Age of Asset Management», del académico Andrew P. McLean. El libro llega en un momento en que la consolidación empresarial vuelve a estar en el centro de la agenda económica de Estados Unidos, con casos como la fusión entre Paramount y Warner Bros. Discovery o la demanda antitrust en curso contra Live Nation.
Según distintos estudios citados en el libro, desde fines de los años 90 la concentración aumentó en más de las tres cuartas partes de las industrias del país y las firmas líderes de cada sector triplicaron su participación de mercado. La literatura especializada -señala el autor- suele explicar ese fenómeno por la globalización, el cambio tecnológico o una política de competencia permisiva. McLean sostiene que a esa lista le falta un factor central: el rol de los grandes gestores de activos.
De J.P. Morgan a BlackRock
El libro abre con una escena de 1885: a bordo de su yate, el banquero J.P. Morgan logra que los directivos de dos ferrocarriles rivales acuerden dejar de competir entre sí, en el episodio conocido como el «Corsair Pact». McLean recupera ese antecedente y el concepto de «capitalismo financiero» que Rudolf Hilferding acuñó para describir la fusión entre banca e industria a comienzos del siglo XX. «Hoy son las gestoras de activos las que empujan a los mercados lejos de la competencia y hacia la consolidación», plantea el autor.
El libro pone cifras a esa transformación. Los quinientos mayores gestores de activos del mundo administraban unos 80 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares en 2014, cuando el entonces economista jefe del Banco de Inglaterra, Andy Haldane, ya hablaba de una industria de gestión de activos que había alcanzado su madurez. Hoy esa cifra ronda los 140 trillones , concentrados en su mayor parte entre los veinte mayores actores del sector.
Private equity y «roll-ups»
Un primer eje del libro es el private equity. El autor recuerda que firmas como Blackstone, Carlyle y KKR administran en conjunto una porción significativa de los cerca de 3 billones (trillones según la nomenclatura anglosajona) de dólares que el sector gestiona en compañías privadas estadounidenses, y que las empresas de sus carteras emplean a más de dos millones de personas. McLean centra su crítica en la estrategia de «roll-up» o «buy-and-build«: la adquisición sucesiva de numerosas compañías de un mismo sector —desde clínicas veterinarias hasta casas funerarias y centros de salud— para consolidar mercados fragmentados y reducir la competencia. El libro dedica particular atención al sector salud, donde considera que esta dinámica ya derivó en precios más altos, peor calidad de atención, condiciones laborales más precarias para el personal y, en algunos casos, el cierre de hospitales y centros de salud.
La «tenencia horizontal» de los fondos indexados
El segundo eje es la indexación pasiva. Citando estudios como el del economista político Jan Fichtner (2017), el libro recuerda que BlackRock, Vanguard y State Street son, en conjunto, el principal accionista de al menos el 40% de las empresas cotizantes en EE.UU. y del 88% de las que integran el S&P 500. El ejemplo que usa McLean es el de la industria aérea: si un gestor como BlackRock tiene participación en todas las grandes aerolíneas, una de ellas puede ganar mercado bajando tarifas, pero eso no beneficia al accionista, que preferiría que los precios se mantuvieran altos en el conjunto del sector con independencia de cómo se reparta la torta entre las compañías. Esa lógica, sostiene el libro con evidencia empírica también en banca y agricultura, debilita el incentivo de cada empresa a competir agresivamente.
El autor atribuye la falta de respuesta regulatoria a que, desde fines de los años 70, la política antitrust estadounidense adoptó como único objetivo el «bienestar del consumidor», un criterio centrado en la eficiencia de precios que —sostiene— no tiene herramientas conceptuales para captar la influencia del sector financiero sobre la economía real. Frente a ese diagnóstico, propone dos reformas legislativas: la «Preventing Private Equity Consolidation Act«, que impediría a una gestora de private equity controlar más del 30% de un mercado, y la «Capping Equity Capital Act«, que limitaría al 1% del valor total del S&P 500 (unos 580.000 millones de dólares al valor actual) el capital accionario que un mismo inversor puede mantener en el mercado estadounidense.
El libro reconoce que la administración Biden marcó una excepción al intervenir puntualmente contra algunas adquisiciones de private equity, pero subraya que la tenencia horizontal de los fondos indexados no enfrentó, hasta ahora, ninguna acción regulatoria federal. Sus conclusiones cierran con una reflexión sobre el escenario post-2024, tras la derrota electoral de Biden y el regreso de Donald Trump a la presidencia.
Según el historiador Richard R. John, de la Universidad de Columbia, este texto representa una hoja de ruta hacia «un futuro más innovador, equitativo y sostenible».
Invesco, una de las principales gestoras de inversión independientes a nivel mundial, ha incorporado a Saúl Santamaría para reforzar su equipo comercial y ampliar la cobertura de su negocio de ETFs en Latinoamérica y en el mercado offshorede Estados Unidos.
Con esta incorporación, Invesco refuerza su compromiso con estos mercados y su apuesta por estar cada vez más cerca de sus clientes y socios de distribución en la región. En su nuevo cargo, Santamaría trabajará estrechamente con clientes institucionales, distribuidores y redes de intermediación, contribuyendo al desarrollo de relaciones estratégicas y a la expansión de la plataforma de ETFs de Invesco.
Esta apuesta se produce en un contexto de creciente interés por los ETFs como herramientas eficientes, transparentes y flexibles para la construcción de carteras. En los últimos años, Invesco ha experimentado un fuerte crecimiento en este segmento y a cuenta con más de 20.000 millones de dólares en activos bajo gestión en ETFs en Latinoamérica y US Offshore, consolidándose como uno de los principales proveedores en ambos mercados.
Santamaría cuenta con 20 años de experiencia internacional en la industria de gestión de activos, con una trayectoria centrada en la distribución de fondos y el desarrollo de negocio en Latinoamérica y US Offshore. Antes de incorporarse a Invesco, fue Head of Distribution para US Offshore en Goldman Sachs Asset Management, donde lideró la estrategia comercial para este mercado. Anteriormente, ocupó posiciones de responsabilidad en Compass Group, Carmignac y Amundi, donde desempeñó distintos cargos de dirección comercial para Latinoamérica, incluyendo la apertura de la oficina de Amundi en México y la gestión del negocio de distribución regional. Inició su carrera profesional en Société Générale Asset Management (SGAM) en París.
Es licenciado en Finanzas y Relaciones Internacionales por la Universidad Externado de Colombia y posee un Máster en Ciencias de la Gestión por NEOMA Business School en Francia. Habla español, inglés, francés y portugués.
Santamaría reportará a Laure Peyranne, responsable de ETFs para Iberia, Latinoamérica y el mercado offshore de Estados Unidos. Peyranne señaló que la incorporación de Santamaría «refuerza nuestro compromiso con estos mercados y nos permitirá seguir estando cada vez más cerca de nuestros clientes. Su amplia experiencia internacional en distribución, su profundo conocimiento de Latinoamérica y US Offshore y su trayectoria serán fundamentales para continuar desarrollando nuestro negocio de ETFs. Queremos seguir entendiendo de cerca las necesidades de nuestros clientes y ofrecerles el mejor servicio, así como soluciones de inversión innovadoras, eficientes y orientadas a la construcción de carteras».
Por su parte, Íñigo Escudero, Country Head de Invesco para Southern Europe, Latinoamérica y US Offshore, subraya que “el apoyo de Saúl, el liderazgo de Laure y las capacidades e infraestructura que tenemos en Europa y Estados Unidos nos permitirán seguir ampliando nuestra presencia en unos mercados con un enorme potencial de desarrollo. Nuestra capacidad para combinar gestión activa, ETFs y soluciones de inversión especializadas nos sitúa en una posición privilegiada para responder a las necesidades de nuestros clientes”.
Con la incorporación de Saul Santamaría, la oficina de Invesco en Madrid contará con 22 personas. La región Southern Europe, Latinoamérica y US Offshore cuenta en total con más de 100.000 millones de dólares a 31 de julio de activos bajo gestión.