La caída y muerte del líder chií Ali Jamenei, tras el ataque estadounidense e israelí de este fin de semana a Irán, podría marcar una nueva era en Oriente Medio. De momento, la escalada de violencia en la región -que también afecta a los países del Golfo, Líbano e Israel) ya está dejando consecuencias en los mercados, en forma de caídas bursátiles (el Ibex se dejaba a media tarde un 3%) y subidas en el precio del petróleo cercanas al 9% (con el Brent cerca de los 80 dólares y el Texas superando los 70). Mientras, los inversores se refugian en el oro (con subidas superiores al 1%) y el dólar, y en bolsa vaticinan repuntes en el sector defensa.
El petróleo y los precios de la energía están en el punto de mira, dado que por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo y gas mundial, y sus consecuencias sobre la inflación y las políticas monetarias, hablando algunos incluso de riesgos de estanflación, si bien los expertos creen que la situación dependerá de la duración del conflicto. No faltan quienes hacen una lectura positiva, en la medida en el que el ataque podría contribuir a acabar con un régimen desestabilizador en Oriente Medio (Irán), y a aportar mayor estabilidad; aunque, de momento, lo que vemos es justamente lo contrario.
Para Guillermo Santos Aramburo, socio de iCapital y experto en economía internacional, puede ser una noticia positiva para la estabilidad de la zona y para los mercados financieros. «Aceptando la incertidumbre reinante, mi perspectiva es favorable, ya que podríamos ver desaparecer al principal elemento desestabilizador en el mercado del petróleo y en la zona de Oriente Medio y asistir a una mejora de la calidad de vida de los iraníes, cada vez más menoscabada en los últimos tiempos». En su opinión, «aunque nos encaminemos hacia una inestabilidad de corto plazo, puede que estemos ante un catalizador que acelere la transformación en la región, reduciéndose el riesgo geopolítico que es prácticamente permanente en la zona y mejorando el entorno económico global, lo que acabaría siendo propicio para los mercados financieros».
Con todo, cree que en los próximos días veremos impactos tanto en petróleo como en los mercados en general, algo que ya está sucediendo: «Las tensiones geopolíticas en la zona se intensificarán y las fuerzas iraníes intentarán bloquear el tráfico por el estrecho de Ormuz, una estrecha salida por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. La subida en el precio del crudo es segura en el corto plazo, dado que la prima por riesgo geopolítico se disparará. Luego, veremos».
Y duda porque, según su análisis, «el cierre del estrecho de Ormuz perjudicaría más a la economía iraní y al flujo de petróleo a China, con el consiguiente disgusto de este país, que al consumo de petróleo de EE.UU. Además, se estima que China tiene actualmente niveles récord de reservas de crudo, y la OPEP tiene una producción inactiva que puede incorporarse rápidamente al mercado», dice. «Finalmente, debemos considerar la capacidad compensatoria de otros países productores (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica y el Norte de África), con capacidad suficiente y voluntad de aumentar la oferta para mitigar cualquier déficit provocado por la crisis en Irán».
En esa línea Jeffrey Cleveland, economista jefe de Payden & Rygel, matiza que «solo una parte relativamente pequeña, alrededor del 2%, del petróleo que transita por esta vía se destina a Estados Unidos. Esto no significa que el riesgo sea insignificante a nivel mundial, pero sugiere que el impacto directo en la economía estadounidense podría ser más limitado de lo que la reacción inicial del mercado podría anticipar».
Además de la subida del crudo -Irán exporta entre 3 y 3,5 millones de barriles de petróleo diarios-, el impacto también se deja sentir en los mercados bursátiles («un aumento de las tensiones geopolíticas debería aumentar la prima de riesgo de las bolsas globales«) y en los metales preciosos. «El oro se puede colocar de nuevo en el foco de muchos inversores como activo refugio ante la potencial debilidad del dólar, a la vez que la plata sigue siendo un activo altamente especulativo», explica Javier Cabrera, analista XTB. El experto habla también de otra consecuencia: «El ataque estaba bastante descontado por los mercados debido al despliegue de Estados Unidos en los alrededores, pero aun así el sector defensa podría repuntar».
Otro elemento a tener en cuenta es la diferente sensibilidad de las clases de activos: para Cleveland, la turbulencia se concentra principalmente en la renta variable, mientras que los bonos pueden ofrecer una estabilización parcial de las carteras, aunque no siempre.
Inflación y riesgo de estanflación: en el foco
La inflación está en el foco de los expertos: “El factor geopolítico añade una capa adicional de incertidumbre. La situación en Oriente Medio y su potencial impacto sobre el petróleo introduce un riesgo que puede afectar directamente a inflación y expectativas de tipos si se materializa en una subida sostenida del crudo. Por ahora, el escenario es abierto y dependiente de la evolución de los acontecimientos”, comenta Javier Molina, analista senior de mercados para eToro.
Aurelio García del Barrio, Doctor en Economía y director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, destaca cómo la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz ha empujado a los inversores hacia activos refugio -oro y también dólar-, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales. Para el experto, si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. «La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, Estados Unidos y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica», asegura, además de efecto negativos sobre el comercio internacional, encareciendo los costes logísticos.
“El conflicto con Irán no ha generado por sí mismo la vulnerabilidad del sistema; la ha expuesto. El trasfondo es un entorno global sobreapalancado y dependiente de la capacidad de los bancos centrales para amortiguar cualquier disrupción. Cuando la deuda soberana marca el ritmo, la geopolítica se adapta a las necesidades de financiación”, dice José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de Fortuna SFP. Sin embargo, los planes de Trump para reducir su deuda podrían torcerse, si con sus intervenciones en Venezuela y ahora Irán el precio del crudo acaba subiendo, en vez de moderarse. “El planteamiento es técnicamente coherente, pero no exento de riesgos: los mercados no siempre responden a incentivos políticos”, dice el experto. Actualmente existe el riesgo de que la tensión geopolítica impulse el crudo; el crudo presione la inflación; la inflación condicione a los bancos centrales… y la política monetaria redefina la valoración de los activos. Marín habla incluso de peligro estanflacionista: “El encarecimiento energético actúa como un impuesto silencioso que se filtra por toda la economía (transporte, industria, cadena alimentaria) erosionando márgenes empresariales y poder adquisitivo. El verdadero riesgo no es un repunte puntual de inflación, sino la alteración de expectativas en un entorno ya tensionado. La amenaza de estanflación vuelve a entrar en el radar del mercado”, apostilla.
También habla de estanflación Germán García Mellado, gestor de Paradigma Flexible Bonds y High Income Bonds de A&G Global Investors: «El impacto macroeconómico dependerá de la duración de la crisis y, sobre todo, de su efecto sobre el petróleo. Un escenario acotado podría llevar el Brent en torno a los 80 dólares por barril; pero una disrupción prolongada —especialmente si afecta al suministro iraní o al tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde circula entre el 20% y el 30% del crudo y del GNL mundial— podría impulsar los precios hacia 100 dólares«. El canal de transmisión a la renta fija es claro: más inflación y esa cifra añadiría presión inflacionista, en un contexto en el que los precios ya se sitúan por encima del objetivo de los bancos centrales, apuntando también a un riesgo de «estanflación moderada, con menor crecimiento por el encarecimiento energético y las disrupciones logísticas, junto con mayores presiones inflacionistas».
En su opinión, para los bancos centrales, este entorno complica el proceso de normalización. La Reserva Federal vería reducido su margen para aplicar nuevos recortes si repuntan las expectativas de inflación, mientras que el BCE podría optar por prolongar una pausa e incluso endurecer su tono si el shock energético se consolida. En las curvas soberanas, dice, el ajuste tendería a concentrarse en los tramos cortos, más sensibles a las expectativas de tipos oficiales y, además, los bonos soberanos podrían no ejercer plenamente su papel de activo refugio si el mercado descuenta retrasos en las bajadas de tipos. «En crédito, ya se observan ampliaciones iniciales de diferenciales, aunque todavía de forma ordenada. El riesgo no parece, por ahora, sistémico, pero la experiencia indica que los efectos de segunda ronda pueden emerger con retraso. Si el conflicto se prolonga o el cierre de Ormuz se consolida durante semanas, cabe esperar un ensanchamiento adicional de spreads», advierte el experto.
Y pone el foco en la dispersión: «Sectores intensivos en energía, transporte o consumo discrecional podrían sufrir mayor presión, mientras que compañías vinculadas al sector energético podrían beneficiarse de mayores precios del crudo. Este entorno favorece la selección activa frente a una exposición pasiva al mercado». En definitiva, la renta fija afronta un escenario de elevada incertidumbre, con riesgos asimétricos y visibilidad limitada: «Ni la deuda soberana ni el crédito corporativo ofrecen refugios automáticos«, afirma.
Prudencia en las carteras
Por su parte, Asier Díez Hierro, presidente y director general de Gescooperativo, recuerda que la volatilidad es inherente a los mercados y que, cuando llega, suele venir acompañada de oportunidades, descartando que sea un buen momento para salir. En el actual escenario, opta por la prudencia, por mantener posiciones -y la calma- y no hacer grandes cambios en las carteras, y considera que lo que ocurra dependerá de la duración del conflicto. «El impacto energético está siendo relevante, es el principal riesgo; si el enfrentamiento dura una o dos semanas, a largo plazo este pico será poco relevante, pero si se extiende en el tiempo, afectará a la producción y el precio del crudo podría alcanzar los tres dígitos, aunque no es el escenario central«.
En la misma línea se pronuncia César Sala Gamero, CEO y presidente de Tesys AF SGIIC: «Desde una perspectiva histórica, los episodios de mayor escepticismo suelen coincidir con momentos en los que las valoraciones se ajustan y mejoran las expectativas de rentabilidad futura para el inversor de largo plazo. La clave es distinguir entre cambios estructurales en el valor intrínseco de los negocios y movimientos emocionales en sus cotizaciones. La pregunta relevante no es únicamente qué está ocurriendo hoy en el plano geopolítico, sino si esos acontecimientos alteran de forma permanente la capacidad de las compañías para generar beneficios en los próximos cinco o diez años». Así, añade, «en entornos de mayor incertidumbre, con frecuencia la decisión más racional es no hacer cambios drásticos si las empresas en cartera continúan ejecutando adecuadamente sus planes de negocio. La gestión patrimonial exige serenidad y disciplina».
También Cleveland recuerda que «históricamente, las crisis geopolíticas tienden a producir reacciones inmediatas, pero a menudo de corta duración, en los mercados. La incertidumbre inicial alimenta la volatilidad y las correcciones, pero una vez que la situación se estabiliza, incluso sin una resolución completa del conflicto, los inversores tienden a reabsorber el evento y a volver a centrar su atención en los fundamentos económicos. En este sentido, las fases de debilidad pueden convertirse en oportunidades de compra, especialmente para quienes mantienen un horizonte a medio-largo plazo».
“Para modificar sustancialmente el escenario macroeconómico básico sería necesario que se produjera un cambio estructural y duradero en los precios de la energía. Solo una subida prolongada del petróleo, que afectara de manera significativa al consumo, los costes de producción y los márgenes empresariales, justificaría una revisión profunda de las perspectivas de crecimiento e inflación. Incluso en un escenario adverso, el encarecimiento sostenido del crudo tendría más probabilidades de actuar como freno al crecimiento, riesgo bajista para el ciclo, que como detonante de un nuevo régimen inflacionista estructural. El experto cree que, pese a la gravedad del contexto geopolítico, conviene evitar conclusiones precipitadas, pues no toda escalada política se traduce necesariamente en una crisis macroeconómica duradera.
Incertidumbre futura en Irán
Pero ¿qué pasará en Irán tras la muerte del jefe supremo del Gobierno? ¿Habrá cambio de régimen? Para Santos, en el corto plazo, los líderes políticos y religiosos iraníes buscarán la sucesión del líder supremo de su teocracia, e intentarán reorganizarse, así como defender sus intereses económicos, centrados muy especialmente en las exportaciones de crudo. El experto recuerda que Estados Unidos, tras descabezar a la cúpula gobernante, ha llamado a la insurrección y sublevación popular, iniciada hace semanas y que ha causado numerosos muertos, buscando un cambio de régimen desde dentro.
Desde el IEB recuerdan que el «régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio«, por lo que la inestabilidad podría expandirse, aunque ahora reina la incertidumbre: «Es un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida». Por otro lado analiza, «un eventual cambio de régimen podría alterar el equilibrio geopolítico y el control de las reservas mundiales de crudo, con implicaciones estratégicas para potencias como China y Rusia».



