Tendencias en ETFs: lo bueno, lo malo y lo prematuro para juzgar
| Por Rocío Martínez | 0 Comentarios

A principios de la década de los ‘90 se lanzó en la bolsa de Toronto el primer fondo cotizado del mundo. Solo tres años más tarde, debutó el primer ETF estadounidense: el SPDR S&P 500 ETF Trust. Desde esos humildes comienzos, los ETFs han recorrido un largo camino. La industria muy probablemente haya cerrado 2025 con cifras récord de activos bajo gestión, tanto en Estados Unidos como en otras regiones del mundo. Un escenario que no está exento de tendencias de fondo que serán capaces de seguir transformando el sector. Los analistas de Morningstar han dado sus veredictos sobre lo positivo y lo negativo que tienen por delante estas tendencias, así como cuáles de ellas son aún incipientes.
ETFs activos
Están actualmente en el punto de mira de los inversores, con cifras de activos bajo gestión que muy probablemente alcancen récords tanto en Estados Unidos como en Europa. Aunque los ETFs activos existen desde hace casi dos décadas, han recibido un impulso reciente gracias a la regulación: por ejemplo, la SEC estadounidense introdujo en 2029 la Norma 6c-11, también conocida «la norma ETF». Este cambio normativo “agilizó el proceso de aprobación de los ETFs y permitió a todos los fondos sujetos a la norma aprovechar las cestas de creación y reembolso adaptadas con el fin de mejorar la eficiencia fiscal prospectiva de sus fondos”, según explican en Morningstar.
En este apartado, la opinión de los analistas de Morningstar apunta a que los ETFs activos “pueden ser un salvavidas para los gestores activos”. En conjunto, los fondos de gestión activa no han logrado superar en rentabilidad a sus índices de forma notable, tal y como recuerda la firma, si bien algunos gestores activos sí han conseguido buenos resultados relativos.
Los ETFs activos están más asentados en Estados Unidos y crecen en Europa. En general, el mercado es todavía joven, y muchos ETFs activos han nacido en un mercado alcista, pero los analistas de Morningstar esperan que crezcan tanto en tamaño como en número. “La disponibilidad de más opciones puede ser beneficiosa para los inversores, pero probablemente conducirá a un entorno más complejo y competitivo”, admiten en la firma.
Si bien la estructura de los ETFs puede a menudo aportar transparencia, menores costes y, en algunos países, eficiencia fiscal, en la firma puntualizan que no hay garantía de que su gestión activa vaya a procurar rentabilidades relativas positivas. “Es esencial que los inversores y los asesores lleven a cabo un riguroso proceso de due diligence para elegir al gestor adecuado”, sentencian.
¿Son compatibles los mercados privados y los ETFs?
A medida que convergen los mercados cotizados y privados, surgen nuevas formas de acceder a estos últimos. En 2025, State Street y Apollo lanzaron el primer ETF de crédito privado del mundo, SPDR SSGA IG Public & Private Credit ETF.
El objetivo de este producto es invertir en crédito cotizado y privado a través de un ETF. La parte pública incluye valores de renta fija como bonos corporativos y préstamos bancarios sindicados, “nada fuera de lo común en el ámbito de los ETFs”. Sin embargo, la parte privada es la interesante. Tradicionalmente, el crédito privado ha estado fuera del alcance de la mayoría de los inversores, pero este ETF espera cambiar esa situación. Aunque este fondo cotizado sin precedentes podría marcar el comienzo de una nueva era en la inversión en mercados privados, existen importantes preocupaciones, sobre todo en torno a la liquidez y los reembolsos, dado que el crédito privado es difícil de negociar.
Con estas premisas, el veredicto de los analistas de Morningstar ante esta tendencia incipiente en la industria de los ETFs es que si bien la convergencia de los mercados cotizados y privados está en marcha, “al igual que la SEC, tenemos dudas acerca de la estructura, si bien es demasiado pronto para determinar si tendrá éxito o si será flor de un día”.
La creciente oferta de ETFs de rentabilidad definida
Los ETFs de rentabilidad definida utilizan opciones para limitar las pérdidas de una cartera durante un período determinado a cambio de limitar las ganancias, y forman parte de la categoría de instrumentos de gestión activa. Están diseñados para ser comprados y vendidos al principio y al final de un período determinado. Hasta ahora, han demostrado ser muy populares entre los inversores, especialmente entre los que tienen una aversión al riesgo extrema o un plazo de inversión más corto.
Para los analistas de Morningstar, los ETFs de rentabilidad definida han funcionado… hasta ahora. Su análisis demuestra que el monto medio invertido en ETFs de rentabilidad definida ha ganado alrededor de un 10,7% al año, superando la rentabilidad total agregada del 9,4% anual de los ETFs. Sin embargo, advierten a los inversores de que los ETFs de rentabilidad definida conllevan comisiones más elevadas, una estructura compleja, exposición parcial a las pérdidas bursátiles y la ausencia de dividendos por acciones.
Obtener más ingresos con los ETFs generadores de rentas
Los ETFs generadores de rentas procuran ingresos a través de instrumentos derivados y suelen utilizar estrategias como la suscripción o la venta de opciones, la participación en contratos de futuros y otras operaciones con derivados para potenciar los ingresos. Han ganado adeptos gracias a su potencial para obtener rentabilidades más altas en comparación con las inversiones tradicionales generadoras de ingresos, como los bonos o las acciones que pagan dividendos.
Pero, para Morningstar, a largo plazo, “es poco probable que estos ETFs superen en rentabilidad al mercado como estrategia de buy & hold, y para los inversores con grandes necesidades de liquidez a corto plazo, podría extraer liquidez de sus carteras”.
ETFs medioambientales, sociales y de gobierno, y ETFs temáticos
Aunque muchas de las categorías de ETFs mencionadas tienden al alza, no ocurre lo mismo con los fondos ESG o temáticos. Entre los factores clave que han impulsado este descenso se encuentran las propuestas y actitudes dominantes hacia los factores ESG y la incertidumbre normativa.
Los analistas de Morningstar apuntan a diversos factores interconectados como contribuidores de la disminución de los fondos cotizados ESG. Entre ellos, un entorno geopolítico complejo, que ha llevado a Europa a despriorizar los objetivos de sostenibilidad y, en su lugar, centrarse en el crecimiento económico, la competitividad y la defensa. Además, la incertidumbre en torno a la regulación, en particular, el Reglamento de Divulgación de Información sobre Finanzas Sostenibles (SFDR) de la Unión Europea conlleva que las empresas duden a la hora de crear productos y estrategias ESG.
Sin olvidar que, en Estados Unidos, las medidas políticas del presidente Donald Trump contrarias a la protección del clima y a tener en cuenta los factores ESG han llevado a los gestores de activos de ese país a ser más cautelosos a la hora de promocionar sus credenciales ESG.
Productos de beta estratégica: lo mejor de ambos mundos
Si bien los ETFs activos están en alza, históricamente los ETFs han sido sinónimo de estrategias de inversión pasiva. Sin embargo, hay un tercer tipo de estrategia de inversión que tener en cuenta: la beta estratégica, también conocida como beta inteligente, “que aspira a combinar las ventajas de las estrategias de inversión pasiva y activa”.
Aunque existen desde mediados de la década de 2000, ganaron popularidad en los años posteriores a la crisis financiera de 2008 y se dispararon en la década de 2010.
“Son un enfoque sofisticado para lograr alfa, ya que eligen y ponderan las posiciones en función de parámetros específicos de cada factor”, apuntan en la firma. Siguen un índice, como un fondo pasivo que replica la evolución de un índice, pero se diferencian en que se trata de un índice basado en factores en lugar de un índice ponderado por la capitalización bursátil.
Estos ETFs están diseñados para captar factores académicamente probados que contribuyen al éxito, como el valor, la volatilidad y la calidad, por los que se han decantado los gestores activos y han demostrado rentabilidades superiores a la media durante períodos más largos.
La visión de los analistas de Morningstar apunta a que “si bien fracasan muchos inventos de fondos, los de beta estratégica han evitado este destino por ser pasivos y baratos y tener un rendimiento predecible” y explican que en comparación con sus rivales de gestión activa, “los fondos de beta estratégica no se «desvían» de sus enfoques de inversión”.








