Con el telón de fondo de una industria que se ve cada vez más concentrada y donde los grandes negocios reinan en el ecosistema de negocios de crédito privado, la competencia por acceder a los deals más jugosos se está volviendo más intensa. Ese es el diagnóstico de McKinsey & Company, según un reporte reciente de la consultora.
El polvo seco (drive powder) de los fondos cerrados de crédito directo terminó la primera mitad del año pasado en alrededor de 500.000 millones de dólares, cerca de sus máximos históricos. Esto, señalaron desde la firma, “subraya la escala del capital que está en competencia, por un número finito de negocios”.
A esto se suma la presión agregada de la demanda de los canales de inversionistas privados, reflejada en el auge de los vehículos semilíquidos de deuda privada. “Como estos vehículos levantan capital continuamente (en vez de hacer los llamados de capital cuando los necesitan), las gestoras están bajo una gran presión de desplegar rápido, para empezar a generar rendimientos”, explicaron.
Otro ingrediente de esta dinámica es que la competencia de los bancos y el sector de préstamos sindicados a gran escala (BSL, por su sigla en inglés) también se ha vuelto más aguda. En palabras de McKinsey, las firmas financieras tradicionales están compitiendo con más fuerza no sólo como facilitadores de deuda sindicada, sino que por principios directos.
J.P. Morgan, por ejemplo, sacó 50.000 millones de su propio balance para originar deudas al estilo del crédito privado, “con el objetivo de competir directamente con gestoras no bancarias, en velocidad, certeza de ejecutivo y tamaño”.
Además, las emisiones nuevas de BSL sigue cerca de sus alturas récord y los flujos de refinanciamiento entre ambos mercados está llegando a la paridad, agregaron. “Aproximadamente 37.000 millones de dólares en préstamos BSL se refinanciaron en créditos directos, mientras que 34.000 millones de préstamos directos se movilizaron en la otra dirección. Eso marca un quiebre claro con años anteriores, cuando los flujos eran mayoritariamente unidireccionales, de BSL a crédito directo”, explicaron en su reporte.
Con todo, la competencia más fuerte está modificando el panorama de precios y términos de los negocios, manteniendo un cambio a favor de los prestatarios. La señal más clara de esto, comentaron desde McKinsey, es la compresión de spreads, que cayeron de un máximo de 716 puntos base (en marzo de 2023) a los 544 puntos base que marcaron a fines de 2025.
Concentración de la industria
A la par con el fenómeno observado en mercados como el private equity, el mercado de deuda privada también está avanzando a una mayor concentración. Y en este contexto, la escala de las gestoras importa más.
“Incluso en un mercado de levantamiento de capital más suave, los managers con escala siguieron recaudando vehículos de tamaño récord, subrayando que el capital se está concentrando en pocas manos.
Ares Management, por ejemplo, uno de los nombres más prominentes en el mundo de la gestión de fondos alternativos, consiguió atraer 17.100 millones de libras esterlinas (alrededor de 22.640 millones de dólares) en compromisos de LPs para su sexto fondo emblema en Europa. Esta transacción marcó el vehículo cerrado de deuda privada más grande, en términos de compromisos.
“Efectivamente, el levantamiento de capital para fondos cerrados de crédito privado siguió avanzando hacia la concentración en 2025”, zanjó McKinsey en su reporte.
La consultora resaltó que los mayores 25 gestores concentraban alrededor del 72% del fundraising total y que las siete plataformas de crédito privado más grandes aumentaron su AUM en torno a 20% anual de 2022 a 2025, superando el crecimiento del mercado en general.
“Lo que está claro es que la escala importa considerablemente. Permite una oferta de productos más amplia, una liquidez más oportuna y carteras de activos diversificadas más grandes”, indicaron. Estas capacidades, agregaron, son difíciles de replicar en firmas de inversión más pequeñas.



