El 250 aniversario de la Declaración de Independencia de EE.UU. contrasta con el debate sobre el final del excepcionalismo estadounidense en las carteras globales minoristas e institucionales. Los expertos consideran que el país sigue contando con los factores estructurales que explican su liderazgo. Para ellos, estamos ante un nuevo enfoque de diversificación y gestión del riesgo de EE.UU.
en las carteras, no ante su ocaso.
La Declaración de Independencia de EE.UU., el 4 de julio de 1776, supuso el nacimiento de una de las naciones más poderosas a nivel geopolítico, comercial y económico en la Historia Contemporánea. Según Stephen Dover, Head of the Franklin Templeton Institute, incluso antes de que Estados Unidos fuera una nación, ya era un destino de inversión. “Jamestown y Nueva Ámsterdam se financiaron mediante suscripciones de capital conjunto, un recordatorio temprano de que la prosperidad estadounidense siempre ha dependido de movilizar capital hacia usos productivos bajo reglas exigibles”, señala Dover. Un dato significativo es que, entre 1890 y 1913, EE.UU. superó a Reino Unido como la mayor economía del mundo. A este hito le acompañó el desarrollo de los mercados y la creación del primer índice bursátil, el Dow Jones Transportation Average, fundado en 1884.
MERCADOS BURSÁTILES MUNDIALES
A comienzos del siglo XX, el mercado bursátil global presentaba una distribución relativamente equilibrada, pero hoy Estados Unidos domina la capitalización bursátil mundial y representa el 62% del valor total del mercado de acciones. Para los inversores, el momento clave fue el cambio de milenio. “Su peso en las carteras globales ha ido aumentando, primero por la globalización financiera y después, por las llegada de las grandes tecnológicas”, afirma Melanie Lange, directora de Desarrollo de Negocio para Iberia en Federated Hermes Limited. Esta evolución tiene su reflejo en la composición del MSCI ACWI (All Country World Index).
En 2025, las acciones estadounidenses pesaban alrededor del 63%-64% del MSCI ACWI, frente al 42% en 2008. En renta fija ocurre algo similar, ya que los índices globales de bonos se han “americanizado”. Según el Banco de España, el tamaño agregado de los mercados financieros estadounidenses pasó de cerca del 100% del PIB en 1980 a alrededor del 400% del PIB en 2025. Eso convierte a EE.UU. en el principal “activo de reserva” del sistema financiero global.
EXPLICANDO EL EXCEPCIONALISMO ESTADOUNIDENSE
¿Qué factores sustentan esta hegemonía? Para Dover, la primera ventaja de Estados Unidos son sus instituciones y su gobierno corporativo: tribunales independientes, estándares de divulgación creíbles y un banco central fiable. “Por estas razones, aproximadamente, el 60% de las reservas mundiales de divisas siguen mantenidas en activos en dólares, y por la que los bonos del Tesoro estadounidense siguen siendo el activo seguro de referencia mundial”, señala. Como segundo factor, apunta la escala y la liquidez de sus mercados: “Esa combinación ha reducido históricamente las fricciones y ampliado las oportunidades tanto para emisores como para inversores”. En tercer lugar, apunta a la innovación: “EE.UU. ha construido y reconstruido de forma constante su liderazgo mediante el emprendimiento, el capital riesgo, la investigación y las nuevas tecnologías. Esto se traduce en una mayor rentabilidad corporativa, una formación de capital más profunda y una mayor amplitud de mercado”.
A estos factores, Leonardo Fernández, director general para Iberia de Schroders, añade: la productividad y la demografía. “El nivel de productividad es un motor clave del crecimiento económico. El crecimiento de la productividad en EE.UU. se disparó por delante del resto en los años posteriores a la Gran Crisis Financiera y tras el COVID; en lugar de retroceder hasta el punto de partida, aumentó. Se prevé que esta diferencia continúe y, si es así, el excepcionalismo económico estadounidense está llamado a perdurar”, explica. Respecto a la demografía, destaca que se prevé que la población estadounidense en edad de trabajar aumente, mientras que la de otros países se reduzca. “Esto favorecerá el crecimiento económico a largo plazo, si bien esto depende de la inmigración”, matiza Fernández. Para Lange, estos factores demuestran que esta hegemonía se sustenta en pilares estructurales como, por ejemplo, mercados muy profundos y líquidos, un dólar como referencia global y una gran capacidad de innovación. “Todo esto hace que de forma muy natural acabe teniendo mucho peso en carteras globales, tanto de institucionales como minoristas”, añade.
MARIO GONZÁLEZ (CAPITAL GROUP): “EL EXCEPCIONALISMO ESTADOUNIDENSE SE HA SUSTENTADO EN LA PRODUCTIVIDAD, LA INNOVACIÓN Y UNA GOBERNANZA FAVORABLE A LOS ACCIONISTAS, APOYADO POR FLUJOS SOSTENIDOS DE CAPITAL GLOBAL”
LAS DUDAS QUE APARECEN
En los últimos 18 meses, a estos sólidos argumentos, les han salido algunas sombras. Según Mario González, responsable del negocio de Capital Group en España, US offshore y LATAM, los fundamentos del excepcionalismo estadounidense siguen siendo válidos; sin embargo, “unos déficits fiscales más elevados, una mayor fragmentación geopolítica y unas valoraciones más exigentes hacen que los inversores ya no puedan dar por sentada una prolongación fluida de la última década. El debate ha pasado de si Estados Unidos sigue siendo excepcional a cuán duradera es esa excepcionalidad”. En opinión de Lange, este debate surge, además de por los déficits fiscales, por otros factores como, por ejemplo, las valoraciones elevadas o las tensiones geopolíticas. “Dicho esto, creemos que hablar de un punto de inflexión estructural es prematuro. Más bien estamos en un entorno en el que los inversores son más selectivos, pero donde los fundamentales de EE.UU. siguen siendo sólidos”, asegura. Aunque estas preocupaciones son reales, Dover tampoco cree que el debate sea si estamos ante el final de este liderazgo; ve más apropiado analizar de cuánta excepcionalidad hablamos y a qué precio: “Hemos visto episodios puntuales de ‘vender Estados Unidos’, pero no una evidencia sostenida de una gran reasignación estratégica fuera de los activos estadounidenses. Las asignaciones globales se mueven lentamente por razones estructurales: mandatos, índices de referencia, necesidades de liquidez e inercia institucional” Según su visión, lo más importante es que EE.UU. sigue contando con el mercado de activos seguros más profundo, con el mercado bursátil más líquido y un ecosistema de innovación difícil de replicar rápidamente.

“Es probable que el dólar se debilite en 2026, pero las instituciones que lo respaldan no lo harán. Esa distinción constituye el núcleo del argumento de inversión para seguir expuesto a los activos estadounidenses mientras se diversifica globalmente”, matiza. ¿QUÉ PONDRÍA FIN AL EXCEPCIONALISMO? Según estos expertos, para que EE.UU. pierda su peso en las carteras globales, tendría que darse un deterioro sostenido de sus fundamentales, ya sea en crecimiento, estabilidad o credibilidad institucional. “Probablemente tendría que darse simultáneamente varias condiciones: un deterioro fiscal sostenido que socave el convenience yield que los inversores aceptan a cambio de seguridad; una erosión de la confianza institucional y de la previsibilidad; y, de forma crítica, la aparición de un ecosistema alternativo de activos seguros creíble, con una profundidad y liquidez comparables”, apunta Dover.
STEPHEN DOVER (TEMPLETON INSTITUTE): “NO HAY UNA EVIDENCIA SOSTENIDA DE UNA GRAN REASIGNACIÓN ESTRATÉGICA FUERA DE LOS ACTIVOS ESTADOUNIDENSES”

Stephen Dover, Head of the Franklin Templeton Institute
MELANIE LANGE (FEDERATED HERMES): “ESTAMOS EN UN ENTORNO EN EL QUE LOS INVERSORES SON MÁS SELECTIVOS, PERO DONDE LOS FUNDAMENTALES DE EE.UU. SIGUEN SIENDO SÓLIDOS”
En ese escenario, regiones como Asia, especialmente India o China, podrían ganar protagonismo. “El euro sigue siendo la única reserva secundaria creíble, pero Europa aún carece de una plena unión fiscal y de mercados de capitales. China e India son los competidores más plausibles en términos de crecimiento y escala. Sin embargo, los controles de capital de China y las preocupaciones sobre la transparencia siguen siendo un freno”, señala Dover. A lo que Lange concluye: “No vemos un sustituto claro que pueda replicar simultáneamente la liquidez, profundidad e innovación del mercado estadounidense”.

Melanie Lange, directora de Desarrollo de Negocio para Iberia en Federated Hermes Limited
GESTIÓN DEL RIESGO Y DIVERSIFICACIÓN
Para ninguno de estos expertos estamos ante el fin del excepcionalismo estadounidense. “De cara al futuro, espero que Estados Unidos siga siendo la asignación principal en las carteras globales, aunque con una gestión del riesgo más activa en torno a la concentración, las valoraciones y la política. El futuro no trata tanto de si Estados Unidos seguirá siendo importante, sino de si el mundo se volverá más multipolar a su alrededor”, afirma Dover. Para González, lo que sí está cambiando es la forma en que los inversores asignan capital dentro de Estados Unidos y en torno a él: “Las altas valoraciones, especialmente en tecnología e IA, conviven con precios más atractivos y fundamentos sólidos en otros sectores. Esto ya ha dado lugar a una mayor amplitud del mercado y dispersión, más que a una rotación generalizada fuera de EE.UU.”. Esto tiene, en su opinión, claras implicaciones para los inversores.
“Este entorno favorece un reequilibrio selectivo más que una sustitución. Regiones como Japón y partes de Asia, donde las reformas de gobernanza y el impulso de los beneficios están mejorando, están compitiendo cada vez más por el capital. Es probable que el liderazgo sea compartido, no transferido. Para los inversores significa un enfoque bottom-up y globalmente diversificado: mantener una exposición relevante a Estados Unidos y ampliar las fuentes de rentabilidad”, señala. En esta línea, Fernández lanza una última reflexión: “En la última década, EE.UU. ha superado consistentemente a otros mercados. Esto evidencia la mayor dispersión en la renta variable y subraya la necesidad de un enfoque global y diversificado, en lugar de adoptar una postura negativa hacia EE.UU. Hay que diversificar para gestionar el riesgo estadounidense”.




