“Siempre bueno, a veces excelente, nunca terrible”. La célebre máxima de Howard Marks, fundador de Oaktree, no solo adorna las presentaciones corporativas de Sissener; es el verdadero faro inversor de esta boutique noruega que gestiona un patrimonio de más de 1.300 millones de dólares. Una filosofía de control de riesgos que ahora redoblan ante la comunidad inversora española.
Durante una reciente visita a Madrid, Ludvig Uddeholt, responsable de Distribución Internacional y Ventas de la firma, y Ryan Tolson, director del área, desgranaron las claves de su buque insignia: el Sissener Canopus. Se trata de un fondo de retorno absoluto en formato UCITS, con liquidez diaria y catalogado como Artículo 8 bajo los criterios ESG, que ha hecho de la resiliencia su mejor carta de presentación.
Los números respaldan el relato. Desde su lanzamiento en 2012, el fondo acumula un track record de 14 años con una rentabilidad anualizada superior al 12%. Lo más llamativo, sin embargo, no es cuánto gana, sino cuánto deja de perder: en más de una década, el vehículo solo ha firmado un año en negativo —el fatídico 2018—, e incluso entonces las pérdidas apenas alcanzaron la mitad de las registradas por los principales índices globales.
“Queremos ganar dinero en cualquier entorno de mercado, pero el imperativo categórico es no perderlo”, resume de forma tajante Uddeholt.
Esta asimetría en los rendimientos se ha logrado manteniendo una exposición media al mercado de apenas el 63%, gracias a una flexibilidad táctica que permite al equipo gestor elevar o reducir el riesgo de forma dinámica y veloz. El resultado de esta ecuación es una eficiencia sobresaliente, reflejada en un ratio de Sharpe superior a 3 en el último año. “El fondo brilla especialmente en periodos de incertidumbre y alta volatilidad; es un verdadero vehículo all-weather”, remata Tolson.
La obsesión de la firma por el control de riesgos tiene un fuerte componente biográfico. Su fundador, Jan Petter Sissener, curtido en mil batallas financieras, capitaneaba en 2008 la filial británica de Kaupthing, uno de los bancos islandeses arrastrados por la onda expansiva de Lehman Brothers. Tras el colapso, Sissener perdió su empleo, pero centró todos sus esfuerzos en blindar el capital de sus clientes.
Aquella experiencia catalizó la fundación de Sissener AS en 2009. El financiero arrancó el proyecto con capital propio, de familiares y amigos, articulando un fondo cerrado a tres años que pulverizó los marcadores con un rendimiento superior al 100%. El apetito del mercado por replicar ese modelo con una estructura más líquida dio origen, en 2012, al actual fondo Canopus.
Hoy, el negocio mantiene un marcado ADN familiar y de alineación de intereses:
- Propiedad: La familia Sissener controla el 90% del capital de la gestora, mientras que el 10% restante está en manos de los empleados.
- Coinversión y bonus: El 50% de los bonus de la plantilla se abona en participaciones del fondo Canopus, con un periodo de retención obligatorio de tres años.
- Diversificación: La firma cuenta además con una estrategia de renta fija, el Sissener Corporate Bond Fund, pilotado por Philippe Sissener, hijo del fundador.
En un momento de reconfiguración de carteras a nivel global, Funds Society se ha sentado con Uddeholt y Tolson para analizar en detalle el posicionamiento actual de una estrategia que promete esquivar los nubarrones del mercado.
¿Cómo es su proceso de inversión? ¿Cuál es la clave que explica la performance histórica de la estrategia?
Compramos las acciones que nos gustan, sin complejos. Construimos una cartera concentrada de entre 35 y 45 compañías, poniendo el foco de manera obsesiva en la generación de caja (cash flow) y en el buen gobierno corporativo, un factor innegociable para el señor Sissener.
La otra gran palanca de rentabilidad es nuestra dualidad geográfica: el mandato de inversión es global, pero mantenemos un marcado sesgo nórdico. Históricamente, entre el 40% y el 50% de nuestra cartera de posiciones largas (long book) se ha localizado en la región nórdica. Aprovechamos a fondo nuestro conocimiento del terreno, lo que supone una ventaja competitiva brutal si se tiene en cuenta que el mercado noruego es pequeño y sustancialmente menos eficiente que los grandes parqués mundiales.
Cuénteme cómo trabaja su equipo de inversión. ¿En qué se diferencia Sissener de otras compañías?
Contamos con un equipo de inversión compacto de siete profesionales: dos analistas de crédito y cinco especialistas en renta variable. Es un bloque con mucha veteranía que promedia los 20 años de experiencia en la industria.
Trabajamos de forma muy estrecha en el análisis cruzado de cada cotizada. Buscamos sinergias analizando la misma compañía desde el prisma del equity y, simultáneamente, a través de su perfil de deuda. Este enfoque combinado nos permite identificar ineficiencias de valoración y monitorizar los riesgos de balance mucho mejor que si trabajáramos en silos independientes. Todo esto alimenta un ecosistema de debate constante, con comités y reuniones diarias.
¿Cuál es su visión actual de los mercados?
En la actualidad, nuestra exposición neta se sitúa en el 40 %. No obstante, hacemos gala de una gestión de la volatilidad muy táctica: la rebajamos drásticamente al 30 % en los compases iniciales del conflicto con Irán y, posteriormente, la elevamos de golpe hasta el 60 % para capturar las ventanas de oportunidad que identificamos tras las caídas. Invertimos en mercados desarrollados —principalmente Estados Unidos, Europa y Escandinavia—, pero siempre tratando de mirar el mundo bajo el prisma y la experiencia noruega.
Operamos mediante grandes temáticas de inversión. Por ejemplo, ahora mismo pivotamos con fuerza sobre una tendencia que denominamos «Powering up Europe» (Energizando Europa), centrada en la soberanía energética del Viejo Continente. Creemos que la energía seguirá siendo un vector de inversión estratégico durante años y Noruega, como país productor, está en el epicentro. Conocemos a las compañías energéticas noruegas al milímetro; ese es nuestro fortín.
Por descontado, también estamos expuestos al bum de la Inteligencia Artificial (IA) y estamos convencidos de que la demanda de semiconductores se mantendrá robusta. Sin embargo, preferimos mantener las distancias con las valoraciones exigentes de los llamados Siete Magníficos. Aplicamos el viejo aforismo de la fiebre del oro: los que más dinero ganaron no fueron los buscadores, sino los que vendían las palas. Ese es el enfoque que estamos replicando en el sector tecnológico.
¿Por qué es un fondo de retorno absoluto long short, pero no es market neutral?
Sissener Canopus siempre ha tenido un sesgo comprador (long bias). Solo hemos operado con una estrategia puramente neutral en una ocasión: cuando estalló la pandemia del Covid-19. En aquel momento, la falta de visibilidad sobre lo que iba a ocurrir era total y, en marzo de 2020, tomamos la decisión drástica de reducir nuestro perfil de riesgo hasta situar la exposición en un -4%.
Nuestra condición de boutique independiente nos otorga una flexibilidad extrema para ajustar la exposición a renta variable a golpe de timón. Además, al gestionar una cartera integrada por valores altamente líquidos, tendríamos la capacidad de deshacer la totalidad de nuestras posiciones en apenas un par de días si el mercado lo exigiese.
Para protegernos de las caídas, combinamos coberturas sistemáticas y discrecionales. En la práctica, lo que hacemos es ponernos cortos (short) en índices de referencia como el EuroStoxx o el S&P 500 para neutralizar el riesgo de mercado general, mientras compramos los valores individuales que nos gustan bajo nuestra óptica noruega. Al final del día, todo orbita en torno al control de riesgos. Un vehículo que ofrece liquidez diaria está obligado a contar con una gestión del riesgo extraordinariamente rigurosa.
¿Qué lugar puede ocupar el Sissener Canopus en una cartera diversificada?
Concebimos este fondo como un activo estructural, un bloque fundamental (core building block) para capear el actual ecosistema de riesgos geopolíticos, la incertidumbre que rodea a las valoraciones y las dudas sobre la senda que tomarán los tipos de interés. Es una estrategia diseñada para mantenerse en cartera durante varios años porque aporta valor de forma recurrente, al tiempo que ofrece un colchón de protección implícito. No hay que olvidar que su ratio de Sharpe a 12 meses se sitúa holgadamente por encima de 3.
Muchos de los asesores financieros con los que colaboramos lo están incorporando como un complemento estratégico dentro del núcleo duro de la asignación a bolsa de sus clientes. A menudo, a los inversores particulares les cuesta mantener la disciplina de inversión durante las correcciones o las fases de alta volatilidad del mercado. Sin embargo, como profesionales, los asesores saben que lo correcto es recomendarles permanecer invertidos. Este fondo actúa, precisamente, como ese dique de contención que suaviza las curvas y mitiga la volatilidad para que el cliente no claudique en los momentos difíciles.



