Global Citizen Solutions (GCS), firma de planificación de residencia y ciudadanía, publicó la quinta edición anual del Índice Global de Pasaportes (GPI, por sus siglas en inglés) que clasifica los pasaportes de 199 países en función de la movilidad, el atractivo para la inversión y la calidad de vida. La edición de 2026 ofrece una lectura matizada para América Latina: una región que viaja bien, vive bien y sin embargo se queda corta allí donde más importa para el posicionamiento global.
El GPI evalúa la fortaleza de cada pasaporte en tres dimensiones: movilidad (número de destinos accesibles sin visado previo), atractivo para la inversión (entorno fiscal, innovación y competitividad económica) y calidad de vida (sanidad, seguridad, clima e infraestructura social). América Latina supera la media mundial en dos de las tres dimensiones — movilidad (62,2 frente a 51,9 de media mundial) y calidad de vida (65,0 frente a 61,6) — pero queda por debajo en la tercera: inversión y oportunidad económica (35,1 frente a 41,6). Esta es la característica definitoria de la región: pasaportes que viajan bien respaldados por economías que aún no terminan de puntuar.
Una región de dos velocidades
América Latina no es un bloque uniforme sino dos, separados por una distancia considerable. En la cima, un grupo de siete países — Chile (puesto 46), Brasil (49), Argentina (52), Uruguay (53), Costa Rica (57), México (61) y Panamá (64) — se agrupan estrechamente en una banda de apenas unos puntos de diferencia global. Todos comparten el mismo perfil: movilidad elevada, calidad de vida sólida, pilar de inversión débil. Por debajo de este grupo, la cola es larga: Colombia, los países centroamericanos, los Andes y el Caribe latino descienden hasta Cuba (puesto 143) y Haití (181). La distancia entre la cima y la base de la región es casi en su totalidad una brecha de acceso de viaje, no de nivel de vida ni de economía.
Chile lidera la región con 83,1 puntos y el puesto 46 mundial, impulsado por el mejor índice de calidad de vida de América Latina (puesto 22 mundial). En movilidad, Chile y Brasil empatan con una puntuación de 90,7 — el marcador más alto del continente, compartido por ambos países. Brasil ocupa el segundo puesto regional con 82,4 puntos en el global, con su puntuación de movilidad (puesto 43 mundial) como principal activo. Argentina (80,1, puesto 52) y Uruguay (79,8, puesto 53) completan el núcleo del Cono Sur, con movilidad excelente y calidad de vida por encima de la media regional, pero contenidos por la carga fiscal: tipos marginales del 35% y 36%, respectivamente, que los sitúan fuera del top 120 mundial en ese subindicador.
La excepción instructiva del grupo es Paraguay (puesto 68). Queda rezagado en movilidad (80,7) y calidad de vida (66,2), pero es el único país del Cono Sur con un régimen fiscal genuinamente competitivo: un tipo máximo del 10% que lo sitúa en el puesto 14 mundial en ese subindicador. La comparación subraya el dilema regional: los líderes ganan en movilidad y habitabilidad pero pierden en fiscalidad, mientras que el único miembro con baja tributación carece del acceso de viaje necesario para convertir esa ventaja en una clasificación global alta.
Brasil y la estrategia de reciprocidad
El acontecimiento más relevante del año para el pasaporte brasileño no está en la puntuación del GPI, sino en la lógica que la sustenta. Brasil ha convertido la reciprocidad en una política migratoria activa, con resultados medibles. En abril de 2025, el gobierno brasileño reimplantó los requisitos de visado para ciudadanos estadounidenses, canadienses y australianos, invocando explícitamente el principio de reciprocidad: estos países siguen exigiendo visado a los brasileños, por lo que Brasil aplica la misma regla.
La misma lógica está produciendo ganancias de acceso para los titulares del pasaporte brasileño. El caso más significativo es China: desde el 11 de mayo de 2026, los ciudadanos de ambos países pueden viajar mutuamente sin visado durante 30 días, tras un acuerdo bilateral que convierte a Brasil en uno de los pocos países del hemisferio occidental con exención de visado con China. El mecanismo es exactamente el que el GPI registra: la apertura de entrada de Brasil se convierte, mediante negociación activa, en acceso de salida para sus ciudadanos. Es la vía más realista para que Brasil eleve su ya sólido marcador de movilidad.
“Lo que une a los países con mejor desempeño en América Latina es la estabilidad más que el impulso; se trata de pasaportes maduros y bien valorados que en gran medida han mantenido su posición, sin avanzar mucho en ella. La historia de América Latina continental no es de declive, sino de meseta: una sólida libertad de viaje y calidad de vida que ha dejado de traducirse en un movimiento ascendente.” es lo que señala Patricia Casaburi, CEO, Global Citizen Solutions.
El Caribe: el mayor éxito inversor del hemisferio occidental
El Caribe produce la historia más llamativa del hemisferio en el pilar de inversión. San Cristóbal y Nieves (puesto 17 mundial en inversión), las Bahamas (11) y Antigua y Barbuda (19) superan a todos los países de América Latina continental — incluido Brasil — en oportunidad económica e inversora. El motor es fiscal: los tres aplican impuesto sobre la renta personal cero, el mejor marcador posible en ese subindicador, lo que eleva el pilar de forma decisiva. Por contraste, otros Estados con programas de ciudadanía por inversión (CPI) — Granada, Santa Lucía, Dominica — aplican tipos del 25–30% y obtienen resultados de inversión muy inferiores (puestos 90–103), pese a contar con programas CPI comparables. Lo que el índice premia no es el programa de inversión en sí mismo, sino el régimen fiscal que lo rodea. En movilidad, los pequeños Estados caribeños también rinden por encima de su tamaño: Barbados (88,5), San Cristóbal y Nieves (86,0) y las Bahamas (84,8) alcanzan marcadores de movilidad equiparables a los del Cono Sur. Es precisamente la movilidad lo que separa el nivel alto del bajo en el Caribe: Cuba (18,3), República Dominicana (29,2) y Haití (11,2) se hunden en ese pilar, y esa única debilidad — no la calidad de vida ni la economía — los arrastra al fondo de la tabla regional.
Estados Unidos: métricas divergentes
La caída del pasaporte estadounidense en el GPI es la otra cara de la misma dinámica que ha beneficiado a Brasil y al Caribe. Habiendo ocupado el primer puesto mundial en 2021 con la puntuación compuesta más alta en la historia del índice — 96,45 —, Estados Unidos se sitúa ahora en el puesto 12, con la mayor caída acumulada en cinco años de cualquier país del G7. El motor es la movilidad: el rango de movilidad estadounidense ha pasado del 10º en 2021 al 41º en 2026, una erosión de 31 posiciones impulsada por una secuencia de reimposiciones bilaterales, la más visible de las cuales fue la reimposición brasileña de requisitos de visado para ciudadanos estadounidenses en abril de 2025. El GPI registra este declive con precisión, pero también revela sus líderes. La fortaleza del pasaporte estadounidense sigue siendo formidable en el pilar de inversión — 3º mundial, sostenido por los mercados de capitales más profundos del mundo y una economía de consumo sin rival — y es precisamente esa consistencia inversora lo que ha actuado como suelo estructural, impidiendo que la caída en movilidad arrastre el índice compuesto tanto como la erosión de movilidad sola implicaría.
Por su parte la Dra. Laura Madrid, Investigadora Principal, Unidad de Inteligencia Global, Global Citizen Solutions habla sobre el objetivo principal del GPI: “La señal más clara del Índice Global de Pasaportes 2026 no es el movimiento en la cima sino la erosión en la base. El pasaporte más fuerte del mundo punta alrededor de 96 sobre 100 y el más débil apenas 23: una brecha de más de 70 puntos que se ha ido ampliando desde 2021. La movilidad global es cada vez más la historia de dos mundos: un estrato estable de ciudadanos para quienes las fronteras son una formalidad, y un grupo creciente para quienes son un muro. A medida que más naciones tratan la ciudadanía como un activo estratégico, el coste de poseer un pasaporte débil ya no es el estancamiento: es la relegación activa.”



