Primeramente, convengamos que el mundo de los mercados predictivos es fascinante. Las apuestas sobre las subidas y bajadas de los tipos de interés de la Fed, el desenlace de una guerra, la victoria de unas elecciones o la llegada de Jesucristo en 2027 se mezclan de forma asombrosa, y adictiva. Es importante no olvidarse de los resultados deportivos y de todo lo relacionado con las criptomonedas.
El pasado 4 de marzo un 19% de los apostadores de Polymarket pensaban que Estados Unidos confirmará que existen extraterrestres antes de 2027. En plena guerra de Irán y al cierre de esta edición (9 de marzo), una mayoría piensa que el petróleo superará los 100 dólares a finales del mes y que en diciembre de este año las fuerzas de EE.UU. estarán entrando en el país persa.
Guillermo Davies, analista y socio de Buda Partners, considera que el fenómeno no debe tomarse a la ligera. “A primera vista, los mercados predictivos como Polymarket o Kalshi parecen ofrecer una promesa seductora: opiniones respaldadas por dinero real. El hecho de que Intercontinental Exchange, propietario del NYSE, haya invertido 2.000 millones de dólares en Polymarket, sugiere que esto tiene mucho potencial”, señala.
El problema, según el experto, es que estos mercados están conformados por los mismos individuos con los mismos sesgos que dominan los mercados financieros: un exceso de confianza.
¿Pueden estos mercados mover la aguja de los mercados?: “No creo que de forma directa, pero sí pueden hacerlo indirectamente. En nuestros modelos hemos comenzado a incorporar este tipo de señales dentro del componente de sentimiento, como reflejo del estado de ánimo del momento y narrativas dominantes. Si bien la muestra es bastante reducida, nuestra evidencia anecdótica nos sugiere que su utilidad es más contraria que direccional”, señala Davies.
Deborah Amatti: “Apostar al futuro es tan viejo como los mercados. Antes, el mercado reaccionaba a los datos. Hoy reacciona a las expectativas sobre esos datos. Lo nuevo no es la apuesta, es la velocidad”
Deborah Amatti, directora estratégica de Latam ConsultUs, considera que “apostar al futuro es tan viejo como los mercados. Antes, el mercado reaccionaba a los datos. Hoy reacciona a las expectativas sobre esos datos. Lo nuevo no es la apuesta, es la velocidad. La incertidumbre se transforma en precios visibles, líquidos y en tiempo real. La apuesta se volvió sistema: un mecanismo colectivo que condensa rumores, miedos y narrativas en una señal inmediata”.
La gamificación de los mercados financieros
En este sentido, los mercados predictivos no sólo reflejan, sino que aceleran lo que se conoce como la gamificación de los mercados financieros, dice Guillermo Davies: “Las barreras cada vez más bajas a la hora de invertir (costos cero, interfaces como si estuviera en un videojuego) ha hecho casi desaparecer las fronteras entre inversión, trading, apuestas deportivas y mercados predictivos”.
“Esto está pasando, nos guste o no. Será que me estoy volviendo más viejo, pero a mí me preocupa desde otro lugar: el acceso irrestricto y sin costo puede ser defendido en nombre de la ‘democratización’, pero también ha demostrado que aumenta la incidencia de comportamientos adictivos, en especial en adolescentes y jóvenes. Que haya grandes inversores y personas de renombre detrás de esta tendencia no elimina este riesgo; lo legitima”.
“Al final del día, integrar los mercados predictivos al análisis de sentimiento no implica validar su poder predictivo, sino reconocer su utilidad como muestra de un estado de ánimo pero, como padre, me inquieta más que estemos normalizando el juego en las inversiones, ayudando a formar generaciones que perciban el riesgo financiero como entretenimiento”, añade.
Guillermo Davies: “Las barreras cada vez más bajas a la hora de invertir (costos cero, interfaces como si estuviera en un videojuego) han hecho casi desaparecer las fronteras entre inversión, trading, apuestas deportivas y mercados predictivos”
Polémicas y juego trucado
Esa “gamificación” viene generando cada vez más recelos porque, como en todo buen mercado de puestas, el juego puede estar trucado. Las polémicas sobre apuestas arregladas se suceden con dos casos sonados: Irán y Venezuela.
En el caso de la guerra entre Estados Unidos e Irán, las plataformas registraron volúmenes extraordinarios de apuestas sobre la probabilidad y el momento de ataques militares. Solo en Polymarket se llegaron a apostar más de 529 millones de dólares en mercados vinculados a posibles bombardeos o escaladas del conflicto.
Este auge vino acompañado de sospechas de “insider trading”, después de que varias cuentas recién creadas realizaran apuestas muy precisas pocas horas antes de que se produjeran ataques militares, obteniendo grandes beneficios. Además, surgió polémica por contratos vinculados indirectamente a la posible muerte o salida del líder supremo iraní, Ali Khamenei: algunos usuarios apostaron millones sobre ese escenario y luego protestaron cuando Kalshi congeló o anuló ciertos pagos alegando reglas contra apuestas sobre fallecimientos.
Un segundo episodio polémico se produjo en enero de 2026, cuando un usuario de Polymarket realizó una apuesta de unos 32.000 dólares a que Nicolás Maduro sería capturado o dejaría el poder antes de finales de mes. Tras una operación militar estadounidense que terminó con la captura del mandatario venezolano, la apuesta generó beneficios superiores a 430.000 dólares, lo que despertó sospechas de que el apostador podría haber tenido acceso a información confidencial sobre la operación. Este caso intensificó el debate en Washington sobre si los mercados predictivos pueden convertirse en un canal para monetizar filtraciones de seguridad nacional o información gubernamental sensible.
Una regulación incipiente y fragmentada
Los reguladores tanto estadounidenses como europeos están mirando más de cerca lo que pasa en los sitios web.
En Estados Unidos, estos mercados se encuadran jurídicamente como “event contracts”, un tipo de derivado financiero supervisado por la Commodity Futures Trading Commission (CFTC). Para operar legalmente, las plataformas deben registrarse como mercados de derivados (designated contract markets) y cumplir normas de integridad de mercado, como controles contra manipulación, fraude o uso de información privilegiada. Kalshi, por ejemplo, funciona dentro de este marco regulado, mientras que otros modelos —especialmente los basados en criptomonedas— han operado durante años en una zona gris o desde jurisdicciones offshore.
Aun así, el marco legal está lejos de ser claro. Existe una tensión entre la regulación federal de derivados y las leyes estatales sobre juego, ya que muchos reguladores locales consideran que estos contratos son equivalentes a apuestas. Esto ha generado litigios en varios estados y decisiones judiciales contradictorias: algunos tribunales han respaldado la jurisdicción federal de la CFTC, mientras que otros han permitido aplicar normas estatales de juego. Además, cuestiones como el tratamiento fiscal de las ganancias o la legalidad de contratos sobre política o deportes siguen sin resolverse plenamente, lo que mantiene a la industria en un entorno regulatorio incierto.
Ante el rápido crecimiento del sector, los reguladores estadounidenses están preparando nuevas normas revisando reglas sobre qué tipos de eventos pueden negociarse y cómo deben supervisarse estas plataformas.
En Europa, los mercados predictivos no cuentan con un marco regulatorio específico comparable al de Estados Unidos. En general, las autoridades europeas tienden a encuadrarlos dentro de la legislación sobre juego online o apuestas, lo que ha llevado a restricciones o prohibiciones en varios países.
En la práctica, varios países europeos ya han tomado medidas directas contra plataformas como Polymarket. El servicio ha sido bloqueado o incluido en listas negras regulatorias en jurisdicciones como Bélgica, Polonia, Portugal o Hungría, y también se han aplicado restricciones en mercados importantes como el Reino Unido o Francia.
Los reguladores suelen argumentar que estas plataformas ofrecen juego online sin licencia, mientras que las empresas defienden que se trata de “event contracts” o instrumentos financieros de predicción.
En Europa, los mercados predictivos no cuentan con un marco regulatorio. En general, las autoridades europeas tienden a encuadrarlos dentro de la legislación sobre juego online o apuestas, lo que ha llevado a restricciones o prohibiciones en varios países.
No estamos prediciendo mejor el futuro, lo estamos negociando antes
La incertidumbre se transforma en precios visibles, líquidos y en tiempo real. La apuesta se volvió sistema: un mecanismo colectivo que condensa rumores, miedos y narrativas en una señal inmediata, señala Deborah Amatti.
“¿Es ciencia? No. Es expectativa con dinero en juego. No reemplaza modelos ni bancos centrales, pero aporta algo escaso en mercados nerviosos, pulso. ¿Puede mover la aguja? A veces sí (en especial en eventos binarios o políticos). No es una brújula macro, sino un termómetro emocional. No estamos prediciendo mejor el futuro. Estamos negociándolo antes. Y en un mundo donde la información viaja a la velocidad del pánico, o de la euforia, eso no es una anécdota: es una nueva arquitectura del riesgo”.
Los mercados predictivos son un nuevo desafío para el sentido (el común) en medio de un sistema financiero que reacciona cada vez más a las impresiones y a la sensibilidad del momento.






Por Beatriz Zúñiga