A medida que el negocio de aseguradoras y reaseguradoras se va transformando, al ritmo de fenómenos como el cambio climático –que ha aumentado la frecuencia de desastres naturales, como inundaciones, huracanes e incendios forestales–, el mercado de los bonos de catástrofe, conocidos como CAT bonds, ha ido ganando tracción a lo largo del mundo. Y las AFPs chilenas no han sido la excepción, realizando su primera apuesta por la clase de activos.
Estos instrumentos, diseñados para compartir el riesgo de grandes eventos catastróficos –desde desastres naturales a riesgos cibernéticos– entre las compañías de seguros y el mercado de capitales. Así, los inversionistas obtienen una prima adicional, un retorno por sobre la tasa base, en el caso de que no haya un desastre antes de que el bono madure; y las compañías de seguro obtienen liquidez, para enfrentar sus obligaciones.
Esta estructura, recalcan desde el mercado, se constituye como una fuente de diversificación para la porción de renta fija internacional de las carteras institucionales y ofrece un perfil de retorno más alto, más cercano a la renta variable que a otros bonos.
Estas características llamaron la atención de los fondos de pensiones chilenos, que realizaron su primera inversión en la clase de activos durante el mes de abril de este año (último período informado). La apuesta inicial fue de 79 millones de dólares, según detalló un informe de HMC Capital.
Con esto, la clase de activos se lleva una porción de la cartera de renta fija internacional de los portafolios más grandes del país andino, que cerró abril con un AUM de 42.527 millones de dólares.
Un mercado en auge
El interés de inversionistas de todo tipo –incluyendo fondos de pensiones, como las AFPs– ha llevado al mercado a nuevas alturas en el pasado reciente.
Según datos Artemis, proveedora de información especializada en bonos de catástrofe y valores relacionados con seguros (ILS, por su sigla en inglés), el mercado marcó un récord histórico en emisiones el año pasado, con cerca de 25.606 millones de dólares. Esto corresponde a 23.874 millones de dólares en papeles de catástrofe inmobiliarios 144ª, 1.105 millones de dólares en bonos ILS 144A de otros tipos (de especialidad, de mortalidad, etc) y 627 millones de dólares en negocios privados de ILS.
Esto representa una subida de 44,7% respecto a lo emitido en 2024, acumulando una escalada de 237% en diez años.
En lo que va del año, muestra la plataforma especializada, las emisiones de este tipo de instrumentos ya suman casi 15.501 millones de dólares.
¿Cuál es el encanto de la clase de activos? “La propuesta de valor de los CAT bonds está aclada en el riesgo, la recompensa y la diversificación”, comenta Andre Rzym, portfolio manager de MAN Group –una de las firmas más prominentes del espacio–, a Funds Society.
El encanto de los CAT bonds
Según recalca el profesional, estos papeles de deuda ofrecen un perfil atractivo de retorno. El benchmark Swiss Re Cat Bond Index, un indicador ajustado por capitalización lanzado en 2002, registra un retorno anualizado de 7,7%, con una volatilidad de 3,7%. Esto deja a la categoría más cerca de las acciones globales (medidas a través del MSCI World), que han retornado un 8,1% con una volatilidad de 13,9%; que de los bonos globales (medidos por el Bloomberg Barclays Global Aggregate Index), con un retorno de 3,6% y volatilidad de 3,3%.
“En otras palabras, los CAT bonds han entregado una rentabilidad similar a la renta variable mientras mantienen una volatilidad más cercana a la de la renta fija”, resalta Rzym, agregando que la correlación con ambas clases de activos ronda el 0,2. “Esta correlación no es sólo basa, sino que también se mantiene baja en las colas. Que las acciones ‘tengan una mala semana’ no significa que los CAT bonds la tengan”, acota.
A esto se suma que, como estos valores suelen ser instrumentos de tasa flotante y mantener su colateral en fondos de money market, tienen una “exposición a crédito del sponsor despreciable” y una “mínima” exposición a las tasas de interés.
Desde HMC Capital concuerdan con la caracterización, agregando que este tipo de bonos ofrece un amplio spread, que oscila entre 500 y 700 puntos básicos sobre la tasa SOFR. Esto, explica Nicolás Fonseca, Head de Distribución de Productos Líquidos de la firma, “se traduce hoy en tasas globales de entorno al 11% en dólares. Es un nivel de retorno muy difícil de encontrar en otros activos de renta fija para perfiles institucionales”.
Adicionalmente, cabe destacar que estos instrumentos se han posicionado como una inversión con impacto social. “Los CAT bonds están siendo reconocidos por su impacto social directo, al facilitar la transferencia de riesgos catastróficos hacia los mercados de capitales, contribuyen a fortalecer los mecanismos de protección financiera frente a desastres naturales y otros eventos extremos”, indica Fonseca.
Esto, explica, permite a gobierno aseguradoras y comunidades acceder a recursos más rápido y de forma más eficiente después de un evento adverso, “apoyando la recuperación económica y fortaleciendo la resiliencia de las regiones expuestas”.




Por Beatriz Zúñiga