Agosto -mes estival para Europa- ha comenzado con la volatilidad en los mercados financieros coexistiendo con el apetito por el riesgo. “El impulso del tramo final del mes anterior estuvo liderado por el sector tecnológico en Wall Street, cuyos sólidos beneficios compensaron la rigidez inflacionaria. Pese a ello, el S&P 500 registró una leve caída mensual por segundo mes consecutivo, ubicándose un 2% por debajo de sus máximos históricos, mientras el índice de Miedo y Codicia se posicionó en 39/100. Respecto a la energía, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de EE.UU. cayó a 308 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1983, e impulsó al crudo a su mayor alza mensual desde marzo”, apunta Felipe Mendoza, analista de mercados EBC Financial Group.
Para este experto, en las próximas semanas veremos un escenario de volatilidad en dos fases: “Una primera quincena de agosto dominada por ajustes técnicos, toma de utilidades y presión hacia activos de renta fija, seguida de una segunda mitad del mes donde la guía de Nvidia y la digestión de datos inflacionarios podrían reactivar la tendencia alcista hacia el último trimestre del año”.
En su opinión, el principal riesgo para esta proyección se concentra en la escalada militar con Irán, la narrativa contradictoria sobre el estrecho de Ormuz y sus posibles repercusiones en el suministro global de crudo. Ante este contexto dos clases de activos toman protagonismo: el oro y el dólar.
Oro: de máximos a reajuste en seis meses
La atención sobre el oro se debe a que comenzó el año como uno de los activos más atractivos y con mejor comportamiento, pero ha terminado el primer semestre de 2026 registrando una importante corrección. “El oro ha experimentado un cambio de tendencia notable durante el primer semestre de 2026. Tras alcanzar un máximo histórico intradía de 5.595 dólares estadounidenses por onza el 29 de enero, los precios sufrieron una fuerte corrección y, en el momento de redactar este artículo, a principios de julio, cotizan por debajo del nivel con el que comenzaron el año. Aunque la magnitud de la corrección ha inquietado a los inversores, la consideramos un reajuste saludable más que el fin del mercado alcista estructural”, explica Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research de WisdomTree.
Según su análisis, la extraordinaria prima de valoración que se generó durante el repunte de 2025-26 se ha reducido en gran medida, lo que ha dejado al oro mucho más cerca de su estimación de su valor razonable. “Prevemos que la próxima fase del oro vendrá determinada principalmente por los fundamentos macroeconómicos, más que por una demanda excepcional por parte de los inversores”, matiza.

Para Shah, ahora que las valoraciones se han normalizado, sus perspectivas vuelven a centrarse en las variables macroeconómicas que, históricamente, han explicado la mayor parte de la variación en los precios del oro. “El oro podría enfrentarse a dificultades intermitentes a corto plazo, ya que los mercados siguen reevaluando las perspectivas de la política monetaria estadounidense. Las últimas previsiones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) y las comunicaciones que las acompañaban se interpretaron como una señal de que la Fed adoptaría una postura algo más hawkish, lo que llevó a los mercados de futuros a descontar subidas de tipos tan pronto como en septiembre”, señala el experto de WisdomTree.
En consecuencia, según las previsiones de consenso actuales, el modelo de la gestora apunta a una recuperación hasta los 4.563 dólares por onza para el segundo trimestre de 2027, “aunque el análisis de sensibilidad muestra cómo distintos escenarios macroeconómicos podrían alterar sustancialmente esa trayectoria”, matiza Shah.
La macro y las perspectivas del dólar
Estas reflexiones sobre el oro están conectadas con el comportamiento del oro. Tal y como reconoce Shah, gran parte de la debilidad del oro durante 2026 puede explicarse por la apreciación del dólar estadounidense. “El dólar se fortaleció hasta alcanzar su nivel más alto en más de un año, gracias a la relativa seguridad energética de Estados Unidos durante el conflicto con Irán, y superó en rendimiento a muchas otras divisas que suelen considerarse refugios seguros”, recuerda.

De cara a lo que queda de año, la mayoría de los expertos coinciden en que las perspectivas macroeconómicas a corto plazo siguen siendo positivas para el dólar. “La actividad económica de Estados Unidos se ha mantenido mejor que la de otras grandes economías, pero la inflación sigue siendo persistente y el mercado ha tenido que integrar una trayectoria más restrictiva de la Fed. Esta evolución en los rendimientos relativos ya ha contribuido a que el dólar supere su anterior rango de cotización y es, en líneas generales, coherente con nuestro escenario central de perseguir la fortaleza del dólar hasta finales de 2026”, argumenta David Rees, director de Economía Global de Schroders.
En este sentido, la previsión de referencia de Schroders contempla que el dólar suba a lo largo de 2026 antes de retroceder ligeramente en 2027. “Nuestras hipótesis para finales de 2026, publicadas en su momento, eran: GBPUSD a 1,21, EURUSD a 1,07, USDRMB a 7,09 y USDJPY a 167,8. Nuestra hipótesis de trabajo para finales de 2027 prevé que el dólar ceda parte de esas ganancias —hasta situarse en 1,27, 1,12, 7,03 y 162,5, respectivamente—, ya que el debilitamiento de las presiones inflacionistas dará un respiro a una Fed de discurso tajante, y un giro hacia una agenda política más orientada al futuro volvería a imponer recortes de tipos en 2027”, señala Rees.
Además, para Rees, en términos más generales, si la euforia en los mercados estadounidenses llega a su fin, hay buenas razones para pensar que el dólar pudiese sufrir las consecuencias. “Un dólar más débil tiene implicaciones considerables para todos los inversores a nivel mundial. Estas van desde efectos inmediatos en las carteras hasta repercusiones a más largo plazo en la rentabilidad de los activos, a medida que las economías, los sectores y las empresas individuales se adaptan a un dólar de menor valor”, señala.



