Cinco razones que explican por qué el dólar pierde terreno frente a los mercados emergentes
| Por Patricio Tesei | 0 Comentarios

Carlos Carranza, Senior Fund Manager en M&G Investments para mercados locales y para deuda soberana de Latinoamérica, advirtió que el dólar enfrenta un proceso de diversificación estructural que podría marcar el fin de 15 años de excepcionalismo estadounidense, y señaló que los flujos hacia deuda de países emergentes se mantuvieron positivos incluso durante el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, en contra de todo patrón histórico.
«Desde que comenzó la guerra tuvimos inflows netos hacia deuda de renta fija de mercados emergentes. Eso para mí es bastante sorprendente porque históricamente, hace cinco, diez o quince años, si tenías un pico de volatilidad como el que estamos teniendo ahora, normalmente tendrías outflows de esa clase de activo», afirmó Carranza durante una presentación en el marco del Leaders Summit, un encuentro profesional en Miami organizado por Funds Society.
El gestor —con más de 21 años de experiencia en la industria y trayectoria en JP Morgan, Allianz Global Investors y actualmente en M&G desde octubre de 2025— estructuró su análisis en torno a dos pilares: los factores que debilitan al dólar y las fortalezas propias de los mercados emergentes.
El dólar bajo presión: cinco razones
El primer factor que Carranza identificó es el cambio de liderazgo en la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Jerome Powell, quien condujo la institución durante ocho años a través de crisis, alta inflación y periodos de estabilidad, cederá el cargo el 15 de mayo a Kevin Warsh. «Estamos pasando de alguien que conocemos y ha dirigido la Fed durante ocho años atravesando múltiples crisis, a alguien nuevo como chairman. Eso simplemente agrega más incertidumbre», señaló.
El segundo factor son las elecciones de medio término en Estados Unidos. Carranza mostró una diapositiva con datos de los últimos 20 años que muestran que el partido en el poder perdió las midterms en todos los casos, independientemente del signo político. Desde la Segunda Guerra Mundial, ese patrón se repitió el 90% de las veces. Para inversores internacionales, señaló, eso puede traducirse en mayor incertidumbre institucional y menor coordinación entre el Ejecutivo y el Congreso.
La tercera razón es la dinámica fiscal. La deuda pública de Estados Unidos sobre el PBI pasó de aproximadamente 70% hace dos décadas a 122% en la actualidad, con un déficit que corre al 6% del PBI. Para este año, las estimaciones apuntan a una emisión neta de dos billones de dólares (trillones en nomenclatura anglosajona) en bonos del Tesoro. Ante esa oferta, Carranza planteó la lógica de algunos inversores: «¿Por qué no compramos bonos de emergentes en vez de Treasuries? ¿Por qué no compramos Chile, un grado de inversión sólido que rinde 200 puntos básicos más y no emite deuda este año?»
El cuarto factor es el escenario geopolítico. Carranza enumeró una serie de tensiones activas: la discusión sobre el Canal de Panamá, el conflicto en Ucrania, las negociaciones del USMCA —cuya revisión comenzará en las próximas semanas—, el conflicto con Irán y la volatilidad arancelaria. El 20 de febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que el presidente Donald Trump no puede imponer aranceles de manera unilateral. «Hay mucha investigación mostrando que quizá los nuevos ahorros marginales en Europa ya no se asignan 100% a acciones de EE.UU., como solía ser», afirmó.
El quinto elemento es la reversión de tendencia en las divisas emergentes. Según el índice que presentó Carranza, las monedas de mercados emergentes apreciaron frente al dólar en 2024 por primera vez tras quince años consecutivos de debilitamiento, un período que arrancó alrededor de 2010. «Podría ser el comienzo de una reversión de quince años de excepcionalismo estadounidense. O no. Pero podría serlo», dijo.
Emergentes con fundamentos más sólidos
En el segundo pilar de su análisis, Carranza contrastó la situación fiscal de los mercados emergentes con la de las economías desarrolladas. Mientras la deuda de Estados Unidos sobre el PBI prácticamente se duplicó en dos décadas, el promedio de unos 20 países emergentes grandes registró un aumento de apenas 18 puntos porcentuales en el mismo período.
Otro argumento a favor de los emergentes es la disciplina de sus bancos centrales. Brasil subió las tasas de interés 1.000 puntos básicos antes de que la Fed realizara su primer incremento de 25 puntos en el ciclo post-COVID. Colombia sorprendió con un alza de 100 puntos básicos hace pocas semanas. Chile adoptó una postura restrictiva tras los eventos globales recientes, y los países de Europa Central y del Este ya anticipan subas porque temen presiones inflacionarias. «El repricing y la velocidad con la que los bancos centrales emergentes han reaccionado ha sido enorme y muy rápida», afirmó Carranza.
Como resultado de esa disciplina, las tasas reales promedio en emergentes se ubican cerca del 2,5%, lo que otorga un margen de maniobra ante una eventual nueva ronda de riesgos inflacionarios derivados del precio del petróleo.
Subposicionamiento y potencial de flujos
Carranza también refutó la percepción de que los inversores ya están sobrecargados de activos emergentes tras la fuerte performance del año pasado. Las tenencias internacionales de deuda soberana local en mercados emergentes se ubican cerca del 16%, por debajo del 23% previo a la pandemia de COVID-19, según datos de bancos centrales.
El gestor de M&G cerró con un dato que ilustra el potencial de flujos: la industria de fondos de pensión de Estados Unidos administra cerca de seis billones de dólares y destina apenas el 5% a activos no estadounidenses. Un incremento de apenas un punto porcentual equivaldría a 60.000 millones de dólares de inflows hacia mercados emergentes. «Un fondo de Minnesota, si mueve un 1%, implica cientos de millones de dólares para un activo muy subposeído», ejemplificó.









