Históricamente la salida de capitales latinoamericanos hacia Estados Unidos respondía a una lógica defensiva. Empresarios y familias de alto patrimonio transferían parte de su riqueza para protegerla de las devaluaciones, la inflación, la incertidumbre política o las crisis financieras que periódicamente golpeaban a la región. Era el denominado flight capital: dinero que buscaba refugio. Hoy ese fenómeno está cambiando de manera profunda.
El flujo de riqueza procedente de América Latina —y particularmente de México— ya no se explica únicamente por razones de protección patrimonial. De acuerdo con la LATAM Family Office Society, las familias empresarias están estableciendo estructuras permanentes en el corredor Miami-Texas, convirtiéndolo en un eje estratégico desde el cual organizan su gobierno corporativo, la sucesión generacional, las inversiones internacionales, la administración de activos privados y las coinversiones con otras familias de alto patrimonio.
En otras palabras, ya no se trata de sacar dinero del país, sino de internacionalizar la empresa familiar sin abandonar sus operaciones locales. Ese cambio representa una de las transformaciones más relevantes del mercado de wealth management y family offices en América durante la última década. La diferencia entre ambos modelos resulta significativa.
En el pasado, buena parte del patrimonio latinoamericano llegaba a Estados Unidos para permanecer relativamente inmóvil, depositado en cuentas bancarias, inmuebles o instrumentos financieros considerados seguros, hoy el objetivo es diferente.
Las familias empresarias crean vehículos de inversión, holdings internacionales, oficinas familiares (family offices), fideicomisos, fundaciones privadas y estructuras de gobierno corporativo que les permiten administrar negocios distribuidos en varios países, facilitar la sucesión patrimonial e incorporar nuevas generaciones a la toma de decisiones.
Dos estados de la Unión Americana son esenciales para dichos objetivos: Texas se ha consolidado como el centro operativo de esas estructuras, mientras que Miami continúa siendo la puerta financiera y patrimonial de América Latina.
La combinación resulta especialmente atractiva para empresarios mexicanos por la cercanía geográfica, la integración comercial derivada del T-MEC, la profundidad del sistema financiero estadounidense y el creciente ecosistema de asesores especializados en grandes patrimonios, aunque en realidad son muchas las nacionalidades de empresarios e inversionistas que llegan a los destinos mencionados.
Las cifras que confirman la expansión y el cambio de modelo
El World Wealth Report 2026, elaborado por Capgemini, señala por su parte que la riqueza de las personas con patrimonios superiores a un millón de dólares alcanzó un máximo histórico de 98 billones de dólares, tras crecer 8,7% durante 2025, el mayor incremento anual desde 2018. La población mundial de individuos de alto patrimonio (HNWI por sus siglas en inglés) llegó a 25,3 millones de personas, casi dos millones más que el año anterior.
Norteamérica volvió a concentrar buena parte de esa expansión. Estados Unidos incorporó 736.000 nuevos millonarios durante 2025, elevando su población HNWI hasta 8,7 millones, mientras que la riqueza de este segmento aumentó 9.,2%. En contraste, América Latina mostró un crecimiento mucho más moderado.
Capgemini estima que la riqueza de los grandes patrimonios latinoamericanos avanzó alrededor de 5,1%, mientras la población HNWI apenas creció 0,3%, reflejando que la región continúa enfrentando incertidumbre económica y política. México destacó dentro del contexto regional, con un incremento de 5,4% en la riqueza de sus grandes patrimonios y un aumento de 1,8% en el número de individuos HNWI.
Texas deja de ser sólo un destino industrial
Durante muchos años Texas fue visto principalmente como el estado donde se instalaban plantas manufactureras o empresas relacionadas con el comercio entre México y Estados Unidos, hoy su papel es distinto.
Houston, Dallas y Austin se han convertido en centros de decisión para empresas familiares latinoamericanas, despachos especializados en patrimonio, gestores de inversiones alternativas, firmas legales, bancos privados y asesores fiscales. La cercanía con México permite mantener la operación cotidiana de los negocios mientras las decisiones estratégicas sobre inversiones internacionales, sucesión o expansión global se toman desde Estados Unidos.
Además, Texas ofrece un entorno atractivo por su marco regulatorio, ausencia de impuesto estatal sobre la renta para personas físicas, costos operativos inferiores a los de otros centros financieros estadounidenses y una creciente concentración de talento especializado.
Miami conserva su liderazgo patrimonial
Mientras Texas fortalece su perfil corporativo, Miami mantiene su posición como el principal centro financiero para las grandes fortunas latinoamericanas.
La ciudad alberga oficinas de prácticamente todos los grandes bancos internacionales especializados en banca privada y gestión patrimonial, así como despachos legales, fiscales y fiduciarios enfocados en clientes latinoamericanos.
De acuerdo con el reporte World’s Wealthiest Cities 2025 de Henley & Partners y New World Wealth, Miami cuenta con alrededor de 38.800 millonarios, consolidándose como uno de los principales centros mundiales para la riqueza privada móvil. La ciudad continúa funcionando como punto de encuentro para inversionistas, administradores de patrimonio y familias empresarias de México, Brasil, Colombia, Argentina, Chile y otros mercados latinoamericanos.
La sucesión se vuelve prioridad
Uno de los motores menos visibles detrás de esta transformación es el cambio generacional; miles de empresas familiares latinoamericanas enfrentarán durante la próxima década procesos de sucesión patrimonial y corporativa.
El desafío ya no consiste únicamente en repartir activos, sino en preservar empresas que operan en varios países, administrar inversiones privadas, coordinar distintas ramas familiares y preparar a las nuevas generaciones.
En este contexto, los family offices evolucionan hacia plataformas integrales capaces de combinar inversiones tradicionales con activos privados, infraestructura, capital privado, bienes raíces internacionales y estrategias filantrópicas.
También la sofisticación patrimonial modifica la composición de las carteras; según Capgemini, 88% de los individuos de alto patrimonio trabajan actualmente con más de una firma de gestión patrimonial, principalmente para acceder a oportunidades en inversiones alternativas, mercados privados y estrategias especializadas.
Este cambio explica por qué los family offices latinoamericanos muestran un interés creciente por fondos de capital privado, crédito privado, infraestructura, tecnología, inteligencia artificial y coinversiones internacionales, ya no buscan únicamente preservar riqueza sino que buscan participar directamente en su creación.
La transformación del corredor Miami-Texas refleja un cambio mucho más profundo que un simple traslado geográfico de capitales. Representa la evolución de las grandes fortunas latinoamericanas hacia un modelo internacional donde la empresa familiar deja de estar ligada a un solo país y comienza a operar mediante plataformas globales de inversión, sucesión y gobierno corporativo.
Para México, esta tendencia resulta especialmente significativa. La creciente integración económica con Estados Unidos, el fenómeno del nearshoring, la consolidación del T-MEC y el aumento del patrimonio empresarial están impulsando a cada vez más familias a profesionalizar la administración de su riqueza mediante estructuras internacionales, es entonces cuando el viejo concepto del flight capital pierde vigencia.
En su lugar emerge una nueva etapa en la que el patrimonio latinoamericano no abandona sus países de origen, sino que construye una segunda plataforma desde Estados Unidos para competir en un mercado global.




Por Beatriz Zúñiga