Un año para mirar a materias primas y mercados privados: así ven las EAFs 2026

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Foto cedidaDe izquierda a derecha y de arriba a abajo, Georgina Sierra (DiverInvest); Xavier San Miguel (Bissan WM); Munesh Melwani (Cross Capital) y Juanjo Barrenechea (Lourido Partners).

2026 será un año de oportunidades pero también de retos en los mercados. La renta variable más allá de las Siete Magníficas -y también en mercados emergentes-; la duración en dólares o el crédito selectivo en renta fija; el deep value europeo, secundarios u otras estrategias en mercados privados; y, sobre todo, las materias primas se perfilan como activos favoritos para algunas de las empresas de asesoramiento financiero en España. Como riesgos, las EAFs consultadas por Funds Society apuntan a los shocks macro -especialmente fiscal-, una caída del dólar que arrastre a los activos de riesgo, potenciales correcciones, riesgos inflacionistas o burbujas centradas en la deuda o en la tecnología. Sin olvidar la geopolítica.

«Para 2026 veo como oportunidad la posible reversión del proceso de concentración extrema desde los grandes gigantes tecnológicos (las Mag7) hacia el resto del mercado. Estas compañías son tan grandes que no hace falta un cambio de flujos de inversión muy fuerte: basta con que una fracción pequeña de los flujos empiece a diversificarse para que el impacto en el resto del mundo sea enorme. Ahí encajan especialmente las small caps (sobre todo en EE.UU.), emergentes y, en parte, Europa, por valoración relativa: creo que están baratas frente a las Mag7 y con mucho terreno para normalizarse si el apetito por concentración se enfría», explica Xavier San Miguel Moragas, CFA, CEO de BISSAN Wealth Management, EAF.

En paralelo, cuenta que le parece relevante el ciclo de materias primas que empezó a asomar con fuerza en 2024, primero con el oro, y que ahora se está extendiendo al resto de commodities, tanto metales preciosos (plata, platino) como industriales (cobre). «Si a esto se suma el petróleo, el cuadro gran ciclo alcista de materias primas podría terminar de completarse», añade. «Seguimos siendo muy positivos en commodities, donde esperamos un relevo desde los metales preciosos hacia los metales industriales y la energía, tanto en los mercados físicos como en la renta variable asociada», coincide Juanjo Barrenechea, socio de Lourido Partners EAF, para quien el escenario de partida se caracteriza en los países desarrollados por balances corporativos y de los hogares saneados, abundante liquidez y unas políticas fiscal y monetaria favorables, que continúan sustentando el escenario macroeconómico.

«La ampliación de la inversión impulsada por la inteligencia artificial y el estímulo fiscal en curso añaden un impulso adicional y, en ausencia de shocks externos significativos, dibujan un escenario claramente alcista para los activos de riesgo en 2026, dentro de un marco macroeconómico resiliente y de un entorno ampliamente favorable para estrategias procíclicas», explica. En los mercados cotizados, las principales oportunidades siguen estando, a su juicio, en la renta variable de los países emergentes, donde, junto a un escenario macroeconómico positivo, las expectativas de beneficios están mejorando, el fuerte aumento del capex global en IA beneficia especialmente a Asia emergente, las valoraciones siguen siendo atractivas y el posicionamiento es ligero.

En capital privado, también ven oportunidad: «Seguimos considerando que el deep value europeo en el segmento low mid-market y los fondos de secundarios en el sector tecnológico constituyen las principales áreas de oportunidad. Para Georgina Sierra, directora de Productos Financieros en la EAF DiverInvest, mirando también a los mercados privados, las oportunidades están en secundarios, y mira también a la tecnología: «Es un mercado que sigue intentando resolver sus problemas de liquidez sin terminar de conseguirlo, y precisamente ahí surgen ventanas interesantes para el inversor paciente. Y, por supuesto, las grandes empresas privadas del momento, con grandes desarrollos tecnológicos que en 2026 pensamos que van a dar que hablar, empezando por la muy posible salida a bolsa de SpaceX».

La experta recuerda que «2026 arranca tras un 2025 excepcional. Por tercer año consecutivo, prácticamente todos los mercados han cerrado en positivo. Las valoraciones son cada vez más exigentes y el margen de error, más estrecho. Por eso, desde DiverInvest creemos que 2026 será un año para buscar, discriminar y seleccionar y que, tras varios ejercicios dominados por el índice, éste podría ser un año en el que la selección de valores marque la diferencia».  Y añade: «La concentración también es un rasgo característico del mercado en estos tiempos. El S&P 500 ha alcanzado niveles de concentración no vistos y tan elevados que, a nuestro juicio, llevan al inversor, sin quererlo (o buscarlo) a asumir un riesgo específico en ciertos nombres. Además, muchos inversores se concentran en la misma inversión: largos de bolsa americana y de IA. Pensamos que es momento de mirar algo más a Europa y Asia para construir carteras más resistentes», afirma.

Sierra advierte de que el encarecimiento de la bolsa tiene otra consecuencia: compite directamente con los bonos. «Hoy, la rentabilidad esperada de la renta variable estadounidense y la del bono americano a 10 años están prácticamente empatadas. En este contexto, aumentar duración en dólares tiene sentido: aporta descorrelación y actúa como protección ante distintos escenarios complicados que pueden materializarse a lo largo del año». En el ámbito de la renta fija europea, opta por aprovechar de forma progresiva y selectiva la normalización de la curva para ir incorporando duración a las carteras.

Munesh Melwani, socio director general de Cross Capital, también discrimina entre mercados cotizados y privados. En los primeros, habla de una distorsión entre precio y valor en muchas compañías de pequeña y mediana capitalización, e incluso en algunas grandes de calidad, castigadas por razones coyunturales del negocio o sin causas justificadas: «La fiebre inversora en torno a la IA y la gestión pasiva han catapultado los índices, que cada vez están más concentrados con compañías Big Tech. El foco inversor está centrado en esta narrativa y deja de lado negocios consolidados, y algunos disruptivos, en distintos sectores económicos, que presentan una oportunidad única de inversión con vocación de largo plazo». En deuda corporativa, particularmente apunta al segmento high yield, así como a oportunidades interesantes, tanto en países desarrollados como en alguno emergentes, en grado de inversión.

«En mercados privados, existen oportunidades atractivas en deuda privada, esto es, préstamos a empresas o colocaciones privadas de bonos; asimismo, en infraestructuras, desde la inversión en naves logísticas a data centers, así como proyectos de energías limpias; por supuesto, en real estate, desde residencias estudiantiles o para mayores, hoteles e incluso en el mercado residencial. Por último, tanto en private equity como en venture capital también existen oportunidades, pero conviene ir de la mano de los mejores gestores de fondos, dado el nivel de las valoraciones o el enorme riesgo de disrupción tecnológica, en muchos casos», añade.

IA, divisas, inflación, deuda y shock macro o geopolítico: entre los principales riesgos

Más allá de las oportunidades también despuntan los riesgos. Para San Miguel, el principal riesgo es que el escenario central de crecimiento moderado con inflación moderada se rompa por un shock macro. «Y en 2026 ese shock quizás puede venir menos de un notable incremento de la inflación “clásica” y más de una mezcla peligrosa: decisiones políticas unilaterales, expectativas de crecimiento mal calibradas y, sobre todo, del frente fiscal. Me preocupa especialmente un movimiento brusco al alza en la parte larga de la curva (tipos a 10–30 años) por un repunte del crecimiento en EE.UU. mayor de lo esperado y por un gran descontrol presupuestario. Si el mercado exige más prima por plazo y por déficit, la consecuencia puede ser muy seria: pérdidas grandes en renta fija a medio y largo plazo, incluso sin necesidad de una inflación desbocada». Y aquí viene la segunda cola de distribución, que también es relevante: el riesgo de que los tipos en EE.UU. bajen mucho más de lo que hoy descuenta la curva, por cambios de rumbo o por un giro rápido del ciclo: «Si se diera, creo que mercado puede estar mal posicionado para cualquiera de los dos extremos (tipos largos disparados o recortes más agresivos), y eso suele traducirse en volatilidad y en rotaciones violentas entre estilos y sectores», añade.

Otro riesgo que concibe, de gran magnitud, es que exista un shock severo en las divisas debido a causas geopolíticas descontroladas. «Hemos visto lo de Maduro, Irán y Groenlandia, que creo no debería tener un impacto notorio, pero sí el hecho de que el dólar estadounidense empiece a perder valor de forma importante si las medidas se aceleran. Normalmente existe la concepción de que una bajada del dólar ayuda a los activos de riesgo en Estados Unidos. Precisamente esta tesis es la que creo que se puede romper, y ver cómo una bajada del dólar este año puede ir acompañada de bajadas en sus activos de riesgo, que derivan parte de su liquidez a activos de riesgo del resto del mundo y materias primas», advierte. Y por último, otro riesgo es que se forme una burbuja tecnológica por la fuerte subida de la inteligencia artificial. «Esto sería desastroso, pero creo que el mercado, de momento, esto lo está tamizando, especialmente con las caídas de empresas Saas y al ser un suma cero entre el ecosistema OpenAi (Nvidia, Cisco) y el ecosistema Google (que creo será probablemente el ganador)».

Desde Lourido Partners descartan que los principales riesgos provengan de la incertidumbre en torno a la materialización de un mayor ciclo de relajación por parte de la Fed —que debería ser más relevante para el liderazgo relativo de la renta variable que para su dirección general, salvo que surgieran dudas sobre un giro de la Fed—, sino de otros factores como «la posibilidad de que una corrección en los mercados de renta variable, que no olvidemos tienen una valoración exigente en USA, puedan afectar al consumidor y por tanto al vigor de la demanda»; riesgos de contagio derivados de preocupaciones fiscales idiosincráticas y de un Banco de Japón rezagado, «que podría estar impulsando al alza las rentabilidades en los tramos largo y ultralargo de los JGB»; y escaladas geopolíticas más allá de los acontecimientos recientes en Venezuela.

DiverInvest también señala a la geopolítica: «Vivimos momentos de grandes cambios: La geopolítica está al orden del día, se acometen inversiones de trillones en desarrollar tecnología y bases de datos para soportarla, y casi todo está todavía por hacer… ¿Qué no puede suceder?». Según Sierra, uno de los principales riesgos es el de la narrativa, y es que no todas las historias se traducen en flujos de caja: «Creemos que en 2026 los inversores serán más exigentes y buscarán beneficios reales, escalabilidad y calidad de ingresos, penalizando proyectos basados solo en expectativas. Otro riesgo, un clásico, tiene que ver con la inflación que puede no desaparecer del todo. Tensiones salariales, geopolítica, transición energética o relocalización industrial pueden mantenerla por encima de los objetivos, obligando a los bancos centrales a ser más restrictivos de lo previsto. Este es uno de los escenarios con peores implicaciones, ya que sería desfavorable tanto para las bolsas como para los bonos», advierte la experta.

Y apunta a un cisne blanco, «acontecimiento previsible y relativamente frecuente, cuyas causas y posibles efectos son conocidos por el mercado, aquel riesgo que todos vemos, pero al que nadie quiere mirar y al que probablemente seguiremos obviando en 2026: el ingente y creciente volumen de deuda pública. A nuestro parecer, éste es un peligro que se merece, por lo menos, ser mencionado».

Para Melwani, los principales riesgos vienen de la mano de una corrección notable en los mercados, que podría estar propiciada por distintos detonantes: desde un repentino sentimiento inversor “risk off” dadas las elevadas valoraciones bursátiles en algunos segmentos, como por factores geopolíticos, tales como un bloqueo de la OTAN, una escalada militar rusa o china, o una reactivación agresiva del marco tarifario de Trump en el comercio internacional. «Hay que tener en consideración que el endeudamiento de los países desarrollados está en máximos históricos respecto a su PIB, los spreads crediticios en mínimos y la inflación permanece algo pegajosa en algunos epígrafes relativos a los servicios, que, en definitiva, hace mella en el poder adquisitivo de las familias», añade también el experto de Cross Capital.

Por otra parte, cree que una fragmentación en las relaciones internacionales vs EE.UU. debilitaría aún más el dólar, lo cual daría sustento al ya pronunciado rally de los metales preciosos, más allá del inusitado apetito de acumulación de reservas por parte de los bancos centrales vs la divisa estadounidense. «Por tanto, para los inversores en euros, conviene tener este aspecto en consideración, mitigable con coberturas FX».

Planes personales de inversión (PPI): la propuesta de BME para impulsar la inversión minorista en España

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La digitalización, la longevidad, el cambio climático y ahora también la defensa sitúan no solo a España, sino a toda Europa, ante unas extraordinarias necesidades de financiación para las que el crédito bancario o el capital privado, claramente, no serán suficientes. Desde diferentes ámbitos se ha puesto de manifiesto la importancia de canalizar parte del ahorro de las familias hacia los mercados de capitales, para que puedan contribuir de una manera más activa y eficaz al crecimiento, y que también puedan beneficiarse de sus resultados.

Una de las fórmulas que mejor ha funcionado en otras jurisdicciones es la creación de una cuenta de ahorro individual que permita la inversión en diferentes activos, con fiscalidad simplificada. Una fórmula alineada con la iniciativa Saving and Investment Union (SIU), que se incluye como recomendación a los miembros de la Comisión Europea, y en lo que ya está trabajando el Ministerio de Economía, cuya propuesta acaba de pasarse a consulta pública.

La respuesta de BME a esta consulta toma como base el desarrollo de los planes personales de inversión (PPI), que está recogido y detallado en un informe encargado por BME a César García Novoa, catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Santiago de Compostela, con el título “La necesidad de introducir un nuevo estímulo fiscal al ahorro familiar”. Se trata de una propuesta alineada con las recomendaciones de la Unión Europea y la OCDE y también planteada desde hace dos años en el conjunto de 56 medidas propuestas en su Libro Blanco para impulsar la competitividad del mercado de capitales y la economía en España, al estilo del modelo de cuenta existente en Suecia basada en los productos de ahorro e inversión conocidos como “cuentas ISK”, según explican en BME.

«En esta confluencia de pareceres, que se amplía con otras muchas opiniones de especialistas consultados, entendemos que es pertinente dar un paso orientado a poner en marcha los resortes necesarios para disponer cuanto antes en España de lo que llamamos plan personal de inversión (PPI) para las familias. Los PPI consisten en una cesta, cartera o cuenta de ahorro para personas físicas compuesta o materializada principalmente por una selección predefinida de productos de inversión y financiación empresarial negociados en mercados de valores. Estos activos financieros son intercambiables entre sí sin coste fiscal por dichas transacciones. La cuenta se somete a un régimen fiscal especial que se liquida una vez por año. El estudio trae aspectos técnicos fiscales que respaldan nuestra propuesta, además de hacer un análisis comparativo entre distintos modelos de cuentas de ahorro en los países de nuestro entorno», aseguran desde la entidad.

Entre los objetivos principales de los PPI para España están aumentar la cantidad y calidad de financiación disponible para el crecimiento y el desarrollo de las empresas españolas; atraer ahorro de los hogares hacia los procesos de financiación empresarial a través de los mercados; y hacer crecer el número de inversores, la formación financiera de las familias y la liquidez de nuestros mercados de capitales.

Características principales de los PPI

Los productos de inversión que pueden formar la cartera de cada PPI son: acciones de empresas cotizadas en países del Espacio Económico Europeo (EEE), bonos corporativos de empresas establecidas en el EEE cotizados; ETFs de índices de renta variable europea; derivados simples carentes de características especiales negociados en mercados organizados; y otros productos que inviertan en financiación de empresas como los fondos de inversión a largo plazo europeos (ELTIFs).

No existe límite de aportaciones mínimas ni máximas ni al inicio ni a lo largo de la vida del PPI. Existe una total traspasabilidad: sin límite ni coste fiscal para activos integrados en PPIs de la misma titularidad y también desde otras cuentas si son activos elegibles para formar parte de un PPI.

Tampoco hay períodos mínimos de permanencia, limitación de las retiradas de fondos ni garantía de capital por parte del Estado. Cuentan con una fiscalidad simplificada y basada en el modelo sueco: un único pago anual calculado como una parte del valor medio del capital mantenido y aportado a la PPI a lo largo del ejercicio fiscal.

Cada persona mayor de edad puede tener tantos PPI como quiera, pero solo uno por entidad. Las entidades financieras autorizadas pueden ofrecer los PPI, no solo los bancos.

Andbank Wealth Management se refuerza con el fichaje de Gaspar Ariño

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Novedades en Andbank Wealth Management SGIIC, la gestora del grupo Andbank. Según ha podido saber Funds Society, la entidad se ha reforzado con el fichaje de Gaspar Ariño, que se ha unido como gestor de renta variable.

Ariño trabajará, desde Madrid, dentro del equipo de Rodrigo Utrera, al que reportará. Gestionará carteras de renta variable con un enfoque fundamental y a largo plazo centrado en la preservación del capital y la capitalización.

Cuenta con 20 años de experiencia invirtiendo en acciones cotizadas europeas, con un enfoque tradicional en empresas de pequeña y mediana capitalización de alta calidad. Llega a la entidad procedente de Montanaro Asset Management, gestora en la que ha trabajado casi 10 años en Londres, como analista de inversiones, cubriendo pequeñas y medianas empresas europeas.

Anteriormente fue también analista en GO Investment Partners LLP, también en Londres, durante algo más de un año. Y también trabajó durante más de siete años en Allianz Popular, como gestor de renta variable y también como gestor de Asset Allocation, contribuyendo dar forma a fondos de inversión y de pensiones de renta variable europea.

«Mi experiencia abarca el análisis fundamental de empresas, la construcción de carteras y la rigurosa due diligence en materia de inversiones en los mercados cotizados», explica en su perfil de LinkedIn.

Posee las titulaciones CFA, CAIA y FRM, un MBA de la IESE Business School y una licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

La innovación y los grandes acuerdos serán el motor del mercado de M&A este año

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El mercado global de M&A comienza 2026 con un fuerte impulso, tras un año marcado por mega-acuerdos, una actividad transfronteriza récord y una robusta inversión en inteligencia artificial  y energía, según el Informe Global Anual de Fusiones y Adquisiciones 2026 de JP Morgan. Según el documento, la entidad anticipa que los actores del mercado seguirán buscando la escala y la claridad estratégica mientras navegan por un entorno económico y regulatorio en constante cambio.

El año 2025 se caracterizó por una serie de eventos históricos y geopolíticos, incluidos cambios políticos y aumentos en las inversiones en áreas clave como la IA y la defensa, lo que provocó una fuerte actividad en el mercado de M&A. J.P. Morgan destaca que, en este contexto, el volumen global de fusiones y adquisiciones alcanzó los 5,1 billones de dólares, un incremento del 42% respecto al año anterior y el nivel más alto en dos décadas, solo superado por el récord de 2021.

Entre los aspectos más destacados de 2025, se registraron 71 mega-acuerdos (transacciones superiores a 10 mil millones de dólares), que representaron un volumen combinado de 1,5 billones de dólares. El cuarto trimestre fue especialmente activo, con 23 acuerdos por un total de 570 mil millones de dólares, marcando un volumen récord tanto en cantidad como en valor.

A pesar de que el número total de acuerdos cayó un 4%, las transacciones superiores a 250 millones de dólares aumentaron un 13%, lo que refleja una tendencia hacia acuerdos de mayor escala. A nivel internacional, las fusiones y adquisiciones aumentaron un 49%, con Estados Unidos destacándose como líder tanto en adquisiciones como en objetivos de compra. Según Rafael Muñoz, jefe de Fusiones y Adquisiciones de América Latina en J.P. Morgan, “la resiliencia de América Latina frente a la incertidumbre global ha sido notable. La región continuó con una actividad robusta en M&A, cerrando 2025 con volúmenes aproximadamente un 34% más altos que el año anterior. Nuestros clientes siguen enfocados en el crecimiento estratégico y la creación de valor, y somos optimistas respecto a las oportunidades que traerá 2026″.

JP Morgan señala que las condiciones que impulsaron la actividad en la segunda mitad de 2025 seguirán presentes en 2026, lo que debería mantener la fortaleza del mercado de fusiones y adquisiciones. Entre los factores que definirán el futuro de M&A se encuentran:

La era de los mega-acuerdos

El mercado continuará favoreciendo las transacciones de gran escala. En 2025, se registraron 71 mega-acuerdos, que representaron un volumen combinado de 1,5 billones de dólares, lo que resalta el apetito por transacciones transformadoras. El cuarto trimestre fue el más dinámico, con 23 acuerdos que aportaron más de un tercio del volumen total de mega-acuerdos del año.

El informe subraya que la importancia de la escala está en su punto más alto, ya que las grandes empresas siguen disfrutando de primas de valoración más altas, menores costos de financiamiento y calificaciones crediticias más fuertes. La diferencia en las valoraciones es significativa, con el múltiplo EV/EBITDA del S&P 500 alcanzando los 13,5x, frente a 9,6x en el S&P 600, lo que refleja el valor que el mercado otorga a las empresas más grandes.

En 2025, los niveles de activismo de los accionistas alcanzaron cifras récord, impulsados por reformas en la gobernanza corporativa. J.P. Morgan espera que este fenómeno continúe en 2026, con los activistas presionando para conseguir salidas estratégicas, revisiones de la estrategia corporativa y desinversiones.

Las transacciones innovadoras, como las adquisiciones de empresas privadas y la venta de participaciones minoritarias, aumentaron significativamente. En 2025, se alcanzaron los 381 mil millones de dólares en acuerdos de toma privada, un incremento del 33%, mientras que las ventas de participaciones minoritarias superaron el billón de dólares, con un aumento del 40% interanual.

El informe de J.P. Morgan también destaca que las firmas de capital privado continúan liderando el crecimiento en M&A, con un aumento del 47% en las transacciones patrocinadas. Además, el mercado secundario está en auge, alcanzando los 110 mil millones de dólares en la primera mitad de 2025, lo que representa un incremento del 60% en comparación con el año anterior.

Tendencias regionales y sectores de crecimiento

Estados Unidos sigue siendo el líder en el mercado de M&A, registrando primas de valoración récord. Por su parte, las regiones de EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y Asia-Pacífico también experimentaron un crecimiento notable. En América Latina, el volumen de fusiones y adquisiciones creció un 34% interanual, con Brasil a la vanguardia y un aumento significativo en las transacciones transfronterizas.

En cuanto a los sectores, la tecnología y las industrias diversificadas fueron los principales motores de la actividad de M&A, representando casi el 45% del volumen global de transacciones. La innovación digital, la transformación tecnológica y la resiliencia ante la incertidumbre económica y geopolítica impulsan el crecimiento de estos sectores.

El auge de la IA y la transición energética

J.P. Morgan anticipa que los flujos de capital hacia IA, centros de datos y la infraestructura energética experimentarán un auge en los próximos años, con una inversión estimada de entre 5 y 7 billones de dólares en los próximos cinco años. Este crecimiento impulsará una nueva ola de fusiones y adquisiciones, especialmente en los sectores de energía renovable y tradicional, que están atrayendo capital debido al aumento de la demanda energética global.

El crecimiento del capital privado y nuevas oportunidades de financiación

El capital asegurador y el uso creciente del apalancamiento han «despreocupado» el capital minoritario a costos inferiores al capital corporativo tradicional, abriendo nuevas vías de financiación para adquisiciones, inversiones en infraestructura y estrategias de desapalancamiento.

Un entorno regulatorio en transformación

El informe también destaca que las crecientes tensiones geopolíticas y los cambios regulatorios están fomentando la desglobalización. Las empresas están buscando autonomía y un mayor control sobre activos estratégicos, lo que podría redefinir las cadenas de suministro y las dinámicas del mercado global.

La transición del poder en Latinoamérica de cara al 2026

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El cambio de régimen en Venezuela traerá consigo una reconfiguración política en Latinoamérica, según Robeco. Los países de la región se enfrentarán a una crucial disyuntiva: permanecer dentro del «sur global» o alinearse con una renovada esfera comercial y de seguridad estadounidense. Para los inversores en mercados emergentes, las oportunidades a largo plazo en este periodo de transformación son reales y, según la gestora, inminentes.

El impacto geopolítico derivado de la detención de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por fuerzas de operaciones especiales estadounidenses en Caracas ha alterado de manera significativa el panorama político y económico de Sudamérica. Este evento representa el cambio más importante en la dinámica de poder del hemisferio occidental desde el final de la Guerra Fría, con el resurgir de la doctrina Monroe para el siglo XXI.

Revalorización del escudo amazónico: Impactos en la dinámica electoral sudamericana de 2026

El operativo de Estados Unidos en Venezuela marca el inicio de una posible influencia estadounidense en el país, mientras que tres economías clave de Sudamérica —Perú, Colombia y Brasil— se preparan para elecciones generales que definirán su alineación geopolítica y su relación con Washington en los próximos años. Robeco destaca que, aunque México no celebrará elecciones en 2026, sigue siendo una pieza central dentro de la nueva configuración regional, jugando un papel crucial tanto como crítico diplomático como nodo económico en el nuevo orden regional.

México enfrenta una difícil posición, equilibrando su compromiso constitucional de no intervención con su integración económica con Estados Unidos, en un contexto de creciente polarización y tensión regional.

La hora de la verdad en Colombia

En Perú, las elecciones de abril de 2026 se celebrarán en un contexto de fragmentación política y creciente preocupación por la seguridad. La ascensión de figuras como Rafael López Aliaga, quien propone políticas duras para contrarrestar la influencia bolivariana, podría fortalecer los lazos con Estados Unidos. La estabilización de Venezuela, que podría aliviar la presión migratoria, también influirá en la política interna peruana.

Por su parte, Colombia será el país más directamente afectado por la caída de Maduro. Las elecciones legislativas y primarias, programadas para marzo y junio de 2026, se perciben como una verdadera encrucijada sobre la relación del país con Estados Unidos, especialmente en temas de seguridad. Una victoria de la derecha podría consolidar la relación con Washington y significar un fin del conflicto interno, mientras que una victoria de la izquierda, representada por figuras como Iván Cepeda, podría fortalecer la soberanía nacional, pero podría tensar los lazos con Estados Unidos.

¿Podrá Lula resistir la marea derechista?

En Brasil, las elecciones generales de octubre de 2026 representarán un punto de inflexión en la orientación geopolítica del país. El presidente Lula, cuyo mandato ha sido criticado por su postura contra el unilateralismo estadounidense, se enfrenta a la presión de una creciente polarización política interna. En el ámbito económico, la oposición de centroderecha propone un giro hacia una mayor disciplina fiscal y una mayor integración con Estados Unidos, lo que podría atraer inversiones necesarias para la modernización industrial del país.

El papel de México

México, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, se ha posicionado como un crítico firme de la intervención estadounidense en Venezuela, defendiendo la soberanía del país y rechazando las políticas unilaterales. No obstante, según Robeco, el país continúa siendo un eje clave en la relación comercial con Estados Unidos, especialmente en el contexto de la «salida de China» y la reubicación de cadenas de suministro. México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, lo que refuerza su papel estratégico en la región.

Repercusiones para el sector de los recursos

La destitución de Maduro ha reconfigurado el mapa de los recursos naturales en la región. Según Robeco, la reactivación de las reservas de petróleo venezolano bajo la administración estadounidense podría generar presión a la baja en los precios del crudo. Mientras tanto, el triángulo de litio y cobre (Argentina, Chile y Perú) se está posicionando como una zona estratégica para los intereses de Estados Unidos, dada su relevancia en las redes energéticas y la industria tecnológica. Brasil, por su parte, se mantiene como líder en recursos naturales, especialmente en petróleo, cobre y tierras raras, lo que refuerza su influencia en la región.

La influencia de China frente al nearshoring estadounidense

En términos de influencia económica, Robeco señala que la incursión estadounidense en Venezuela pone a prueba la posición de China en Sudamérica, especialmente en sectores clave como la energía y las infraestructuras. Con el regreso de 300.000 millones de barriles de crudo venezolano al mercado, China pierde terreno frente a la creciente influencia estadounidense, que se está consolidando como el principal garante de la seguridad energética y comercial en la región.

A medida que los países de la región se alinean con Washington, la competencia con China podría intensificarse, especialmente en proyectos de infraestructura a largo plazo, como el puerto de Chancay en Perú o la expansión del sector automovilístico en Brasil. Los recursos naturales de México, además de su integración con la economía estadounidense, siguen siendo fundamentales para la seguridad energética del continente.

Posicionarse ante la nueva era

La incursión de 2026, en opinión de Robeco, marca el final de una década de estancamiento regional. Si bien las consecuencias inmediatas podrían incluir volatilidad monetaria y debates sobre la soberanía, la trayectoria a medio plazo podría ser un cambio estructural hacia un clima de inversión favorable a EE.UU. que fomente el crecimiento. Si las próximas elecciones en Colombia, Perú y Brasil confirman este giro hacia la derecha que ya se ha observado en Argentina y Chile, la región podría experimentar un ciclo económico más constructivo en los próximos años.

Robeco mantiene una posición estratégica en toda Latinoamérica en sus estrategias de mercados emergentes, a través de una exposición diversificada a Chile, México, Perú y Brasil. La gestora tiene posiciones en empresas que pueden verse afectadas por los acontecimientos actuales, entre las que se incluyen activos de infraestructura en México, empresas mineras de cobre, litio y oro en Sudamérica, así como empresas de energía y servicios públicos en Brasil. La región sigue presentando un valor atractivo en comparación con otros mercados emergentes.

Reino Unido perderá más millonarios que cualquier otro país del mundo este año

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Según el informe anual sobre migración de riqueza de Henley & Partners, el Reino Unido perderá 16.500 millonarios a lo largo de 2025, más del doble de los 7.800 que se prevé que abandonen China, país que hasta este año encabezaba la lista de salidas durante diez años consecutivos.

Este dato representa un gran salto con respecto al estudio del año pasado, elaborado por esta firma de asesoría especializada, que preveía que el Reino Unido perdería 9.500 millonarios en dólares en 2024, definidos por los autores como personas con más de 1 millón de dólares (740.500 libras) en activos líquidos e invertibles. Por otro lado, se prevé que los Emiratos Árabes Unidos sean el país que más individuos con alto poder adquisitivo (HNWI) atraerán este año, ganando 9.800 nuevos en total, mientras que Estados Unidos e Italia completan el podio con 7.500 y 3.600 respectivamente.

«Desafortunadamente, estas cifras no sorprenden. Desde el Presupuesto de Otoño y la eliminación de las protecciones del impuesto de sucesiones (IHT) sobre los activos en el extranjero, hemos sido testigos de una fuga significativa de capital, y seguimos viendo que muchos consideran cada vez más opciones internacionales. La salida de no domiciliados y personas con grandes patrimonios del Reino Unido beneficiará a países como los Emiratos Árabes Unidos e Italia, que han construido regímenes fiscales atractivos que seducen a individuos de alto poder adquisitivo con movilidad internacional», ha comentado Marc Acheson, Global Wealth Specialist at Utmost Wealth Solutions. 

Además, para finalizar ha añadido: «Aunque se informó de que el Canciller está considerando revertir la decisión de aplicar el impuesto de sucesiones británico a los activos globales de los no domiciliados, llevará mucho tiempo recuperar la confianza y la estabilidad».

La cooperación mundial muestra resiliencia en un contexto de dificultades geopolíticas

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Según indica el Barómetro de Cooperación Mundial 2026 del Foro Económico Mundial, la cooperación internacional muestra resiliencia a pesar de las grandes dificultades que afronta el multilateralismo. No obstante, esa cooperación es insuficiente para abordar los principales desafíos económicos, de seguridad y medioambientales. En un contexto geopolítico más complejo e incierto, mantener un diálogo abierto y constructivo es un factor crucial para encontrar posibles sendas de colaboración que permitan avanzar en los intereses comunes.

En su tercer año de publicación, el Barómetro de Cooperación Mundial 2026, elaborado en colaboración con McKinsey & Company, utiliza 41 indicadores para evaluar el nivel de cooperación internacional en cinco pilares: comercio y capital; innovación y tecnología; clima y capital natural; salud y bienestar, y paz y seguridad.

El Barómetro 2026 señala que el nivel general de cooperación se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, si bien se aprecia un cambio en la composición de dicha cooperación. El deterioro de la cooperación a través de vías multilaterales ha propiciado la creación de acuerdos de colaboración innovadores y más reducidos, a menudo dentro de las regiones y entre ellas. El mayor avance en las prioridades mundiales se da cuando estas coinciden con los intereses nacionales, siendo relativamente notable el aumento de la cooperación en los ámbitos de clima y capital natural, e innovación y tecnología. Los pilares de salud y bienestar, y comercio y capital, han mantenido niveles estables de cooperación, mientras que el mayor descenso se observa en el área de paz y seguridad.

“La cooperación ha mostrado resiliencia en uno de los períodos de mayor volatilidad e incertidumbre de las últimas décadas”, señala Børge Brende, presidente y CEO del Foro Económico Mundial. Añade que, aunque la cooperación pueda parecer distinta a la de tiempos pasados, los enfoques colaborativos son fundamentales para lograr un crecimiento racional de las economías, acelerar la innovación de manera responsable y prepararse para los retos de una era más incierta. Los enfoques flexibles, ágiles y con propósito tienen más probabilidades de soportar las turbulencias actuales y de ofrecer resultados.

Tal y como señala Bob Sternfels, socio director global de McKinsey & Company, “los líderes están concibiendo una nueva colaboración internacional”. Puede que en la actualidad la cooperación parezca distinta y que los socios sean diferentes, pero lo más importante es que sigue siendo un instrumento para abordar prioridades comunes de gran importancia. A pesar de las divisiones mundiales, se puede seguir avanzando mediante la colaboración.

La cooperación mundial se está reinventando

La dinámica de cambio se observa en cada uno de los cinco pilares del Barómetro. Por ejemplo, la cooperación en comercio y capital se mantiene estable, aunque cambia su composición. Crecen los bienes y servicios, con flujos orientados a socios más alineados, y destacan iniciativas como la FIT Partnership. Además, aumenta la cooperación en innovación y tecnología, pese al endurecimiento de controles. Crecen los flujos digitales y surgen nuevas modalidades de cooperación en IA, 5G y tecnologías de vanguardia.

Por otro lado la cooperación en clima y capital natural avanza, pero sigue siendo insuficiente. Se alcanzan niveles récord en tecnologías limpias y surgen alianzas regionales que combinan descarbonización y seguridad energética. En el caso de la cooperación en salud y bienestar también se mantiene estable, aunque con una creciente fragilidad debido a los recortes en ayuda al desarrollo, especialmente en países de ingresos bajos y medios. Por su parte, la cooperación en paz y seguridad continúa descendiendo, con más conflictos y desplazamientos forzosos, aunque crece la cooperación a través de mecanismos regionales.

El Barómetro de Cooperación Mundial muestra que los países están redefiniendo la forma de involucrarse en la cooperación. Para crear nuevas modalidades serán necesarias nuevas estructuras, desde acuerdos comerciales hasta alianzas normativas y asociaciones público-privadas. El informe concluye destacando la importancia de reconstruir un diálogo efectivo que permita identificar intereses comunes y avanzar en ellos.

La historia de cómo el oro “destronó” a los bonos estadounidenses

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Las tensiones se han calmado por ahora, pero el desorden controlado en el frente geopolítico ha llegado para quedarse, lo que también aporta una nueva mirada sobre el papel de algunos activos financieros. Según algunos expertos, mientras que el oro gana tracción entre los inversores, los bonos del Tesoro estadounidense -otro de los activos refugio por excelencia- parece estar sufriendo una aparente pérdida de relevancia como activo de inversión.

La tendencia que observan los analistas es que los inversores utilizan cada vez más el oro como cobertura contra el riesgo de renta variable, desplazando los bonos del Tesoro de larga duración.“Este cambio refleja un colapso estructural en la relación tradicional entre renta variable y renta fija: desde 2022, las correlaciones se han mantenido cercanas a cero, lo que ha erosionado la eficacia de los bonos como diversificador. Históricamente, la exposición a la duración amortiguó las caídas en los activos de riesgo. Sin embargo, episodios recientes, como la caída posterior al Día de la Liberación, donde la renta variable y los bonos a largo plazo se vendieron simultáneamente, han socavado la confianza en los bonos como una cobertura fiable”, apunta Lale Akoner, analista Global de Mercados de eToro.

Los flujos muestran que los inversores están asignando a renta variable y oro simultáneamente, al tiempo que reducen la exposición a los bonos a largo plazo. Para Akoner, esta tendencia refleja algo más que la cobertura contra la inflación y una reasignación de la gestión del riesgo de la cartera. “Si la correlación entre bonos y acciones se mantiene inestable, el papel del oro como amortiguador de volatilidad podría afianzarse, redefiniendo la forma en que las carteras cubren el riesgo bajista a lo largo del ciclo”, matiza. 

La pérdida del trono

Desde mediados de la década de 1990, los bonos emitidos por el gobierno estadounidense se han convertido en el activo de reserva más utilizado del mundo, destronando al que reinaba hasta entonces: el oro. Según explica Enguerrand Artaz, estratega en La Financière de l’Échiquier, paradójicamente, esa corona que han ostentado se la debían sobre todo a Europa. “Mientras que la deuda estadounidense ganaba presencia de forma gradual en los activos de reserva, el peso del oro disminuía con rapidez y los bancos centrales europeos vendían sus reservas de oro para prepararse para el advenimiento del euro. Así, el metal amarillo cayó del 60% de las reservas mundiales a comienzos de los años 1980 hasta el 10% a comienzos de la década de 2000. En paralelo, los bonos del Tesoro estadounidense pasaban del 10% al 30%. Estos niveles se mantuvieron estables en líneas generales durante dos décadas. Sin embargo, la situación se ha invertido otra vez. De hecho, después de desbancar al euro en 2024, el oro ha vuelto a superar a la deuda estadounidense en las reservas mundiales desde septiembre de 2025”, relata Artaz.

En su opinión, este cruce se explica por dos dinámicas subyacentes. La primera es la erosión progresiva del volumen de deuda estadounidense en manos de inversores extranjeros desde mediados de la década de 2010. Y, la otra dinámica en marcha es el fuerte incremento de las compras de oro desde 2022 en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica sustanciado en el conflicto entre Rusia y Ucrania. 

El experto consideran que existen buenas razones para que estas dos dinámicas continúen: “El retorno de los conflictos geopolíticos y una tendencia gradual, pero poderosa, de vuelta a la regionalización del mundo favorecen el uso del oro como activo de reserva: el oro no depende directamente de un Estado y es prácticamente el único activo con la capacidad de absorber los flujos que abandonan los bonos estadounidenses”. 

Un dato que ayuda a contextualizar esta reflexión es que los mercados de oro y de deuda estadounidense tienen tamaños comparables, alrededor de 25 y 30 billones de dólares, respectivamente, y muy superiores al resto de clases de activos. Según el análisis del experto de LFDE, “este fenómeno se ha acelerado durante los últimos meses de forma paralela al fuerte aumento del precio del oro (un 139% desde finales de 2023), pero también de forma estructural: la agresiva política comercial de la Administración Trump ha acrecentado la propensión de los bancos centrales y los inversores a abandonar el dólar como activo refugio preferente”. 

En una última reflexión, Artaz apunta que las dudas sobre la “salud de las finanzas públicas en EE.UU.”, aumenta la desafección por la deuda estadounidense puedan hacer perder al dólar su estatus de moneda de reserva. “No hay más que un paso, pero no sería muy conveniente darlo. Sumando todos los instrumentos, el dólar sigue siendo el primer activo de reserva mundial y, aunque el oro lo destronase, seguiría siendo una referencia. Por el contrario, el mercado de la deuda estadounidense, que está en un 30% en manos de inversores fuera de EE.UU., podría convertirse en un campo de batalla geopolítico. Eso posibilitaría que el oro siguiera brillando”, concluye.

Fuera de la batalla geopolítica

La conclusión que lanza Artaz merece unas líneas: ¿podría acabar los grandes tenedores de deuda estadounidense sus bonos como un “arma”? Por ejemplo, entre la comunidad inversora ha llamado la atención que, la semana pasada, dos fondos de pensiones daneses y uno sueco anunciaron que estaban vendiendo activamente bonos estadounidenses.

Además, cabe recordar que China, en particular, ha reducido sus compras de bonos estadounidenses casi un 40% desde 2013. Este movimiento ha sido replicado por varios bancos centrales del sudeste asiático, cada vez más propensos a vincularse al yuan chino que al dólar en el plano monetario. En cambio, Japón, que sigue siendo el primer tenedor extranjero, ha mantenido el valor de su cartera en términos absolutos, pero el porcentaje ha caído con fuerza, ya que ha pasado del 10 % del total de la deuda estadounidense negociable en 2010 a menos del 5 % en la actualidad. Por su parte, el resto de países desarrollados ha mantenido en términos globales sus porcentajes, pero sin aumentarlos, y únicamente el Reino Unido ha incrementado de forma efectiva sus inversiones en deuda estadounidense. 

Es inapropiado afirmar que detrás de estos movimientos haya una intención geopolítica, pero sí podemos analizar qué probabilidades tiene un escenario de este tipo. Por ejemplo, Eiko Sievert, director de calificaciones del sector público y soberano de Scope Ratings, considera poco probable que la UE.La posible venta y reequilibrio de las reservas en otras divisas o activos sería gradual y poco probable como resultado de un acto legislativo o de la persuasión moral de las autoridades de la UE frente a las represalias de Trump. Además, los inversores privados tendrán mucho cuidado de no perjudicar el valor de sus carteras, lo que podría ocurrir si vendieran grandes cantidades de deuda estadounidense en un breve periodo de tiempo”, explica. 

Según el análisis de Sievert, una venta de este tipo de activos conllevaría también riesgos en mayor o menor medida, dependiendo del ritmo y la magnitud de la venta. Y dada la interdependencia, a menos que quienes vendan deuda estadounidense compren deuda de la UE o de los Estados miembros, se producirá un efecto contagio también en los diferenciales de la UE. “Las implicaciones podrían ser de gran alcance, ya que la reducción de la demanda del dólar estadounidense también podría provocar un fortalecimiento del euro, lo que podría debilitar el crecimiento económico de los Estados miembros de la UE centrados en las exportaciones. De hecho, a nivel global, una venta masiva probablemente generaría volatilidad, un aumento de los diferenciales y afectaría al mercado monetario, con posibles implicaciones en términos de liquidez a nivel mundial, lo que podría provocar la intervención de las autoridades monetarias”, concluye, describiendo un escenario del que estamos bastante lejos.

BlackRock elige a Gregg Lemkau nuevo miembro de su Consejo de Administración

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El Consejo de Administración de BlackRock ha elegido a Gregg R. Lemkau, actual Co-CEO de BDT & MSD Partners, para incorporarse a este órgano como consejero independiente. Desde la gestora destacan que la composición de su Consejo subraya la importancia de contar con una sólida experiencia sectorial, así como con perspectivas únicas de distintos ámbitos para respaldar el crecimiento futuro de la firma.

A raíz de este nombramiento, Laurence D. Fink, presidente y CEO de BlackRock, ha señalado: “Gregg se ha consolidado a lo largo de su carrera como un asesor de confianza y un inversor de gran nivel, con una experiencia excepcionalmente amplia y profunda a lo largo de distintos mercados y ciclos. A lo largo de su trayectoria, Gregg ha sido un socio a largo plazo para emprendedores y para algunas de las organizaciones más grandes y complejas del mundo en sus momentos más críticos. Su amplia experiencia financiera, de inversión y en mercados de capitales será inestimable para ayudar a BlackRock y al Consejo a ejecutar su próxima fase de crecimiento”.

Con la elección de Lemkau, el Consejo de BlackRock pasa a estar formado por 19 miembros, incluidos 16 consejeros independientes, con seis nuevos consejeros independientes incorporados desde 2020.

Reconocido profesional

Gregg Lemkau es codirector ejecutivo (Co-CEO) de BDT & MSD Partners, un banco mercantil que presta servicio a fundadores, propietarios de empresas familiares e inversores estratégicos de largo plazo. También es presidente de DFO Management, la oficina de inversión del fundador de Dell Technologies, Michael Dell, y su familia, y anteriormente fue consejero delegado (CEO) de MSD Partners, firma predecesora de BDT & MSD.

Antes de incorporarse a la firma, fue coresponsable de la División de Banca de Inversión de Goldman Sachs y miembro del Comité de Dirección de la entidad. A lo largo de sus 28 años de trayectoria, asesoró a clientes en operaciones que sumaron más de 1 billón de dólares en valor agregado de transacciones, trabajando en oficinas de Estados Unidos y Europa.

En la actualidad, Gregg ejerce como presidente del Patronato (Board of Trustees) de Dartmouth College, donde obtuvo una licenciatura (B.A.) en Gobierno y Economía.

ETFs para la renta variable y gestión activa para la fija: la dualidad del inversor europeo

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2025 fue un año de crecimiento para la industria europea de fondos. Según los datos publicados por Morningstar, el ejercicio cerró con 696.300 millones de euros en flujos, frente a los 612.700 millones de 2024, y un patrimonio de 15,4 billones de euros, desde 14,3 billones en 2024. Una fortaleza presente hasta el último trimestre, cuando los fondos europeos captaron 139.000 millones de euros.

Frente a estas cifras José García Zarate, Senior Principal, Manager Research en Morningstar, señala: “El mercado europeo de fondos en 2025 mostró una interesante dualidad ante el aumento de la volatilidad y el cambio en las prioridades de los inversores. Mientras que los fondos de renta variable pasiva continuaron su crecimiento de la última década y se consolidaron como la vía rápida para ejecutar la reasignación fuera de la exposición a EE.UU., los 310.000 millones de euros, récord, que entraron en estrategias activas de renta fija reflejan una clara preferencia por la gestión directa para navegar condiciones económicas inciertas. Los inversores han valorado la experiencia y la flexibilidad, con firmas como Pimco beneficiándose de esta demanda”.

Un dato que muestra esta dualidad es que los fondos activos de renta variable registraron salidas por 40.800 millones de euros en 2025, el cuarto año consecutivo de desinversión. En contraste, los fondos pasivos de renta variable captaron 227.400 millones, prolongando una tendencia de crecimiento de una década. 

“El mercado de ETFs y ETCs alcanzó nuevos máximos con 337.500 millones de euros en flujos, impulsados por la demanda de exposición a renta variable de bajo coste y el creciente atractivo de los ETFs activos. Hitos como el dominio de iShares y el auge de los ETFs activos reflejan un mercado maduro, cada vez más alineado con las necesidades diversas de los inversores y con oportunidades estratégicas”, apunta García.

Si miramos esta misma relación en el caso de la renta fija, se observa que ocurrió justo lo contrario: la gestión activa dominó, con 310.000 millones de euros en flujos, frente a 259.000 millones en 2024. Según explican desde Morningstar, se trata del mayor nivel de la década. “Los fondos pasivos de renta fija obtuvieron 49.900 millones, menos que los 80.900 millones de 2024”, matizan.  Además, los inversores de renta fija buscaron diversificar su exposición al dólar, beneficiando a los bonos de mercados emergentes y las estrategias con cobertura a dólares. También aumentó la asignación a fondos de duración más corta. 

Último trimestre de 2025

Una tendencia llamativa, según Morningstar, es que en el cuarto trimestre, “los inversores europeos comenzaron a volver tímidamente a la renta variable estadounidense, con 6.900 millones en entradas en estrategias de gran capitalización estilo blend, revirtiendo las salidas de 6.700 millones del tercer trimestre. Aun así, persiste la cautela con la exposición al dólar. De hecho, el gran tema del año en renta variable fue la rotación hacia Europa”.

Por último, añaden que los fondos temáticos registraron salidas de 37.000 millones en 2025. En los últimos tres años, han perdido 112.000 millones en activos. “Los fondos temáticos de defensa fueron una de las pocas excepciones positivas”, concluyen.