¿Se están trasladando los riesgos de concentración al mercado de la renta fija?
| Por Beltrán | 0 Comentarios

Los grandes hiperescaladores han protagonizado varios hitos este año también en el mercado de crédito: en febrero, Alphabet (matriz de Google) recaudó casi 32.000 millones de dólares en menos de 24 horas, la emisión de mayor tamaño de su historia y que incluyó un bono con una duración a cien años inédito desde que Motorola emitiera uno de la misma duración en 1997. Entre tanto, Oracle anunció un ambicioso plan para captar entre 45.000 y 50.000 millones de dólares solo en 2026, para financiar la expansión de su capacidad en la nube, y Amazon vendió una operación de 37.000 millones de dólares a principios de 2026 a la que siguió otra oferta de 25.000 millones de dólares en julio. Aunque los inversores en renta fija comenzaron el año con elevadas expectativas respecto a la llegada de estos nuevos bonos al mercado de deuda IG, tan solo nueve meses más tarde las principales casas de activos ya están alertando sobre su impacto sobre la composición de los índices y el propio rol de los bonos como diversificadores en cartera.
Nivel frenético de emisión
Si entre 2020 y 2024 el volumen de emisión de deuda combinado de los cinco principales hiperescaladores – Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle- fue de tan solo 35.000 millones al año, de media, solo en lo que va de año ya han emitido cerca de medio billón de dólares. Según datos de Amundi, supondría el equivalente al 13,9 % de toda la emisión de IG estadounidense hasta ahora este año.
Como apunta Lucas Baynes, estratega sénior de Vanguard, “para los inversores en renta fija la cuestión no es si estos emisores son solventes; muchos cuentan con balances excepcionalmente fuertes”. La cuestión, continúa el experto, es “qué significa un cambio rápido y concentrado en la composición del mercado de bonos para rol que juegan tradicionalmente los bonos en una cartera”.
En la misma línea Jeremy Rideau, Global Head of Exposure Management en State Street Investment Management, asevera que “unos fundamentales fuertes no se traducen automáticamente en valoraciones atractivas”. “Como las expectativas de crecimiento futuro se mantienen elevadas, los inversores deben seguir evaluando si los diferenciales de crédito les compensan adecuadamente por los riesgos asociados con programas de inversión de larga escala y dinámicas competitivas cambiantes”, añade.
Composición de los índices
Steve Flaherty, director de análisis de crédito con grado de inversión de Neuberger Berman, aporta otro dato que también sirve para visibilizar la envergadura del proyecto en el que están inmersos los hiperescaladores: antes del ciclo actual de inversión, estas cinco compañías representaban alrededor del 20 % de la capitalización del mercado de renta variable global, pero solo el 3,5 % de la deuda con grado de inversión.
Hoy, esta proporción ha escalado hasta alrededor del 10 %, mientras que la banca – el sector de mayor tamaño del Bloomberg US Corporate- equivale al 21 %. “En varios de los mayores índices, los emisores de tecnología han sobrepasado a los bancos en ponderación por primera vez”, apunta Flaherty.
Según datos aportados por Amundi, la emisión de bonos corporativos IG en Estados Unidos en 2026 ha alcanzado 1.426 billones de dólares acumulados hasta finales de agosto (más que toda la emisión de 2024 y a punto de superar los 1.535 billones emitidos en 2025), “un ritmo récord sustentado por financiación de IA y M&A”, apuntan desde la entidad. No obstante, desde Amundi puntualizan que “el ritmo récord de IG ha sido generalizado”, es decir, que no se ha limitado únicamente a tecnología, sino que también han participado bancos, compañías de servicios, infraestructuras y consumo, “aunque los hiperescaladores son el principal impulsor marginal del crecimiento de volumen”, matizan.
Según la gestora, los sectores Tech + Comunicaciones ahora representan alrededor del 16 % del índice de bonos corporativos estadounidenses de Bloomberg, frente al 13–14 % en 2023–2024, “con un crecimiento adicional probable dado el capex proyectado para 2027 de hiperescaladores de 1,09 billones de dólares”. Desde Vanguard, el estratega Lucas Baynes recuerda que la tecnología “ha supuesto históricamente una cuota modesta del mercado de deuda corporativa IG”. El experto alerta: “La concentración, largamente un fenómeno de la renta variable, está migrando hacia una clase de activo que muchos inversores tienen en cartera para diversificar”.
Desde Amundi apuntan como otras dos derivadas del aumento de las emisiones ligadas a hiperescaladores la mejora de la calidad media – “el bucket AA-y-superior se ha expandido más de 130 puntos básicos en el año a medida que los hiperescaladores de mayor calificación dominan nueva emisión”-, así como la extensión de la duración media.
De este modo, actualmente Comunicaciones presenta la duración más larga en 8,11 años, “reflejando la pesada concentración de bonos de largo plazo de emisores tales como AT&T, Verizon y Comcast”, indican desde la gestora. Le sigue utilities, con 7,64 años, “de forma consistente con la preferencia tradicional del sector por financiación de infraestructura de largo plazo”, y Tecnología se sitúa en 6,81 años — en línea con Industriales y Bienes de Consumo Básico—, aunque desde Amundi puntualizan que “esta cifra está subiendo”. Financiero es el sector de duración más corta, con 5,03 años.
“Las emisiones de los hiperescaladores durante la reciente ola de endeudamiento han tenido, en su mayoría, vencimientos a largo plazo, incluyendo emisiones sustanciales a 30 años y más, lo que ha aumentado la exposición a la duración al entrar en el mercado de bonos corporativos con calificación de inversión”, explican desde Vanguard. “Los bonos a largo plazo de un puñado de emisores alargan la duración del propio índice, lo que aumenta sutilmente la sensibilidad a los tipos de interés de las carteras que lo replican”, añaden.
Implicaciones para las carteras
“La implantación de la inteligencia artificial en el mercado de bonos no es una señal de alerta, sino un indicador de que el ciclo de inversión está madurando”, sostiene Lucas Baynes desde Vanguard. Según el estratega, para los inversores de renta fija la pregunta es otra: si la ola actual de financiación es temporal o estructural, y cómo estructurar las carteras en consecuencia.
Más allá de la calidad crediticia de estas emisiones, el experto insiste en que la composición de la cartera es importante debido precisamente al uso que hacen los inversores de los bonos: “Los inversores tienen bonos de alta calidad en cartera en gran parte porque ofrecen diversificación del riesgo de renta variable”. Sin embargo, continúa, “los nuevos bonos que se incorporan al índice representan, cada vez más, un derecho sobre el mismo ciclo de inversión en IA que ha estado impulsando la rentabilidad de la renta variable”.
Considerando que, según previsiones de la propia Vanguard, el ecosistema de IA va a generar este año más de la mitad del crecimiento de los beneficios en 2026 y 2027, si ahora ese crecimiento se está canalizando a través de la nueva oferta de bonos y en algún momento hay una decepción, “los canales podrían estar conectados”.
“Si el aumento de los diferenciales de los títulos de deuda vinculados a la IA coincidiera con un debilitamiento de las acciones relacionadas con la IA, se reduciría, al menos ligeramente, la diversificación que los inversores esperan obtener de su asignación en bonos”, advierte el experto. En resumen: dentro del componente de crédito de una cartera, la concentración sectorial está aumentando, los diferenciales se sitúan cerca de niveles históricamente bajos y la compensación por esa concentración es” escasa”, a ojos del estratega, que hace la siguiente observación: “Un fondo de renta fija ‘básico’ de amplio espectro está adquiriendo cada vez más peso en la expansión de la IA, y un inversor con una exposición considerable a la IA en renta variable podría estar aumentando esa exposición, sin saberlo, en renta fija”.
En consecuencia, la recomendación de Vanguard es monitorizar una breve lista de indicadores: las concesiones en nuevas emisiones y la cobertura de la cartera de pedidos en grandes operaciones relacionadas con la inteligencia artificial; el comportamiento de los diferenciales de las curvas de los hiperescaladores en relación con el sector tecnológico en general; el ritmo al que la financiación se traslada a estructuras privadas; y, en última instancia, las previsiones de inversión en capital que determinan cuánto más suministro está por llegar.
Primeros signos de fatiga inversora
Para los expertos de Amundi, hoy el debate central lo ocupan “la compresión de spreads y la capacidad de absorción”. De hecho, afirman que “la fatiga inversora está emergiendo”, poniendo como ejemplo la emisión realizada por Amazon en marzo (3,4x de cobertura) frente a la de julio (2,4x de suscripción). “Esta dinámica ilustra una tensión clave: los hiperescaladores mantienen perfiles crediticios sólidos y calificaciones IG, pero el puro volumen de oferta está comprimiendo concesiones de nueva emisión y poniendo a prueba el mecanismo de formación de precios del mercado”, aseveran desde Amundi.
Es una observación que comparte Rick Rieder, CIO de Renta fija global de BlackRock: “Más del 40 % de las emisiones realizadas en lo que va de año en el sector de los bonos IG a largo plazo han estado relacionadas con la inteligencia artificial, y ese volumen se está encontrando con una menor demanda, lo que está ejerciendo presión sobre los diferenciales de los bonos IG relacionados con la IA en comparación con el índice general”.
Además, Rieder señala que estas compañías están complementando su financiación “a través de ofertas secundarias, salidas a bolsa y rondas de financiación privada, lo que está cambiando la dinámica de la oferta y la demanda, pasando de ser extremadamente favorable a cada vez más equilibrada”. Rieder alerta de que, si bien los balances “siguen siendo sólidos”, a medida que vayan aumentando los costes de financiación y disminuyendo la sobresuscripción, “el margen de error se está reduciendo”. “No todas las empresas generarán el mismo rendimiento de su inversión en IA. El mercado está empezando a valorar esa diferenciación en tiempo real, y los inversores deben analizar los flujos de caja, la estructura de capital y las condiciones de financiación, en lugar de tratar la inteligencia artificial como una oportunidad monolítica”, aconseja.
Desde Vanguard añaden que “una parte sustancial de la financiación de los centros de datos se está realizando a través de crédito privado y estructuras fuera del balance”. “Independientemente de los méritos de cada operación en particular, esta migración implica que los balances públicos y los índices de deuda pública ya no reflejan el panorama financiero completo de la expansión, y resulta más difícil observar la distribución final del riesgo”, concluye su estratega.













