Nur Cristiani, responsable de Estrategia de Inversión para América Latina en J.P. Morgan, sostiene que el superciclo de la inteligencia artificial todavía no alcanzó su techo: el valor está empezando a trasladarse desde la infraestructura hacia las plataformas y aplicaciones, abriendo una nueva etapa de oportunidades. En esta entrevista con Funds Society, repasa los riesgos de concentración que enfrentan los inversores latinoamericanos, las alternativas menos obvias que monitorea la firma —desde defensa hasta oro y mercados emergentes— y por qué considera que aún hay espacio para quienes no se posicionaron.
¿En qué fase del superciclo de la IA estamos: arranque, aceleración o madurez?
Creemos que aún estamos en la fase de aceleración. Hasta ahora, gran parte del valor generado en los mercados ha estado impulsado por empresas de infraestructura, tanto física como digital. Apenas recientemente, hemos comenzado a ver que parte de ese valor se traslada hacia las capas de plataformas y aplicaciones.
La comparación con la burbuja puntocom aparece constantemente. ¿Es una analogía válida o distorsiona más de lo que aclara?
Cuando hablamos de una ‘burbuja‘, debemos ser cuidadosos y distinguir si nos referimos a valuaciones de mercado o a episodios de exuberancia. Observamos algo de esta última en ciertos segmentos relacionados con la IA, pero no creemos que estemos en un punto de exuberancia en las valuaciones del sector tecnológico. De hecho, si consideramos las perspectivas de crecimiento para los próximos tres años, las valuaciones del sector tecnológico se mantienen incluso por debajo de las de otros sectores del mercado. Y aunque siempre existe incertidumbre sobre la sostenibilidad de las tendencias recientes de crecimiento, la realidad es que las compañías tecnológicas continúan superando ampliamente las estimaciones del mercado trimestre tras trimestre. Además, la comparación con la burbuja puntocom suele implicar hablar de apalancamiento. Hoy la situación es distinta: estas empresas están financiando su crecimiento con sus propios ingresos y utilidades, no mediante deuda.
¿Cómo están reaccionando sus clientes de alto patrimonio en América Latina frente a este ciclo? ¿Hay más ansiedad por entrar o más cautela?
Nuestros clientes han participado en esta tendencia y mantienen distintos niveles de exposición al tema, dependiendo de sus objetivos y mandatos de inversión. Sin embargo, lo que observamos actualmente es que cada nuevo dólar invertido busca una mayor diversificación. No necesariamente alejándose de la temática de IA, sino ampliando la exposición hacia otros sectores y clases de activos que podrían beneficiarse de la siguiente etapa de creación de valor.
¿Cuál es el error más frecuente que comete el inversor privado sofisticado frente a un ciclo tecnológico de esta magnitud?
La concentración. En las primeras etapas de creación de valor, algunas posiciones pueden crecer de manera significativa y terminar representando una proporción excesiva de la cartera. Esto puede generar una dependencia demasiado alta de un sector específico o incluso de una sola compañía. Por ello, es importante aprovechar estas ganancias para diversificar y mantener la resiliencia de las carteras, ya sea mediante estrategias activas o pasivas.
¿Existe el riesgo de sobreexposición a IA dentro de una cartera? ¿Qué peso razonable debería tener esta temática para un inversor de largo plazo?
Más que un riesgo de sobreexposición a la IA, hablamos de un riesgo de concentración en determinados sectores o compañías. Creemos que la IA impulsará mejoras en productividad y eficiencia a lo largo de toda la economía, generando oportunidades de crecimiento en múltiples industrias. Sin embargo, la selección de activos será clave, especialmente porque las empresas se beneficiarán de esta tecnología en distintos momentos y en diferentes magnitudes.
Cuando diseña una cartera con exposición a IA para un cliente latinoamericano, ¿por dónde empieza: empresas directamente vinculadas a IA, infraestructura habilitadora o fondos temáticos?
Siempre comenzamos por el núcleo de la cartera. Es decir, una estrategia bien diversificada que responda a los objetivos del cliente y respete su tolerancia al riesgo. Sobre esa base incorporamos posiciones complementarias para sobreponderar determinadas temáticas o sectores. Actualmente mantenemos una visión favorable sobre tecnología, así como sobre sectores relacionados, como industriales y servicios públicos, y esa misma visión suele reflejarse en nuestras recomendaciones de asignación de activos. La forma de implementarlo depende de cada cliente. Ofrecemos soluciones gestionadas activamente, donde administradores profesionales se encargan del rebalanceo continuo de las carteras, pero también trabajamos con clientes que prefieren construir esta exposición directamente en los mercados públicos o privados.
Más allá de las grandes tecnológicas estadounidenses, ¿hay jugadas menos obvias que J.P. Morgan está mirando con atención?
Vemos oportunidades atractivas en los sectores de seguridad y defensa, tanto en mercados públicos como privados, en un contexto global cada vez más fragmentado. Asimismo, consideramos que el oro sigue siendo un importante diversificador dentro de las carteras. Y, hablando de diversificación, vemos una oportunidad relevante en los mercados emergentes, particularmente en un entorno donde esperamos que el dólar estadounidense mantenga una debilidad estructural.
¿Cuál es el principal riesgo que el mercado todavía no está valorando bien en torno a la IA?
Nuestra principal preocupación es la circularidad de ciertas inversiones y la exuberancia que observamos en algunos segmentos específicos relacionados con esta tecnología. Habrá ganadores y perdedores, por lo que la selección cuidadosa de activos y una gestión activa seguirán siendo fundamentales.
Regulación, geopolítica, concentración de mercado: ¿cuál de estos factores le genera más incertidumbre a la hora de construir una tesis de largo plazo?
Los tres. Precisamente por eso, la base de nuestras recomendaciones es siempre una estructura de cartera bien diversificada entre sectores, temáticas y regiones. Sobre esa base incorporamos asignaciones temáticas activas hacia aquellas oportunidades que consideramos mejor posicionadas para beneficiarse de los distintos escenarios que puedan surgir de estos factores.
Para el inversor latinoamericano que todavía no se posicionó: ¿ya es tarde, o el ciclo tiene recorrido suficiente para entrar ahora?
Nunca es demasiado tarde para estar invertido. Mantenemos una visión favorable en relación con los mercados y las oportunidades que vemos por delante, tanto en activos públicos como privados. Como administradores del patrimonio de nuestros clientes, cuyo objetivo es preservar y hacer crecer su riqueza de manera sostenida en el largo plazo, consideramos que permanecer al margen de los mercados puede ser más riesgoso que enfrentar episodios temporales de volatilidad.



