Brecha estructural en el mercado de fondos mexicano: escala creciente, profundidad limitada
| Por Antonio Sandoval | 0 Comentarios

El mercado mexicano de fondos tiene un contraste notorio: en los años recientes registra un boom evidente que lo coloca como uno de los de mayor crecimiento en el mundo; sin embrago, reporta una brecha estructural nada saludable: es altamente concentrado y poco profundo.
Esta brecha estructural es hacia el futuro una limitante para su desarrollo frente a economías comparables, pese a su crecimiento reciente. Al cierre de 2025, los activos bajo gestión alcanzaron alrededor de 4,916 billones de pesos (poco más de 280.000 millones de dólares), distribuidos en poco más de 630 fondos disponibles, según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB) .
Si bien esta cifra refleja expansión —con crecimientos anuales cercanos a 25%—, su dimensión relativa sigue siendo acotada: el total de activos equivale a apenas 14% del PIB, muy por debajo de niveles observados en mercados desarrollados o incluso en algunos emergentes .
Para los protagonistas del sector es claro: la limitada profundidad del mercado se explica, en gran medida, por factores estructurales como la baja inclusión financiera y la escasa penetración de instrumentos de inversión en la población.
En México, el ahorro continúa concentrado en instrumentos bancarios tradicionales, lo que restringe el flujo de recursos hacia vehículos más sofisticados como los fondos. A ello se suma una oferta aún poco diversificada —aunque en expansión— y barreras operativas que históricamente han limitado la masificación del producto, como la distribución concentrada en canales bancarios.
En paralelo, la industria exhibe un alto grado de concentración. De acuerdo con información del sector, más del 50% de los activos están en manos de sólo tres operadoras: BBVA, BlackRock y Santander Asset Management, lo que refleja una estructura oligopólica en la administración de activos . Esta concentración no sólo limita la competencia, sino que también reduce la innovación en productos y estrategias, afectando la profundidad y sofisticación del mercado.
Esta combinación de un tamaño relativo reducido y una alta concentración, implica que el mercado mexicano de fondos no logra aún cumplir plenamente su función de canalizar el ahorro hacia inversión productiva de manera eficiente y diversificada. Autoridades como la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) han reconocido la necesidad de ampliar la oferta, simplificar el acceso y promover la digitalización, así como introducir nuevas figuras como fondos de cobertura o vehículos simplificados para detonar el crecimiento del sector.
¿Qué tan grande es el mercado de fondos mexicano?
En términos absolutos, la industria mexicana alcanzó en este 2026 un máximo histórico de más de 5 billones de pesos en activos bajo gestión (aproximadamente 290,000 millones de dólares) . Esta cifra luce relevante en términos nominales, pero cambia de forma significativa al ponerla en contexto: representa apenas alrededor de 14% del PIB.
En la comparación regional, México es el mercado más grande de América Latina en fondos —muy por encima de Centroamérica, cuya industria es hasta 40 veces menor —, pero pierde tracción frente a economías más sofisticadas como Brasil o Chile, donde la penetración de activos gestionados sobre PIB suele ubicarse en niveles significativamente más altos (en algunos casos superiores a 50%-70%, según estándares de la industria). Esto sugiere que el problema mexicano no es tanto de escala absoluta, sino de profundidad financiera relativa, según han advertido en diversas ocasiones analistas en distintos foros dentro y fuera del país.
La brecha se vuelve mucho más evidente al comparar con su principal referente económico: Estados Unidos. Aunque el dato exacto fluctúa según la metodología (mutual funds vs. total asset management), la industria estadounidense se mide en decenas de billones de dólares —tan sólo los ETFs superaban los 10,5 billones de dólares en 2025 —, y el total del ecosistema de fondos y gestión de activos rebasa ampliamente el tamaño de su PIB. En otras palabras, mientras en México los fondos equivalen a alrededor de 14% del producto, en EE.UU. el mercado es varias veces el PIB, reflejando un sistema financiero mucho más profundo, líquido y diversificado.
¿Cómo corregir el problema?
La brecha estructural del mercado de fondos en México —caracterizada por baja penetración, limitada profundidad y alta concentración— no es un fenómeno inmutable. Diversos reguladores, organismos del sector y especialistas coinciden en que su corrección pasa por una combinación de reformas regulatorias, ampliación de la base de inversionistas y modernización de la distribución.
A pesar de los avances en este sentido durante los años recientes, una de las grandes coincidencias en el sector pasa por el hecho de considerar la democratización del acceso como uno de los ejes centrales ára abatir el rezago y ampliar la cobertura. El propio presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Ángel Cabrera Mendoza, ha señalado que el reto es “ampliar la oferta, Con una apertura más digital y simplificada”, lo que implica reducir barreras de entrada y adaptar productos a distintos perfiles de inversionista .
En esta misma línea, Álvaro García Pimentel, presidente de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), ha destacado que existen condiciones para que la industria continúe creciendo en los próximos años, siempre que se fortalezca su alcance hacia nuevos segmentos de la población.
Lo anterior es solo el principio, otra de las tareas consiste en ensanchar la base de inversionistas. La evidencia del Banco de México muestra que el desarrollo de mercados financieros más profundos depende de incorporar tanto inversionistas institucionales como minoristas, así como de fomentar la participación extranjera, la cual “aumenta la base de inversionistas… y contribuye a la innovación financiera” . En el caso de los fondos, esto implica integrar de manera más activa a actores como aseguradoras, afores y plataformas digitales, además de promover educación financiera para elevar la participación de personas físicas, que históricamente ha sido reducida.
Y hay más, otro componente consiste en diversificar la oferta de productos. Actualmente, una proporción dominante de los activos en México se concentra en instrumentos de deuda, lo que limita el desarrollo del mercado de capitales y la sofisticación del sector . Para corregirlo, especialistas apuntan a la necesidad de impulsar fondos de renta variable, alternativos y temáticos, así como vehículos más flexibles —incluidos ETFs y fondos internacionales— que permitan una mejor asignación de portafolio y mayor competencia entre operadoras.
Asimismo, resulta clave reconfigurar los canales de distribución. El predominio de la banca tradicional como principal canal ha contribuido a la concentración del mercado. La digitalización, el uso de fintechs y la arquitectura abierta pueden reducir costos, ampliar la competencia y facilitar el acceso masivo. En mercados más desarrollados, este cambio ha sido determinante para incrementar la penetración de fondos en el ahorro de los hogares.
Pero todo lo anterior no tendría ningún sentido sin algo esencial para el mercado. El fortalecimiento del marco regulatorio debe orientarse a incentivar la competencia sin comprometer la estabilidad. Desde reformas previas —como las que permitieron operadoras independientes y mayor participación extranjera— se ha observado que cambios regulatorios pueden detonar crecimiento y diversificación del sector . El siguiente paso, coinciden analistas, es avanzar hacia esquemas más flexibles que faciliten la innovación financiera.
La evidencia sugiere que cerrar la brecha estructural del mercado de fondos en México requiere una estrategia integral: más inclusión financiera, mayor diversidad de productos, canales de distribución más abiertos y un entorno regulatorio que fomente la competencia. Sin estos elementos, el crecimiento observado en los últimos años difícilmente se traducirá en un mercado más profundo y menos concentrado.
En conclusión: el mercado mexicano de fondos ha alcanzado una masa crítica relevante en términos absolutos, pero sigue siendo pequeño en proporción a su economía y marginal frente a EE.UU., lo que confirma que la brecha estructural no es coyuntural, sino inherente al nivel de desarrollo del sistema financiero del país.








