El mercado rebota y la incertidumbre permanece
| Por Rocío Martínez | 0 Comentarios

Las declaraciones de Donald Trump del lunes, en las que apuntaba a una pronta conclusión de los ataques sobre Irán, propiciaron una reacción en cadena favorable a los activos de riesgo. El precio del crudo fue la primera ficha en caer. El brent llegó a cotizar puntualmente por encima de los 120 dólares antes de estabilizarse en torno a los 90, superando los máximos registrados durante la invasión de Ucrania en 2022. El movimiento arrastró a la baja la TIR de la deuda soberana e impulsó la depreciación del dólar, mientras el S&P 500 protagonizaba una reversión desde mínimos que cerró con una subida del 2,4%.
Las intervenciones del presidente estadounidense reflejaron una merma del apetito político por continuar el ataque y, en principio, reducen el riesgo de un conflicto prolongado que podría golpear con fuerza la inflación y el crecimiento. No obstante, el desenlace definitivo sigue siendo una incógnita: el propio Trump ha reconocido que es improbable que el asunto quede resuelto esta semana.
El Wall Street Journal publicaba el martes un artículo que ponía de relieve las crecientes presiones que Trump afronta, dentro de su propio partido, para diseñar una vía de desescalada que evite un descalabro en las elecciones legislativas de noviembre.
Son varias las encuestas recientes que ponen de manifiesto el desinterés y la desaprobación que los bombardeos sobre Irán han generado entre la opinión pública estadounidense. Los votantes republicanos siguen identificando el encarecimiento del coste de vida y la pérdida de poder adquisitivo como sus principales preocupaciones. Una prolongación de la campaña militar en Oriente Medio no solo desactivaría las medidas adoptadas recientemente por el ejecutivo para aliviar esas presiones, sino que introduciría otras más potentes, capaces de abocar a la economía a una nueva recesión.
El coste económico
Según estimaciones de Bloomberg, los entre 800 y 900 dólares adicionales que recibirán de media los ciudadanos estadounidenses en concepto de devolución fiscal, como resultado de la aplicación del OBBBA, podrían acabar absorbiéndose en la gasolinera si el precio del barril de crudo se estabiliza en torno a los 100 dólares durante el primer trimestre. El impacto acumulado sobre el PIB real se estima en torno al 0,33%, lo que cancelaría prácticamente el estímulo derivado del plan fiscal de Trump, calculado en aproximadamente 0,4 puntos.
La zona euro, por su mayor dependencia de las importaciones de crudo y gas, sufriría un castigo algo superior de alrededor del 0,51%. El perjuicio recaerá de forma desproporcionada sobre las rentas medias y bajas, base electoral natural de Trump, dado que destinan una proporción mayor de sus ingresos al gasto en combustible. La normalización tampoco será inmediata: Kuwait e Irak han recortado su producción ante limitaciones de almacenaje y recuperar los niveles previos a la crisis podría llevar semanas. El sexto futuro del brent descuenta que el mercado anticipa el precio del barril en 81 dólares dentro de seis meses.


La señal que importa viene de Teherán, no de Washington
Trump parece estar aproximándose a un nuevo momento TACO (“Trump siempre se acobarda”) ofreciendo retomar las negociaciones, pero la señal que los inversores necesitan no es la capitulación de Washington, sino la de Teherán. El régimen iraní tiene incentivos claros para prolongar el castigo económico y político antes de las elecciones legislativas de 2026: por un lado, reforzar la cohesión interna y la legitimidad del régimen; por el otro, extraer el precio más alto posible como desincentivo frente a futuras iniciativas militares estadounidenses. El nombramiento de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo complica adicionalmente cualquier salida negociada, dado que Trump lo había calificado previamente de “inaceptable”.
En el contexto de profunda incertidumbre sobre la duración del conflicto, el riesgo de una escalada prolongada es real. Ninguno de los dos bandos ha dado muestras de querer desescalar y solo los países del Golfo, que ven sus economías más directamente perjudicadas, están abriendo canales de comunicación con Teherán. Las condiciones que el presidente iraní Masoud Pezeshkian parece haber impuesto para negociar una tregua (reconocimiento de los derechos legítimos de Irán como nación, pago de reparaciones y garantías internacionales frente a agresiones futuras) son difícilmente aceptables para Israel o Estados Unidos.
El mercado subestima el riesgo
Como señalábamos la semana pasada, este riesgo no parece estar adecuadamente descontado por el mercado, que continúa apostando por el escenario TACO.
El S&P 500 apenas acusa el impacto y el mercado de futuros de crudo no refleja de momento la expectativa de un repunte sostenido en el precio del barril comparable al de 2022, cuando la invasión de Ucrania lo impulsó por encima de los 100 dólares y lo mantuvo cerca de ese nivel durante más de cinco meses. La volatilidad de divisas, renta variable y crédito ha repuntado respecto a su media de los últimos doce meses, pero aún está lejos de los niveles extremos registrados tras aquel episodio.

El anuncio de la AIE de liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, frente a los 182 millones movilizados en 2022, y la suspensión temporal del Acta Jones solo lograron tranquilizar los ánimos de forma pasajera. Los ataques de la Guardia Revolucionaria sobre tres cargueros que intentaban transitar el estrecho de Ormuz, el rechazo de la Marina estadounidense a escoltar a varios petroleros de empresas del Golfo y la amenaza iraní de extender las acciones al tráfico por el Mar Rojo son factores que en estos momentos pesan más sobre el ánimo inversor que las medidas de alivio anunciadas.

Aunque el S&P 500 solo ha corregido un 4% desde máximos, nuestros cálculos indican que su valoración ha depurado los excesos con los que arrancamos el año. Técnicamente, el índice se encuentra en zona de sobreventa, si bien aún está lejos de los extremos alcanzados tras la invasión de Ucrania.
La intensidad de los bombardeos y el uso de drones por parte de Irán parece haber disminuido. El dilema para los inversores a la hora de posicionar carteras reside precisamente en que una desescalada, que beneficiaría a ambas partes, dispararía la cotización de los activos de riesgo. Sin embargo, a tenor de los comentarios de Mojtaba Jhamenei y teniendo en cuenta que Irán aun dispone de arsenal suficiente, no hay indicios de que una desescalada vaya a producirse de forma inminente.











