Inversión directa en infraestructuras energéticas: el caso de Crowmie
| Por Cecilia Prieto | 0 Comentarios

La inversión en infraestructuras energéticas ya no es una moda: es una pieza estratégica para el desarrollo de la economía y, como tal, necesita estar correctamente representada en carteras. “Hablamos menos de una moda relacionada con la sostenibilidad y más de una necesidad física del sistema económico”, corrobora Fernando Dávila, CEO y cofundador de Crowmie. En esta entrevista exclusiva con Funds Society, Dávila explica el modelo de negocio de Crowmie y cómo acerca oportunidades de inversión en infraestructuras energéticas a inversores profesionales y particulares.
¿Qué papel desempeña la plataforma de Crowmie dentro de la cadena de valor de las infraestructuras energéticas?
Crowmie es una firma de inversión especializada en estructurar, financiar y gestionar infraestructura energética, que abre esta clase de activo al inversor particular y profesional. Nosotros originamos y seleccionamos las oportunidades, definimos la estructura jurídica y financiera, coordinamos la due diligence y acompañamos el activo durante todo su ciclo de vida. La ejecución técnica se apoya en especialistas: EPC para construcción, O&M para operación y mantenimiento, auditores y operadores energéticos. No somos una plataforma que conecta a un promotor con un inversor, somos responsables legales e inversores de todos los proyectos además de que gestionamos la estructuración y Asset Management del activo. Y estamos muy orgullosos de contar con más de 1.500 inversores de 35 países y más de 25 millones de euros financiados.
¿Qué está impulsando actualmente la inversión en infraestructuras energéticas? Más allá de la transición energética, ¿qué otros factores estructurales están generando nuevas oportunidades?
La verdad es que hay varias fuerzas estructurales convergiendo. La primera es la electrificación de la economía: industria, movilidad, centros de datos e inteligencia artificial necesitan cada vez más electricidad. La segunda es la penetración renovable, que exige más almacenamiento y flexibilidad para equilibrar la red. A esto se suman la seguridad energética europea, la congestión de las redes y una necesidad de capital privado muy elevada para desplegar nueva infraestructura. Por eso hablamos menos de una moda relacionada con la sostenibilidad y más de una necesidad física del sistema económico.
¿Qué papel puede jugar la infraestructura energética dentro de una cartera diversificada? ¿Qué características de estos activos pueden complementar a las tradicionales exposiciones a renta variable, renta fija, inmobiliario o mercados privados?
La infraestructura energética puede aportar una fuente de diversificación distinta a la de los activos financieros tradicionales. La rentabilidad de una planta solar o de una batería depende principalmente de su capacidad para producir, almacenar o gestionar energía y de los contratos y mercados asociados, no de la cotización diaria de una compañía. Eso permite incorporar exposición a economía real, activos tangibles y flujos operativos de largo plazo. Para un asesor, lo relevante no es sustituir renta fija, bolsa o inmobiliario, sino entender qué función puede cumplir la infraestructura dentro del conjunto de la cartera, como afecta a su composición, volatilidad, y rentabilidad, y qué riesgos específicos incorpora, algo que repetimos mucho en Crowmie.
La generación renovable y el almacenamiento son dos de las áreas en las que está trabajando Crowmie. ¿Qué diferencias encuentra un inversor entre invertir en una planta fotovoltaica y hacerlo en sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS)?
Son dos activos energéticos, pero con perfiles diferentes. En fotovoltaica, el ingreso suele apoyarse en un PPA o contrato de renting a largo plazo con empresas consumidoras; eso hace que el modelo sea más estable y predecible, contractualmente. En BESS, el activo monetiza su capacidad de almacenar y liberar energía mediante arbitraje y servicios a la red, por lo que existe una mayor exposición a las condiciones de los mercados eléctricos y, normalmente, un binomio riesgo-retorno más elevado. En ambos casos trabajamos con horizontes de medio y largo plazo, pero la fuente de ingresos y el riesgo operativo son distintos.
¿Qué criterios utiliza Crowmie para seleccionar un proyecto antes de ponerlo a disposición de los inversores?
Lo primero es que existan una necesidad energética y una lógica económica reales. Después analizamos muchas cosas: la solvencia de la contraparte, la estructura de ingresos, permisos y conexión, ubicación, tecnología, previsiones de producción o explotación, CAPEX, deuda y sensibilidad del modelo financiero. También revisamos la estructura societaria y contractual y exigimos una ejecución profesional: contratos EPC y O&M, seguros y mecanismos de contingencia cuando corresponda. Antes de abrir un proyecto al inversor debe haber pasado una due diligence técnica, legal y financiera. Preferimos dejar pasar una operación antes que relajar los criterios de selección.
¿En qué países desarrolla proyectos la compañía? ¿Cuáles ofrecen el mejor entorno regulatorio para un actor como Crowmie?
Actualmente concentramos la actividad en España y Alemania. En España desarrollamos principalmente autoconsumo fotovoltaico industrial, donde existe un tejido empresarial amplio y un marco consolidado para este tipo de instalaciones y contratos. Alemania es especialmente interesante para almacenamiento BESS por la profundidad de sus mercados eléctricos, la elevada penetración renovable y la necesidad de flexibilidad de la red. Más que buscar el país con la regulación más favorable en abstracto, elegimos cada mercado en función del activo y de que podamos entender, estructurar y gestionar correctamente sus riesgos.
¿Cómo se construye el retorno de una inversión en uno de vuestros proyectos?
Nuestra premisa es que el retorno debe venir de la operación del activo, no de confiar en una revalorización futura. En fotovoltaica, el punto de partida son los ingresos por la energía suministrada bajo PPA o renting; de ahí se descuentan costes de operación, mantenimiento, seguros, administración y, cuando existe, financiación. En BESS, los ingresos combinan arbitraje y servicios de red.
Es decir que en el modelo de fotovoltaica el peso que tienen los ingresos contratados en el modelo es del 100% y en el de BESS el 0% ya que vamos a mercado a conseguir los mejores ingresos. Es cierto que dentro de la estrategia es que en 2027 con una cartera de +100MW en Alemania firmemos un Tolling Agreement para contratar el 50% de los ingresos y disminuir la volatilidad y riesgo.
Hablemos de acceso. ¿Cómo puede un cliente particular acceder a estas inversiones a través de Crowmie y cuál es actualmente el ticket mínimo? ¿Qué información recibe el inversor antes de tomar la decisión y qué grado de seguimiento tiene posteriormente sobre el activo y sobre la evolución de su inversión?
El acceso es 100% digital y el ticket mínimo actual es de 10.000 euros. Antes de invertir, el cliente puede revisar la descripción del activo, estructura económica y jurídica, horizonte, riesgos, contratos relevantes y documentación del proyecto. Nuestro objetivo es que pueda responder con claridad a tres preguntas: dónde está su dinero, cómo genera ingresos y qué puede salir mal. Después de invertir, mantiene el seguimiento desde la plataforma y recibe reporting y comunicaciones periódicas. A esto añadimos algo que consideramos esencial: acceso al equipo para resolver dudas antes, durante y después de la inversión.
La liquidez suele ser uno de los principales puntos de fricción de los activos privados. ¿Qué liquidez puede esperar realmente un inversor de Crowmie? ¿Cómo funcionan el marketplace secundario y el pool de liquidez, qué condiciones deben cumplirse para poder salir antes del vencimiento y qué diferencia hay entre disponer de un mecanismo de salida y tener liquidez garantizada?
Hay que distinguir claramente entre tener mecanismos de liquidez y tener liquidez garantizada. La infraestructura privada sigue siendo un activo de largo plazo. En Crowmie incorporamos un espacio interno para que un inversor pueda transmitir su posición a otro inversor y un pool de liquidez que puede facilitar determinadas salidas. Pero ambos mecanismos están sujetos a sus condiciones, capacidad disponible y, en el mercado propio, a la existencia de contrapartida. No queremos trasladar la idea de que es equivalente a vender una acción cotizada. Nuestro objetivo es reducir la fricción histórica de estos activos, pero no podemos negar su naturaleza ilíquida.
¿Con qué frecuencia reciben los inversores los pagos y cómo se determina el calendario de distribuciones de cada proyecto? ¿Son pagos periódicos de intereses, devolución de principal o una combinación de ambos?
En la mayoría de nuestros proyectos, una vez que el activo entra en operación y comienza a generar caja, las distribuciones son mensuales. El inicio exacto y el calendario se detallan en la documentación de cada operación, porque dependen de la construcción, puesta en marcha y modelo de ingresos del activo. La inversión se estructura mediante un préstamo participativo a la sociedad vehículo del proyecto y, normalmente, los pagos combinan remuneración y amortización de principal. Por eso conviene mirar la tabla completa de flujos y no interpretar cada distribución mensual como si fuera únicamente interés.








