La sombra de ‘Terminator’ y la legislación se cuelan en el ciclo de inversión de la IA
| Por Beatriz Zúñiga | 0 Comentarios

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una temática habitual a tratar con las firmas de inversión. Cuando les preguntamos sobre si hemos llegado al tope de inversión en esta temática, tanto desde el ángulo de la renta fija como de la renta variable, nos insisten en que no. Argumentan que aún queda margen y oportunidades de inversión en el universo de la IA, incluso después de las advertencias de figuras clave de la industria —como Dario Amodei (CEO de Anthropic), Sam Altman (CEO de OpenAI) y Elon Musk (xAI)— sobre la necesidad de ralentizar el desarrollo por riesgos de seguridad.
El impacto de la actual oleada de inversión en inteligencia artificial podría ser superior a los 20 billones de dólares. Según reconocen desde Capital Group, el gasto de capital de las grandes tecnológicas se está acelerando a un ritmo que podría superar el proceso de industrialización de China y alcanzar los 30 billones de dólares en 2032, apuntan como referencia.
“No cabe duda de que la inteligencia artificial se está convirtiendo en uno de los principales motores de la actividad económica. No obstante, no debe entenderse únicamente como una temática tecnológica, sino como un ciclo de inversión con amplias repercusiones en el conjunto de la economía. El ecosistema de la inteligencia artificial abarca múltiples niveles, desde el diseño de semiconductores y el desarrollo de software al suministro de energía, la construcción de infraestructuras y los sectores que integran la nueva tecnología en sus actividades, como los medios de comunicación y los servicios financieros”, recuerdan.
¿Debate o marketing?
Esta gran oportunidad de inversión ha convivido estos días con la sugerencia de moderar el ritmo de desarrollo tecnológico, lo que tuvo un cierto impacto en las empresas de semiconductores, mientras que favoreció a las compañías de software. “Los grandes desarrolladores de modelos disponen de escasos incentivos para ralentizar voluntariamente una tecnología que consideran estratégica, especialmente cuando los competidores chinos se encuentran a tan solo seis u ocho meses de distancia”, señalan desde Banca March.
Este debate, sumado a un horizonte de tipos de interés más altos, podría, según el último análisis de Banca March, “convertirse en el escenario perfecto para una corrección momentánea en las bolsas”. Ahora bien, los expertos de la entidad quitan hierro y apuntan que “la narrativa sobre una posible desaceleración en el desarrollo de la IA parece responder más a una estrategia de marketing institucional previa a dos de las mayores salidas a bolsa de la historia que a una realidad operativa”.
“La competencia en este ámbito es extraordinariamente intensa, global y descentralizada, lo que dificulta enormemente cualquier intento de coordinación entre los principales actores. Más aún cuando la Administración Trump se ha mostrado abiertamente contraria, lo que descarta intervenciones gubernamentales sobre el sector”, añaden.
En opinión de Flavien del Pino, responsable de BDL Capital Management para España, la reciente corrección de las compañías tecnológicas más expuestas a la IA no responde únicamente a un movimiento coyuntural de mercado, sino que refleja una duda fundamental sobre la rentabilidad real de esta tecnología.
“El ritmo de gasto de los hyperscalers se está acelerando hasta niveles sin precedentes y está destruyendo la generación de free cash flow, acumulando una deuda que rozará los 2 billones de dólares. Para justificar los 7 billones de dólares que se invertirán en centros de datos hasta 2030 con un retorno (ROCE) de solo el 10%, el sector necesitaría generar 3,6 billones de dólares anuales en nuevos ingresos, cifra superior a todo el mercado mundial actual de software y servicios IT”, explica sobre la incertidumbre sobre el retorno del capital que esto genera.
Freno a la inversión
Entonces, ¿hay algún factor que podría frenar realmente la inversión en IA? Según los expertos, en este sentido, una cuestión clave será las regulaciones nacionales. En concreto, las perspectivas de regulación de la inteligencia artificial en Estados Unidos y las posibles restricciones al desarrollo de centros de datos. En opinión de Libby Cantrill, responsable de Políticas Públicas de PIMCO, aunque el Congreso estadounidense puede empezar a centrarse más intensamente en la seguridad de la IA y la participación del Gobierno federal parece inevitable en algún momento, «no es probable que veamos un marco regulatorio federal integral convertido en ley a corto plazo». De cara al próximo Congreso, apunta que probablemente habrá una mayor atención sobre esta cuestión, aunque «por ahora la regulación de la IA no parece inminente».
Ante la falta de avances a nivel federal, Cantrill considera que «es probable que los estados sigan avanzando con legislación sobre seguridad de la IA» y liderando las restricciones sobre los centros de datos. En este ámbito, ciudades de 32 estados ya han avanzado en la adopción de moratorias y hasta 26 estados están considerando actualmente moratorias a nivel estatal.
En este contexto, Cantrill anticipa que «en 2027, dada la situación política, podríamos ver más fricciones en el desarrollo de infraestructuras de IA, con un probable aumento generalizado de los costes de construcción de centros de datos» y, en algunos casos, estados que opten por detenerlos por completo. Esto implicaría, según concluye, «un mosaico más complejo tanto para las empresas como para los inversores».
Implicaciones para el inversor
Desde la óptica del inversor, Andrew Heiskell, estratega de renta variable, Wellington Management, y Brian Barbetta, Global Industry Analyst, Wellington Management, consideran que el debate ya no se centra en si la IA es relevante, sino en una cuestión más compleja: ¿qué eslabones del ecosistema capturarán el valor generado?
“En un entorno tan dinámico, es poco probable que el progreso tecnológico a largo plazo y las expectativas de los mercados públicos a corto plazo avancen al mismo ritmo. En su lugar, cabe esperar que sigan produciéndose momentos en los que el sentimiento de los inversores sobrevalore o infravalore las cambiantes realidades empresariales y tecnológicas”, sostienen ambos expertos de Wellington Management.
Su planteamiento es que para invertir en el universo en constante evolución de la IA no solo requiere una selección de valores, una sólida capacidad de análisis y una gestión activa de primer nivel, sino también una comprensión integral de su ecosistema, ya que puede ofrecer a los inversores mayor serenidad frente a la volatilidad y la ambigüedad del mercado. “Es poco probable que la mera diversificación en una cesta de valores con exposición a la IA permita aprovechar todo el potencial de esta tecnología única y transformadora. En cambio, los gestores activos que posean sólidas capacidades de análisis y sean conscientes de que el liderazgo variará a medida que evolucione la tecnología y cambien las condiciones del mercado, estarán en una mejor posición para generar rentabilidad y gestionar el riesgo en esta nueva era de la IA”, defienden.
Además, para los inversores, cada vez resulta más difícil evitar por completo a las grandes empresas tecnológicas, dado su peso en los índices bursátiles globales y su papel fundamental a la hora de impulsar la productividad, la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, “los inversores no necesitan concentrar su exposición en un puñado de empresas estadounidenses de gran capitalización para participar en las tendencias a largo plazo de la digitalización y la inteligencia artificial”, advierte Yan Taw Boon, director de estrategias temáticas para Asia en Neuberger.
En su opinión, actualmente, uno de los avances más importantes es que el auge de las infraestructuras de IA se está extendiendo más allá de la propia tecnología. “La inversión se está dirigiendo cada vez más hacia sectores como la energía, la construcción, la automatización industrial y la fabricación de componentes especializados necesarios para construir y gestionar centros de datos de IA. Esto genera un abanico más amplio de oportunidades para los inversores que buscan exponerse al crecimiento relacionado con la IA, al tiempo que reduce la dependencia de un pequeño grupo de valores tecnológicos dominantes”, explica el experto de Neuberger.
Para Taw será clave diversificar la exposición entre distintas zonas geográficas, sectores y capitalizaciones bursátiles, para que “los inversores puedan participar en el crecimiento estructural del sector tecnológico y, al mismo tiempo, mitigar el riesgo de concentración”.












