El Janus Henderson Investment Summit, la cita anual de la gestora con inversores y clientes, que este año se celebró por primera vez en Roma, incluyó un panel sobre el futuro de la renta fija. Participaron Alex Veroude, Global Head of Fixed Income; Thomas Ross, Global Head of High Yield and Credit Strategy; y John Lloyd, Global Head of Multi-Sector Credit y gestor de carteras. Jessica Leoncini, Head of Fixed Income CPM Management, moderó la sesión.
Veroude abrió el debate, recordó que lleva 30 años en los mercados de renta fija y señaló que, en su opinión, este es «uno de los momentos más emocionantes». Señaló que se trata, en gran medida, de un mercado OTC (extrabursátil), como hace tres décadas, y anticipó un cambio transformador.
Sobre la tokenización, insistió en que no debe pensarse como una categoría de inversión. «No es un activo en sí mismo sobre el que haya que pensar cuánto asignar», afirmó. Según explicó, es un mecanismo habilitador aplicable a titulizados, high yield, préstamos y, con el tiempo, a renta variable y alternativos. Añadió que la renta fija será uno de los grandes mercados revolucionados justamente por seguir siendo OTC.
También sostuvo que la distinción tajante entre quien invierte en renta variable cotizada pero no en activos privados tenderá a desaparecer. Para ilustrar el potencial de reducir fricciones entre prestatarios y prestamistas, recurrió a la analogía del mercado de taxis: de la parada o la llamada telefónica a las aplicaciones que conectan oferta y demanda. Su esperanza, dijo, es que los clientes estén abiertos a ese cambio.
Índices «rotos» y carteras por objetivos
Lloyd, en tanto, afirmó que los índices tradicionales «están en gran medida rotos y son muy antiguos». Como ejemplo, señaló que el Bloomberg Aggregate es hoy casi un 50 % bonos del Tesoro y está correlacionado casi uno a uno con los tipos de interés. Además, indicó que sectores como los titulizados, mercados grandes y en crecimiento, no están representados en muchos de esos índices.
Frente a ese escenario, defendió partir del resultado buscado: el nivel de riesgo y volatilidad, y el papel de la cartera, ya sea diversificar la renta variable, generar ingresos o cubrir pasivos (LDI). Desde ahí, se trabaja hacia atrás para «poblar» la cartera con distintas clases de activos de renta fija, ajustando liquidez y vencimiento. Ante la pregunta de si los inversores institucionales deberían dejar de organizar los activos por etiquetas como renta fija, crédito privado o alternativos, respondió que el mercado se mueve en esa dirección.
Sobre los activos privados, señaló que hoy son más complicados porque forman una parte de la cartera con la que no se puede operar, por lo que exigen una prima de liquidez. En un mundo de privados tokenizados, dijo, se abriría su negociación. Aun así, prevé que seguirá existiendo un descuento por liquidez, porque hay que emparejar comprador y vendedor. Estimó que ese escenario podría materializarse dentro de cinco a diez años, «quizás incluso antes».
Ross coincidió en que activos como titulizados, CLO, infraestructura y privados ya están en el radar de los clientes. Añadió que el índice es «simplemente un conjunto de activos» y no contempla cómo se quiere superarlo. En su experiencia, los mejores information ratios suelen estar en la selección de valores, por lo que recomendó concentrarse en esas áreas.
Renta fija: ingresos y dispersión
Consultado sobre lo que los inversores pueden estar pasando por alto, Lloyd defendió el momento de la renta fija. Según explicó, el mercado tiene descontado un ciclo global de subidas de tipos, las tasas de inflación implícitas están por encima de los objetivos de la Fed y los tipos reales a tres años superan el 3%. En su opinión, esto indica un gran momento para la renta fija por la parte de ingresos, con áreas donde se obtienen ingresos de alta calidad y baja volatilidad. Su enfoque es maximizar el rendimiento por unidad de volatilidad.
Ross, por su parte, señaló la dispersión como una de las claves. Explicó que hace cinco años era menos importante debido a la asignación de activos, y que ahora conviene enfocarse en áreas de alto information ratio. Frente a una eventual corrección, subrayó la diversificación: las asignaciones estratégicas de sus estrategias multisectoriales se basan en las caídas (drawdowns) de entornos o crisis anteriores. Recordó que el riesgo debe evaluarse en relación con toda la cartera del cliente, no solo con la parte que gestiona la firma.
La IA, del análisis de factores al «swarming»
Ross explicó que el equipo analiza la renta fija en función de factores de riesgo y no solo de sectores. El reto, indicó, es medir la sensibilidad de cada valor individual a esos factores, algo que antes habría requerido «un equipo de cien personas procesando enormes cantidades de datos» y que ahora empieza a hacerse con IA. Señaló además que determinar el diferencial y el rendimiento de un bono hasta su fecha de amortización efectiva no tenía una fuente de datos, y que la IA permite crearla. Eso, dijo, no lleva a tomar decisiones distintas, sino a tomarlas de manera más sistemática.
Veroude añadió que la IA permite probar estrategias a gran velocidad, algo que él llama swarming. Antes, recordó, validar una estrategia podía llevar trimestres o años y esta se mantenía como propietaria durante mucho tiempo. Hoy, afirmó, en un fin de semana pueden idearse y probarse miles de estrategias, aunque la ventaja que generen puede durar unos tres meses antes de que los competidores la repliquen.
A una pregunta del público sobre si la inversión sistemática, tan extendida en renta variable, se observa también en renta fija, Lloyd respondió que Janus Henderson cuenta con un equipo cuantitativo con más de dieciocho años de trayectoria, cuyos modelos se usan como insumo del proceso fundamental bottom-up. Mencionó modelos de momentum basados en renta variable para anticipar la dirección de los diferenciales, un indicador de régimen macro sometido a backtesting y pruebas hacia adelante, y productos con componente cuantitativo, entre ellos uno de corta duración. Anticipó que el mercado se moverá cada vez más hacia lo cuantitativo.
Sobre los ETF de renta fija, Lloyd reconoció que es una tendencia fuerte, con menores costes, ventajas fiscales y negociación a lo largo del día. Sin embargo, lo definió como «otro envoltorio» (wrapper), con resultados similares a los de un fondo mutuo. Aun así, indicó que los clientes exigen cada vez más el formato ETF.
Al cierre, cada panelista dejó una recomendación. Veroude pidió a los inversores de renta fija, asociados a la estabilidad, que «acepten el cambio». Ross insistió en la dispersión. Lloyd destacó que la proliferación de productos vuelve el espacio más complejo para el inversor medio y planteó la relación con el cliente como una asociación para ayudarlo a llegar a la solución que busca.



