El Centro Financiero Internacional de Dubái (DIFC), principal hub financiero de la región de Oriente Medio, África y Asia Meridional (MEASA), arrancó 2026 con un fuerte crecimiento, atrayendo a nuevas empresas internacionales, regionales y locales. Sin embargo, las tensiones geopolíticas en la región y la guerra entre EE.UU. e Irán -cuyo fin parece claro, pero aún no se ha escrito- ha ensombrecido su relevancia.
Según los expertos, el DIFC se está viendo afectado sobre todo en términos de percepción de riesgo. “El impacto más inmediato se observa en tres planos. Primero, en la prima de riesgo geopolítico: bancos, gestoras, family offices y firmas de servicios profesionales han revisado sus planes de continuidad operativa, protocolos de seguridad, viajes de ejecutivos y exposición regional. Segundo, en la actividad de mercado: la incertidumbre está retrasando operaciones corporativas, emisiones, salidas a bolsa, mandatos de banca de inversión y decisiones de asignación de capital. Tercero, en el talento: un buen número profesionales internacionales han reevaluado temporalmente su residencia o la conveniencia de mantener a sus familias en la región al percibir un deterioro de la seguridad”, explica Joaquín Ureña, socio y responsable del Departamento de Derecho Económico y Financiero de Andersen.
Todo ello ha dado lugar a salidas de fortunas y profesionales a destinos como Mónaco, Singapur, Zurich y Ginebra, y la cercana Abu-Dhabi. El Abu Dhabi Market (ADGM) ha atraído a gigantes de las finanzas, fondos de cobertura y family offices, expatriados de alto poder adquisitivo.
Trayectoria truncada
Antes de esta escalada, el DIFC estaba en una fase de clara consolidación como uno de los hubs financieros más dinámicos del mundo emergente. En opinión de Ureña, su papel ya no era solo el de una plataforma regional para Oriente Medio, sino el de un nodo global entre capital occidental, riqueza asiática, fondos soberanos del Golfo, África y el sur de Asia.
“Desde una perspectiva geopolítica, el DIFC se benefició de varias tendencias simultáneas: la acumulación de riqueza en el Golfo, la diversificación económica de los países productores de petróleo, la llegada de grandes patrimonios internacionales, la creciente relevancia de los fondos soberanos y cierta fatiga regulatoria o fiscal en plazas financieras tradicionales. Dubái ofrecía una combinación muy atractiva: estabilidad institucional relativa, baja fiscalidad, infraestructura global, idioma financiero anglosajón y proximidad a mercados de alto crecimiento”, explica.
De hecho, durante el primer trimestre del año, 775 compañías establecieron su presencia regional en DIFC, consolidando el atractivo del centro como plataforma líder para las finanzas, los negocios y la innovación. La cifra supone un incremento del 62% respecto al mismo periodo de 2025, cuando 478 empresas eligieron DIFC. El crecimiento fue especialmente significativo en marzo, mes en el que se incorporaron 258 nuevas compañías, frente a las 162 registradas el mismo mes del año anterior, lo que representa un aumento interanual del 59%.
“Dubái continúa consolidando un modelo económico único, basado en una respuesta ágil y proactiva a los cambios regionales y globales. Esta visión se fundamenta en la anticipación, la preparación económica y la capacidad de convertir los desafíos en oportunidades de crecimiento. Gracias a ello, Dubái se ha consolidado como un centro global de referencia para los negocios y las finanzas, así como un ecosistema de inversión competitivo y resiliente”, señalaba recientemente Sheikh Maktoum bin Mohammed bin Rashid Al Maktoum, Primer Vicegobernante de Dubái, Viceprimer Ministro, Ministro de Finanzas y presidente del DIFC.
Ante este esfuerzo, el DIFC compite cada vez más no solo con otros hubs regionales, como Abu Dabi Global Market o Riad, sino también con centros internacionales como Singapur, Hong Kong, Londres o Suiza en determinados nichos de banca privada, family offices y gestión alternativa.
Consolidación tras la guerra
El tono optimista de presidente del DIFC tiene argumentos sólidos, ya que registró además un incremento del 21% en las autorizaciones de servicios financieros durante el primer trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, reflejando la creciente demanda por parte de instituciones financieras reguladas que buscan establecer sedes regionales desde Dubái para operar en la región MEASA.
“La posición de Dubái entre los diez principales centros financieros del mundo, especialmente en un entorno global incierto, refleja la solidez de la visión del emirato y el papel estratégico que DIFC desempeña en su ejecución. Nuestro compromiso con la transparencia regulatoria, la confianza de los inversores y la atracción de capital internacional continúa reforzando el posicionamiento de Dubái como uno de los principales hubs financieros globales”, añade Essa Kazim, gobernador del DIFC.
En este sentido, el experto de Andersen reconoce que su escenario central es que, tras el cese de las tensiones sobre la región, el DIFC tenderá a consolidarse, aunque con una prima de riesgo geopolítico más visible que antes. “La guerra y la tensión regional pueden ralentizar decisiones en el corto plazo, pero no eliminan los factores estructurales que explican el ascenso de Dubái como centro financiero. Su crecimiento reciente ha sido demasiado profundo para considerarlo coyuntural”, afirma Ureña.
Por último añade que todo esto coincidirá con una tendencia a la diversificación: “Muchas entidades no abandonarán Dubái definitivamente, pero sí podrían construir arquitecturas regionales más distribuidas. En concreto, DIFC para banca, wealth management y servicios financieros; ADGM para determinados fondos y fintech; Riad para acceso al mercado saudí; y Singapur, Londres o Ginebra como nodos de respaldo global. Esto no significa necesariamente una pérdida de proyección del DIFC, sino una maduración del mapa financiero regional”.



