Tendencias en ETFs: lo bueno, lo malo y lo prematuro para juzgar

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A principios de la década de los ‘90 se lanzó en la bolsa de Toronto el primer fondo cotizado del mundo. Solo tres años más tarde, debutó el primer ETF estadounidense: el SPDR S&P 500 ETF Trust. Desde esos humildes comienzos, los ETFs han recorrido un largo camino. La industria muy probablemente haya cerrado 2025 con cifras récord de activos bajo gestión, tanto en Estados Unidos como en otras regiones del mundo. Un escenario que no está exento de tendencias de fondo que serán capaces de seguir transformando el sector. Los analistas de Morningstar han dado sus veredictos sobre lo positivo y lo negativo que tienen por delante estas tendencias, así como cuáles de ellas son aún incipientes.

ETFs activos

Están actualmente en el punto de mira de los inversores, con cifras de activos bajo gestión que muy probablemente alcancen récords tanto en Estados Unidos como en Europa. Aunque los ETFs activos existen desde hace casi dos décadas, han recibido un impulso reciente gracias a la regulación: por ejemplo, la SEC estadounidense introdujo en 2029 la Norma 6c-11, también conocida «la norma ETF». Este cambio normativo “agilizó el proceso de aprobación de los ETFs y permitió a todos los fondos sujetos a la norma aprovechar las cestas de creación y reembolso adaptadas con el fin de mejorar la eficiencia fiscal prospectiva de sus fondos”, según explican en Morningstar. 

En este apartado, la opinión de los analistas de Morningstar apunta a que los ETFs activos “pueden ser un salvavidas para los gestores activos”. En conjunto, los fondos de gestión activa no han logrado superar en rentabilidad a sus índices de forma notable, tal y como recuerda la firma, si bien algunos gestores activos sí han conseguido buenos resultados relativos.

Los ETFs activos están más asentados en Estados Unidos y crecen en Europa. En general, el mercado es todavía joven, y muchos ETFs activos han nacido en un mercado alcista, pero los analistas de Morningstar esperan que crezcan tanto en tamaño como en número. “La disponibilidad de más opciones puede ser beneficiosa para los inversores, pero probablemente conducirá a un entorno más complejo y competitivo”, admiten en la firma.

Si bien la estructura de los ETFs puede a menudo aportar transparencia, menores costes y, en algunos países, eficiencia fiscal, en la firma puntualizan que no hay garantía de que su gestión activa vaya a procurar rentabilidades relativas positivas. “Es esencial que los inversores y los asesores lleven a cabo un riguroso proceso de due diligence para elegir al gestor adecuado”, sentencian.

¿Son compatibles los mercados privados y los ETFs?

A medida que convergen los mercados cotizados y privados, surgen nuevas formas de acceder a estos últimos. En 2025, State Street y Apollo lanzaron el primer ETF de crédito privado del mundo, SPDR SSGA IG Public & Private Credit ETF.

El objetivo de este producto es invertir en crédito cotizado y privado a través de un ETF. La parte pública incluye valores de renta fija como bonos corporativos y préstamos bancarios sindicados, “nada fuera de lo común en el ámbito de los ETFs”. Sin embargo, la parte privada es la interesante. Tradicionalmente, el crédito privado ha estado fuera del alcance de la mayoría de los inversores, pero este ETF espera cambiar esa situación. Aunque este fondo cotizado sin precedentes podría marcar el comienzo de una nueva era en la inversión en mercados privados, existen importantes preocupaciones, sobre todo en torno a la liquidez y los reembolsos, dado que el crédito privado es difícil de negociar.

Con estas premisas, el veredicto de los analistas de Morningstar ante esta tendencia incipiente en la industria de los ETFs es que si bien la convergencia de los mercados cotizados y privados está en marcha, “al igual que la SEC, tenemos dudas acerca de la estructura, si bien es demasiado pronto para determinar si tendrá éxito o si será flor de un día”.

La creciente oferta de ETFs de rentabilidad definida

Los ETFs de rentabilidad definida utilizan opciones para limitar las pérdidas de una cartera durante un período determinado a cambio de limitar las ganancias, y forman parte de la categoría de instrumentos de gestión activa. Están diseñados para ser comprados y vendidos al principio y al final de un período determinado. Hasta ahora, han demostrado ser muy populares entre los inversores, especialmente entre los que tienen una aversión al riesgo extrema o un plazo de inversión más corto.

Para los analistas de Morningstar, los ETFs de rentabilidad definida han funcionado… hasta ahora. Su análisis demuestra que el monto medio invertido en ETFs de rentabilidad definida ha ganado alrededor de un 10,7% al año, superando la rentabilidad total agregada del 9,4% anual de los ETFs. Sin embargo, advierten a los inversores de que los ETFs de rentabilidad definida conllevan comisiones más elevadas, una estructura compleja, exposición parcial a las pérdidas bursátiles y la ausencia de dividendos por acciones.

Obtener más ingresos con los ETFs generadores de rentas

Los ETFs generadores de rentas procuran ingresos a través de instrumentos derivados y suelen utilizar estrategias como la suscripción o la venta de opciones, la participación en contratos de futuros y otras operaciones con derivados para potenciar los ingresos. Han ganado adeptos gracias a su potencial para obtener rentabilidades más altas en comparación con las inversiones tradicionales generadoras de ingresos, como los bonos o las acciones que pagan dividendos.

Pero, para Morningstar, a largo plazo, “es poco probable que estos ETFs superen en rentabilidad al mercado como estrategia de buy & hold, y para los inversores con grandes necesidades de liquidez a corto plazo, podría extraer liquidez de sus carteras”.

ETFs medioambientales, sociales y de gobierno, y ETFs temáticos

Aunque muchas de las categorías de ETFs mencionadas tienden al alza, no ocurre lo mismo con los fondos ESG o temáticos. Entre los factores clave que han impulsado este descenso se encuentran las propuestas y actitudes dominantes hacia los factores ESG y la incertidumbre normativa.

Los analistas de Morningstar apuntan a diversos factores interconectados como contribuidores de la disminución de los fondos cotizados ESG. Entre ellos, un entorno geopolítico complejo, que ha llevado a Europa a despriorizar los objetivos de sostenibilidad y, en su lugar, centrarse en el crecimiento económico, la competitividad y la defensa. Además, la incertidumbre en torno a la regulación, en particular, el Reglamento de Divulgación de Información sobre Finanzas Sostenibles (SFDR) de la Unión Europea conlleva que las empresas duden a la hora de crear productos y estrategias ESG.

Sin olvidar que, en Estados Unidos, las medidas políticas del presidente Donald Trump contrarias a la protección del clima y a tener en cuenta los factores ESG han llevado a los gestores de activos de ese país a ser más cautelosos a la hora de promocionar sus credenciales ESG. 

Productos de beta estratégica: lo mejor de ambos mundos

Si bien los ETFs activos están en alza, históricamente los ETFs han sido sinónimo de estrategias de inversión pasiva. Sin embargo, hay un tercer tipo de estrategia de inversión que tener en cuenta: la beta estratégica, también conocida como beta inteligente, “que aspira a combinar las ventajas de las estrategias de inversión pasiva y activa”.

Aunque existen desde mediados de la década de 2000, ganaron popularidad en los años posteriores a la crisis financiera de 2008 y se dispararon en la década de 2010.

“Son un enfoque sofisticado para lograr alfa, ya que eligen y ponderan las posiciones en función de parámetros específicos de cada factor”, apuntan en la firma. Siguen un índice, como un fondo pasivo que replica la evolución de un índice, pero se diferencian en que se trata de un índice basado en factores en lugar de un índice ponderado por la capitalización bursátil.

Estos ETFs están diseñados para captar factores académicamente probados que contribuyen al éxito, como el valor, la volatilidad y la calidad, por los que se han decantado los gestores activos y han demostrado rentabilidades superiores a la media durante períodos más largos. 

La visión de los analistas de Morningstar apunta a que “si bien fracasan muchos inventos de fondos, los de beta estratégica han evitado este destino por ser pasivos y baratos y tener un rendimiento predecible” y explican que en comparación con sus rivales de gestión activa, “los fondos de beta estratégica no se «desvían» de sus enfoques de inversión”.

Venezuela: los efectos geopolíticos en la inversión se notarán a largo plazo

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La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos durante el fin de semana tiene efectos de corto plazo, como la reciente volatilidad en el precio del petróleo. Pero también tendrá consecuencias a medio y largo plazo en el ámbito de la inversión en general. 

Así lo cree Thomas Mucha, estratega geopolítico en Wellington Management, que cree que las consideraciones geopolíticas podrían ganar mayor peso en la inversión a medida que el orden mundial se fragmenta, y la política global prioriza cada vez más la seguridad nacional. “Sigo recomendando a los inversores situar las variables geopolíticas en un nivel más alto dentro de su evaluación de riesgos y oportunidades”, apunta, al tiempo que recuerda que los recientes acontecimientos en Venezuela “son coherentes con el mensaje recurrente de Wellington sobre los cambios de régimen: estamos al final de un largo ciclo geopolítico y macroeconómico y al inicio de uno nuevo”. 

Thomas Mucha explica que esta nueva realidad incluye una mayor fragmentación y menor coherencia en la política global, así como un creciente enfoque de los responsables de la política en la seguridad nacional por encima de la eficiencia económica, “lo que apunta a la posibilidad de más conflictos en el futuro”. Hasta tal punto que, a largo plazo, “estas continuas perturbaciones políticas y militares probablemente generen resultados más diferenciados y oportunidades de alfa a nivel regional, nacional, sectorial, empresarial y de clase de activo” y cita como ejemplo posibles vientos favorables a largo plazo para una variedad de temas relacionados con la seguridad nacional, que incluyen defensa/espacio, tecnología e innovación, producción y procesamiento de minerales críticos, así como seguridad energética y climática.

Por su parte, Christian Schulz, economista jefe, y Alexander Robey, gestor de carteras de Allianz Global Investors, coinciden en que la última operación en Latinoamérica “supone un importante cambio geopolítico con implicaciones para la estabilidad regional y los debates sobre seguridad global”. Si bien son conscientes de que habrá volatilidad en el mercado petrolero a corto plazo, también apuntan a incertidumbres a largo plazo derivadas de que la recuperación de la producción venezolana “podría llevar años y requerir una inversión masiva”.

En su opinión, los inversores deberían vigilar los efectos en cadena en la deuda, las divisas y las acciones de los mercados emergentes, y considerar coberturas contra las fluctuaciones de los precios de la energía y el riesgo político.

Jack Janasiewicz, portfolio manager Natixis IM Solutions, se expresa en una línea similar. “Dado el estado deteriorado de la infraestructura petrolera dentro del país, aprovechar dichas reservas probablemente llevaría años y requeriría una inversión significativa”, recuerda y se muestra escéptico con las insinuaciones del presidente Donald Trump acerca de que las compañías petroleras estadounidenses podrían beneficiarse del esfuerzo de reconstrucción, ya que éstas “rinden cuentas a los accionistas, que requieren un retorno de la inversión y con los precios del petróleo rondando la franja media de los 50 dólares por barril para el WTI al contado, la relación coste-beneficio de ese gasto de capital sigue siendo cuestionable”. Además, Janasiewicz ve probable que persistan las preocupaciones sobre la gobernanza, “dado que las grandes petroleras ciertamente no han olvidado las incautaciones de activos tras la nacionalización de la industria petrolera en 2007.

El experto, en cuanto a la perspectiva de los mercados, ve difícil que las acciones en Venezuela tengan algún impacto significativo a largo plazo. “¿Qué tienen que ver estas acciones recientes con los beneficios del S&P 500? Realmente nada. Es ruido de fondo, que es lo que suelen ser los titulares geopolíticos. Solo otro más en una larga línea de incidentes que han entrenado a los inversores a mirar más allá del ruido geopolítico”, concluye.

Mientras, Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE, subraya que, aunque esta operación “debilita el orden mundial”, su impacto inmediato en los mercados “debería seguir siendo limitado”. A medio plazo, no obstante, advierte de que el episodio puede agravar las tensiones geopolíticas y trasladarse a “primas de riesgo” en algunos activos. 

Benjamin Melman, director de inversiones, y Michaël Nizard, responsable de multiactivos y Overlay, Edmond de Rothschild AM, son claros con la coyuntura en Venezuela: la detención de Maduro es “un gesto contundente con múltiples implicaciones”. Creen que el verdadero desafío se sitúa en el medio plazo, ya que si llegara a producirse una estabilización política mínima, combinada con un retorno gradual de la inversión extranjera, Venezuela podría volver a convertirse en un factor estructuralmente desinflacionario para la economía mundial.

Toda una paradoja: un gran shock geopolítico no es necesariamente inflacionario a largo plazo. Una relajación diferida de las tensiones energéticas modificaría la trayectoria de la inflación en Estados Unidos y, en consecuencia, la de los tipos de interés, que deberían retomar su senda descendente. Las repercusiones de los acontecimientos de este fin de semana aún no se conocen, pero presentan los rasgos característicos de los desplazamientos tectónicos que están en curso en la geopolítica y en la política.

Ponen de relieve el contraste entre la inestabilidad dominante —que hoy es más institucional que económica— y la extrema concentración de los mercados, la persistente fortaleza del momentum y ciertas valoraciones excesivas. Este contraste refuerza nuestra convicción de que los inversores con horizontes de medio y largo plazo deben diversificar sus asignaciones y temáticas más que nunca, especialmente aquellas que siguen estando de moda.

Por su parte, Joeri de Wilde, analista de macroeconomía y estrategia de Inversiones en Triodos Investment Management, espera que la detención de Maduro provoque una mayor inestabilidad en Venezuela y «posiblemente en toda la región». Desde el punto de vista macroeconómico, no prevé grandes alteraciones a corto plazo debido a esta situación.

Flossbach von Storch refuerza su equipo en España con Irene López

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Flossbach von Storch ha incorporado a Irene López a su equipo de ventas en España, un paso que consolida la estrategia de la gestora para fortalecer su presencia en el mercado español a través de la distribución de fondos de inversión mediante terceros.

Con más de 25 años de experiencia en la industria de gestión de activos, Irene López aporta una sólida trayectoria profesional. Se incorpora desde Santander Asset Management, tras su paso por Neuberger Berman, donde fue responsable de clientes del grupo para Iberia. Previamente, desempeñó posiciones senior en DWS en España, tanto en el área de cobertura de clientes como en calidad de especialista en ESG, y anteriormente ocupó responsabilidades comerciales en las gestoras del grupo Allianz.

Es licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid y cuenta con las certificaciones CFA, CESGA, CAIA y CEFA.

Javier Ruiz Villabrille, Country Head para Iberia de Flossbach von Storch, ha destacado que “la incorporación de Irene fortalece nuestro equipo de ventas en Iberia y se enmarca en nuestro esfuerzo continuo por ofrecer el mejor servicio a inversores y distribuidores”. Añade además que “su amplia experiencia y perfil técnico aportarán un valor significativo a nuestra estrategia en el mercado ibérico”.

Por su parte, Irene López ha señalado: “Me incorporo a Flossbach von Storch con gran ilusión por formar parte de una gestora que se distingue por su enfoque verdaderamente independiente, su disciplina inversora y su firme compromiso con la creación de valor a largo plazo para los clientes. Comparto plenamente una filosofía basada en la convicción, el rigor en el análisis y la alineación de intereses, y confío en contribuir al crecimiento sostenible de la firma en el mercado ibérico”.

Esta incorporación se alinea con la estrategia de crecimiento de la gestora en mercados clave, sustentada en el fortalecimiento de los equipos locales y en una propuesta de inversión de largo plazo basada en un enfoque independiente y de alta convicción.

Planes de inversión para niños: un regalo de Reyes de futuro

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Ayer gran parte del mundo celebró la festividad de los Reyes Magos: las calles se llenaron de carrozas, de Reyes y de pajes que repartieron incontables regalos y regaron las calles de España de color y caramelos. Bicicletas, juguetes, videojuegos, libros… coparon las pantallas de los telediarios, que mostraban a los niños disfrutando; pero, más allá de las herramientas de juego a corto plazo, también hay regalos de futuro que, aunque sean casi invisibles y no susciten demasiada ilusión entre los más pequeños en un principio, a largo plazo pueden resultar generosos y productivos. Por ejemplo, un plan de inversión.

Más allá de las cuentas que la mayoría de entidades financieras en España tiene para niños -que permiten depositar los ahorros con ciertas ventajas-, algunos neobancos, roboadvisors y gestoras –como Finizens, MyInvestor o Indexa Capital– cuentan con planes específicos para edades tempranas que incluyen desde cuentas de ahorro remuneradas hasta planes con inversiones diversificadas en activos financieros y fondos, vehículos indexados o carteras automatizadas.

Carteras diversificadas

Finizens, la firma española especializada en inversión indexada, ya ha alcanzado las 1.000 altas en su plan de inversión para niños que comercializa junto con Caser, un producto diseñado para promover el ahorro a largo plazo desde la infancia. Según los datos internos de la compañía, el 93% de estas cuentas recibe aportaciones periódicas de familiares, con una media de 130 euros por aportación, lo que confirma el peso creciente del ahorro sistemático en los hogares españoles.

La edad media de los progenitores que abren este tipo de carteras para sus hijos se sitúa en 43 años, y el perfil de inversión más seleccionado es el perfil 4, compuesto por un 65% de renta variable internacional y el resto distribuido entre renta fija global, activos inmobiliarios internacionales y oro. Este enfoque refleja la preferencia de las familias por estrategias diversificadas y con horizonte de preservación de capital y búsqueda de rentabilidad a largo plazo.

“El crecimiento de este producto se explica por el interés creciente de las familias en soluciones de inversión sencillas, efectivas y que funcionen sin esfuerzo. En un contexto marcado por la necesidad de protegerse ante la inflación y optimizar los recursos familiares, los planes infantiles se consolidan como herramientas muy útiles para anticiparse a los costes futuros”, explica Giorgio Semenzato, CEO y fundador de Finizens.

A través de esta solución, la compañía busca fomentar una educación financiera virtuosa y hábitos de ahorro desde una edad temprana, con el objetivo de garantizar que los menores puedan disponer de un capital significativo al alcanzar la mayoría de edad, ya sea para sus estudios, vivienda u otros proyectos futuros. El plan permite aportaciones periódicas automáticas desde cualquier cuenta bancaria, ofrece una diversificación global con más de 20.000 posiciones en mercados internacionales y ofrece costes totales reducidos frente a productos de ahorro tradicionales.

El poder del interés compuesto

Por su parte, el neobanco MyInvestor tiene la cuenta Junior, una cuenta corriente remunerada para menores de edad. Se abre en pocos minutos 100% online, carece de comisiones ni condiciones de ningún tipo y ofrece una rentabilidad del 0,75% TAE hasta un máximo de 50.000 euros –si bien esa rentabilidad puede ir variando en función de la evolución de los tipos-. La cuenta permite ahorrar con la cuenta remunerada o depósitos bancarios, pero también invertir a través de fondos, acciones, ETFs o carteras automatizadas… En general, tiene exactamente las mismas condiciones que la cuenta para mayores, sólo que no permite solicitar tarjetas ni puede invertir en planes de pensiones, dado que este producto, por ley, está reservado para mayores de edad. El menor es el titular de la cuenta y los padres son los representantes legales. “Está pensada para mejorar el futuro de los más pequeños. Y, como éstos tienen un horizonte temporal tan largo, se convierte en una herramienta ideal para aprovechar la fuerza del ahorro y la inversión con el mágico interés compuesto”, explica Javier Sánchez, responsable de cuentas en la entidad.

Pero además, muchos padres deciden ir más allá del simple ahorro y eligen para sus hijos opciones con alto potencial de crecimiento, como la cartera automatizada Metal (100% renta variable), fondos indexados al S&P 500 o al MSCI World, o incluso una cartera diversificada de fondos, explican en el neobanco. De este modo, pequeñas aportaciones periódicas pueden transformarse, con el paso de los años, en un capital significativo que ayude a financiar su educación, sus primeros proyectos o cualquier meta de futuro. Son también, dicen, productos estrella para niños.

Ignasi Viladesau, su director de Inversiones, explica que suelen recomendar estrategias sencillas, diversificadas y con visión de largo plazo, con opciones como la indexación al S&P 500 o al MSCI World, o carteras automatizadas. La indexación –con fondos o ETFs- al S&P 500 es una de las estrategias más populares por su combinación de simplicidad y resultados a largo plazo, pues el índice concentra a las mayores compañías de EE.UU., muchas de ellas líderes globales. Es interesante para un menor puesto que “históricamente, el S&P 500 ha ofrecido una rentabilidad media anualizada cercana al 10% a largo plazo (contando varias décadas), ofrece una exposición a empresas con fuerte capacidad de crecimiento, y tiene bajo coste y es adecuada para una estrategia de mantener en el tiempo”, explica. Un enfoque más diversificado -que incluye más de 1.500 empresas de 23 países desarrollados- lo ofrece la indexación al MSCI World, que ofrece rentabilidad histórica anualizada en torno al 9% en horizontes largos y un perfil equilibrado para inversiones de muy largo recorrido, como las de los menores. Su opción de cartera indexada al mundo, que invierte 100% en bolsa, la Cartera Metal, es otra opción para los más pequeños, puesto que invierte en fondos indexados de todo el mundo de las principales gestoras como Vanguard, iShares, Fidelity, Goldman Sachs AM. Desde su lanzamiento gana más de un 14% anualizado.

Ahorrar para valorar, invertir además de ahorrar, enseñar economía desde pequeño, realizar aportaciones periódicas y el largo plazo son las cinco razones que esgrimen en su blog para abrir una cuenta a los más pequeños. “El tiempo y el interés compuesto hacen crecer el ahorro infantil de forma exponencial si se empieza pronto”, recuerda Clarisa Sekulits, su responsable de educación financiera.

Fondos indexados

“Abrir una cuenta a un menor puede ayudar a su formación financiera y a entender las ventajas de la inversión a largo plazo y la potencia del interés compuesto: pueden ver cómo el ahorro y la inversión pueden ir dando sus frutos con el tiempo. En Indexa lo hacemos con carteras diversificadas de fondos indexados”, explica François Derbaix co consejero delegado de Indexa Capital.

Así, en Indexa Capital, además de cuentas remuneradas, ofrecen carteras de fondos para menores: se trata de una cuenta de inversión a nombre del menor (que es el único titular), que abre y gestiona su representante legal (padre/madre u otro) como autorizado hasta que cumpla 18 años. La inversión mínima inicial es de 2.000 euros, o 1.000 euros si el representante ya es cliente, y las aportaciones posteriores no tienen mínimo. Al cumplir 18 años, el titular pasa a tener el control de la cuenta y decide si mantiene al representante con algún tipo de acceso. A día de hoy, sus cuentas de menores suman 74 millones de euros, con 9.959 cuentas y una media de 7.450 euros por cuenta, representan el 9,2% de las cuentas de fondos y suponen el 2% del dinero invertido.

La regulación y la liquidez son las dos claves para mitigar el riesgo profesional de dedicarse a las criptomonedas

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El riesgo asociado a ser un profesional del ámbito de las criptomonedas ha disminuyendo desde la elección del presidente Trump, aunque la regulación y la liquidez se consideran factores clave para mitigar cualquier riesgo profesional asociado a invertir en este sector, según un informe global realizado por Nickel Digital Asset Management (Nickel).

El estudio, realizado con organizaciones que han invertido en el sector, reveló que el 53% de los encuestados cree que el riesgo profesional para los ejecutivos en el ámbito cripto ha disminuido bajo la presidencia de Trump, y un 17% afirma que se ha reducido significativamente. El 33% de los encuestados considera que el riesgo ha aumentado, aunque solo un 1% opina que ha aumentado de forma significativa. Este estudio, realizado con inversores institucionales y gestores de patrimonio en EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suiza, Singapur, Brasil y Emiratos Árabes Unidos, con organizaciones que gestionan en conjunto aproximadamente 1,1 billones de dólares en activos, demuestra que existe un fuerte enfoque en la regulación como forma de mitigar el riesgo profesional.

Entre las conclusiones del documento destaca que el 83% considera que la regulación es muy importante para reducir el riesgo profesional al invertir en activos digitales, y un 30% afirma que es extremadamente importante. Sin embargo, el factor más significativo para mitigar el riesgo profesional asociado a la inversión en activos digitales identificado por el estudio es la mejora de la liquidez del mercado. Alrededor del 38% eligió esta opción por encima del 32% que optó por una mayor participación institucional, y del 17% que señaló mejoras en la infraestructura del mercado. Alrededor del 13% seleccionó la claridad regulatoria.

El 48% de los encuestados afirma que espera la aparición de más plataformas de negociación en el sector durante los próximos 12 meses, lo que, según ellos, impulsará una mayor participación institucional. Un 24% espera una mayor claridad regulatoria y un 19% prevé más soluciones de custodia. En torno al 10% señala que los avances en la escalabilidad de la tecnología blockchain contribuirán a una mayor adopción institucional en el próximo año.

“Ha existido claramente en el pasado una percepción de riesgo profesional para los ejecutivos que se involucraban en el sector cripto. La adopción gradual del cripto por parte del mercado general, incluyendo firmas como BlackRock y Fidelity, ha sido acelerada por la presidencia de Trump, y el temor al riesgo profesional está disminuyendo, aunque muchos inversores en este espacio aún creen que persiste cierto estigma”, explica Anatoly Crachilov, CEO y socio fundador de Nickel Digital. 

En su opinión, «la regulación sólida es fundamental para el crecimiento del sector, pero también existen cuestiones prácticas que deben abordarse, como una mayor liquidez y mejoras en la infraestructura del mercado que contribuyan a mitigar los actuales riesgos de contraparte”.

Tolerancia al riesgo y mercados emergentes como apuesta principal

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El entorno es positivo para los activos de riesgo de cara a 2026, de acuerdo con las perspectivas de inversión para el próximo año de Fidelity International. Esta visión hace que la gestora tenga varias convicciones muy claras: invertir en renta variable emergente con un enfoque selectivo y en bonos emergentes en moneda nacional, que el oro, las estrategias de rentabilidad absoluta y los activos no cotizados deberían proporcionar una resistencia diversificada a las carteras durante el próximo año. 

“Entramos en 2026 en un entorno macroeconómico favorable. El crecimiento debería ser resistente y la política (tanto monetaria como fiscal) es expansiva. Algunas de las inquietudes que golpearon durante los últimos 12 meses se han disipado: la inflación subyacente sigue siendo alta, pero se está moderando, y la posibilidad de una contracción brusca provocada por los aranceles se ha desvanecido. Sigue habiendo riesgos, como un mayor deterioro del mercado laboral, un repunte de la inflación, la independencia del banco central estadounidense y la fortaleza de los ciclos de inversión empresarial en IA y beneficios, que exigen vigilancia, pero por ahora parecen manejables”, afirma Salman Ahmed, responsable global de Macroeconomía y Asignación Estratégica de Activos de Fidelity International

Sin embargo, advierte de que el panorama a largo plazo es más complejo. “Más allá de la estabilidad a medio plazo emerge una creciente fragmentación mundial tras años de globalización progresiva y acumulación de deuda. El Día de la Liberación del presidente estadounidense Donald Trump fue en sí mismo una manifestación de estos cambios estructurales y, desde entonces, ha acelerado la división del mundo en bloques regionales.

Esa fragmentación irá acompañada de un mayor debilitamiento intencionado del dólar estadounidense. El valor del dólar es ahora una herramienta de política estratégica y, en consecuencia, esperamos que caiga en los próximos años, especialmente a medida que se intensifiquen los debates en torno a la independencia de la Fed”, añade. 

Crear carteras resistentes

Según su visión, estos cambios macroeconómicos obligarán a los inversores a ver de otro modo el riesgo del dólar estadounidense. “Sin duda habrá más volatilidad geopolítica en 2026 y el oro debería proporcionar cierta protección en este entorno. El euro también parece más atractivo, sobre todo a medida que la Reserva Federal se vea presionada para recortar los tipos de interés más de lo que podría estar justificado. La relajación presupuestaria y el aumento del gasto en defensa en Alemania deberían apoyar al euro”, apunta Ahmed.

En su opinión, esta dinámica cambiante se prolongará más allá de 2026: “A largo plazo, dado el peso de la renta variable estadounidense en los índices de referencia mundiales, los inversores no estadounidenses querrán tener en cuenta si sus actuales ratios de cobertura les servirán en un mundo en el que el dólar está sometido a una presión cada vez mayor, sobre todo por la política estadounidense”.

También espera que la inflación se mantenga estructuralmente alta, lo que implica correlaciones más elevadas entre la renta variable y la renta fija. “Esto respalda los argumentos a favor de fuentes alternativas de diversificación, como los activos reales, las divisas y las estrategias de rentabilidad absoluta”, matiza. 

Dónde asumir riesgo: mercados emergentes

A la hora de hablar de oportunidades, argumenta que las posibles depreciaciones del dólar deberían ser un acicate para los mercados emergentes. En su opinión, los activos emergentes son una de nuestras grandes convicciones para 2026.

“La renta variable de países como Corea del Sur y Sudáfrica está volviendo a subir y, en este sentido, los fundamentales están mejorando y las valoraciones son atractivas frente al resto del mundo. China también parece atractiva de cara a 2026, ya que sus medidas de estímulo están creando oportunidades específicas. Asimismo, la deuda emergente en moneda nacional, especialmente en Latinoamérica, ofrece rendimientos reales atractivos y curvas pronunciadas”, señala el experto de Fidelity. 

Otra área donde no faltarán las oportunidades es en la IA, donde la gestora considera que esta temática será un catalizador de las subidas en bolsa. “La historia detrás de la IA es clara: la tecnología promete mejorar la productividad y aumentar los márgenes de las empresas. Sobre esta base, el mercado está dispuesto a sostener valoraciones más altas en toda la cadena de la IA”, afirma.

Sin embargo, matiza que esta cadena llegará lejos y habrá diferentes maneras de tocar la temática de la IA a lo largo de 2026. “Intentamos sacar provecho de todas las partes de la cadena de valor de la IA, manteniendo las inversiones en los hyperscalers y los fabricantes de chips, pero también encontrando valor entre los beneficiarios subyacentes y más baratos que están empezando a reducir distancias”, sostiene Ahmed.

Posicionarse para el futuro

“Este entorno, que en líneas generales es favorable al riesgo, surge en medio de una perturbación estructural que probablemente afectará a la asignación de activos mucho más allá de los próximos 12 meses. Muchas cosas se han trastocado en 2025 y los inversores deberán poner más atención en dónde asumen riesgo en 2026”, comenta el experto. 

No obstante, la gestora señala que esto no significa hacer concesiones en materia de rentabilidades. “El panorama ha cambiado. Lo enfocamos desde la tolerancia al riesgo, con la vista puesta en los desequilibrios bursátiles, macroeconómicos y geopolíticos y su impacto en el diseño de las carteras”, concluye.

Fidelidade adquiere el 70% de IM Gestão de Ativos, gestora independiente portuguesa en manos de CIMD Intermoney

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El Grupo CIMD Intermoney ha alcanzado un acuerdo con la aseguradora portuguesa Fidelidade para la incorporación de esta última como socio estratégico de IM Gestão de Ativos (IMGA), la mayor gestora independiente de Portugal, con más de 6.100 millones de euros en activos bajo gestión.

En virtud de este acuerdo, Fidelidade pasará a ostentar una participación mayoritaria del 70% en IMGA, mientras que el Grupo CIMD Intermoney mantiene su vinculación estratégica con la gestora, con el objetivo de impulsar una nueva fase de crecimiento, fortalecer su posicionamiento competitivo y ampliar su capacidad de desarrollo en Portugal y en otros mercados europeos.

La operación aumentará los activos bajo gestión de Fidelidade cerca de los 25.000 millones de euros y la posicionará como la mayor gestora privada independiente de fondos de inversión mobiliario en Portugal.

El Grupo CIMD Intermoney adquirió IMGA en 2015, cuando la gestora contaba con 1.600 millones de euros bajo gestión. Desde entonces, y bajo su liderazgo, el volumen gestionado se ha multiplicado por casi cuatro, hasta superar los 6.100 millones de euros, alcanzando una cuota de mercado del 23,5%, apoyado en una sólida gestión y en acuerdos de distribución con más de diez entidades financieras.

Para Iñigo Trincado, presidente del Grupo CIMD Intermoney, “esta operación supone un paso adicional en nuestra estrategia de crecimiento en el área de gestión de activos. La incorporación de un socio como Fidelidade nos permitirá incrementar nuestra oferta de servicios, así como diversificar nuestros objetivos tanto en Portugal como en el resto de Europa. Creemos que es una buena operación tanto para los partícipes, como para los empleados y los distribuidores de IMGA”.

Por su parte, Rogério Campos Henriques, CEO de Fidelidade, ha señalado: La longevidad es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo y exige respuestas concretas en la manera de protegernos y plantear el futuro. Esta operación, una vez concluida, reforzará nuestra capacidad de crear soluciones de ahorro e inversión a largo plazo, ayudando a los clientes a prepararse mejor y vivir más años con seguridad financiera”.

En las próximas semanas se iniciarán los correspondientes procesos de coordinación con los organismos supervisores para la obtención de las autorizaciones necesarias, conforme a la normativa vigente.                                                                                                    

El poder inflacionista o deflacionista del petróleo: la cuestión existencial para los mercados tras la intervención de Venezuela

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Los inversores parecen estar en modo espera, atentos a los últimos acontecimientos en Venezuela y a sus implicaciones en el escenario geopolítico internacional -y en los activos energéticos y financieros-, pues la imprevisibilidad y la sensación de que todo puede pasar son la nota dominante. El comportamiento de la bolsa española -que cerró con un 0,7% al alza es buena prueba de esa cautela y movimientos contenidos ante la incertidumbre sobre el escenario que se abre no solo para la región, sino para todo el planeta. Así, la captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU. ha sido leída por el inversor institucional y el analista macroeconómico no como un episodio político aislado sino como “un catalizador sistémico con implicaciones transversales”, en palabras de José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de la firma de asesoramiento Fortuna SFP.

Si bien parecen claras las implicaciones globales y estratégicas de la intervención en el país latinoamericano, más inciertos son los impactos venideros en los mercados financieros. Los expertos se muestran divididos sobre las consecuencias económicas, dependiendo de si el petróleo acaba siendo un factor deflacionista -con una potencial mayor producción venezolana en el nuevo escenario- o inflacionista -ante la inestabilidad actual y la fragilidad de las infraestructuras-, capaz en este último caso de poner en riesgo la recuperación global y de abrir incluso un potencial episodio de estanflación, con los activos reales como grandes refugios.

Marín Cebrián se sitúa en este extremo: “La secuencia de transmisión es bien conocida: la geopolítica altera el mercado energético; la energía presiona la inflación; la inflación condiciona a los bancos centrales; y, finalmente, todo ello obliga a recalibrar la valoración de los activos”. En su opinión, “en un sistema financiero ya tensionado en 2026, el episodio venezolano ha actuado como un espejo incómodo que refleja una vulnerabilidad más profunda”. Aunque de momento no ha desestabilizado al mercado, ha recordado una fragilidad latente: “Ha expuesto las costuras de un sistema global sobreapalancado y excesivamente confiado en la capacidad de las autoridades monetarias para contener cualquier disrupción. Cuando el capital percibe riesgo, deja de innovar y empieza a protegerse. En este contexto, el análisis riguroso, la selección disciplinada de activos y la exposición a valores tangibles dejan de ser estrategias defensivas para convertirse en imperativos de supervivencia financiera. Venezuela ha sido el detonante inmediato, la causa profunda es la complacencia», añade.

Al otro lado, Guillermo Santos, socio y fundador de iCapital, muestra una visión más optimista en la que la energía podría actuar como factor deflacionario e impulsor económico (si bien el precio del crudo tampoco se está moviendo demasiado, e incluso lo hace hoy al alza). En su opinión, esperar acontecimientos es lo más aconsejable en estos momentos. «Por el momento, los efectos de lo sucedido en Venezuela están siendo reducidos: no se ha incrementado la volatilidad ni en bonos ni en bolsas», destaca.

En una línea de neutralidad, David Mafoda, estratega y experto en geopolítica en la firma de asesoramiento DiverInvest, opta por la cautela y defiende que, «sin una intervención militar en toda regla, que implicaría un riesgo geopolítico mucho mayor, el impacto a nivel de mercados es absolutamente mínimo«, y, en su opinión, los hechos apoyan esta tesis: «La administración americana tiene la idea de provocar una «transición» desde las propias estructuras del chavismo. Es indudable que la operación del fin de semana tuvo apoyos logísticos desde dentro del propio régimen y hoy mismo la nueva cabeza, Delcy Rodríguez, ha expresado la idea de colaborar con Washington», recuerda.

En este escenario de división, todos miran al petróleo, la primera fuente de mayor visibilidad.

Petróleo: ¿contención de precios o inflación desestabilizadora?

El experto de DiverInvest recuerda que Venezuela es una economía muy pequeña tras décadas de chavismo, ocupando el puesto número 90 en el ranking mundial, y con una producción de crudo que se sitúa en menos de un millón de barriles por día, desde los 5 millones que producía a finales de los años 90, lo que representa menos del 1% de la producción mundial. Quizá por ello el precio del crudo apenas se ha movido tras los sucesos, a la espera de más claridad -hoy tanto el Brent como el West Texas se apuntaban subidas de en torno al 1%-.

«El precio del crudo experimenta poca variación debido a la calma que ha seguido la detención de Maduro y el menor peso de la producción de Venezuela entre los grandes productores de petróleo (lleva años sin renovar instalaciones debido a la inoperancia del régimen chavista)», destaca en esta misma línea Santos. El socio de iCapital va más allá y se muestra optimista, pues cree que, «de recuperarse algo de la producción de crudo venezolana, podríamos asistir a una reducción de los costes energéticos favorable a zonas no productoras como la Unión Europea y China, lo que supondría un impulso adicional a la economía global y un factor deflacionista que favorecería al mercado de bonos, sobre todo los soberanos europeos y americanos». Un argumento en línea con el optimismo de los primeros análisis, que apuntan a una transición política en Venezuela que podría aumentar la oferta a largo plazo, bajando los precios y apoyando el crecimiento económico global.

Pero otras voces hablan de precios al alza y riesgos para la economía global, con implicaciones en los activos financieros. Para Marín Cebrián, los plazos del sector energético penalizan el optimismo prematuro: “La reconstrucción de la capacidad productiva venezolana llevará años pero la tensión en precios es inmediata”, dice, apuntando la abundancia de las reservas pero la fragilidad de la logística. “Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero en el mercado energético contemporáneo el volumen de los recursos bajo tierra es secundario frente a la capacidad de extracción, transporte y comercialización. Tras años de sanciones, deterioro institucional e infraestructuras obsoletas, el riesgo inmediato no reside en una nueva caída de producción, ya estructuralmente deprimida, sino en el colapso logístico. El mercado no teme tanto la escasez física de petróleo como la imposibilidad de moverlo. Seguros marítimos, incertidumbre regulatoria, potenciales bloqueos en terminales y dudas sobre la vigencia contractual introducen una prima de riesgo geopolítico que se traslada de forma casi instantánea al precio del barril”, advierte.

Las implicaciones en la inflación global y en los movimientos de los bancos centrales podrían incluso apuntar a una estanflación: “Cada repunte en el precio del crudo asociado a la crisis venezolana opera como un impuesto regresivo e invisible que se filtra por toda la economía global. El verdadero riesgo en 2026 no es el dato puntual de inflación, sino la alteración de las expectativas. Con unos costes energéticos que impulsan una inflación persistente, el mercado comienza a descontar escenarios de estanflación. El petróleo se convierte así en el factor capaz de erosionar simultáneamente el poder adquisitivo del consumidor y los márgenes empresariales, amenazando la recuperación económica global”. Y ello desvanece la visibilidad con respecto a los movimientos de flexibilización monetaria: “Si el encarecimiento energético presiona al alza la inflación, la Reserva Federal ve restringido su margen de actuación. El problema para los mercados no es tanto la ausencia de recortes como la incertidumbre sobre su ritmo y alcance. Cuando se pierde visibilidad sobre el coste del dinero, la volatilidad deja de ser episódica y pasa a ser estructural”.

También José Luis Blázquez, CEO del software para family offices Alvus Weath Tech Wisdom, ve precios más altos en el petróleo: «Desde un punto de vista estrictamente económico, el impacto inmediato es doble. A corto plazo, sube la prima de riesgo: transición política, fricción geoestratégica y volatilidad en flujos; a medio plazo, si se normalizan licencias, inversión y tecnología, Venezuela podría reincorporar entre 700.000 y 1,2 millones de barriles diarios en 12–24 meses. El mercado lo sabe. Y, paradójicamente, esa mayor oferta no abarata estructuralmente el crudo, porque hoy el precio no lo fija el último barril, sino la seguridad del suministro«, defiende. En su opinión, el petróleo ha dejado de ser una commodity cíclica para convertirse en variable estratégica: «Con Ucrania desgastada en una guerra que Estados Unidos empieza a externalizar a Europa, con Oriente Medio permanentemente tensionado y con América Latina reordenándose, el precio de equilibrio del Brent se desplaza al alza. No por escasez física, sino por riesgo sistémico. En ese contexto, hablar de un rango 90–105 dólares como escenario base ya no es agresivo, es conservador. Los episodios de estrés —y vendrán— empujarán ese rango más arriba», indica.

Tecnología y growth, en el punto de mira

En este escenario más volátil, para Fortuna Servicios Financieros los mercados se verán afectados, con énfasis en algunos sectores como la tecnología y las compañías de crecimiento (growth). “Su valoración depende de beneficios futuros que deben descontarse al presente. La matemática financiera es inequívoca: un tipo de descuento más elevado reduce de forma automática el valor actual de esos flujos. En 2026, el mercado se ha vuelto selectivo. Ya no se premia la promesa de crecimiento sin respaldo, se penalizan las valoraciones excesivas y la dependencia de un entorno de tipos bajos. Venezuela no ha provocado una corrección tecnológica, pero sí ha eliminado la red de seguridad implícita que sostenía ciertos múltiplos”, indica.

Activos reales: un refugio palpable

Y al otro lado, los expertos tratan de analizar quiénes serán los beneficiados de esta situación. En primer lugar, algunas petroleras. Desde iCapital, Santos defiende que lo sucedido podría derivar en un menor riesgo político que acabaría beneficiando a firmas con intereses en la zona como Repsol y Mapfre mientras Mafoda, desde DiverInvest, cree que Chevron es la gran beneficiada, puesto que es la única petrolera americana que todavía opera en Venezuela con licencia especial; mientras otras como Conoco y Mobil seguramente exigirán el pago de sus activos expropiados al comienzo del Chavismo.

Pero más allá de las petroleras, los metales preciosos son los grandes beneficiados: Santos destaca cómo estos activos típicamente refugio están captando flujos de entrada y sus cotizaciones están subiendo con fuerza. Pero, matiza, «no debería mantenerse esta tendencia tan alcista salvo ulteriores tensiones políticas que no se esperan realmente». Y cree que el mercado de bonos, sobre todo los soberanos europeos y americanos, podrían verse beneficiados si el petróleo acaba actuando como impulsor económico.

Marín Cebrián, sin embargo, se muestra convencido del potencial a largo plazo de oro y plata: “El oro ha recuperado su papel histórico no como activo especulativo, sino como instrumento de preservación de valor, libre de riesgo de contrapartida. La plata, con un mayor componente industrial y una volatilidad superior, amplifica este movimiento. Si el oro funciona como seguro patrimonial, la plata actúa como indicador adelantado de tensión sistémica. En 2026, ambos metales no compiten por rentabilidad nominal, sino por ofrecer estabilidad en un entorno donde el dinero fiduciario vuelve a percibirse como frágil”, explica.

Para Blázquez, lo relevante es el efecto dominó del petróleo sobre el conjunto de materias primas: «Energía cara encarece metales industriales (cobre, níquel), acelera la competencia por materiales críticos (litio, tierras raras) y presiona agrocommodities en un entorno climático adverso. El mundo está sustituyendo eficiencia por redundancia, globalización por bloques, y eso tiene una traducción clara: inflación real de activos físicos. No es una tesis, es aritmética», indica. En un entorno de alta deuda, defiende, los actores racionales buscan cobertura: «No es casualidad que los bancos centrales estén acumulando oro como no lo hacían desde hace medio siglo. El oro no rinde, pero no quiebra». En conclusión, para el inversor, y el ahorrador, cree que esto se traduce en que «los activos reales recuperan centralidad: energía, materias primas, infraestructuras críticas y suelo productivo no son modas defensivas, son seguros frente a la reconfiguración del sistema. La renta fija larga sufre cuando el orden monetario se cuestiona. El crédito exige quirófano. Y la liquidez, sin ancla real, pierde poder adquisitivo en silencio», añade.

Venezuela, del país más rico de Latinoamérica al colapso económico

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Wikimedia CommonsNicolás Maduro, presidente de Venezuela

La bonanza petrolera ubicó a Venezuela como uno de los países más ricos del mundo entre la década de los años 50 y 80 del siglo pasado. Hoy es lo más parecido a una economía de postguerra. ¿Qué sucedió? Una combinación de factores puso de rodillas a la que fue una de la mayores potencias latinoamericanas, desencadenando en el hito más reciente: la captura del –cuestionado– presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de EE.UU. Ahora, los inversionistas globales y latinoamericanos miran con atención la evolución de esta historia, que tiene como protagonista a una economía que el mercado financiero ve como “en pausa” y que ha generado una diáspora de 7,9 millones de personas.

De acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial de Davos, Venezuela llegó a ser la cuarta nación con mayor PIB per cápita del mundo, junto a Francia. Al país se le puso el sobrenombre de «La Venezuela Saudita» y «La millonaria de América», y no era gratuito. Hasta la fecha, este país tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con alrededor de 303.000 millones de barriles del hidrocarburo, de acuerdo con cifras de la OPEC actualizadas a junio del año pasado.

La riqueza petrolera permitió, por ejemplo, que la gasolina en Venezuela sea considerada hasta la fecha como la más barata del mundo gracias a los enormes subsidios gubernamentales. Es prácticamente regalada, ya que un litro de gasolina en Venezuela cuenta 0,097 céntimos de bolívar a precios actuales, una cifra que los conversores de divisas ni siquiera toman en cuenta y reflejan un valor de cero absoluto en la paridad con el dólar estadounidense.

Sin embargo, esta riqueza petrolera generó una economía rentista, petrolizada prácticamente al 100%, que colapsó por dos factores que explican el panorama actual. Uno es la caída de los precios internacionales del petróleo en la década de los 80. El otro es la llegada al poder por la vía democrática de Hugo Chávez, quien posteriormente centralizó la economía y deshizo las estructuras de contrapeso que le permitieron acumular poder para imponer un modelo económico estatista.

En este artículo, nos ocuparemos solo del primer punto.

El colapso de Venezuela

De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB de Venezuela en 2024 se ubicó en 82.000 millones de dólares, con tres años de crecimiento constante (8% en 2022, 4,4% en 2023 y 5,3% en 2024). Parecieran datos muy positivos, pero esconden una realidad devastadora.

Las mismas cifras señalan que el PIB de Venezuela en el año 2012 llegó a su máximo histórico de 372.000 millones de dólares. Es decir, el PIB más reciente conocido está 78% por debajo del más alto de su historia. Solamente los países europeos y el Japón de la segunda guerra mundial han visto una caída tan abrupta de su PIB, pero Venezuela no registró en este periodo ni siquiera un conflicto armado interno, a pesar de la inestabilidad política.

Los economistas del FMI advirtieron que, medido el PIB de Venezuela entre los años 2013 a 2020, su caída es de 88% y supera por tres años la que registró Estados Unidos en la Gran Depresión. No hay otro precedente similar.

Y mientras el país «nadaba» en gasolina barata, la hiperinflación ha pasado un costo muy alto que colaboró en la devastación actual.

En 2018, la hiperinflación alcanzó una cifra histórica de 130.000%, que se moderó a «solo» 548% en 2024 y que podría haber caído a poco más de 300% el año pasado, gracias a políticas monetarias ortodoxas «neoliberales», como la reducción del gasto público y la eliminación de controles cambiarios, así como una dolarización de facto.

Sin embargo, el daño está hecho. La hiperinflación continua por una década (de 2014 a 2024) llevó a la erosión más dramática jamás vista en la era moderna del poder adquisitivo en un país. Las cifras del FMI señalan que entre 1998 y 2018, la moneda venezolana perdió el 99,999997% de su valor.

Pero quizás el colapso económico se pudo haber evitado o suavizado si este país, con su enorme riqueza petrolera, hubiera explotado adecuadamente dicha bonanza. El problema, acusan varias voces del frente económico, es que las políticas públicas estatistas convirtieron a la industria petrolera venezolana en una de las más ineficientes del mundo.

La erosión de la producción petrolera

Los datos de la OPEC señalan que, entre 2008 y 2013, la producción petrolera de Venezuela se ubicó en un promedio diario de 2,8 millones de barriles, para desplomarse a 337.000 millones de barriles en 2020 y recuperarse a 921.000 en 2024. Aun así, el dato anual más reciente conocido es inferior en 67% al periodo en el que el país estaba considerado como una de las naciones que más petróleo producía en el mundo.

La paradoja petrolera de Venezuela es dramática. A pesar de ser el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, se ubica entre los puestos 20 a 22 entre las naciones productoras de petróleo. Esto gracias a que la inversión en la industria se desplomó más de 80% a partir del año 2003, un año después del intento de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez, quien en respuesta purgó a los altos mandos de la petrolera estatal PDVSA y cerró prácticamente la industria en su totalidad a nuevas inversiones. El argumento era que la riqueza petrolera del país no requería nada más que la regulación del Estado.

En conclusión, el colapso económico de Venezuela es ya el más dramático para cualquier país en la era moderna sin una guerra de por medio.

Los análisis señalan que la caída máxima del PIB venezolano de 88% supera al desplome estadounidense de la Gran Depresión, el golpe de la Segunda Guerra Mundial e incluso rebasa al 70% del colapso económico registrado por Siria en su guerra civil del siglo pasado y al 62% del desplome sufrido en su PIB por el país del Medio Oriente también en un conflicto interno más reciente.

Para los economistas estudiosos de este fenómeno existen tres grandes causas que lo explican todo y que lamentablemente están asociadas a decisiones políticas: destrucción de derechos de propiedad, saqueo de recursos y políticas económicas destructivas incluso en los tiempos de bonanza económica.

Y lo peor es que la salida para este país, con todo y su riqueza petrolera, no está a la vuelta de la esquina. Se calcula que recuperarse, con las políticas económicas adecuadas, le llevaría alrededor de 20 o 30 años, considerando que en el último lustro se perdió la mayor riqueza de Venezuela y de cualquier país: el 25% de su población.

En su mundo propio, pero inserta en la región

Después de más de una década de crisis económica, Venezuela está relativamente aislada de los otros países de América Latina, viviendo su propia realidad con sus propias distorsiones de mercado. Pero la que fue antaño una de las principales potencias de la región no deja indiferente a los demás.

Mientras que hace unos meses, una ventaja que veían los actores del mercado para las inversiones latinoamericanas era una relativa calma geopolítica de la que otras regiones no podían presumir. Con la situación en evolución, es difícil saber qué dirección va a tomar el rumbo del país petrolero y qué implicaciones pueda tener en el tablero global –y el latinoamericano–, especialmente si las tensiones escalan con China y Rusia, dos grandes aliados del régimen chavista. De todos modos, los inversionistas estarán atentos a la evolución del panorama.

Las conexiones económicas de los otros países del vecindario con Venezuela se han ido atenuando con el pasar de los años y existe la percepción de que se trata de un mercado “en pausa”, tanto a nivel de inversión extranjera como de comercio internacional. Sin embargo, el país mantiene vínculos comerciales con varias de las principales economías de la región.

Cifras del Observatorio de Complejidad Económica (OEC, por su sigla en inglés) muestran que los principales socios del país en la región son Brasil y Colombia. En el pasado reciente –los últimos datos disponibles de la entidad datan de 2023–, los brasileños se ubicaron como el cuarto comprador de exportaciones venezolanas (después de EE.UU., China y España) y el tercer mayor vendedor a ese mercado. Colombia, otra nación vecina del país petrolero, se ubica como el segundo latinoamericano en ambos campos y Ecuador es el tercer mayor comprador de exportaciones venezolanas en la zona. Todos estos mercados eso sí, cuentan con participaciones de un dígito en el comercio exterior de Venezuela.

A diferencia de EE.UU. y España, que compran principalmente petróleo crudo, y China, que privilegia el coque de petróleo, según el OEC, los países latinoamericanos que más compran productos venezolanos van principalmente por fertilizantes nitrogenados y, en el caso de Ecuador, pescado congelado sin relleno.

Millones de expatriados mirando desde el extranjero

Otro lazo fuerte entre Venezuela y el resto de la región está relacionado con la masiva diáspora que se ha asentado en otros países latinoamericanos. Millones de personas han dejado el país en los últimos 15 años, dejando tras de sí una economía colapsada en busca de oportunidades en países más estables en la región, especialmente en naciones vecinas. Muchas veces estas personas abandonan el país en busca de trabajo y envían remesas de vuelta a Venezuela, inyectando algo de capital a los golpeados hogares locales.

La migración de venezolanos, que se aceleró después de 2014, se ha expandido a lo largo del continente. Según señala la Acnur, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a los refugiados, cerca de 7,9 millones de personas han salido del país en busca de oportunidades y 6,7 de ellas se han instalado en otros países latinoamericanos y caribeños.

Los destinos más populares para los emigrantes de Venezuela son Colombia y Perú, con 2,8 millones y 1,7 millones de ciudadanos del país, según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), una iniciativa liderada por la Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Les siguen Brasil, con unas 626.900 personas de origen venezolano; EE.UU., con 545.200; y Chile, con 532.700.

Detención de Maduro: el foco, por ahora, está en los fundamentales del mercado

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Pixabay CC0 Public Domain

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos añade un nuevo foco de atención a la geopolítica mundial. La detención “confirma la idea de que no existen acontecimientos de probabilidad nula: todos los escenarios se vuelven posibles puesto que las reglas ya no existen”, según explica Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum (affiliate de Natixis IM). Ahora, la cuestión que surge, según el experto, girará en torno a la respuesta de Rusia y de China, que apoyan a Maduro. El experto recuerda que Estados Unidos y Venezuela están en tensión desde la llegada de Hugo Chávez a la cabeza de Venezuela a finales de los años noventa. Anteriormente, el país era un «coto reservado» de los Estados Unidos con la explotación del petróleo y de la industria química. “Para marcar este aspecto, el béisbol es el deporte preferido del país, como en Estados Unidos”, recalca.

Ahora, Waechter enfatiza que los Estados Unidos del presidente Donald Trump “quieren poner la mano sobre el petróleo venezolano”. Se trata de un petróleo de mala calidad, pero representa el 17,5% de las reservas mundiales, “las más importantes del mundo”. Por ello, y teniendo en cuenta el marcado sesgo de la Casa Blanca a favor del crudo, unido a que la industria de exploración e investigación del petróleo de esquisto estadounidense se estanca, “Venezuela es una buena alternativa”, según el experto.

Como conclusión, Waechter apunta que si Estados Unidos toma el control de Venezuela, “las sanciones sobre las exportaciones de petróleo se levantarán y se reanudará la producción de crudo en el país, acentuando así la oferta de petróleo en el mercado mundial”. Sería, por lo tanto, un factor favorable para una bajada de la cotización el oro negro, pero “la cuestión final es saber si, una vez más, una intervención de este tipo será desestabilizadora para la región. Los ejemplos no faltan”, apunta el experto de Ostrum.

El petróleo, protagonista

Por lo tanto, este evento geopolítico devuelve al petróleo al foco de la actualidad. Los precios de la energía reaccionan a la baja en la primera sesión relevante desde la captura de Nicolás Maduro: el petróleo retrocede alrededor de 1% y el gas natural cae cerca de 4%, “en un movimiento que llama la atención considerando el contexto geopolítico, pero que el mercado está leyendo, por ahora, como un evento político sin impacto físico inmediato”, tal y como explica Diego Albuja, analista de mercados ATFX LATAM.

El experto añade que la clave del movimiento de las cotizaciones de las principales materias primas energéticas es que no se han reportado interrupciones en la producción ni daños en la infraestructura petrolera venezolana, por lo que “sin un shock real de oferta, la prima de riesgo geopolítico se diluye rápidamente y los precios vuelven a responder a los fundamentos del mercado global”. Asegura que el mercado está mirando más el medio plazo, posibles cambios políticos y escenarios de normalización, que un impacto inmediato en los flujos de crudo. La caída más fuerte del gas natural responde principalmente a factores propios del mercado estadounidense, como niveles elevados de almacenamiento, expectativas climáticas más benignas y ajustes técnicos en posiciones especulativas, más que a la situación venezolana, según el experto.

“El mercado está enviando un mensaje muy concreto: mientras no exista una interrupción real en la oferta, los fundamentos mandan. No obstante, este equilibrio es frágil y puede cambiar rápidamente si aparecen señales de daño operativo, bloqueos logísticos o cambios abruptos en el régimen de sanciones”, concluye Albuja.

Por su parte, Raphaël Thuin, director de Estrategias de Mercados de Capitales de Tikehau Capital, recuerda que en los últimos años, los inversores y los mercados han aprendido a mirar más allá de los riesgos geopolíticos recurrentes y a centrarse en los factores fundamentales que impulsan el rendimiento del mercado a largo plazo. Y los recientes acontecimientos en Venezuela “parecen encajar en este patrón”, puesto que el impacto económico global del país “sigue siendo limitado, con una exposición relativamente baja para la mayoría de las empresas internacionales”.

Por lo tanto, el experto ve probable que las perspectivas a largo plazo para los mercados en general “no se vean afectadas”. Incluso, no descarta la posibilidad de que se produzcan catalizadores positivos. Por ejemplo, cita que uno de los objetivos de la actual administración estadounidense es facilitar la salida de más petróleo venezolano a los mercados mundiales. Eso sí, Thuin es consciente de que los cambios geopolíticos y de régimen “introducen inevitablemente nuevas incertidumbres”, por lo que admite que 2026, al igual que 2025, “la geopolítica será un factor a tener en cuenta por los inversores y el rendimiento del mercado”.

Otros activos: oro y renta variable

Si bien el petróleo es ahora protagonista, puede haber otras derivadas. Por ejemplo, Ned Naylor-Leyland, gestor de inversiones, oro y plata de Jupiter AM, destaca que los metales preciosos, en este escenario de volatilidad de mercado, tensiones geopolíticas e incertidumbre macroeconómica, vuelven a poner en juego su histórico rol de depósito de valor, comportándose de manera distinta a las acciones y los bonos. El oro ya supera la cota de los 4.400 dólares por onza, con una subida de alrededor del 2% en medio de la detención de Nicolás Maduro.

Asimismo, Javier Molina, analista senior de mercados para eToro, asegura que la situación en Venezuela “añade ruido inmediato”. Si bien el experto hace énfasis en el mercado del petróleo, también añade que este tipo de episodios “suelen traducirse en movimientos tácticos y repuntes de volatilidad, pero rara vez alteran por sí solos la tendencia estructural de los activos de riesgo”. En definitiva, se trata de un recordatorio de que el corto plazo “puede ser incómodo, incluso dentro de un ciclo alcista”.

En este punto, Molina recalca que la tendencia de fondo sigue siendo alcista y estar invertido “continúa teniendo sentido, especialmente en compañías con beneficios visibles y momentum positivo”. Eso sí, es consciente de que “este ya no es un mercado para la complacencia”, ya que la geopolítica, la fragilidad del ciclo macroeconómico y la elevada concentración “obligan a extremar la gestión del riesgo, ajustar tamaños de posición y aceptar que la volatilidad forma parte del camino”. De momento, y antes de la apertura de los mercados de renta variable americanos, los índices bursátiles europeos evolucionaban a media sesión ligeramente al alza.