Los mercados privados, en concreto dentro del private equity, ofrecen una amplio abanico de posibilidades para los inversores. Uno de estos segmentos es el llamado growth equity o capital de crecimiento que, según explica Alex Wendt, Deal Advisory Partner de Baker Tilly, es un estilo de inversión que se sitúa en el punto medio entre el venture capital y el private equity tradicional.
Según su experiencia, se dirige a empresas en fase de expansión que ya han superado el riesgo inicial y buscan capital para acelerar su crecimiento. Sobre qué puede aportar este activo a la exposición de las carteras de los inversores hemos charlado con Wendt en esta entrevista.
¿Qué tipo de inversor se fija en el llamado growth equity?
Normalmente aquel que busca compañías ya consolidadas, con ingresos recurrentes y un modelo probado, pero con amplio margen de crecimiento. Suele ser un inversor profesional, como fondos de growth equity, vehículos de private capital o family offices, que busca participaciones relevantes, habitualmente entre el 15% y el 40%, aunque cada vez es más frecuente ver operaciones donde el fondo entra con una participación mayoritaria, que no implica asumir la gestión diaria del negocio. Pero sí estamos ante un inversor que asume una implicación activa: acompañar en la profesionalización y el crecimiento de la empresa, con un nivel de involucración que varía según el porcentaje adquirido y lo pactado, pero que rara vez busca sustituir al equipo gestor si este sigue aportando valor.
¿Qué rendimiento están ofreciendo este tipo de inversiones?
Depende mucho del sector, la calidad del activo, el punto de entrada y el ciclo económico, pero el growth equity se estructura con expectativas de retorno típicas de inversión en capital: el inversor busca creación de valor vía crecimiento. En la práctica, muchos fondos trabajan con objetivos de rentabilidad anual de doble dígito y múltiplos atractivos en el momento de la salida, asumiendo que el riesgo se compensa con escalabilidad y expansión. Es importante saber no hay un tipo de interés fijo como en la deuda, sino que el inversor gana si la empresa también gana.
Valorar una pyme en fase de fuerte crecimiento siempre es complejo. ¿Qué metodologías de valoración pesan más en el growth equity?
En estas fases conviven varias metodologías, porque ninguna por sí sola capta bien el valor de una compañía que aún está construyendo su historia de crecimiento. El múltiplo sobre EBITDA sigue siendo la referencia más utilizada, pero cuando el EBITDA todavía no refleja el potencial real del negocio —porque la empresa está invirtiendo en crecer— se recurre también a múltiplos sobre ingresos, especialmente en modelos con ingresos recurrentes o suscripción. El descuento de flujos de caja (DCF) aporta una visión más completa al incorporar las proyecciones de crecimiento, aunque su fiabilidad depende mucho de la calidad del business plan y de los supuestos que lo sustentan. Y, por supuesto, el análisis de transacciones comparables ayuda a contrastar contra qué está pagando el mercado en operaciones similares del sector. En la práctica, casi nunca se valora con una única metodología, se cruzan varias.
¿Por qué es una fórmula muy usada por las pymes?
Porque permite financiar el crecimiento sin perder el control. Para una pyme que ya funciona, el dilema suele ser “vendo o sigo solo”. El growth equity ofrece una tercera vía: incorporar un socio financiero que aporta recursos para acelerar el crecimiento en el mercado, captar talento, adquirir tecnología, M&A y otros factores clave, pero sin obligar a vender la compañía. Es una alternativa para quien quiere “sacar dinero de la mesa” pero sin cerrar el capítulo.
¿Y por qué es un buen momento para este tipo de inversión?
Muchas pymes están en un punto en el que el crecimiento exige capital y profesionalización, y la deuda no siempre es la mejor respuesta, ya sea por coste o porque hay que devolverla vaya como vaya el negocio. El growth equity encaja bien cuando hay ambición de escalar y, a la vez, se quiere actuar con cierta prudencia, dado que se comparte el riesgo con un socio que aporta capital de forma paciente y que acompaña en la ejecución. Además, en entornos donde las grandes operaciones pueden estar más condicionadas, el mercado suele seguir premiando compañías con crecimiento rentable y planes claros.
Se suele decir que estos fondos aportan más que dinero. Según su experiencia, ¿cuáles son los tres activos no financieros que un fondo de growth equity aporta con más frecuencia a una pyme en expansión?
Destacaría la disciplina de gestión y el reporting. Un socio de growth equity ayuda a establecer KPIs, control de mando y presupuestos, seguimientos periódicos y mejoras en gobierno corporativo. Puede parecer que implica “más trabajo”, pero suele mejorar la toma de decisiones y la ejecución.
También es importante el acceso que muchas veces proporcionan a redes de contactos y a nuevas oportunidades. Esto incluye contactos comerciales, talento directivo, partners, posibilidades de internacionalización y, en ocasiones, acceso a financiación adicional.
Otro punto relevante es la experiencia en desarrollo de negocio y crecimiento que aportan estos fondos, dada su especialización. Apoyan en la definición de los planes estratégicos y en cuestiones como el pricing o el go-to-market. Y por supuesto, son muy relevantes en el M&A: desde la identificación y ejecución de adquisiciones hasta la preparación de la empresa para rondas futuras.
Sabemos que en private equity las operaciones de salida están muy paradas dadas las valoraciones, ¿ocurre lo mismo con el segmento de growth equity?
Hay efectos comunes. Cuando el gap de valoraciones es grande, cuesta cerrar salidas, pero el growth equity puede tener más flexibilidad porque la creación de valor suele venir más por crecimiento orgánico y expansión, y menos por ingeniería financiera. Eso puede sostener historias de salida incluso en los mercados más exigentes.
Además, existen más vías de salida, como rondas posteriores, recompras parciales o, en ciertos casos, mercados de capitales si la compañía alcanza escala y calidad. Dicho esto, el growth equity no está aislado del ciclo económico: cuando el mercado se enfría, los procesos se vuelven más selectivos, por lo que la preparación de la salida con datos, narrativa y una buena ejecución se vuelve aún más determinante.



