El sector de infraestructuras cotizadas podría estar a las puertas de un nuevo superciclo de inversiones que puede cambiarlo todo: sin perder sus cualidades tradicionales de sector regulado, defensivo, con protección frente a la inflación y crecimientos bajos pero estables, las infraestructuras incorporan ahora motores estructurales de crecimiento con una visibilidad creciente sobre sus beneficios y flujos de caja futuros, gracias a la explosión de la IA, la electrificación y el auge de los riesgos geopolíticos. En torno a esta premisa, Eurizon y Funds Society reunieron a expertos de CaixaBank AM, ATL Capital y CBNK en un desayuno titulado “IA, energía y redes: el megaciclo que está redefiniendo las infraestructuras globales”.
Eurizon, que ofrece exposición a esta tendencia estructural a través de su estrategia Eurizon Fund – Global Equity Infrastructure, estuvo representada por Bruno Patain, director de desarrollo de negocio de la firma para Iberia, y Jorge Díaz, senior sales director. Los invitados al desayuno fueron Mario Lafuente Herrero, socio director de ATL Capital; Alberto Sánchez Salazar, equity fund manager de CaixaBank AM; y Jaime Porcel, portfolio manager y analista de CBNK.
Patain afirmó que, “más allá de esta revolución que puede cambiar la forma en que trabajamos al aumentar nuestra productividad, tenemos que pensar más en las energías del futuro”, en referencia a la IA, pero también a otras tendencias como el aumento de la demanda de coches eléctricos o la nueva ola de robótica.
Tanto él como Díaz aludieron al incremento de la demanda de energía que va de la mano del crecimiento de los centros de datos y del uso masivo de modelos de lenguaje como ChatGPT o Claude: “El crecimiento exponencial del uso de modelos de IA está acelerando la demanda agregada de cómputo y, por tanto, de electricidad. Según estimaciones de la IEA, los centros de datos consumieron en torno a 415 TWh en 2024 y esta cifra podría más que duplicarse de aquí a 2030”, concretó Díaz. Éste explicó que hoy el sector de infraestructuras está dividido en dos categorías: una parte de infraestructuras tradicionales que engloba a compañías que reparten dividendos, que ofrecen protección frente a la inflación y descorrelación frente a la mayoría de activos tradicionales, y otra parte de infraestructuras más ligadas a la IA, particularmente al suministro de energía que alimenta a centros de datos, así como el desarrollo de infraestructuras para ciudades en un contexto de urbanización creciente.
En este contexto, Eurizon aporta “una estrategia que está bien posicionada para abordar las necesidades que requiere el desarrollo de la inteligencia artificial, sin dejar de lado a las infraestructuras clásicas, como hospitales o carreteras”, sintetizó Patain.
Hacia una mayor electrificación
En el primer bloque del desayuno, los expertos invitados reflexionaron sobre cómo en los últimos años ha cambiado el rol que juegan las infraestructuras en la vida pública, hasta el punto de que Jaime Porcel, de CBNK, afirmó: “Cada vez es más difícil hablar por separado de energía, geopolítica y crecimiento económico”, destacando cómo gobiernos de todo el mundo están poniendo cada vez más énfasis en alcanzar la independencia energética e independencia en cadenas de suministro.
Para Porcel, el principal cuello de botella dentro del sector está “en las redes”, con grandes utilities desarrollando ambiciosos planes de inversión multianuales, y su consiguiente impacto en términos de expectativas de crecimiento: “El sector de utilities antes crecía entre un 3% y un 5% en beneficios. Ahora algunas compañías están dando guías de crecimiento claramente superiores, en determinados casos cercanas o incluso de doble dígito”, resumió.
Desde CaixaBank AM, Sánchez Salazar detalló que las necesidades de electrificación difieren por regiones, estando en EE.UU. el cuello de botella “en la parte de generación eléctrica”, mientras que en Europa hay una necesidad histórica de adecuación de las redes. “Las infraestructuras a nivel eléctrico son importantísimas; se necesita generación tanto renovable como convencional para alimentar la IA. Pero para que las energías renovables se integren en el sistema, es necesario actualizar y modernizar las redes, que en Europa llevan décadas sin recibir el nivel de inversión necesario”, reflexionó, concluyendo que hay oportunidades en el sector eléctrico “prácticamente en todos los campos”.
Tanto Sánchez Salazar como Porcel apuntaron hacia una mayor implantación de las renovables dentro del mix energético de los países, “simplemente porque son la tecnología más rápida de instalar y la más eficiente en costes”, puntualizó el representante de CBNK, que enfatizó: “No podemos no instalar renovables”. Porcel apuntó a la necesidad de invertir en almacenamiento, en tecnologías de respaldo como la energía nuclear y, “sobre todo”, inversión en redes. “Estamos pasando de un sistema centralizado a uno mucho más distribuido y mucho más difícil de gestionar”.
Desde ATL Capital, Mario Lafuente también incidió en la necesidad de invertir en almacenamiento energético, aunque aportando una visión muy pragmática sobre el momento en el que se encuentran las distintas regiones: “En Europa, como es habitual, vamos un poco más lento y tenemos menos capacidad al menos de partida que en Estados Unidos, donde la posición de partida es más ventajosa por el gas natural y la seguridad en el suministro. Quizá esté mejor que Europa dependa de Estados Unidos que de Rusia, pero seguimos dependiendo de alguien”, observó.
En esta línea, Lafuente reconoció las oportunidades por una mayor disposición gubernamental a invertir en infraestructuras, pero citó la ejecución de los proyectos como el principal riesgo: “Pueden producirse retrasos porque la parte del dinero público no llega cuando tiene que llegar”, resumió.
Desde Eurizon, Jorge Díaz concluyó este primer bloque con una reflexión respecto a la evolución del sector de las infraestructuras: “Los inversores tienen que ampliar su visión tradicional de las infraestructuras. Además de su perfil defensivo, hoy el sector ofrece una exposición creciente a motores estructurales de crecimiento como la inteligencia artificial, la electrificación y la robótica”, llegando a defender que, particularmente para perfiles más conservadores, “puede ser una manera de posicionarse en IA con menos volatilidad que la tecnología pura”.
Infraestructuras de IA: una exposición indirecta, con menor beta que la tecnología pura
El segundo gran punto de debate durante el desayuno giró en torno a la canalización de todo el capital desplegado por los grandes hiperescaladores para seguir sosteniendo sus necesidades de infraestructuras de IA, principalmente la alimentación de centros de datos con energía. El experto de ATL describió dos escenarios principales respecto a la sostenibilidad en el tiempo del capex de los hiperescaladores. En el primero, podría suceder que los accionistas de dichas compañías “no vean el retorno de esas inversiones, al menos en un periodo de tiempo corto y, por lo tanto, castiguen las cotizaciones”; en el segundo, serían las propias empresas las que interrumpieran sus inversiones en caso de no percibir retornos. “Eso sí que tendría una consecuencia clara para toda la cadena de suministro de la parte de centros de datos”, explicó Lafuente, aunque aclaró que, al menos de momento, “hay sostenibilidad”.
El experto destacó las tres maneras principales en que las compañías están financiando sus proyectos más allá del capex: a través de emisiones de deuda, “que han cambiado un poco la estructura de los mercados de crédito”; mediante salidas a bolsa, “donde van a obtener más dinero para seguir financiando sus proyectos”; o mediante operaciones de ampliación de capital o captación de recursos propios, como la anunciada recientemente por Alphabet. “Dependiendo de cómo se lo tome el mercado, probablemente no sea la única compañía que lo haga”, anticipó Lafuente, que estimó que este mix de financiación, en conjunto, “va a dar más estabilidad al desarrollo de la infraestructura, con independencia de si luego se monetiza o no al ritmo esperado”.
“La gran pregunta del mercado es hasta qué punto va a ser sostenible el ciclo de inversión en IA y la respuesta es bien clara: mientras que los resultados trimestrales sigan acompañando”, corroboró Jorge Díaz, añadiendo que “es previsible que, cuando los resultados trimestrales flaqueen, veamos una corrección en el mercado del 15 %-20 % en el sector”. En cambio, el representante de Eurizon manifestó su convencimiento de que, para el caso de las infraestructuras, “podríamos ver más bien una consolidación de niveles, porque presentan menos sensibilidad”, de modo que sería una opción para invertir en IA “con menos beta”.
¿Dónde están las oportunidades?
El último punto de consenso entre los asistentes al desayuno fue la necesidad de incrementar la asignación a infraestructuras como una exposición satélite en una cartera de renta variable bien diversificada, siempre en función del perfil de riesgo, horizonte temporal y restricciones de cada cartera. Algunos participantes hablaron de una exposición entre el 10 % y el 15 % en función del perfil de riesgo. “Las carteras están por lo general muy indexadas, con muchísima concentración en unos pocos valores tecnológicos. Las infraestructuras te dan una diversificación muy interesante y además combinan elementos defensivos con exposición a crecimiento”, comentó el representante de CBNK al respecto.
Jaime Porcel destacó que hay valor no solo en infraestructuras energéticas, sino también en otros segmentos más tradicionales, como “autopistas con poder de precio en sitios muy congestionados o en aeropuertos donde hay crecimiento en inversión y en tráfico”, aunque también está encontrando valor en compañías de tratamiento de aguas residuales: “Son compañías con unas barreras de entrada altísimas, capacidad de fijar precio y una demanda súper estable”. “La combinación de ambos da una visión más amplia de toda la cadena de infraestructuras y permite no centrarse únicamente en el último eslabón de la cadena, que es el activo regulado”, concluyó el experto.
También recomendó una asignación en torno al 10 % Mario Lafuente, de ATL Capital, abogando por un enfoque que combine asignaciones a utilities y otras infraestructuras energéticas cotizadas y más digitales —“que aportan crecimiento”— con otras infraestructuras más tradicionales como autopistas, “por la estabilidad de flujo de caja que dan”, aunque puntualizó que puede variar el acceso a según qué estrategias “a través de mercados cotizados frente a mercados privados”.
Desde CaixaBank AM, Alberto Sánchez afirmó que “el sector de infraestructuras tiene que aumentar el peso de manera significativa en las carteras a medio largo plazo”. Desde la firma prevén que continúe el rerating: “El sector en Europa está cotizando a unos múltiplos muy en línea con los del mercado, a pesar de tener muchísima visibilidad de beneficios futuros, muchísimo crecimiento y unos retornos que cada vez son mejores, porque las regulaciones están favoreciendo estas inversiones”.
En resumen, el desayuno sirvió para certificar un cambio de tendencia que puede estar dando paso a una nueva era dorada para las infraestructuras. Lo resumió muy bien Jorge Díaz: “Antes, las infraestructuras jugaban el rol de cobertura contra la inflación, poca volatilidad e ingresos recurrentes en un sector muy regulado. Ahora se abre una ventana nueva, en la que la inversión en infraestructuras permite jugar la vía de la inteligencia artificial, la vía del crecimiento, pero en la capa que alimenta la IA. Es un enfoque menos dependiente de los beneficios de las empresas directamente vinculadas a la IA, que en algún momento pueden decepcionar y provocar una corrección en los mercados. En cambio, la capa que alimenta a la IA presenta menos volatilidad y más visibilidad”.
El evento terminó con esta reflexión de Bruno Patain: “Estamos viviendo una revolución que puede tener un impacto comparable al de la Revolución Industrial del siglo XIX. La inteligencia artificial aumentará nuestra productividad, pero necesita una infraestructura física que la alimente. Y, en este contexto, las tensiones en torno a Ormuz son un recordatorio de la vulnerabilidad energética de Europa y refuerzan la necesidad de avanzar hacia una mayor independencia y seguridad energética”. “Las infraestructuras jugarán un rol clave en todos estos procesos”, concluyó.



