La última encuesta global a gestores elaborada por Bank of America -correspondiente a abril- es la más bajista desde junio de 2025. En concreto, las expectativas de crecimiento caen al ritmo más acusado desde marzo de 2022 y las de inflación suben al nivel más alto desde mayo de 2021. Lo cierto es que las perspectivas de crecimiento global se desploman, mientras que las de inflación se disparan al 69%; aunque los inversores esperan un menor crecimiento, pocos anticipan recesión (70% la considera improbable) y el escenario base macro es de aterrizaje suave (52%), sin aterrizaje (32%) y no de aterrizaje brusco (9%).
“Todo ello es, en clave contraria, positivo para los activos de riesgo siempre que un alto el fuego lleve el precio del petróleo por debajo de 84 dólares/barril.. Además, 7 de cada 10 encuestados no prevé recesión, no hay aumento de liquidez (cash en 4,3%) y los inversores siguen largos en renta variable global, por lo que se necesitan recortes de tipos y sorpresas positivas en beneficios para sostener nuevos máximos”, señalan desde Bank of America.
El conflicto en los titulares
Según los expertos de las gestoras internacionales, la evolución del conflicto en Oriente Medio y la evolución de las negociaciones entre Irán y EE.UU. mantienen la atención de los inversores y de los mercados por sus consecuencias, en especial respecto al estrecho Ormuz, una pieza fundamental que contextualiza las perspectivas sobre el sector energético, la inflación y el crecimiento macroeconómico.
La economía mundial, no obstante, parece comenzar a desacelerarse, aunque la presión inflacionista no muestra señales de remitir. Los precios al consumo de marzo de 2026 registraron un aumento anualizado del 3,3%, mientras que los precios de la gasolina subieron más de un 20% en Estados Unidos y explican más de tres cuartas partes del repunte de la inflación. “Esto se refleja en las encuestas de opinión, con la confianza del consumidor estadounidense en su nivel más bajo de la historia reciente, y con los ingresos y el gasto de los hogares por debajo de lo esperado en febrero”, apuntan desde Edmond de Rothschild.
En opinión de Christian Gattiker, responsable de análisis en Julius Baer, aunque el conflicto en Oriente Medio sigue ocupando titulares, en comparación con hace un mes, su influencia sobre los mercados se ha reducido claramente. “Probablemente sería necesaria una nueva y significativa escalada para devolverlo al nivel de protagonismo que anteriormente marcaba el sentimiento casi por sí solo. En ese vacío esperado, los resultados empresariales están pasando con fuerza al primer plano.
Ver más allá del conflicto
Por ello, tras un sólido cuarto trimestre de 2025, la atención se centrará ahora en la publicación de los resultados empresariales del primer trimestre de 2026, que acaba de comenzar con el sector bancario estadounidense. Dado que el conflicto en Irán y el repunte del precio del petróleo se produjeron hacia el final del trimestre, el mercado espera un impacto limitado en la dinámica de beneficios. No obstante, las previsiones y comentarios de las compañías serán, por supuesto, determinantes, dada la escasa visibilidad sobre el desenlace del conflicto en esta fase.
“En este momento, el consenso prevé un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 14,1% para el S&P 500 en el primer trimestre, que podría superar el 17% si se tiene en cuenta la sorpresa media histórica de resultados, en torno al 3%. Esto representaría el mayor crecimiento interanual del BPA en Estados Unidos en cuatro años. Se espera que el sector tecnológico en su conjunto vuelva a superar al mercado, con un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 30,4%. El S&P 500 excluyendo tecnología, por su parte, registraría un crecimiento del BPA cercano al 5,1%, por encima del 3,2% observado en el trimestre anterior”, apunta Nicolas Bickel, responsable de inversión en Edmond de Rothschild.
En opinión de Gattiker, con los grandes nombres de diversas industrias —desde industriales hasta tecnología y financieras— publicando sus cifras, los inversores buscarán confirmación de que la resiliencia corporativa puede resistir la incertidumbre geopolítica y unas condiciones financieras más restrictivas.
“Las guías serán especialmente clave, a medida que las empresas gestionan presiones de costes, incertidumbre en la demanda y cambios en las dinámicas del comercio global. Por el contrario, el calendario macroeconómico entra en una relativa calma a mitad de mes. Aunque aún hay datos relevantes —incluidos índices PMI, cifras de inflación y encuestas de confianza—, ninguno parece por sí solo capaz de dominar la narrativa. En su lugar, el flujo de datos servirá más como una verificación de fondo de la trayectoria de la economía global, que hasta ahora se ha mantenido estable pero poco inspiradora. En conjunto, los mercados parecen estar transitando desde una volatilidad impulsada por la geopolítica hacia una combinación más tradicional de resultados empresariales y expectativas de política monetaria. Que este cambio se consolide dependerá menos de los eventos programados y más de si el entorno geopolítico continúa contenido”, concluye el experto de Julius Baer.


Por Beatriz Zúñiga

Por Carlos Ruiz de Antequera