El incremento en el ritmo del envejecimiento de la población, la baja densidad de cotización, la elevada informalidad laboral y la presión sobre las finanzas públicas han colocado nuevamente a las pensiones en el centro del debate económico en Latinoamérica.
Más jubilados, menos trabajadores y una creciente presión sobre el ahorro es una ecuación que ya comenzó a redefinir el futuro de los sistemas de pensiones en América Latina.
La región aún cuenta con una ventana demográfica más favorable que la de las economías desarrolladas, pero ésta se está cerrando rápidamente. De acuerdo con la CEPAL, la población de 65 años y más pasará de alrededor de 65 millones de personas en 2024 a 138 millones en 2050, con lo que su participación en la población total prácticamente se duplicará, del 9,9% al 18,9%.
Al mismo tiempo, disminuirá la proporción de personas en edad de trabajar, reduciendo la base de cotizantes que financia los sistemas de retiro
En la región, la FIAP es el organismo más importante al agrupar a las asociaciones de administradoras de fondos de pensiones de 10 países, incluyendo España y Kazajistan que no pertenecen a Latinoamérica, además de Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay, cuyos sistemas reúnen a más de 110 millones de afiliados y administran activos superiores a 1,3 billones de dólares, según cifras de la propia Federación y estadísticas de sus organismos afiliados.
Esa cifra equivale aproximadamente al tamaño de la economía de países como Australia o México medida en dólares corrientes.
Más allá del sistema pensionario, el peso económico de estos fondos es cada vez mayor en los circuitos financieros; en México por ejemplo las Afores administran cerca de 8 billones de pesos (alrededor de 445.000 millones de dólares), equivalentes a alrededor del 20% del PIB, según la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar).
En Chile, los fondos de pensiones gestionan activos superiores a 200 mil millones de dólares, lo que representa cerca del 60% del PIB del país. En Perú, el sistema privado administra alrededor de 35 mil millones de dólares, mientras que en Colombia los fondos de pensiones superan los 100 mil millones de dólares.
Esta profundidad financiera explica por qué los fondos de pensiones han dejado de ser únicamente administradores del ahorro para el retiro para convertirse en actores estratégicos para el financiamiento de largo plazo de gobiernos y empresas.
En conjunto, estos recursos financian una parte importante de la deuda pública, bonos corporativos, acciones, proyectos de infraestructura, energía y vivienda, convirtiéndose en una de las principales fuentes de ahorro de largo plazo para las economías latinoamericanas.
El peso de los sistemas representados por la FIAP va mucho más allá del pago de pensiones. Hoy constituyen una de las principales fuentes de ahorro institucional en América Latina y uno de los motores del desarrollo de los mercados de capitales.
Con estas cifras de ahorro interno en cada país, pareciera que Latinoamérica habría encontrado la llave del crecimiento sostenido que ha buscado por tanto tiempo, pero hay varios detalles.
La región envejece más rápido de lo que ahorra
El mayor desafío ya no es únicamente generar buenos rendimientos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que la población mayor de 60 años prácticamente se duplicará en las próximas tres décadas, mientras que la relación entre personas en edad laboral y adultos mayores disminuirá de forma acelerada.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha advertido que, sin reformas adicionales, muchos países enfrentarán una combinación de pensiones insuficientes y una creciente presión fiscal derivada del envejecimiento.
A ello se suma un problema estructural de América Latina: la informalidad laboral. En varios países de la región, más de la mitad de la fuerza laboral trabaja fuera de los sistemas formales de seguridad social, lo que limita las contribuciones al ahorro para el retiro y reduce la cobertura pensionaria.
Reformas en marcha
En los últimos años prácticamente todos los países miembros de la FIAP han impulsado cambios en sus sistemas previsionales. México elevó gradualmente las aportaciones obligatorias de los empleadores y fortaleció el ahorro individual.
Chile aprobó una de las reformas más importantes de las últimas décadas, incorporando un nuevo esquema de cotizaciones y mecanismos redistributivos. Colombia por su parte avanza en la implementación de un sistema multipilar que redefine la participación del sector público y privado.
Perú continúa discutiendo modificaciones para ampliar la cobertura y mejorar las pensiones futuras. Aunque cada país sigue una ruta distinta, el diagnóstico es común: aumentar la cobertura, elevar el ahorro y garantizar la sostenibilidad financiera, esas son las bases para un mejor futuro para millones de latinoamericanos.
El crecimiento de los fondos previsionales también ha transformado los mercados financieros casi en todos los países. De acuerdo con la OCDE y el Banco Mundial, los inversionistas institucionales —entre ellos los fondos de pensiones— desempeñan un papel esencial para desarrollar mercados de capitales más profundos, financiar proyectos productivos y ofrecer estabilidad en periodos de volatilidad.
En muchos países latinoamericanos son, además, los principales compradores de deuda gubernamental y uno de los inversionistas más relevantes en infraestructura, instrumentos privados y mercados internacionales.
Mejores pensiones, el gran desafío
Aunque el crecimiento de los activos ha sido constante durante las últimas décadas, los organismos multilaterales coinciden en que el principal problema de la región ya no es la acumulación de ahorro, sino la suficiencia de las pensiones.
La OCDE, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) identifican como retos estructurales la elevada informalidad laboral, la baja densidad de cotización, el aumento de la esperanza de vida y la necesidad de ampliar la cobertura de los sistemas contributivos. En muchos países, menos de la mitad de los trabajadores cotiza de manera continua durante su vida laboral, lo que limita significativamente el monto de las pensiones futuras.
La CEPAL, por su parte, estima que la población de 60 años y más prácticamente se duplicará en las próximas tres décadas, acelerando la relación de dependencia entre personas en edad de trabajar y adultos mayores. Este cambio demográfico ejercerá una presión creciente tanto sobre los sistemas públicos como sobre los esquemas de capitalización individual.
Rentabilidades que han superado la inflación
Pese a los episodios de volatilidad registrados en los mercados internacionales, la evidencia histórica muestra que los sistemas de ahorro individual han generado rendimientos reales positivos en el largo plazo.
En la mayoría de los países miembros de la FIAP, las administradoras han obtenido rentabilidades reales anualizadas superiores a la inflación desde la creación de los sistemas, aunque con diferencias derivadas de la composición de las carteras y del marco regulatorio de cada mercado.
Precisamente por ello, la Federación ha insistido en la importancia de preservar una adecuada diversificación internacional de las inversiones y evitar restricciones regulatorias que limiten el universo de activos elegibles, ya que ello podría traducirse en menores rendimientos y, en consecuencia, en pensiones más bajas para los trabajadores.
En este escenario, los fondos de pensiones administrados por los miembros de la FIAP no sólo tendrán el desafío de seguir generando rendimientos suficientes para preservar el poder adquisitivo del ahorro de millones de trabajadores.
También deberán desempeñar un papel cada vez más relevante como inversionistas institucionales capaces de financiar infraestructura, empresas y proyectos de largo plazo que impulsen el crecimiento económico en los países.



