La liquidación en T+1 en Europa será realidad dentro de algo más de un año y su implantación exige a las entidades afrontar desafíos, con la finalidad de conseguir que el viejo continente no pierda competitividad con los mercados americanos y asiáticos.
Estos retos, así como los avances alcanzados ya, quedaron de manifiesto en la V Conferencia Post-Contratación, unas jornadas organizadas por BME en el Palacio de la Bolsa de Madrid. En una de las mesas redondas se trataron los desafíos y oportunidades que ofrece la liquidación en T+1 en la custodia de valores.
Si bien la liquidación será una parte crítica en el proceso de reducción de los plazos de liquidación, José Antonio Aldama, Head of Trust & Securities Services Spain de Deutsche Bank España, considera que este terreno corresponde a “profesionales que ya están adaptando sus sistemas y están mejor preparados que otros actores de la cadena”. El experto puso el foco, sin embargo, en la gestión de la FX, ya que “tener la divisa apropiada en la cuenta apropiada en el momento preciso, es complejo”.
En este sentido, David Carrión, Senior Product Manager de CACEIS puso el acento en los procesos anteriores a la liquidación como los que presentan mayores desafíos y Matteo Contangelo, Global Pre Post Trade Credit & Cash Equity en Santander, en el tema de los desgloses, para lo que ve necesario realizar “pedagogía relacionada con esta transición”.
Aldama considera que T+1, si está bien implementada, “va a traer eficiencia y menos riesgo”, pero también es consciente de la necesidad de un “cambio de conducta de los clientes”, con el fin de que éstos entiendan “que es un cambio obligatorio, pero beneficioso”. Carrión, por su parte, asegura que han redoblado esfuerzos en automatizar los contactos con el cliente y en “insistir en las eficiencias que va a traer este proceso”, mientras que Contangelo admite que desde Santander se está realizando una notable pedagogía con los clientes, con el fin de detectar posibles problemas antes del acortamiento de los plazos de liquidación.
En la mesa redonda también hubo cabida a hablar de los cambios de hábitos, no solo técnicos que supondrá la liquidación en T+1. Aldama reconoció que la tecnología “ya está en gran medida implementada”, pero lo importante será “cómo y cuándo se usa”. Por eso, cree necesario una sincronización de los actores, ya que la ventana de actuación es más estrecha que en la actualidad -un solo día-. “Los grandes triunfadores del paso a T+1 no serán las entidades más desarrolladas tecnológicamente, sino las que sean capaces de lograr que sus clientes cambien sus comportamientos operativos y sus procedimientos”, apunta.
Para Carrión, la tecnología ayudará, pero ve indispensable que “todos los participantes tengan una comunicación fluida a lo largo de la cadena”, mientras que Contangelo admite que “falta automatización aún” y trabajar en la monitorización de las excepciones, así como analizar “las paradas para aprender”. Para lograrlo, se inclina por potenciar el análisis, “pensar como ingenieros para detectar los problemas” que pudieran surgir.
También se trataron los factores críticos para el éxito de T +1, entre los que Aldama citó la estandarización para acabar con la fragmentación del mercado europeo, mientras que Carrión puso el foco en que la totalidad de la cadena tenga una participación automática y Contangelo, en la colaboración “entre toda la comunidad”.
Los ponentes coincidieron en que el impacto en los primeros días de funcionamiento de T+1 bajará en cierta medida la eficiencia del proceso de liquidación de valores y que, a medida que el proceso vaya avanzando , incluso mejorarán las ratios de eficiencia.



