La primera mitad de 2026 ha dejado una conclusión clara para los inversores globales: la inteligencia artificial ha seguido marcando el pulso de los mercados, pero con un matiz importante. Según el análisis semanal de Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) de Julius Baer, durante estos seis meses la clave para batir al mercado ha sido estar posicionado en el segmento adecuado del universo tecnológico. “En pocas palabras, la primera mitad de 2026 fue clara: o tenías acciones de semiconductores —pero no cualquier acción— o no las tenías”, resume Bonzon en su último CIO Weekly.
Desde la firma explican que el rally bursátil no ha estado liderado por las tradicionales grandes tecnológicas estadounidenses, sino por compañías más especializadas en memorias DRAM y chips NAND vinculados al desarrollo de infraestructura de inteligencia artificial. De hecho, el índice sectorial de semiconductores SOX ha llegado a dispararse cerca de un 100% en apenas tres meses, consolidándose como el gran motor de las bolsas globales.
Sin embargo, una de las sorpresas del ejercicio ha sido que, pese al aumento del coste de capital para las grandes compañías estadounidenses de computación en la nube —una de las tesis centrales de inversión de Julius Baer para este año—, el mercado estadounidense no ha sufrido una corrección significativa. Según Bonzon, el liderazgo se ha ampliado y las ganancias “ya no dependen únicamente de las Siete Magníficas, sino de un universo más amplio de empresas beneficiadas directa o indirectamente por el ciclo inversor en IA”.
En este contexto, la entidad considera que se ha producido un cambio estructural en los mercados que obliga a replantear la construcción de carteras. “Hemos entrado en un ciclo industrial en el que un mayor número de actores más pequeños se benefician de tendencias estructurales como la inteligencia artificial, la electrificación o la autonomía estratégica”, señala Bonzon. Por ello, Julius Baer considera que la diversificación vuelve a convertirse en una fuente esencial de generación de rentabilidad, además de una herramienta clásica de control del riesgo.
Otro de los elementos que ha marcado el primer semestre del año ha sido la inesperada fortaleza del dólar estadounidense. Frente al consenso bajista del mercado, Julius Baer nunca abandonó su visión positiva sobre la divisa estadounidense frente al resto de monedas del G7. Según explica Bonzon, el conflicto geopolítico entre Estados Unidos e Irán, el renovado entusiasmo inversor en torno a la IA y la llegada de Kevin Warsh al frente de la Federal Reserve han reforzado el atractivo del dólar y de la renta fija estadounidense.
Esta visión también ha llevado a la entidad a reducir su exposición al oro durante el segundo trimestre. Después de arrancar el año con fuertes ganancias, el metal precioso corrigió con fuerza y acumula caídas del 7% en lo que va de ejercicio, tras registrar descensos superiores al 10% solo en junio.
De cara a la segunda mitad de 2026, Julius Baer mantiene un enfoque prudente. Aunque reconoce que la inteligencia artificial seguirá siendo el principal catalizador de mercado, advierte sobre el creciente riesgo de concentración excesiva en determinados segmentos tecnológicos. Bonzon subraya que “los mercados dependen cada vez más de un pequeño número de narrativas muy poderosas, mientras que los resultados siguen siendo altamente inciertos”.
Por ello, la entidad recomienda evitar posiciones extremas y prestar mayor atención a sectores menos explorados recientemente, como consumo defensivo o salud, cuyas valoraciones relativas se han vuelto más atractivas tras varios trimestres eclipsados por el boom tecnológico. “No es momento para posturas extremas, sino para la humildad y la disciplina de diversificación”, concluye el CIO de Julius Baer.


Por Beatriz Zúñiga
