Los mercados financieros globales operan en un delicado equilibrio entre euforia tecnológica y riesgo geopolítico, con el Nasdaq marcando nuevos máximos históricos impulsado por la resiliencia corporativa, mientras la tensión en el Golfo Pérsico mantiene en alerta a los inversores. La sesión de ayer estuvo marcada por un leve optimismo frente a la cierta «estabilidad» entre tensiones geopolíticas y resiliencia de los mercados financieros, en un entorno donde los inversores han optado nuevamente por privilegiar el riesgo pese a un flujo constante de titulares adversos.
La noticia clave del día fue, de nuevo, la geopolítica. Donald Trump, presidente de EE.UU., anunció que la operación estadounidense para escoltar a los buques varados a través del estrecho de Ormuz se suspenderá por un «breve período de tiempo», tras haberse logrado «grandes avances» hacia un acuerdo con Irán. Según los expertos, estas últimas declaraciones de Donald Trump han contribuido a moderar la percepción de escalada, insistiendo en que no buscan un conflicto directo, que Irán “quiere un acuerdo” y que el control del estrecho está garantizado, incluso en medio de amenazas explícitas de represalias.
En opinión de Felipe Mendoza, analista de mercados EBC Financial Group, los mercados globales enfrentan un reajuste estructural marcado por la convergencia entre tensiones geopolíticas y un ciclo de auge impulsado por la inteligencia artificial, en un entorno donde el precio del crudo brent ya supera los 119 dólares por barril tras la escalada en el Estrecho de Ormuz.
“A pesar de la solidez económica en Estados Unidos, la inflación se mantiene por encima del 3%, lo que refuerza la expectativa de tasas elevadas por más tiempo. En paralelo, el rendimiento de los bonos a 30 años podría superar el 5%, elevando el riesgo de estrés financiero, mientras el capital rota hacia tecnología y activos reales, impulsando incluso a Bitcoin por encima de los 80,000 dólares. En este contexto, aunque el S&P 500 se aproxima a sus objetivos anuales respaldado por el auge de la IA, el mercado opera sobre una base frágil, donde una disrupción mayor en la oferta energética podría consolidar un régimen de inflación estructural cercano al 4% y detonar episodios de volatilidad sistémica”, afirma.
Lo cierto es que, durante los últimos quince días, los principales índices bursátiles han mantenido una tendencia alcista. Por ejemplo, el S&P 500 acumula avances cercanos al 9 % en el último mes y volvió a marcar máximos históricos recientes, mientras que el Nasdaq ha liderado las subidas gracias al impulso de las tecnológicas y la inteligencia artificial, con ganancias superiores al 14 % en el último mes. En Europa, el EuroStoxx 50, el DAX alemán y el Ibex 35 también han registrado avances moderados, apoyados por resultados empresariales sólidos y expectativas de bajadas de tipos del BCE.
El patrón del mercado
Si analizamos el patrón de comportamiento del mercado desde el inicio de la guerra de EE.UU. contra Irán, la conclusión clave es que los principales riesgos se encuentran fuera del sistema financiero. “Un shock externo generó un período de incertidumbre antes de que el mercado perdiera interés y se recuperara con una rapidez y magnitud impresionantes. Si bien las consecuencias económicas reales aún están por verse, tanto Washington como Teherán tienen incentivos para alcanzar una solución, un escenario que los mercados han descontado rápidamente, con los principales índices bursátiles alcanzando nuevos máximos. El ciclo de inversión en IA y las divergencias entre las empresas que se consideran ganadoras y perdedoras en este ámbito siguen siendo los principales impulsores endógenos del mercado y el foco central de la actual temporada de resultados”, señala Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) de Julius Baer.
Bozon añade que, dado que la mayoría de los participantes del mercado son prácticamente indiferentes a las valoraciones, los flujos y los análisis técnicos prevalecen sobre los fundamentos a corto plazo. “La reciente evolución del mercado ha seguido un patrón conocido: una perturbación externa (en esta ocasión, la guerra con Irán) generó un periodo de incertidumbre antes de que el mercado perdiera interés y se recuperara con una velocidad y una magnitud impresionantes”, afirma.
En este sentido, el mensaje del experto de Julius Baer es claro: “Los mercados de valores han demostrado una vez más ser solo temporalmente vulnerables, de forma similar a lo que presenciamos poco después de la crisis arancelaria del ‘Día de la Liberación’ la primavera pasada”, recuerda.
Impacto de una crisis energética
Por ahora, la realidad es que, por ahora, el estrecho de Ormuz continúa cerrado por el bloqueo iraní y estadounidense. En estas condiciones, a los expertos no le sorprende que el precio del barril de brent se mantenga muy por encima de los 100 dólares. Para Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, los riesgos para la economía mundial están acrecentándose a causa de una crisis energética prolongada que aúna alzas importantes de los precios y escasez.
“Si se mantienen durante un mes más en los niveles actuales, los precios del petróleo y el gas asestarían un golpe mucho más grave al crecimiento mundial y debilitarían segmentos que resisten hasta ahora. Es el caso de la industria, que parece aguantar a juzgar por el índice PMI mundial de JP Morgan: el indicador avanzó en abril hasta alcanzar 52,6, su nivel más alto en más de cuatro años. No obstante, esta dinámica podría verse alterada, ya que la aceleración de la actividad se ha originado en gran parte en los pedidos efectuados por unas empresas llevadas por el temor a nuevos incrementos de los precios y a posibles carestías futuras”, explica Paris.
Para Simon Webber, responsable de renta variable global de Schroders, la gran pregunta es si las bolsas están valorando correctamente el impacto a largo plazo de la crisis energética. Según su visión, ya hay indicios claros de que el aumento y la mayor volatilidad de los precios de los combustibles fósiles se están traduciendo en una mayor demanda de energía eólica, solar y de almacenamiento a escala de red. Sin embargo, ve que los mercados de renta variable siguen mostrándose escépticos.
“Los precios de las acciones y las valoraciones en gran parte de la cadena de valor de las energías renovables siguen indicando que se trata de un repunte cíclico de corta duración, en lugar del inicio de un periodo más duradero de mayor crecimiento impulsado por consideraciones de seguridad energética. Esta desconexión hace que en determinados segmentos del sector los precios reflejen escaso reconocimiento de la mejora de los fundamentales o de la mayor visibilidad sobre la demanda futura”, concluye Webber.


Por Beatriz Zúñiga
