La evolución de los mercados en 2025 puso de relieve una característica clave del universo de los bonos convertibles que a menudo se malinterpreta: los índices.
Debido a su naturaleza híbrida, los bonos convertibles pueden presentar distintos comportamientos —más cercanos a la renta fija, equilibrados o más vinculados a la renta variable—, por lo que los índices generales pueden ocultar dinámicas subyacentes muy diferentes. Cuando las acciones de grandes emisores registran subidas significativas, sus bonos convertibles tienden a adquirir un perfil cada vez más ligado a la renta variable, impulsando así la rentabilidad agregada de los índices. Sin embargo, estos convertibles con características más similares a las de la renta variable no suelen representar el segmento del mercado en el que los gestores de estrategias “long-only” son más activos, ya que habitualmente centran sus inversiones en la parte más convexa del universo de los convertibles.
Esta es precisamente la razón por la que existen dos grandes familias de índices. Por un lado, los índices denominados “broad” reflejan la evolución del conjunto del universo de bonos convertibles (por ejemplo, los índices FTSE Russell Global Convertible, Global Vanilla y Global Qualified). Por otro, los índices “focus” (como el Global Focus o el Global All-Cap Focus) siguen el comportamiento del segmento de convertibles considerados “equilibrados” (balanced).
A largo plazo, especialmente en el contexto de un mercado alcista estructural caracterizado por un fuerte impulso de la renta variable, la diferencia de rentabilidad entre ambos tipos de índices resulta evidente. El índice FTSE Russell Global Convertible Index, perteneciente a la categoría “broad” y que incluye todos los convertibles con un nivel razonable de liquidez, tanto aquellos claramente con valor intrínseco positivo como sin valor intrínseco, acumula una revalorización del 139 % en los últimos diez años. En contraste, dentro de la categoría “focus”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index, que sigue el universo de convertibles equilibrados, registra una revalorización del 66 % (1). La tendencia en lo que va de 2026 no difiere de la de años anteriores, con una rentabilidad superior a 360 puntos básicos por parte del índice “broad”, impulsada exclusivamente por convertibles profundamente con valor intrínseco positivo, incluyendo valores como Lumentum, Western Digital y SK Hynix.
Profundizando un poco más, pueden destacarse varias observaciones: la familia de índices “broad” presenta habitualmente una volatilidad aproximadamente un 30 % superior a la de los índices “focus”, mientras que sus deltas muestran una mayor dispersión. A diferencia de los índices “broad”, el FTSE Russell Global Focus Convertible Index se reequilibra mensualmente para garantizar una exposición convexa, excluyendo aquellos convertibles que han adquirido características similares a bond-like o a renta variable, e incorporando tanto nuevas emisiones equilibradas como bonos que han alcanzado recientemente ese perfil equilibrado.
Como resultado, tras una caída pronunciada del mercado —cuando la sensibilidad global del universo a la renta variable se sitúa en niveles bajos, como ocurrió en 2022— la delta del índice “focus” se mantiene en territorio equilibrado, a diferencia del índice “broad”. Por el contrario, en fases de mercado alcista, como en 2025–2026, los índices “focus” son los únicos que continúan manteniendo una composición de perfil equilibrado.
Por tanto, a la hora de evaluar la convexidad de un índice determinado, es necesario analizar su composición en términos de perfiles de bonos convertibles. Aunque ambas carteras hipotéticas detalladas en la Tabla 1 presentan una delta del 50%, su comportamiento no será el mismo ante shocks de subida o caída, ya que una posición con delta del 100% se sitúa potencialmente muy alejada de la protección a la baja que ofrece el suelo del bono.
Trasladando esta visión al actual panorama de índices, las principales conclusiones son claras. Más de un tercio del índice global “broad” presenta una delta superior al 80 %, frente al 9 % en el índice global “focus”. En el extremo superior, casi una cuarta parte del índice “broad” muestra una delta superior al 90 %, frente a tan solo un 3 % en el índice “focus”.
En pocas palabras, los convertibles con este tipo de perfiles están tan alejados de sus suelos de bono que prácticamente no ofrecen protección frente a caídas durante la mayoría de las caídas del mercado.
Por tanto, aunque la delta de los índices globales “broad” y “focus” pueda ser similar, sus resultados esperados en caso de corrección de mercado probablemente no lo sean. Y este es, en realidad, uno de los aspectos más relevantes en el entorno actual. La parte del índice global “broad” invertida en convertibles con una delta superior al 80% se encuentra en niveles en los que la delta difícilmente se reduce de forma significativa cuando caen los precios de las acciones.
En concreto, si analizamos las 10 mayores ponderaciones del índice global “broad”, la mayoría de ellas no se encuentran en posición de ofrecer protección en un mercado bajista, tal y como se ilustra en la Tabla 2.
Ya sea por sus perfiles (por ejemplo, todos los bonos de Lumentum cotizan por encima de 500, mientras que los de Hynix y Western Digital lo hacen por encima de 800) o por sus características (NextEra y Boeing cuentan con múltiples emisiones obligatorias, que por definición no ofrecen suelo de bono), la mayoría de estos bonos necesitaría una corrección extremadamente severa de la renta variable para mostrar un comportamiento convexo y amortiguar las caídas —probablemente del orden de al menos un 60–70 %. Al mismo tiempo, los bonos con una delta inferior al 20 % tampoco son especialmente atractivos, probablemente tampoco proporcionarían suficiente rendimiento o protección se ampliarían en escenarios de tensión.
Dicho de otro modo, la naturaleza híbrida del producto convertible es la razón por la que creemos que un enfoque activo tiene más sentido que una estrategia de “Comprar y Mantener” como se refleja en la diferencia de rotación entre ambos índices (rotación del índice global “focus” del 150% en 2025 frente al 63% del índice global “broad”). Como siempre, los detalles marcan la diferencia.
Tribuna de opinión de Elena Villalba, Directora general de Mirabaud Asset Management para Iberia y Latam.
Foto cedidaJeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International.
Hay un mercado que, discretamente, ha sido capaz de batir en rentabilidad a EE.UU. el año pasado y a tres años vista, con retornos de más del 20 %, una relativa mayor diversificación por sectores y valoraciones claramente más ajustadas: Japón. “La renta variable japonesa sigue siendo una clase de activo relativamente poco apreciada e ignorada, cuando ha sido uno de los mejores mercados a nivel global en los últimos 10 a 15 años”, corrobora Jeremy Osborne, responsable para la inversión en renta variable japonesa de Fidelity International.
El experto destaca particularmente que ha sido la fortaleza creciente de los beneficios la que ha sostenido estas alzas, frente a la expansión de múltiplos vista en otros mercados, y que aún así el potencial alcista sigue siendo elevado, de modo que la gestora cree que, del PER de 15 veces actual podríamos ver una ligera subida a un PER de 16 o 17 veces en los próximos años. Son los frutos de las Abenomics, particularmente de las reformas sobre gobierno corporativo impulsadas en la última década, que hoy están viviendo una segunda vida gracias al compromiso de la actual primera ministra, Sanae Takaichi, de más reformas y políticas pro crecimiento para seguir sosteniendo el retorno de la inflación al país tras décadas de ausencia. En consecuencia, desde Fidelity anticipan que los retornos sobre las acciones podrían pasar del 6 % actual a un 12 % en el futuro, lo que también explicaría el ajuste de la previsión del PER.
En una visita reciente a la oficina madrileña de la firma, Osborne ofreció detallada actualización del posicionamiento actual del fondo Fidelity Funds- Japan Value Fund, la propuesta de la gestora para invertir en acciones niponas. El potente equipo de analistas de la casa vuelca su análisis fundamental bottom up para crear una cartera con un sesgo value: “Nos centramos en los flujos de caja, en el ROIC, en el crecimiento sostenible de los beneficios y, particularmente en la estrategia value, nos fijamos en que los múltiplos de PER y valor en libros se mantengan por debajo de la media del índice, pero sin ser deep value”, aclaró el experto.
ADN anglosajón, raíces niponas
Fidelity abrió su oficina de Tokio en 1969. Era una de las primeras oficinas que abría la compañía fuera de EE.UU., y en la actualidad se enorgullece de las relaciones de largo plazo que ha forjado en el país nipón: “Tenemos la cuota de mercado más grande entre las gestoras internacionales en el mercado de fondos, cerca de 19.000 millones de dólares (cifra que incluye varios mandatos con el GPIF, el fondo de pensiones público nipón)”, detalla Osborne.
La compañía cuenta con diez analistas sobre el terreno que están constantemente visitando a compañías – solo el año pasado cerraron cerca de 400 contactos con empresas-, y en un mercado como el japonés esto es especialmente relevante, particularmente para encontrar ideas de inversión entre compañías de pequeña y mediana capitalización, que tienen un seguimiento todavía relativamente bajo por parte de las casas de análisis. “Tenemos acceso a muchas ideas que no encajarían en la noción value tradicional. Por ejemplo, según el momento del ciclo, los semiconductores o el hardware pueden pasar de ser considerados growth a ser value, y esa es una oportunidad para nosotros”, indica el experto.
En complementariedad, la compañía cuenta con un equipo de 120 analistas de renta variable a nivel global en los que también puede apalancarse el equipo para Japón: “En un mercado como el nipón, que genera cerca del 70 % de sus ingresos vía exportaciones, este enfoque es realmente clave. Nos ayuda a analizar compañías japonesas desde una perspectiva de cadena de valor global y puede ser una fuente adicional de generación de ideas”, corrobora Osborne.
En resumen, el Fidelity Funds–Japan Value Fund es una estrategia de renta variable japonesa con un enfoque value-aware que combina disciplina de valoración con flexibilidad para invertir en ideas de crecimiento cuando la relación entre precio y fundamentales resulta atractiva. La cartera suele mantener unas 60 posiciones, presenta un sesgo absoluto hacia grandes compañías, aunque está claramente sobreponderada en medianas capitalizaciones (entre 2.000 y 10.000 millones de dólares de valor de mercado).
El proceso de inversión se basa en un análisis fundamental exhaustivo que evalúa cada compañía en función de su crecimiento esperado de beneficios, generación de caja y solidez del balance. Para cada posición, el equipo descompone las fuentes potenciales de rentabilidad a dos años —crecimiento del BPA, dividendos, recompras de acciones y cambios en valoración—, lo que permite monitorizar y revisar la tesis de inversión de forma continua. El horizonte de inversión habitual es de uno a dos años, aunque algunas posiciones pueden mantenerse entre tres y cinco años. La estrategia presenta un active share del 70%-80%, mientras que la selección de valores constituye el principal motor del riesgo activo.
Actualmente, la cartera mantiene una sobreponderación en construcción, bancos regionales e inmobiliario, como vía para capturar la temática de la reflación en Japón. También favorece compañías tecnológicas vinculadas al hardware, semiconductores, memoria y automatización. Tras el aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el fondo ha incorporado exposición a materias primas, principalmente GNL y fertilizantes, reduciendo posiciones en empresas de consumo con menor capacidad para trasladar el aumento de costes. Como resultado, la cartera presenta hoy un perfil más doméstico, con aproximadamente el 58% de los ingresos generados en Japón, una característica que, según los gestores, ha contribuido a la sólida evolución del fondo en un entorno marcado por la incertidumbre externa.
Abenomics 2.0: nuevos motores para el crecimiento nipón
Japón atraviesa una nueva fase de reflación y crecimiento estructural que está reconfigurando su mercado bursátil y devolviendo protagonismo a sectores históricamente rezagados. Según explica Jeremy Osborne, “la historia de crecimiento estructural doméstico” está impulsando áreas como construcción, banca y real estate, favorecidas por el regreso de la inflación moderada y el crecimiento nominal.
El primer eje es la reflación doméstica. Tras décadas de deflación, las empresas japonesas vuelven a recuperar poder de fijación de precios y capacidad para trasladar costes al consumidor, generando un crecimiento de beneficios más sostenible. El Banco de Japón mantiene todavía una política monetaria acomodaticia, pese a las subidas graduales de tipos, mientras que el crecimiento salarial ronda el 3,5 %, el mayor en tres décadas. Este avance salarial resulta clave para consolidar el objetivo de inflación del 2 % del BoJ. Paralelamente, las reformas de gobernanza impulsadas por la Bolsa de Tokio están acelerando el saneamiento de balances, mejorando la eficiencia del capital y elevando la rentabilidad sobre recursos propios. Además, aumenta la presión regulatoria y de los fondos activistas para movilizar el exceso de caja acumulado por las compañías.
El segundo eje es el renovado impulso político heredero de las Abenomics. El Gobierno de Sanae Takaichi, reforzado tras las elecciones de febrero, está promoviendo inversiones estratégicas en defensa, infraestructuras, inteligencia artificial y semiconductores, con el objetivo de elevar el crecimiento potencial del país hasta el 1,1 % en 2030. También se están reforzando las alianzas público-privadas, los incentivos fiscales al capex y las medidas de protección al consumidor frente al encarecimiento energético y alimentario. El gasto en defensa se elevará del 1 % al 2 % del PIB, creando nuevas oportunidades industriales y tecnológicas. Además, el país fue de los primeros en firmar un nuevo tratado comercial con EE.UU. en 2025, y como parte del nuevo acuerdo arancelario Japón se ha comprometido a realizar inversiones estratégicas en sectores clave de EE.UU. como infraestructuras de red eléctrica, reindustrialización o fabricación de diamantes sintéticos (empleados en la producción de semiconductores), lo que está beneficiando a grandes compañías niponas industriales pero con una orientación tecnológica, incluyendo fabricantes de robótica.
El tercer eje es el inicio de “un nuevo ciclo manufacturero”, que está favoreciendo especialmente a compañías de robótica, automatización, fibra óptica y semiconductores. Empresas como Fanuc o Yaskawa Electric empiezan a registrar recuperación de pedidos tras varios años difíciles, mientras que el real estate y la construcción emergen como nuevos motores estructurales del mercado japonés. Al mismo tiempo, están empezando a llegar compañías de otros mercados dispuestas a construir fábricas e instalaciones en territorio nipón, como la coreana Samsung o la taiwanesa TSMC.
La publicación del IPC de EE.UU., con el índice subyacente sorprendiendo positivamente (+0,2% frente al +0,4% de abril, situándose en el +2,9% en tasa anual), es una noticia positiva para los inversores, aunque no modifica las perspectivas sobre los próximos movimientos de la Fed bajo la presidencia de Kevin Warsh.
La inflación del mes de mayo no muestra aún indicios claros que apunten a efectos de segunda ronda derivados de los cuellos de botella en energía y derivados básicos.
El dato es, en todo caso, positivo para los accionistas: los planes del banco central estadounidense han cambiado desde principios de año, pero dado que las expectativas de inflación se mantienen aún bien ancladas, es el crecimiento el principal precursor de dicho cambio. Para los inversores en renta variable, se trata de un escenario diferente del que se encontrarían si el ajuste viniera motivado por un aumento desmedido de la inflación.
La geopolítica como variable determinante
Mientras tanto, las noticias procedentes de Oriente Medio en los últimos días no han sido las que los inversores habrían deseado escuchar; y, sin embargo, el precio del barril de crudo se ha mantenido estable en el entorno de los 90 $/bbl.
Este es un riesgo que merece seguimiento, dada la aparente indiferencia del mercado. La balanza de influencia en las negociaciones entre Irán y EE.UU. parece haberse inclinado del lado de los primeros. El índice de aprobación de Trump (40,2%) está en mínimos, y la carrera hacia las elecciones legislativas de noviembre ya ha comenzado. El tiempo corre en contra del presidente, que buscará vender a su base de votantes un acuerdo antes del 4 de julio con el fin de extraer el mayor rédito político posible.
Tanto Bush como Obama agotaron sus mandatos. Lo relevante es, sin embargo, la evolución de Trump durante su primer mandato, período en el que recuperó con fuerza en anticipación de las legislativas de 2018.
El problema estriba en que los negociadores iraníes ya han identificado esta debilidad y la están explotando. Hezbolá está asumiendo un papel cada vez más proactivo que obliga a Netanyahu a responder; Irán utiliza las intervenciones militares israelíes como pretexto para lanzar ataques que, sin afectar por el momento a infraestructuras energéticas, ejercen presión sobre Trump y, al mismo tiempo, dilatan las negociaciones.
Trump necesita una gasolina más barata para tener opciones de retener el control del Senado, y los iraníes intentarán acercar el precio del barril a los 100 $/bbl para forzarle a aceptar términos más beneficiosos en un acuerdo que ambas partes necesitan sellar cuanto antes. Recordemos que la caída en importaciones de crudo desde China (~5 millones de barriles al día), el incremento del tráfico en el oleoducto saudita este-oeste (~3,5 millones adicionales) y la disminución de inventarios (~2 millones) han compensado la práctica totalidad del déficit de oferta generado por el bloqueo de Hormuz.
El giro de Trump y la reacción de los mercados
No obstante, el carácter errático e impredecible de Trump provocó un fuerte repunte el jueves, alimentado por un giro brusco e inesperado en las expectativas de acuerdo entre EE.UU. e Irán. La consiguiente caída del brent, que lo empujó hacia mínimos de tres meses, actuó como catalizador de una fuerte compresión en los rendimientos de los bonos que animó a los inversores en los mercados de renta variable.
Después de un segundo día de ataques estadounidenses y amenazas explícitas de intensificar la ofensiva el jueves por la noche —incluyendo el control de infraestructuras clave como la isla de Kharg—, Trump volvió a cambiar de forma radical su discurso. Con los mercados europeos ya cerrados, Washington señalaba avances sustanciales en las negociaciones, hasta el punto de cancelar los ataques previstos y afirmar que la posible firma de un acuerdo podría hacerse efectiva el fin de semana.
No obstante, la situación no está resuelta. No sabemos aún si esta vez es definitiva y, aunque lo fuera, es probable que el acuerdo —que contará con concesiones estadounidenses relevantes— no tenga mucho recorrido más allá de las elecciones legislativas.
A corto plazo, el resultado de este cuadro geopolítico debería traducirse en lecturas de volatilidad al alza y en mercados más inquietos, con tendencia alcista si se confirma el fin temporal del conflicto. Es asimismo posible que la presión sobre el IPC subyacente se incremente —compensada parcialmente por una evolución favorable en el componente de vivienda— y que la actividad industrial se vea afectada de manera más notoria.
Incluso en el caso de recibir noticias positivas este mismo fin de semana, como apuntan fuentes republicanas, el crudo continuará cotizando durante varios meses por encima de los niveles previos al inicio de las hostilidades. Con un precio del petróleo más elevado durante más tiempo, las condiciones financieras se tensionarán, afectando al sector manufacturero.
Política monetaria: Fed y BCE ante el dilema
Todo ello complica la llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal. La persistencia de la inflación por encima del 2%, un mercado laboral que da síntomas de reactivarse, el riesgo sobre la actividad industrial y la falta de consenso respecto a la capacidad de la IA de generar aumentos de productividad dificultan los pronósticos sobre el nivel de tipos al que podría estar operando la economía estadounidense a finales de 2026. Como ya explicamos, la regla de Taylor justificaría el aumento de 0,25 puntos porcentuales al que la curva, tras el movimiento alcista en bonos registrado ayer, sigue asignando una probabilidad del 80%.
La subida de un cuarto de punto en política monetaria se daba por descontada ayer en Europa. El BCE elevó su tipo de referencia al 2,25%, coincidiendo con una revisión de las expectativas macroeconómicas hacia un escenario más estanflacionista.
Un ajuste de 0,25 puntos no debería, por sí solo, tensionar de forma significativa las condiciones financieras de la zona euro, y lo interpretamos como una medida de precaución. Aunque, al igual que en EE.UU., la presión sobre los precios se ha intensificado, las expectativas de inflación se mantienen ancladas y no se aprecian indicios de presión salarial. Por todo ello, consideramos que una actitud más agresiva en materia de tensionamiento monetario constituiría un error estratégico.
En EE.UU., incluso si se produce la subida de tipos en diciembre, las causas del ajuste serán favorables a los intereses de los accionistas. Como en la eurozona, las expectativas de inflación se mantienen en niveles poco preocupantes, y es la inercia económica —el último pronóstico de la Fed de Atlanta apunta a un crecimiento nominal superior al 6% en el trimestre en curso— la que sustenta ese escenario.
Foto cedidaChristine Lagarde, presidenta del BCE, en la reunión de junio. Lorena Deidda/ECB.
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido subir los tipos de interés 25 puntos básicos en su reunión de junio. Si hacemos un pequeño repaso, nos tenemos que ir hasta junio de 2025, para situar cuándo la institución monetaria modificó los tipos por última vez -registrando su octavo recorte en apenas doce meses- para luego entrar en un periodo de calma monetaria.
La subida anunciada en junio -un movimiento que no veíamos desde hace tres años- responde a su interpretación de un aumento del riesgo alcista de la inflación. De hecho, la inflación de la eurozona alcanzó en mayo el 3,2%, claramente por encima del objetivo del 2%, mientras que la inflación subyacente se situó en el 2,5%, su nivel más alto desde abril de 2025.
“Como resultado, cada vez parece más evidente que el optimista escenario base publicado por el BCE en sus proyecciones de marzo difícilmente llegará a materializarse. En aquel escenario, los banqueros centrales preveían una tasa media anual de inflación del 2,6% para 2026. Sin embargo, debido al conflicto persistente en el golfo Pérsico, el panorama inflacionario se está desplazando hacia los escenarios adversos contemplados en marzo. Así lo reflejan también las últimas estimaciones de junio, en las que los expertos del BCE asumen que la inflación de la eurozona podría alcanzar el 3% este año incluso en el mejor de los casos y mantenerse ligeramente por encima del objetivo, en el 2,3%, también el próximo año. Al mismo tiempo, las perspectivas de crecimiento para la eurozona continúan siendo débiles. Para este año, el BCE prevé un exiguo crecimiento real del 0,8% en su escenario base”, explica Julian Marx, analista de Research en Flossbach von Storch.
Horizonte de subidas
Estas previsiones dejan, para los expertos, la puerta abierta a nuevas subidas de tipos. “Los futuros del Euribor están descontando actualmente al menos dos subidas de tipos del BCE y se espera que la primera tenga lugar hoy. Desde hace meses, el Euribor a 12 meses está siendo el primero en anticipar las subidas pues, pro memoria, abría el presente año a 2,26% y se encuentra ahora a aproximadamente 2,8%, incrementando así el coste de la financiación a tipo variable”, apunta Guillermo Santos Aramburo, socio de iCapital.
En este sentido, Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, destaca que las previsiones del BCE sitúan la inflación en el 3% este año para después volver progresivamente a la senda del 2% y considera que «es posible que haya una nueva subida de tipos de interés este mismo año dependiendo de cómo evolucionen los precios en relación con el conflicto en Irán», aunque también apunta que, una vez alcanzado el pico de tipos, podrían producirse reducciones en los próximos años si las condiciones macroeconómicas lo permiten.
Para Santos, esta primera subida es algo “más testimonial que problemático” y argumenta que el BCE busca mantener su credibilidad en la lucha contra la inflación. “No debería ser relevante para los mercados salvo que estos la interpretaran como la primera de otras muchas y más elevadas, lo que no va a ser el caso”, apunta Santos.
En opinión de Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, el BCE ha preferido adoptar una postura prudente ante el shock energético en curso. “De cara al futuro, esperamos que el BCE vuelva a subir tipos en un contexto probable de precios de la energía más altos durante más tiempo, ya que no vemos una salida clara a la guerra entre EE.UU. e Irán”, afirma.
Sin embargo, también hay voces que descartan el inicio de una fase de endurecimiento agresivo. “El contexto económico sigue siendo demasiado frágil para ello. El shock energético ya está lastrando la actividad en toda Europa, con una desaceleración del crecimiento en el primer trimestre en la mayoría de los países. El crecimiento salarial se está moderando y las condiciones del mercado laboral se relajan de forma gradual. En este entorno, es probable que los efectos de segunda ronda sobre la inflación sigan siendo limitados, lo que reduce la necesidad de un ciclo de subidas prolongado. Nuestro escenario base contempla una única subida adicional de tipos este año”, defienden desde Candriam.
¿Qué moverá el mercado?
Sin duda, los expertos coinciden en que la preocupación por el alza de la inflación y las políticas monetarias pesarán en el mercado, pero el factor geopolítico será el que más volatilidad aporte. Según Del Pozo, «los mercados siguen moviéndose fundamentalmente por las noticias que llegan del frente» y que la evolución del conflicto en Oriente Próximo será determinante porque «tendrá mayor repercusión sobre los precios, sobre la formación de la inflación y, por lo tanto, sobre las futuras decisiones que puedan tomar los bancos centrales en términos de tipos de interés».
Asimismo, advierte de que “uno de los principales riesgos para la economía es que la inflación termine trasladándose a efectos de segunda ronda, dando lugar a subidas de salarios, mayores costes para las empresas, etcétera». Un riesgo que considera especialmente relevante en Estados Unidos, donde, según señala «vemos una mayor resiliencia de la economía estadounidense, como pudimos comprobar a través del último dato de empleo”. En este contexto, destaca también “la existencia de una cierta dicotomía entre Europa y Estados Unidos en términos de crecimiento económico”.
Por último, Del Pozo advierte de que sigue abierta la posibilidad de «un mundo cercano a la estanflación», con «mayores subidas de precios que conlleven mayores subidas de tipos de interés y que ello termine provocando una severa contracción económica que habrá que contemplar durante las próximas semanas y meses”.
En un entorno de mercado caracterizado por una mayor incertidumbre, riesgos de concentración y valoraciones elevadas en Estados Unidos, la diversificación y la construcción equilibrada de carteras cobran cada vez más relevancia para los inversores.
En este contexto, la gestora de activos, Amundi, sigue ofreciendo innovación en productos centrados en el cliente y anuncia el lanzamiento de los primeros ETFs UCITS ponderados por el producto interior bruto (PIB): un ETF de renta variable, el Amundi FTSE All World GDP-Weighted UCITS ETF, y un ETF de renta fija, el Amundi Global Government Bond GDP Weighted UCITS ETF.
Estos ETFs están diseñados para inversores que buscan alternativas a la diversificación basada en la exposición ponderada por capitalización de mercado y desean que su exposición refleje la huella de la economía global, ponderando los países según su participación en el PIB global.
A raíz de este anuncio, Benoit Sorel, director de la línea de negocio de ETF e Indexación de Amundi, ha destacado: “El entorno de mercado actual exige a los inversores que refuercen la resiliencia de su cartera y se adapten a un panorama de inversión en el que la diversificación es una de las respuestas más eficaces. Respaldados por nuestro ADN de innovación en productos, nos complace presentar estas nuevas herramientas, que permiten a los clientes capturar el crecimiento global a largo plazo reflejando el peso económico de cada región, y ampliar la diversificación mediante una asignación equilibrada entre las distintas zonas geográficas”.
Un enfoque ponderado por el PIB refleja con mayor precisión la huella económica de cada región, aumentando la exposición a las economías emergentes y a Europa, áreas que siguen estando infrarrepresentadas en los índices tradicionales ponderados por capitalización de mercado a pesar de su contribución al crecimiento global. China y los países emergentes representan más del 40 % del PIB mundial y continúan ofreciendo las perspectivas de crecimiento más sólidas. Este enfoque puede ayudar a los inversores a aprovechar el potencial de crecimiento a largo plazo de estas economías, al tiempo que reduce la dependencia de un pequeño número de grandes empresas o de mercados dominantes dentro de una asignación global.
Creand Asset Management, gestora del grupo Creand en España, considera que los mercados financieros afrontan la segunda mitad del año en un entorno de mayor complejidad marcado por la evolución del conflicto en Oriente Medio, el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el comportamiento del precio del petróleo. En este escenario, mantiene una visión prudente, basada en la gestión activa, la diversificación y la selección de activos de calidad, pese a que los activos de riesgo hayan mostrado una notable resistencia y que las bolsas se hayan recuperado con fuerza desde los mínimos recientes. La entidad mantiene como escenario central una normalización gradual de la situación geopolítica, aunque considera prematuro descartar los riesgos.
En EE. UU., las previsiones de crecimiento del PIB para 2026 se sitúan en el 2,2%,impulsadas por el consumo y por la inversión en automatización, digitalización e infraestructuras energéticas, con especial énfasis en inversiones relacionadas con la inteligencia artificial. La entidad explica que el impacto de la guerra en Irán ha sido modesto hasta ahora y el mercado laboral norteamericano se mantiene estable, pero avisa de que la principal fuente de preocupación sigue siendo el encarecimiento de la energía. No obstante, la inflación subyacente —que excluye alimentos y combustibles— se sitúa en el 2,8% y mantiene una tendencia al alza.
En el caso del continente europeo, se mantiene una previsión de desaceleración, con un consenso entre los economistas sobre una reducción del crecimiento del 1,2% en enero al 0,9%. En este escenario, la inflación se aceleró al 3,0% interanual en abril de 2026, un aumento desde el 2,6% del mes anterior, reforzando una perspectiva de política monetaria restrictiva.
Luis Buceta, director general de negocio e inversiones de Creand Asset Management, señala que “el mercado está actuando como si el conflicto en Oriente Medio fuera a resolverse pronto, pero la clave no es solo si el petróleo repunta, sino cuánto tiempo se mantiene en niveles elevados. Un shock de oferta prolongado puede tener más impacto sobre el crecimiento que sobre la inflación a medio plazo, pero limita claramente el margen de actuación de los bancos centrales”.
Petróleo, inflación y bancos centrales: el tiempo es la variable clave
Creand Asset Management destaca que, pese al bloqueo del Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo no ha alcanzado los niveles más extremos que inicialmente podía descontar el mercado. La entidad apunta a varios factores que explican esta contención, entre ellos, la posibilidad de una desescalada, el papel de Estados Unidos como exportador de gas natural licuado y el uso de reservas por parte de China. No obstante, considera que el riesgo sigue abierto si la interrupción se prolonga durante más tiempo. En materia de inflación, la entidad observa repuntes en los últimos datos, aunque por ahora no los considera comparables al episodio vivido en 2022. El punto de partida de los bancos centrales es más cómodo que entonces, pero la persistencia de los precios energéticos puede obligarles a mantener una postura más restrictiva durante más tiempo.
En este contexto, desde la gestora creen que la Reserva Federal mantendrá los tipos sin cambios durante los próximos meses, apoyada en la solidez de la economía estadounidense y del mercado laboral. En el caso del Banco Central Europeo, la entidad no descarta que pueda verse forzado a actuar por una cuestión de credibilidad si la inflación vuelve a repuntar, aunque considera que, si se producen subidas, serían más limitadas de lo que descuenta actualmente el mercado.
Luis Buceta explica que “ni la Fed ni el BCE quieren endurecer su política monetaria, pero la primera se puede ver obligada a mantenerlos (una bajada aún con la presión de Trump no se puede argumentar con unos fundamentos de la economía estadounidense sólidos, pero una inflación alta) y el segundo a subirlos, si los precios del petróleo que están subiendo empiezan a impulsar gradualmente la inflación”.
Renta variable: neutralidad, selectividad y oportunidades fuera de los índices
Creand Asset Management mantiene una posición neutral en renta variable, tras el fuerte rebote de las últimas semanas. La entidad reconoce que los resultados empresariales, especialmente en Estados Unidos, han sido muy sólidos y que las revisiones de beneficios continúan al alza, apoyadas en parte por el impacto de la inteligencia artificial. No obstante, advierte de que las valoraciones son más exigentes y de que el riesgo geopolítico y energético sigue estando mal remunerado en los índices.
Miguel Ángel Rico, director de inversiones de Creand Asset Management, apunta que “las bolsas han vuelto muy rápido a máximos y las revisiones de beneficios siguen siendo muy positivas, pero creemos que el mercado está descontando un escenario bastante benigno. Por eso mantenemos una posición neutral en renta variable. No se trata de estar fuera del mercado, sino de estar invertidos de forma más selectiva. La inteligencia artificial invita a seguir invertidos en renta variable evitando comprar índices sin discriminar y aprovechando la dispersión por sectores, regiones y compañías”
La entidad considera que, si la situación en Oriente Medio se normaliza, Europa podría recuperar parte del terreno perdido frente a Estados Unidos, especialmente en aquellos sectores más penalizados por el conflicto y por la subida del precio de la energía. En este sentido, sigue viendo atractivo en el sector financiero europeo, que mantiene valoraciones razonables y una buena capacidad de generación de beneficios, así como en utilities, que pueden funcionar tanto en un escenario defensivo como en uno de caída de yields si se reduce la tensión geopolítica.
Los depósitos bancarios en España siguen ofreciendo una remuneración inferior a la media europea, pese a que todas las entidades de la zona euro operan bajo los mismos tipos oficiales del Banco Central Europeo (BCE). Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en abril de 2026 los nuevos depósitos de hogares a un plazo de hasta un año se pagaban en España al 1,78%, frente al 1,87% de media en el conjunto de la eurozona.
Aunque la diferencia media pueda parecer reducida, se amplía de forma clara al comparar con los países más competitivos. En los Países Bajos, la rentabilidad media de estos depósitos alcanzaba el 2,42%; en Finlandia, el 2,39%; y en Italia, el 2,25%. Francia también superaba a España, con un 2,18%. Así, un depósito de 100.000 euros a 1 añocontratado en Países Bajos rendiría 2.390 euros, frente a los 1.780 euros de un depósito contratado en nuestro país.
Esta brecha explica que algunos ahorradores busquen alternativas para mejorar la rentabilidad de su dinero. Mientras unos optan por aumentar su vinculación con el banco para conseguir mejores condiciones, otros exploran depósitos fuera de España, a menudo a través de plataformas que permiten contratar productos de entidades europeas desde un único entorno digital.
No obstante, un mayor tipo de interés no debería ser el único criterio de decisión. OCU recuerda que ofertas con rentabilidades muy superiores a la media —del 4% o más— deben analizarse con especial cautela. Antes de contratar, es imprescindible:
Verificar que se trata de un depósito bancario de la Unión Europea, lo que garantiza una protección de hasta 100.000 euros por titular y entidad.
Analizar los posibles riesgos, comprobando la entidad que recibe el dinero, el documento contractual, la divisa, el plazo, las condiciones de cancelación y las posibles penalizaciones.
Y valorar que las incidencias se gestionarán con una entidad de otro país, con otro idioma, con otra documentación y con un sistema nacional de garantía distinto.
En definitiva, el equipo de OCU Inversiones considera que los depósitos en el extranjero pueden ser una opción interesante, pero solo si la mejora de rentabilidad compensa la mayor complejidad, los trámites adicionales y la menor familiaridad con la entidad. De hecho, si la diferencia es de solo unas pocas décimas, puede que no merezca la penacomplicarse.
En cualquier caso, OCU reclama una competencia más transparente entre bancos y una información clara y comparable para los consumidores. Si las entidades trasladan con rapidez las subidas de tipos al crédito, también deberían remunerar de forma razonable el ahorro conservador. Y es que la libre circulación de capitales es un principio fundamental que debería aplicarse plenamente en el ámbito de los productos de inversión y seguros. Para ello, es necesario que los países de la UE trabajen para armonizar sus regulaciones en materia de inversión, seguros y fiscalidad. La eliminación de estas permitiría a los consumidores europeos beneficiarse de una mayor variedad de productos de inversión y ahorro a mejores precios, al tiempo que contribuiría a reforzar el papel de los propios bancos europeos a nivel global.
Esta información ha sido elaborada por un equipo de profesionales de OCU que, en colaboración con otras organizaciones europeas de consumidores y una red de laboratorios independientes, analizan desde 1975 los principales productos y servicios de consumo. Su trabajo se sustenta en los principios de ahorro, calidad, sostenibilidad y transparencia, pero sobre todo en la independencia que le proporcionan sus 180.000 socios activos.
Foto cedidaRubén Hernández Mosquero (izquierda) y Miguel Ángel Millán, chef y sumiller de EMi.
Existe una palabra danesa difícil de trasladar a otros idiomas: hygge. Más que un concepto, se trata de una sensación, ya que se refiere a calidez, bienestar, intimidad; evoca esos espacios acogedores donde todo invita a quedarse. En ciudades como Copenhague, es prácticamente una forma de entender la vida cotidiana. Pues bien, de algún modo esta “sensación” se ha convertido también en la puerta de entrada para comprender el universo de Rubén Hernández Mosquero y su proyecto en Madrid, EMi. Así nos lo transmite Rubén.
En EMi – el nombre es un homenaje a Emiliano, el hermano fallecido del chef – esa filosofía se traduce en una estética serena, de tonos neutros, maderas, luces suaves, con una cocina abierta a la sala que sugiere calma y coherencia. Y no sólo lo visual; es también la atmósfera que tratan de “construir” para que el comensal se sienta confortable.
Rubén lo tenía claro: tras muchos años en cocinas de alta gastronomía por todo el mundo, con un altísimo nivel de exigencia y, en muchas ocasiones, con altos niveles de estrés, quería que EMi fuese ese espacio donde se respirara justo lo contrario: un ambiente relajado, cómodo, sin dramatismos ni rigideces… El restaurante, de hecho, cuenta con una pequeña sala pensada para prolongar la sobremesa, sin prisas, ajenos al ritmo acelerado que muchas veces nos marca una ciudad como Madrid.
Desde principio a fin, la experiencia invita a traspasar el mero hecho de degustar un menú de alta cocina, por otro lado, magnífico. A ello contribuye también la participación de Miguel Ángel Millán como sumiller y jefe de sala quien, de forma casi casual (primero en DiverXo, donde Millán dirigía la bodega, y después en la gala The World’s 50 Best 2023, donde fue proclamado Mejor Sumiller del mundo), se cruza en la vida de Rubén para crear en EMi el engranaje perfecto. Juntos impulsan un proyecto y un equipo realmente potente. “Todo el equipo está compuesto por jefes de partida o niveles superiores. Ha supuesto una mayor inversión, pero queríamos que el proyecto funcionara como un reloj desde el primer día”, asegura Rubén. Y así ha sido. El equipo permanece intacto desde la apertura, algo poco habitual en la hostelería, lo que atribuyen, en parte, al hecho de haber priorizado la calidad de vida de sus trabajadores.
Por otro lado, la solidez de EMi, con tan solo 9 meses de vida, no es algo improvisado. Mosquero llevaba más de un año trabajando en los menús antes de abrir las puertas. “Me vine a España en marzo de 2024 y abrimos en agosto de 2025”, recuerda. Un periodo de preparación que ayudó a que el restaurante arrancara con una identidad muy definida y que, además, a los cuatro meses de su inauguración, recibiera su primera Estrella Michelin.
El bagaje sólido y diverso
Hasta llegar a EMi, el chef de origenextremeño (aunque se crio en Madrid, su familia es de un pequeño pueblo de Badajoz, Reina) pasó por algunas de las cocinas más influyentes del mundo. Sólo nombrarlas impresiona: Noma y Geranium(en Copenhague), Azurmendi de Eneko Atxa en Bilbao, Il Ristorante Luca Fantin en el Bulgari Ginza Tower de Tokyo, o Minibar by José Andrés, el concepto más vanguardista del universo José Andrés. Ya en su etapa más reciente antes de regresar a España, pasó por Atomix en Nueva York, donde fue jefe de I+D, lo que, de un modo u otro, marcó su manera de entender la cocina: más directa, más enfocada al producto y al ritmo del servicio. Sabiamente, Rubén se ha quedado con lo mejor de cada experiencia para dar forma a un concepto con mucha personalidad.
En realidad, su relación con la gastronomía empezó mucho antes de imaginarse al frente de una cocina. Mientras estudiaba Magisterio ya trabajaba como camarero, como una forma de generar ingresos y por, entonces, más atraído por el contacto con la gente que por una vocación culinaria. En casa, eso sí, la cocina siempre ocupó un lugar relevante para él. “Mi plato favorito del mundo son los boquerones fritos, pero mi madre odiaba limpiarlos, así que el trato estaba claro: o los limpiaba el pescadero o los limpiaba yo”, recuerda Rubén. Lejos estaba aún la idea de convertirse en cocinero profesional – se formó en la Taberna del Alabardero de Sevilla – y menos aún de crear su propio concepto gastronómico.
Con todo, su identidad le conecta inevitablemente con sus raíces en Extremadura. Parte de la memoria familiar – una madre que, aunque enfermera, cocina según el chef con una precisión intuitiva, una abuela cocinera profesional, un padre y un primo cazadores, un hermano que regentaba bares… –, nutriéndose, por otro lado, de todas esas experiencias acumuladas durante los 17 años que pasó fuera de España.
La experiencia EMi
Pero ¿qué vamos a encontrar en EMi?, ¿qué se cocina y se come aquí? Lo primero es entender el concepto: salvo un privado para 4-6 personas que se puede reservar, no existen mesas. La experiencia se disfruta en una gran barra de madera frente a la cocina vista – ideada para un máximo de 12 comensales –, y a través de un único menú degustación, diseñado para reflejar la experiencia, las influencias y la personalidad del chef.
El menú está compuesto por una secuencia de alrededor de 14 pases, incluyendo 3 snacks, 8 o 9 platos principales, un pre postre, un postre y varios petit fours. Definir la propuesta no es sencillo, pero podemos decir que en EMi se rinde homenaje a la Nueva Cocina nórdica, incorporando técnicas japonesas y coreanas, y también con alguna influencia francesa. Todo ello conservando las raíces del chef, algo que queda patente a través diferentes productos, como la caza o las setas, y también a través del gusto por los guisos.
No es casualidad, por ejemplo, que uno de los productos que nunca vaya a desaparecer del menú sea el ciervo. Y es que, más allá de lo puramente gastronómico, existe una historia detrás: el recuerdo de un primo fallecido, cazador, y una tradición familiar que sigue viva. “En casa siempre hay un arcón congelador para la caza”, asegura Rubén. Exquisito y delicado, por cierto, el “ciervo/colinabo encurtido/curry de bogavante”, plato con el que terminamos la parte salada del menú. Caza también encontramos en alguno de los snacks, como ese “venado/mostaza coreana/lentejuela”, o en el “æbleskiver/guiso de jabalí/setas”, una especie de buñuelo redondo típico de Dinamarca que rellena de puro campo.
El mar aparece en platos como el “pez limón/uvas de mar/pera nashi/tosazu”, la “vieria/Xo/chirivía/vin jaune”, o el “besugo/kimchi blanco/calamar/panceta ibérica”, donde está presente ese bagaje internacional. Hay un reflejo de la cocina coreana, japonesa o nórdica, pero integradas con naturalidad.
Los fermentos, aprendidos y perfeccionados durante su etapa en Noma, son otra de sus señas de identidad. Basta fijarse en los tarros de encurtidos y fermentaciones que se alinean en algunos rincones del restaurante, algunos de ellos iniciados incluso antes de la apertura de EMi. Aunque lejos de utilizarlos como un simple recurso estético, el chef destaca su sentido culinario: “Lo de fermentar solo por decir que reciclas me parece más un gesto que otra cosa. Aquí todo lo que hacemos tiene un sentido: o se utiliza o se descarta. No trabajamos nada como adorno; si no tiene un uso real, no lo hacemos”.
En cuanto a la parte dulce, ésta no pasa desapercibida; es más, constituye un elemento esencial del menú. No en vano, la primera persona del equipo a quien se contrató – actualmente son 11 (“once familias”, se enorgullece Rubén) – fue al jefe de pastelería, Jesús Chávez. Y, aproximadamente, un tercio del menú es dulce. Las influencias internacionales están patentes también aquí: “makgeolli/pino/manzana” (el makgeolli es una bebida tradicional coreana), “boletus/caramelo de algas/matcha/nueces” y una secuencia de petit fours de escándalo, incluyendo, entre otros, un “chocolate/ajo negro/sésamo” y un “alga kombu/crema pastelera/dashi” …
Sabor, territorio, fondo
Tres elementos cabrían destacar de la cocina de EMi. En primer lugar, la técnica al servicio del sabor. En segundo lugar, la apuesta por el producto de temporada y de territorio – casi todo es de productor nacional (Sapiens, BabyGreen, Higinio Gómez, Pescaderías Coruñesas, entre otros…), con alguna excepción como el caviar, que viene de un proveedor francés con el que lleva más de 10 años trabajando, o el alga que usan en pastelería que procede de Japón –. Y, finalmente, la fuerte presencia del guiso y el fondo. “Existen varios guisos que parten de la cocina aprendida de mi madre, aunque aquí la trabajamos de manera menos intuitiva, más precisa”, asegura Rubén.
Con un chef enamorado del arte, la arquitectura y la botánica, podríamos añadir un cuarto elemento, y es una estética muy cuidada, con influencias nórdicas y asiáticas, aunque como él mismo recalca, siempre “primero lo bueno y luego lo bonito”.
Estética en el contenido, pero también en el continente. La vajilla es, en su mayoría, artesanal y, al contrario que el producto, en gran parte procede de otros países. Trabajan con una ceramista de El Escorial y otra de Barcelona, pero también con la danesa Zelmer Olsen, toda una referente en cristalería, y con Stephan Andersson, uno de los mejores ceramistas del mundo, que se dio a conocer por su trabajo con el restaurante Frantzén, en Estocolmo (3 Estrellas Michelin). “Tengo la suerte de ser amigo de Stephan y nos hace piezas exclusivas para EMi”, explica Rubén, quien reconoce tener tres vicios, eso sí, todos buenos: los libros (algunos de ellos en el restaurante), las plantas y la cerámica.
Sobre la propuesta de un único menú, Mosquero lo tiene claro: “El menú degustación no está muerto”. Y pone ejemplos como el de DiverXO o el de Sen Omakase. “Es la manera más directa de entender determinados conceptos gastronómicos”. La clave, según el chef, está en lograr el equilibrio y en hacer que el menú evolucione de manera coherente. En su caso, no existen cambios bruscos, sino una rotación muy pensada. “De esta manera, si vuelves al cabo de dos meses, encuentras cambios sin perder coherencia”, comenta Rubén, quien tiene ya confeccionados los menús hasta después del verano. En cualquier caso, aunque ofrecen un único menú, en realidad disponen de varias versiones diseñadas para poder adaptarse al cliente, sobre todo al más recurrente.
Millán, el buscador de joyas líquidas
Otro de los aspectos peculiares de EMi es su organización interna. La cocina se divide en cuatro partidas: fríos, calientes, pastelería y sala. Sí, sala dentro de la cocina. Un planteamiento poco habitual que responde a la importancia que Mosquero le confiere a la experiencia líquida.
Y ahí es donde entra en escena Miguel Ángel Millán, jefe de sala y sumillería, al que Rubén un día le pide ayuda para encontrar un perfil de sala y acaba convirtiéndose en elemento clave del proyecto. Millán no tenía intención de volver a un restaurante. De hecho, tras muchos años en la élite (Jockey, Santceloni, Kabuki Wellington o DiverXo), estaba centrado en la formación y la asesoría. Pero al conocer el proyecto algo se le activa. “Llegué a casa y le dije a mi mujer: me han puesto el restaurante perfecto encima de la mesa”, recuerda. Lo que encuentra, asegura, que le atrapa: una barra para pocos comensales, un espacio casi teatral y una libertad absoluta para construir una bodega como pocas en Madrid.
En EMi, la bodega supera hoy las 1.200 referencias; más de 3.500 botellas para apenas 12 o 18 comensales. Pero no es el número, sino lo que hay detrás de cada botella que, como afirma Millán, “siempre es única y especial”. Todo ello articulado en una carta en constante evolución y tres maridaje: 175, 300 y 600 euros, cada uno de ellos con 14 vinos distintos.
Ningún maridaje, por cierto, es igual a otro. Millán, viajero incansable y buscador de joyas líquidas, es muy preciso, pero también muy dinámico e intuitivo con el cliente, lo que le permite interpretar su perfil y ajustar cada experiencia: ¡Cada plato puede tener hasta diez opciones de vino diferentes! El resultado es una oferta abrumadora con más de 200 vinos por copas en cada servicio, incluyendo Champagne, Jerez, Riojas viejos, Burdeos, Sakes, Riesling, referencias españolas fuera de lo habitual, etc
“Llevo años recibiendo clientes con una horquilla muy amplia, desde el cocinero joven que ahorra durante meses para poder disfrutar un día de su restaurante favorito, al cliente internacional que viene en avión privado. Esa diversidad me encanta, que todo el mundo se sienta especial tomando algo especial”, asegura Millán. Porque, como puntualiza: “Si lo he escogido y está en la carta es especial, con independencia de su precio”.
La propia evolución de Miguel Ángel también ha influido en la manera en que hoy gestiona la carta de vinos. Durante años, y como muchos otros sumilleres de primer nivel, protegía las botellas más exclusivas, reservándolas casi como tesoros intocables. Hoy su enfoque es muy diferente: “abrir, compartir y disfrutar”. “¿Qué hay más bonito que abrir una botella única para 14 personas?”, reflexiona el jefe de sala de EMi.
Por otro lado, Millán es único para construir relatos que van más allá de lo técnico; con cada vino desarrolla un hilo conductor que construye en su cabeza, casi como un cuento. De hecho, dedica un día a la semana a ese proceso creativo junto a su equipo – Patricia Gracia (ex Kabuki) es aquí su mano derecha –, en un espacio de I+D situado en la segunda planta del restaurante. “La comida es el lienzo y el vino es el color con el que se pinta”, resume.
¿EMi? Miguel Ángel lo define de manera muy rotunda: “Aquí te lo pasas bien”. Y no es una frase baladí, en un sector donde la excelencia a veces se confunde con rigidez. Una experiencia de alto nivel donde hay espacio para el disfrute, para alargar el café, o quedarse dos horas después de la comida simplemente por el placer de estar. Y aquí es donde el “hygge” cobra su sentido, como una forma de entender la hospitalidad.
EMi,C. de Gaztambide, 64, Madrid
Menú degustación:195 euros Horario: martes a sábado, comidas y cenas.
Foto cedidaRubén Hernández Mosquero (izquierda) y Miguel Ángel Millán, chef y sumiller de EMi.
Existe una palabra danesa difícil de trasladar a otros idiomas: hygge. Más que un concepto, se trata de una sensación, ya que se refiere a calidez, bienestar, intimidad; evoca esos espacios acogedores donde todo invita a quedarse. En ciudades como Copenhague, es prácticamente una forma de entender la vida cotidiana. Pues bien, de algún modo esta “sensación” se ha convertido también en la puerta de entrada para comprender el universo de Rubén Hernández Mosquero y su proyecto en Madrid, EMi. Así nos lo transmite Rubén.
En EMi – el nombre es un homenaje a Emiliano, el hermano fallecido del chef – esa filosofía se traduce en una estética serena, de tonos neutros, maderas, luces suaves, con una cocina abierta a la sala que sugiere calma y coherencia. Y no sólo lo visual; es también la atmósfera que tratan de “construir” para que el comensal se sienta confortable.
Rubén lo tenía claro: tras muchos años en cocinas de alta gastronomía por todo el mundo, con un altísimo nivel de exigencia y, en muchas ocasiones, con altos niveles de estrés, quería que EMi fuese ese espacio donde se respirara justo lo contrario: un ambiente relajado, cómodo, sin dramatismos ni rigideces… El restaurante, de hecho, cuenta con una pequeña sala pensada para prolongar la sobremesa, sin prisas, ajenos al ritmo acelerado que muchas veces nos marca una ciudad como Madrid.
Desde principio a fin, la experiencia invita a traspasar el mero hecho de degustar un menú de alta cocina, por otro lado, magnífico. A ello contribuye también la participación de Miguel Ángel Millán como sumiller y jefe de sala quien, de forma casi casual (primero en DiverXo, donde Millán dirigía la bodega, y después en la gala The World’s 50 Best 2023, donde fue proclamado Mejor Sumiller del mundo), se cruza en la vida de Rubén para crear en EMi el engranaje perfecto. Juntos impulsan un proyecto y un equipo realmente potente. “Todo el equipo está compuesto por jefes de partida o niveles superiores. Ha supuesto una mayor inversión, pero queríamos que el proyecto funcionara como un reloj desde el primer día”, asegura Rubén. Y así ha sido. El equipo permanece intacto desde la apertura, algo poco habitual en la hostelería, lo que atribuyen, en parte, al hecho de haber priorizado la calidad de vida de sus trabajadores.
Por otro lado, la solidez de EMi, con tan solo 9 meses de vida, no es algo improvisado. Mosquero llevaba más de un año trabajando en los menús antes de abrir las puertas. “Me vine a España en marzo de 2024 y abrimos en agosto de 2025”, recuerda. Un periodo de preparación que ayudó a que el restaurante arrancara con una identidad muy definida y que, además, a los cuatro meses de su inauguración, recibiera su primera Estrella Michelin.
El bagaje sólido y diverso
Hasta llegar a EMi, el chef de origenextremeño (aunque se crio en Madrid, su familia es de un pequeño pueblo de Badajoz, Reina) pasó por algunas de las cocinas más influyentes del mundo. Sólo nombrarlas impresiona: Noma y Geranium(en Copenhague), Azurmendi de Eneko Atxa en Bilbao, Il Ristorante Luca Fantin en el Bulgari Ginza Tower de Tokyo, o Minibar by José Andrés, el concepto más vanguardista del universo José Andrés. Ya en su etapa más reciente antes de regresar a España, pasó por Atomix en Nueva York, donde fue jefe de I+D, lo que, de un modo u otro, marcó su manera de entender la cocina: más directa, más enfocada al producto y al ritmo del servicio. Sabiamente, Rubén se ha quedado con lo mejor de cada experiencia para dar forma a un concepto con mucha personalidad.
En realidad, su relación con la gastronomía empezó mucho antes de imaginarse al frente de una cocina. Mientras estudiaba Magisterio ya trabajaba como camarero, como una forma de generar ingresos y por, entonces, más atraído por el contacto con la gente que por una vocación culinaria. En casa, eso sí, la cocina siempre ocupó un lugar relevante para él. “Mi plato favorito del mundo son los boquerones fritos, pero mi madre odiaba limpiarlos, así que el trato estaba claro: o los limpiaba el pescadero o los limpiaba yo”, recuerda Rubén. Lejos estaba aún la idea de convertirse en cocinero profesional – se formó en la Taberna del Alabardero de Sevilla – y menos aún de crear su propio concepto gastronómico.
Con todo, su identidad le conecta inevitablemente con sus raíces en Extremadura. Parte de la memoria familiar – una madre que, aunque enfermera, cocina según el chef con una precisión intuitiva, una abuela cocinera profesional, un padre y un primo cazadores, un hermano que regentaba bares… –, nutriéndose, por otro lado, de todas esas experiencias acumuladas durante los 17 años que pasó fuera de España.
La experiencia EMi
Pero ¿qué vamos a encontrar en EMi?, ¿qué se cocina y se come aquí? Lo primero es entender el concepto: salvo un privado para 4-6 personas que se puede reservar, no existen mesas. La experiencia se disfruta en una gran barra de madera frente a la cocina vista – ideada para un máximo de 12 comensales –, y a través de un único menú degustación, diseñado para reflejar la experiencia, las influencias y la personalidad del chef.
El menú está compuesto por una secuencia de alrededor de 14 pases, incluyendo 3 snacks, 8 o 9 platos principales, un pre postre, un postre y varios petit fours. Definir la propuesta no es sencillo, pero podemos decir que en EMi se rinde homenaje a la Nueva Cocina nórdica, incorporando técnicas japonesas y coreanas, y también con alguna influencia francesa. Todo ello conservando las raíces del chef, algo que queda patente a través diferentes productos, como la caza o las setas, y también a través del gusto por los guisos.
No es casualidad, por ejemplo, que uno de los productos que nunca vaya a desaparecer del menú sea el ciervo. Y es que, más allá de lo puramente gastronómico, existe una historia detrás: el recuerdo de un primo fallecido, cazador, y una tradición familiar que sigue viva. “En casa siempre hay un arcón congelador para la caza”, asegura Rubén. Exquisito y delicado, por cierto, el “ciervo/colinabo encurtido/curry de bogavante”, plato con el que terminamos la parte salada del menú. Caza también encontramos en alguno de los snacks, como ese “venado/mostaza coreana/lentejuela”, o en el “æbleskiver/guiso de jabalí/setas”, una especie de buñuelo redondo típico de Dinamarca que rellena de puro campo.
El mar aparece en platos como el “pez limón/uvas de mar/pera nashi/tosazu”, la “vieria/Xo/chirivía/vin jaune”, o el “besugo/kimchi blanco/calamar/panceta ibérica”, donde está presente ese bagaje internacional. Hay un reflejo de la cocina coreana, japonesa o nórdica, pero integradas con naturalidad.
Los fermentos, aprendidos y perfeccionados durante su etapa en Noma, son otra de sus señas de identidad. Basta fijarse en los tarros de encurtidos y fermentaciones que se alinean en algunos rincones del restaurante, algunos de ellos iniciados incluso antes de la apertura de EMi. Aunque lejos de utilizarlos como un simple recurso estético, el chef destaca su sentido culinario: “Lo de fermentar solo por decir que reciclas me parece más un gesto que otra cosa. Aquí todo lo que hacemos tiene un sentido: o se utiliza o se descarta. No trabajamos nada como adorno; si no tiene un uso real, no lo hacemos”.
En cuanto a la parte dulce, ésta no pasa desapercibida; es más, constituye un elemento esencial del menú. No en vano, la primera persona del equipo a quien se contrató – actualmente son 11 (“once familias”, se enorgullece Rubén) – fue al jefe de pastelería, Jesús Chávez. Y, aproximadamente, un tercio del menú es dulce. Las influencias internacionales están patentes también aquí: “makgeolli/pino/manzana” (el makgeolli es una bebida tradicional coreana), “boletus/caramelo de algas/matcha/nueces” y una secuencia de petit fours de escándalo, incluyendo, entre otros, un “chocolate/ajo negro/sésamo” y un “alga kombu/crema pastelera/dashi” …
Sabor, territorio, fondo
Tres elementos cabrían destacar de la cocina de EMi. En primer lugar, la técnica al servicio del sabor. En segundo lugar, la apuesta por el producto de temporada y de territorio – casi todo es de productor nacional (Sapiens, BabyGreen, Higinio Gómez, Pescaderías Coruñesas, entre otros…), con alguna excepción como el caviar, que viene de un proveedor francés con el que lleva más de 10 años trabajando, o el alga que usan en pastelería que procede de Japón –. Y, finalmente, la fuerte presencia del guiso y el fondo. “Existen varios guisos que parten de la cocina aprendida de mi madre, aunque aquí la trabajamos de manera menos intuitiva, más precisa”, asegura Rubén.
Con un chef enamorado del arte, la arquitectura y la botánica, podríamos añadir un cuarto elemento, y es una estética muy cuidada, con influencias nórdicas y asiáticas, aunque como él mismo recalca, siempre “primero lo bueno y luego lo bonito”.
Estética en el contenido, pero también en el continente. La vajilla es, en su mayoría, artesanal y, al contrario que el producto, en gran parte procede de otros países. Trabajan con una ceramista de El Escorial y otra de Barcelona, pero también con la danesa Zelmer Olsen, toda una referente en cristalería, y con Stephan Andersson, uno de los mejores ceramistas del mundo, que se dio a conocer por su trabajo con el restaurante Frantzén, en Estocolmo (3 Estrellas Michelin). “Tengo la suerte de ser amigo de Stephan y nos hace piezas exclusivas para EMi”, explica Rubén, quien reconoce tener tres vicios, eso sí, todos buenos: los libros (algunos de ellos en el restaurante), las plantas y la cerámica.
Sobre la propuesta de un único menú, Mosquero lo tiene claro: “El menú degustación no está muerto”. Y pone ejemplos como el de DiverXO o el de Sen Omakase. “Es la manera más directa de entender determinados conceptos gastronómicos”. La clave, según el chef, está en lograr el equilibrio y en hacer que el menú evolucione de manera coherente. En su caso, no existen cambios bruscos, sino una rotación muy pensada. “De esta manera, si vuelves al cabo de dos meses, encuentras cambios sin perder coherencia”, comenta Rubén, quien tiene ya confeccionados los menús hasta después del verano. En cualquier caso, aunque ofrecen un único menú, en realidad disponen de varias versiones diseñadas para poder adaptarse al cliente, sobre todo al más recurrente.
Millán, el buscador de joyas líquidas
Otro de los aspectos peculiares de EMi es su organización interna. La cocina se divide en cuatro partidas: fríos, calientes, pastelería y sala. Sí, sala dentro de la cocina. Un planteamiento poco habitual que responde a la importancia que Mosquero le confiere a la experiencia líquida.
Y ahí es donde entra en escena Miguel Ángel Millán, jefe de sala y sumillería, al que Rubén un día le pide ayuda para encontrar un perfil de sala y acaba convirtiéndose en elemento clave del proyecto. Millán no tenía intención de volver a un restaurante. De hecho, tras muchos años en la élite (Jockey, Santceloni, Kabuki Wellington o DiverXo), estaba centrado en la formación y la asesoría. Pero al conocer el proyecto algo se le activa. “Llegué a casa y le dije a mi mujer: me han puesto el restaurante perfecto encima de la mesa”, recuerda. Lo que encuentra, asegura, que le atrapa: una barra para pocos comensales, un espacio casi teatral y una libertad absoluta para construir una bodega como pocas en Madrid.
En EMi, la bodega supera hoy las 1.200 referencias; más de 3.500 botellas para apenas 12 o 18 comensales. Pero no es el número, sino lo que hay detrás de cada botella que, como afirma Millán, “siempre es única y especial”. Todo ello articulado en una carta en constante evolución y tres maridaje: 175, 300 y 600 euros, cada uno de ellos con 14 vinos distintos.
Ningún maridaje, por cierto, es igual a otro. Millán, viajero incansable y buscador de joyas líquidas, es muy preciso, pero también muy dinámico e intuitivo con el cliente, lo que le permite interpretar su perfil y ajustar cada experiencia: ¡Cada plato puede tener hasta diez opciones de vino diferentes! El resultado es una oferta abrumadora con más de 200 vinos por copas en cada servicio, incluyendo Champagne, Jerez, Riojas viejos, Burdeos, Sakes, Riesling, referencias españolas fuera de lo habitual, etc
“Llevo años recibiendo clientes con una horquilla muy amplia, desde el cocinero joven que ahorra durante meses para poder disfrutar un día de su restaurante favorito, al cliente internacional que viene en avión privado. Esa diversidad me encanta, que todo el mundo se sienta especial tomando algo especial”, asegura Millán. Porque, como puntualiza: “Si lo he escogido y está en la carta es especial, con independencia de su precio”.
La propia evolución de Miguel Ángel también ha influido en la manera en que hoy gestiona la carta de vinos. Durante años, y como muchos otros sumilleres de primer nivel, protegía las botellas más exclusivas, reservándolas casi como tesoros intocables. Hoy su enfoque es muy diferente: “abrir, compartir y disfrutar”. “¿Qué hay más bonito que abrir una botella única para 14 personas?”, reflexiona el jefe de sala de EMi.
Por otro lado, Millán es único para construir relatos que van más allá de lo técnico; con cada vino desarrolla un hilo conductor que construye en su cabeza, casi como un cuento. De hecho, dedica un día a la semana a ese proceso creativo junto a su equipo – Patricia Gracia (ex Kabuki) es aquí su mano derecha –, en un espacio de I+D situado en la segunda planta del restaurante. “La comida es el lienzo y el vino es el color con el que se pinta”, resume.
¿EMi? Miguel Ángel lo define de manera muy rotunda: “Aquí te lo pasas bien”. Y no es una frase baladí, en un sector donde la excelencia a veces se confunde con rigidez. Una experiencia de alto nivel donde hay espacio para el disfrute, para alargar el café, o quedarse dos horas después de la comida simplemente por el placer de estar. Y aquí es donde el “hygge” cobra su sentido, como una forma de entender la hospitalidad.
EMi,C. de Gaztambide, 64, Madrid
Menú degustación:195 euros Horario: martes a sábado, comidas y cenas.
Invesco ha ampliado su gama de ETFs activos con el lanzamiento de Invesco EUR IG Corporate Bond Active UCITS ETF e Invesco EUR IG Corporate Bond Short Duration Active UCITS ETF, dos estrategias diseñadas para ofrecer una exposición diferenciada al mercado europeo de bonos corporativos con grado de inversión. Ambos fondos estarán gestionados por el equipo europeo de renta fija de la gestora, con sede en Reino Unido, y comparten un enfoque de inversión similar, aunque el segundo se concentra en emisiones con vencimientos más cortos.
El lanzamiento se produce en un contexto de fuerte crecimiento del mercado de ETFs activos en Europa. Según datos recopilados por Invesco, los UCITS ETFs gestionados activamente han más que duplicado su patrimonio desde finales de 2024 y superaban los 110.000 millones de dólares en activos bajo gestión a cierre de abril de 2026, distribuidos entre más de 390 productos. Además, en lo que va de año el segmento ha registrado un crecimiento del 8,4% impulsado por entradas netas de capital, frente al 4,6% registrado por los ETFs pasivos.
Gary Buxton, responsable de producto para EMEA en Invesco, destacó que la firma cuenta con una amplia experiencia en la gestión de estrategias activas y en el desarrollo de ETFs. Según explicó, el creciente interés de los inversores por este formato responde tanto a la búsqueda de generación de alfa como a las ventajas estructurales que ofrecen los ETFs en términos de liquidez, transparencia y eficiencia operativa.
La gestión de ambos fondos combinará análisis macroeconómico, investigación fundamental crediticia, selección individual de emisiones y control de riesgos. El objetivo será generar valor mediante decisiones activas en áreas como la selección de bonos, la asignación sectorial, la calidad crediticia y el posicionamiento a lo largo de la curva de tipos.
Tom Hemmant, gestor de carteras de Invesco, explicó que la estrategia se basa en un enfoque que el equipo lleva aplicando desde hace más de dos décadas, aunque adaptado a las necesidades específicas de liquidez propias de los ETFs. El gestor señaló que la integración de la investigación macroeconómica y del análisis crediticio bottom-up constituye el núcleo del proceso de inversión y guía las decisiones de asignación de activos.
A diferencia de los ETFs tradicionales, ambos vehículos no buscan replicar un índice ni están condicionados por él. No obstante, los inversores podrán utilizar el Bloomberg Euro Corporate Index como referencia comparativa para el ETF general y el Bloomberg Euro Corporate Bond 1-5 Year Index para la estrategia de corta duración.
Los dos fondos han sido clasificados como Artículo 8 bajo el Reglamento europeo de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), lo que implica que promueven características ambientales y/o sociales dentro de su proceso de inversión.
Para Laure Peyranne, responsable de ETFs para Iberia, Latinoamérica y US Offshore en Invesco, la evolución del mercado europeo demuestra que los inversores demandan cada vez más estrategias activas diferenciadas dentro del formato ETF. En su opinión, tras el éxito de las estrategias cuantitativas de renta variable y de segmentos especializados de renta fija como los CLOs, el siguiente paso natural es la expansión de soluciones basadas en gestión activa fundamental tradicional.
Con estos lanzamientos, Invesco eleva a 49 su oferta de UCITS ETFs de renta fija, reforzando una gama que ya incluye exposiciones a deuda soberana europea, crédito corporativo investment grade, CoCos AT1 y CLOs con calificación AAA, además de diversas estrategias smart beta orientadas a mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo. La incorporación de estos nuevos productos amplía las alternativas disponibles para los inversores que buscan acceder al mercado de crédito corporativo europeo mediante una gestión activa dentro del formato ETF.